Este, pues aquí esta el segundo capitulo que les habia prometido. Una semana ha pasado, y ya sabia que no iba a recibir los reviews que queria… pero no me pueden culpar por intentarlo. Ha, bueno, ya que. Espero que les guste este segundo capitulo de esta historia y que me siga dando por escribir tanto como en estas dos semanas.

No creo.

Muchas gracias por sus comentarios y espero que me sigan leyendo y les gusten mis historias.

Mirame

2. Pero solo a mi.

A partir de ese día, para desgracia e Harry, muchas cosas cambiaron, a sus cuatro años y medio, sufrió la perdida más dolorosa que hubiera imaginado.

Tom Riddle dejó simple y llanamente de quererlo.

Y el mundo del niño se derrumbo.

Harry había esperado todo el día por su castigo en su habitación, había sudado y temblado con la idea de varios Cruciatus, se había imaginado siendo echado a pelear contra varios mortifagos a la vez, e incluso tal vez pensó que su padre lo obligaría a trabajar en la construcción de la nueva escuela junto con esa bola de incompetentes. La experiencia le dictaba que en castigos, Lord Voldemort improvisaba.

Y vaya que lo hizo.

Nunca se presentó en su habitación. Las horas pasaron lentamente mientras Harry se preguntaba si lo que había echo era tan malo como para que Tom ni se presentara a darle la cara, la comida paso, pero aunque su estomago rugió, pues tampoco había podido desayunar, no tuvo el valor de presentarse; incluso estuvo tentado a dejar pasar la cena pero decidió que, si bien podía soportar el hambre, no podía soportar la ansiedad de saber que pasaba con Tom.

Bajo las escaleras con un nudo en el estomago y se dirigió al comedor sintiendo que sus piernas eran gelatina.

Cuando llego ahí, el sonido de siempre lo recibió, había algunos pocos invitados, el clásico círculo de confianza que solo sabia lamer las botas de Tom y que tanto asqueaba a Harry.

El moreno paseo la mirada por el lugar y se dolió cuando descubrió que su lugar ya no estaba.

-Pero miren a quien tenemos aquí –la voz habló con fingida sorpresa- pensé que soportarías un poco más antes de venir por comida.

La frase, dicha como si estuviera recibiendo a un perro sarnoso no lastimó tanto a Harry como esperaba, aunque le decepcionó saber que Tom pensaba eso de él.

-Mmmmm, ¿no piensas hablar? –Harry mantuvo la mirada en el suelo mientras el Lord comenzaba a hablar con más desprecio que antes.- naa, puedes ir a comer a la cocina con los Elfos, ellos te trataran con la delicadeza que mereces.

Al chico eso le sorprendió un poco, y no se movió, esperando a que el brujo agregara algo más, cuando no lo hizo, hablo con un poco de temor.

-Lord… No… ¿no vas a castigarme? –le hablo de tu en presencia de sus allegados para instigarlo a hacerlo, la indiferencia lo estaba matando.

El mago lo miro y varios de sus mortifagos, Bellatrix entre ellos, sintieron pena por el niño.

-¿Crees que tengo tiempo para ocuparme de los débiles?

Eso si lo lastimó.

…..

Seis meses después se termino la nueva ala del castillo, y el pequeño chico comenzó a tomar clase con sus compañeros. El primer día de clase no le sorprendió descubrir que la mayoría de sus compañeros eran varios años mayores que él, ni que la mayoría de sus profesores se portaran más groseros con él, seguramente eran ordenes del Lord.

Lo que si le sorprendió, fue encontrar ahí al chico pelirrojo que ayudo, y le sorprendió mucho más descubrir que ese muchacho, el tal Ronald Weasley le caía, a pesar de todo, muy bien.

Después de todo, el pelirrojo había echo todo lo posible por quedar entre los seleccionados para la nueva escuela de mortifagos, a pesar de las suplicas de su familia, de su sorprendente capacidad de errores y de su gran odio por los profesores, solo para estar cerca de él. Harry. El chico que salvo a Bill Weasley.

