Hola a todos, Bienvenidas sean a mi primer fic de Digimon, si, lo se, no escribo otra cosa más que yaoi, pero es que es para lo único que tengo la suficiente inspiración, así que no se quejen.

Con respecto a este nuevo proyecto, permítanme avisarles que las edades de los personajes de Digimon cambiaran a mi antojo y que pondré personajes tanto de la serie 1 como la 2, ademas que aquí Takeru no es el hermano de Yama. El lugar donde se desarrolla la historia definitivamente no es Japón, pero si me preguntan el país, ni yo mismo lo se, confórmense con saber que se encuentra entre el quinto pino y antes de llegar a la tierra del nunca jamás (debo de dejar las drogas, momento... yo no me drogo... auch).

La simbología ser :

"..." pensamientos

-... dialogo –comentario- dialogo.

(notas aclaratorias)

'' palabras resaltadas.

Bueno...

Eso es todo, así que disfruten de su fic, que lo hago pensando en todos ustedes a los que les encanta el Taito, (así que no sean malos y dejen un review)

Lagrimas azules


El inicio


No era feo, definitivamente no era nada feo, a los 15 años su cabello rubio era perfectamente manejable, su mirada azul cian, que se confundía a veces con el cielo más hermoso, sus labios delgados y rojos, que combinaban perfectamente sus cejas con el resto de su cara, y esa palidez natural que hacia confundir el color de la camisa blanca con el tono de su piel.

Aun así...

Una arruga de preocupación apareció en su frente al verse en el espejo de su cuarto, y sus cejas se unieron imperceptiblemente unos milímetros que nadie más que él notaria... Tenía miedo.

-Yamato -se escucho una voz femenina en el piso inferior.

-Ya voy Maria¡.

Pero a pesar de haber confirmado que bajaría, unos pasos se escuchan por las escaleras, y pronto una mujer de treintaicinco años apareció en la puerta. A pesar de no tener la edad común para eso, unas cuantas canas habían comenzado a aparecer en su ceñida cola de caballo.

-Ya es tarde, no vas a llegar a tiempo si no bajas ahora mismo –dice tiernamente la mujer mientras lo mira de arriba abajo.

-Ya solo me faltan los zapatos, en un momento estoy abajo –y con una ultima mirada de reproche, la mujer asintió y salio del cuarto.

Aproximadamente treinta minutos más tarde, una limosina de seis puertas se detiene a las afueras de la escuela Iberoamericana, una de las más prestigiosas del país, merecedora solo de los alumnos más brillantes (o en su ausencia, billeteras). De la limosina baja un Yamato con los ojos inundados de preocupación.

-Mi primer día de escuela –dice lo suficientemente bajo para que nadie más lo escuche, y la limosina parte calle abajo, dejándolo a merced de las miradas curiosas del resto del alumnado, pues era mediados de semestre y que un muchacho tan apuesto fuera aceptado en esa escuela se volvía el centro de la atención para todos los demás.

Yamato se resigno, definitivamente tendría que soportar eso unos días. Camino hacia la dirección donde pidió su nuevo horario, y cuando descubrió que su primera clase era en el salón 23, camino hacia él a paso normal. "Pero que les pasa?", se pregunto después de un rato, pues la mayoría de los chicos con los que se cruzaba en el pasillo se le quedaban viendo sin disimulo alguno.

-Buenos días –dijo al profesor una vez se hubo asegurado que la placa con el numero 23 estuviera en la puerta- Soy Yamato, me dijeron que mi primera clase es aquí.

-Si –dijo Ortega, el profesor de historia mientras tomaba una hoja amarilla del escritorio que confirmaba el traslado de un nuevo alumno- Supongo que se podría sentar por... –comenzó mientras se ajustaba los lentes de media luna y después de un momento señalaba a un lugar Vacío- ahí, tercera fila, tercer lugar. ¡Pero que descortés soy! –dijo mientras se golpeaba ligeramente la frente- No le presente a sus nuevos compañeros. Muchachos –el maestro volteo hacia el resto de la clase- el es Yamato Ishida, acaba de cambiar de escuela y espero que todos sean amables con él.

