Corazón de Caballero Por Syaoran Li

Capítulo 9: Compromiso de vida, al Castillo de Hades

-No quiero aceptarlo, no estoy dispuesto a pederla. -Es mi deber Seiya tienes que entenderlo. -Quiero que me des una razón, tan solo una razón y lo entenderé. -Es mi deber como Diosa, es mi deber hacerlo. -Esta bien, lo aceptaré, más me siento inquieto. -¿Por qué? -Hay algo que no podrás comprender acerca de mí. -Acaso ha existido antes. -Saori. -Seiya

Los cosmos de Seiya y Saori hacían lo que ellos eran incapaces de efectuar. Quizás era el miedo, quizás la ansiedad, más nadie dijo nada. Kanon sujetaba entre sus manos la daga dorada; Mu, Aldebarán, y Milo sólo observaban.

-Así que la Conciencia Araya – decía Hyoga por lo bajo.

-Seremos capaces de alcanzarla – preguntaba Shun mirando el cielo a través de la única ventana en la habitación.

-Si tan sólo mi maestro estuviese aquí – Shiryu estaba inquieto al no saber nada de su maestro desde que este se fue del Rozan.

-Dejen a un lado esos pensamientos caballeros, hay cosas más importantes en que pensar – exigió Mu ante el abatimiento de los jóvenes caballeros de Bronce – eso también va para ti Seiya.

-Si – respondió quedamente el caballero de Pegaso.

-Hay algo que deben saber – la voz de Saori reverberó en los oídos de todos, incluido Seiya quien andaba sumido en sus pensamientos – Cuando lleguen al Inframundo es posible que encuentren a Saga, Shura y Camus.

-¿Cómo? – exclamó Hyoga con sorpresa – mi maestro.

-Acaso siguen vivos (si se puede decir de alguna forma).

-En efecto – esto parecía ser tan normal para Saori que nadie más objetó – Cuando Saga acabó con Shura y Camus, ellos inconscientemente alcanzaron la Conciencia Araya de igual forma. Eso les permitió conservar sus cuerpos al momento de llegar allá.

-Increíble.

-Desafortunadamente – Saori retomó la palabra – siento muy débiles sus cosmos, estando concientes de que han derrotado a uno de los Tres Jueces del Inframundo.

-Rhadamanthys – musitó Kanon con seriedad.

-Me tempo que ellos se encuentren ahora en el Castillo de Hades – Saori dejó ver su preocupación a la vez que trataba a toda costa evitar el contacto visual con Seiya.

-¿Eso es bueno o malo? – preguntó Shun

-Todo dependerá de la fuerza de voluntad en ellos – remarcó Saori – de lo contrario Hades podrá controlar fácilmente sus mentes.

-¡Demonios!

-Paciencia, ellos no son fáciles de vencer, y eso incluye sus mentes – afirmó Mu con rudeza.

-Mu tiene razón, ¿podremos llegar a tiempo?

Todos miraron a Hyoga, luego a Saori, esperando claro las palabras finales de su Diosa antes de entregarles su vida.

-Pienso que lo demás lo dejo en tus manos Shion.

-Como usted diga – la mirada de Shion parecía estar perdida, como buscando una respuesta a la responsabilidad que estaba recibiendo por parte de su Diosa.

A paso lento Saori se aproximó a Kanon, quien sostenía con fuerza la daga como si no quisiera dejar que nadie la usara. Pero sabía que eso no podría ser posible, antes que negarle una petición a Athena, se quitaría la vida. Temiendo cual era la petición de Saori, Kanon hizo lo posible por esquivar su mirada.

-Kanon – musitó Saori suavemente – termina con el trabajo que Saga empezó hace trece años, por favor.

-Athena . . . tú me pides que yo . . . sea quien . . . – las palabras de Kanon se perdían ante el dolor que su corazón sentía, ¿él sería el verdugo? La daga tambaleó en sus manos, deseaba desaparecer del lugar. El objeto dorado se escurrió de entre su manos pero no calló al suelo. En vez de eso Saori la agarró con ambas manos, aferrándolas de inmediato a ella.

-Te lo pido por favor . . .

-Saori . . .