Y, aunque en un principio se sorprendió al descubrir que el chico se ponía rojo cada vez que él lo tocaba, lo veía o se acercaba de más, lo que significaba sin duda un enamoramiento pasajero, no pudo dejar de ser su amigo ni de reírse de él cada vez que decía alguna tontería.

El resto de la infancia hubiera sido por demás aburrida y fútil de no haber sido por un hecho que ocurrió a sus diez años y que lo hizo salir de su autocompasión y ensimismamiento.

Para el cumpleaños del Lord (y nadie sabia cual era el número correcto), se organizo un desfile que recorrería la capital del mundo (decir capital mágica ya no era necesario, ahora toda ciudad era dominada por magos), la seguridad seria reforzada, las nuevas estatuas esculpidas en mármol y vendrían generales y principales subordinados de todas partes del globo

A Harry le tocaba ir en el Tercer carro detrás del Lord, con sus mejores mortifagos, pero el chico no se hubiera sentido peor si lo hubieran colocado en el coche medimago del final, él quería ir a su lado, entre Bellatrix y el aire que rodeaba a Tom. Cerró los ojos y respiro profundo.

-Harry, ¿Te pasa algo, ¿estas bien? –la voz de Ron sonó consoladora y el moreno sonrió.

-Si amigo, no es nada.

Por lo menos no tenia que ir con una bola completa de idiotas. Aunque se regaño mentalmente por hacer uso de sus pocos privilegios y haber subido a Ron con él. Es que… simplemente no se pudo negar cuando el chico se lo pidió con ese sonrojo.

Justo estaba por bostezar cuando algo capto su atención.

No muy lejos, a su derecha, un hombre miraba el desfile, no parecía nada extraño, por lo menos, no supo siquiera por que le llamo la atención, solo era… pues… su manera de mirar las cosas, el ojiverde lo miro con intriga unos segundos, y ya estaba desviando la mirada, extrañado de su propio comportamiento, cuando lo vio.

El hombre, con seguridad, se llevo la mano a la oreja, tomo el pendiente que estaba en su oreja y lo retiro, nada anormal hasta él momento, pero luego había hecho algo raro. Lo había clavado en su dedo y con la gota de sangre que salio cubrió la pequeña piedra del pendiente.

Esta comenzó a brillar de un color extraño y el hombre tomo impulso y la arrojo hacia el carro de Tom.

El pensamiento de peligroso no paso por u mente hasta que se dio cuenta que la chucheria esa paso el campo protector que rodeaba a los carros sin el menor problema, incluso pareció reaccionar positivamente a la magia. Entonces fue cuando reaccionó.

Tomó micras de segundó y aun así a el le pareció que se movía demasiado lento. Con su varita conjuro un hechizo de transportación lo suficientemente poderoso para cruzar los campos impuestos por seguridad, fue un esfuerzo que lo dejo cansado en el acto, a pesar de que solo pudo transportar el auto unos metros tras él.

La explosión que sucedió fue extraña, una esfera blanca de dos metros de diámetro apareció en el lugar donde antes estaba el auto, duro dos segundos y desapareció, llevándose consigo la tierra y el pavimento que alcanzó.

Todos vieron la escena sin comprenderla por unos segundos, pero cuando lo hicieron fue todo un caos, por lo menos la parte de la multitud, pues comenzaron a correr en todas direcciones y Harry se pregunto si seria por saber que había un terrorista entre ellos o por la más que segura ira de Tom.

Sin perder más tiempo, Harry le señalo a Ron al sujeto atacante, y este, comprendiendo en el acto, hechizó al hombre y lo dejo completamente sin conocimiento, mientras su amigo se ocupaba de levantar, como muchos otros mortifagos, barreras de protección, solo que en vez de ponerla en su carro, descargo la poca fuerza que le quedaba en proteger a Tom, creando un muro de luz tornasol sobre todo el coche.

Para enfado de Voldemort.