El rubio, un poco confundido por el cambio de actitudes del maestro se fue a sentar al lugar que le había indicado.

"A primera vista", pensó con simpatía, "son buenas personas", claro, todos lo miraban con curiosidad, pero es natural, no?.

-Que no es ese el muchacho que no tiene papás? –se escucho un murmullo unos lugares tras él.

-Si, el que hace poco salio en todos los periódicos del país –confirmo una voz ahora un poco más fuerte, pues los murmullos de los demás se atenuaban entre si.

El rubio, giro su cabeza al frente del salón y trato de no pensar, "No pensar", ja, eso era una de las pocas cosas que no puedes dejar de hacer.

Flash Back

-Yama-todo esta oscuro- yama-huele a humo- despierta.

Un niño rubio de diez años abre los ojos para encontrarse con la mirada de su padre.

-Papa¿Qué pasa?.

-Todo esta bien hijo –dice su madre mientras lo abrasa, provocando que recuerdos regresen a su mente, un choque frente al carro de sus padres, y como este provoca en fracción de segundos, que el suyo propio pierda el equilibrio y caiga sobre un precipicio.

-Yamato, tienes que salir –dice su padre concentrado- sube al techo del auto por la ventanilla de atrás y apoyarte en las rocas más firmes que encuentres –su voz se escucha preocupada.

-Pero... –el rubio comienza a sentir venir las lágrimas, pero los brazos de su madre lo envuelven con cariño una vez más.

-Tienes que ir, es la única manera –yamato se tensa en sus brazos- pero tienes que hacerlo rápido –y como si fuera para darle la razón a la voz de su madre, un ruido metálico se deja escuchar, seguido de un movimiento ligero del auto¿Comprendes?.

El pequeño niño asintió con decisión, y casi al instante, los brazos fuertes de su padre lo levantaron con cuidado y lo colocaron en la ventanilla, lo más lejos que podía hacia la pared del peñasco. Sus manos dolían cuando subía lentamente por las rocas, pero cuando estaba a unos cuantos metros de alcanzar la cima, otros brazos lo ayudaron a llegar con bien a la cima, una de las tantas personas anonadadas con la escena que presenciaban.

Sin darle mucha importancia, el pequeño Yamato giro sobre si mismo y grito al auto que apenas si podia mantenerse atorado entre un árbol que crecía milagrosamente sobre la superficie.

-Mam , Pap , ustedes también suban ¡.

Pero en cuanto la frase se despego totalmente de sus labios, se dio cuenta, con asombrosa frialdad, que eso no pasaría, pues sus padres, antes de vivir el uno sin el otro, preferían morir juntos. Y, una vez más, un rechinido fuerte se escucho por el lugar al tiempo que el árbol cedía ante el peso que se le imponía, y dejaba caer el carro al abismo.

Fin del Flash Back
-Hola –dijo la voz de un muchacho frente suyo.

La clase ya había terminado, y la hora del receso se había impuesto, así que Yamato, arto de escuchar los horribles comentarios que hacían de él, decidió apartarse un poco del resto, y se encontraba sentado en uno de los múltiples prados del lugar.

-Hola –contesto más por inercia que por cortesía.

-Mmmmm –el muchachito era pequeño y delgado, y un fleco de tazón dejaba caer su lacio cabello castaño- mi nombre es Cody, y me preguntaba si podría pasar el día conti... –pero al ver la mirada del rubio pareció recapacitar un poco y se detuvo a mitad de la oración- perdón por molestarte –y ya estaba por dar la vuelta a irse, cuando la voz del muchacho lo detuvo.

-No, por favor, quédate. Supongo que me hace falta compañía.

-Cla-claro –dice el pequeño chico mientras vuelve a girar hacia él y sonrie.

¿Cómo dices que te llamas?

-Cody.

-Cody es un buen nombre, y dime, como es por aquí cuando no tienen nada que hacer?.

Y así comenzaron a platicar de cosas sin importancia y pasar el resto del día, aunque el muchacho resultaba ser algunos grados menor que él, resultaba sumamente simpático y parecía bastante inteligente. Si, definitivamente había echo un nuevo amigo.


