N/A: En este capítulo, mucho más corto que cualquier otro que haya escrito, esperen quedar con mas dudas que antes.

Besos.


FUTURO


Miedo, un miedo profundo y aterrador que le calaba los huesos era la sensación dominante

Miedo, un miedo profundo y espantoso que le calaba los huesos era la sensación predominante.

El ninja más impredecible de la aldea de Konoha estaba aterrado, aturdido y confundido mientras corría sin una dirección en mente entre cuartos vacíos por un pasillo despoblado. Podía ver y sentir los sellos que había grabados por todo el suelo de madera, y como estos intentaban contener su chakra sin lograrlo completamente.

Llegó, después de una carrera, frente a una puerta grande de madera que parecía ser la salida de ese lote de habitaciones vacías que en otro momento seguramente le habrían parecido hermosas; empero que ahora solo lo inquietaban más por la falta de ocupantes. En la puerta, grabado con una complejidad que no se detuvo a comprender, estaba un sello de contención enorme que drenó un poco de su fuerza. Naruto tomó una bocanada de aire y liberó una cantidad colosal de chakra, que debido al miedo parecía intensificarse en su interior, y cargó una mano con toda la energía acumulada en una de las esquinas del sello, que en segundos comenzó a arder, quedando inútil a su propósito original.

-¡Naruto¡ –llamó una voz a sus espaldas y su corazón saltó- ¡Detente!-

Con más chakra aún, estampó su puño contra la madera y la puerta explotó frente a él. Descalzo, confundido y sin saber a donde ir o que hacer, el rubio no pudo ver la mirada llena de preocupación del castaño a sus espaldas que lo veía desaparecer envuelto en una nube de chakra toxica para cualquier ser humano.

Había costado dos horas de videojuegos estúpidos, tres sándwiches de crema de maní con jalea de fresa, asco, y también había tenido que arriesgarse a que su papá lo encontrara y castigara; pero había valido la pena porque al fin podía hacer que Hige sonriera un momento.

Habían pasado tres días desde el incidente con el traidor de Ame y las cosas estaban muy cambiadas en casa por eso. El rubio había sido instalado en el ala oeste del complejo familiar, que normalmente estaba ocupado por la servidumbre, que ahora tenía vacaciones pagadas de manera indefinida. Su padre también había mandado una carta al Hokage explicando que los miembros del clan no tomarían misiones por el momento, y ellos no tenían permitido recibir visitas en casa. Así que la mansión estaba más desolada y vacía que un hueso viejo y seco.

-Ja –Hige saltó en la cama mientras volteaba la vista de la pantalla a su hermano y le apuntaba con el índice y una sonrisa ganadora- Sabía que no podías vencerme en este juego ni aunque te diera ventaja. ¡Trágate eso Kougeki!-

El castaño miró la batalla y, efectivamente, había perdido en ese estúpido juego de peleas. Vaya que era malo. Volteó una vez más a ver a Hige que saltaba en la cama proclamando su victoria contra las huestes infernales de los hermanos mayores y en un segundo, Kougeki lo había tumbado una vez más contra el colchón de la cama y le hacía cosquillas sin miramientos.

-Me… rindo –exclamó después de un rato entre risas y expuso su cuello a manera de rendición- me rindo… me rindo…-

El mayor de los castaños sonrió victorioso y presionó los dientes en el cuello de su hermano, aceptando el triunfo y cerrando el trato. Luego se movió hacia el otro lado de la cama a ver el techo y recuperar un poco de aire.

-Kougeki –la voz débil de su hermano llamó luego de un momento con indecisión- ¿Ha dicho papá algo de Naru-sama?-

Girando los ojos ante la preocupación de su hermano, que ya tenía tres días repitiendo lo mismo contestó:

-Es Naruto-sama. Y no, nada ha dicho-

Se quedaron en silencio unos momentos y luego Kougeki ya estaba incorporándose para jugar el último videojuego antes de marcharse a su habitación.

-Aún no me creo que Naruto-sama esté en la casa. ¿Crees que pueda verlo cuando papá me deje salir?-

El mayor de los castaños se tumbó una vez más en la cama y no contestó, principalmente porque él tampoco tenía idea de lo que estaba sucediendo.

-¿Dónde esta Reiji? –preguntó luego de un segundo sin esperar contestación- ¿Todavía está enojado conmigo?-

Reiji, su hermano mayor, fue el único que no pareció sorprendido cuando la reliquia familiar se quebró y el rubio salió de ella. Fue el que se hizo cargo de la situación y el que llamó a sus padres en tiempo record de su misión, también fue el que explicó la situación y se las arregló para que Hige sólo recibiera un castigo menor por su infracción.

Aunque eso no salvó a su hermano del enojo de Reiji.

-Su Alteza todo poderoso –dijo refiriéndose al apodo que le habían colocado a modo de broma, provocando otra sonrisa nerviosa de su hermano- está en estos momentos besuqueándose con la reina Nana en la sala de estar-

-¿Qué no teníamos prohibidas las visitas?-

Kougeki se encogió de hombros; era bien sabido que Reiji, el hijo perfecto, nunca había desobedecido una orden directa de papá. Hige también levantó una ceja, estupefacto, y luego sonrió con manía.