El prisionero fue obligado a hablar, Harry normalmente hubiera preferido verita serum, pero este era un caso muy especial y decidió que una tortura era digna del caso, además, la información de quien era la cabecilla de la operación valió la pena, y en menos de dos horas, los responsables ya estaban siendo… tratados… por Dementores. Harry al fin entendió para que servían.

Ron fue premiado por el Lord con unas palabras pero lo que más valió para el chico fue el gracias que le dio Harry cuando todo terminó, y, hablando del moreno, no podía esperar para que Tom terminara con él.

-No puedo creer que simplemente decidieras transportarme atrás de ti, –lo dijo con despreció por quinta vez- no puedo imaginar que te hizo pensar que necesitaba un escudo de colores como protección. Por si no lo sabes, había tres escudos protegiéndome en ese momento.

El silenció que le siguió no supo como interpretarlo, pero lo aprovecho para hablar.

-El artefacto ya había pasado dos de ellos como si nada, no pude quedarme viendo.

-No pude quedarme viendo –repitió con hastío- hubiera rebotado en el tercero.

-….

-…. Puedes irte.

…..

Una barrera tornasol.

El hechizo era lo suficientemente nuevo y poderoso como para todavía no conocerse un contrahechizo apropiado. Nunca lo usaba porque no le gustaba ver tantos colores juntos, giro molesto la vista alrededor y vio como Bellatrix y el chofer hacían estupidos intentos por salir afuera a la "acción".

'Todo con tal de no quedarse atrapados con un señor enojado ¿no?'

Suspiro. 'Increíble que un niñato inútil pudiera hacer una transportación tan rápida y un escudo tan potente'. Casi sin fijarse un borde de su boca subió. 'Después de todo, Yo lo hice'.

Descanso un momento, el tiempo suficiente como para que la barrera bajara su intensidad y él pudiera romperla con un maleficio potente disparado al cielo. Dirigió una mirada alrededor donde todos sus mortifagos ya habían echo un círculo y tenían apresado al perpetrador.

-Vámonos –y con un chistazo, desaparecieron de ahí.

Después de felicitar a la susodicha mascota de Harry, regañar al dueño y despedirlo, el Lord posó sus ojos en Lucius.

El rubio era el encargado de seguridad, y debía admitir que hacia un estupendo trabajo todo él tiempo. Ese mismo día había detenido ocho atentados más, el que lo había alcanzado nunca lo hubiera previsto. Aun así… una sonrisa sádica se paseo en su cara mientras pensaba que un incentivo a los empleados siempre era bien recibido.

Harry salio pacientemente fuera de la sala principal, Ron lo esperaba, y el chico le dijo que si quería podía ir a su cuarto a jugar, que él tenía otra cosita que hacer antes. Se colocó un hechizo desilucionador y uno para camuflar su magia, al fin, luego de una media hora su Tom salió, el corazón de Harry todavía temblaba cuando pensaba que pudo haber desaparecido. No era él momento de pensar en esas cosas, una vez que lo perdió de vista giro hacia la puerta principal y retiro los encantamientos.

-Nnnhh

Un quejido llamó su atención y cuando se giró pudo ver lo que ya ansiaba encontrar.

Lucius Malfoy, adolorido y manchado con su propia sangre en el suelo. Unió las cejas… el mago no estaba tan mal como pensaba.

-No estas tan mal –externo sus pensamientos con un dejo de molestia.

El rubio lo miro extrañado, para bien o para mal, el chico siempre le había hablado con cortesía, aunque no era de su agrado, siempre prefería ignorarlo, su señor siempre lo protegía.

-Mi trabajo es casi perfecto –dijo categóricamente mientras intentaba levantarse con esfuerzo, el chico frente a él guardó silencio- ¿Qué pasa, ¿no tienes que ir a jugar a las muñecas con ese amigo tuyo?.

No debió haberlo dicho, aunque por alguna razón, pareció que el moreno tenía otras cosas más importantes que atender.

