Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, esta historia es sólo para divertirnos y sin fines de lucro.

Dedicado a ti, mi querido lector, que has sido paciente, esta vez hagamos la promesa de cuándo nos leeremos nuevamente al final del capítulo.

Hechizo Nocturno

Capítulo 1. Indirectos Encuentros

Naruto inhaló profundamente deleitándose con la variedad de aromas mientras caminaba por las calles de su aldea. Era tarde y los comerciantes se encontraban guardando sus mercancías. Otro día había terminado, ¡era increíble lo rápido que pasaba el tiempo! Lo fácil que los días sucedían.

Justo estaba regresando de otra exitosa misión rango B, la verdad, a pesar de que no tenía permitido alejarse demasiado de la aldea, sus números de misiones completadas no estaban nada mal. En esa ocasión el equipo fue compuesto además por Sakura, Sai y Lee. Le gustaba trabajar con ellos y, aunque amaba Konoha, la soledad siempre lo invadía al salir de la oficina de la Hokage luego de darle el reporte porque ahí era donde se separaban usualmente. Todos se apresuraban a regresar al lado de sus propias familias. Aunque, bueno, Sai tampoco tenía familia, pero seguía siendo raro entre los raros, no importaba cuántos libros sobre socializar leyese. El punto era que Naruto estaba solo. Siempre solo. Se había aferrado a la posibilidad de prolongar la compañía de sus compañeros un poco más y los invitó a todos a cenar al Ichiraku. Primero intentó sacarle una cita a Sakura, en honor a los viejos tiempos en los que la invitaba a salir a la mínima oportunidad… de cierta forma era un alivio que Sakura siempre hubiese rechazado su afecto, al menos eso les permitió desarrollar la amistad que ahora tenían. Naruto sonrió al recordar lo tonto y patético que fue cuando niño. Consideraba que ya había superado su enamoramiento infantil y en su lugar ahora amaba a Sakura con un cariño fraternal. Ojalá ella pudiera algún día lograr lo mismo. Regresando al presente, en honor a los viejos tiempos y para no perder la costumbre, Sakura volvió a rechazarlo olímpicamente, todos rieron, Naruto extendió la oferta al resto del equipo, pero sólo obtuvo negativas con promesas de que la próxima vez sería. Él los llamó perdedores con sobreactuada indignación, se dio media vuelta y fue a buscar su merecido tazón de ramen, ¿qué más daba? Más para él.

El viejo Teuchi y Ayame siempre tenían tiempo para escuchar sus anécdotas, o eso era usualmente. No esta noche. Desde que habían remodelado el pequeño puesto de ramen en un restaurante familiar era usual que grandes grupos de personas reservaran los privados para llevar a cabo reuniones personales o de negocios, esa noche el restaurante estaba a reventar. Naruto se hizo con un lugar en la barra y el viejo le sirvió una ración extra de cerdo como disculpa y con la promesa de que la próxima vez con gusto escucharía sobre cómo le había ido en su misión. Naruto se esforzó por sonreír, le dio las gracias por su generosidad y se dispuso a disfrutar sus sagrados alimentos.

No importaba si estaba solo, el ramen del Ichiraku siempre sabía delicioso.

Después de cenar, Naruto decidió que todavía no quería regresar a su departamento, así que enfundó las manos en sus bolsillos y deambuló sin rumbo por las ya casi desiertas calles de su aldea. Luego de un rato, comenzó a dudar si había sido lo mejor, pues ahora su mente estaba divagando a rincones tan oscuros como el callejón que acababa de pasar de largo. Había logrado mucho de lo que se había propuesto, ahora estaba rodeado de personas que lo estimaban, ya había dejado de ser el paria de la aldea desde hacía mucho tiempo, ahora era hasta respetado y algunas personas lo saludaban en la calle con admiración. Se había ganado su lugar… sólo conservaba una meta que deseaba en verdad y todavía no estaba a su alcance: Sasuke.

Su amigo. Su hermano. Su rival. Siempre estaba en su mente el recuerdo de la promesa que tenía pendiente.