-Vamos a espiarlos-

Y la idea era tan tentadora. Sorprender a su siempre perfecto hermano realizando actos ilícitos en la casa… eso se oía muy feo… aunque sí, eso era. Sonrió sin poder evitarlo y luego, rápidamente negó porque sabía que si Hige dejaba su cuarto sin permiso entonces no habría vuelta atrás y lo castigarían aún peor.

Abrió la boca para recordárselo, cuando el sonido de una explosión se escuchó por todo el complejo y un aura muy intensa se dejó sentir por todo el complejo. Sus instintos se dispararon como un gatillo y salió corriendo al ala oeste de la casa sin detenerse un segundo. Arribó en un par de segundos para ver a su padre en las puertas destruidas del complejo habitacional con una expresión preocupada y mirando un punto al norte donde podía sentirse el aura disiparse paulatinamente.

Un ruido a su espalda llamó su atención y pudo ver que Hige lo había seguido.

-¿Dónde está Reiji? –preguntó su padre sin perder un segundo-

Aunque no era momento para eso, Kougeki pudo sentir la envidia subirle en forma de acido por la garganta. No es que no quisiera a su hermano… es que… era siempre lo mismo. Abrió la boca para decirle exactamente donde estaba su hermano sin saber que Hige había tenido exactamente la misma reacción y estaba por hacer lo mismo que él.

-Aquí-

Tres cabezas giraron para ver al mayor de los hermanos aparecer a un lado de la puerta, imperturbable.

-¿Dónde está Nana? –se sorprendió a sí mismo diciendo-

El referido simplemente lo miró y contestó como si nada malo hubiese hecho.

-En su casa-

'Maldito perro'


La confusión de Naruto, había aumentado a medida que observaba sus alrededores a tal punto que tenía que luchar contra las nauseas para no comenzar a vomitar los ácidos estomacales que amenazaban con salir.

Gente que jamás había visto, lugares que no conocía, olores extraños que asaltaban su nariz y sobre todas las cosas, grabado con carbón incandescente en su retina, la imagen sobrepuesta de Kiba y ese desconocido.

Lo había visto al despertar. Sus ojos le ardieron una fracción de segundo y luego pudo ver todo con una claridad espectacular que lo sacó de balance de todo a su alrededor. Era como ver en un calidoscopio de doble fondo; la imagen de Kiba borrosa y la imagen de un Inuzuka mayor que nunca había visto, un hombre adulto de unos cuarenta años, castaño oscuro, con una cicatriz en la mejilla derecha y ropas negras.

Lo más perturbador de todo fue cuando habló, el tono exacto de la voz de Kiba: profundo, envidiable. Y cuando escuchó el "Buenos días Naruto, tardaste mucho en despertar y tuve que comer tu ramen", un pensamiento irracional surgió en su mente.

'Corre' -pensó- '¡Te han secuestrado, corre!'

Al recordar eso, un ataque de risa histérica amenazó con salir, pero de alguna manera logró contenerlo. Revisó que su chakra estuviera bien contenido una vez más y se ocultó en una esquina de un techo en un edificio cuadrado y alto… viendo hacia el frente donde rostros gigantes grabados en la montaña se burlaban cínicamente de él.

-'¿Por qué?'-

Era todo lo que podía pensar, y no sabía ni siquiera a que se refería, seguramente sería el conjunto de todo.

'¿Por qué?'

Y se concentró en respirar y no pensar. Se sentó en la cada vez más pronunciada sombra de una de las paredes del techo y comenzó a pasar sus uñas suavemente sobre una de sus colas, y no supo cuanto tiempo transcurrió hasta que se dio cuenta de que alguien estaba parado en el techo del edificio frente a él, observándolo con expectación y dándole el tiempo necesario para reaccionar.

Con trabajo levantó la mirada, aunque ya sabía con quien iba a encontrarse: con la misma persona que lo había cuidado hasta ahora.

-¿Cuánto tiempo? –dijo al fin con una voz apagada antes de sonreír cínicamente y repetir la pregunta con sarcasmo- ¿Cuánto tiempo, Kiba?

El castaño lo miró fijamente un momento.

-Doscientos trece años, Naruto-sama.

El rubio vomitó.


Hola, Hola, un capitulo más que espero sea de su agrado, aunque es muy cortito y por alguna razón siento que algo le falta… bueno, tal vez luego lo cambie, tambien tenía otro capitulo que esperaba publicar de Y me enamore de ti, pero como tampoco me agrada mucho no lo he publicado, creo que mi inspiración de escritor se ha descompuesto por falta de uso… quiero morir.

Chao.

P.D.

Agradecimientos a mi lectora Beta Macarena Butrino, que ha corregido todo el capi menos esto ultimo.

Respuesta a los reviews:

The dog: Muchas gracias por apreciar mi historia, me haces feliz.

Kikimaru: Hay… que te digo… estoy tan apenado y no te puedo dar ninguna excusa… ;-; bueno… espero que te guste este capitulo.