Los personajes no me pertenecen son de la gran Rumiko Takahashi. Esta es una historia sin ánimo de lucro.

Esta historia participa en la dinámica "tu manera de amar" de la página "Mundo Fanfic Inuyasha y Ranma"

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Por siempre jamás

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Erase una vez, en tierras del lejano oriente, había un pequeño reino próspero y tranquilo. Allí, en su austero dojo familiar, vivía un gran artista marcial viudo con su pequeña hija Akane.

Aunque él era un padre amable y cariñoso que le daba a su hija toda clase de lujos y comodidades, notaba que le hacía falta el cariño de una madre. Así, pensando siempre en el bienestar de su pequeña, volvió a casarse eligiendo como su segunda esposa a una viuda de buena familia que tenía dos hijos de la misma edad que Akane, Shampoo y Mousse. Pero con la repentina muerte del bondadoso padre de Akane, la perversa madrastra demostró sus verdaderos sentimientos. Cruel, calculadora y celosa de los encantos de su hijastra se propuso a no cejar hasta ver hundida en la miseria a la pobre huérfana. Sin perder tiempo, puso en práctica su malvado plan y derrochó la fortuna de la familia en sus dos egoístas hijos mientras Akane, humillada y maltratada, acabó siendo la sirvienta de su propia casa. A pesar de todo, la pequeña que, tenía un corazón noble y puro, seguía siendo amable y cariñosa porque, con cada nuevo amanecer, renacía en ella la esperanza de que, algún día, todos sus hermosos sueños se verían realizados.

Y así pasó el tiempo hasta que esa niña se convirtió en una preciosa chica de dieciséis años que disfrutaba de escabullirse por las noches al viejo y abandonado dojo de su padre a practicar lo poco que recordaba de sus enseñanzas, ampliado con lo que había leído en los libros que primorosamente había guardado escondidos entre las tablas del suelo desgastado. Esto le dejaba pocas horas de sueño ya que debía amanecer al alba para empezar con todas las labores que le habían encomendado. Pero a Akane no le importaba, ella era feliz cuidando del legado del arte marcial estilo libre de su padre, y si para conseguirlo tenía que dormir poco y dejarse humillar por quien debería cuidarla, lo aceptaba de buen agrado.

Una mañana de verano, mientras daba un paseo por la vereda del río de camino al mercado, escuchó un sollozo ahogado. Al acercarse descubrió que se trataba de una linda pelirroja empapada que pasaba del llanto a la furia mientras se dedicaba a patear los guijarros de la orilla.

—¿Estás bien? —preguntó sin poder detenerse. Ella no estaba acostumbrada a hablar con la gente porque la tenían siempre encerrada en casa salvo los días de mercado.

Cuando la chica, asustada, giró hacía ella pudo ver una mezcla entre sorpresa, angustia y mortificación en sus ojos cobalto.

Por su parte la pequeña pelirroja no podía creer que hubiera tenido tan mala suerte, ya había sido un inconveniente caer al río pero encontrarse con una persona en aquel lugar tan lejano a cualquier sitio habitable era peor aún. Solo esperaba que esa bonita chica que se acercaba no hubiera visto nada, o tendría que informar a su madre para que la silenciara y no quería llegar a eso.

—¿Yo? Eh, ¿sí?

Una risa cristalina salió de los labios de Akane.

—No sé, tú sabrás. Tú eres la que estaba llorando y maldiciendo a la vez.

La otra chica se quedó en blanco. Esa risa la desarmó por completo y su cerebro dejó de funcionar.

—Por cierto, me llamo Akane. ¿Quieres ser mi amiga?

La peliazul no sabía por qué se había visto obligada a decir eso. Todo en esa chica le desconcertaba y, a la vez, le impelía a acercarse más. Había una tristeza profunda en el azul de sus ojos pero también una gran fuerza que irradiaba todo su aura. Era fascinante.

—¿Cómo te llamas? —prosiguió, mientras extendía la mano, al ver que la otra no reaccionaba.

—Yo, errr… Ra… Ranko, eso, me llamo Ranko.

—Mucho gusto Ranko. Me alegra encontrarme con alguien en estos lares. Y, ahora que somos amigas, me vas a contar por qué llorabas.

—Yo no lloraba, soy demasiado varo… quiero decir, me entró un poco de polvo en los ojos e igual por eso pensaste que eran lágrimas —Cuando vio que su interlocutora no le creía añadió—. Además me dio mucha rabia caer al lago. Normalmente tengo muy buen equilibrio como artista marcial que soy.

—¿Tú también eres artista marcial? —La mirada de Akane brillante de alegría volviendo a dejar K.O. a su interlocutor, ¿cómo podía ser alguien tan inocente, ya la vez provocativa y bonita?

—Er, yo, sí claro. Práctico estilo libre desde que era pequeño… pequeña.

—¿De verdad? Yo también, mi padre me enseñó.

—Qué curioso, nunca había conocido a nadie que conociese ese estilo, creía que mi familia era la única en este reino.

—Bueno, yo no salgo mucho de casa y no sabría decirte —dijo con pesar la peliazul— pero estoy segura que lo mío también es estilo libre. ¿Quieres practicar un rato conmigo?

La propuesta surgió a la desconocida pero encontró de buen grado. Estuvieron un par de horas realizando katas y pequeños combates aunque la pelirroja era complicada de atacar ya que era muy hábil y rápida. Luego se sentaron en la pradera y charlaron un rato sobre libros, lo mucho que disfrutaban de caminar por el bosque y de ser artistas marciales.

Después de un tiempo Akane se excusó para marcharse, tenía que ir todavía al mercado e iba a cerrar, además de que su madrastra estaría echando pestes por su tardanza lo que le iba a acarrear unos buenos latigazos.

Por su parte la pelirroja era reacia a irse. Jamás había sentido una conexión así con otra persona, menos con una mujer. Y sabía que, una vez volviese a su casa, la realidad caería sobre él de golpe y no podría desentenderse. Además estaba seguro de que, en el extraño caso de que volviese a ver a la linda peliazul, las circunstancias serían distintas y ya no podría mantener la relación que habían iniciado a orillas del río.

Con un suspiro buscó la montura que había dejado atada a un árbol un poco más lejos y puso rumbo en la dirección opuesta a ella. Tendría que buscar un lugar donde calentar agua antes de llegar a su destino.

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Esa noche, desde cualquier alcoba del castillo se podía escuchar los gritos provenientes del comedor donde almorzaba la familia real. Tal era el volumen, que ningún criado se había atrevido a entrar con el postre. El rey fúrico estaba fuera de sí, pero su hijo rebelde no se quedó atrás.

—He dicho que me niego viejo y no me puedes obligar a ello —repetía una y otra vez un exaltado pelinegro.

Su padre era una cabeza hueca y un retrógrado. Ya no sabía cómo decírselo, se sentía frustrado, pero desde que había sido mal decidido parecía que las prisas por casarlo y que engendrase un heredero habían aumentado. Todo con tal de que no se diera a conocer su secreto y no se pusiese en duda su hombría.

—¡Más respeto muchacho! padre o no sigo siendo el rey y me debes tratar como tal y acatar mis órdenes.

—¿O qué?

