Perdón.

Les pido a todos aquellos que seguían, siguen o empezaron hace tiempo a leer esta historia y no encontraron nada nuevo que me perdonen por favor por haberlos abandonado por tantos años. Cualquier cosa que les diga no será suficiente para justificarme; perdón de nuevo. Les suplico su perdón.

¿Cuándo actualizaré? No lo sé. Pero espero que no sea en otro año o dos. Haré todo lo posible, pues tengo muchas cosas que por una razón u otra me impiden quedarme frente a la computadora.

Muchas gracias a aquellos que me escribieron recientemente y a todos los que leían tiempo atrás. Los quiero mucho y les deseo unas hermosas y felices fiestas y un extraordinario y próspero año 2017.

Comencemos.

Capítulo 21.

Una vez más había llegado el nuevo día y una vez más había vuelto a tener esa maldita pesadilla; una puerta, un bosque, el llanto de sus amigas y una enceguecedora luz que anunciaba por lo regular el final de su extraño sueño ¿Qué clase de mensaje podría encerrar? ¿Era una advertencia para el futuro? Pero para el de quién ¿El de sus amigas o de él mismo? Quizás el bosque y las niñas llorando eran las alumnas de Cackle o puedan ser los mismos alumnos de Hogwarts ¿Quién lo sabe? tan sumergido estaba en sus pensamientos que sus parpados nuevamente comenzaban a cerrarse para sumergirlo de nuevo entre los brazos de Morfeo, hasta que un soberano almohadazo lo trajo de vuelta a la realidad.

¡YA PÁRATE!— exigió Ron molesto. — ¡Por tú culpa siempre llegamos tarde con las chicas!

¡Aaayyy! ¡Ya voy, ya voy!— avisó el niño de ojos verdes a tiempo de evitar un segundo golpe. — Ya me estoy levantando.

¡Ya era hora Harry! Ya casi termino de arreglarme y tú todavía no te bañas ¿Acaso no dormiste bien?— preguntó al verlo moverse con absoluta pereza rumbo al baño.

¿Por qué preguntas?

Porque estás a punto de chocar por ir medio dormido. — este comentario salvó a nuestro héroe, de terminar estampado frente a la puerta del cuarto de aseo. — ¿Tuviste pesadillas? ¿O fue un sueño de los buenos?— esto último lo preguntó en un tono insinuante y lleno de curiosidad.

Si fuera un sueño de esos tendría una enorme sonrisa en los labios ¿No crees?— era cierto, admitió en silencio el pelirrojo. — Ahora vuelvo.

En 15 minutos ambos amigos estuvieron listos y comenzaron a bajar en busca del resto del grupo; la mayoría de los estudiantes de Gryffindor comentaban animados sobre lo que les esperaba al tomar ese día su primera lección con la vieja escuela; las jóvenes brujas de Cackle tendrían el honor de impartir la primera lección sobre su estilo de estudio. Las visitantes estaban emocionadas y presumían a Hermione lo que seguro verían en la clase de hoy.

Es obvio que empezaremos con la levitación de objetos. — opinó Ethel con toda suficiencia.

Eso fue también fue lo primero que vimos en clase en encantamientos. — compartió Hermione.

¡¿En serio?!

Significa que a pesar de todo, nuestras escuelas tocan los mismos temas de aprendizaje. — señaló sorprendida Maude.

Solo el estilo nos diferencia. — comentó Ruby.

Y que todo el día aquí haya agua caliente en la regadera. — las carcajadas gracias a las palabras de Enid no se hicieron esperar por parte de sus compañeras de clase, Hermione por su parte las miró extrañada ¿Acaso en su escuela faltaba seguido el agua? Ethel en cambio, estaba furiosa por la falta de respeto a su instituto. En ese momento los muchachos llegaron a su lado.

¡Vaya!— exclamó Maude al verlos.

¡Al fin llegan!— le siguió Enid.

¡Buenos días dormilones!— les saludó con una sonrisa Mily.

¿Por qué siempre llegan tarde?— finalizó Hermione molesta.

Ya sabes. — señaló Weasley a su compañero unos pasos atrás que venía bostezando. — Cada vez me cuesta más trabajo sacarlo temprano de la cama.

Yo no tengo la culpa. — se defendía Harry. — Las noches cada vez son más cortas.

