Por favor no digas Adiós

By: Mussainu

Disclaimer: Ranma ½ sigue perteneciendo a Rumiko Takahashi pero la historia sí es de mi autoría.

Empezado el 19/05/08

Resumen: Solo en la agonía de despedirnos somos capaces de comprender la profundidad de nuestro amor. – George Eliot.

—aaa— Diálogos.

aaa— Pensamientos.

I –

Siempre pensó que estaría a su lado, que tendría junto a si a esa persona que podía hacerla sonreír o enfadar con la misma facilidad y que nunca tendría que decirle adiós sin embargo el destino se tuerce y divide haciendo que lo que creíamos eterno se escapa de nuestras manos como agua de río y cuando llega el momento de decir adiós no sabemos actuar y hacemos lo que nunca debimos hacer y decimos lo que nunca diríamos. ¿Pero cómo prepararnos para enfrentar algo así de inesperado?

Ya era un hecho innegable que su viaje se realizaría eso era inevitable y no por eso tenía que entenderlo ni mucho menos aceptarlo ¿Él se iría y ella que podía hacer? Nada.

Ya habían transcurrido dos semanas desde que ambos se enteraran de que Ranma tendría que viajar a China a entrenar con su padre. —¿Akane–chan, te encuentras bien? –dijo Kasumi poniendo una bandeja llena de comida en la mesa.

Akane miraba desatenta el televisor desde hacía ya tres horas sin haberse levantado de ese lugar ni siquiera para entrenar. —Hai. –contestó ausente mientras que seguía "viendo" un documental sobre los lugares más exóticos y paradisíacos que visitar y en cuanto en la pantalla aparecieron las pozas encantadas de Jusenkyo y el ya conocido guía explicando las diferentes maldiciones y su antigüedad, ella apagó el aparato dejando el control remoto junto a la humeante cena parándose de su lugar y desaparecer subiendo las escaleras que la conducían hasta su cuarto

Esa había sido su rutina desde hacía ya dos semanas por obvias razones; levantarse, tomar una duchas hasta que los dedos de las manos y pies se arrugaran, después bajar a desayunar y prender el televisor olvidándose por completo su amado entrenamiento porque sabía demasiado bien que si iba al Dojo lo más probable era que se encontrara a su prometido y eso era lo que menos deseaba.

—¿Sigue deprimida? –preguntó Nabiki viendo el lugar por el que su pequeña hermana había desaparecido mientras que comía una galleta.

—Me preocupa mucho.

—Ya sabemos quien es el único que puede sacarla de ese estado pesimista. –continuó para después sacudir de sus manos las migajas.

—Demo Ranma–kun no es el mismo tampoco.

—Mientras no hablen sobre ese tema, los dos se quedarán igual y por más que me desagrade aceptarlo, ellos solo se pueden curar el dolor mutuamente.

—Es una pena que quede ya tan poco tiempo.

Acostada en su cama mirando el techo pensaba en lo mucho que le echaría de menos y de alguna forma no lloraba por más que deseaba exteriorizar su dolor algo se lo impedía. ¿Cuándo es que se había enamorado de ese baka? Probablemente desde siempre lo estuvo pero se negaba a aceptarlo ya fuera el orgullo o simplemente no deseaba. —Ranma. –dijo abrazando la almohada fuertemente contra su pecho.

Unos pequeños chillidos sonaron en la puerta corredera de su cuarto y ahí en plena lluvia se encontraba un cerdito negro que pedía asilo para esa tormentosa noche. Estaba completamente empapado y en el hocico cargaba una pesada bolsa color lila que dejó en el suelo en el momento en que entró en es tibia e iluminada habitación. Un buen cambio a lo que había estado padeciendo afuera.

—Hola Ryoga. –sí, ya sabía que su adorada mascota P–chan era en realidad Ryoga Hibiki. Fue realmente un accidente el que ella se enterara porque lo había descubierto cuando había entrado en el baño para ducharse cuando vio que su cerdito entraba en la bañera llena hasta el tope de agua caliente y de ella salía Ryoga completamente desnudo y no era necesario ser un genio para darse cuenta de la verdad. Ella había gritado hasta quedar casi afónica y lanzó todo lo que había cerca de su mano hasta dejarlo inconsciente flotando en la tina. —¿Supongo que ya sabes donde es el cuarto de baño, no? –dijo antes de sentarse en la cama y ver como su anterior mascota desaparecía corriendo.

Solo habían pasado pocos segundos antes de que Hibiki reapareciera cargando una pequeña y esponjosa toalla blanca con la que se secaba enérgicamente el cabello haciendo que unas cuantas mechas cayeran desordenadas sobre su rostro. —Etto… gomen ne Akane–san, un carro pasó encima de un charco. –dijo mientras que se rascaba la cabeza nerviosamente, una costumbre que había adquirido en esos años que había compartido con ella. —Bueno, supongo que ya conoces lo que sigue.

