Comienzos

Por Miaka Zuster

El número 12 de Grimmauld Place una bella mansión estilo gótico, con bellos relieves y un bello blasón tallado en cantera corona la entrada principal a la opulenta mansión, digna de una estirpe sangre pura como lo es la ancestral familia Black.

Adentrándose la bella casa y dejando de lado lo sombrío de su decoración llegamos al piso superior donde los quejidos y gritos de una mujer llenan el pasillo, el ir y venir de elfos con bandejas de agua flotando tras de ellos, el trajinar de enfermeras y del medimago llenan de curiosidad al pequeño de dos años, quien con sus bellos ojos grises observa todo.

-Una vez màs señora Black… puje un poco màs…-Indica el medimago a la mujer ya agotada por el esfuerzo.

-Ah… ah… ah… agrr…-Una vez màs lleno de aire sus pulmones y soportando la contracción pujo con todas las fuerzas que le restaban.

-Muy bien señora, eso es ya lo tengo…-El medimago tomo entre sus brazos al recién nacido el cual al verse desprotegido del calos brindado por el seno materno deja escapar un fuerte llanto—Es un varón… un varón fuerte y sano.

Las enfermeras se lo llevan para asearlo y después vestirlo y entregárselo al orgulloso padre:

Orión Black

El hombre de largos cabellos negros levanta en brazos a la pequeña criatura.

-Un varòn… todo un Black, tu nombre será Regulus Arcturus Black—Dice con orgullo el hombre para después depositar al pequeño en su cuna entre suaves sabanas de seda y algodón blanco, para después girarse hacia donde esta su esposa, la cual reposa ya entre sabanas limpias y un bello camisón.—Bien hecho Walburga.—Dijo sin màs para después abandonar la habitación.

La mujer sonríe satisfecha y se acomoda un poco màs para dormir, el parir la dejo agotada y sin la màs mínima intención siquiera de ver a su bebe la mujer se queda dormida.

La tranquilidad vuelve a la mansión pero no para el pequeño Sirius el cual se le escabulle al viejo Keacher y con ligeros pasos se encamina hasta la habitación de su madre. Despacio abre la pesada puerta de roble sus ojos grises curiosos se clavan en la cuna que reposa a un lado de la cama de su madre, con cuidado de no hacer ruido se acerca para observar entre las mantas una figura regordeta y sonrosada con una pelusilla negra coronado la pequeña cabecita.

Así que era por esto que había tanto escándalo, su hermanito ya ha sido entregado.

Sus ojos grises se encontraron con otros de igual color, son grandes y expresivos aunque un tanto perdidos, una sonrisa se instala en el rostro del pequeño Sirius, mientras estira su manito para alcanzar la del pequeño, el cual la cierra con fuerza sobre el pequeño dedito.

-Hola…