Kyūketsuki

By: ANAIVIV y Mussainu

Disclaimer: Inuyasha sigue perteneciendo a Rumiko Takahashi pero la historia es de nuestra autoría.

—aaa— diálogos

aaa— pensamientos

X. Don´t wanna lose you now.

Las formas se desvanecían como claroscuros en una nube grisácea, tan confusa que hasta su propia mano aparecía distorsionada ante sus propios ojos. Podía sentir, aunque lejana, la fría brisa que chocaba contra su rostro. Era tan extraño el sentimiento de flotar entre un mar de ideas, sentía que si alzaba un poco los brazos podría volar, llegar hasta la luna y dormir. Dormir. Eso era lo que más quería.

A pesar de que la atmósfera no era de un noviembre, sentía frío. Un ligero frío recorriéndole el espinazo, tan entumecedor. Aún sentía un ligero dolor en el pecho, obviamente producido por la herida, pero su mente estaba tan nublada que poca importancia le dio.

Entreabrió los ojos para poder ver el despejado cielo nocturno. La luna brillaba sobre ella. Sonrió lastimeramente, dejándose llevar por la calma que poco a poco iba reinando sobre ella.

Una nube cubrió la luna y por un instante todo se paralizó. No habían gritos de enemigos, ni metálicos sonidos de espadas colisionando con espadas, ni gruñidos o amenazas. Todo era una calma especial.


Inuyasha necesitaba darse prisa si es que no quería que su peor pesadilla se convirtiese en realidad. Kagome estaba herida de gravedad y la única forma en la que podría acabar con todo ese infierno, estaba en las manos de un bastardo egoísta al que poco le importaban sus camaradas. Con toda la fuerza que su odio le permitía, corrió hasta donde estaban batiéndose dos de sus enemigos. Naraku, un antiguo adversario al que odiaba, y un hombre, que a pesar de que acaba de conocer, empezaba a odiar.

—Nunca pensé que la cabecilla de los Jāku fuese tan impertinente e idiota como para enfrentárseme directamente. –comento Akuma. Manteniendo una posición de ataque propia de los de su raza.

—Oh, me siento herido. Pensé que mi fama me precedía. –respondió Naraku con fingido dolor. —Supongo que deberé de sacarte del error.

Ambos hombres, o por lo menos eso habían sido en un entonces, se abalanzaron con todas las intenciones de extinguir la vida del contrario. Sus estocadas estaban dirigidas a puntos vitales. La sed de sangre se encontraba presente en ambos.

—Kuso. –gruñó Inuyasha. A pesar de encontrarse tan cerca, no podía acercarse, o no como se encontraba. Después de su pelea, aunque corta, con Raynard, se encontraba exhausto. Sería inútil tratar de enfrentarse con alguno de ellos dos.

Podía ver a esos dos demonios luchando por destazarse mutuamente. Esa pelea solo podía tener un final, la muerte de uno de los dos. Y el que quedara como vencedor sería su contrincante. ¿Qué si era una estrategia sucia? La verdad es que no le importaba. La vida de Kagome dependía de la perla y no le importaría hacer una bajeza si es que con eso podía alejarla de la muerte.

Probablemente pasaron solo unos cuantos minutos desde que el combate hubiese iniciado pero, estando allí, con la mirada fija en esos feroces combatientes, parecía que habían sido días. Ninguno de los dos cedía espacio de ventaja al otro. Usaban cuanto truco sucio estaba a su alcance para poder derrotar al contrario. Las reglas no existían en un combate a muerte entre Youkais.

Por el rabillo del ojo vio que alguien se movía entre las sombras. Alejada de las faldas de la pelea, y casi escondida entre las sombras de los abetos, se encontraba Kikyo que miraba con enfermiza satisfacción como esos dos monstruos se despedazaban el uno al otro.

—¿Es que no piensas ayudar, Kikyo? –gritó Inuyasha.

—No es mi pelea. –respondió, encogiéndose de hombros sin el menor remordimiento.

—¿A que viniste, entonces?

—A verte caer.

Dejó de mirarla, estaba completamente disgustado. Esa mujer, a la que le había prodigado los mejores años de su vida, le traicionaba. Sabía demasiado bien que estaba dolida por verse traicionada pero la Kikyo que él conoció, aquella sacerdotisa devota a su trabajo, nunca haría algo así. El infierno había corrompido su alma. Siempre había procurado por el bienestar del débil, y ahora solo miraba una carnicería. Si pudiese arreglar las cosas para que ella fuese feliz, que descansara en paz, lo haría pero el pasado había muerto y con él la mujer que tanto quiso.

