AI NO MONOGATARI

Capítulo 24:

—Miroku… ¿Qué es lo que haces? —Escucha a su mujer decir a sus espaldas con un deje de curiosidad, llamando su atención inmediatamente. Sonrió al mirar como traía en brazos a una de sus pequeñas hijas mientras bajaba con cuidado el desnivel de la superficie, llegando a su lado para tomar asiento junto a él.

—Solo medito un rato, ¿cómo están mis princesas? —Dice al pasarle un brazo por la cintura, atrayéndola con el movimiento un poco más hacia él.

—Kikyou se quedó con Naomi, así que solo Naoko aprovecha a su madre. —Explica sonriente, mientras levanta a su bebé para quedar a la altura de su cara y sonreírle. —Verdad mi amor, disfrutas de estar con mamá. —Como si el bebé entendiera lo que le dice su madre, empieza con risas melodiosas estirando con fuerza sus piernas regordetas, una y otra vez.

Fue realmente gracioso el ver como una mosca que volaba por los alrededores, en espirales para terminar su vuelo y posarse en la nariz de la pequeña Naoko, quien torcía los ojos haciendo viscos de una manera tierna para su corta edad. Los padres miraban atentos la acción. Sin hacerse esperar mucho tiempo la pequeña cría humana empieza a llorar, agitando los brazos, desencajando los rostros de sus progenitores.

—Ya, ya Naoko. No pasa nada.—Trataba de consolarla Sango, meciéndola un poco, pegándola a su pecho. Susurrándole palabras reconfortantes y cariñosas.

Se escucha como Miroku, suelta un sonoro suspiro en forma de bufido.

— ¿A qué se debe eso? —Pregunta suspicaz su compañera, sin dejar de mecer a la niña.

— ¿Qué cosa? —Contesta, sin entender a lo que refería la madre de su descendencia. Girándose nuevamente para ver el reflejo del sol en el agua del rio, sin tomarle la mayor importancia al asunto.

—El suspiro ¿a qué se debe? — Pregunta tratando de sonar normal, sin que se notará la importancia de su interés.

—Nada es especial, solo estoy un poco cansado. Es todo. —Dice en el momento de soltar involuntariamente otro suspiro. Dejándose caer en el pasto con los brazos tras su nuca, de una manera muy holgazana.

— ¿A qué te refieres Miroku? Si todo ha estado tranquilo estos días. —Responde inquiridoramente. Tratando de apaciguar el incesable llanto de su hija, que a momentos parecía no tenía la más mínima intención de ceder, si no que al contrario.

—Tener hijos es una tarea difícil y más cuando son gemelos, solo siento que no eh estado durmiendo lo suficiente. Me gustaría tener un poco más de paz. —Dice descuidadamente, mientras cierra los ojos, sin notar que a la castaña se le aguaban un poco los ojos, y giraba un poco la cabeza, ocultado sus ojos en su fleco.

—Ya veo… —Susurra en el momento en que silenciosamente se pone de pie, con su hija en brazos, quien había aligerado solo un poco su llanto. —Lo siento, deberías de descansar.

El monje abrió los ojos, girando la cabeza para ver a su mujer quien se había alejado rápidamente del lugar. Sin darle la oportunidad de nada.

—Sango. —Musita más para si, que para alguien más.

-.-

Su hijo estaba completamente en lo cierto, la mujer era de lo más repugnante.

Estaba confirmado. La tarde anterior había llegado Gakuto con información al respecto de los restos del cachorro: Habían sido profanados.

Ahora entendía el coraje de su nuera hacía con la mujer, como también entendía lo grave de la situación pasada. No comprendía como pudo ser tan ciega y darle la razón en algún momento de la discusión. Además de que debería de creer más en la palabra de su hijo antes que el de cualquier Yōkai que llegue declarándose preñada por su primogénito.

Pero aún le parecía completamente increíble de la bajeza en las artimañas de Kurenai con el afán de conseguir estar junto a su hijo, de tal manera que no le importó destruir el recinto donde descansaba un pequeño inocente. También esta lo poco que le importaba el destruir una familia que podría ser completamente feliz, arruinándola con mentiras solo con la finalidad de obtener lo que deseaba.