-Recuerda que siempre serás uno de mis caballeros.

-Yo – Kanon estaba desconcertado. Su cosmos lo alentaba a obedecer la orden de Athena, pero su corazón se lo impedía; "no lo hagas", "Debe haber otro camino", "existe otra solución . . ."

Mientras la mente de Kanon andaba a la deriva por un mar de incertidumbre, sintió como sus manos abrazaban el frío metal para luego deslizarse sobre las manos de Athena. Por un breve momento sintió esa calidez recorrer su cuerpo, su piel era tan sueva y tersa, perfumada con la esencia de las flores nacidas en el Jardín de Saras. Una ráfaga de viento entró por la puerta abierta trayendo consigo una infinidad de pétalos, todos ellos viajando como plumas deslizadas en la brisa nocturna, develando aquel momento. Muy a lo lejos un gritó ahogado se dejó escuchar, ¿acaso era el cosmos de Athena? Este fue el último pensamiento de Kanon antes de abrir sus ojos y caer en la triste pero inevitable realidad.

¡Saori!

Kanon vio horrorizado como el cuerpo sin vida de Athena caía lentamente hacia atrás. Su largo cabello se extendía por la brisa, mezclándose con ese aroma, esa sensación. Estiró su manó lo más que pudo pero no fue suficiente, ya nada podía hacer por ella . . . . no era posible alcanzarla hacia donde de un momento a otro iba a viajar. Lo que él no sabía es que pronto volvería a verla.

¡Athena! – gritó Kanon desesperadamente, consiguiendo despertar del trance a quienes por un segundo creyeron estar en un sueño. ¡Athena, Noooooo!

La oscuridad se cernió sobre el Santuario; pues su Diosa quien custodiaba aquel recinto sagrado ya no estaba más entre los vivos. Leves agitaciones se dejaron sentir por todo el lugar, ahora que el cosmos de Athena ya no estaba, la estabilidad del suelo sagrado se fue a su vez. Como una llama que se apaga dejando escapar sus chispas, el cuerpo de Saori, sumergido en un charco e su propia sangre brilló como cual luz para luego lentamente pequeñas partículas fueron saliendo de él, hasta que desapareció por completo, dejando a un desolado Kanon con la daga ensangrentada entre sus manos y su rostro lleno de lágrimas.

-¿por qué así? ¡Por qué!

-Deja de lamentarte, no es tiempo de hacerlo – Mu tampoco estaba muy seguro de lo que estaba diciendo pero era más sensato que llorar la muerte de Athena.

-Vamos que nos ha encomendado una tarea

-¿Es acaso que no tienes sentimientos? – Kanon colocó la daga sobre el charco de sangre dejado por Saori antes de enviarle a Mu una mirada fulminante.

-Por supuesto me importa y mucho, pero esto es lo que ella nos ha encomendado y no podemos fallar en nuestra misión, sino de nada habrá servido que Athena diera su vida.

Esto dejó mudo a Kanon. Era cierto, esa era la voluntad de Athena, para brindarles la oportunidad de entrar al Inframundo sin ser controlados por sus reglas. Aldebarán y Milo también lo vieron de esa forma, en cuanto a los caballeros de Bronce.

-Saori . . . – lágrimas silenciosas resbalaban por las mejillas de Seiya, quien todavía no aceptaba la muerte de su Diosa - . . . esto debe ser un sueño, un mal sueño.

-Desafortunadamente esto es la realidad Seiya – pronunciaba Shiryu quien ocultaba sus lágrimas tras los vendajes.

-Queda camino por recorrer Seiya, no puedes derrumbarte en este momento. - la voz de Hyoga se escuchaba distante, para Seiya todos estaban lejos de él.

-Secad esas lágrimas, parecen unos críos.

Todos voltearon en dirección a Shion, quien aún portaba la Sapuri negra de Aries – No es posible que se dejen abatir por tan vacío sentimiento; Athena nos ha otorgado su vida para que vayamos tras Hades, y si ustedes se quedan aquí lamentándose, de nada habrá servido que el suelo del Santuario quedara manchado con la sangre de un Dios. ¡Me escuchan!