-Jaja, siempre tan gracioso Lucius. –el chico paseo por la habitación, pensativo- ¿Sabes que descubrí hoy? –comenzó con voz aun más infantil que de costumbre- que no me gustan los trabajos "casi" perfectos.

El rubio lo miro sin comprender del todo, pero no le gustaba el tono.

-Tú no podrías, ni en cien años, hacer un trabajo tan estupendo como el mío.

Harry dejo de sonreír y se acercó a él.

-Te diré, quiero ponértela fácil –dijo mientras hablaba como dirigiéndose a un niño de cuatro- a partir de ahora, todos los movimientos de seguridad me serán informados.

Lucios se carcajeo tan fuerte como sus dos costillas rotas se lo permitían.

-Oblígame –retó. Y la sonrisa sádica que soltó el niño de dio escalofríos.

-Gracias. Esperaba que lo hicieras.

La puerta se cerró, y en total oscuridad Harry se apropio de su presa con un sabor amargo que nunca había conocido en toda su existencia, no le agrado, ni le desagrado.

Al final, cuando ya llevaba tiempo torturándolo por el solo reto de poder hacerlo, el chico abrió la puerta y estaba por salir, pero un sonido, una risa opacada por tos y sangre llamó su atención. Tal vez se le había pasado la mano y el tipo había enloquecido. Nunca se sabe.

-Te crees mucho… -dijo entre jadeos- porque eres… LA creación del Lord. Me… me gustaría ver como reaccionas cuando veas que no eres más que los demás.

El comentario lo perturbo, pero no le dejo ver nada.

-¿De qué hablas?.

Lucius se debatió un momento entre traicionar la confianza de su señor y hacer sufrir, aunque sea un poco a ese niñato.

-Digo que, en poco tiempo… tendrás hermanitos.

Cuando el significado de eso lo golpeo, casi se cae, no era cierto.

-Mañana, cuando empiece el día, me darás los primeros informes. –dio media vuelta- Y… Lucius –dijo como si lo hubiera olvidado- si dices algo de esto al Lord, me encargare de dejarte tan lisiado, deforme y loco, que le darás asco a tu madre.

Abandonó la sala principal y cerró la puerta corrió a su habitación y al llegar encontró al pelirrojo jugando solitario con barajas explosivas.

-Hola Harry, ¿Cómo te…

El chico no lo dejo terminar, se abalanzo contra él y lo abrazó muy fuerte mientras dejaba temblar a su cuerpo.

Voldemort volvía a experimentar para crear seres como él.

Rabio de celos y lloro toda la noche mientras Ron, impotente, sobaba su cabeza. No parecían niños de diez. Ni hombres de veinte.

Dos meses después apareció su primer "hermanito", Harry odiaba el termino y odio al niño en cuanto lo vio. El chico había sido puesto bajo un tratamiento especial, y a pesar de solo tener poco tiempo de vida, parecía un niño de cuatro años. Se llamaba Remus, y aunque Harry lo miro mal desde él primer día, él fue el encargado de entretenerlo mientras el Lord no podía estar vigilándolo. Si hubiera puesto más atención, se hubiera dado cuenta que desde el incidente del desfile, algo había cambiado en la relación con Tom. Pero estaba tan muerto de celos y todo, que no lo vio, y si lo vio, no le importó, lo quería solo para él.

A Ron le encanto el chico de pelo café y le pareció un niño muy tierno, así cuando le dijo a Harry y casi llora al ver como este lo miro con odio.

-No, –dijo con el pequeño Remus escuchándolo- no es tierno, es horrendo.

¿Cómo se supero esa pequeña rivalidad entre "hermanos"?

Harry casi sintió pena cuando el chico se revelo como licantropo tras su primera luna llena. Y digo casi porque no pudo evitar que la felicidad se adueñara de él cuando Tom lo vio; y aunque no dijo nada, el gesto de rechazo para el nuevo niño fue suficiente para Harry.

Así que Harry amó al niño.

…..