Estaba sentada como era muy de costumbre sobre el piso de madera, de manera pacífica. En su mano con una taza de té caliente, que era probada de vez en cuando. Su hijo estaba molesto ¡Y con justa razón! Habían lastimado a su mujer, quizá no físicamente pero si sentimentalmente y sin ser suficiente. Habían robado lo que fue su primer cachorro.

Si, estaba en justa razón de estar molesto. ¿Molesto? Qué más da, si estaba lo suficiente cabreado como para no dirigirle la palabra a ninguna persona durante días. Solamente Kagome lo tranquilizaba con su presencia, pero todo mundo sabía que a pesar de eso, él se sentía incómodo por ocultarle ese tipo de cosas a su mujer.

Soltó una pequeña y traviesa risilla. Quién lo diría, el frio despiadado Sesshomaru no Taishō Lord de las tierras del Oeste, fielmente apegado a su mujer.

Kagome había hecho mucho por su hijo, todo para bien. Estaba completamente agradecida con la Yōkai de cabellos azabaches.

-.-

La tarde era un poco avanzada, no tardaría mucho en atardecer y con esto caer la noche. Era un clima agradable, pues no era presente el frio en el habiente como tampoco el calor sofocante, solamente era un ambiente fresco.

— Inuyasha, ¿no has visto a Sango? — Cuestiona el monje una vez que estuvo lo suficientemente cerca del Hanyou como para que este pudiera escucharlo.

—Miroku, no. En realidad no desde que vino por Naomi hace ya un rato, pensé que estaba contigo monje libidinoso. —Contesto un poco pensativo, analizando las cosas. —Posiblemente acompaño a Kikyou con los aldeanos.

—Ya lo creo, eso debe ser. — Respondió ignorando el calificativo con el que se refirió su camarada para llamarlo.

—Creo que deberíamos de ir a buscar algo para cenar, no estaría de más pescar. ¡Muero de hambre! —Exclama al momento de levantarse de su lugar, para estirarse y tronarse los huesos de brazos y dedos. — ¡Andando Miroku! Qué esperas, vámonos.

—Calma Inuyasha, no veo la prisa. —Menciona con una voz cargada de sorna. Mientras alcanzaba al mencionado para darle una ligera palmada en su espalda al estar a su lado. Soltando una carcajada al hacerlo.

— ¡Feh! Qué más da. —Suelta un rebelde bufido. Posando sus manos hacia su nuca, dejando flexionados sus brazos.

—Andando entonces. —Termina la conversación, para dirigirse hacia el rio donde podrían conseguir algunos pescados para la cena.

Habían conseguido bastantes pescados como para alimentar a toda una familia numerosa, concluyeron con sus alimentos de manera tranquila y pausada, más sin embargo una cierta pareja había estado un poco distante a lo que se acostumbraba. Por lo regular siempre había una sonrisa cálida entre ellos, o existía alguna mirada furtiva que se escapaba de sus orbes al chocar con la mirada del otro. Pero esta vez; no había nada.

Se percibía el silencio de la habitación, junto la compañía de la otra joven pareja.

Cuando el monje de mirada azulada intento acercarse a su mujer de manera cariñosa esta le miro con rencor y frialdad, parando en el acto sus intenciones; provocándole un escalofrió por toda la espina dorsal.

Temió por primera vez por su bienestar. Tragando sonoramente un poco de saliva, que de deslizaba por su garganta.

Realmente era una mala idea.

A pesar de que habían terminado su búsqueda de los fragmentos tras haber aniquilado a Naraku seguían en un constante viaje, pues no estaban acostumbrados a permanecer en un solo sitio por mucho tiempo. No había pasado mucho tiempo desde que iniciaron nuevamente con sus viajes, eso era la rutina a la que se acostumbraron con los años.