Con su mirada desafiando a sus compañeros, Shion caminó presuroso hacía donde estaba el charco de sangre dejado por Athena. Desplomándose como un tronco sobre el suelo, empapó sus manos con la sangre, sosteniendo su mirada sobre todos.

-¡Escuchadme! Antiguos guerreros que juraron fidelidad a la Diosa Atenea; recibid esta sangre que en su nombre ha sido derramada para prevenir que las fuerzas del mal se apoderen de este mundo.

De inmediato las armaduras de todos fueron impregnadas con la sangre de Athena. Finas gotas recorrían los filamentos desdibujados de sus armaduras; las cuales armonizaban con la cálida cosmoenergìa dejada por Saori. El brillo fue haciéndose más y más intenso, hasta que todo el salón era enmudecido ante aquella luz celestial que ahora rodeaba a los Caballeros de Athena. Las armaduras de Aries, Tauro, Géminis y Escorpión expulsaron todo su esplendor dorado exaltados por la sangre de Athena. Así mismo, las armaduras de bronce recuperaron la vida que había perdido en las últimas batallas. Era increíble admirarlas, tan relucientes, como si jamás hubiesen sido rasguñadas por un solo golpe. El brillo que cubrió la habitación finalmente desapareció, dejando a los ocho caballeros admirando la nueva vida de sus leales armaduras.

-Han sido cubiertos por la sangre de un Dios - dijo Shion con la mirada ensombrecida – estas armaduras son ahora las más fuertes.

-Increíble –exclamó Hyoga

-Gracias por esta oportunidad Saori – susurró Shun.

-Tienen una nueva vida, como el renacimiento de un dragón – argumentó Shiryu.

-Saori... Saori yo... ¿ahora qué haremos sin ti?

La decepción dominó por completo el corazón del Pegaso. Ni los nuevos brillos que porta su armadura le han hecho olvidar que Saori, que Athena ha sacrificado su vida por darles la oportunidad.

-¿De qué servirá la victoria si Athena ya no estará más con nosotros? ¡No lo acepto, no lo quiero aceptar!

-¡Calla! - Pegaso es abofeteado por Shion, quien aún destilaba la sangre de Athena entre sus manos, impregnando un poco de ella en el rostro de Seiya.

-Osas decir ser un Caballero de Athena con esa actitud... crees que ella dio su vida en vano; piensas que dejaría esta pesada carga en nuestros hombros sin hacer nada más - En este punto la armadura de Shion comenzaba a desintegrarse... - si en realidad quieres que su muerte haya valido la pena, cumple con la tarea que os ha encomendado.

Seiya guardó silencio. Haciendo caso omiso a esto, Shion dirigió su vista a los demás caballeros:

-¡Escúchenme! Como antiguo Patriarca de este Santuario les ordeno que vayan y acaben de una ves por todas con Hades y sus ambiciones... ¡Váyanse ya!

Dicho esto todos asintieron con la cabeza y le dieron la espalda a Shion. Seiya, quien parecía seguir en trance, trató de hablar, pero antes de que lo hiciere, Shion tomó la palabra:

-¡Vete! Si en realidad quieres que ella vuelva debes ir al Inframundo.

-... volver ... Athena puede regresar.

-En efecto... – Shion parecía dudar si continuar o no.

-No bromeas, hablas en serio, Saori... ella no ha...

-Pegaso... recuerda que el cuerpo solamente nos es útil en la Tierra como vehículo de nuestra alma; y cuando nuestro momento de morir llega, solamente hay un lugar al cual todas las almas van.

-El Inframundo.

-En efecto. Athena estaba conciente de que Hades no se atrevería a dar la cara sobre la faz de la Tierra, por ello la única forma de enfrentarlo directamente es en el Inframundo.

-Quieres decir que ella está decidida a enfrentarlo sola

-Por supuesto que no; ella sabe muy bien que cuenta con sus Caballeros, quienes han prometido protegerla hasta el final; ¿o acaso lo has olvidado?

-El deber de todo cabalero es proteger a Athena cueste lo que cueste.

-Veo que por fin lo has comprendido Pegaso - Shion dejó escapar un leve quejido, sujetando con fuerza su costado.

-¿Qué sucede? - Seiya estaba preparado para lo siguiente.