—No tienes porque preocuparte. –dijo recostándose en la cama con la mirada fija en el techo viendo como la humedad hacía mella en esa rugosa superficie; tendría que decirle a su padre que lo reparara antes de que se hiciera una gotera. Lo que menos deseaba en ese momento era hablar sobre lo que pasaba pero por la mirada que él le dedicaba sabía que su deseo de permanecer recostada en silencio no serviría. —No otra vez.

—Akane–san. –dijo viendo como ella apretaba más a su cuerpo a almohada que estrujaba. Le dolía verla sufrir y lo peor es que no era él el que podía ayudarla, por más que lo deseara.

—No es nada Ryoga–kun.

—Te conozco demasiado bien como para saber que lo que dices no es verdad. –perdiendo cualquier muestra de vergüenza se sentó junto a ella en la cama.

—Es verdad, no me pasa nada.

—¿Es por el baka de Ranma y su viaje, verdad?

Se encogió ligeramente y se dio la media vuelta dándole la espalda esperando que él la dejara sola. Pero Ryoga Hibiki era conocido por su pésimo sentido de la ubicación e increíble persistencia, teniendo cuenta que él había perseguido a Ranma desde su fallido encuentro terminando él en los pozos encantados de Jusenkyo con una maldición y con más venganza acumulada; así que sería tonto pensar que solo por ignorarlo él se rendiría. —Estoy un poco cansada. ¿Podrías dejarme sola?

No podía obligarla a que lo enfrentase y que le contara que es lo que la molestaba. La quería demasiado para lastimarla. —Wakatta. –dijo levantándose de su lugar dejando que la cama retomara su forma original. —Pero espero que entiendas que lo que tus hermanas están haciendo es porque te quieren. Todos lo hacemos. –dijo desde el umbral de la puerta dándola la espalda esperando que su vergüenza no fuera lo suficientemente como para que lo pudiera ver a pesar de estar de espaldas.

—Gracias.

—Ranma no baka. –bufó cuando salió de esa habitación. Sabía que su perpetuo contrincante era más fuerte que él, mucho más hábil y que por más que le costara aceptar, tenía el corazón de esa delicada mujer en sus manos. Si él tuviera en sus manos ese preciado corazón lo atesoraría con su vida y si algún esa terminaba lo seguiría protegiendo. —Baka. –dijo mientras salía por las puertas del Dojo Tendo esperando que la suerte estuviera de su lado para poder de esa forma encontrarlo sin dificultades y hacerle entender a fuerza de golpes que es lo que le hacía a su amada Akane–san.

Corrió hasta que los músculos de las piernas empezaron a entumecerse y sus pulmones empezaban a arder cada vez que inhalaba sin importarle que las gotas de sudor cayeran a sus ojos haciendo que quemaran. Necesitaba correr un poco más para quedar exhausto y poder dormir inmediatamente sin tener que preocuparse porque ciertos desagradables pensamientos interfirieran. —Solo tres Kilómetros más. –auto convencerse de que podía más siempre había servido para hacerlo llegar a sus límites y sobrepasarlos y cuando lograba eso su fuerza aumentaba y con ello su autoestima. —Solo tres Kilómetros más. –no era buena idea que se encontrara tanto física como mentalmente agotado un día antes de partir hacia el viaje más importante de su vida pero entrenar era lo que podía hacer teniendo en cuenta de que esa noche mucho menos podría conciliar el sueño.

—Oe Baka. –gritaron desde atrás con una voz y entonación tan conocidas por él que sería absolutamente innecesario voltear para ver de quien se trataba. Ya demasiadas veces lo había escuchado como para dudar.

—¿Qué sucede P–chan? ¿Te has perdido… de nuevo? –no disminuyó su paso cuando le habían llamado pero por lo menos se dignó a mirarlo, —¿Necesitas que te lleve de la mano hasta el Ucchan´s?

—Bakamono. –gritó enfurecido mientras que le lanzaba su pesada sombrilla esperando que por lo menos le golpeara. —Detente, no ves que te estoy llamando.

—Lo lamento pero no puedo hacerlo. –continuó corriendo entre las calles de Nerima que eran alumbradas por las farolas eléctricas indicando que se acercaba la noche. —Aún tengo mucho que correr.

—Kuso. –si quería que le escuchara debía de alcanzarlo y hacerle entender a la fuerza. —Detente Ranma. –amenazó cuando estaba ya a su lado manteniendo el mismo paso. —Quiero hablar contigo sobre Akane–san.

Si las amenazas, insultos, maldiciones o el viento helado golpeándole el rostro no había servido para detenerlo el solo escuchar el nombre de su prometido lo había conseguido. —¿Qué… qué hay con ella? –se quedó en su lugar esperando que su respiración se normalizara mientras que veía como Ryoga frenaba para poder quedar a su lado nuevamente.

—Sabes muy bien que es lo que pasa con ella. –escupió con odio mientras que sus ojos fulguraban. —No me puedo creer que le estés haciendo esto. –tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no golpearlo.