Pues si se durmieran temprano y no perdieran el tiempo platicando o leyendo revistas. — insinuó Granger despertando la curiosidad de las demás chicas. — No tendríamos que estarlos esperando cada mañana.

¿Se desvelan platicando?

¿Y sobre qué hablan?

Seguro es sobre chicas. — aseguró burlona Enid parándose en medio de los dos. — Y… ¿Qué tipo de chicas les gustan?— preguntó amablemente en plural, aunque en realidad solo le interesaba la opinión del niño que vivió.

Pues en realidad a mí me gustan…— comenzaba a responder Ron, cuando Hermione interrumpió.

¡Ya vámonos!— exigió tomando de la oreja a ambos amigos y sacándolos de la sala común sin dar una respuesta a las curiosas.

Ya estando en el gran comedor, el tema de los gustos en chicas de Harry quedó a un lado para dar paso a lo que estaba en boca de todos; la magia sin varitas ¿Es difícil? ¿Es instantánea? ¿En la primera clase ya sales con varios hechizos aprendidos? ¿Estos son difíciles? Las chicas se sentían importantes al tratar de contestar las dudas de la mayoría de los chicos en la mesa.

Es obvio que si haces bien los ejercicios y pronuncias correctamente el hechizo, haces magia de inmediato. — respondía Ethel con un vaso de leche de chocolate en la mano.

Igual que en Hogwarts. — comparaba Hermione, sin que muchos le prestaran atención. — Igual que en cualquier escuela de magia.

Pero ¿Qué tan difíciles son los hechizos?— preguntó preocupado Neville. — No quiero ir mal también en esta clase.

No tienes nada de qué preocuparte Neville. — trató de ayudarle Hermione. — No creo que sea tan complicado.

Hacer magia sin varita es más difícil que con ella. — quiso dejarlo en claro Maude. — Pues no solo la pronunciación en el hechizo es importante, también lo es la posición de las manos y el movimiento de los dedos.

¿La posición de los dedos?— preguntó Ron en tono de burla, ganándose de todos los presentes, una lluvia de pan tostado y varios abucheos. — ¡Oh, vaya!

De pronto la charla se frenó debido a la llegada de las lechuzas, Harry y sus amigos de inmediato buscaron entre la parvada a Hedwig, pero desgraciadamente no llegó entre ellas, por lo que al terminar de comer y de llenar los pañuelos con galletas de todos los sabores. Nuestros amigos se dirigieron a cumplir con sus primeras lecciones.

La primera clase fue historia de la magia, donde el espíritu del profesor o el profesor fantasma, como más les guste llamarlo, se encargaba de contar con monotonía una de tantas impresionantes batallas. Las chicas de Cackle estaban emocionadas por poder ver "En vivo" a un fantasma. Después siguió adivinación, donde la maestra Treelawney hizo que sus alumnos trataran de adivinar la suerte de las visitantes. Francamente no todos fueron capaces de dar en el blanco, bueno, eso el tiempo lo diría; después siguió Mcgonagall con una extraordinaria lección sobre transformación humana/animal, Mildred y sus amigas estaban maravilladas, el solo imaginar que pudieran transformarse en animales les hacía volar la imaginación ¿En qué animal te convertirías tú? Fue la pregunta que acompañó al grupo al gran comedor para la hora de la comida.

Yo quisiera ser un gato, como la maestra Mcgonagall. — comenzó Mily ilusionada. — Para poder salir de paseo con Tigre por todos los tejados y cantarle a la luna todas las noches. — las risas de sus amigos no se hizo esperar.

Eso te vendría bien Mildred Embrollo. — tomó la palabra Ethel. — Ya que sería la única cita que tendrías en toda tu vida. — las risas volvieron a sonar a pesar de la cara de molestia de la chica con trenzas hacia sus propias amigas.

¿Y tú qué animal serías Ethel?— preguntó Embrollo a pesar de saber que sería una perra.

También me gustaría ser un gato. — reveló. — Pero no para maullar por los tejados.

¿Entonces para qué?

Para poder ver lo que los gatos pueden, ya que son criaturas muy misteriosas. — debían admitir que eso tenía más sentido.

Pues a mí me gustaría ser un ave. — compartió Maude. — Un águila o un cuervo tal vez.

Con la primera saldrías beneficiada. — le apoyó Enid.

¡Sí! No más lentes. — agregó Mildred muy animada.

