INSERTIDUMBRES AM

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Cap 1: El joven que no sabía sonreír.

Kyoto – 1865-

El alegre paisaje, le daba la bienvenida al grupo de viajeros, los lugareños recibían el nuevo día sonrientes, dando gracias por estar vivos, aquellos días eran oscuros en Kyoto, ya que el miedo reinaba por encontrarse en el camino al Destajador; las noches de Kyoto se habían teñido de sangre, y los días se habían impregnado de miedo, ante la posibilidad de conseguir a alguna victima del sanguinario asesino, el porte de la espada había empezado a menguar a los civiles se les tenia prohibido; oficiales vestidos de azul y de un endemoniado temperamento, se habían "unido" a la fuerza especial del Shinsengumi para darle caza al maestro de la espada asesina, estos personajes se entremezclaban con la muchedumbre en el mercado vespertino, lanzando miradas furtivas tratando de hallar en las caras de cualquiera, el demoníaco fulgor del Samurai mas poderoso de Japón.

Uno de los oficiales se fijo en un grupo especifico, que consistía de cuatro hombres estrafalarios, un muchacho y una niña, aun dormida en los brazos de el mas llamativo del grupo, su mirada se centro en la espada que llevaba el muchacho y sonrió con suficiencia para si mismo e intercambio una mirada con el compañero mas cercano, quien también veía la escena con creciente interés, ya que finalmente podrían demostrarle a lo lugareños, lo que podrían hacer si no cumplían con el régimen.

Deténganse — bramo el hombre cortándoles el paso, y sobresaltando a los civiles que hacían sus compras, quienes dirigieron aterrorizadas miradas a los oficiales. El grupo se detuvo, no por la orden del oficial, si no por la replica del muchacho apenas audible para los demás.

¿Por que un civil como tu, esta portando una espada? — bramo el otro sacando su sable y blandiendolo amenazadoramente frente al joven, tratando inútilmente de intimidarlo, ya que el aludido no dio muestra de impresionarse de echo no dio de estarles prestando atención.

¿Civil? — dijo con tanta frialdad que ambos sintieron un escalofrió subirles por la espalda.

¿Qué pasa Aoshi-sama? — dijo la aguda voz de la niña, quien los miraba con aire somnoliento.

¡No pasa nada Misao-chan! — susurro el hombre enmascarado y de brazos tatuados que cargaba a la niña, mientras los confundidos oficiales se miraban entre si, sin decidir que hacer.

¿Y quien se supone que es? — dijo un tercer oficial quien acababa de llegar a caballo.

¡Katsura!... — contesto fríamente el joven, mirando al recién llegado que parecía sumamente sorprendido.

¡Pero si es! — murmuro bajándose del caballo sin dejar de mirar atónito al joven y al grupo sin salir de su sorpresa, mientras los oficiales miraban a su superior sin comprender lo que pasaba. — ¡Shinomori Aoshi! —soltó deteniéndose finalmente sin poder ocultar el respeto que sentía por el joven, los oficiales miraron al joven y al grupo sorprendidos; no era un secreto para el Shinsen o ellos, que este joven era el Okashira del Onniwabanshu, que colaboraba en mas de una ocasión con el gobierno; ellos habían escuchado de el y de su grupo, pero un nunca habían imaginado que era tan joven.

¡Supongo que puedo seguir! — Aquello no fue una pregunta, ya que Katsura se aparto cediéndoles el paso al grupo que ya había empezado a avanzar — ¡les hace falta modales! — agrego con firmeza sin salir de su natural gèlides, y siguió caminando como si nunca lo hubieran interrumpido, sin volver la mirada al igual que sus hombres, solo un par de curiosos ojos azules miraban al hombre reprender duramente a los dos oficiales avergonzados.

¡Wow! Aoshi-sama los puso en los palitos — Soltó la niña con una sincera carcajada.

¡Si, Aoshi-sama lo hizo pequeña! — dijo un hombre cubierto de cicatrices revolviéndole el cabello a la niña, dedicándole una sonrisa dandole a su rostro un aire bondadoso del cual el mismo desconocía.

¿Cuánto falta? — pregunto por enésima vez la pequeña con aire aburrido.

¡Ya estamos aquí Misao-chan! — contesto el hombre mas grande del grupo, gordo alto y ancho de hombros con un tatuaje en su voluminoso abdomen, señalando un edificio tradicional el cual tenia un letrero que rezaba en letras rojas y doradas "El Aoiya", donde un hombre mayor de cabellos blancos los esperaba en la entrada.