—¿Cómo que o qué? —El monarca, que hacía rato que había perdido la paciencia, tocando la mesa con fuerza—. Te casarás con la princesa Kuonji en la próxima luna llena así tenga que llevarte encadenado ya rastras. Hace tiempo que nos comprometimos con su padre y un rey debe ser fiel a su palabra.

Ranma le echó a su padre una mirada desafiante pero, cuando estaba a punto de rebatir, su madre que había estado callada hasta aquel entonces levantó la mano frenándole.

—Hijo, cálmate antes de hablar y piensa bien lo que vas a decir. —La reina sabía del carácter explosivo de su unigénito y que era propenso a decir lo primero que le venía a la cabeza. Si quería que esta discusión acabase de la mejor manera tendría que valerse de sus puntos de diplomacia para lidiar con los dos hombres de su vida… O sacar la katana—. Y Genma, osito, creo que deberías tranquilizarte tú también y escuchar a Ranma sin prejuicios.

Los dos cruzaron sus brazos enfurruñados pero procedieron a hacer caso a Nodoka. Una vez que estuvo seguro de que se habían apaciguado lo suficiente como para llegar a un entendimiento, volvió a tomar la palabra.

—Bien, ahora querido explícale a tu padre los motivos que tienes para negarte al enlace con la linda Ukyo.

—Primero de nada Uchan es como mi hermana, sería algo incestuoso —Genma alzó una ceja nada impresionado pero se abstuvo de refutar. El brillo de la katana de su madre al otro lado de la mesa puede que tuviese algo que ver al respecto, así que Ranma decidió proseguir— Además creo que tengo derecho a casarme por amor, ¡O por lo menos intentarlo!

—Casarte por amor, ¡qué estupidez! ¡Los de nuestra clase no podemos permitirnos esos lujos! y mucho menos tú con tu problemilla. Toda la vida la familia real ha tenido matrimonios arreglados y no vamos a cambiar a estas alturas.

—Pues no veo que eso haya hecho feliz a ninguno de los presentes… —susurró el príncipe. El carraspeo de su madre le hizo retomar el hilo de sus demandas—. Quiero decir que las tradiciones se pueden cambiar padre. Por favor.

El rey suspiró y se tomó un momento para reflexionar siendo consciente de que su mujer haba vuelto a sacar ligeramente la katana de su funda. Por el bien de su matrimonio y su cabeza tendría que llegar a un acuerdo.

—Está bien, te propongo un trato —dijo en el tono más conciliador que consiguió—. La noche antes de la luna llena daremos un gran baile en el que se anunciará tu compromiso. Tienes hasta entonces para encontrar a una muchacha de tu gusto o elegiré yo por ti… y ya sabes el resultado de eso.

—La noche antes de luna llena? ¡Pero si para eso queda una semana! ¿Cómo pretende que lo consiga? —Su madre giró en su dirección mostrándole ahora a él su querido alfanje. Ranma tragó seco y rectificó— Me parece muy generoso de su parte padre, acepto.

Y de esta forma volvió a reinar la armonía en el palacio y los criados pudieron por fin servir el rico postre.

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En el Dojo Tendo había mucho revuelo esa mañana, hacía unos pocos días habían recibido una carta en la que, por orden real, se convocaba a todos los jóvenes casaderos a un baile esa noche en palacio. Telas volaban por doquier a un ritmo vertiginoso mientras sus hermanastros se probaban una infinidad de túnicas, kimonos y vestidos de corte europeo. El aroma de los productos de belleza mezclado con costosos perfumes hacía casi imposible respirar. Los gritos se superponían como una cacofonía de grillos afónicos mientras frases como "devuélveme eso, es mío" y "esto es culpa tuya, yo no he engordado" se repetían hasta la saciedad. Una hilera de zapatos habían sido abandonados en una esquina aguardando a que una resignada Akane los limpiase. Daba igual que solo pudiesen llevar un par a la fiesta, todos debían estar relucientes a la espera de decidir qué modelito usarían.

Horas más tarde finalmente pareció que habían llegado a un acuerdo. Shampoo, como no, optó por un vestido amarillo con mucho escote y poca tela que resaltaba su prominente busto dejando muy poco a la imaginación. Por su parte Mousse escogió una túnica tradicional china de color blanco con motivos geométricos, en honor a sus orígenes.

Akane resopló en silencio ¡tanto alboroto para eso! Ella habría podido decirles hacía horas cuál estaba segura que iba a ser su elección final y se habría ahorrado el dolor de cabeza y un par de callos en sus manos. Suspiró mientras pasaba el trapo al último par de zapatos. Aunque el edicto también la incluía a ella, obviamente su madrastra lo había descartado. Poca gente sabía de su existencia y preferían que siguiera siendo así. Además ¿qué pretendía ella? ¿Ir cubierta de harapos y ceniza a un baile real? Ni siquiera se molestó en discutir y decir que ella tenía guardados vestidos de su madre, sabía cómo acabarían si les metían mano. Prefirió obedecer, callar y ver el histriónico espectáculo desde la grada.

—Príncipe Ranma enamorarse de mí —decía la pelilila que había decidido hablar como si no supiese bien el idioma porque pensaba que hacerse la idiota y una buena delantera atraía más a los hombres.

—¿Tú crees gatita? —El chico estaba en el tocador terminando de alisarse su larga melena mientras observaba a su hermana a través del espejo.

—Obvio ser —contestó irritada— Nadie poder resistirse a los encantos de Shampoo.

—Bueno, me he enterado de que su consejero y mejor amigo, el capitán Hibiki, le llama afeminado así que nunca se sabe… —Mousse hizo una pausa y levantó su ceja mirando a su hermana con una pérfida sonrisa— igual soy yo el que acaba siendo parte de la realeza.

—¡Aaaahhhhh! eso no es verdad. Retíralo ahora mismo pato estúpido.

—Vaya, el cabreo le devuelve la gramática, ¡quién lo hubiese dicho! —Cuando Akane se dio cuenta de que había dicho eso en voz alta y que, obviamente, la desquiciada de su hermanastra la había oído, agachó la cabeza y siguió limpiando.

—¡Qué pasar contigo! No solo ser incapaz de limpiar sino que tampoco saber qué ser el respeto. No consentir que una pordiosera que pasar el día rodeada de cenizas dar lecciones de lenguaje a Shampoo.

La peliazul no pudo evitar un sonoro resoplido. ¡Esa mujer era el colmo de la estupidez! sin embargo no replicó.

Su madrastra entró en la estancia para ver si sus hijos habían terminado de arreglarse y poder partir a palacio. Pero la odiosa chica, en vez de coger su bolso y desaparecer de una vez por todas para cazar marido y no volverla a ver, siguió taladrando a Akane con la mirada y prosiguió con su perorata.

—¿No decir nada? mejor, sirvientas no deberían hablar con damas… Creo que Shampoo llamarte Cenicienta ahora, ser mucho más propio.

Un coro de carcajadas llenó la estancia. ¡Lo que le faltaba, nuevo apodo! Por lo menos este era mucho más bonito que cuando le dio por llamarla chica gorila… Bueno ¡ya se cansaría!

En pocos minutos, Akane vio cómo su supuesta familia abandonaba la estancia y la paz inundó la casa ¡por fin! Se levantó del suelo donde había estado limpiando y estiró su columna, estaba dolorida por llevar encorvada tanto tiempo así que lo mejor sería salir al patio a dar un paseo.