-Bueno, esto no estuvo tan mal –dijo para si mismo mientras colocaba las manos en la nuca y caminaba de regreso a su casa, no tenia ganas de ir de regreso en la limosina.

"esto se esta haciendo costumbre", pensó, "esto de estar hablando conmigo mismo", "sip, no creo que sea bueno", y siguió caminando calle abajo, giro para tomar un atajo que creía que lo llevaría más rápido, aunque nunca había caminado por ese lugar en particular, y entonces lo vio.

En medio de la calle, que afortunadamente no era muy transitada, estaba un niño de aproximadamente diez años, de pelo castaño y vestido con bermudas y playera, estaba llorando a lagrima tendida y se tomaba un codo con cuidado, parecía que se había raspado al caer.

¿Qué te pasa? –pregunto Yamato, pues el muchacho le causo cierta simpatía a primera vista

El niño volteo a verlo a los ojos, chocolate claro, igual que su cabello desordenado, e interrumpió su llanto un poco.

-Los niños no lloran –dijo el rubio con una sonrisa de superioridad.

-Buaaaaaaa –mala idea

El niño comenzó a llorar de forma ahogada al tiempo que algunas personas que cruzaban bastante lejos de ahí, vieran al rubio con recriminación.

-Ya, ya, no llores –el niño dejo de llorar un poco, y lo vio con cierto pesar- a ver –dijo Yamato mientras tomaba sacaba un pañuelo de tela (de esos de abuelito), y limpiaba con cuidado la pequeña herida del susodicho, que ahora estaba más relajado- Ves, no pasa nada.

Yamato levanto la vista una vez más hacia el pequeño, que había dejado de llorar por completo, y cuando él niño devolvió la sonrisa y levanto también la mirada, el ambiente se cargo de magia y el tiempo se contuvo parcialmente, una sensación se extendió sobre ambos.

"A este niño", "yo lo conozco", "¿Dónde?", y todo se cubrió de oscuridad


-Oye... despierta

-Mmmm¿Qué pasa?.

Ahora es de noche, las estrellas brillan con pureza y la luna le sonrie desde el cielo, así que Yamato, seguro como no se había sentido en mucho tiempo, cierra los ojos una vez más y se acurruca comodamente en su almohada.

-Oye... no te duermas.

-Mmmm –el rubio solo se gira para el otro lado- no me des lata –momento de procesamiento, tres... dos... uno...- Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¡

Yamato se incorpora a la velocidad del sonido y se sienta rápidamente, girando la vista hacia todas direcciones. Por lo que podía ver, estaba sentado en una banca del parque cercano a su casa, y a su lado, estaba sentado un muchacho de aproximadamente su misma edad, que lo miraba de manera extraña.

¡Que rayos! –grito para si mismo- a ver... haz memoria, me levante esta mañana, Maria me llamo, desayune y fui a la escuela, conocí a Cody, regresaba a la casa y conocí a ese chico tierno...

-Tierno –dijo el muchacho asustando a Yamato que ya se había olvidado de él- tu crees que yo soy tierno?

-No soquete, tu no –dijo Yamato en un tono molesto mientras levantaba la vista- un niño que se parece a ti, como de diez años, con el pelo... como el tuyo... –dice mientras el chico se señala la cabeza- los ojos castaños... iguales a, a... a los tuyos.

-Oh, vamos, no me vengas con eso, yo estaba en la calle con un codo raspado, y me curaste con tu pañuelo –dijo el castaño mientras sacaba de uno de sus bolsillos el pañuelo manchado con sangre ahora seca.

-Bueno... no importa, a todo esto¿Quién rayos eres tu! –dijo señalándolo.

El chico castaño se incomodo visiblemente ante la actitud del rubio, pero después de unos momentos se llevo el dedo a la barbilla.

-Mmmmmm, ha...

-Si? –un minuto... Dos minutos,... tres minutos y contando (bueno, no exageremos, como 35 segundos después)- Y BIEN ¿qué no tienes un nombre? –dijo ya desesperado el rubio.