¡Aoshi hijo!, ¿como están muchachos? — dijo afablemente tratando de vislumbrar a la pequeña Misao que se había escondido detrás de Shikijou apenas había tocado el piso.

Okina… — contesto Aoshi quedamente, mientras entraban al lugar, mientras la pequeña trataba de mirar todo al mismo tiempo. — Misao… — dijo Aoshi, una vez llegaron a la oficina del Okashira.

¡Eto… Hola! — balbuceo nerviosa la aludida, con una sonrisa asustada y estirando con incomodidad el kimono verde botella, que la habían obligado a usar.

¡Vaya, que linda eres Misao-Chan. — Dijo el hombre mayor sonriéndole a la niña ablandando los duros rasgos del rostro del hombre.

¡He... Gracias Okina-sama! — dijo educadamente

¡Okina-sama!... dime Jiya, eres igual que tus padres, aunque tienes los ojos de tu madre— sentencio sonriente.

¡Gracias!, conocías a mi mama y a mi papa — dijo con una nota triste. Haciendo que todos se sintieran incómodos.

¡Luche junto a tu padre y prácticamente te vi nacer! — Contesto con cariño — será mejor que te acomodes, Omasu, Okon — dijo y de inmediato entraron dos jóvenes de 10 u 12 años — esta es Misao Makimachi, llévenla a la habitación que fue de su padre.

¿La habitación del Okashira? — soltó sin poder contenerse la joven que estaba mas cerca de Misao.

¡No!... esa habitación es de Aoshi-sama!— soltó molesta la joven Misao.

¡Bueno denle una buena habitación! — ordeno Okina, mirando a Aoshi que parecía cercano a la sorpresa.

¡Hai! — respondieron las jóvenes al instante, sonriéndole a Misao.

¡Uy, tengo dos amigas nuevas!...— celebro dando saltos hacia las jóvenes y aferrandoce a las manos de ambas —¡Ja ne! — agrego arrastrándolas fuera de la habitación con la alegria dibujada en el rostro.

¡Es tan alegre, y dices que lo vio todo! — dijo Okina enseriándose de golpe.

¡Hai, Sakura-sama, la encerró en un armario, pero eso no pudo impedirle ver todo, cuando llegamos, ella estaba sobre el cadáver de Sato-sama, estaba empapada en sangre, pensé que también la habían matado. — Finalizo el informe secamente.

¡Después de todo no fue mala idea, correr la voz de que el "hijo" de Sato, había muerto al nacer, bien ahora eres el único Okashira, aunque por ley Misao será Okashira del Onniwabanshu… la primera mujer a cargo! — sentencio dedicándoles una larga mirada.

¡Iie, ella será una niña norma! — sentencio Aoshi a su vez levantándose de golpe y saliendo del despacho, ante la atónita mirada de los sorprendidos hombres quienes habían descubierto que finalmente, el joven Okashira si tenia una debilidad, "Makimachi Misao".

¡Muy bonito… pero ella algún día lo será! — reafirmo Okina mientras los testigos asentían en conformidad.

Makimachi Misao, era el nombre de la nueva energía del Aoiya, la base secreta, del Onniwabanshu, Omasu y Okon, se esforzaban día a día, por hacer de ella una Srta. Pero ella se esforzaba por ser ella misma; la alegría reinaba en cada rincón del lugar, Misao tenia el maravilloso don de alegrar a todo el mundo, Okina cada día se encariñaba mas con ella y se alegraba de tenerla allí, Hannya, Beshimi, Shikijou y Hyottoko, cuidaban de ella a todo momento, temiendo que se descubriera la verdad sobre ella; la alegría y ternura de contagiaba a todos por igual, ya que sin demostrarlo el joven Okashira era quién mas velaba por la pequeña.

¡Omasu-chan! — dijo Misao sorprendida mirando a la chica vestir un uniforme ninja Azul y gris.

¿Si Misao-chan? — Contesto sin poder evitar sonreír ante la expresión soñadora de la niña.

¡Eres una Kuniochi, tu también Okon! — dijo emocionada viendo a Okon aparecer con el mismo atuendo.

— ¡Yo también seré una Kuniochi! — Sentencio levantando un puño con decisión ante las chicas.

¡Misao-chan, Okina te esta buscando, quiere llevarte a una feria y…— decía Hannya.

¡Si! — grito alegremente dando saltos de alegria.

¿Que sucede? — dijo una gélida voz, mientras Omasu y Okon se apartaban del camino de Aoshi.

¡Feria!... ¡Aoshi-sama! ¡Feria! — soltó Misao Abrazándose sin cobardía a una de sus piernas, Hannya miraba divertido la escena, Omasu y Okon trataban con mucho esfuerzo no soltar la carcajada y Aoshi totalmente desconcertado, la miro como solo lo hacia con ella y la cargo.