Hacía una noche preciosa. En el firmamento todas las estrellas titilaban relucientes, la luna se alzaba llena y hermosa en la lontananza, y la temperatura era cálida y suave. Suspiró embelesada.

Después de un rato caminando la tranquilidad del campo empezó a pesarle. El silencio en el dojo solía ser una bendición pero a veces no podía evitar sentirse pequeña y sola. Al vivir aislada sólo podía hablar con los animales o con el único comerciante al que tenía autorizado acercarse. Su madrastra e hijos apenas le dirijan la palabra más allá de insultarla o darle órdenes… echaba en falta un amigo. Ese fue el instante en el que se acordó de la pelirroja del río. No sabía si habría vuelto otra vez a ese sitio para encontrarla ya que, con el follón del baile, no había podido abandonar la casa pero estaba deseando volver a verla…

—¿Así que quieres ver a una chica? —dijo una voz a su derecha.

—¡Kami! que susto, ¿quién eres tú y de dónde has salido?

Su interlocutora, que parecía poco mayor que ella y lucía una melenita castaña y un atrevido traje blanco muy brillante, sonrió calculadora.

—Si me das 10.000 yenes te contesto a esas preguntas.

—¿Quéeee? —Pero por qué tenía que rodearse de gente loca, esa tipa seguro que había salido de un manicomio.

—Eso es muy irrespetuoso —dijo la desconocida como si le hubiese leído la mente—. Pero igual el fallo es mío por no presentarme. Mi nombre es Nabiki y soy tu hada madrina.

—¿Qué eres mi qué?

—¿Tu eres cortita? ¿o solo sabes decir qué? Tú H.A.D.A. madrina, ya sabes, ese ser mágico que te cuida y concede deseos… aunque por un módico precio, claro, nada en esta vida es gratis.

—¡Nabiki por favor! —Una segunda voz hizo acto de presencia y otra chica de sonrisa cálida y pelo en una coleta lateral, se colocó al lado de la primera mirando a Akane con cariño— No le hagas caso, es una bromista. Yo soy Kasumi, por cierto.

—Mucho gusto. ¿Entonces sois mis hadas madrinas? —Ambas asintieron— Y si vuestro deber es cuidarme, ¿por qué narices no he sabido nada de vosotras hasta ahora?

—Bueno, tú piensa en nosotras más como unas hermanas mayores. Digamos que tenemos permitido ayudarte en determinados momentos pero, lamentablemente, no podemos arreglarlo todo como intentaría hacer un padre ¿Me entiendes?

—Sinceramente, no —Aunque era agradable hablar con gente, esa extraña situación empezaba a ponerla nerviosa.

—Pues es muy sencillo —intervino Nabiki— ¿no querías volver a ver a esa chica pelirroja?

—Seguro que ella estará en el gran baile —continuó Kasumi— así que lo único que tienes que hacer es ir allí y para eso estamos aquí nosotras.

A Akane se le iluminó el rostro, tenían razón pero…

—No te preocupes por tus pintas, nada como "bibidi babidi bú" y te apañamos un elegante conjunto, "hermanita".

—Y lo mismo con el transporte, un solo toque de varita y convertiremos cualquier cosa en una elegante carroza.

Tras estas palabras la peliazul empezó a notar la magia vibrando a su alrededor hasta envolverla, convirtiendo su andrajoso y feo peto aguamarina en un precioso kimono azul oscuro con flores en un tono más claro, hojas en amarillo y obi en rojo. Mientras se observaba emocionada una risa sarcástica le hizo levantar la mirada.

—¡Kasumi, se supone que es una adolescente en un gran baile no una vieja en la fiesta del té! Déjame arreglarlo —Y antes de que siquiera pueda objetar, de nuevo se vio rodeada de esa extraña energía que reemplazó el kimono por un vestido blanco de estilo romano con escote de barco, que le llegaba bastante por encima de las rodillas dejando ver sus largas piernas— Muuucho mejor, ahora sí que estás sexy, seguro que cazas marido o como poco te llevas un buen repaso… de la pelirroja si lo prefieres.

Akane abrió mucho los ojos y se ruborizó —Ranko es mi amiga y yo solo quiero hablar con ella, no necesito que nadie más se fije en mí ni mucho menos esas cosas que insinúas.

—¡Serás sosa! Tienes que aprender a ponerle picante a la vida "hermanita" o te vas a aburrir demasiado… pero si me das 50.000 yenes te pongo el look soso que quieras.

—Nabiki ya basta, estamos aquí para ayudar a nuestra protegida y ni le vamos a cobrar ni vamos a hacer algo que ella no quiera —Y girando de nuevo hacia ella volvió a mover su varita— Tranquila Akane, se lo que anhela tu corazón.

El tercer modelito era espectacular, ni muy tradicional ni muy atrevido. Simplemente perfecto. Se trataba de un vestido azul con un corpiño que terminaba en una amplia falda de varias capas de fina seda a la que estaban cosidos miles de cristales generando preciosos destellos. El escote, con forma de corazón, estaba decorado con mariposas. Debajo de toda esa tela, unos delicados zapatitos de cristal adornaban sus pies y, al andar, el conjunto daba la sensación de que flotaba.

—Simplemente, perfecta —Akane sonrió feliz— Ahora creo que lo ideal sería dejar tu preciosa melena en un recogido bajo atado con una cinta amarilla. Algo sencillo e inocente como tú, querida niña.

—Muchas gracias, no sé como agradecéroslo, es un sueño hecho realidad.

Nabiki iba a decirle exactamente cómo se lo podía retribuir pero Kasumi leyó sus pensamientos y levantó la mano para cortarle.

—Nuestro mejor pago sería que lograras ser feliz. Así que súbete a la carroza que acabo de crear y encamínate al baile.

La peliazul ni se había enterado de lo que habían transfigurado para crear el coche, los caballos y el cochero y, sinceramente, prefería no saberlo. Se encaramó al carruaje embelesada y teniendo cuidado de no pisar su precioso vestido pero, antes de partir, no pudo evitar compartir una duda que hacía un rato le rondaba la cabeza.

—¿Y qué pasará si mi madrastra y hermanastros me ven? Tengo miedo de que me pongan en evidencia en mitad de toda la corte.

—Tranquila "hermanita" —Nabiki le dirigió una mirada divertida— Es lo que tiene la magia, sólo podrá reconocerte aquel que te vea con el corazón.

Y con esa tranquilidad se despidió de ellas y partió rumbo a palacio.

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La velada estaba siendo mucho más tediosa de lo que previó. Una larga fila de doncellas se amontonaba delante de él para saludarle y conquistarle, y no podía evitar la sensación de que estaba en un mercado pasando revista para ver cuál era la mejor yegua de cría para marcarla. O peor aún, que él era un caro jarrón de porcelana de edición limitada y todas esas mujeres pujaban por él en una subasta.

—Ranma Sama, mi amor —una chirriante voz le trajo de vuelta— Soy yo, tu Kodi ¿te acuerdas de mí? Nos conocimos hace un año en la fiesta de mi hermano Tachi.

Por supuesto que se acordaba de ella ¡ojalá no fuese así! Esa loca le había estado persiguiendo lanzando pétalos de rosa negra durante las tres horas que duró la fiesta en la mansión Kuno.