—Kuso Ryoga, yo no le he hecho nada. Ella sabe muy bien que es lo que China significa para mi.

—Claro que lo sabe y es por eso que no ha dicho nada. Quiere que seas feliz pero siendo tan egoísta no puedes ver su sacrificio y solo piensas en tu propio beneficio.

—¿Qué no veo su dolor, dices? –rió con desgana y sarcasmo. —Claro que lo veo y es por eso que me voy. No quiero que ella me vea como un fenómeno nunca más. Quiero que cuando la consuele lo haga como un hombre y no como… como "esto. –ejemplificando sus palabras miró de arriba abajo su cuerpo.

—Baka. –si antes tenía la resolución de golpearlo, ahora estaba más que seguro. —Ella… ella te ama por lo que eres. Akane–san no es tan egoísta y cerrada como pensar menos de ti solo por tener una maldición.

—Simplemente no puedo estar con ella así.

—¿Te has parado a pensar alguna vez en como es que se siente? ¿Le has preguntado que es lo que piensa de tu maldición?

—Parece que ya has olvidado todas las veces en que me ha llamado fenómeno o pervertido. –dijo con una falsa sonrisa para evitar que su "amigo" notara que esas palabras le dolían.

—Por Kami Ranma, eso ya fue hace más de dos años y créeme que demasiadas cosas han pasado como para que su opinión hacia ti cambiara.

—Vaya Ryoga, has madurado mucho en este tiempo. –realmente estaba sorprendido de ver como es que su amigo se desenvolvía con las palabras pero después de todo ninguno de ellos dos eran los mismo imberbes jóvenes de 16 años. —Antes estarías peleando por el amor de tu "amada" Akane–san y ahora eres tú el que me empuja hacia ella. Realmente me sorprendes.

—Cállate. –se giró en redondo dándole la espalda mientras que le pedía a cualquier divinidad que estuviera observándolos en ese momento que le diera la suficiente sangre fría para no soltarle un puñetazo. —Además yo no soy el que debería de pelear por ella.

Era verdad que ya habían sido dos años desde la primera vez en que él y su padre habían llegado al Dojo Tendo y también desde la primera vez en que la vio sonreír. Ella había estado tan contenta de saber que había una "chica" a la que le gustaban las artes marciales, que era fuerte, ágil, independiente y que además poseía una de las pocas cosas que ella respetaba, una gran formación en las artes marciales. Todo eso cambió cuando en un inoportuno momento ella entró en el baño encontrándose que "ella" era en verdad "él". Las cosas no hubieran pasado de un grito por haberla visto desnuda, de no haber sido porque había perdido contra él, un chico, y que además cambiaba de sexo y no el sentido "Okama" y desde entonces ella no dejó de llamarlo pervertido o fenómeno.

Ryoga tenía razón por mucho que a él le costara admitir. Por lo menos debería de hablar con ella para decirle que no sería un viaje largo ni mucho menos peligroso. Eso era lo menos que ella se merecía. Una explicación. —Oe Ryoga. –gritó entusiasmado haciendo eco con las manos.

No detuvo su paso ni tampoco lo miró sino que solo se dignó a levantar una mano en el aire. —De nada. –quería tener una presencia fuerte, tipo heroica.

—No. ¿A dónde vas?

—¿Eh…? –dijo completamente desconcertado mirando hacia todos lados. —Pues al Ucchan´s, a donde más?

—Vas en la dirección contraria. –respondió disimuladamente de matar una risa que amenazaba con explotar en su interior.

Suspiró resignado. Su pose de héroe había sido solo un sueño. La mala orientación era otra de sus maldiciones. —Anō… arigato. –regresó disimuladamente sobre sus pasos pasando nuevamente junto a Ranma evitando mirarlo a la cara por vergüenza.

—Oe Ryoga.

¿No podía ir en la dirección errónea otra vez, verdad? Si la calle solo era de dos direcciones y no habían callejones por los cuales perderse. —¿Qué?

—Gracias.

Había ya dado suficientes vueltas en el rellano como para saber cuantos pasos eran necesarios para llegar hasta el otro extremo. Las palabras que ensayaba simplemente no llegaban hasta sus labios en la espera de poder llegar hasta los oídos de la mujer que estaba del otro lado de la puerta. Coraje, de eso los Saotome tenía de más. ¿Pero entonces porque no se atrevía a cruzar esa ligera barrera entre ellos dos?

Vamos, tú puedes. Después de todo eres Ranma Saotome el hombre más fuerte, talentoso y guapo de todo Japón y que además eres el mejor en desempeñar las artes marciales estilo libre. –respiró profundo una última vez antes de siquiera posar la mano en el pomo de la puerta pero un sonido que se escuchaba del otro lado hizo que detuviera sus intentos de acercarse más. —¿Nani? –se acercó más a la puerta presionando su oído contra la madera esperando escuchar mejor lo que sucedía.

