Capítulo 12. Romper cadenas.

Naruto se atuvo a su palabra, sólo pedía su compañía. Ella se sentía bien cuando él estaba cerca. Si se encontraban en la calle, caminaban juntos, entraban a alguna cafetería o iban al parque o al Ichiraku. Le enseñó las cosas nuevas en la aldea, ¡sí que estaba cambiada!, pero esta vez él no mostró segundas intenciones, ya no esperaba convencerla de que dijera en voz alta que se quedaría en Konoha ni volvió a sacar el tema de sus planes de marcharse. Era fácil que todo le gustara cuando él estaba ahí.

Entrenaron juntos en un par de ocasiones, usaban el campo de entrenamiento del equipo Kakashi, cuando Naruto usaba ninjutsu era imparable, pero ella era la Estrella de Plata, así que daba pelea y no la vencía con facilidad. Era divertido entrenar con él. Era fácil reír cuando él bromeaba y hacía el tonto.

Llevaba ya un mes en Konoha, en todo ese tiempo no fue llamada a la presencia del líder, así que no lo había visto en realidad desde su regreso pues no era correcto ir a visitarlo si no era invitada primero.

Estaba en compañía de Neji, recorriendo los pasillos de la mansión, habían quedado para tomar juntos el té cuando un familiar cabello rubio captó su atención al otro lado de la ventana. Se detuvo en seco. ¿Qué hacía Naruto caminando con el líder en el jardín de la familia principal?

—Neji-niisan… —Con discreción señaló en dirección de los otros dos, los veían desde el segundo piso, así que era poco probable que los notaran.

—Ah, Hiashi-sama debe de haberlo invitado a tomar el té otra vez.

—¿Qué? —Hinata tuvo que posar una mano en la pared para apoyarse a algo.

—¿Hinata-sama? ¿Se siente mal? —Neji no le creía del todo cuando le decía que ya estaba recuperada y hacía un escándalo cuando él consideraba que ya debía descansar o que se estaba extralimitando… seguía tratándola como si estuviera enferma.

—A mí nunca me han invitado a tomar el té. —Murmuró mientras analizaba al inusitado par que caminaba cómodamente en el jardín, ¿de qué estarían hablando?, ¡el líder estaba a punto de sonreír!, Naruto se desenvolvía con una familiaridad inesperada en el estricto ambiente Hyuuga.

—Pero va a tomar el té conmigo. —Se apresuró a consolarla Neji.

—Yo te invité a ti. —Murmuró deprimida.

—¡Y podemos tomarlo mañana también! Yo la invito. —Ofreció nervioso. Mientras tiraba de su manga para apartarla de la ventana.

Naruto de alguna forma conseguía lo imposible, no era rival para él. Haberse ganado la confianza… el honor de ser invitado a beber el té con el líder del clan Hyuuga… fue algo con lo que ella soñó toda su infancia. El chico había vuelto a sorprenderla.

Estaban tomando el té a la sombra de un roble cerca de la zona de entrenamiento de la familia secundaria cuando el tío Hiyoshi llegó a decirle a Neji que era requerido porque ya habían terminado de tomar el té y Hanabi iba a entrenar otra vez con Naruto.

—También lo invitaron a entrenar… —Murmuró apesadumbrada a su taza de té, Neji logró escucharla. Al parecer Naruto conseguía con facilidad lo que para ella era imposible. Suspiró resignada, el rubio era especial, no debía sorprenderla tanto que su presencia agradase a la familia principal. Ya no era algo que ella particularmente deseara pero… era extraño.

—Tal vez debería quedarme con usted. —Ofreció Neji.

—Has sido requerido, no hagas que el líder espere. Vete ya. —Habló con firmeza mientras se llevaba la taza de té a los labios. Neji le hizo una reverencia, lo mismo que Hiyoshi antes de marcharse.

Terminó su taza de té y miró al cielo, era azul brillante y hermoso, pero no era el azul que ella amaba. No era del tono que se veía en las Montañas… volvió a suspirar. El sol ya estaba bajando, tal vez debería ir al bosque a entrenar también. Los matices del atardecer que pronto colorearían las nubes tampoco serían como los de su querido lugar especial.

Y las estrellas ya casi ni se veían en Konoha con las luces de las renovaciones más modernas de la aldea.