Ambos youkais respiraban trabajosamente debido al esfuerzo físico. Los estragos de la pelea se podían ver en ambos y era prácticamente imposible decir quien es que el que llevaba la ventaja. Las heridas eran variadas y la profundidad cuestionable. Esa noche estaría pintada de rojo y nada parecía poder detenerle ese Apocalipsis.

Inuyasha no podía creer su suerte. De entre todos los días de su vida, la dama suerte había decidido sonreírle en el mejor momento. Ahora si creía lo que decía un viejo dicho: la surte no llega siempre, más cuando llega lo hace con grandes fortunas. Claro, aunque hubiese preferido que Kagome no estuviera en peligro desde el principio.

Ahí en el césped, rodando aún, se encontraba la Shikon no Tama que en un descuido de parte de Naraku, había salido de su bolsillo. Brillaba con intensidad, destacándose en el color esmeralda de la grama. Cualquiera podría haberla visto de no ser porque cada uno estaba enzarzado en su propia batalla de vida o muerte. Bien podría acercarse hasta ella y tomarla.

Cuidó que nadie estuviese viéndolo en ese momento. Con la perla en las manos, escapó hasta donde había dejado a Kagome, al cuidado de Raynard. Juraba que si algo le había pasado mientras ella estaba con ese sucio vampiro, le mataría. No esperaría a escuchar excusas, solo dejaría que su sangre actuara.

—¿La has conseguido? –fue lo primero que preguntó Raynard, en cuanto le vio llegar.

Extendió la palma de la mano para mostrarle la rosada joya que resplandecía con más fuerza. Probablemente estaba reaccionando a los poderes de miko de Kagome. A pesar de haber estado tanto tiempo bajo las garras de Naraku, esta no se empañó de tal manera que fuese imposible utilizarla, ya que si estuviese contaminada por completo sería inútil tratar de usarla. Necesitarían que una miko la purificara y Kikyo no pensaba ayudar y Kagome, bueno ella no se encontraba con fuerzas como para hacer tan exhaustiva tarea.

—¿Sabes usarla? –Inuyasha le miró con completa ignorancia. —Kuso. –maldijo Raynard, robándole la perla.

—¿Qué demonios crees que haces?

—Tratando de averiguar como usarla.

—No creo que quieras ayudarla. ¿Qué no estás de lado de ese maldito? –dijo indicando con el dedo índice a Akuma.

—Lo estoy.

Sus instintos más básicos tomaron partido sobre su razón. Hizo crujir sus nudillos amenazadoramente y permitió que un poco de su sangre de youkai tomara control. No iba a permitir que algún imbécil lastimara a Kagome. Si antes había fallado en protegerla, ahora no lo haría. Si la perla exigía su vida a cambio para perdonar la de ella, pues podía tomarla cuando gustase.

Las nubes pararon, los clamores de la batalla terminaron, los rugidos de dolor dejaron de escuchar, el canto de las cigarras cesó, los lamentos de las pérdidas dejaron de impregnar el aire. Todo detuvo su paso. La luna brilló con más intensidad e Inuyasha hubiese jurado haber sido cegado por la intensidad. Se vio envuelto en un cálido capullo de luz de potente fulgor.

"¿Quién eres?." Se escuchó. Una voz serena y firme.

"Inuyasha." Respondió. No podía abrir los ojos, la luz seguía siendo demasiado potente.

"¿Y qué es lo que quieres, hanyou de nombre Inuyasha? ¿Has venido por la perla?"

"Sí."

"No puedo permitir que la tomes. Nadie entiende el verdadero poder que ella carga. Un deseo egoísta solo traerá dolor. Aquél que la busca con deseos de venganza o poder solo se consumirá en su propio odio."

"Yo no la quiero ni para venganza ni poder."

"No creas que no sé lo que piensas, hanyou. En este momento estás en mi mundo y tus intenciones están tan claras como el agua. Utilizarás la perla para dejar de ser un híbrido y convertirte en un verdadero monstruo. Dime, ¿Porqué es que habría de permitir que alguien use sus poderes solo para acarrear más destrucción a los humanos?"

"Te equivocas." Gritó exasperado. Entreabrió los ojos, más tuvo que cerrarlo inmediatamente ya que la luz le había quemado ligeramente las retinas, muy a pesar de que solo los había abierto por un corto periodo de tiempo. "Yo… cierto era que esa era la verdadera razón por la que quería la perla pero… pero ahora tengo algo más importante por lo que quiero luchar. No quiero poder, ni gloria, solo necesito salvarla."