-Mi tiempo sobre esta Tierra es muy corto; y veo que el límite está próximo a cumplirse. Descuida, este es un pequeño precio a pagar para así proteger la paz de este mundo.

-Shion... tú y los demás caballeros lo dieron todo aún sabiendo que su vida terminaría tarde o temprano.

-Así es la vida de un caballero, ¿no es así? - La figura de Shion lentamente comenzaba a tornarse blanca, dejando escapar partículas de luz, luz que llenaba la habitación de una calidez increíble. Pegaso, tomado por sorpresa, trató de sujetarle, pro fue en vano.

-Seiya... por favor has que el destino de Athena se cumpla; lleva contigo la Armadura de Athena; ella y tu cosmo serán la esperanza que será capaz de salvar a la humanidad.

-¿la Armadura de Athena? No entiendo.

-Está resguardada en este Templo, sé que sabrás encontrar su lugar. Este es mi favor amigo, te encomiendo a Athena.

-Shion... ¡No!

Demasiado tarde, la última partícula de luz que alguna vez fuere el cuerpo del Patriarca había desaparecido; y consigo el espíritu del antiguo caballero de Aries. Entre tanto Seiya permaneció de pie junto a los restos de la Sapuri que portó Shion. Su mente estaba atrapada en una encrucijada, sabía muy bien lo que tenía que hacer, sin embargo algo le evitaba moverse, como si dolor fuese demasiado inmenso. En realidad lo era.

-Demonios, no conseguiré nada si permanezco parado en este lugar... además le hice una promesa a Shion; y por mi honor la debo cumplir. Ahora me pregunto cuál puede ser ese lugar... ya lo sé.

Secando la última lágrima que empapaba su rostro, Seiya corrió velozmente a través de la habitación de Athena. Si entendió bien las palabras de Shion, sólo existía un lugar posible para la ubicación de la armadura; El Templo de Athena. Pasando el altar del Patriarca y luego subiendo la escalinata, Pegaso quedó frente a frente a frente con la estatua que simbolizaba a la Diosa que él tanto amaba.

-De acuerdo, este debe ser el lugar; ahora, ¿cómo se supone que encontraré la armadura? Un momento... cosmos de mi mente ayúdame por favor.

Del cuerpo de Seiya comenzó a emanar una tremenda cosmoenergìa que se apoderó de todo el Santuario. La figura de un imponente Pegaso se postraba ante él; en señal de obedecer su mandato. Después de un titubeo, el Pegaso desplegó sus alas señalando un sitio en especial... la estatua de Athena. Impresionado por esto, Seiya s encaminó hacía ella, sin saber qué hacer o qué esperar.

-Es extraño, siento como si esto lo hubiese sabido mi corazón desde un principio, como si las estrellas indicasen el camino desde tiempos mitológicos; tendrá esto alguna conexión con el pasado... según sé Hades fue vencido en la batalla de hace 243 años; no creo tener alguna relación con los guerreros del pasado, ¿o si?

Mientras Seiya divagaba entre sus pensamientos, la estatua de Athena adquiría un brillo cegador, igualmente intenso como el cosmos como el del caballero. Ambas energías se llamaban entre sí, como queriendo saber una de la otra. Estas vibraciones hicieron que Seiya despertase de su trance y tomara conciencia de lo que estaba sucediendo...

-No puede ser... acaso esta es la armadura de Athena.

Como se hubiesen sido palabras mágicas, la estatua comenzó a temblar, desquebrajándose pedazo a pedazo, hasta que sin previo aviso, explotó enviando unos cuantos metros atrás a Seiya, quien se cubrió el rostro para evitar el impacto. Cuando sus ojos se adaptaron de nuevo a la luz, algo muy peculiar llamó su atención. En donde alguna vez estuvo posada la estatua de Athena; dicho lugar era ocupado ahora por una diminuta figura. Se trataba de la mismísima Athena, la Athena de los tiempos mitológicos, con su escudo y báculo. El cosmo que era capaz de sentirse en ella era increíble, además de cálido y acogedor. Ya no había duda; esta era la Armadura de Athena. Como si se tratase de un tesoro, en realidad lo era, Seiya la tomó entre sus brazos, absorto por tan perfecta obra que por un instante olvidó todo lo que a su alrededor había.