¡Si quieres ir, iremos todos! — dijo Aoshi mientras Misao se abrasaba a su cuello mas feliz de lo que podía expresar. Una hora después de haberla correteado por todos lados hasta hacerla vestir un kimono rosa y blanco, estaban todos rumbo a la feria, nada mas llegar Misao miraba a todos lados contenta, Omasu y Okon no se separaban de ella, Aoshi, Okina y sus hombres, se mantenían en alerta mirando a todas direcciones, observando a todo mundo con cautela.

¡Pececitos!..— dijo Misao emocionada, arrastrando a las dos jóvenes y al grupo de hombres hacia el estanque, donde un hombre agitaba y un abanico rojo y blanco diciendo con fuerza:

¡Vengan, acierten al blanco y lleven un pececito de color a casa! — todo señalando con el abanico a los peces y a los tres globos rojos llenos de agua y tres dardos negros.

¡Quiero intentar! — dijo la niña mirando a las dos jóvenes, quienes de inmediato miraron al Okashira esperando respuesta.

¡Yo puedo hacerlo! — dijo Okina con rapidez interpretando el silencio de Aoshi.

¡No!... ¡Yo quiero intentarlo, papi decía que era muy buena tirando cosas! — dijo Misao mirando a Aoshi con alegría contenida.

¡Bien…! — dijo Aoshi dando su consentimiento, dirigiéndole una rápida mirada a Beshimi un hombre bajo y sonriente.

¿Ella puede intentarlo? — pregunto Okina señalando a la pequeña Misao, el vendedor asintió, mientras recibía una moneda y le entregaba a la chica tres dardos.

¡No te lastimes Misao-chan! — dijo Hannya.

¡Hai! — contesto tomando el dardo, lo miro durante unos segundos buscando la forma mas cómoda de agarrarlo, finalmente lo puso entre sus dedos y apunto al primer globo. — ¡Yo puedo! — Susurro, solo Aoshi la escucho, lanzo el primer dardo que dio en el blanco y reboto contra el siguiente rompiéndolo también, sorprendiéndolos a todos.

¡Bien! — vitorearon Omasu y Okon, mientras la ultima le pasaba otro dardo.

¡Si! — dijo Misao sonriendo con un diminuto puño al aire.

¡Lanza el otro! — Ordeno Aoshi, Misao obedeció lanzando nuevamente, mas esta ves no acertó, apenas Okon le había dado el ultimo dardo esta lo había lanzado con tanta fuerza que los restos del globo quedaron clavados en la pared junto al dardo.

¡SI! — soltó triunfante, mientras todos vitoreaban a la niña. — ¡Quiero ese… no ese no el dorado, ese! — Exigió triunfante mientras el vendedor le entregaba un cuenco de bambú con agua y un pez dorado.

¡Tiene talento! — Observo Okina, viendo a la niña dar las gracias y volverse hacia ellos.

¡No importa! — Contesto secamente Aoshi, el no permitiría que ella se llenara de sangre, que manchara su alma con la muerte, no como el, jamás.

¡Aoshi-sama! — chillo la niña halándole el pantalón tratando de llamar su atención, este miro a la pequeña, y esta le sonrió haciéndole señas para que se acercara hasta ella, el se agacho hasta quedar a su altura y ella le extendió el premio. — ¡es para usted Aoshi-sama! — dijo sonrojándose, el sabia que si lo rechazaba le rompería el corazón a la pequeña.

¡Gracias! — susurró solo a ella, que al verse sin pez, se inclino y le dio un beso en la mejilla sorprendiéndolo a el y a los presentes, y echando a andar hacia Omasu y Okon, que estaban aun mas sonrojadas y arrastrándolas hacia otro lado.

¡Eres el centro de su universo! — comento Okina con malicia, Aoshi desconcertado no respondió aunque Hannya, y los otros comprendieron muy bien lo que insinuó el hombre, peliblanco.

¡Algo sucede!... — dijo Aoshi notando como varias personas se apresuraban alejándose de la feria, y la palpable tensión en el ambiente.

¿Dónde están las niñas? — pregunto Okina buscándolas con la mirada.

¡Encuéntrenlas!... — Ordeno Aoshi, mientras estos se dispersaban de inmediato.

¡Yo busco por allá! — dijo Okina señalando unos cubículos mas lejos.

A medida que avanzaba Aoshi encontraba el caos desatado; las personas corrían a todas direcciones, los niños llorando y llamando a gritos a sus madres, los policías y los
Shinsen, corriendo por todos lados con expresiones tensas, como si el fin del mundo hubiese estallado de golpe.