"¿Es eso verdad, hanyou?"

"Sí. Solo quisiera que todo regrese hasta el día en que le dije esas cosas tan falsas. Quiero que estemos en el momento en que peleamos por última vez con Naraku. Quiero evitar el que yo le diga eso. Quiero protegerla con mi propia vida"

No hubo más respuesta y la luz, que antes lo envolvía todo se fue desvaneciendo. No sentía ese inmenso poder que desprendía el capullo y por más que alzaba la voz, no podía escucharse. Preguntaba a viva voz donde es que estaba, que era lo que había pasado, si es que le cumplirían el deseo de protegerla, si es que ella seguiría con vida pero no respondieron a sus silentes y desesperados llamados.

Se dejó caer en la nada en la que seguía envuelto y cerró los ojos cansado. Era casi como si el mismo mundo hubiese desaparecido dejándole sólo. No habían más batallas, ni más sangre, solo infinita calma. Quería llorar o gritar desesperado, algo que pudiese ayudarle a aliviarlo de esa carga y sin embargo ni las lágrimas ni la voz le llegaban.

Sintió una gota caer en la punta de su nariz. Luego otra y otra. Así sucesivamente hasta que sintió su cuerpo completamente empapado por la lluvia. El haori se pegaba su cuerpo y no se molestó en arreglarlo. No tenía fuerzas de cubrirse o buscar refugio, además del hecho de que no sabía en donde estaba. Mantuvo los ojos cerrados, mucho después de que supo que la luz se había desvanecido, solo por el simple hecho de no mirar a la nada.

Nunca había sido una persona sociable, por no decir aceptada. Fue hasta que la conoció hacía ya tanto tiempo, cuando empezó a realmente formar una familia. Pero ahora… ahora no le quedaba nada. Miroku, Sango y Shippo habían dejado de existir en ese mortecino mundo en el que él ahora se encontraba, y Kagome, probablemente ella ya estuviese con su fallecida familia. Bien por ella.

Cerró los puños, enterrándose las garras con furia. A quien demonios quería engañar. Él la quería a su lado. Quería escucharla. Podría ser muy egoísta por el solo hecho de pensar en alejarla de su familia pero la verdad era que a él nunca le había importado ser una persona amable. Ella era feliz con él , y él en definitiva con ella, así que porque no dejarlos vivir en paz. Si es que debía morir para estar nuevamente con ella, pues que bajará la muerte y se lo llevara.

Una a una las gotas fueron arreciando. Lo que antes había sido una constante llovizna, ahora era un chubasco. Grandes y gordas, eran las gotas que chocaban contra su rostro. Pesaban y lastimaban. Nunca pensó que en la nada pudiese llover. Escuchó un murmullo lejano, probablemente fruto de sus propios pensamientos que ahora venían a acosarlo.

—Inuyasha. –se volvió a repetir el llamado. —Inuyasha. –la voz, una demasiada conocida, empezó a llamarlo. Se escuchaba más cerca.

Cerró los ojos con más fuerza esperando que el recuerdo se alejara y lo dejara dormitar bajo la lluvia. No quería pesadillas esa noche.

—No voy a tolerar que me sigas ignorando Inuyasha.

Esa voz. Kagome. Abrió los ojos, incorporándose rápida, mareándose en el momento. Se sujetó la cabeza tratando de evitar que el suelo siguiera girando.

—Primero me dices que quieres hablar conmigo, que es algo importante. Y luego, te quedas dormido.

—¿Kagome? –sus ojos no podían creerlo. Ahí estaba como la última vez que la vio. —Sigues con vida.

—Pff… pero claro que sigo con vida. –alegó sintiéndose verdaderamente molesta. —Una pelea tan fácil no va a acabar con mi vida. –enfatizó su comentario levantando los brazos, victoriosa.

—Pero… ¿Y Raynard? ¿Y los vampiros?

—¿Raynard? ¿Vampiros?

—No repitas lo que digo, mujer, solo contesta la pregunta.

Respiró profundo, llenando sus pulmones de ese aire olor a musgo. —Osuwari. –vio con gusto como es que el rostro de Inuyasha se incrustaba firmemente en la tierra, o mejor dicho, fango.

—¿Por qué demonios hiciste eso?

—Primero por decir que estoy muerta, y segundo por hablarme en tan mal tono.

—¿Tono? –repitió, furioso. —¿TONO? ¿Me castigas solo porque no te gustó mi tono?