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No estaba seguro de por qué el líder lo mandó llamar. Naruto lo saludó animadamente, siempre sería un escandaloso, y le parecía inverosímil que el estoico Hiashi Hyuuga no desaprobara ese derroche de energía.

—¿Eh?, ¿Hinata-chan no va a venir? —Preguntó Naruto cuando vio que él llegó solo, como si ya hubiera sabido que Neji y ella estaban juntos.

—Su presencia no es necesaria, pueden empezar a entrenar. —Se limitó a decir Hiashi, el rubio se encogió de hombros, de pronto se veía aburrido, y fue a esperar a que Hanabi terminara de calentar.

Los entrenamientos entre Naruto y Hanabi no cambiaron mucho con el paso de los meses. Hanabi se ganó el grado de chuunin en su segundo intento y había mejorado sustancialmente, era una hija digna del Souke que exhibía habilidades que brindaban honor a la familia, pero su velocidad no era suficiente como para hacer que Naruto cambiara la estrategia que adoptó desde el primer día con ella, ya lograba golpearlo ocasionalmente, pero el chico tenía una tolerancia impresionante a los ataques del puño suave. Era una cualidad con la que Neji no se había topado en ningún otro oponente. Naruto continuaba volviéndose un shinobi cada vez más formidable conforme pasaba el tiempo, y lo hacía a una velocidad inverosímil. No parecía que el rubio hubiese alcanzado la cúspide de su inmenso potencial aún. Usualmente Naruto se ponía pesado y provocaba a Hanabi, en esta ocasión no había interés alguno de su parte. Hanabi siempre se frustraba por lo difícil que era entrenar de esa forma.

—¿Qué opinas de esos dos, Neji? —Preguntó el líder sin apartar la mirada del encuentro. Neji no estaba seguro de cuál respuesta deseaba su tío.

—Me temo que no comprendo la pregunta, Hiashi-sama.

—Hanabi ya tiene dieciséis años, es imperativo buscarle un compañero. Naruto-san tiene un futuro prometedor y sus opiniones respecto al mundo son sensatas, tiene un carisma extraño, tampoco he encontrado en él actitudes cuestionables y las dos ramas de la familia lo aprecian. Han pasado años desde que visita esta casa con regularidad y no parece que haya encontrado una mujer especial todavía, así que es viable hacerle una proposición. El Consejo lo ve con buenos ojos y a mí me parece un buen candidato.

¿Naruto con Hanabi? A él eso le sonaba a tragedia. Su prima perdía la paciencia con facilidad y mostraba emociones cuando el rubio estaba involucrado, pero Naruto… no parecía disfrutar concretamente su compañía.

—Naruto es un idealista… no me parece el tipo que acepte un matrimonio arreglado. —Habló con discreción. Hiashi asintió.

—Pensé lo mismo. Lo invitaré con mayor frecuencia y haré que pasen más tiempo juntos antes que nada. No esperaba encontrar un candidato mejor que tú, pero sigo interesado en él.

Neji se giró en dirección de su tío, aún arrodillado, puso las manos frente las rodillas y agachó la cabeza hasta que casi tocó el suelo.

—Sólo soy un sirviente. Jamás me atrevería. —Expresó. No era estúpido, desde hacía años estaba enterado de que era candidato para desposar a la futura matriarca del clan. Pero él no deseaba hijos ni tomar esposa, no soportaría que su descendencia cargara también con el peso del sello, Hinata hizo una excepción con él pero no podía pedirle más. Siempre sería un sirviente y ya tenía en quién deseaba depositar su lealtad.

—Lo sé, eres fuerte pero careces de carácter. Eso te hace un buen soldado y nada más. —Señaló el líder. No se atrevió a levantar la cabeza sino hasta después de que el líder le ordenara seguir viendo el combate, pero apenas y pudo poner atención. El tiempo de Hinata se estaba acabando, desde el regreso de su prima no había escuchado mención alguna de ella por parte de Hiashi, como si ya se hubiese olvidado de la mayor de sus hijas por completo. Estaba comenzando a temer por su bienestar.

El encuentro terminó con una Hanabi exhausta y un Naruto desinteresado.

—¿Qué opinas de los progresos de Hanabi, Naruto-san?

Naruto se lo pensó un poco, pero por su expresión, no iba a dar ningún cumplido.