-No es que no tenga, es que no creo que lo puedas pronunciar bien, pero ya, ya se, me puedes decir Taichi –termino mientras tendía una mano amistosamente.

"Pero que carajos esta pasando aquí", Yamato se concentro en sus propios pensamientos e ignoro al castaño, "a ver a ver, según entiendo, el que creía niño no lo era, pero¿por qué rayos desperté en sus piernas y porque rayos no podría pronunciar su nombre?", "será extranjero..."

-Jeje –Tai comenzó a reírse del Rubio, pues estaba haciendo unas caras muy graciosas, pero cayó después de un tiempo cuando este ultimo lo miro de mala manera- Veras, creo que tengo que explicarme, después de que me ayudaste con mi codo, –y al decirlo, el castaño puso cara de dolor por unos momentos mientras lo veía de reojo- levante la cabeza y cuando te volteé a ver, caíste desmayado, y como no sabia que hacer, decidí traerte a este jardinzote para que descansaras –una vez terminada su explicación, Taichi se recorrio en la banca, pues Yamato lo estaba observando detenidamente y lo incomodaba.

-Entonces te quedaste quien sabe cuantas horas con mi cabeza descansando en tus piernas¿No?

-Pues... si –dijo el castaño mientras enrojecía un poco- básicamente.

¿Qué rayos? –dijo el rubio mientras sacaba su reloj, "8:30, puta, eso significa que dormí alrededor de 7 horas", "hace mucho que no dormía tanto"- y porque no me despertaste?.

-Lo que pasa es que te veías tan... relajado y tierno que no me atreví, bueno, hasta que me empezó a doler la pierna –termino con una mirada extraña.

-Se te durmió la pierna –era una afirmación, pero el castaño solo lo miro con extrañeza.

-Si... claro.

-Bueno –Yamato ya había decidido que tenia que portarse bien con ese niño... adolescente... bueno, lo que sea- Mi nombre es Yamato Ishida, tengo quince años, me acabo de mudar aquí y estoy estudiando, tu quien eres?

-Bueno, yo soy Taichi, no voy a la escuela, y... creo que es todo –término no muy seguro.

¿Cómo que es todo¿Dónde vives¿qué edad tienes?... algo.

-Pues ahora que lo mencionas, no se donde vivo –Yama se preocupo al escuchar eso- bueno, no es que no tenga a donde ir, es solo que no se donde queda la dirección-dijo el castaño mientras extraía una hoja perfectamente doblada y con letra dorada impecable.

-A ver... –el rubio tomo la nota y después de leerla un momento concluyo- no queda muy lejos de aquí, creo que te puedo llevar, sígueme...

Y después de levantarse y caminar hacia la salida del parque, Yamato guió a el niño a su casa, si niño, por su manera de ser infantil. Parecía que Taichi nunca antes había pisado la realidad, no estaba acostumbrado a nada.

-Déjame ver si entendí. Acabas de llegar, no tienes equipaje, no fue nadie a recogerte, caminabas sin rumbo por la ciudad y te tropezaste con un tope –si, eso había dicho- 'a media calle', y cuando me desmayo... no llamas a nadie porque no tenias ni idea de que hacer, así que solo me llevaste hasta ese jardinzote –según sus propias palabras- y me colocaste en una banca a esperar a que despertara, pero como pensaste que estaba incomodo, me recostaste en tus piernas –y al decirlo, se sonrió, luego se sonrojo y por ultimo puso cara de fastidio, "Bueno, no me quejo".

-Pues... si –Tai puso una cara de 'no entiendo que tiene de raro'.

-Ufff –era la quinta vez que el chico ponía esa cara en toda la conversación- bueno, creo que ya llegamos.

Yamato se detuvo frente a una mansión blanca, los jardines del frente, si bien no eran muy grandes, estaban perfectamente cuidados y se podía ver una pequeña alberca en la parte izquierda. Algunos pavoreales caminaban de un lado a otro del jardín.

-Vaya, que bonita casa –dijo el rubio después de curiosearla un poco.