Su voz sonaba realmente molesta. Kagome se balanceó en sus tobillos, probablemente si se había pasado un poco. Tal vez solo una amenaza hubiese sido suficiente. Estaba preparando una disculpa cuando la atronadora risa de Inuyasha la distrajo de sus pensamientos. ¿Estaba loco? ¿La regañaba por que le había castigado y ahora reía? Posiblemente hubiese recibido una contusión por el hecho de haberse golpeado con tanta fuerza en la tierra.

—Err… Inuyasha, ¿Te encuentras bien?

Con indecisos pasos, se acercó hasta él. Probablemente estuviese mareado o hasta con fiebre. Aún reía enloquecidamente cuando llegó hasta él. Por todos los cielos, si hasta se estaba sujetando el estomago. Nunca le había visto así. Reía con tantas ganas, como si un gran peso hubiese sido retirado de sus hombros en ese preciso momento.

—Tono. –repitió entre aullidos de alegría. —Me mandas al suelo porque no te gusta mi tono.

Ese simple hecho era simplemente risible. Las cosas habían vuelto a como eran antes. Nunca había estado en el infierno con Kikyo, nunca se había separado de Kagome, nunca había ido a la época moderna a recuperar la perla de Naraku y pelear con vampiros, nunca ella había sido herido, y lo mejor de todo era que nunca le había dicho esos insultos.

—Creo que deberías de ir conmigo a mi época Inuyasha. Necesitas que te revise un médico.

—Lo que menos necesito es un médico. –alegó. Se levantó trastabillando. —Solo necesito un poco de comida.

—¿Comida?

—Hmm… –respondió, mostrándole una verdadera sonrisa. Kagome estaba en completa incredulidad. Inuyasha sonreía. —Ike, Kagome. –agregó extendiéndole la mano.

—Hai. –respondió ella. Deslizó sus dedos por entre los de él. No le importó que se mojaran.

Aquellos viejos tiempos, por los que Inuyasha se preocupaba tanto, eran solo un recuerdo. Ya no habrían historias de finales infelices, ni tragedias. Él reescribiría su historia y estaba seguro de que Kagome no faltaría en ella. Había un nuevo futuro esperándolos y ambos estarían dispuestos a lanzarse a él, con los brazos y el corazón abierto. Las aventuras que vinieran solo serían páginas en su el libro de su vida.

El tiempo, aquello por lo que tanta gente sufre diciendo que pasa muy lento o muy rápido, puede hacer una pausa en su apurado trajín si es que la situación lo merece. Podemos hacer durar nuestros recuerdos el tiempo que queramos, y las penas las podemos olvidar en el momento en que decidamos. Así que, ¿Por que afianzarnos tanto a los malos recuerdos, cuando hay un mundo nuevo lleno de oportunidades de ser felices esperándonos a la vuelta de la página? ¿No vale más la pena recordar esos momentos que nos hacen brillar de felicidad, a aquellos que solo opacan nuestros días? La vida no está hecha para sufrir, es solo para aprender. Habrá que recordar que las horas pasan tan amargas o tan dulces, como las queramos tomar.

.:. Fin .:.


(Finalizado el: 20/08/08. A las… 2:45 am.)

Hola y… Adiós (TT)!

Muchas pero muchas gracias por haberse tomado parte de su tiempo en leer lo que esta mente retorcida tiene dentro. Sé que vivimos en un momento en el que el tiempo no nos permite hacer muchas cosas y es por eso que valoro que hallan podido leer este pequeño fragmento de mi imaginación.

Muchas penas, y he de decir que muchas, son las que he pasado. Mi co-escritora, mi muy estimada amiga ANAIVIV, dejó abandonado el proyecto desde el capítulo III, por lo que me vi en la necesidad de terminar este fic. con mis propias ideas, cosa que no fue fácil.

La verdad es que nunca pensé escribir un fic. de está rama (vampiros) por el hecho de que no me fascina, pero cuando mi amiga vino con esta historia me pareció buena idea. Desgraciadamente ella perdió el interés y me vi, no forzada pero si ligeramente comprometida, a terminarlo. La historia original se suponía sería más larga, más he de admitir que no tengo mucha pasión a este tipo de género, por lo que tuve que reducirla.

Soy mala escribiendo escenas de luchas o batallas, por lo que prefiero evitarlas. El lemon, eso a lo que todo escritor teme, es algo difícil para mi y al parecer la inspiración me llega solo hasta muy adentrada la madrugada, por lo que me tardo demasiado en actualizar.

Espero verlos muy pronto en mis otros fics y no olviden dejar un REVIEW! A pesar de que no lo crean, eso a nosotros los escritores nos enriquece.


Gracias por todo.

Un saludo cordial de parte de Mussainu…