—Ha mejorado en estos dos años de que entrenamos ocasionalmente, sus golpes son más fuertes, su taijutsu sí es superior al que se ve en los entrenamientos generales pero… su nivel actual no supone un reto para mí, Neji sigue siendo mucho más rápido que ella y no tiene más técnicas en su repertorio. Supongo que está bien para una chuunin… tal vez los chuunin que conocí en mi generación son diferentes o algo y no debería usarlos para las comparaciones porque actualmente ya todos son jounin.

En eso Naruto tenía razón, ellos pertenecían a la última generación dorada que había producido la Aldea Oculta entre las Hojas. No era justo para los demás que se midiesen con ellos.

—Ya estoy entrenando el Kaiten. —Intentó defenderse Hanabi. —Aunque todavía no es perfecto… —Agregó con voz baja. La cara se le puso roja a causa de la vergüenza.

—¡Ya sé! —Soltó Naruto con renovada energía. —Debería enseñarle la técnica esa, la de las cabezas de bestias en cada puño, —señaló emocionado mientras apuñaba las manos a sus costados en una postura que para él tenía sentido, —la que se come el chakra de todo lo que toca.

¿Acaso Naruto…? Neji volteó a ver al líder para encontrarlo claramente confundido. No se suponía que Naruto supiera de esa técnica.

—¿Dónde escuchaste sobre eso? —Inquirió Hiashi, Naruto debió haber notado su cautela porque ahora parecía confundido.

—¿Qué tiene?, ¿no es parte del estilo que practican?, tú sabes hacerla, ¿no? —Preguntó en su dirección. Neji negó. Nadie podía hacerla.

—¿Hablas de Juuho Soushiken? —Corroboró Hiashi.

—No sé el nombre… —Agregó Naruto rascándose la cabeza apenado.

—Sí existe una técnica con las características que mencionas, es el Juuho Soushiken, sin embargo, es una técnica muerta porque nadie ha podido usarla en generaciones y ha sido catalogada como una técnica prohibida, es el kinjutsu de nuestro clan por la cantidad de usuarios que perdieron la habilidad para canalizar chakra al no comprender cómo realizarla. Es una técnica a cuyos pergaminos sólo yo tengo acceso. Es sólo para el mejor de la familia principal y no soy capaz de ejecutarla. Es tal vez la técnica más avanzada de nuestro estilo. Neji no la ha visto nunca. —Explicó Hiashi. —Y nunca la hemos mencionado en estos entrenamientos, ¿dónde la escuchaste?

Naruto soltó una risa nerviosa.

—No recuerdo, si no fue aquí, entonces tal vez escuché sobre las grandiosas técnicas del puño suave en alguno de los entrenamientos generales.

Hiashi aceptó la respuesta, ya estaba claro que Naruto no era particularmente bueno recordando detalles. La leyenda del Juuho Soushiken no era un secreto. No obstante, a Neji le pareció que cuando la mencionó se expresó como si ya la hubiese visto antes.

—Está bien. Espero que en un futuro sigas ayudando a Hanabi con sus entrenamientos. —Expresó el líder.

—Claro. —Musitó Naruto encogiéndose de hombros.

La sesión terminó y Neji se excusó para ir detrás de Naruto.

—Te acompañaré a tu casa. —Le dijo cuando el rubio lo vio raro, sólo para que lo viera todavía más extrañado porque no solía hacer eso. Cuando estuvieron a una distancia prudente del complejo Hyuuga, decidió que no iba a quedarse con la duda. —Dime la verdad, ¿dónde escuchaste del Juuho Soushiken?

—En ningún lado. —Contestó desviando la mirada. Neji lo sujetó con fuerza del brazo mientras seguían caminando.

—Soy mejor que Hiashi-sama a la hora de leerte, no me mientas. —Masculló entre dientes.

—Entonces debes saber que no miento. —Se defendió Naruto, tirando de su brazo para zafarse del agarre.

—Pero ocultas algo. Empieza a hablar.

—No estoy obligado a decirte nada.

—Entonces hagamos un intercambio, tú me dices lo que sabes y yo te diré los planes que Hiashi-sama está haciendo para ti.

—¿Planes para mí? —Preguntó extrañado. Neji asintió. El rubio se lo pensó un poco.