Sango siempre al pendiente de sus hijas, mostrado lo excelente madre que podía ser. A veces era ayudada con gusto por Kikyou quien le había confesado su deseo por formar una familia con Inuyasha, era su mayor anhelo. No pudo evitar sonreírle a su querida amiga, la experiencia de ser madre era única y hermosa. Realmente la animo a serlo, a pesar de que el Hanyou era una persona demasiado infantil, sabía que podría ser un buen padre.

Con esto en mente fue con lo que Kikyou le propuso al Hanyou que robaba a cada instante suspiros de su mente, la idea de contraer nupcias justo como debía de hacerse para obtener la bendición de Kami sama. Era algo que el platinado no se esperaba, pensaba que para eso debería de ser ambos de la misma especie o que Kikyou no lo vería de buena manera, pero estuvo todo el tiempo equivocado.

No pudo evitar que una luz llena de gozo, se reflejara en sus pupilas en ese momento y abrazar con fuerzas a su querida sacerdotisa siendo correspondido en todo momento, estaba dispuesto a lo que fuera con tal de estar siempre a su lado y poderla hacer feliz en todo momento. Siendo aceptado justo como él es.

—Kikyou —La llamo suavemente, al romper lentamente el abrazo. — ¿Estas segura de que es lo que quieres?

—No podría estar más segura de esto Inuyasha. —Responde con una mirada de dulzura, aprovechando la separación de sus cuerpos para inclinarse para alcanzar los labios de su hombre. Convirtiendo poco a poco el suave roce de labios en un apasionado y hambriento beso.

—Entonces hagámoslo. —Susurro a su oído una vez que tuvieron que separarse por la falta de oxígeno en sus pulmones, pero sin romper la cercanía que se tenían. —Me harás el ser más feliz sobre la tierra al ser mi mujer.

—Le pediré al monje que se encargue de llevar a cabo la ceremonia. —Pero recibió una negativa por parte de él, meneando hacia los lados la cabeza.

—No, me gustaría más en la aldea de Kaede. —Sorprendiendo a la azabache con la confesión, pues era donde se habían conocido. Donde habían vivido toda su historia, y donde había terminado todo.

No pudo el evitar sonreír con ternura, mientras alzaba su mano lentamente hacia la dirección de su rostro, posándola ahí. La deslizo suavemente, sintiendo el cálido contacto con su mejilla y su tersa piel.

Sin notar en ningún momento de que estaban siendo observados por unos ojos a la distancia del lugar, la mirada de la castaña cambio a ser un poco triste y melancólica. ¿Hacia cuanto tiempo que ya no se acercaba Miroku de esa manera con ella? Sonrió con ironía, que más daba eso. Quito su vista rápidamente de la pareja, para mirar al horizonte con el ceño fruncido; apretó con fuerza sus puños, marcando sus manos blancas.

Emprendió a marcha apresurada su andar, dejando sola a la joven pareja que conformaban sus compañeros de viaje. Cada paso que daba era más apresurado que el anterior, sin darse cuenta de sus actos, se encontraba corriendo a las afueras de la aldea. Tropezó con alguna persona en el camino sin detenerse siquiera, dándole la más mínima importancia a la situación.

Cuando menos se lo imagino estaba en una pequeña colina, que al bajar daba con un pequeño arroyo cristalino, en el ambiente se podía respirar su frescura. Suspiro ¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿Por qué ese arrebato de adrenalina? Sin poder evitarlo, las lágrimas empezaron a salir de sus orbes cafés; una a una resbalaron por sus mejillas hasta morir en sus ropas.

Se dio cuenta de que había estado llorando a mares, todo el tiempo. No sabe por cuánto tiempo estuvo de esa manera, quieta mientras se deshojaba de su sentir. Termino fijando su miranda en la manera de correr del agua frente a ella, como seguía su transcurro sin parar, sin mirar atrás.

Suspiro, dejando ir la opresión de su pecho. Sintiendo la frescura entrar en sus cálidos pulmones. El manto negro había envuelto el cielo, dándole ese toque místico con sus miles de estrellas colgadas.