¡Sí!— celebró sin molestarse por el comentario la misma Maude riendo divertida junto a Ruby, cuando.

De hecho. — tomó la palabra Hermione. — Los lentes se irían contigo y se marcarían en tu transformación.

¡ ¿Queeee?!

¡¿Es en serio?!

Sí, la misma maestra Mcgonagall lleva sus lentes marcados en el pelo de su cara. — las chicas se miraron un momento para luego reír a carcajadas.

¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

¡Serías un águila con gafas!— las risas de las chicas contagiaron a varios en la mesa. Era espléndido poder reír a rienda suelta junto a tus amigos a la hora de la comida sin que las maestras te pudieran llamar la atención; no cabía duda que Hogwarts era un lugar maravilloso.

Cuando terminó la comida, el grupo de amigos fue directo a la primera clase de la vieja escuela, algo que al parecer animaba a todos los estudiantes, pues llenos de curiosidad las clases de Hufflepuff y Gryffindor se fueron reuniendo en el salón asignado para la lección. Harry y sus amigos prácticamente fueron arrastrados por las chicas de Cackle para tomar los asientos al frente de todos, pues sabían que su maestra estaría complacida de tener al chico de la leyenda tan cerca.

Lo primero que recibió a todos los alumnos fue el libro de primer año que llevaron Mildred y sus amigas colocados en las mesas frente a los asientos. De inmediato el libro de pasta negra y letras doradas fue revisado por todos los niños y comentado en voz alta. Mientras llegaba la profesora, los grupos de amigos se fueron reuniendo en varios puntos del salón; Charlie Brote dejó al grupo de los tejones un momento y aprovechó este tiempo libre para ir a saludar a sus amigas de Cackle y descansar a la vez de sus compañeros de Camellot.

Estos serán los primero hechizos que seguro veremos. —mostraba Mildred a Harry desde el libro prestado por el viejo colegio.

Y aquí puedes ver cuáles serán los movimientos de manos. — señalaba Enid las ilustraciones.

¿Por qué no se mueven las imágenes?— señalaba curioso Ron. — ¿Están descompuestos?

¿Descompuestos?— repitió extrañada Rubí sin comprender.

¿Cómo que descompuestos?— preguntó Maude, cuando.

¡Hola chicas!— saludó animado el sobrino del señor Brote al grupo. — ¿Cómo han estado?— luego de unos largos segundos, Mily se percató de su presencia.

¡Ah! Hola Charlie. — le devolvió el saludo para luego continuar instruyendo a Harry. — Y Mira esta palabra de aquí, cuando la pronuncies pon énfasis en esta parte.

¿En cuál?— preguntó el chico con gafas rodeado por las chicas y sin siquiera haber podido ver o escuchar a su viejo amigo. — ¿Aeratus?

¡Aeretus!— le corrigió Druscila.

¡Hola Mily! Mily…Mildred. — insistió Brote sin resultado alguno, por lo que el pobre chico mejor regresó derrotado a su silla.

¿Cómo fue posible que Mildred le hiciera eso? se preguntaba el sobrino del conserje. Cuando iba de visita al colegio Cackle siempre era bien recibido por sus amigas hechiceras y era el centro de atención de la joven Embrollo. Ahora que estaban en otra escuela ¡Lo ignoraban! ¡¿Por qué?! Desgraciadamente las personas menos capacitadas para dar una opinión sincera lo siguieron con la mirada desde la salida de su butaca hasta su vergonzoso regreso. Logrando ocultar la satisfacción en sus miradas y sonrisas; Buzz y Guzz le dieron "Una cálida y amable" bienvenida.

Lamentamos mucho lo que hicieron con usted sus supuestas amigas ¿Verdad sr. Dragón Vano?

Totalmente de acuerdo sr. Del Grial, fue una grosería de su parte prestar mayor atención a un completo extraño que a su viejo compañero y cómplice de aventuras. — con estas palabras consiguieron que Charlie les prestara atención a pesar de saber sus malas intenciones. — Pero es natural que estén deslumbradas por la "Magia y misterio" que exhala su "Señoría."— continuaban.

Aunque pienso que es más importante un viejo amigo que una "Estrella" de la hechicería. — opinaba Dragón Vano.

Pero estando en Hogwarts, el hogar de su señoría ¿Cómo podrá nuestro pobre amigo Charlie recuperar la atención de sus amigas? — esto molestó a Brote.

