XXVII.

Ahora listo estoy para superar la
adversidad el dolor no volverá

No deberás temer ya que te
protegeré.
El amor que me entregaste
impulsará todo aquello en mi
interior y así podré transformar
toda sombra en un astro de luz.

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La luna brillaba creciente en el firmamento nocturno, su corte de estrellas realzaban su belleza que como la de una antigua doncella era oculta de cuando en cuando con el púdico velo de nubecillas pasajeras, no solo en el cielo había estrellas, Paris brillaban al titilar de sus farolas que en un arrebato de ironía parecían solo acentuar más la oscuridad que intentaban mitigar, gas, petróleo, electricidad… Intentos todos de solucionar el ancestral miedo que la humanidad sentía hacia las sombras que la noche traía, Erik suspiró, llevaba desde el atardecer apostado en el techo de su palacio contemplando aquella ciudad que en tantas formas le había sido adversa y en otras tantas había constituido el escenario de sus más grandes triunfos.

Paris…

Cuna de leyendas, romances y tragedias, igual que su vida, contaría alguien, alguna vez, su historia? Se sonrió, no… el final quizá no les gustaría, el común de las personas preferían las tragedias, la tristeza, quizá porque les resultaba más conocida, la felicidad era un ave exótica, misteriosa, tan diáfana que difícil era sentirla y no temerse fuera de la realidad.

Se llevó la mano al rostro que había dejado descubierto para sentir el frescor nocturno y alzo la mirada para contemplar al gran dios Apolo que enarbolaba su lira cual estandarte, se sonrió, jamás hubiese llegado a pensar que llegaría el día en que fuese comparado con Apolo y que la mítica promesa de felicidad iluminaría la soledad de su alma.

Pero ahí estaba, en el punto sin retorno, en el Eliseo que al final, hoy era su vida.

Aquella noche la Real Academia de las Artes se enorgullecía en brindarle su bienvenida al nuevo administrador que había aparecido para salvar de predicamentos a Monsieur Richard y Monsieur Fermin, estos últimos, pobres hombres que se arrepentían no sin motivos de un día haber tomado las riendas de aquel hechizado lugar, después de más de un año sin incidentes un buen día meses atrás habían recibido la temida misiva que exigía cuentas, no fue una sorpresa, durante aquel tiempo habían esperado, temido, siempre alertas, cuando la caligrafía roja llegó, ellos ya sabían que hacer, de la forma más cortes que encontraron, sin exabruptos, quejas ni ofensas que sabían ya inútiles, le pidieron al temido espectro que buscase un nuevo administrador para aquel palacio, ellos realizarían los trámites necesarios y cerrarían el trato sin preguntas ni rumores.

Y así se hizo, el elegido fue una joven promesa con años al servicio del fantasma, un hombre que destilaba gratitud hacia su figura colocando toda su inteligencia y habilidad hacia los fines de su benefactor, Erik estaba tan impresionado con aquella maniobra que incluso les condono las deudas de su ausencia, esta vez el palacio era completamente suyo, con injerencia directa, no más desobediencias ni contrataciones de mal gusto, el juego del fantasma llegaba a su final pero de las sombras emergía el empresario que siempre había sido, el joven administrador contaba con el apoyo de mercaderes de renombre a quienes se les había visto en sociedad un par de años atrás, se sabía que viajaban con frecuencia pero la Real Academia era uno de sus lugares predilectos y ahora se entendía el motivo, las negociaciones habían iniciado en aquel entonces y finalmente se concretaban.

-Una moneda por tus pensamientos- pronuncio la joven observándolo divertida, él se giró para contemplarla, ahí estaba, la flor del sol de su vida –no te alcanzaría para comprarlos - sonrió, ella echo a reír- rayos, solo tengo una moneda - él negó lentamente y le extendió su mano, ella la tomo dejándose atraer hacia su cuerpo para saludarle con sus labios, Erik se dejó llevar por el éxtasis de aquel beso hasta que al separarse el mundo apareció de nuevo – por uno de tus besos puedes quedarte con mi vida entera - acepto acariciándole la mejilla, Clitia tomo su mano presionándola con afecto y lo invito a seguirla, él se colocó la máscara antes de regresar al interior.