-Tu crees? –Taichi no parecía muy seguro de darle la razón- bueno, ahora solo hay que tocar el timbre –dijo mientras se acercaba y pulsaba el botón- Gracias! –casi grito mientras se giraba rápidamente, asustando al pobre rubio.

Yamato no dijo nada, y dejo el tiempo transcurrir por unos segundos.

-Entonces... creo que es todo –muy a su pesar, su voz sonaba ligeramente triste.

Pero la atmósfera fue cortada cuando pasos se escucharon desde el interior de la casa. La puerta se abrió sorprendentemente rápido, y una mujer hermosísima salio de ella, tenía alrededor de veinte años y estaba vestida de manera elegante con un vestido entallado de color café, y cargaba en su mano derecha un par de zapatillas de tacón. Su cabello era corto y casi del mismo tono que el de Taichi, pero antes incluso de lo que tardo en describir todo esto, ella ya había llegado a la entrada y había abierto la reja principal en cuestión de segundos, colgándose casi inmediatamente del brazo de Tai, aunque resultaba un tanto gracioso, pues ella era más alta que el susodicho.

-Kyyyyaaaaaaa, al fin llegaste –dijo la mujer con una sonrisa en su rostro mientras tallaba su rostro en el hombro del chico.

-Hikari!

Taichi se veía feliz por verla, bueno, más que feliz, podría decirse que estaba emosionadisisisimo por verla, la abrazo, le pregunto como había estado y le aseguro que había estado al pendiente de ella, en pocas palabras, se enfrascaron tanto en una conversación que no tenia sentido ante los ojos de Yamato, que olvidaron propiamente al rubio...

-... bueno... –dijo el muchacho sintiéndose fuera de lugar- creo que me retiro...

Pero antes de que pudiera despedirse de Tai, la mujer volteo hacia él y dijo:

-Ha... lo siento –oculto un poco su rostro tras el hombro del moreno, agachándose un poco- no me había fijado que tenias compañía –termino bastante apenada, y saliendo detrás de Tai, tendió su mano de manera tímida- Mucho gusto, me llamo Hikari Yagami.

-Mucho gusto, yo soy Yamato Ishida –contesto el rubio mientras tomaba la mano de la señorita, pues ahora su actitud había cambiado a la de una.

El silencio se instalo justo como antes de la aparición de la mujer, y antes de que el rubio hiciera intento de alejarse, la castaña tomó la iniciativa.

-Yo creo que te espero adentro –dijo mientras volteaba a ver a Taichi- cuando te despidas de tu amigo, entra a la casa, los otros ya te están esperando para recibirte.

"Que poca madre de vieja, no me invito", pensó Yamato con coraje, aunque pensándolo bien¿Quien querría asistir a una fiesta a estas horas de la noche, además, lo más probable es que María estaría preocupada por su ausencia.

-Bueno... –una voz lo saco de sus pensamientos, y cuando regreso a la realidad, se encontró con que Hikari ya no se encontraba presente y solo estaba presente Taichi- creo que es todo.

¿Era su idea, o Taichi se veía triste por tener que despedirse, no, claro que era su propio deseo.

-Así es... mira que te parece si... –el rubio saco un papel de su mochila y comenzó a garabatear algo en el con una pluma- cuando tengas tiempo libre, puedes venir a mi casa o llamarme por teléfono... –silencio-... bueno... ya, me, voy.

Y girando sobre sus talones, comenzó a caminar lo más de prisa que podía, Dios, como quería volver a verlo...

-Espera!

Un grito se escuchó a su espalda y cuando giro para ver al dueño de la voz, se encontró con un Taichi que respiraba agitadamente mientras tendía su mano hacia él apretada en un puño.

-Se... se.. te cayó tu pluma... –dijo entre jadeos.

-Viniste corriendo hasta aquí solo para traerme la pluma? –pregunto Yamato mientras lo miraba tiernamente. Taichi asintió.

Y sin que pudiera hacer nada para evitarlo, Yamato tomo la pluma que este le tendía y se inclino para depositar un beso en la mejilla del otro chico.


Gracias por leer.