El siguiente hermano, y, ahora que Remus estaba con él el termino no le parecía tan desagradable, apareció cuando Harry tenia unos doce años y medio y Remus comenzaba a parecer un niño de ocho o nueve, y cuando el Lord apareció en el dintel de la puerta del comedor, cargando al niño de pelo negro onix con su varita como si fuera un saco de papas y esa molestia impresa en el rostro, Harry comenzó a amar al niño.

Resulta que el niño había "nacido" ese mismo día, a pesar de parecer de seis años y en todo el día no había parado de hacer preguntas, eso había sido suficiente como para que Tom considerara al niño un completo desastre y decidió que poner a Harry como tutor seria lo correcto.

¿Cuál era su nombre?.

A sí, pues el Lord, en un primer instante lo vio, y como el niño no paraba de moverse le digo que fuera más serio… el niño dijo que le gustaba ese nombre, pero como no podía, por ningún motivo llamarse Serio, le llamaron Sirius. Así que Tom nunca pudo decir que el niño no era lo suficientemente serio.

….

Una vez más, el moreno, en un desplante de autocontrol, respiro profundamente y esperó a que el nuevo apareciera.

Y espero…

Y siguió esperando…

Pero, como no aparecía, y hasta parecía que Voldemort ya lo había dejado, Harry dejo de contener el nerviosismo y sonrió para si mismo.

Tenia más controlado a Lucius de lo que a el le pareció en un principio y ahora el tipo estaba convencido de que él sería el nuevo Lord oscuro y corría a atender sus peticiones con toda prioridad posible, estúpido, por supuesto que ni él ni nadie podía reemplazar a Tom.

Como sea le convenía, ya que él le servia para saber algunos secretos que su Tom no se paraba a contarle, porque simplemente no eran su asunto, no porque no le tuviera confianza. ¿Verdad?.

Y así el tiempo fue pasando poco a poco.

….

-Vamos Remsy, deja ese libro y acompáñame a la fiesta de Harry.

Sirius estaba un poco hiperactivo, para alivio del licantropo, porque cuando estaba hiperactivo daban ganas de ahorcarlo, aún así, no entendía porque Remsy Cachorrito (así lo había llamado cuando se dio cuenta de que no tenia apellido) seguía leyendo su libro cuando solo faltaban cuatro horas, seis minutos y dieciséis segundos para que su hermano Harry cumpliera sus dieciséis. Dieciséis. Por dios santo DIECISÉIS, y el que apenas tenia tres y medio, claro que era un súper genio, el tratamiento también aumentaba la capacidad intelectual y de maduración, bueno, en el caso de él, Papá había dicho que él no maduraba, pero no era su culpa.

-¿Remsy?… -su rostro y su apariencia eran de un muchacho de diecisiete, pero hacer cara de compunjido no lo ayudaba mucho.

Remus Cachorrito bajó el libro que leía y dirigió la mirada al palacio central, donde un reloj con lunas y planetas estaba girando. Movió su cabeza hacia Sirius Dejayaeso, apellido de desquite del chico cuando descubrió lo mamila que sonaba el suyo y fue dejando que su cara adoptara una expresión que si contrastara con su rostro de dieciocho.

-Faltan cuatro horas para la fiesta de Harry, no tiene caso que vayamos –y volvió a clavar la mirada en el libro.

Sirius lo miro con expresión aterrorizada.

-No lo puedo creer, te la pasas el día leyendo libros mientras que yo siento que envejezco a cada minuto –se llevó una mano dramáticamente a la frente y se hizo el desfallecer.

El otro chico lo miro sobre su libro y sonrió. Hacia apenas unas semanas lo hubiera creído, de echo, el también estaba preocupado por su continuo cambio de apariencia. Un escalofrió lo recorrió cuando recordó los tres meses de su pubertad. Llevarle la contra a todo era molestísimo hasta para él mismo. Afortunadamente Sirius también se había dado cuenta y le molesto, así que fue a decirle a Harry que quería dejar de crecer como hongo y el chico hablo con Tom.