Ella estaba hablando y aparentemente sola que ya nada de lo que decía recibía respuesta y cualquiera sabría que en toda conversación siempre había por lo menos una interferencia del oyente aún so solo fuera para decir un ocasional "Oh", pero las palabras que salían de ella no tenían ni oyente ni respuesta. —Todo sería mejor si nunca le hubiera conocido. –se logró escuchar claramente desde el otro lado de la puerta.

¿No podía ser verdad lo que había oído, o sí? ¿Ella se arrepentía de conocerlo? ¿Se arrepentía de que él, un fenómeno, fuera su prometido y no un chico atractivo que no cambiara de sexo cuando lo mojaban con agua fría y que cambiaba de nuevo con agua caliente? Bueno, esa última pregunta siempre había sido "SÍ" desde el primer momento en que se enteraron de que estaban comprometidos por las estupideces y egoísmo de sus padre, pero él ya lo había asimilado pero ella aún parecía reticente a mantener una relación con él ya que siempre o lo golpeaba o le gritaba llamándole pervertido, muy dentro sabía que ella lo hacía por celos y despecho a sabiendas de que solo era el calor de la situación lo que hacía que ella reaccionara de esa manera y no por que realmente lo sintiera. Y ahí estaba ella con sus propias palabras expresando lo que él siempre había tenido que escuchar.

¿Para que explicarle su partida si ella ya deseaba verlo desaparecer de su vida? No había razones por las cuales tener que decir algo ya que sus explicaciones solo caerían en oídos sordos. —Ja, no te preocupes Akane, ya nunca tendrás que verme de nuevo.

Tenía planeado escapar sin ser visto ni escuchado para no tener que dar ninguna explicación sobre el porque estaba parado enfrente de la habitación de Akane en la mitad de la noche pero sus planes se vieron frustrados cuando la vio ahí parada con sus pijamas amarillas con los ojos hinchados y mojadas de llorar y al nariz roja.

—¿Ranma? –dijo en un tono bajo tratando de que su voz no se oyera gangosa o pesada.

Se quedaron mirándose a los ojos durante unos cuantos minutos no sabiendo como comenzar una conversación ni mucho menos quien debería de empezarla. Ella quería gritarle de una buena vez por todas que ella no era alguien con quién él podía jugar y despachar a su antojo pero sus insultos nunca llegaron a sus labios cuando lo vio ahí moviendo el pie como niño pequeño.

—Yo… Etto… Ehm… –¿Balbucear era lo único que podía hacer? ¡Donde es que había quedado el co0raje de los Saotome que él y su padre presumían cada vez que tenía oportunidad? Probablemente había acabado regado por el suelo. —Yo… yo quería hablar contigo. ¿Pero que demonios estoy haciendo, no puedo hilar dos palabras para hacer una oración coherente y ahora quiero hablar con ella?

Fueron pocos segundos después cuando se dio cuenta de que ya estaba dentro de esa alcoba sentado en la cama junto a ella. Las conversaciones ocasionales siempre habían estado a la orden del día con ellos dos ya que su relación había evolucionado mucho en ese sentido, en la amistad; pero en el momento en que tenían que decir algo acerca de cómo se sentían era una tortura ya que ninguno sabía que decir. Pasaron en silencio los minutos que se escurrían del reloj estirándose incesantemente haciendo pesado el ambiente.

La incomodidad se estaba haciendo demasiada y no podía soportar que las cosas siguieran así. —Ryoga–kun vino a verme.

—Yo… No lo sabía. –se removía incómodo en su lugar sin decidir si dejaba las manos quietas en su regazo como ella o simplemente dejar caer los brazos a los costados.

—También vino a verme hoy y supongo que fue después de ti porque me dijo que iba a ir al Ucchan´s cuando me despedía de él pero iba en la dirección contraria y tuve que corregirlo, otra vez. –trato de sonar casual, casi hasta simpático y a pesar de sus intentos nada de eso había funcionado cuando vio el rostro impávido de su prometida. ¿Seguía siéndolo?

—Típico de Ryoga–kun. –ella permanecía con la mirada fija en sus manos que entrelazadas permanecían en sus piernas tratando por todos los modos de no levantar la vista y verlo a los ojos. No se sentía lo suficientemente fuerte como para hacerlo.

Baka, solo dile que no tiene porque preocuparse. Que volverás con ella y por ella nada más. –tan fácil pensarlo pero tan imposible poder ponerlo en práctica. Pero un viaje de miles de kilómetros se empieza con un solo paso (¹) —Akane, yo… –quería continuar con su explicación sin saber como o porqué hacerlo cuando ni siquiera tenía al certeza de que le estaba escuchando.

—Ranma, por favor vete, no me siento bien y quiero estar sola. –contestó quedamente sintiéndose culpable del azoramiento de ese muchacho que era o había sido su prometido durante varios años ya.

—¿Estas enferma? ¿Quieres que llame a Kasumi o al Dr. Tofú?

—No, solo vete para que pueda recostarme.

