Disclamer: J. K. Rowling y Takao Aoki, son dueños de Harry Potter y Beyblade, respectivamente. Yo hago este fic sin ánimo de lucro, como medio de entretenimiento y ocio.


Advertencias: Si no has leído los libros de Harry Potter a partir de La Orden del Fénix, habrá spoilers. Al igual si no has visto Beyblade V-Force, puesto se desarrollan en dichas tramas argumentales (aunque, puedes imaginar a los chicos de Beyblade cómo la primera temporada). De éstas, se irá por línea alterna, al cruzarse ambos universos. Algunas de las muertes en el canon podrían respetarse en el caso de HP.

Fandom: Beyblade y Harry Potter.

Pareja: No hay ninguna por el momento y al menos en el Universo pottérrico, se respetarán las canon en su mayoría. No yaoi. Entre el Trío de Oro como los Blade Breakers, sólo habrá amistad.


Harry Potter y los Blade Breakers

Por causas desconocidas, nuestros jóvenes amigos son llevados a un "mundo" donde la magia será algo cotidiano en la vida de las personas, además de ir a la más prestigiada academia de Hechicería, donde enfrentarán muchos peligros… y también muchos enemigos.


Un Robo sin éxito


Era medianoche, en un poblado de Japón. Todo era tranquilo, en especial enfrente de un dojo. Una sombra surgió en un callejón cercano. No se podía apreciar su forma, sin embargo miraba expectante al lugar, queriendo ver el interior de esta construcción. De pronto en su mano brilló una especie de espejo en tono azur y con voz grave dijo:

—Aquí hay un espíritu. Pensé que sería más complicado obtenerla.

Entró al edificio sigilosamente, abrió la puerta sin complicación alguna para él, dada su condición sobrehumana. Encontró lo que buscaba en una espada hecha de jade, sin embargo no contó que dos personas se habían dado cuenta de su entrada.

—No te lo llevarás….

— ¡Ja! Si piensas que dos muggles como ustedes me detendrán están muy equivocados —al momento saco una varita, señalando a sus agresores—. ¡Petrificus Totalis!

Acto seguido uno de ellos, el más grande, quedo tendido en el suelo tan rígido como piedra. Mientras el otro, mucho más pequeño, miró horrorizado la escena. Después observó al intruso con una intensa mirada de odio.

—Si no quieres que te pase lo mismo niño, deja hacer mi trabajo.

—No te llevarás a Dragoon —el pequeño trataba de ponerse en guardia, a pesar de lo sucedido con su padre.

Sin embargo, el enmascarado volvió a repetir el hechizo en el infante. Ahora nadie lo detendría. La espada emitía un brillo, como de cierta inconformidad, al ser despojado de la familia con que vivía y resguardaba. El extraño miró con asco a sus atacantes, desapareciendo al instante enfrente de sus ojos.

En ese mismo momento, en la entrada de una tienda, en Estados Unidos, sucedía algo similar. Otro ser encapuchado salía del establecimiento con un dije. Se alejaba de esta hasta llegar a la esquina, viendo con regocijo aquel objeto que había robado. Como a su compañero, una luminiscencia, pero de color morada surge entre sus manos.

—Vaya, no pensé que fuera tan sencillo obtener a Draciel. Esa familia ni siquiera fue un obstáculo para mí.

En otro sitio, también se halla una presencia oscura, sin embargo, sólo puede mirar de lejos, hacia una colina, en la cual se encuentra una gran mansión, en las frías tierras de la Unión Soviética. Ingresó del mismo modo que sus compañeros. Pero como al primero se encontró a un chico que poseía un arco y una flecha en sus manos.

— ¡No te llevarás al fénix de aquí! ¡No sin pasar sobre mi cadáver!

—Hum, por ahora no tengo tiempo, sin embargo puedo jugar contigo. ¡Crucio!

El muchacho se retorcía en el suelo, con la sensación de que algo le estaba quemando el pecho. Terminó el castigo. Con un simple movimiento de su varita, quitó una medalla con un escudo de armas que se encontraba. Desapareció ante la vista del joven chico, aún adolorido por la maldición que el extraño le había lanzado.

—Perfecto, obtuve la bestia sagrada. Ahora por el tigre —un objeto brilló en sus manos, haciendo que él se desvanezca en el aire.

Aparece en otro lugar, pero no solo. Eran tres personas en total, sin excepción, vestidas con túnicas negras y con máscaras blancas. Murmuraban para sí. Se hallaban en un poblado de China. Se dirigieron en especial a una construcción grande de la aldea. Ingresaron con facilidad al sitio. Uno de ellos se acercó a la puerta, la cerró y roció en la entrada una sustancia verde. Los otros habían dormido a un guardia, se dirigían a un altar, donde se encontraba una pieza de metal.

—Está sellado, Nott, pero ¿Si el chico despierta?