Había entrenado con todas sus fuerzas y le suplicaba constantemente a Tsunade que lo dejara ir en su búsqueda. En los años que Sasuke llevaba fuera de la aldea, ningún equipo asignado a la tarea había sido capaz de encontrarlo, sólo contaban con reportes de avistamientos, por lo que sabían que vivía.

Naruto detuvo su caminar, se encerró tanto en sus pensamientos que sus piernas lo llevaron a un lugar que definitivamente no estaba en los alrededores de su casa. Observó el paisaje, no parecía haber nadie en las cercanías, ni se molestó en comprobarlo, estaba en una especie de bosquecillo y más delante estaba un arroyo, cercano a la orilla había una pequeña área de juegos compuesta por un sube y baja, una resbaladilla y tres columpios, en el centro había un jardín circular de con algunas flores de temporada. Dirigió su vista hacia el cielo para encontrarse con un centenar de resplandecientes estrellas y una pálida luna llena, la noche era sin duda hermosa. Trepó hasta lo alto de un árbol y se dedicó a contemplar el paisaje nocturno un rato, por lo menos haría eso hasta que le diera un poco de sueño, el lugar le pareció sumamente relajante.

Se quedó dormido.

Cuando despertó ya era muy entrada la noche y un suave viento frío corría por todo el lugar, a la orilla del río se distinguía la silueta de una persona recostada sobre la hierba.

Naruto bajó del árbol y se fue a su casa.

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Hinata encontraba paz en la oscuridad bajo el cielo nocturno. Escuchó que la única otra persona en el parque se alejaba de ahí con pasos sin prisa. Aprovechando la privacidad, retiró la máscara de su rostro que la identificaba como ANBU y se soltó el cabello esparciéndolo desordenadamente sobre el pasto, su identidad como miembro del escuadrón especial no era secreto mientras estuviese en los terrenos de la aldea, sin embargo, seguramente daba una imagen muy poco digna de la que se suponía debía proyectar en todo momento. Pero nadie estaba viendo así que nadie le reprocharía. La brisa nocturna le acarició la piel descubierta, sonrió al recordar brisas más gélidas en las montañas, casi podía escuchar el aullido de los lobos dedicándole poemas a la luna llena. Casi podía sentir que corría descalza con ellos.

Recordar esos tiempos la hacía feliz. Le ayudaba a soportar.

A eso se había reducido su vida, a aguantar. Los años pasaban, su camino ninja había cambiado, aunque en la actualidad podría ser considerada como alguien "fuerte", la verdad era que no sentía que hubiese podido avanzar pues el poder que necesitaba no era uno que hubiese logrado conseguir. La sombra de la niña patética que era seguía ahí. No importaba cuánto entrenaba, nunca era suficiente. No importaba cuántas misiones completaba, a pesar de sus hazañas, la mancha de la deshonra seguía ahí. Se sentía asfixiada. Estaba ahí para recargar energías, pero sus visitas al parque no estaban siendo tan reparadoras como al principio. Necesitaba volver a las montañas. Necesitaba encontrarse a sí misma otra vez. Sabía que todo era debido a la fecha, siempre había melancolía al inicio de la primavera porque era el aniversario de la pérdida de la mujer que cambió su vida.

–La noche es mi hogar, la luna mi fortaleza. –Murmuró despacio, preguntándose internamente si todos estaban bien. Las Montañas de la Luna eran su verdadero hogar… pero estaban tan lejos, y ella estaba atada a Konoha, sin oportunidad de poner en marcha su plan para ser libre.

Suficiente.

Suspiró sonoramente, ya era suficiente de compadecerse a sí misma. Estaba bien. Iba a salir adelante. Sólo era un mal día. Dejó que la noche y el viento arrastraran sus tribulaciones. Ella era Hinata, la noche era su hogar y la luna su fortaleza.

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Ese parque era un lugar extraño, el flujo de energía era diferente ahí que en el resto de la aldea, tal vez por eso Naruto no podía evitar regresar, le recordaba en demasía al País de los Sapos, la geografía estaba mal… pero la atmósfera… era sumamente tranquilizante. Era extraño que fuese un lugar tan poco frecuentado, apenas si había coincidido con otra persona mientras pasaba tiempo ahí, o tal vez era la hora, quizá debería intentar ir durante el día. Él siempre iba bien entrada la noche.