Están deslumbradas por nada. — este comentario hizo sonreír a sus supuestos amigos, pues era lo que querían a fin de cuentas. — Si supieran la mitad de lo que yo sé de su supuesta señoría ¡Todas! se irían de espaldas.

¡Señor Brote!— le llamó con fingida alarma Guzz. — No me parece correcto hablar mal de un mago de leyenda, de la talla de su señoría. — esto último hizo que Charlie hiciera un ruido con la boca a modo de burla y comenzó a despotricar contra su rival de amores.

¡¿De su talla?! ¡Por favor! ¡Hasta ahora sabe lo que es usar ropa de su talla! Toda su vida estuvo vistiendo los harapos que dejaba su primo en la basura. — obviamente ambos jovencitos de Camellot abrieron la boca y los ojos a todo lo que daban por el asombro y escucharon con atención y sumo interés cada palabra llena de rencor.

¡Por favor señor Brote!

Cuéntenos más.

Mientras las conversaciones fluían en diversos puntos del aula, uno de los chicos de Gryffindor que servía de guardia en la puerta avisó a todo el salón de la llegada de la maestra; todos los alumnos corrieron a tomar asiento para lucir quietos y bien ordenados.

Cuando la directora Amelia Cackle entró al salón, encontró a todos bien sentados y atentos a cualquier indicación, esto dio una buena impresión a la maestra de los estudiantes de Hogwarts, en especial al ver al niño de la leyenda al frente de todos "Ansioso" de escuchar su clase. Luciendo una bien peinada melena blanca, llevando puesto su mejor vestido negro y con una enorme sonrisa en su redondo rostro, la maestra Cackle estaba lista para dar su primera lección.

¡Muy buenas tardes su señoría!— saludó primero a Harry como indicaba la etiqueta de su colegio. — ¡Buenas tardes a todos!— dijo ahora al resto del grupo, el cual obviamente no pasó por alto este detalle. — ¡Bienvenidos sean todos a esta primera clase de magia! Es un placer para mí, estar aquí con ustedes, dando una clase de hechizos al estilo de lo que se conoce actualmente como la vieja escuela. — todos los estudiantes prestaban genuina atención.

La magia. — continuó la profesora. — Es una habilidad con la que todos hemos nacido, desde pequeños podíamos realizar maravillas sin siquiera proponérnoslo, no teníamos en nuestras manos ningún tipo de artefacto, solo nuestros deseos y estados de ánimo; las emociones son las primeras en controlar nuestros sortilegios. — esto último llamó poderosamente la atención de Harry, pues parecía explicar muchas de las cosas raras que le pasaban cuando era niño. — Al crecer, nuestras habilidades crecen con nosotros y para poder realizar cualquier hechizo con perfecto control debemos concentrar toda esa fuerza o energía natural; para ello es que se han creado diversos tipos de artilugios, conjuros y cánticos, cuando hablamos de objetos podemos contar con las varitas mágicas, los báculos, las espadas, las dagas, los talismanes, los cristales etc, los cuales han sido trabajados o curados en alguna poción o ritual para que puedan enfocar e intensificar la magia a través de ellos. En el caso de las palabras, la magia sin atames, se deben pronunciar un conjunto de palabras en perfecto orden y entonación, además de realizar los movimientos de dedos y manos correctamente para que los hechizos se realicen, ahora, todos presten atención a la página 5 del libro frente a ustedes. — obedientes los alumnos abrieron la copia que la escuela prestó a la clase.

Presten atención al hechizo que aparece al principio de la página, hoy iniciaremos con un encantamiento básico de levitación, algo fácil y divertido para que se lleven a su casa, observen. — la maestra hizo una demostración con el escritorio del maestro, asombrando a todos; luego de devolverlo a su lugar indicó. — Saquen su pergamino y apunten el conjuro. — los alumnos obedecieron de inmediato. — Ahora presten atención al movimiento y postura de manos que haré, es la misma que muestra la gráfica; también presten atención a la pronunciación de cada palabra, pues con una que digan mal podrían meterse en serios problemas. — esto último lo dijo de manera que más de un jovencito riera divertido al imaginar un sin fín de locuras. — Ahora escuchen con atención, el hechizo de levitación es "Aeretus, Inpregnatus, Resinflatus, Onenflatus", repitan después de mí.