—No te detengas por mí. –simplemente captar las indirectas no estaba en la genética Saotome probablemente porque el egocentrismo ocupaba la mayoría del espacio. —Me quedaré aquí por si es que se te ofrece algo. –se sentó en la silla que estaba enfrente del escritorio mirándola fijamente. Si no podía hablar con ella en el día antes de su partida pues bien podría quedarse a velar su sueño y más a sabiendas de que estaba enferma.

Tuvo que reprimir el deseo de suspirar ante esa falta de observación que poseía. —Estoy bien Ranma, en verdad. Solo vete. Necesito estar sola.

—No lo pienso hacer. –replicó obstinadamente cruzándose de brazos.

Si tan solo las cosas fueran como antes cuando él no había entrado en sus vidas; cuando en el único hombre en el que confiaba era su padre; cuando ella tenía que enfrentarse a esporádicos dolores físicos ya que sentimentales no padecía; cuando no tenía que preocuparse porque una nueva prometida o que un nuevo enemigo aparecieran en su vida. —Si tan solo las cosas fueran como antes no tendría que doler.

No podía ser cierto lo que había oído pero él no se podía equivocar cuándo ya habían sido dos veces que escuchó esas frías palabras salir de sus labios. —¿Es eso lo que quieres? ¿Lo que en verdad quieres? ¿Quieres verme desaparecer de tu vida? –sus flequillos cayeron sobre su rostro oscureciéndolo propinándole un aspecto completamente sombrío. Sus ojos, a pesar de su renuencia, se empezaron a humedecer ligeramente. —Kuso, porque no hay agua fría cuando más lo necesito. –él era del firme pensamiento de que los hombres no debían llorar y por una vez agradeció su maldición.

—¿Nani? ¿Habré dicho eso en voz alta?

—Dije que si eso es lo que quieres. ¿Qué si quieres verme desaparecer?

¡NO! –quería gritarle que no era eso, que quería que se quedara para siempre a su lado con maldición o sin ella, pero eso sería muy egoísta de su parte sabiendo que ese era el único sueño que él quería cumplir. —Sí. –contestó con voz mínima sintiendo como las lágrimas pugnaban por salir.

Eso fue lo único que necesitó para que sus esperanzas se desmoronaran a sus pies. Se levantó de su lugar haciendo fuerza para que sus rodillas no flaquearan y lo dejaran tumbado en el suelo. A sus pies. —Wakatta.

—Matte. –sus manos actuaron antes de que sus pensamientos pudieran coordinar una sola oración afianzándose a la roja camisa y aún así les estaba agradecida.

¿Es que tenía planeado esa noche destrozar más sus sueños? Si era así él seguro no lo permitiría. Ya mañana cumpliría su deseo de no verlo más así que no había que apresurar las cosas.

—Matte Ranma. – su voz sonaba rota y temblorosa por las lágrimas y el dolor.

—Onegai. –sus manos se convirtieron en puños encerrando su conocida camisa entre ellas esperando de esa manera poder hacerlo detener su huída.

—Ya lo has dicho suficientemente claro como para que no lo entienda Akane. Me quieres fuera de tu vida así que espera hasta mañana.

—No.

—¿Qué?

—No. –repitió con más fuerza dejando que su frustración y su impotencia salieran después de dos semanas de acallarlas. —No quiero que te vayas y me dejes sola. –era egoísta, lo sabía y él también lo era sin pensar en como es que ella se sentía cuando se iba a un viaje tan peligroso.

—Pues por lo que he escuchado esta noche me parece que no sabes lo que quieres. Yo solo obedezco lo que me dices, una y otra vez.

—¿Y cuando es que me has hecho caso? ¿Alguna vez me has obedecido? ¿Has dejado de hacer algo porque te lo he pedido? No. ¿Entonces porque lo haces? ¿Quieres que te lo diga con todas sus palabras? Está bien. No quiero que te vayas, no quiero que me digas adiós, no quiero verte partir y lo que menos quiero es que me dejes.

¿Si eso es lo que deseaba porque decir lo contrario? Claro porque era Akane, la mujer más orgullosa, tonta, violenta, poco agraciada, pecho plano y torpe que había conocido y sin embargo era de la que se había enamorado. —Lo lamento pero no puedo. –y era por eso que no podía quedarse así.

—¿Crees que me importa la maldición verdad? ¿Crees que no te podría querer por ser como eres? –gritó enojada mientras que lo volteaba para mirarle a los ojos. —Maldición Ranma, eso dejó de ser un problema hace ya mucho tiempo.

—Puede ser que para ti no sea un problema pero para mí SÍ lo es. No puedo ser tu prometido. Demonios ni siquiera puedo ser un hombre completo.

—Baka. –sus puños golpeaban con fuerza su pecho esperando lastimarlo como él la estaba lastimando en ese momento pero al poco tiempo sus fuerzas menguaron haciendo que se rindiera y enterrara el rostro en su pecho mojándole la camisa roja. —Ranma no baka. No me importa si eres hombre o mujer mientras que sigas siendo tú.