Estaba a punto de llegar cuando escuchó risas provenientes del parque, una risa dulce y melodiosa que era como campanillas en sus oídos, hacía cosquillas y le sacó una sonrisa, mimetizó su chakra con la naturaleza, para acercarse sin molestar a quien fuera que se divertía. Había una figura que se balanceaba animadamente en uno de los columpios, a una velocidad un tanto… extrema. La silueta le daba la espalda, se trataba ciertamente de algún adulto delgado, una chica, él se acercó todo lo que consideró prudente, sin retirar la técnica que lo mantenía camuflado, quedándose bajo uno de los árboles. Sentía un extraño picor en los pies que lo instaba a subirse a un columpio y comprobar si en verdad era tan divertido como parecía. Él siempre prefirió las resbaladillas cuando niño. Le entró la duda sobre si los columpios serían mejores.

La chica echó la cabeza hacia atrás y él abrió la boca por la sorpresa de ver la máscara de un zorro blanco, ¡era una ANBU!, para Naruto todos los ANBU eran ninjas que se tomaban con mucha seriedad su trabajo y trataban de suprimir sus emociones todo el tiempo, como Sai por ejemplo; pero esa joven no, ella parecía hacer todo lo contrario.

Ella se enderezó al tiempo que estiraba la mano derecha hacia el cielo, como queriendo tomar una estrella, había algo en el gesto que lo conmovió, ¿quién de niño no había hecho lo mismo? Justo en ese momento el columpio alcanzó el punto de altura máxima y la joven saltó con fuerza, fue un salto magnífico, pero lógico es, que no cumpliría el aparente plan de alcanzar las estrellas del cielo. Lo inevitable llegó, la fuerza de gravedad se hizo presente, el delicado cuerpo de la chica comenzó a caer, en un principio pareció que no haría nada, Naruto se alarmó, una caída de esa altura dolía y dolía mucho, no obstante, cuando la joven se encontraba a escaso espacio del suelo dio una ágil voltereta y aterrizó con gracia en el piso, ni siquiera hizo ruido. Él dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo, por supuesto, era una ANBU, debía de ser una kunoichi sobresaliente que no podría lastimarse tan fácilmente.

Después de su aterrizaje, la chica todavía tenía mucha energía, rápidamente se puso de pie, su mirada se clavó en el punto donde él se encontraba, se puso nervioso, su técnica seguía activa, ¿verdad?, era un camuflaje nivel ermitaño, nadie en Konoha debía ser capaz de detectarlo… ¿Lo estaba viendo? Era difícil decirlo con la máscara. La ANBU se dirigió hacia donde había dejado su mochila, la tomó y, contrario a lo que él había asumido, corrió en dirección del arroyo. Sostenía algo plateado y alargado que resplandecía en su mano. Uff, no lo había visto.

La ANBU se puso en el centro del agua, el objeto plateado resultó ser una flauta transversal, comenzó a tocar una melodía que él no conocía, no que fuese un conocedor en esos ámbitos tampoco; el aire se vio envuelto con los dulces sonidos de la flauta, en ese momento las estrellas y la luna parecieron brillar con más intensidad, como si mostraran interés en lo que ocurría ahí abajo. Se preguntó cómo podía tocar sin quitarse la máscara; ese sonido podría embelesar a cualquiera, en ese momento todo desapareció, en su mente sólo estaba la chica de cabellos oscuros tocando la flauta, era un sonido mágico…

Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente ocurrió cuando el agua del arroyo comenzó a saltar en sintonía con la música, podía sentir el chakra fluyendo en las gotas, era una técnica… en otro momento tal vez habría pensado que se trataba de algún truco de magia. Porque todo era hermoso. El agua giraba a su alrededor como si hubiese cobrado vida, en movimientos rítmicos y estéticos. En algún punto la ANBU se soltó el cabello, lo tenía muy largo, era lacio y le caía por la espalda, brillaba azulado con los rayos de la luna. A Naruto el corazón le latió raro. Comenzó a sentirse avergonzado por espiarla, y a su mente vinieron los recuerdos de aquella hada que había visto una noche danzando desnuda en el agua de un lago mientras estaba de misión.