—Un placer volver a verla —contestó con diplomacia—, espero que disfrute de la fiesta. —Y con un sutil gesto le indicó que continuase para poder seguir con su labor de anfitrión.

La duquesa, levantó la cabeza indignada y de un giro de cabeza, le golpeó con su coleta en la cara y dio media vuelta perdiéndose entre la multitud. ¡Una menos! Se habría sentido aliviado si una algarabía no hubiera llamado su atención. Una mujer mayor se abría paso a codazos en la cola alegando su importancia. Cuando llegó hasta él, seguida de un par de jóvenes, levantó la barbilla y le dirigió una gélida mirada al ujier a su lado.

—La baronesa de Joketsuzoku… y sus hijos, alteza.

El trío realizó la reverencia protocolaria y Ranma inclinó su cabeza y les hizo un gesto con la mano para indicarles que se incorporasen.

—Alteza, es un placer volver a verlo, la última vez que coincidimos era muy pequeño como para que lo recuerde —Si, Ranma estaba tan seguro de eso como de que la baronesa no habría hecho tal aseveración de haber estado sus padres delante para refutarlo. Sonrió siguiendo la corriente— Permítame que le presente a mis dos hijos. Esta de aquí es Shampoo —Una exuberante chica le dirigió una mirada lasciva juntando las manos en su regazo, en un gesto que habría sido inocente de no haber sido porque aprovechó para empujar sus turgentes pechos con sus antebrazos para levantarlos— y Mousse —terminó la señora con un aspaviento de su otra mano en dirección a su otro vástago.

Cuando dirigió sus ojos en esa dirección se horrorizó al descubrir que el chico, al igual que su hermana, también le dirigía una mirada sugerente. ¿Pero no habían dejado claro en la invitación el término de doncellas casaderas? Por mucho pelo largo que tuviese ese individuo, ¿con qué parte del término doncella se asociaba?

Ranma le sonrió incómodo y dirigió rápidamente de nuevo su mirada a la baronesa para no dar alas a esa locura. Craso error ya que, en los segundos que se había distraído con el chico, su hermana había aprovechado para acercarse y, en esos momentos, se había colgado de su antebrazo, restregando discretamente sus pechos en el proceso. ¡¿Dónde quedaron sus reflejos de arte marcial que no la había visto venir?!

—Shampoo estar muy feliz de conocer por fin al famoso príncipe —¿Acaso esta mujer era extranjera? Por lo que recordaba de los interminables informes que se había tenido que estudiar para conocer los datos de los invitados más prominentes, su madre si era oriunda de china pero, en cuanto se casó con el barón, vinieron a vivir al reino donde tuvieron a sus hijos. Luego quedó viuda prematuramente, aunque el informe decía que volvió a casarse… y curiosamente después se le perdió el rastro, hasta hoy. ¡Qué mala suerte la suya!

Sin dejar de lado sus modales principescos, aunque ganas no le faltasen, se deshizo de su agarre procurando que no se notara la aprensión que le provocaba ese contacto.

—El placer es mío, señorita. Por favor siéntanse bienvenidos —Haciendo un gesto de amplitud con su mano continuó— Y si me permiten, debo continuar con mi labor de anfitrión.

La pelilila se apartó de él a regañadientes, volviendo con su familia, y los tres hicieron una breve reverencia antes de dirigirse hacia la zona de cóctel.

Ranma suspiró, solo quedaban cien más y ninguno parecía más cuerdo que la duquesa Kuno o la baronesa Joketsuzoku con sus horrendos hijos. ¡Cómo se suponía que iba a encontrar su alma gemela en esta jungla!

Tras terminar la parte del besamanos, el baile dio comienzo. El pelinegro decidió abrirlo de la mano de su madre, para no levantar envidias y, tan pronto como terminó de sonar la música y vio la oportunidad, se excusó y salió a toda prisa para esconderse en el único lugar donde sabía que hallaría paz y en el que ninguna aspirante le buscaría.

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Nada más bajar de su carruaje Akane quedó maravillada con la grandeza del palacio. Parecía sacado de un cuento infantil con sus cúpula, torreones y sillares de piedra. Además ¡nunca se habría podido imaginar que era tan inmenso! Es verdad que las pocas veces que lo había visto a lo lejos, desde las colinas que rodeaban la finca donde se ubicaba el dojo, se notaba que era grande pero nunca pensó que lo encontraría tan apabullante. Se sentía insignificante parada en frente de esas monstruosas puertas de roble macizo. Tuvo que refrenar unas imperiosas ganas de dar la vuelta, ella era una mujer valiente y si había llegado hasta ahí no iba a echarse atrás así que dio una lenta inspiración para coger fuerzas y procedió a cruzar el umbral rumbo a donde sonaba la música.

En cuanto llegó al salón de baile y las cortinas de terciopelo se abrieron, tuvo la sensación de que todo quedaba en silencio y que todas las miradas se volvían hacia ella. El rubor cubrió sus mejillas sabiéndose el foco de atención y tuvo que obligarse a avanzar mientras recitaba que nadie podía reconocerla como si de un mantra se tratase.

Se sintió abrumada de nuevo cuando, nada más descender el último escalón, un grupo bastante grande de caballeros se acercaron a ella ofreciéndole sacarla a la pista. Ella no sabía bailar, su madre murió siendo tan pequeña que apenas si recordaba algo de ella y su padre solo le enseñó a ser un buen guerrero ducho en artes marciales. Entendía, por lo que había podido observar a escondidas en las clases que recibían sus hermanastros, que los pasos de baile no distaban mucho de las katas, pero de ahí a exponerse y hacer el ridículo delante de tantas personas había un trecho… además de que seguramente eso descubriría su farsa. Así que se excusó diciendo que tenía sed y que iba a acercarse a la barra a por un trago, e insistió en que podía hacerlo sola cuando varios de los chicos se ofrecieron a traerle un refrigerio.

Mientras recorría el salón en dirección a la zona de bebidas aprovechó para buscar a su amiga. Con ese pelo pelirrojo tan llamativo y raro, debería ser fácil de ubicar pero no la veía por ningún lado. A quien sí divisó fue a su madrastra que justamente estaba donde ella se dirigía. Sintió cómo se le retorcía el estómago y su corazón latió con fuerza nervioso y acelerado. Sabía, por lo que le habían dicho sus madrinas, que no la podía reconocer pero no iba a arriesgarse y probar ese punto a corta distancia así que, antes de llegar giró en dirección a lo que parecía una terraza.

El frescor y la quietud del exterior la recibieron como un bálsamo y se permitió apoyarse en la barandilla para recobrar la compostura. Ante ella se extendía un precioso jardín bien cuidado, iluminado tenuemente con múltiples farolillos que colgaban de las ramas de los árboles o de estructuras de madera, bordeando los caminos. Al fondo, escondido entre el follaje pudo divisar lo que parecía un dojo. Una sensación irracional la embargó e impulsó a recorrer el sendero que se dirigía hacia la adusta construcción de madera. Sabía que todas esas chicas del baile se habrían sentido emocionadas al ver el lujoso palacio pero para ella no había nada más estimulante que ese edificio recién descubierto.