—Aquí estas. —Escucha a sus espaldas, obligándola lentamente a girar su cabeza con cuidado hacia la dirección del dueño de la voz. — ¿puedo sentarme? —Pregunto refiriéndose a que deseaba tomar lugar a su lado. Solamente recibió un silencioso asentimiento de cabeza.

—Sango, yo sé que no soy la persona que debería de estar a tu lado. Tú mereces algo mejor que lo que soy yo. —Habla mientras su mirada esta clavada, donde la vista de la castaña estaba posada hace algunos minutos. — Muchas veces uno dice cosas que pueden herir a las personas de su alrededor sin pensarlo, cuando es lo menos que se quiere hacer pues puedes lastimar a la persona más importante en tu vida. La persona por la que dejaría todo en el mundo, por quien se sigue en el camino. —Esto llamo la atención de la chica, observándolo directamente a él, sin perderse algún detalle de su rostro. —Solo deseo que seas feliz, mi bella mujer ¿Podrías perdonar a este hombre estúpido y permitirle seguir a tu lado hasta que sea la voluntad de Kami sama? No deseo otra cosa más en el mundo que eso, vivir a tu lado con nuestra bellas princesas. Son lo más importante para mí, sin ustedes no vale la pena nada.

Hasta el momento en que dejo de hablar no había volteado a verla, por lo que se sorprendió el repentino abrazo que recibió por parte de ella, tumbándolo por la fuerza ejercida. Cayendo irremediablemente en el césped, fue cuando la vio al fin; sus ojos llenos de lágrimas, que corrían por sus mejillas al entrecerrar los ojos por mostrarle una de sus más bellas sonrisas.

-.-

Todo a su alrededor era sumamente extraño, podía respirar de manera dificultosa. No sabía por qué pero sentía el ambiente mucho más pesado de lo normal; algo no estaba bien.

Emprende una carrera por los pasillos del palacio con suma agilidad, fue cuando noto que todo a su alrededor estaba cubierto por llamas, cayendo en la cuenta de que todo se estaba incendiando en el lugar. Su hogar estaba siendo destruido, se sintió sofocada por el calor ¡Estaba siendo exagerado! Casi no podía respirar, le costaba y mucho. Debería de encontrar a los demás para salir de allí, puso más empeño en sus piernas para apresurar su paso y salir pronto del lugar.

Estaba empezando a desesperarse, no encontraba la salida de los pasillos. ¡Estaba aterrada! Tenía que salir de allí, ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué no encontraba a nadie? Deberían de salir del lugar. Paro súbitamente su carrera queriendo pensar un poco las cosas, sentía el rápido latir de su corazón, sus manos temblaban sin control.

Sus manos; las miro. Se sorprendió ahogando un grito en su garganta llena de terror, desgarrando su alma desde lo más profundo de su ser. Sus palmas estaban cubiertas de sangre por doquier, en especial sus garras, se llevó las manos al rostro, al levantar la vista se topó con un espejo, mirando su reflejo en él. Se encontraba cubierta de sangre, todo su rostro salpicado por aquel liquido viscoso de color carmín, sus pupilas se dilataron mientras perdía la respiración, no supo cómo reaccionar. Se abrió paso entre las llamas con los brazos, quitando lo que le pudiera estorbar a su paso.

Estaba sola, no había nadie en el Kaitokukan ¿Qué es lo que sucedía?

— ¡Sesshomaru! — Grito con fuerza llamando a su pareja por su nombre, sin obtener resultado alguno. Sus pupilas temblaron de miedo. — ¡Rin! ¡Jaken! ¡Shippo! ¡Irasue sama! ¡Hiroshi! ¡Gakuto! Por favor, por favor… ¿Dónde están todos? —Comenzó a llorar dejándose caer en el jardín mientras todo a su alrededor se quemaba, lastimándole la nariz y atrofiando su olfato. Fue cuando en la posición en la que estaba, poso sus manos temblantes sobre sus piernas, notando algo que la crispo, perdiendo su cordura con el peor sentimiento posible, sintió un vértigo atravesarle todo el cuerpo desde las entrañas. No estaba preñada, no estaba su cachorro tampoco.