Era malo recordando cosas, pero todavía recordaba al hada de su infancia, cuando estaba de misión y había agua cerca del campamento, él se levantaba en las noches, con la secreta esperanza de volver a verla. A veces hasta soñaba con ella. Era algo tonto.

El espectáculo continuó, y sin hacer ruido él se acomodó para admirarlo, la ANBU giraba y saltaba de aquí para allá en compás con el agua, su control de chakra era impresionante, podía decir lo mismo de su respiración, puesto que el sonido de la flauta no titubeó a pesar de lo activo de sus movimientos corporales. Al principio creyó que se trataba de una técnica del elemento agua, pero luego se dio cuenta de que eso era un ejercicio muy interesante de control de chakra. Minutos después la chica hizo una reverencia a alguna audiencia invisible en una dirección opuesta a su ubicación.

Y desapareció en un remolino de gotas.

Naruto se quedó parpadeando un rato. ¿Estaba dormido o despierto? Todo había sido tan… fantástico. Se aseguró que la ANBU era real, que no se había desvanecido, sino que usó el jutsu del cuerpo parpadeante para ir a otro lugar. Pero estaba entusiasmado. Amaba el ninjutsu y se preguntaba si él también sería capaz de hacer que se viera así de genial. Nunca se le había ocurrido, y en su mente comenzó a pensar en ideas divertidas. Él era bien llamado el ninja número uno en sorprender a otros, sus técnicas eran potencialmente devastadoras, pero no estaba seguro de si eran visualmente impresionantes. Le encantaban los espectáculos.

Tenía que arreglar eso, de todos modos, no tenía sueño. Se puso de pie y se dirigió al campo de entrenamiento que tenía asignado, hizo un par de clones y se sentó a verlos en acción. Los clones estaban entusiasmados, a ellos también les gustaba verse bien. La naturaleza del chakra de Naruto era tipo viento… resultó ser una decepción que el viento fuese invisible. A un clon se le ocurrió hacer un Rasen Shuriken y prenderlo en fuego, lo intentaron, pero tenían que hacer girar el viento a una velocidad tan rápida que no permitía mantener el fuego, y si lo hacían más lento, la técnica no resultaba. Lo intentaron con otros elementos, pero no resultó.

Algo se le tenía que ocurrir.

Hizo más clones y pasaron el resto de la noche entrenando.

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Sakura salió corriendo del hospital, se le había hecho tarde terminando algunos pendientes y era la hora de entrenar con su equipo. A medio camino se encontró con Sai, quien iba caminando despreocupadamente, el chico le explicó que de todas formas aún faltarían como dos horas para que Kakashi hiciera acto de presencia, sugirió que incluso tenían tiempo de ir a comprarle un café para que ella no resintiera tanto el entrenamiento luego de una noche de guardia atendiendo pacientes. Ella aceptó la oferta. Sai era un chico raro, pero poco a poco se fue ganando su lugar en el equipo 7.

Naruto ya estaba en el campo de entrenamiento y por el escándalo, ese día se había levantado con mucha energía. Sakura tuvo que tomar un trago considerable de su café para comprobar que sus sentidos no la engañaban.

–¿Está… bailando? –Preguntó con incredulidad mientras tomaba otro generoso sorbo.

–Pues… –musitó Sai. –Yo diría que está invocando un demonio. No sabía que era satanista.

Ante ellos un ejército de clones se movían en una coreografía… ¿muy mala? Era como un mal show de ballet y los clones se instaban a saltar más alto, a girar más deprisa, a empeorarlo todo, en su humilde opinión.

–Qué espanto. –Comentó Sai en voz alta. En eso el Naruto original los vio y se acercó a ellos sonriendo de oreja a oreja.

–¡Chicos! ¿Qué les parece? –Exclamó animadamente.

–¿Qué cosa? –Preguntó Sai, como si no hubiese visto nada. Sakura optó por fingir demencia y se concentró en su café, qué bueno que se había comprado el vaso más grande.