¡Aerarus! ¡Aererus! ¡Aeratus!— más de un pupilo cambiaba una letra por otra o movía las manos de manera desenfrenada, por lo que la maestra tuvo que acudir a sus alumnas, para que estas se esparcieran por el aula y ayudaran a sus compañeros.

Las chicas no perdieron el tiempo y comenzaron a moverse entre las butacas de ambas casas, cada una señalando al estudiante lo que estaban haciendo mal y corregirle; como todos estaban acostumbrados al uso de la varita, se les dificultaba realizar las posturas al tiempo que armonizaban el conjuro con sus dedos, incluso más de uno quiso darse por vencido al creerlo imposible para un estudiante, pero al ver cómo sus instructoras realizaban el conjuro sin problema alguno en una demostración, estos se entusiasmaban y volvían al trabajo. Luego de cinco minutos de repaso, comenzaron a aplicarlo sobre el libro prestado, pronto por toda el aula se escuchó un extraño coro de frases incoherentes y a diferentes tiempos.

¡Aepatus!, ¡Aeratus, impreg! No, ¡Aeratusinprag! No. — se escuchaban por doquier.

Harry también estaba teniendo problemas con el conjuro, parecía que la coordinación no era lo suyo, al menos fuera del Quidditch, este no lograba mover los dedos y recitar el nuevo hechizo sin tener que leerlo, pues si prestaba atención al hechizo, descuidaba la postura de sus dedos, y si atendía a las gráficas del manual, olvidaba cómo continuaba el embrujo, al ver que la joven leyenda estaba atrapado en un problema de novatos, la gentil maestra fue hasta su butaca a ayudarlo.

¿Me permite ayudarle?— le preguntó la maestra al alumno para sorpresa de los que estaban más cerca.

Ron y Hermione, entre muchos otros. Ellos veían interesados como la amable directora, guiaba a su compañero Harry paso a paso, con absoluta paciencia y amabilidad, incluso las alumnas de Cackle veían esta escena con simpatía, pues cada una de ellas tenía gran interés en el éxito del chico; el resultado no se hizo esperar mucho, tal y como era de esperarse con tanta ayuda, el libro de nuestro amigo, comenzó a elevarse primero que el de los demás.

¡Muy bien hecho su señoría! ¡Lo felicito!— exclamó entusiasmada la profesora, obligando a varios a mirar a donde estaba sentado Harry, tanto las alumnas de Cackle como los de Hogwarts, observaron cómo ligero, el libro de la vieja escuela frente al chico de gafas, se elevaba sin traba alguna. — ¡Un excelente trabajo, su señoría! No me sorprende que esto sea fácil para usted, ahora veremos el descenso. — y ambos comenzaron a adelantarse al grupo; desde su butaca Hermione observaba boquiabierta.

¡Esto es inaudito!— susurraba por lo bajo. — ¡Lo están llevando de la mano! ¡Así hasta tú aprenderías de inmediato!— Ron que parecía divertido con la rabieta de la más lista del grupo, reclamó.

¡Oye! Lo que pasa es que estás molesta porque es la primera vez que no sobresales en una clase de hechicería ¿Verdad?— por respuesta la joven le dedicó una furiosa mirada.

¡Está bajando!— exclamaba Harry llamando la atención de los más cercanos a él.

¡Estupendo su señoría estupendo! Sabía que aprendería de inmediato. — la joven Granger mejor dejó de mirar rumbo a su compañero de lentes y prestó más atención a su libro, que aún no despegaba del pupitre.

Así pasó rápidamente la hora de clase designada a la vieja escuela de Cackle. Los alumnos de la casa de Hufflepuff y Gryffindor a pesar de no haber logrado de inmediato que su libro se despegara al menos medio centímetro del pupitre, gozaron en verdad la lección impartida y los hechizos que pudieron apuntar en sus pergaminos les serviría para seguir practicando en sus recámaras; a todos les habría gustado llevarse el libro, pero este era solo un préstamo y debía quedarse en su lugar para las siguientes dos casas, excepto uno por supuesto.