—No lo escuché en ningún lado, lo vi. —Soltó con una desfachatez muy propia de él.

—¿Qué? —Neji se detuvo en seco.

—Lo vi, Hinata-chan lo ha usado cuando entrenamos, esa técnica puede comerse la versión clásica del Rasengan. Nunca mencionó que fuera algún secreto y asumí que era algo común entre ustedes… aunque ahora que lo pienso es cierto que nunca he visto que nadie use un jutsu tan conveniente en los entrenamientos. —Habló Naruto por lo bajo. Levantó su mano derecha y casi de inmediato creó un Rasengan. —Esto se ve fácil, ¿no? —Neji asintió y Naruto asintió en acuerdo. —Porque sí es fácil, con esa misma facilidad Hinata usa la técnica esa.

—¿Ella ha entrenado contigo? ¿Verdaderamente entrenado? —Naruto asintió y Neji casi pudo escuchar las campanas de su salvación. —¿Hinata-sama es fuerte? —El rubio asintió. —¿Más fuerte que Hanabi-sama? —Recibió otro asentimiento y sonrió. —¡Eso es excelente! Sólo tendría que mostrar que puede usar el Juuho Soushiken y en ese instante sería la heredera incuestionable. —Eran las mejores noticias que había recibido en la vida. Naruto puso una expresión complicada en el rostro, ¿acaso él no lo comprendía?, ¿en serio Hiashi-sama estaba considerando al descerebrado de Naruto como compañero de la matriarca?

—Pero Hinata-chan no quiere eso.

—Nunca le darán lo que ella quiere. El clan Hyuuga lo arrebata todo por la fuerza. Así que ella tiene que ser más fuerte que eso.

—No, no comprendes. Hinata-chan ni siquiera quiere seguir viviendo en Konoha.

—Eso no es posible. —El Byakugan estaba atado a Konoha y al clan. Naruto suspiró.

—Si la hubieras visto en ese otro lugar, estarías de acuerdo conmigo. No quiero que se vaya, pero su felicidad y sus personas importantes no están aquí. No soy tan imbécil como para interponerme en eso. Quiero que ella sea feliz.

¿Otro lugar? ¿Se refería a las montañas?

—Nadie puede irse del clan. —Rectificó él. Su padre se había ido… en un ataúd. Era la única manera.

—No importa, la Hokage no va a mover un dedo y no creo que nadie en tu clan pueda detenerla si ella decide marcharse, tal vez tú puedas, pero nadie más. Su taijutsu es… diferente; mejor, incluso. Sus movimientos son más complejos y las secuencias que usa son más difíciles, hasta lo combina con su propia naturaleza del chakra.

Neji frunció el entrecejo.

—¿Lo dices en serio?

Naruto se encogió de hombros.

—Cree lo que quieras. Yo no me voy a interponer en lo que ella desea. ¿Qué quiere Hiashi-san conmigo?

—Que seas el consorte de la matriarca. —Soltó de golpe, todavía analizando la información que acababa de recibir. Era un asunto demasiado delicado. Siguió caminando y tardó unos pasos en darse cuenta que Naruto no lo seguía, lo buscó con la mirada y el sonrojo que encontró en su rostro le pareció repulsivo, ¿sí estaba interesado? Se veía esperanzado.

—Con Hinata-chan… —Lo escuchó murmurar cuando se acercó a él.

—¿Qué tan estúpido tienes que ser como para no darte cuenta de que ella es la heredera sólo en nombre? Te quiere para Hanabi-sama.

A Naruto se le desencajó el rostro.

—¡Jamás!

Neji no disimuló su escándalo. ¡Ese grandísimo estúpido y su incapacidad para ocultar sus emociones!

—Ella te atrae, ¿no es cierto? —Naruto se ruborizó y apartó la mirada. —¿Cómo te atreves? —Le espetó indignado.

Hinata no podía ser deseada, era una existencia especial que debía ser venerada y admirada desde lejos. No iba a permitir eso. Hiashi tenía el plan de que Naruto pasara más tiempo en el complejo Hyuuga, pues él haría control de daños y se encargaría de que Hinata no estuviera presente en esas visitas.

—¿Cómo te atreves tú? —Rezongó abochornado. —Te patearé el trasero a ti y a todos los que se opongan a la voluntad de Hinata-chan.