–Mi nueva técnica. –Dijo Naruto como si fuese lo más obvio del mundo. Sai golpeó un puño contra la palma de la otra mano en actitud de que había entendido todo.

–Ya veo, quienquiera que vea esto seguro corre en dirección contraria, es algo muy sabio evitar conflictos. –Señaló el antiguo ANBU. –Y si no corren, seguro se mueren de la risa.

–¿De qué hablas? –Ahora Naruto estaba confundido.

–Naruto, ¿qué es exactamente lo que pretendes que esta técnica logre? –Decidió intervenir Sakura, todavía sin comprender qué estaba pasando.

–Pues que todos queden maravillados, claro.

Sai ni se molestó en contener la risa. Naruto comenzó a gritarle que si de qué se reía. Sai contestó que era lo más patético que había visto en la vida. Naruto intentó golpearlo pero no conectó y eso sólo hizo que Sai se riera con más fuerza. No era una risa de diversión, sino burlesca y provocadora. Todo terminó cuando Sai hizo un ave de tinta y voló tan alto que quedó fuera del alcance de Naruto. El rubio frunció el entrecejo y comenzó a murmurar cosas para sí.

–La próxima vez le hablaré y pediré su opinión. –Creyó escuchar Sakura.

El comportamiento de Naruto era un tanto inusual, pero ella se sintió feliz. Los dos habían crecido muy rápido, los dos habían cambiado tanto, ahora su compañero se tomaba las cosas con más seriedad y no sonreía con la misma naturalidad de antes. Seguía corriendo tras la sombra de Sasuke. Era definitivamente refrescante que se relajara de esa forma. Quería decirle que todo estaba bien, que ya no tenía que cumplirle la promesa de traer a Sasuke de vuelta… pero no se atrevía, una parte de ella todavía lo quería de regreso; le faltaba valor para decir en voz alta que estaba dispuesta a dejarlo ir. Le habría gustado tener ese tipo de fuerza.

Naruto comenzó a preguntarle por su turno en el hospital y ella regresó a la realidad.

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La suerte de Neji cambió desde que perdió en la semifinal de sus primeros exámenes chuunin contra Naruto Uzumaki. La vida comenzó a sonreírle desde entonces. Hiashi lo había tomado como su discípulo, y lo entrenaba como si no hubiese un sello en su frente. El líder dijo que el genio de los Hyuuga debía ser tratado como tal, y nadie alzó la voz para contradecirlo. Era el miembro de la familia secundaria con la mejor posición dentro del clan.

Esa tarde estaba entrenando con Hiashi cuando la puerta de la sala de entrenamiento se abrió y su prima entró a la sala, arrodillándose con la rodilla derecha, manteniendo la cabeza agachada, y se quedó en esa posición. A Neji le dolía que hiciera eso, pues era una conducta propia del Bouke, Hinata seguía siendo de la familia principal. Seguía siendo la heredera. Sin embargo, en algún punto ella y Hanabi habían cambiado los roles, y nadie dijo nada al respecto, a ella la seguían llamando heredera, pero a la que trataban como tal era a la menor de las hermanas. Hinata era una criatura amable… qué ciego había sido antes. Daba gracias todos los días porque ella no le guardó rencor y porque fue magnánima como para permitir que los dos tuviesen una buena relación. A pesar de todo lo que hizo en el pasado, ella lo llamó su familia. Neji admiraba eso en su prima.

En la sala sólo estaban ellos tres, pero Hiashi no reconoció la presencia de su hija y le ordenó a Neji que continuara la práctica de las formas de combate cuando él se detuvo al entrar ella. Él obedeció. El tiempo pasaba y se sentía mortificado de que su prima permaneciera arrodillada, pero terminó la forma sin apresurarla, sin cometer errores. Hiashi lo felicitó.

–¿Dónde estabas? –Preguntó el líder sin molestarse en ver a la chica, cuando era obvio que la pregunta iba hacia ella.

–En el bosque. –Contestó ella, despacio y sin levantarse, todavía no le daban permiso de hacerlo.