Se veía muy antiguo y perfectamente conservado así que, sabiéndose sola y sin ánimo de refrenarse, deslizó la puerta corredera para acceder a su interior. Nada más hacerlo quedó petrificada al descubrir una figura masculina que estaba practicando sobre el lustroso entarimado. Se trataba de un chico de larga melena morena sujeta en una desordenada trenza. Se había quitado la chaqueta y los zapatos de manera que podía ver sus músculos bien definidos a través de la camiseta interior negra que portaba. Tenía los ojos cerrados, lo que ella sabía que era una técnica para mejorar su precisión. Se movía con gracia y agilidad, demostrando un dominio del arte que nunca había visto. Era impresionante, no podía apartar la vista de él.

Ranma se encontraba muy concentrado realizando varios ejercicios para evadir su mente del estrés generado por él ultimátum de encontrar esposa, así que tardó un poco en sentir que no estaba solo. ¡Desde luego hoy se estaban luciendo sus instintos de artista marcial! Antes de abrir los ojos se giró en dirección a la presencia concentrándose en su aura, que era cálida y tranquila pero muy fuerte. Claramente una mujer. Solo esperaba que no fuera una de esas locas que lo habían estado acosando antes aunque, si había llegado hasta ahí, no podía descartarlo.

—¿Te gusta lo que ves? —comentó finalmente mirando hacia la puerta. Contra la oscuridad de la noche, la figura de una linda chica se asomaba. Su rostro todavía estaba envuelto en las sombras pero pudo observar un ligero temblor en su cuerpo al verse descubierta.

—Yo, yo… perdón no quería interrumpirte, solo vi el dojo y era tan bonito que no pude evitar la curiosidad de verlo por dentro.

¡Eso sí que era una novedad! Pensaba que huiría al verse descubierta o le daría una pobre excusa sobre la ilusión de estar a solas con él y gilipolleces por el estilo o, directamente, intentaría seducirlo. Le hizo un ademán invitándola a pasar para verla mejor.

Akane, dejando sus zapatos de cristal en la entrada, se internó nerviosa en la acogedora estancia mirando alrededor para no perderse nada hasta terminar en el par de ojos azules más impresionante que había visto nunca. Bueno, realmente era la segunda vez que conocía a alguien con ese color de iris, pero el hecho de estar enmarcados por unas espesas cejas negras los hacían más llamativos que los de su amiga pelirroja.

—Perdona, no quise interrumpir tu práctica. Entiendo que necesites ejercitarte para guardar bien el palacio, ¿no?

Ranma estaba en shock, no solo ante él estaba la misma chica que había conocido en el río el otro día ¡sino que encima ella no parecía saber quién era él! Creía que cualquier doncella en el reino sabía cómo lucía el príncipe, pero era evidente que ella no. Si hubiese sido otra persona habría pensado que estaba disimulando para tratar de seducirle de algún modo pero él la había conocido bajo otras circunstancias y sabía de su pureza y sinceridad. Eso era parte de lo que le habían cautivado de ella. Su hermosa sonrisa le había tocado el corazón de tal manera que no había podido quitársela de la cabeza desde entonces. No iba a negar que había pensado en ella cuando su padre le permitió elegir esposa por su cuenta y que había anhelado volver a encontrarla. De haber tenido un plazo más amplio la habría buscado, pero finalmente se auto convenció de que había sido una atracción pasajera porque él se encontraba en un momento de vulnerabilidad. Pero la realidad le golpeó con fuerza al volver a tenerla frente a él. Estaba preciosa con ese vestido, parecía flotar, aunque para él lo más bonito seguía siendo la fuerza interior que emanaba de ella.

—N-n-no pasa nada. So-solo intentaba alejarme de la algarabía del baile…

—Yo también, es abrumador ¿verdad? —le respondió Akane ilusionada. Se alegraba de no ser la única que se sentía así.

—Si, je, je —Ranma se rascó la cabeza nervioso. No podía actuar con ella como cuando era Ranko, se suponía que no se conocían de antes. Además de que su cuerpo masculino reaccionaba a ella de forma muy distinta y el verla tan hermosa no ayudaba.

Ambos se quedaron callados, ninguno sabía cómo proseguir hasta que una suave melodía invadió la estancia. La dirección del viento había cambiado permitiendo así que el vals, que en estos momentos estaba interpretando la orquesta en el salón, se internase en las profundidades del jardín y llegase hasta ellos.

—¿Quieres bailar? —preguntó tímidamente.

—Es que… no se me da muy bien —Le respondió ella algo cohibida, para no decirle abiertamente que no sabía.

A Ranma, que la había visto practicando katas, le pareció imposible que se le pudiese dar mal el baile pero, no queriendo evidenciar que la conocía de antes, le contestó como habría hecho con cualquier otra doncella —tranquila que yo te guío, solo déjate llevar.

Eso hizo Akane, descubriendo rápidamente lo sencillo que era seguir los pasos del chico y lo agradable que le resultaba estar entre sus brazos. Parecía tan natural que hasta le asustaba.

Antes de perderse en la calidez del momento decidió poner en práctica las clases de protocolo durante el baile que les había visto recibir a sus hermanastros mientras ella estaba en un rincón limpiando algo.

—Por cierto, todavía no me has dicho tu nombre.

—Ah sí, esto yo… Me llamo Ranma— respondió el pelinegro con miedo. Iba a haber dado otro nombre pero con haberse inventado el de Ranko había tenido suficiente así que decidió ser sincero.

—¿Ranma?

—Si —confirmó sabiendo que con eso ella sabría ante quién estaba y seguramente cambiaría su forma de actuar con él.

—¡Qué curioso, como el príncipe! Seguro que cuando te presentas a la gente, intentan encontrar similitudes con él.

—No tienes idea —dijo rodando los ojos y conteniendo una carcajada. Era la mujer más inocente que había visto nunca.

Ella le observó curiosa, como esperando algo, lo que le hizo darse cuenta de que debería devolverle la pregunta. Evidentemente él ya sabía su nombre pero ella no intuía que él era Ranko por lo que, si no se conocieran de antes, lo natural sería preguntárselo.

—¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

—Ammm… yo soy Cenicienta —respondió Akane. Por algún extraño motivo no había querido darle el suyo verdadero y, lo primero que se le ocurrió, fue el nuevo apodo que le puso Shampoo esa mañana.

Ranma se sorprendió pero no dijo nada. La música siguió fluyendo por la estancia y con ella sus pasos. En un momento de inspiración le agarró de una mano impulsándola lejos de él girando sobre sus pies para volver a tirar de ella mientras se enrollaba hasta quedar pegados de nuevo. Ella rio divertida por el movimiento, deleitándose con la sensación de rotación, hasta que notó que él se había quedado quieto. Cuando alzó la mirada para descubrir el motivo, se dio cuenta de que sus rostros estaban muy cerca, apenas a centímetros de distancia. Podía notar su aliento cálido hacerle cosquillas en la cara.

Ranma tardó un rato en procesar el sentimiento que le había embargado al escuchar su risa cristalina. Esa felicidad pura causada por él. Su corazón bombeó con fuerza retumbando en sus oídos. Sus ojos se nublaron emocionados y se rindió ante la inevitable atracción. Ella era como la gravedad, como si fuesen dos imanes de polaridades diferentes, como si hubiese un hilo que le uniese a ella y que tirase de su cuerpo acercando sus labios sin remedio.