Dicho eso, el rubio se alejó dando zancadas, estaba ruborizado hasta las orejas. No importaba, ya tenía lo que necesitaba de él. Ahora se encargaría de que Hinata aceptara de una buena vez que no podía seguir huyendo de su posición en el clan.

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Tomó más tiempo de lo que anticipó, pero la información por fin terminó de ser recabada. Su equipo y él se sentaron en uno de los salones de reuniones de uno de los refugios abandonados de Orochimaru en un punto secreto en la frontera del País del Rayo con el País del Fuego. Suigetsu se encargó de hacer la investigación y Karin la compiló en un catálogo. Ese día escogerían un nuevo par de ojos para su hermano. Pasó las hojas con interés y chasqueó la lengua con los prospectos, en su mayoría eran hombres mayores y ancianos.

—Deberíamos capturar al líder; si es el líder, entonces es el más fuerte. Démosle los ojos más fuertes a tu hermano. —Opinó animadamente Suigetsu a quien la idea de los secuestros siempre le resultaba con promesas de diversión.

—Ya está muy viejo, lo mejor es conseguir un par relativamente nuevo. Esta tipa es nuestra mejor opción. —Zanjó Karin señalando a una chica de rostro amable y apariencia frágil. —Es de la familia principal y no es muy fuerte. Será fácil capturarla. Es de tu edad Sasuke-kun, ¿la recuerdas?

Sasuke examinó un poco más la fotografía y negó, a esa nunca la había visto antes. Suigetsu hizo una mueca.

—Pues… no sé tú, pero es muy… iba a decir "plana" pero viéndola bien sí tiene todas sus curvas en su lugar. —Karin lo golpeó. —¡Eres una salvaje! Lo que quiero decir es que se ve débil. No podemos darle ojos débiles a Itachi-san. Si quieres productos "nuevos" pues escojamos a la más pequeña y ya. Tampoco parece un reto, pero al menos tiene un aspecto más saludable. —Se defendió Suigetsu.

—No será fácil capturarla si tus espías dijeron que la menor rara vez sale de la aldea. ¿No es ella la heredera? —Opinó Juugo.

—No, Juugo, la heredera oficial es la otra, aunque como que sí la vigilan más a esta… —Musitó Suigetsu.

La discusión entre ellos continuó. Sasuke veía fijo la fotografía de cada hermana. Una mayor y una menor, procedentes del actual clan más poderoso de Konoha. Le pareció casi irónico que en algún momento Itachi y él habían sido los hijos del clan que solía ocupar esa posición.

No fue difícil escoger.

Les comunicó su elección y la discusión cesó.

—No podemos entrar a Konoha a sacarla. —Musitó Juugo.

—Sí podemos. —Afirmó Sasuke. El resto de los presentes se calló de inmediato.

Este era su equipo, eran Taka. Y tenía un plan.

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Hinata fue llevada a la presencia del líder. Hacía mucho tiempo que no pisaba la sala de audiencias del clan, estaba justo como la recordaba: frugal y silenciosa. Hiashi estaba sentado en su silla y ella se arrodilló como acostumbraba siempre que estaba en su presencia. Era la primera vez que ambos se veían en más de dos años, el cabello castaño del líder estaba flanqueado por varias canas plateadas, y las arrugas en el rostro ahora eran más evidentes, parecía que tenía una expresión severa todo el tiempo.

—Ahora que estás por cumplir la mayoría de edad es tiempo de determinar el lugar que mereces en el clan. Mañana te medirás con Neji. Hanabi hará lo mismo tres días después. Y dependiendo los resultados, el Consejo decidirá tu futuro. Retírate.

Se puso de pie, hizo una reverencia y salió de ahí con un jutsu del cuerpo parpadeante. Así que ya era hora de terminar de mover las piezas. No podía decir que esperó algo distinto del primer encuentro con el líder en años, supuso que era triste que ambos se hubiesen rendido el uno con el otro. No lo culpaba en realidad, porque ella también dejó de esforzarse, era esperado que el vínculo se perdiera; la sangre compartida no era suficiente para mantener el lazo padre-hija. Los dos optaron por poner sus sentimientos en otras personas.