–Perdiendo el tiempo, supongo. –Dijo Hiashi, más para él mismo, con tono desaprobatorio. Se hizo un silencio incómodo. Neji hubiese querido que la mirara, que se diera cuenta que estaba sucia y con algunos mechones de cabello fuera del recogido, que a todas luces parecía que había estado entrenando. Hinata no se defendió. Nunca lo hacía. Y él no la defendió. Nunca nadie lo hacía. –El entrenamiento de Neji ha resultado provechoso y eso le brinda honor al clan, hace mucho que no tienen una pelea de entrenamiento, enfréntese ahora. –Ordenó.

–Temo no ser una oponente digna para Neji-niisan. –Dijo ella sin alzar la voz. Neji vio la cólera en los ojos del líder.

–Nadie pidió tu opinión, obedece las órdenes que recibes. –Sólo con ella usaba Hiashi ese tono de voz.

–Como desee, Hiashi-sama. –Contestó al tiempo que se ponía de pie y caminaba para tomar su posición en el área de combate.

Hiashi-sama. No siempre había sido así, ¿cuándo dejó ella de llamarlo padre?

–No me decepciones. –Dijo el líder, esta vez no estuvo claro a cuál de los dos se lo decía, Hinata cerró los ojos como si las palabras la hubiesen herido, porque así fue. Las palabras eran para él. Había orgullo en ellas.

–Hinata-sama… –Dijo con preocupación por lo bajo.

–Byakugan. –Su prima hizo los sellos para activar su barrera de sangre y él hizo lo propio.

Fue Hinata quien atacó primero. Pero no conectó. Ninguno de sus golpes lo hizo. Eran predecibles, débiles, no había en ella espíritu de combate. Neji se permitió estudiar el rostro de su tío: "mediocre", era lo único que había ahí. ¿En verdad eso era todo? ¿En qué momento la dejó tan atrás? Sabía que si no la atacaba Hiashi lo castigaría, había hecho eso en un combate previo y el líder no le dirigió la palabra por un mes. La vida le sonreía, sí, pero tenía que esforzarse para que siguiera siendo así.

Inició la secuencia para los Ocho Trigramas Sesenta y Cuatro Palmas, aquí fue donde la primera anomalía ocurrió, parecía que sus ataques conectaban, pero no lo hacían. Los movimientos de su prima se enlentecieron, pero los ataques de Neji no la habían tocado, estaba seguro de ello. Estaba actuando.

–¡Hakke kusho! –Exclamó Neji.

Esa fue la segunda anomalía, la postura de su prima cambió, ya no era la postura Hyuuga sino una muy similar, de sus dedos salieron unos finísimos hilos de chakra y logró desviar el ataque. Continuaron intercambiando golpes, los de Hinata que alcanzaban a conectar ni siquiera dolían, como si ella retirase el recubrimiento de chakra de sus palmas en el instante en el que lo tocaban y lo restituyera en el microsegundo siguiente. En otro punto del combate, Hinata salió despedida en dirección contraria y su cuerpo produjo un sonido muy feo al chocar contra la pared. Neji se alarmó, pensó que iba a bloquear ese ataque, lo había bloqueado antes sin problema. Su prima no se levantó.

–Es suficiente. –Dijo Hiashi-sama. Neji desactivó su Byakugan y se apresuró a checar el estado de Hinata, pero ella ya se estaba poniendo de pie no sin algo de dificultad, y lo reverenció como el vencedor del encuentro.

–Te haces más fuerte con cada día. Ánimo con tu entrenamiento, Neji-niisan. –Lo felicitó ella por lo bajo, con una sonrisa discreta. Neji se sintió mal. Se estaba quedando con mucho de lo que por derecho de nacimiento era de ella. No lo merecía.

–Hinata, eres demasiado débil, sigue siendo un misterio cómo es que llegaste a ANBU, los rumores deben ser ciertos, estás ahí por mérito de tus compañeros y no propio. Me avergüenzas… Se te han tenido muchas consideraciones, o pruebas tu valía o serás sellada.