Akane había oído hablar numerosas veces a su hermanastra del primer beso y había leído algo al respecto en esas revistas cursis que Shampoo compraba y luego descartaba en la basura. Pero nada de lo que había escuchado o visto en esos párrafos se asemejaba a eso. Era una sensación de plenitud infinita, una calidez que se extendía por todo su cuerpo cuyo origen era el contacto de sus bocas, un hormigueo en lo más profundo de su alma que le confirmaba que había encontrado a su gemela.

Lentamente se separaron mirándose embobados. Ambos lo habían sentido, la conexión, la chispa, el universo entrando en colisión por un solo beso. Ninguno sabía cómo proseguir a partir de ahora, temerosos de emitir un sonido que rompiese ese mágico momento.

—¡RANMA! espero que estés ahí porque tu padre está furioso —Un chico con uniforme militar y una banda amarilla en la cabeza irrumpió en la estancia. La pareja asustada, se separó de un salto dejando más de un metro de dolorosa distancia entre sus cuerpos.

El capitán Hibiki, que no había reparado en la muchacha, fijó sus ojos en el objeto de sus quejas y prosiguió con su reclamación.

—¡Que seamos amigos no implica que tenga que cubrirte delante de un Rey que echa chispas porque su heredero ha desaparecido en mitad de un baile supuestamente celebrado en su honor!

Con esa frase la magia, que había fluido por el dojo desde que la peliazul entró por la puerta, reventó como una burbuja.

Akane le miró horrorizada. ¿Qué acaba de decir ese intruso? que el chico que ella acababa de besar, aquel que creyó era un soldado ejercitándose en su noche libre en realidad era… era…

—Entonces es verdad, ¿eres el príncipe?

—Por supuesto que lo es —dijo jocoso Ryoga—, es Ranma Saotome ¿acaso no lo reconociste?

La chica se sintió traicionada y muy tonta. Cómo no se había dado cuenta antes del engaño. Era evidente por sus ropajes que Ranma pertenecía a una buena familia y que su forma de bailar no era la de un simple soldado.

—Cenicienta espera, déjame explicarte.

—No tiene por qué hacerlo A.L.T.E.Z.A está más que claro que se ha estado divirtiendo un rato con mi ignorancia, así que si me disculpa.

Akane sacudió la cabeza en negación avanzando rápidamente hacia la única entrada del dojo, el mismo sitio en el que se había quedado parado el capitán al llegar.

—Ryoga ¡detenla! —su amigo y soldado extendió sus fornidos brazos para tapar el paso. No iba a dejar que esa chiquilla se le escapara.

Haciendo gala de sus reflejos de arte marcialista, la peliazul lo esquivó sin problemas por debajo, aprovechando para recoger sus zapatos. Pero ella no contaba con que, al incorporarse, la mala suerte haría que parte de su cabello fuese limpiamente seccionado por el sable que Ryoga había alargado en el último momento para bloquear completamente la ancha puerta. Y con silencioso giro en el aire, su hermosa melena azulada cayó al suelo.

Todos se quedaron en shock mientras la chica se tocaba los restos desiguales de su otrora largo cabello. Akane se sintió desnuda sin él y muy triste, de lo poco que recordaba de su madre era su mata de pelo y siempre había procurado cuidar la suya para que se pareciera a la de ella. Pero ahora eso se había perdido y no tenía tiempo para lamentarse así que se sobrepuso lo más rápido que pudo disponiéndose a proseguir con su huida internándose en la noche, sin mirar atrás, dejando a los caballeros sumidos en el aletargamiento provocado por el desenlace de la situación.

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Ranma estaba pletórico, la noche pasada había sido la mejor de su vida; no solo se había reencontrado con la peliazul, si no que había bailado con ella y la había besado. La necesidad de volver a verla había sido tan fuerte que decidió regresar a la vereda del río para encontrarla pero, para no asustarla, tendría que presentarse como Ranko. Así que, antes de llegar a la zona, vertió sobre su cabeza una pequeña alforja que traía consigo y se quedó esperándola en la orilla.

El paso de las horas le sirvió para repasar su plan y los pasos a seguir. Nada más amanecer había sacado a su padre de la cama y, haciéndose oír entre sus protestas, le había asegurado haber encontrado a su futura esposa y su intención de ir a por ella.

El rey había murmurado algo como que si no le dejaba seguir durmiendo pediría que le cortasen la cabeza pero su madre le sonrió feliz y le animó a seguir sus instintos mientras ella lidiaba con su enfurruñado marido.

—¡Ranko! —El grito de la peliazul corriendo hacia él le sacó de sus divagaciones— ¡Qué alegría verte!

—A mi también me da gusto volverte a ver Akane —respondió la pelirroja contenta—. ¿Te has cortado el pelo? Te queda muy bien.

Desde la noche pasada Ranma se sentía muy culpable por lo que le había pasado con su melena. Sabía que el cabello era muy importante para una chica y había podido vislumbrar la pena en sus expresivos ojos en el momento en que se dio cuenta de lo ocurrido.

—Amm… Gracias —La chica se quedó muy cortada con el piropo de su amiga, aunque menos que si se lo hubiese dicho un hombre. Pero ella no quería recrearse en ese triste recuerdo— Por cierto, te estuve buscando ayer en el baile.

—¿A mí? —Ranma tuvo que recordarse que ahora lucía como una mujer, como la supuesta amiga de Akane.

—Si, tenía muchas ganas de verte y por eso asistí —respondió ella sonrojándose al recordar todo lo que pasó esa noche con el apuesto príncipe. Descartando ese pensamiento que no le conducía a ninguna parte y prosiguió— ¿No fuiste?

—Yo… yo… si, claro que fui pero… ¿te importa si hablamos antes de otra cosa?

—Claro, lo que quieras. Pareces preocupada, ¿estás bien?

—Si, solo escúchame por favor —La chica le hizo un gesto para que prosiguiera— ¿conoces la maldición de Jusenkyo?

—No, lo siento. He leído mucho pero eso no salía en ninguno de los libros de la vieja biblioteca de mi padre.

—Está bien te cuento…

Akane escuchó atentamente y en silencio todo el relato que más bien parecía una de esas fábulas que le contaban a los niños para que se durmieran.

—¿Me quieres decir que hay gente por ahí maldita y que cuando entran en contacto con el agua fría se convierte en otra cosa? Me tienes que estar tomando el pelo.

—Te aseguro que es verdad. No miento, no podría hacerlo cuando yo mismo soy una de esas personas.

La chica le miró asombrada dándose cuenta del motivo por el que le había contado esa historia y del porqué de su expresión seria mientras lo hacía. Pero sus miedos eran infundados porque a ella esas cosas no le importaban, a pesar de que la conocía desde hacía muy poco, quería a su amiga así se transformara en un ogro.

—Un momento espera, ¿me estás diciendo que, si te caes al río, te conviertes en algo más?

Ranma inspiró profundamente para infundirse valor y soltó la bomba.

—Bueno, no se me ocurre otra forma más suave para decírtelo así que ahí vamos —replicó lo más tranquilo que pudo— en realidad, esta es mi forma maldita… Cenicienta.

Akane se quedó en shock, ¿qué le estaba queriendo decir su amiga?… ¿Espera, cómo la había llamado? Ese nombre solo lo conocía su familia, era imposible que ella lo supiera a menos que… todas las piezas comenzaron a encajar y pudo leer en sus cristalinos y azules ojos la verdad. También vio anhelo y esperanza, la misma que observó anoche en otro rostro muy similar.