Resulta que no había mucho de que preocuparse, pues, como les explico Papá, dejarían de crecer en la flor de la edad. Los veinticinco. Ahí fue cuando Sirius le pregunto si se había golpeado la cabeza y afortunadamente estaba presente Harry porque si no lo hubiera matado. Ah, el caso es que se las había apañado para convencer al mago de que los dejara crecer como Dios manda y paump. Inclusive asía una semana que tenia una espinilla en… pues… pues tenia una espinilla.

Sirius abrió un ojo desde el suelo.

-No puedo creerlo, tu no quieres a Harry –lo acuso infantilmente.

-Oye, claro que quiero a Harry –'vale, que me aya dicho horrendo a menos de doce horas de conocerlo se lo perdone cuando descubrí porque no le gustaba hablar de Tom como Papá'.

-Entonces, ¡¿por qué tiemblas!

Remus Cachorrito (me encanta escribirlo así que posiblemente suene repetitivo) lo miro con una sonrisa linda y le acarició la cabeza con ternura.

-¿Qué le vas a regalar a Harry?

La pregunta, por supuesto tuvo el efecto que esperaba sobre el moreno.

-Adivina, ¡Adivina Remsy!.

El chico se llevó una mano a la barbilla.

-Un peine –Sirius rió y negó con la cabeza- un par de anteojos nuevos?.

'Rayos, espero que no, ese es mi regalo'

Afortunadamente el chico lo miro como si estuviera fumado.

-Le voy a regalar un tricornio.

'Claro, ¿por qué no se me ocurrió a mi?', se regaño mentalmente por la idea estúpida de los anteojos, un momento, ¿un tricornio?.

-¿El animal ese que parece caballo con tres cuernos y aliento de hielo?

-Sip –Sirius asintió emocionado- como a Harry le gustan mucho los porcinos le voy a regalar uno. Lo tuve que ir a buscar a escondidas en las regiones nórdicas.

-Sirius Dejayaeso.

-Si Remus Cachorrito?.

-Dos cosas, -dijo el chico mientras contaba- una, son equinos, no porcinos; dos, Harry tiene un Entei, un caballo de fuego y ¿tu le quieres regalar un tricuerno?

-Aja –contestó simplemente.

-Eso es como regalarle un gato y un perro en una caja cerrada. -la sonrisa de Sirius le advirtió a Remus que posiblemente ya lo había pensado, pero… Na, era solo estúpido- Tienes dos horas para devolverlo, una hora y cuarentaicinco minutos para encontrar otro regalo y quince minutos para presentarte a la fiesta.

Sirius sonrió lentamente mientras recorría con la mirada de arriba abajo a Remsy, que al fin y al cabo siempre lo podía dominar, por más ratón de biblioteca que fuera tenía sus vicios ocultos.

-Remus Cachorrito –dijo acercándose mientras sonreía de lado y se acercaba a él, su actitud al fin concordaba con su apariencia- yo quiero regalarle a Harry un tricuerno –lo recargo sobre el árbol en el que estaba leyendo y dijo en su oreja- no dirás nada, ¿verdad?.

Remus sintio algo duro tocar su vientre cuando Sirius lo abrazo, y el deseo se reflejo en sus ojos.

-¿Eso… no es? –dijo cuando un sonido conocido fue dejado oír entre la fricción de las ropas de Sirius y las suyas.

-Aja… ¿lo quieres?.

La preculpa invadió a Remus, pero… que rayos, ese era problema de Harry.

Asintió y el pelinegro metió la mano bajo su propia capa, batallo un poco para sacarlo pero cuando lo hizo valió la pena.

-¿Chocolate con almendras y arroz? –dios, ya lo sentía derretirse en su boca, levanto la mano para tomarlo y el pelinegro lo alejo cuando estaba a punto de cerrar el puño.

-Ah, ah –dijo moviendo un dedo negativamente- primero, quiero escucharlo.

Remus bajo la mirada… y… mando al cuerno todo lo demás.

-Vale, vale, no diré nada, dame ya.

Gracias por leer.