Las sombras se extendían por el largo de su camino, ella sujetaba su mano con firmeza, avanzando con aquella seguridad que tanto lo conquistaba, Clitia… su bellísima Clitia embozada en un encantador conjunto de color cobrizo que realzaba el tono de su piel en los intermitentes haces de luz, que se iban haciendo más frecuentes conforme se acercaban al gran lobby y los pasillos principales, finalmente se detuvo junto a una rendija, él se acercó sigiloso para contemplar lo que ella quería mostrarle.

-Italiano- pronuncio la encantadora voz de Madame Abend en respuesta a una de las muchas preguntas con que la asediaban en la amena charla que sobre el retorno de su sobrina y el caballero que se presentaba en cada evento para cortejarla se había entablado - oh si, ha sido una historia idílica, una noche en un entreacto aquí precisamente en este bello palacio sus miradas se cruzaron y él supo que había encontrado a la mujer de su vida pero poco después ustedes saben por motivos de negocios ella tuvo que marcharse y entonces la coincidencia (aunque yo prefiero llamarlo destino divino), hizo que sus negocios los llevasen a la misma ciudad, allá en la belleza de la ciudad de México ( que un día deberían conocer queridas un lugar precioso) coincidieron de nuevo, por desgracia mi querida sobrina es de carácter complicado herencia de mi difunto cuñado, pese a que corresponde tantas atenciones aún no ha permitido una relación y es por ello que él continua halagándola con cierta distancia-concluyo amenamente.

Clitia reprimió una risita mientras el hombre se sonreía negando con la cabeza, el día en que llego a presentarse con aquella mujer, entendió el carácter del pequeño Pierre, ambos poseían un mimetismo magnifico para perderse en el punto exacto en que todas las miradas podían estar en ellos y nadie notaría lo que en verdad estaban haciendo, al presentarse, la mujer le había ofrecido su mano con el encanto de una nobleza que invitaba al respeto, Erik la había besado solemne y presentado formalmente sus intenciones, tras lo cual madame Abend apelando a la sorpresa había solicitado conversar primero con su sobrina y llevándosela a parte habían sostenido una charla que se prolongó por varias horas, pese a ser notificado el hombre se negó a abandonar su sitio y solidariamente Pierre tuvo la amabilidad de acompañarle en su espera. Finalmente cuando sus miradas volvieron a encontrarse Erik supo que aquella mujer conocía ya la historia entera, no la propia desde luego pues Clitia jamás revelaría aquel pasado pero si todo aquello que había propiciado su amor y su destino actual, entonces, mientras trataba de dilucidar como re empezar la conversación, la mujer sonrió, se acercó amablemente a él y sin previo aviso le estrecho en un abrazo –Gracias - pronunció con cariño mientras el hombre permanecía rígido y confundido, ella se apartó de él con la misma delicadeza ampliando su sonrisa –no lo comprendo madame- fue lo primero que su voz acepto pronunciar, la mujer se encogió de hombros – ya lo hará Monsieur, ya lo hará… - concluyó después de lo cual el resto de la entrevista se plago de cortesías que más adelante Erik entendería iban dirigidas a lo que la servidumbre contaría, supo entonces que había ganado una aliada que aligeraría su entrada en el mundo de las luces de una sociedad siempre crítica y ahí estaba, contemplando la construcción del arco de su entrada triunfal.