—Akane yo… –hizo amago de abrazarla y confortarla con la esperanza de poder ayudarla pero solo la lastimaría más ya que ella pensaría que lo hacía por lástima y dejó a un lado ese intento dejando caer sus brazos nuevamente a sus costados apretando fuertemente los puños hasta blanquear sus nudillos. —Lo siento. –tiró de sus pequeños puños lográndose zafar de ese doloroso agarre dejando que los ahogados suspiros y lamentos se amortiguaran cuando cerró tras de sí la puerta haciendo que el pequeño pato que ostentaba el nombre de "Akane" saltara un poco.

—En verdad lo lamento. –miró el estanque una última vez antes de saltar en sus frías aguas ya que los hombres no debían llorar.

Salió goteando del estanque sentándose en las maderas esperando ver el sol que nacía como cada mañana, ese día no fue la excepción y aún así lucía opaco y triste. Bostezó cubriéndose con la mano. No había dormido nada pero eso no era de importancia ya que estaba seguro de que no habría conciliado el sueño por más que tratara, por más cansado que estuviera.

—Ohayou Ranma–kun.

—Ohayou Kasumi.

Con paso grácil y femenino se encaminó hasta la cocina probablemente a preparar el desayuno ya que pronto la familia despertaría. La vio sacar cacerolas y sartenes de sus distintos lugares y poner las verduras en la mesa. Sus movimientos dóciles como siempre.

—¿Ranma–kun, podrías ayudarme a preparar el desayuno?

No respondió sino que solo se incorporó del piso y se encaminó hacia donde la mayor de las Tendo se encontraba. Siempre se había preguntado como es que cada hermana era tan diferente de la otra. Por un lado se encontraba Kasumi, la dulzura personificada, actuaba el papel de madre con presteza siendo la encargada de la mayoría de los quehaceres y de las comidas. Después se encontraba Nabiki, un personaje difícil de encasillar en un solo rol ya que podía ser una despiadada mujer de negocios que defendía cada yen que caía en sus manos con garras y dientes y otra faceta en extremo diferente era la que hacía muy pocas veces como consejera. Por último se encontraba Akane, ella representaba el papel de hijo en esa retorcida obra, le habían impuesto el papel de heredera del Dojo sin pensar que algún día ella llegara a amar las artes marciales.

Cada uno giraba alrededor del rol que representaban y aportaban, cada uno a su manera, los diferentes matices y tonos haciendo de su vida una vorágine de diversas emociones que resultaban siendo un bello cuadro enmarcado en una de las tantas casas de Nerima.

La voz de la "madre" lo sacó de sus pensamientos. —¿Podrías cortar esas verduras por mí? –le dijo mientras que cuidaba que el fuego estuviera lo suficientemente alto para poder cocinar. —Sabes, Akane una vez tuvo un amigo al que quería mucho. Siempre le pedía a nuestra madre que le enseñara a cocinar para que pudiera regalárselo pero cuando lo hizo pues… bueno ya sabes como es la cocina de Akane. –se giró y dejó que el agua hirviera. —Siempre podíamos verlos juntos y la mayoría de las veces ella se quedaba en su casa hasta tarde y nuestra madre iba a por ella y casi la tenía que traer a rastras. –contuvo una risita al recordar la cara de enojo que su hermana pequeña siempre hacía. —Casi hasta podría decirse que eran como hermanos. –su voz se fue apagando lentamente mientras que nerviosismo estrujaba el trapo que mantenía en las manos.

—¿Kasumi?

—Esto sucedió hace ya como 12 años y parece que aún le sigue afectando.

—¿El qué? –dejó un lado el cuchillo con el que había estado trabajando anteriormente.

—Enji, así es como se llamaba, tuvo que mudarse a Alemania cuando a su padre lo promovieron. Todos pensamos que ella lloraría sin cesar y que patalearía hasta que se cansara pero no lo hizo. Se encerró en si misma y cuando él se acercó para despedirse, ella se volteó y escondió la cara en las faldas de nuestra madre negándose a verlo. A pesar de la corta edad que contaban, Enji comprendió que no podríamos hacer nada para que ella lo encarara conociendo lo testaruda que ella podía llegar a ser cuando dolida. –

Se giró para poder dejar las verduras en el agua que ahora bullía. —Se despidió de nosotras y caminó hasta donde estaba el carro de su madre que esperaba para llevarlos al aeropuerto y esa fue la última vez que lo vimos. –caminó hasta la vaporera para verificar que funcionara bien y que el arroz estuviera cociéndose a la perfección. Sabía que la máquina funcionaba a la perfección pero de esa forma pudo comprarse un poco más de tiempo para arreglar sus pensamientos. —Pasó tres días sin hablarle a nadie y pocas veces la vimos salir de su cuarto hasta que nuestra madre la enfrentó diciéndole que no había porque estar triste cuando había sido tan feliz con él y que lo único que debería guardar eran las cosas felices.

—Yo… no lo sabía.