Había creído que, llegado el momento, a la que tendría que enfrentar sería a Hanabi, se sentía afortunada de que el líder la hubiese sorteado de eso. Optó por pasar el resto del día meditando en su habitación. No tenía que tomar ninguna decisión, ya estaba tomada desde hacía años. Iba a perder el encuentro porque eso era lo mejor para todos.

Al día siguiente, se levantó, se duchó y se vistió con su ropa usual de entrenamiento como kunoichi de Konoha, unos pantalones negros largos hasta los tobillos y una blusa blanca de corte tradicional. Quiso salir de su habitación para ir a desayunar a las cocinas pero una escolta de dos miembros del Bouke se lo impidió, eran Kou y Kato, quienes le pidieron que permaneciera dentro hasta que fuese mandada llamar. A Hinata aquello le pareció excesivo, pero a los Hyuuga les encantaba jugar con los nervios de sus oponentes, tal vez sólo querían aumentar el estrés que se suponía debía tener en esos momentos. Le llevaron el desayuno en una charola. A pesar de los cambios evidentes en la rutina, ella estaba dispuesta a tratar ese día como cualquier otro; después de desayunar hizo unos estiramientos y volvió a acostarse en su cama a leer un libro.

Llamaron a su puerta para avisarle cuando fue la hora. Kou y Kato la escoltaron hasta el salón principal de entrenamientos, tal vez asumieron que escaparía y sólo estaban ahí para cerciorarse de que se presentara pero Hinata era quien más deseaba que decidieran de una buena vez que no merecía ser la heredera.

Las puertas de la sala de entrenamiento se abrieron y Hinata no estaba preparada para lo que vio, ya le había parecido que los pasillos estaban desolados cuando caminaron pero no esperaba que todo el clan la vería enfrentar a Neji. Y eso la puso en un aprieto monumental porque había asumido que sólo el líder estaría presente… a él lo había engañado antes pero… ¿podría engañar al centenar de ojos blancos que le evaluaban cada movimiento? Ni ella creía lograr algo así. ¡Iban a notarlo!

Oh, no. Oh, no. Oh, no.

Tampoco esperaba la atmósfera solemne, era la única que no llevaba un atuendo formal. Desde un punto privilegiado, Hiashi, Hanabi y los honorables miembros del Consejo estaban sentados en sillas especiales; el resto de la familia yacía sentada sobre sus rodillas, dejando un espacio en el centro de la sala donde Neji la esperaba de pie con una expresión complicada en el rostro. Intentó sonreírle y su nerviosismo fue genuino, no estaba segura de si podría engañarlos a todos. Neji no sonrió.

Hiashi comenzó a recitar palabras en tono solemne; ella ni siquiera prestó atención, repasando en su mente sus opciones de estrategias y secuencias mediocres de movimientos que podrían resultar más convincentes. Suspiró resignada. Haría lo que había hecho antes y si tenía suerte nadie vociferaría las inconsistencias.

—…Neji, —la mención del nombre de su primo la hizo regresar a la realidad, —llevo años entrenándote y conozco tu estilo, contente y tendrás que atenerte a las consecuencias.

Al terminar de hablar, Hiashi levantó su mano derecha con la posición para activar el sello. A Hinata se le cayó el alma a los pies y no se molestó en disimular su escándalo… Neji era el discípulo más obediente en esa sala y era un insulto que lo amenazara de esa manera. No ocurriría nada, porque ella ya se había encargado de eso al modificar su sello, no lo lastimarían por un capricho pero aun así le pareció insulso que Hiashi utilizara ese momento para reimponer su autoridad. La encolerizó ver el miedo en las expresiones del Bouke.

Hinata y Neji se reverenciaron mutuamente, esperaba que él lo comprendiera, y que la perdonara por no defenderlo como sentía que debía hacerlo. Esperaba perdonarse a sí misma por eso. Por primera vez se replanteó todas sus decisiones hasta ese día, su lucha contracorriente para evadir el liderazgo del clan. Podía escuchar la voz hermosa y ancestral de Mei anunciándole que había nacido con un destino Vas a romper cadenas, nunca supo exactamente cuáles. Como la Estrella de Plata había roto cadenas alrededor de los cuellos de esclavos transportados ilegalmente en barcos en el mar del norte, había roto cadenas en los tobillos de rehenes privados de su libertad por grupos de guerrillas en la periferia del continente, había roto cadenas en las muñecas de jóvenes desafortunadas víctimas del distrito rojo del bajo mundo… Recorrió con la mirada a los presentes y vio cadenas en sus cuellos, en sus muñecas y en sus tobillos. Iba a hiperventilar.