Muy bien chicos. — tomó la palabra la anciana ya para despedirse. — Les agradezco que hayan venido a tomar esta clase y espero que lo que vieron en ella les sirva en el futuro. Su señoría. — obviamente sabemos a quién se dirigía. — Fue un placer haber compartido una muestra del conocimiento que la vieja escuela puede ofrecer, le pido por favor acepte este libro como un obsequio. — dijo mostrando el libro que usara Harry para tomar la lección. — Para que siga desarrollando sus habilidades al máximo y también para que nos mantenga en sus recuerdos. — el joven de ojos verdes y gafas, encantado, aceptó el regalo.

¡Muchas gracias maestra Cackle!

¡Es un verdadero placer para mí!— decía con total honestidad la educadora. — Si usted desea continuar con su aprendizaje, puede venir a consultarnos.

Nosotras podemos ayudarle. — ofreció Druscila con la aprobación de todas sus compañeras.

¡Muchas gracias!— se dirigió Harry a sus amigas. — Lo haré. — tanto la maestra como las estudiantes estuvieron encantadas, ya después recordaron que estaban al final de clase y Amelia volvió a tomar las riendas del alumnado.

¡Muy bien jovencitos pueden todos retirarse! ¡Muchas gracias a todos y practiquen lo aprendido! Su señoría, le agradezco que nos haya permitido enseñarle unos cuantos hechizos. — expresó realizando una reverencia, misma que sus alumnas también realizaron. — Este día, por este preciso momento es uno de los más importantes en la historia de la academia Cackle para jóvenes brujas. Fue un placer haberle impartido una lección. — agradeció la anciana haciendo que Harry se pusiera rojo hasta las orejas.

No, yo, al contrario… ¡Muchas gracias! Por, todo. — agradeció el muchacho también tratando de verse educado con una inclinación. — Muchas gracias a todas ustedes. — sí estuvo bien o mal la reverencia del chico a las invitadas no les importó nada, pues la joven leyenda estaba complacido con ellas y eso les encantaba.

"¡Buenas noches!" expresaron los demás alumnos antes de retirarse, pero al parecer ni siquiera les importaba a las instructoras, toda la atención era para Harry, extrañamente todos los invitados por Dumbledore estaban igual de interesados que estas brujas; lo que significaba que habrían más reverencias y lambisconerías por parte de los huéspedes. Más de uno empezaba a creer que las siguientes clases no iban a estar tan atractivas como lo imaginaron.

¡Muchas felicidades Harry!— comenzaron a felicitarlo sus amigas ya que estaban lejos de la mirada de su maestra.

¡Lograste el hechizo a la primera!

Eso no es cierto. — las rectificó el mismo joven. — Todas me ayudaron.

Pero lo lograste en la misma clase. — insistía Rubí de pie junto al chico. — Algunas de las chicas de la escuela, por más que les explican. — la mayoría miró a su compañera Embrollo, quien ruborizada comenzó a jugar con sus trenzas. — No lo hacen igual de rápido. — esto alentó al protagonista, pero.

Supongo que si a las chicas de las que hablas, la maestra las tomara de la mano y les acomodara los dedos como lo hicieron con Harry, habrían sacado el hechizo a la primera. — con este comentario Hermione se hizo de todas las miradas del grupo.

No le hagan caso. — tomó la palabra Ron. — Está ardida porque su libro no se separó nunca del escritorio. — las risas del grupo dieron a entender a todos que lo anterior había sido solo un momento de humor y no un auténtico reclamo por parte de la más lista del trio.

Y ¿Te gustó la clase Harry?— quiso saber Ethel.

¡Por supuesto! Fue genial hacer magia sin varita. — las chicas sonrieron satisfechas.

Entonces deberías venir a estudiar a nuestra escuela, hay cursos en vacaciones para las alumnas que van algo retrasadas. — las miradas de las chicas se volvieron de nuevo a donde Mildred estaba parada, incomodando ya a la pobre muchacha.

¡Oigan, yaa!

¡Sería genial!— tomó la palabra Enid. — Podríamos estudiar juntos todo el verano, porque las muchachas y yo siempre tomamos esos cursos.

Harry sonrió divertido.

¿Acaso siempre tienen problemas con las materias?

¡Para nada!— respondió Enid con una gran sonrisa. — Lo que pasa es que nos quieren taaanto en la escuela que no nos pueden dejar ir. — el alboroto que tenía el grupo llamaba mucho la atención del resto del alumnado, en especial del grupo de Camellot, que no paraba de hacer comentarios al respecto. Para evitar ser vistas y regañadas por su maestra desde el aula, las jóvenes brujas se acercaron a su amigo de gafas con el fin de invitarle a salir de ahí.