—Ella está sufriendo Ranma. –dijo mirándolo con intensidad a los ojos desde que empezó a compartir sus recuerdos. —Ni nuestro padre ni Nabiki y mucho menos yo podemos ayudarle. –se secó las manos con un paño con cuidado antes de tomarlo por el rostro. —Solo habla con ella Ranma, por favor. –cerró los ojos y le besó la frente.

—Acabo de hablar con ella Kasumi. –dijo apartando avergonzado la mirada pero aún manteniendo el rostro entre esas suaves manos. —Me pidió que me quedara pero no puedo hacerlo. El viaje a China me puede quitar la maldición y no desperdiciaré esa oportunidad.

—Lo entiendo. –le dio una delicada palmada en el rostro antes de soltarle. —Gracias.

No entendió porque es que ella le agradecía cuando lo único que había hecho era hacer sufrir más a su hermana. Si por lo menos ella le hubiera gritado y dicho que era un mal hombre por dejarla lo entendería y le pediría disculpas pero no sabía como reaccionar cuando ella le agradecía.

—Ara, ara, mira que si es tarde. Creo que me he atrasado un poco con el desayuno. Ya es tiempo de que vaya preparando todo para que podamos desayunar, después de todo no pueden irse sin desayunar.

—Supongo que debería preparar mis cosas-

Afuera llovía. Los charcos se formaban pacientemente en los huecos del asfalto haciendo ligeras ondulaciones cuando una gota caía en ellos. Nadie salía ya que las vacaciones se encontraban a la vuelta de la esquina y no pensaban enfermarse. No había más sonido que el continuo y sigiloso golpear de las gotas.

Había cosas que no podían ser pospuestas a pesar de que la lluvia impidiera muchos planes. Un viaje gratis a China no era cosa que pudiera desecharse porque el cielo había decidido aliviar su carga.

—Hijo. –dijo Soun Tendo desde atrás suyo sorprendiéndolo haciendo que unos pantalones que pensaba guardar en su mochila cayeran al suelo en silencio. —Quería desearte un buen viaje. –contuvo las lágrimas con esfuerza haciendo que su voz sonara estrangulada. —También quiero informarte que en cuanto regresen tu padre y tú de su viaje podremos celebrar la tan ansiada boda ya que ni Saotome–kun ni yo nos hacemos más jóvenes con los años.

No creo que Akane quiera realizar la boda después de esto. –si le comunicaba al patriarca de los Tendo que es lo que pasaba por su cabeza en ese momento es muy probable que rompiera en llanto para segundos después optar por su conocida figura de demonio mientras que vocalizaba que lo buscaría por todo el mundo para hacerlo pagar.

—Papá, Ranma–kun será mejor que bajen a desayunar o sino solo se hará tarde.

—Es verdad, gracias hija. –se giró sobre sus talones y salió de la estancia silbando animadamente con la fija idea de que pronto ya no tendría que preocuparse por un sucesor de las artes "Estilo Libre" y ya cuando todo estuviera listo podría pedirles un nieto.

Gracias Kasumi.

La estancia estaba sumida en un completo y sepulcral silencio como pocas veces sucedía desde que los Saotome se habían mudado. La escena era casi la misma de cada mañana. Genma manteniendo una posición ataque–defensiva listo para pelear por el último pescado listo para pelear contra su hijo. Apretó los palillos en sus manos tan fuerte que los hizo crujir y se concentró en poder ganar. Lanzó un potente grito antes de "atacar" la comida esperando ver pronto los palillos de su propio hijo. Parpadeó una vez, otra vez y una tercera vez más y no había rastros de oposición. Extrañado, alzó la vista hacia el lugar que ocupada su hijo y lo vio ahí mirando su tazón de arroz sin ningún tipo de interés mientras que tomaba un grano y lo dejaba en otro sitio.

—¿Estás enfermo? ¿Tienes fiebre? ¿Comiste algo de Akane–chan? –dicho esta última pregunta espero que algo hiciera contacto, y fuerte, contra él pero ningún proyectil había sido lanzado contra él. —¿Akane–chan? –no hubo respuesta por ninguno de los dos. Como si estuvieran sumidos en su propia dimensión. —Si no tienes hambre puedo comerme también tu ración. –decidido encaminó sus propios palillos hacia donde aún descansaba intacta la comida de Ranma.

—Ni se te ocurra, ojayi. –era cierto que no tenía mucho apetito pero no permitiría que su padre le arrebatara la comida. Si lo dejaba una vez, bien podría despedirse de su ración por siempre.

—Recuerda que soy tu padre y que me debes respeto. –dijo indignado mientras que amenazaba una vez más con atacar el plato ajeno pero sus intentos se vieron truncados cuando una mano movió el tazón lejos de su alcance. —Pero que hijo tan desconsiderado tengo.

—¿Qué pasa cuñadito, los nervios te encogieron el estomago?

—No es nada. –para probar su punto devoró su comida para después extenderle el plato a Kasumi pidiendo una nueva ración.