Su grito fue desgarrador.

Despertó de golpe, su respiración era agitada, jadeante. Podía sentir las gotas de sudor correr por su piel, estaba pegajosa, su corazón golpeaba con fuerza su pecho sin control. No podía controlarse, sus manos seguían temblando con frenesí. Su vista se acostumbró lentamente a la oscuridad por la que estaba rodeada, observo a su alrededor; todo estaba en orden.

Todas sus cosas estaban en su lugar, giro el rostro a su cuerpo. También seguía con su cachorro, lo acaricio, analizando sus manos blancas, limpias. Sin algún rastro de sangre. Desvió la vista al sentir una mirada penetrante en ella, topándose con unas orbes doradas que la admiraban con atención, analizando cada movimiento de ella.

— ¿Qué sucede mujer? —Pregunta pausadamente, en modo de orden por una respuesta. A lo que ella simplemente se dedicó a negar con el rostro sin contestar verbalmente. Sabía que si intentaba pronunciar alguna palabra, esta se quebraría al salir de su boca delatando lo perturbada que se encontraba en esos instantes. Sin aclarar nada, sin querer entablar conversación alguna decide volver a recostarse con cuidado sobre el futón que compartían.

Pero no podría borrar el sentimiento de terror que corría por sus venas. No, por más que quisiera jamás olvidaría la sensación. Esa, sensación.

Cierra los ojos, tratando de pasar el trago amargo. Escuchando el golpeteo en su pecho ensordeciéndola, mientras aprieta sus parpados con fuerza, dejando escapar una lagrima escurridiza entre sus pestañas.

Siente como su marido, le enjuaga la mejilla con el pulgar delicadamente, transmitiéndole todo el cariño en ese acto, lo siguiente que puede transmitirle su piel, es como se posan suavemente los labios carnosos de él, dejando un camino de besos desde la húmeda mejilla, bajando poco a poco, rozando con sus colmillos lentamente su mandíbula y después por su cuello. Una corriente eléctrica le recorre la espina dorsal, tensando los músculos de su vientre inmediatamente, sacándole un quejido de placer.

—Siempre los protegeré Kagome. —Siente su cálido aliento susurrarle al oído, y después sus dientes rozando esa parte sensible. No puede evitar gemir de placer, llenándose de gozo al escuchar sus palabras, transmitiéndole paz. Sin pensarlo lo abraza, atrayéndolo más hacia su cuerpo, necesitaba sentirlo cerca. Una imperiosa necesidad por tenerlo dentro de apodera de su ser, lo deseaba. La ropa empezaba a estorbarle, mientras su piel ardía con el contacto lastimándole, era una erótica tortura. Sus caderas se mecían hacia delante, tratando de encontrar más intimidad, frotando su sexo contra él, dejándose llevar por ese beso desesperado. Sintiendo como toda la tensión y su estrés se concentraban en su parte más intima.

Siente las habilidosas manos de Sesshomaru recorrerle el cuerpo, mientras aflojaban sus ropas. Sus garras rozándole la piel de sus pechos, deslizándose lentamente por su cintura, su vientre, hasta llegar a sus muslos, donde la jala con fuerza para atraerlas más hacia el, dejando ligeras marcas al contacto.

—¡Ah! — Deja salir un gemido, mientras sus paredes vaginales se contraer en respuesta. Su peli plateado le había abierto las ropas de manera que se encontraba expuesta ante él, completamente a su merced. Dejando sus pechos desprovistos, deslizando sus habilidosos dedos sobre su sensible piel.

—Eres preciosa —La lujuria asomaba por esas orbes doradas que la hipnotizaban, oscurecidas por el creciente deseo. Acelerando su corazón como consecuencia, no puede evitar sonrojarse por esa mirada que la hace perder el control, trata de desviar su mirada hacia abajo mientras estira sus blancas manos para tocarlo, pero se lo impide, tomándola por las muñecas y posicionándolas sobre su cabeza con una mano, mientras con la otra le toma la barbilla, obligándole a mirarle.