-Athena... Saori... ahora lo tengo claro, no puedo ocultar este sentimiento durante un minuto más... te amo, te amo como jamás haya podido amar a una persona en mi vida. Tu partida me está partiendo el corazón en pedazos, no obstante entiendo tu decisión... ¡Espérame Saori! - El cosmos de Seiya volvió a elevarse hasta el infinito, esta vez acompañado por el suave canto de la noche que aún dominaba sobre aquellos lugares. Un par de hermosas alas doradas salieron de su espalda, extendiéndose como velas azotadas por el viento; la armadura de Sagitario le brindaba parte de su cosmos para que con ello completase su misión.

-Muchas gracias Aioros, prometo que cumpliré con la misión que tú iniciaste hace 13 años. ¡Al Inframundo!

Seiya desapareció del Santuario como un cometa. Aquel lugar sagrado permaneció tan apacible como en tiempos de la mitología. Las armaduras de quienes dieron su vida en pos de la justicia armonizaban en un cántico de esperanza, misma esperanza que iba acompañada de libertad y amor. De entre las runas en la Casa de Virgo, una sombra se escurría con sigilo; su atención fue llamada por la estela de luz dejada por el Pegaso.

-Date prisa Seiya o será demasiado tarde para Saga y los otros - Después de esto la figura desapareció por completo.

** En el Inframundo **

-¡Despierta!

-Basta de intentarlo, él no despertará de esa forma.

-Conoces acaso otra forma de hacerle reaccionar Valentine.

-Por supuesto, ¿con quién crees que hablas? ¿un humano? Déjalo en mis manos.

Evitando la mirada de Khan, Valentine tomó a Saga por el cuello sin recibir oposición alguna de este. A un lado yacían Camus y Shura, sus rostros reflejaban una paz y quietud tan inmutables que daba la impresión de que ni el más allá les causara temor. Saga, por otro lado, dibujaba en su rostro una expresión de profunda tristeza.

-No puedo creer que estos caballeros hayan vencido a Rhadamanthys

-Él muy idiota bajó la guardia eso es todo – dijo tajantemente Khan.

-No estoy muy seguro de eso – una de las hombreras de Saga cayó al piso, haciéndose pedazos por completo.

-Además cómo fue posible que con estas lamentables armaduras hayan soportado la Gran Precaución; aquí hay algo más.

-Déjate de tonterías; ¿cómo es posible que tres simples caballeros de Athena tengan tanto poder?

-¡Calla! Si dices que Rhadamanthys se confió mucho de ellos, tú vas por el mismo camino que él, jamás debes subestimar a tu enemigo, que nunca se te olvide esto Khan; nunca.

Tras escuchar la palabras de su camarada, Khan se mostró disgustado.

-Piensas que ellos cuentan con el poder suficiente para hacerle frente a nuestro señor hades.

-Eso... no lo sé.

-¿Entonces? – preguntó Khan enfurecido.

-¿Entonces qué? – respondió bruscamente Valentine.

-Hades tomará el control de todo en la Tierra y el Cielo; y nosotros como sus fieles sirvientes asumiremos el destino que nos ha sido negado desde tiempos inmemoriales.

Valentine guardó silencio.

-Di algo.

-Sólo puedo decir que mientras existan caballeros como ellos a los cuales debamos enfrentar, la victoria no estará asegurada.

-¿Cómo te atreves?

-Es que acaso no te das cuenta...

Valentine clavó su mirada en el oscuro cielo del Inframundo. Siete poderosas energías se han adentrado en los dominios del señor y amo de los muertos.

Continuará...

¡Hola! Perdonen por estar tanto tiempo inactivo, la Universidad y mi vida me dan mucho que hacer; pero he vuelto con más ganas de continuar y darle final a esta maravillosa historia, así que les pido estar atentos a ella. Esto tan sólo ha dado comienzo. Cualquier duda, sugerencia o comentario puede hacer el (Si!); en el Foro de Pkmn Crystal Gym ( . ) o bien a mi correo electrónico (delcompa ).