—Con su permiso. –dijo Akane levantándose de su lugar recogiendo al tiempo su plato para dejarlo en la cocina. Tal vez lo calentaría cuando tuviera hambre ya que si daba un solo bocado estaba segura de que no lo aguantaría.

—Akane–chan.

—Estoy bien Kasumi.

—Hija, no te vayas. Es hora de despedir a Ranma y a su padre, recuerda que hoy se marchan.

¿Cómo olvidarlo? Hai.

Pasaron unos cuantos minutos más hasta que la hora de desear un buen viaje llegó dejándose sentir pesadamente entre los comensales.

—Ya es hora Ranma. –acomodó su mochila en sus hombros y se acomodó los lentes.

—Aa.

—Por lo menos la lluvia a cesado. –se cubrió el rostro con el dorso de la mano evitando que el aumento de sus gafas le calcinaran los ojos.

—Ranma–kun. –Kasumi le extendía una pesada bolsa. —Es un poco de comida para el camino.

—Gracias.

—Saotome–kun, Ranma. –rodeó con sus brazos a ambos hombres. —Buen viaje. –estaba extasiado de ver que pronto su amigo y su futuro yerno pronto se librarían de sus respectivas maldiciones.

—Gracias Tendo–kun. –contestó el patriarca de los Saotome igual o más emocionado.

—Buen viaje.

—Gracias Nabiki.

—Espero que sepas que tener que decirles a tus demás prometidas que te has marchado tiene su precio.

—Me sorprenderías si no fuera así. –respondió abrazándola.

Ya solo faltaba ella de despedirse y todas las miraran se posaron en ellos dos. Las podían sentir. La situación ya era de por sí bastante incómoda y ahora lo era más teniendo en cuenta los tantos pares de ojos posados en ellos.

¿Es que no puede irse de una buena vez? ¿Tanto necesita que le diga adiós para que se marche? Estoy segura de que no, así que será mejor que se vaya de una buena vez porque no pienso despedirme de él.

Esperaba en silencio a que ella diera el primer paso pero pasados los segundos se dio cuenta de que ella no planeaba hacerlo, era demasiado su orgullo como para hacerlo. —Akane, yo… –pudo sentir como sus músculos se tensionaban, como cada vez que peleaba contra un enemigo fuerte.

—No. –contestó con voz firme mientras seguía con la mirada fija en el pavimento.

—¿Eh?

—Por favor no me digas adiós. –se giró dándola la espalda ocultándole las lágrimas que pugnaban por salir. —Solo no lo hagas.

—Ha… Hai. –se acercó con paso vacilante hasta ella dejando que su boca quedara justo en su oído para poder decirle algo que solo ella era digna de oír. —Lo lamento mucho Akane, es por nuestro bien. –besó su mejilla derecha notándola húmeda.

Se alejó de ellos mochila en hombros ignorando las implorantes miradas de los demás. —¿Nos vamos?

—Eh… sí. –contestó Genma corriendo para poder alcanzar a su hijo que ya se encontraba más alejado del lugar de su partida.

Los vieron partir por el mismo camino de cuando llegaron pero esta vez no era un panda gigante ni una mujer pelirroja que llegaban a instalarse a un hogar desconocido sino que eran dos hombres en busca de enderezar sus destinos.

—Me voy a mi cuarto. –dijo ocultando el rostro bajo sus flecos. Si alguien la veía bien podría decir que eran gotas de lluvia a pesar de que no estuviera lloviendo ya.

—Parece que la historia es una rueda que repite el mismo patrón. Esto es como ver cuando Akane tenía 6 años la vez en que Enji se despidió.

—No es así Nabiki. –replicó Kasumi aun sonriente.

—¿Qué dices?

—Que la historia no se repite porque estoy segura de que Ranma regresará.

.:. Continuará .:.


Momento cultural:

Etto: Este…

Gomen ne: Perdón.

Baka: Idiota, estúpido.

Wakatta: Entiendo.

Ranma no baka: Ranma eres un idiota XD .

Oe: Oye.

Bakamono: Idiota.

Kuso: Mierda.

Okama: Travesti.

Anō: Este… Eh…

(¹): Dicho Oriental.

Wakatta: Entiendo.

Matte: Espera.

Onegai: Te lo ruego.

Ojayi: Manera irrespetuosa de decir papá, es algo así como viejo.


Este es mi primer FF de Ranma ½ así que sean condescendientes con sus reviews. Siempre quise hacer un fic de esta pareja pero la inspiración nunca llegaba y fue hasta ahora que por fin he tenido la suficiente imaginación y ganas para terminarlo.

Espero sus comentarios ya que eso me animará o a terminar de escribir los demás que están en proceso o solamente dedicarme a los de InuYasha.

Muchas gracias por haberse tomado el tiempo de leer y por favor no olviden dejar su comentario ya sirven mucho aunque ustedes no lo crean. Solo presionen el botón GO! que está en la parte de hasta abajo a la izquierda, es un botoncito morado XD!

Atte.

Mussainu

Primer capítulo finalizado el 27/05/08 a las 12:27 am