—Mírame, me gusta verte mientras te hago mía. — Desliza la mano de su barbilla, por su cuello. Tomando desprevenidamente uno de sus pechos, acariciándolo con sus yemas, estrujándolo un poco de vez en cuando, deteniéndose en el pezón. Comienza a pellizcarlo y a retorcerlo, ocasionando que este se yergue por su estimulación. Libera sus manos, dejándolas sobre su cabeza, mientras su mano viaja por su cuerpo, sin dejar sus pechos. Acaricia con el pulgar su clítoris, de manera superficial mientras baja su rostro al otro pecho desatendido, rozándolo con la nariz.

—Sesshomaru —Susurra cargada de placer.

—No te muevas —Ordena, mientras con su boca toma posesión del pezón, haciéndola gemir bajo su cuerpo. Succiona lentamente de ese pequeño botón rozado, acariciándolo con la lengua, haciendo movimientos circulares. Introduce un dedo en su interior, sintiendo su humedad abrazándole.

—Por favor —Suplica tratando le profundizar el encuentro, robándole una sonrisa a su pareja. Pero lo único que obtiene es que introduzca ahora el dedo corazón, en un vaivén de movimientos, mientras el pulgar se mueve de manera circular sobre su parte mas sensible.

—Todo a su tiempo Kagome —Le susurra.

—Te deseo

—No

Baja por sus pechos, dejando un camino de besos sobre ellos, bajando tortuosamente lento, llenando ese abultado vientre de besos, pasando por la pelvis, el monte de venus. Pasa sus labios por los muscos, a lo largo de las piernas sin prisa. Se detiene un momento junto a las rodillas, besando suavemente detrás de ellas después, sabiendo como afecta esto a su mujer, viaja nuevamente a lo largo de los muslos para terminar donde estos se unen encontrándose con un pequeño botón, de electricidad.

—¡Ah! —Grita al sentirlo besar su clítoris. Retorciéndose un poco tratando de absorber la sensación. Pero solo la esta torturando, el ritmo de su dedo no baja, esta en completa sincronía con la lengua de él.

—Quedate quieta mujer —Lo escucha rugir, mientras le da un ligero mordisco, haciéndola gritar le placer. Saca cuidadosamente su dedo, tomándola por las caderas y jalándola mas hacia el. Llenándose nuevamente la boca de ella, disfrutando de ese delicioso sabor salado.

Siente como sus lengua se mueve rápidamente en su interior, después se pasea traviesamente por toda su entrada para después volver a entrar en ella. Degustando todo el tiempo su esencia femenina. Su cuerpo comienza a tensarse en respuesta a la tortura a la que es sometida, pasando electricidad por su cuerpo, sus paredes le abrazan con fuerza, esta a punto de llegar al clímax, cierra los ojos con fuerza, mientras sus caderas dan pequeños saltos en respuesta, temblando preparándose para ese delicioso orgasmo. Pero Sesshomaru detiene su tarea.

—¡No! —llora la azabache.

—Tranquila —Susurra, regando besos por su vientre.

—Por favor, Sesshomaru, Por favor —Suplica. Levantando las caderas hacia el, quien simplemente las toma entre sus garras. Mientras toma control de su boca, en un beso desesperado, lleno de fuerza. Robándole un nuevo gemido, por la brusquedad. Mientras la deja probar su propio sabor, llenándole la boca de ella. Sentándola sobre su regazo, dejando caer completamente sus ropas.

Pasea una de sus garras a lo largo de su espalda, dejándole un ardor a su paso. Quemándole la piel. Deteniendo a estrujar sus nalgas entre sus dedos.

—Sessh.. —Recibe una nalgada cortándole las palabras. —¡ah! —Gime con fuerza, llena de deseo. Sintiendo la picazón de su piel irritada.

—Calla —Declara, mientras introduce en su boca uno de sus pezones. La escucha gemir nuevamente. Pasa cada una de sus piernas alrededor de él, rozándole la intimidad con su miembro. Sintiéndola templar en el instante.