Harry ¿Qué te parece si nos vamos a otro lado?— invitó coqueta Ethel. — Podríamos leer el libro de hechizos los dos, en el lago. — el resto del grupo, tanto de Cackle como de Hogwarts, se vieron impactados y enfadados con este movimiento. Las primeras por la competencia, y los segundos por el extremo interés en su compañero.

Mejor nos vamos a la sala común y lo leemos todos juntos. — ofreció Mildred esta otra opción, para alejar al chico de su compañera.

Suena bien. — le apoyó Rubí sin dejar de mirar a Hallow.

Estoy de acuerdo. — les apoyó Maude, pero.

No puedo. — todos miraron al chico de gafas, el cual ya estaba incómodo con todo lo anterior. — Debo ir a ver al profesor Englund, tengo castigo con él en unos minutos. — no solo las muchachas se vieron tristes con esto, incluso sus amigos lo vieron con pena.

¡Ay no!— dijo Druscila.

¡No es justo!— le siguió Yadú.

No me gusta que vayas. — se les unió Ron.

Tú eres un gran hechicero. — opinó Ethel. — No deberían castigarte como si fueras cualquier mago.

Aquí no nos dejamos llevar por esas cosas. — intervino Hermione. — Aquí y en cualquier lugar, Harry es solo un estudiante.

Pero no cualquier estudiante. — insistía Hallow dando pie a una discusión entre ella y Hermione, por lo que Harry prefirió despedirse.

Yo, bueno, los veo luego. — todos se giraron a verlo. — Se me hace tarde.

Sí. — le apoyó Ron para que pudiera retirarse. — Nos vemos más tarde en la sala común.

Sí, hasta luego. — y sin esperar alguna replica el joven de ojos verdes dio media vuelta y se perdió entre la multitud.

Mientras caminaba rumbo a su tortura vespertina, Harry daba un vistazo al libro de la academia Cackle. Debía admitir que sus hechizos eran muy diferentes a los que manejaban en Hogwarts y se preguntaba si en una batalla, estos podrían serle de ayuda. Tan sumergido estaba nuestro amigo en sus pensamientos, que por poco no escucha que le llamaban desde el muro, Harry levantó la vista para encontrarse con un viejo hechicero en uno de los cuadros del pasillo al salón de defensa contra las artes oscuras; llamaba su atención para avisarle que el profesor se encontraba indispuesto y que no podría atenderlo.

¡Fantástico! Una tarde libre de escribir en las páginas de ese estúpido libro y de sufrir más cortes en su mano; Harry iba contento rumbo a la torre de Griffindor, cuando en el camino se encontró con su bello ángel de cabellos dorados recargado en el barandal de piedra, mirando hacia el piso de abajo sin mucho interés ¿Acaso ese día podría ponerse aún mejor? Eso parecía.

Hola. — llamó la atención del chico rubio con un poco de timidez.

¡Vaya! Creí que nunca llegarías. — Harry le miró extrañado.

¿Me estabas esperando?

¡Por supuesto! ¿Acaso crees que tengo otro novio?

Espero que no. — respondió casi como un ruego, haciendo que Draco sonriera ante la inocencia de su novio. — Y…— cambiando un poco el tema. — ¿Cómo supiste que no iba a tener detención?

Porque siempre voy un paso delante de ti. — una sonrisa fue la respuesta del chico de gafas. — Y también porque supe que comió algo que le cayó mal y está en la enfermería vomitando ¿Nos vamos de paseo?

¡Sí!

Si Harry llegó a tener alguna preocupación por la salud del maestro y una sospecha por el hecho de que Draco estuviera enterado de todo, esta se esfumó por completo al saber que tendría una tarde libre y la pasaría a solas con el chico más hermoso y ardiente de todo Hogwarts ¡Esto prometía demasiado para ser verdad!

Sin perder más el tiempo, ambos jovencitos salieron de la mano para perderse en las muchas hectáreas que el colegio ofrecía; mientras caminaban compartían divertidos todas sus experiencias vividas con sus respectivos compañeros de casa, cada uno recomendó un lugar de su preferencia para ir a divertirse, como el viejo sauce boxeador por parte de Harry y el cristalino lago con el enorme pulpo en su interior de parte de Draco.