De repente le faltaba el aire, no podía respirar, todo le daba vueltas. No entendía o no quería entenderlo y lo único en lo que su cerebro podía pensar era en huir, desaparecer de ahí lo más rápido que pudiera.

Ranma vio el pánico en los ojos de la chica y, cuando empezó a correr, sintió el rechazo. Pero en el fondo sabía que no era por la maldición, eso no le importaba, lo había leído en su mirada mientras le hablaba de ella. Lo que Akane no había podido soportar era saber que él era el príncipe, así que su reacción había sido similar a la que había tenido ayer. No estaba seguro si el problema era el engaño o la importancia de su cargo, suponía que una mezcla de ambos, pero el resultado era ver a la mujer de su vida huyendo por segunda vez y adentrándose en el bosque como alma que lleva el diablo.

Aun así, él era un guerrero e iba a luchar por conseguirla, por lo que se dispuso a seguirla rápida y discretamente para ver a dónde se dirigía.

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Cuando la peliazul llegó a casa decidida a refugiarse en su habitación, unas garras de uñas pintadas le aferraron con fuerza y la arrastraron hasta el dojo, lanzándola violentamente al suelo. Su madrastra se veía furiosa.

—¿Dónde estabas? —le espetó, pero antes de dejarle responder continuó— Sabes, en el rato que has pasado desaparecida ha llegado el carro del pan, que obviamente tú no has podido atender como es tu obligación, pero gracias a ese desagradable hecho me he podido enterar de un sabroso rumor.

Akane la miraba como si estuviera loca, a ella qué le importaba eso. Los cotilleos de la corte eran algo para compartir con sus hijos, no con ella.

—Al parecer, ayer en el baile, el príncipe quedó prendado de una hermosa doncella —Se agachó hacia ella mientras hablaba y le agarró un mechón de cabello— Una supuesta princesa de pelo azulado que fue seccionado accidentalmente mientras huía del palacio. No sabrás por casualidad quién puede ser esa afortunada chica, ¿verdad? Esa que en estos momentos seguramente luzca una media melena cortada con sable —Y de un fuerte tirón la soltó.

Akane no sabía qué hacer, era evidente que había sido descubierta y que eso iba a traer funestas consecuencias.

—Yo, yo… la verdad, yo… solo quería ver cómo era el palacio… ni siquiera supe que era el príncipe hasta que me fui…

La risa malvada y estridente de su madrastra resonó en aquel húmedo lugar haciendo eco.

—¡Pobre marimacho asalvajada! No me extraña que no pudieses reconocerlo, tu padre te crió más como guerrero o un mozo de cuadra que como una niña. Por eso es tan absurdo que alguien de su abolengo haya puesto los ojos en tí.

Pero tranquila que corregiremos su error rápidamente y Shampoo le hará olvidar que alguna vez te conoció. Aunque para eso tienes que ser una buena chica y quedarte aquí encerrada y calladita lo que resta de día.— Le dio un par de palmaditas en la cabeza como si fuera un perro y se encaminó a la puerta.

—¿Perdone, qué?

—¡Oh, querida! Olvidé contarte un pequeño, diminuto e ínfimo detalle —le dijo con una ladina sonrisa mientras metía la llave en la cerradura— Un pajarito me ha dicho que, en estos momentos, el príncipe está marchando hacia aquí con una comitiva. Al parecer esta mañana informó a su padre de su intención de encontrarte por lo que toda la corte supone que está yendo puerta por puerta buscando a quien le falte la melena… y nosotros sabemos exactamente cuánto pelo falta ¿Verdad? Jajajaja.

El silencio la envolvió tras el tintineo de la cerradura y las lágrimas, que llevaba reteniendo desde hacía rato, brotaron como ríos inundando su rostro y sumiéndola en una inconmensurable tristeza. Sabía que debía luchar, pero todo lo acontecido desde la noche anterior la había dejado tan agotada física y psicológicamente que solo pudo reptar hacia una esquina, sentarse abrazando sus rodillas y enterrar la cara en ellas para dejar fluir su pena.

A media tarde, la campanilla de la entrada anunció que tenían visita. Mientras sus hijos terminaban de arreglarse, la señora de la casa (a falta del encerrado servicio) procedió a abrir la puerta y darle la bienvenida a los recién llegados.

—Alteza —Hizo una gran reverencia y le miró a través de sus espesas pestañas— ¿A qué debo este inconmensurable honor?

Ranma se horrorizó al reconocer a la baronesa. ¡No podía tener tanta mala suerte! ¿Cómo era que Akane vivía con esta bruja?. Con la mayor cortesía que pudo reunir expuso su petición.

—Como seguramente habrá oído —Básicamente porque los rumores en palacio se extendían como la pólvora— Estoy aquí en busca de la doncella que se dejó esta preciosa mata de pelo en el baile.

Con esa señal, el capitán Hibiki, le enseñó a la señora el valioso objeto en cuestión. Ésta, por su parte, les hizo pasar al salón y, para disgusto del príncipe, llamó a sus dos desagradables hijos.

En cuanto aparecieron no supo si reír o huir, ambos se habían cortado sus cabellos a la altura de los hombros. Shampoo fue la primera en acercarse a Ryoga para que le "probase la melena" y viese si encajaba como si no fuese evidente que su tono morado era totalmente distinto. En el movimiento aprovechó para agachar ligeramente el torso, dándole a Ranma una estupenda vista de su generoso escote y rozó a su vez el brazo de su subordinado que se sonrojó profusamente tardando un rato en reaccionar y realizar su labor.

—Lo lamento, no encaja —proclamó el capital con el tono más profesional que pudo, aunque la voz le salió unos tonos más aguda de lo habitual.

La chica tuvo intención de insistir pero su hermano la apartó con brusquedad para obtener su turno. Hibiki miró a Ranma confundido sin saber qué hacer, él le hizo una señal de que prosiguiera así que repitió el proceso. Se aclaró la garganta y declaró.

—El tono de pelo y el corte es el mismo —La expectación se palpaba en el ambiente y los ojos del muchacho empezaron a brillar emocionados— Sin embargo, lamentablemente le faltan un par de atributos que estoy muy seguro que la doncella de anoche tenía.

Ranma contuvo la risa, sabía que una vez llegasen a palacio su capitán iba a necesitar desahogarse con una botella de sake. Porque Ryoga era ante todo su amigo y le había apoyado cuando le explicó a su padre su absurdo plan para encontrar a su "princesa misteriosa" aunque seguramente que en esos momentos no creyó que tendría que soportar nada de esto.

Una vez descartados los furruñosos hermanastros, Ranma miró a su alrededor.

—¿No hay ninguna otra doncella en esta casa, madame?

—Ninguna otra, alteza.

Algo en los ojos de la señora hizo sospechar al chico. No había llegado a ver con claridad si Akane se metía en esa vivienda pero no había ninguna en varios kilómetros a la redonda y ella corría en esta dirección por lo que era evidente que la baronesa estaba ocultando algo.

Mousse, queriendo ayudar a Akane, le hizo una señal a Rama en dirección a la ventana. La verdad era que le caía bien la peliazul que siempre había sido amable con él y le trataba mucho mejor que su propia hermana. No iba a negar que le habría encantado ser elegido por el príncipe, aunque solo fuese para ganar a Shampoo por una vez en su vida, pero si lo pensaba fríamente a él le gustaban mucho más las mujeres que los hombres. Las bajitas de generoso busto para ser más concreto. Ya era momento de plantarle cara a la déspota de su madre, seguir su instinto y buscar esposa.