—No te preocupes, Lestreage —expresó su compañero, con fastidio—. Crabbe le está administrando un poco de poción. No abrirá los ojos, por medio día, aproximadamente —tomó la pieza metálica de su sagrario—. Pensé que sería difícil conseguirlos, pero finalmente, el Señor Tenebroso las tendrá en su poder.

—Pero no son todas, aún faltan dos —expresó Lestrange, con pesadumbre—. El Señor Tenebroso no admite errores, y lo sabes Nott.

—Sin embargo no pudimos encontrarlas —Crabbe en ese momento se unía con ellos. —Debemos regresar a Inglaterra.

— ¿Por qué crees que nuestro amo quiera esto?

—Según él, son la llave para conquistar nuestro mundo… y el de los muggles.

Se fueron de ahí. Aparecieron en un campo. Recogieron una piedra, sacaron una especie de varita, con la cual tocaron el objeto. Fueron llevados enfrente de una gran y vieja mansión europea. Cerca de esta construcción, había un panteón familiar. Se vislumbraba algunas tumbas rotas. Ingresaron a la casona, subieron las escaleras hasta llegar al ático. Se despedía luz de aquella habitación, un hombrecillo gordo, con apariencia de roedor les dio el paso.

— ¿Las consiguieron? —mencionó una voz fría y silbante.

—Sí, amo —contestaron al unísono.

—Excelente —mostró una pequeña sonrisa. Era un hombre alto, de piel albina, con ojos rojos, nariz parecida a las fosas nasales de una serpiente. Vestía una túnica negra con toques verde venenoso—. Por años las he buscado, sin embargo no pensé que muggles las poseyeran y las dominaran a la perfección. Los Espíritus Protectores de los Grandes de Hogwarts.

—Significa, amo que…

—Así es, ni Dumbledore podrá detenerme si las tengo en mi poder. Dénmelas.

Él tocó una espada de jade que uno de los enmascarados le había entregado. Sin embargo, él no contó que brillará con tal inmensidad que causara una ceguera temporal. Lo hicieron los demás objetos, la luz que emergía de cada uno de ellos, se convirtieron en centellas, cuatro para ser precisos.

— ¡No dejen que se escapen! —rugía a sus sirvientes, pero para su mala suerte, no tuvieron éxito, puesto aquellos entes, desaparecieron en el acto.

Lejos de la Mansión, reaparecieron los objetos en una especie de oficina, con avioncitos de papel volando de aquí a allá. Se hallaban sobre el escritorio de un joven pelirrojo, que empezaba a trabajar en ese departamento. Sorprendido miró con detalle esas entidades, empero con precaución.

Un libro apareció inmediatamente después de las cosas. Se abrió. El muchacho observaba con cierto temor el volumen. Sin embargo los entes no salieron de ahí. En su lugar, una nota apareció en sus primeras hojas:

Entregue este ejemplar, junto con estos objetos, a Albus Dumbledore, él sabrá qué hacer con ellos.

Aquel hombre dudó por un instante. Pero por inexplicable que parezca, incluso para él mismo, confió en las palabras de aquel libro. Llegó a las manos de un anciano de barba larga. Sonrió al ver el ejemplar, entregado por el chico pelirrojo. Se encontraba en una habitación circular, con retratos de distintas personas colgadas en la pared.

Se dirigió al centro de su estudio con todas las cosas. Concentrándose, a la vez que hablaba en latín, blandía una varita, la cual emitía una tenue luz blanca. Debajo del hombre, un símbolo extraño se dibujó en el piso, iluminando la estancia.

Por su parte, los objetos brillaban intensamente con los colores que poseían los entes sagrados. Se trasportaron mágicamente a una mansión en la helada Rusia, en la estancia donde aquel niño arquero fue atacado. Las bestias sagradas, en forma de haces de luz, salieron de esa magnífica construcción.

Todos los entes habían retornado al lugar al que pertenecían, esperando el momento indicado para la llegada de su guardián y de su nuevo despertar. Excepto una, deseando quedarse con aquella familia de nueva cuenta. El Fénix regresó a aquel escudo de armas en que estaba situado, para dormir unas décadas más. Por lo menos, podría ocultar su esencia por algún tiempo.


Lechucería Hiwatari

–Heme aquí con otro fic

–Yo creo que no pertenece en esta sección –Comenta Kai, sentado desde un sillón

–Te equivocas hermano...

–Por lo menos termina los otros –me muestra varias hojas tachadas

–Hum... bueno es que... mi imaginación está algo atrofiada, además que este fic ya lo traía desde hace tiempo en mi cabeza. No esperen a que actualice pronto, debido a que me es difícil estar centrada en mis fics, con la escuela mi tiempo se invierte ahí. Es un cross-over de Harry Potter y Beyblade.

–Vaya Isis, muy común el tema ¿no pudiste ser más original?

–No te respondo. Bueno, nos vemos después.