Mientras más avanzaban, menos alumnos se encontraban y más oportunidades de entregarse a las caricias se les ofrecían. Ya cerca del lago y sin un alma más que las suyas en el lugar, Draco jaló hacia él a su novio quien de inmediato aceptó la invitación y le acorraló contra un frondoso árbol.

Ya algo del camino en el área de la intimidad estaba recorrido, ya ninguno de los dos se intimidaba ante el contacto o las caricias del otro, por el contrario, ahora eran más demandantes, las hormonas así lo exigían. Harry besaba a su querido Draco con intensidad, ambos saboreaban el dulce néctar y mordían con cuidado el labio del otro por turnos improvisados; mientras las manos hacían lo propio en el cuerpo del contrario.

El rubio Slytherin enredaba los dedos de su mano derecha en la oscura cabellera de su amante mientras con la izquierda lo mantenía cerca de su cuerpo, ambas pelvis estaban juntas, frotándose; Harry besaba el cuello del chico y acariciaba su espalda baja y nalgas. El calor iba en aumento, los ruidos y las erecciones crecían; el pantalón ya estaba estorbando y las caricias en órganos más sensibles eran necesarias.

Sin necesidad de pedirlo, ambos niños comenzaron a acariciar el miembro del otro pues solo frotarse ya no era suficiente, sin saber en qué momento el cierre ya estaba abajo y las manos masajeaban sin pudor el falo desnudo de su compañero, en qué momento la ropa interior había desaparecido, eso no importaba; el placer que los dos recibían de su novio era fascinante y altamente adictivo.

Los gemidos se dispararon al cien, no había nadie cerca, así que no tenían por qué reprimirse. Ambos niños descubrieron que era difícil siquiera formar un pensamiento coherente, tanto Harry como Draco solo deseaban seguir sintiendo los jalones que su amante le daba al miembro, las descargas eléctricas que los enloquecía, sentir que ya venía cerca la hora de la descarga; del orgasmo ¿Debo avisarle? Debo avisarle. Llegó a susurrar la consciencia de los jovencitos, pero no hicieron caso.

Percatándose de cómo las piernas empezaban a flaquear, que amenazaban con renunciar a seguir sosteniendo el cuerpo de sus respectivos dueños, ambos niños se apoyaron tanto en sus amantes como en el árbol detrás de Draco hasta que al fin la sabia del león y la serpiente escaparon de sus prisiones para esparcirse en las manos y la ropa de los estudiantes ¡Fue algo extraordinario!

La consciencia regresaba de a poco, y con esta también el equilibrio y la fuerza en el resto del cuerpo. Era inevitable que ambos echaran un vistazo abajo a sus manos y a sus entre piernas para juzgar el desastre final. La respiración ya no era tan acelerada, el ritmo cardiaco aun loco no les privaba de una enorme sonrisa en el rostro. El compromiso era más que oficial, ninguno se estaría masturbando con otro si el vínculo no fuera serio ¿Verdad? se lo preguntaba Harry; y fue la última vez que lo hizo, pues de pronto Malfoy lo sorprendió al llevarse los dedos a la boca para poder conocer el sabor de la semilla de su novio; Potter lo veía impactado.

¡Se lo llevó a la boca! ¡Lo está probando! Está usando su lengua ¡En verdad lo está saboreando y me sonríe al hacerlo! ¡ESTO ES INCREÍBLE!

Por culpa del tiempo no pudieron repetir la experiencia, así que usaron el hechizo de limpieza y empezaron a retirarse antes de que el guardabosque se acercara en busca de la causa de los gritos. Esta había sido la cita más maravillosa del mundo y a pesar de que no querían separarse, debían seguir las reglas; además los amigos de Harry seguro que le interrogarían apenas lo vieran llegar a su casa al enterarse que no hubo castigo.

El inicio del camino a las mazmorras fue otro pretexto para que se pudieran dar un largo y meloso beso antes de decirse adiós; lo anterior debía repetirse nuevamente y quizás ir todavía más allá ¡Esa era una promesa silenciosa! Harry lo sabía y Draco no se negaría en ningún momento. Ahora debía llegar a Gryffindor esperando que sus amigos no le vieran "Lo diferente" que ahora estaba y que por favor no hicieran muchas preguntas.

Fin del capítulo 21.