Ranma por su parte, al ver el sutil gesto que le hizo el otro chico, dirigió su mirada por la ventana. Allí, en medio de las malas hierbas del descuidado jardín, alzándose como un fantasma de tiempos mejores había un destartalado dojo.

—Vaya tiene un bonito dojo ahí detrás —Su presentimiento se convirtió en certeza al notar cómo la baronesa se tensaba— ¿Le importaría enseñármelo?

—¿Se refiere a ese estercolero? Sinceramente alteza, no creo que deba entrar en ese chamizo. Antes de morir mi difunto esposo sí era algo digno de ver pero ahora lo usamos para meter el ganado y huele muy mal dentro —La mujer hizo un gesto de asco aireando su mano y su hija, cuál mono de feria, la imitó.

—Bueno, creo que me arriesgaré. Soy un gran amante de ese tipo de construcciones y entiendo baronesa, que al ser tan buena súbdita como sé que lo es, no me va a negar este capricho que tengo.

—Por supuesto que no, sígame por favor.

Ranma, flanqueado por Hibiki, marchó tras una lívida baronesa. Su corazón retumbaba en su caja torácica mientras se acercaba al lugar. Cuando estaban casi en la puerta pudo escuchar el leve murmullo de alguien realizando katas. Las manos empezaron a sudar. Ahora sí que sí había llegado el momento de la verdad.

Akane, tras un rato de desahogo, había decidido matar el tiempo practicando. Puede que su madrastra consiguiera engañar al príncipe pero ella era una artista marcial y no se daría por vencida. Se acabó ser buena y dejarse manipular, ella iba a luchar. Igual le costaría un poco porque estaba oxidada pero saldría de ahí e iría a buscarlo así tuviese que pelear con todos los guardias que había en palacio.

Cuál no fue su sorpresa cuando escuchó el cerrojo abrirse y al interior del oscuro dojo entraron varias personas entre las que estaba Ranma. Por un momento pensó que tanto ejercicio y encierro le habían hecho tener alucinaciones.

—Vaya baronesa —dijo un muy alegre príncipe— parece que sí que había otra doncella en esta casa después de todo.

La mujer mayor no sabía hacia dónde mirar mientras se amasaba las manos nerviosa.

—Bueno, en realidad alteza ella es mi otra hija —Ranma alzó una ceja ante esa afirmación— Pero está desequilibrada y es agresiva por lo que no creo que deba acercarse a ella.

Akane resopló de manera muy poco femenina, iba a ver su madrastra lo que era ser agresiva.

—¿Qué se le ofrece milord? —Hizo una reverencia en dirección a su príncipe que la veía con diversión.

—Solo he venido hasta aquí para ofrecer mis respetos y mi más sincero amor a la doncella a la que pertenece esta melena pues ella es quien me entiende y me completa. No importa si yo soy un príncipe y ella una campesina, pues ambos nos hemos aceptado tal y como somos sin importar las apariencias —completó tendiéndole la mano a Akane para que se aproximara mientras Ryoga le acercaba la mata de pelo todavía sujeta por el lazo amarillo.

—Encaja a la perfección —anunció al viento el capitán, aunque todos sabían que era absurdo hacerlo.

Se sonrieron felices mientras él la arropaba en un fuerte abrazo y el mundo a su alrededor desaparecía. Ranma no podía creer que todo hubiera salido finalmente bien y ella le hubiera aceptado.

Akane se sintió la mujer más dichosa del mundo, todos esos años de penuria habían merecido la pena para llegar hasta ese punto, ese lugar, ese momento entre sus brazos.

Su rostro descendió lentamente en dirección a los labios de ella. Ranma quería besarla y perderse en su boca como habían hecho en el baile. Quería sellar ese acuerdo implícito que acaban de hacer para que no quedase ninguna duda. Quería gritarle al mundo entero que ella era suya, su prometida y en poco tiempo esperaba que su esposa.

—... artista marcial —susurró ella muy bajito sin estar muy segura de por qué había interrumpido el momento.

—¿Qué? —El chico la miró contrariado.

—Has dicho que ella era una campesina y soy una artista marcial —repitió inflando el pecho con orgullo.

Ranma llamativamente, su peliazul era asombroso. Así que antes de fundirse con ella en el tan esperado beso le respondió.

—Una fabulosa artista marcial, por supuesto. Y yo soy otro, por lo que nuestro hijo será el heredero de la escuela de artes marciales de estilo libre más grande de todos los tiempos.

Y con esa promesa de futuro juntaron sus labios y entrelazaron sus almas para vivir, de aquí en adelante, felices por siempre jamás.

FIN

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Queridos lectores.

Antes de nada muchas gracias a todos aquellos que os hayáis tomado la molestia llegar hasta aquí. Espero que hayáis disfrutado de la historia. Es la primera vez que escribo desde el punto de vista del narrador pero abordando los sentimientos de mas de un personaje y me ha generado cierta inseguridad hacerlo.

Me habría encantado publicar esto dentro de mes al que estaba destinada dinámica pero la página de fanfiction daba errores muy raros y me cambiaba algunas palabras al ingles o por otras inexistentes (de dichosa a dichese) cada vez que intentaba guardar la historia para subirla.

Respecto a la trama, seguramente habrá mil y una adaptaciones del clásico de la Cenicienta (no he querido comprobarlo para no echarme para atrás y cortarme la inspiración) pero a principios de febrero vi la película que da nombre a este one shot y no pude resistirme. Quería hacer algo romántico y sencillo, y la historia venía como anillo al dedo. Bien es verdad que en este fandome el personaje de la Cenicienta le pega mas a Kasumi y que a Akane se la relaciona mas con la Bella, Blancanieves o Julieta, al menos en lo que a los fanarts respecta, pero creo que aun así el relato no ha quedado forzado y, lo que es mas importante, he disfrutado mucho escribiéndolo.

La película de dibujos de Disney no es de mis favoritas, pero si el audio cuento que escuché de pequeña hasta sabérmelo de memoria. En honor a eso, los dos primeros párrafos de este fic son una reproducción, con ligeras adaptaciones, de lo que recuerdo de esos audios. En mi mente no había cabida para empezar la historia de otra manera.

Quiero aprovechar para contestar, aunque no tendría por qué, un "comentario" que me dejó en mi anterior cortito un guest. Cuando empleo la palabra "Kami" NO es porque quiera meter palabras en japonés, porque eso estuviera de moda en 2008 o porque tenga trece años (que hace lustros de eso) si no porque es una deidad de la religión de ese país. Así que, al igual que si escribiese una historia ambientada en un país musulmán emplearía el término Alá, o que si fuese en la antigua Grecia diría Zeus, o en el caso de ser una de Harry Potter usaría Merlín aquí pongo Kami en vez de Dios. Y básicamente si no te gusta no lo leas pero no insultes llamándome infantil porque seguramente sea bastante mayor y, evidentemente, más madura que tú.

Para finalizar quiero dar las gracias a mis incondicionales betas y amigas LumLumLove y SakuraSaotome por su apoyo, correcciones y consejos.

Besos a todos desde España.