Hinata hizo contacto visual con el líder por un instante, sólo había tristeza en ella. El líder le ordenó retirarse, ella hizo una reverencia y salió de ahí sin decir más. Hiashi se había quedado de mal humor.

–Buen combate, Neji, la próxima vez te daré a un oponente digno.

–De casualidad… ¿no notó nada extraño? –Aventuró a preguntar. –¿Como si Hinata-sama no hubiese peleado en serio?

Hiashi negó.

–No busques justificarla, lo vi todo, no pudo seguirte el ritmo, eso es todo. Quise creer que había mejorado luego de su ascenso a ANBU, pero no es el caso. El entrenamiento termina por hoy.

El líder se puso de pie y abandonó el recinto.

Neji no podía dejar de pensar que ahí había algo mal.

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Hinata se desperezó en la hierba. Otro día difícil. Tenía todo el parque para ella sola, dejó que la energía de la naturaleza hiciera su trabajo en calmar su mente. Los ojos severos de Hiashi sólo se habían vuelto más fríos con el paso del tiempo, pero eso era parte del plan, no importaba lo mucho que todavía dolieran. Cuando era niña se esforzó por complacerlo en todo, aunque siempre cometió errores, y él perdió la fe en ella. Ella también perdió la fe en sí misma y fue algo que él no se molestó en reparar. En este mundo estás muerto una vez que dejas de creer en ti mismo. Dejó de llamarlo padre cuando Kurenai-sensei fue a verlo por primera vez para explicarle los riesgos de las misiones que tomarían en el recién formado equipo 8 y Hiashi contestó que le daba lo mismo si ella vivía o moría. Ella lloró sus palabras por semanas.

La luna estaba en cuarto creciente, era una fina sonrisa en el cielo nocturno, dejó que las emociones de la Mansión Hyuuga salieran y evocó en su mente la paz de las Montañas de la Luna. Encontró su centro en la meditación nocturna. Al día siguiente saldría de misión y a esas se debía ir con la mente en calma.

Una vez sintió que estaba en paz otra vez, se levantó y se fue a su casa. Todas las luces estaban apagadas, su ausencia pasada por alto. Serían tal vez las dos de la mañana cuando de un saltó llegó a su balcón y deslizó la ventana para entrar. En la penumbra de su habitación, subió la guardia y acarició un kunai en su bolsillo al ver una figura de brazos cruzados recargada en la pared junto a su cama.

Oh-oh.

Notas de la autora:

Probablemente no lo recuerdan pero ¿les gustó la edición? A mí sí. No planeaba compartirlo todavía pero tal vez ayude a alguien a distraerse un rato de los problemas actuales del mundo. El siguiente capítulo será publicado mañana sábado 21 de marzo 2020 y así será sucesivamente hasta el noveno capítulo; una vez ahí, la fecha de la siguiente actualización vendrá al final de las notas. Gracias por la oportunidad.

Siguiente capítulo: La verdad.

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Repaso de honoríficos. En Japón acostumbran usar "honoríficos" al final de los nombres de las personas, se supone que usar el nombre "al desnudo" es algo muy íntimo que sólo se hace con un selecto grupo de personas o con nadie. Chan usualmente es usado con las chicas aunque a veces se usa con los chicos, denota amistad o cariño o cercanía; se usa para las menores o las que son de tu misma edad o muy allegadas. Kun este suele ser usado al final de los nombres de los chicos, es muy similar a Chan, aunque a veces también se usa al final de los nombres de las chicas a las que eres cercano sin ser demasiado cercano (pero esto es sumamente raro). San es el más habitual, denota respeto o que no eres tan cercano a la otra persona, es muy cordial. Sensei significa "nacido antes", es el que se usa con los maestros o las personas que por su profesión "saben mucho" como doctores, abogados, autores, etc. Sama es uno de los más formales, se reserva para los jefes o clientes importantes o personas en cargos superiores a quienes se les brinda el respeto máximo; mi profesora japonesa de japonés nos contó en una ocasión que a ella no le gustaba, porque era como poner a la otra persona "a la altura de un Dios" pues se usa para referirse a personas que están por encima de ti. Existen más honoríficos pero no los usaremos aquí.