-La máscara? Ah! Una costumbre veneciana que ha tomado por una manda, ustedes saben hay pruebas que Dios nos pone…

Clitia ahogo más su risa y tiro de su mano para pedirle que se movieran, él la obedeció aun digiriendo la historia que había oído, cuando la joven considero que el lugar estaba lo suficientemente protegido se detuvo y comenzó a reír a carcajadas con tal ímpetu que segundos después ya se sujetaba el abdomen, Erik la dejo hacer encantado con la libertad de esa risa que tan reprobada era en las buenas costumbres, cuando la vio boquear recuperándose se acercó para acariciarle el cabello –tal vez deba practicar más mi italiano- sonrió, ella lo contemplo con algunas lagrimillas escapando por la comisura de su ojos –je, si y tu latín de pasada mi devoto veneciano- termino con una risilla ya más reservada, él ladeo la cabeza confundido –porque? que es una manda?- preguntó curioso, ella exhaló recuperándose y con ternura le retiró la máscara, el escalofrió regular lo recorrió, probablemente pasarían años antes de que pudiera superarlo completamente, ella ignoro el gesto acariciándole la mejilla mientras le miraba a los ojos – una manda es una ofrenda que haces a Dios rogándole por un favor, si el favor te es concedido estas en obligación de cumplir con lo ofrecido – explicó. Ahí, en el claro oscuro de su palacio, Erik contemplo a la mujer que amaba, más importante aún admiro a la mujer que lo amaba, por lo que era, por lo que podía hacer y supo entonces que tal vez la historia no estaba tan errada y que quizá después de todos sus años de tristezas y castigos… Dios le concedía un favor.

Entonces prometió, prometió desde el fondo de su alma mientras estrechaba entre sus brazos a aquella mujer que en verdad era un ángel, que haría todo lo bueno que hasta entonces no había podido hacer, que dejaría perder sus rencores, que alimentaría la promesa de felicidad de sus allegados porque si él la había conseguido porque ellos no habrían de hacerlo.

Quizá entonces alguien dio oídos a aquello porque Clitia se separó de él amablemente, con parsimonia se llevó las manos al cuello desabrochando la cadena de la que colgaba un anillo, un anillo que coloco en la palma de su mano extendiéndola hacía él, años más tarde Erik juraría que en su mirada brillaban estrellas, que el rubor de sus mejillas era como el de los pétalos de una rosa y su tímida sonrisa una promesa de amor eterna.

– Te ofrezco una vida en mi compañía aunque quizá no todo sea alegría, pues mi carácter está plagado de contradicciones y mi vida llena de sutiles amenazas, te ofrezco lo que soy, lo bueno y lo malo, ni más ni menos, te ofrezco mi amor que nadie más ha ganado y por él, por este sentimiento que anida en mi cuerpo y enaltece mi alma, te pido… que seas… mi esposo.

Era 29 de Febrero el único día en el año en el que a una mujer se le permitía hacer una propuesta de matrimonio, Clitia sabía que él no había hallado el momento porque aún sentía las sombras de aquel capricho con Christine, porque aún le pesaba de cierta forma haberla hecho sufrir de aquel modo, confeccionando un vestido, eligiendo un velo, preparando la boda que le rompería el corazón, Erik se lamentaba por herir su corazón y aún no sabía cómo pedirle compartir su vida sin que pareciera el insulto de la segunda opción, pero ella entendía que no era un segunda opción y aquel día derrumbo el ultimo muro que los dividía.

-Sí, no solo compartirla, quiero que seas mi vida.

Y aquella noche de celebración, con la música resonando en la oscuridad, dos personas unidas en un beso se olvidaban de las sombras de su pequeño dolor.

Cd. De México Octubre 2013

Hoy en vísperas de mis 28 otoños de luna he dado fin a este proyecto de 6 años, un proyecto que lleva mucho de mí, me veo cambiar en sus capítulos y al leerlo me recuerda muchos y diferentes momentos, este proyecto me ha acompañado en la etapa de transición de mi vida y hoy en este año que tan memorable se ha vuelto agrego a sus cuadros de prestigio este logro.

Gracias por acompañarme, por su lealtad, sus reviews y sus ánimos, esto es para todo aquel que lo ha leído.