Tiempo, ¡necesitaba tiempo!

Un ANBU con la máscara de cuervo apareció en medio de la sala, justo entre ella y Neji. Era el mensajero que se encargaba de convocar al resto de los ANBU ante la presencia de la Hokage. Se dirigió a ella como si fuese la única presente.

Byakko es requerida.

—¿Puede esperar? —Intervino Hiashi.

—Nunca. —Zanjó el ANBU antes de desaparecer en un remolino de hojas.

Hinata contuvo su alivio, hizo una única reverencia formal y desapareció también con un jutsu del cuerpo parpadeante. Estaba salvada. ¡Bendita Tsunade y benditas sus tendencias esclavistas! Iba a obsequiarle una botella costosa de sake.

Ojalá le asignaran una misión larga. Necesitaba tiempo para pensar sus siguientes movimientos.

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Las alarmas de Konoha se encendieron en el medio de la noche. Intrusos habían traspasado las barreras que protegían la aldea. Todos los shinobi en activo iniciaron los protocolos correspondientes. La Hokage estaba dando órdenes desde su despacho. Desconocían el objetivo de la invasión, el sensor en la barrera reportó la intromisión de cuatro individuos de identidades desconocidas. No parecía un ataque en realidad pues todo estaba en calma y de alguna forma no podían encontrar a los invasores. ¿Qué demonios era eso?

Un ANBU apareció en el medio de la habitación, arrodillado.

—Han atacado la mansión de los Hyuuga.

Tsunade frunció el entrecejo, ¡imposible!, se apresuró a la ventana y vio fuego y caos donde apenas unos segundos antes no había visto nada.

—Usaron un genjutsu del más alto nivel. Lo retiraron al abandonar la aldea. Los equipos de rastreo disponibles ya han sido despachados. El motivo aún no está claro. La necesitan en el hospital.

Estaba por salir cuando la puerta del despacho se abrió de golpe. Había un Hyuuga cubierto de sangre.

—¡Hokage-sama! ¡Sasuke Uchiha se ha llevado a Hanabi-sama!

El shinobi se desplomó en el suelo, inconsciente. Shizune se apresuró a atenderlo. Ese era un escenario de mierda. Un criminal de rango S acababa de sustraer un Byakugan no sellado. Ordenó que todos los Inuzuka y Aburame se movilizaran de inmediato. Quería cinco escuadrones completos de cazadores ANBU en la persecución. Todos los motivos que se le ocurrían para explicar tal cosa tenían connotaciones que sólo podría describir como retorcidas.

El mocoso Uchiha era un dolor constante de cabeza, pero ninguno de los equipos de cazadores que envió en su búsqueda logró encontrar a la sabandija escurridiza esa. Qué bueno que Naruto no estaba en la aldea.

Se apresuró al hospital.

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Habían sido unas caóticas últimas veinticuatro horas. Hacía mucho tiempo que no estaba tan fastidiada. Ya quería mandar al diablo ese maldito trabajo que Jiraiya le encasquetó con el pretexto de que sólo ella podía preservar los ideales que tan arduamente cimentó el Tercero. Y su maestro debía de estarla guiando desde los Cielos porque de verdad no se explicaba cómo era que Konoha no se había ido a pique con ella a cargo. ¡Hasta tenían una estabilidad económica sólida! ¿En qué momento pasó eso?

La cosa era que siempre, siempre, había problemas. Y los problemas que llegaban hasta ella eran unos señores problemas. Puros líos de mierda. Afortunadamente no hubo bajas en el ataque al complejo Hyuuga, pero no había ni señas de la kunoichi secuestrada. Todos los reportes coincidían en que no encontraron nada. No tenían ni una puta pista del paradero de Hanabi Hyuuga.

Como si la tierra se la hubiese tragado.

Ante ella estaba Hiashi Hyuuga, se veía envejecido y miserable, apenas una sombra del líder altivo que era cuando ella llegó a Hokage. En el ataque no recibió heridas fatales, pero su orgullo había sido quebrado. Eran el clan más poderoso y los sometieron en cuestión de minutos.