La recuesta lentamente sobre las suaves telas de seda, pero ella se arque en busca de mayor contacto. Ella la observa con los ojos llenos de silenciosa suplica, deseosa. Su respiración es agitada, entrecortada, cargada de emociones y sensaciones.

—¿Qué es lo que deseas? —Le acaricia el vientre, notando como ella curva la espalda en respuesta.

—A ti —Susurra embriagada. Hipnotizaba por esa mirada ambarina que tanto ama.

—¿Si?

—Si —Cierra los ojos ante el contacto de él. Dejando salir un suspiro, que se confunde con un gemido.

—Te lo suplico. —Llora al sentir nuevamente su mano sobre su sexo, mojándose con el contacto. Alocándole el corazón en un golpeteo frenético. Gimiendo cuando vuelve a introducir ahora dos dedos, moviéndolos rápidamente en su interior.

—Eres mía —Dice posesivamente a su oído.

—Tuya —Confirma, con pesar. Apenas puede hablar. Sintiendo los mordisco que deja por su cuello, hasta llegar al nacimiento de el, donde clava sus colmillos con fuerza. Haciéndola gritar nuevamente. Aferrándose mas a él, profundizando el contacto de sus dedos.

—Mírame —Trata de hacer lo que le dice, pero su cuerpo entumecido no le responde, esta embriagada, tensa de sensaciones. —Mírame Kagome. —Vocifera.

Hace un esfuerzo, por abrir los ojos un poco, enfocando su débil mirada sobre esas orbes que son oro liquido. En ese momento la penetra con fuerza, sacándole un grito lleno de placer, mientras abre un poco más los ojos. Dejándose llevar por esa deliciosa sensación de estar completa.

Comienza con sus embestidas, llenándole las entrañas. Iniciando con un delicioso ritmo, con el vaivén de sus caderas encontrándose con cada una de ellas.

Sentía deslizarse por su cuerpo acalorado, una gota de sudor por su perlado cuerpo refrescándole en su recorrido, dándole una sensación exquisita. Siente como su cuerpo se tensa nuevamente, concentrado todo en un punto en especifico, tratando de ser liberado en un torbellino de placer.

—Vamos Kagome, córrete para mi hermosa. —Escuchar eso fue el detonador, siente como todo su cuerpo se paraliza, dejándola sin aliento. Esa sensación tan abrazadora la rodea, sintiendo como alcanza de nuevo la punta del clímax, para esta vez dejarse llevar por completo por el universo. Rompiéndose en mil pedazos al llegar al orgasmo, liberando la tensión de su cuerpo. Haciéndola temblar por completo, al gritar su nombre. Siendo seguida por un gruñido gutural, mientras el estalla dentro de ella.

Deja caer su frente sobre la de ella, tratando de recuperar la respiración. La mira, esta completamente sonrojada, con la boca entre abierta con sus ojos cerrados, puede sentir el subir y bajar de su alocado pecho bajo su cuerpo. Una sonrisa adorna su rostro con satisfacción. Se tumba a su lado, sin dejar de mirarla levantando su mano para pasar una garra sobre su abultado vientre, y deslizarla sobre su pecho, haciendo círculos alrededor de sus pezones.

—Mmm.. —Gime mientras tiembla. Sigue estando demasiado sensible ante su tacto. Pero aun así ella busca su calor, acurrucándose en su regazo ¿qué haría sin él? No quería pensar en eso. Debería de olvidarlo.

—Mujer —La rodea con sus fuertes brazos, atrayéndola a su pecho.

—Tu mujer —Susurra, al apoya su mejilla sobre su pecho. Mientras sus latidos vuelven a regularse.

—Mía —Pronuncia posesivamente, mientras toma una sabana para cubrirla. Sin soltarla en ningún momento de la cintura. —Duerme.

Le besa el cabello, mientras la siente suspirar. Relajada, dejándose arrastrar por el sueño.

Continuará…