Tsunade se mordió el labio inferior y tamborileó un dedo índice sobre la madera de su escritorio, regresando la vista a la carta que Hiashi quería que enviara.

—Déjame ver si entendí. Quieres que envíe esta solicitud a las Montañas de la Luna, y también que le quite la máscara de ANBU a Hinata y la ponga fuera de las misiones de cualquier tipo por tiempo indefinido.

—Así es, Tsunade-sama.

Ella no era quién para juzgar los problemas de nadie pero… a los de ese clan les urgían las terapias familiares.

—Hiashi, ¿a qué edad ascendí a Hinata a jounin? —Cuestionó, más por quitarse la duda que porque algo así fuera relevante en esos momentos.

El líder se mostró brevemente confundido.

—Se convirtió en ANBU a los diecinueve años. Supongo que fue en ese momento. —Contestó.

Respuesta equivocada. La chica llegó a ANBU a los diecisiete años. Y la ascendió a jounin desde los dieciséis.

—¿Por qué la ascendí a jounin?

—No soy quién para cuestionar sus decisiones. —Respondió diplomáticamente, cuidando bien el matiz de su voz. Tsunade enarcó ambas cejas. Ese hombre no tenía ni idea y asustaba lo ciego que era o lo bien que la chica se escondía. La chica sí era una digna portadora de la máscara del zorro blanco, la que sólo le perteneció a la abuela de Tsunade antes que a Hinata. A Tsunade siempre le agradaron las niñas astutas.

Hinata llegó a jounin por recomendación directa del Señor Feudal del País del Fuego, fue una de las pocas veces en las que Tsunade estuvo de acuerdo con el idiota ese, luego de que encontrara y desmantelara a la organización de trata de personas que secuestró a la sobrina favorita del hombre más importante de todo el país como un trabajo en solitario con su doble identidad. El mérito fue tal que hasta ella decidió reconocerlo. Le daba lo mismo si los Hyuuga la reconocían o no; para ella, mejor que siguieran ignorantes y así podía asignarle libremente cualquier misión sin preocuparse por el nivel del riesgo. Hiashi siempre quiso que Hanabi fuese quien debía ser protegida y alejada de las misiones de alto riesgo por su relevancia en el clan. El líder tenía a su favorita y Tsunade también. Respaldaba completamente a la hija de la familia principal que contribuía a la aldea con honor y hermosos cheques; a la que le enviaba el mejor sake disponible en el mercado cuando consideraba que su Hokage era benévola con ella.

La vida se estaba riendo de Hiashi.

—Trataré de darte gusto. Enviaré la carta de inmediato y tú le informarás a Hinata sobre tu decisión de que permanezca en la aldea. Se supone que regresará mañana.

El líder le agradeció e hizo la reverencia de despedida.

Tsunade no iba a enviar la carta, ¿para qué cansar al halcón mensajero si de todos modos el destinatario no tardaría en llegar a darle el reporte de su última misión?

Qué puto drama.

Tsunade frunció los labios y miró con irritación el montón de documentos que todavía debía revisar, en los que seguramente sólo encontraría más problemas que ameritaban su atención. Estaba harta. Llamó a Shizune para preguntar si ya habían recibido respuesta de las oficinas de los otros Kages y líderes de aldeas menores sobre los permisos para cruzar las fronteras para poder extender la búsqueda de la niña Hyuuga. La negativa de su asistente no estaba ayudando a que su fastidio aminorara. Era el inconveniente de ese nuevo sistema fronterizo, tenían un mejor control de quién entraba y salía de los países a cambio de "esperar un poco más para cruzar". Estaba segura de que Suna los dejaría pasar de inmediato, en cuanto recibieran el mensaje en la oficina del Kazekage. Aunque los estirados burócratas de las otras naciones se estaban tomando su tiempo para aprobar los permisos. Tsunade iba a recordar eso.

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Notas de la autora: Neji es un fan.

Fue un capítulo más bien corto, pero sucedieron muchas cosas y no le encontré sentido a alargarlo. Les prometo que el siguiente tendrá la longitud promedio acostumbrada.

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Siguiente capítulo: El precio a pagar.

¿Cuál creen que sea ese precio? Compartamos teorías en los comentarios. Se aceptan tomatazos. Leámonos algún día sorpresa del mes de diciembre 2020.