¡El destajador mato a su mujer, y esta aquí! — soltó Katsu al reconocerlo, pálido y sudoroso, antes de echar a correr con una cuadrilla. Aoshi lo miro partir sin alterarse pero en un rincón de su mente, solo pensaba en Misao.

¡Aoshi-sama! — Grito Omasu aterrada aferandoce ael braso de Shikijou.

¿Donde esta Misao? — dijo secamente, mientras la chica le dirigía un mirada aterrorizada, que hizo que el alma le cayera a los pies.

¡Se me soltó, nos separo una multitud que echo a correr de repente, dicen que Battousai mato a su mujer, y que esta fuera de control! — soltó aterrada y rompiendo a llorar.

¡Aoshi-sama! —dijo el hombre al verlo.

¿La encontraste Hannya? — pregunto tenso.

¡Okon esta inconciente, que hacemos Okina tampoco la consiguió! — contesto.

¡Llévate a Omasu y a Okon al Aoiya, Hannya búscala…!— dijo entregándole el cuenco que aun sostenía, e internadote en la oscuridad, debía encontrarla, había dado su palabra a Sato y a Sakura, no podía no debía fallarles, ella debía estar aterrada, no podía dejar de pensar en lo asustada que estaría. — ¡Misao…! — susurro.

La aterrada niña miraba hacia todos lados, no tenia ni idea de cómo había llegado hasta allí; una ola de personas la había arrastrado hasta una calle oscura y ella había tratado de regresar y de alguna manera había terminado alejándose mas, se volvió de golpe, había alguien detrás de ella lo sabia a pesar que la oscuridad lo cubría todo, como toda niña curiosa que era se acercó, era un joven hombre de cabellos rojos, vestía un Ge azul y un Hakama Blanco, salpicada de tierra y sangre, tenia los ojos cerrados, de los cuales salían finas lagrimas que se escurrían por sus mejillas, la que llego a ver sangraba bajo una cortada en forma de X.

¿Por que lloras? — Dijo Misao con tristeza reflejada en su inocente voz, en un abrir y cerrar de ojos el joven ya no estaba frente a ella si no detrás.

¿Quién eres? — pregunto fríamente, aunque el dolor estaba allí a la vista de esa inocente criatura.

¡Me perdí! — dijo asustada.

¡Una niña!... — dijo abriendo los ojos y volviendo a Misao hasta verle los ojos Azules.

¿Por qué estas triste? — pregunto tocándole la mejilla sana, este la miro confundido, tal vez esperando quemarse donde ella le había tocado a el un ser indigno de nada. — ¡Te cortaste! — Dijo alarmada recordando la otra mejilla, mientras metía la mano entre los pliegues del pequeño kimono y sacaba un pañuelo rosa, poniéndoselo con sumo cuidado en la mejilla izquierda.

¿Dónde están tus padres? — pregunto mirando a ambos lados con cautela.

¡Están muertos, los mataron! — contesto bajando la mirada para ocultar su tristeza, el se sintió avergonzado, ¿pudo el haber matado a sus padres también?.. ¿Durante cuanto tiempo se estaría preguntando lo mismo?, tal vez cada vez que conociera a algún ángel como ella.

¡Lo siento! — dijo con tristeza, la niña lo miro y sonrió débilmente.

¿Te duele? — Pregunto mirando de cerca el corte.

¡No, el cuerpo no es lo que me duele, es el alma pequeña! — contesto levantándose de golpe, alguien se acercaba allí y no podía poner en peligro a la niña. — ¡Vamos!

¡Battousai! — demasiado tarde lo había visto, ahora tendría que luchar.

¿Ba-tou-sai? — repitió Misao débilmente sabiendo a la perfección lo que significaba.

¡Escucha, escóndete y no veas, voy a llevarte a casa! — dijo el acecino empujándola detrás de unos barriles vacíos, mientras un hombre salía de la oscuridad un par de metros mas allá, sin ceremonia alguna se lanzó contra el acecino sable en mano y a los pocos segundos estaba en el suelo. — ¡no abras los ojos no mires! — dijo cargando a la pequeña y echando a correr.

¿Lo mataste? — pregunto una vez se detuvieron.

¡No, solo lo golpee! — dijo con evidente deje de alivio y ella volvió a limpiarle la mejilla con el pañuelo levemente empapado.

¡tu no eres malo!, ¿Verdad? — dijo Misao mirándolo con inocencia.

¡Yo, no lo se!… ¿tu que crees? — Pregunto mirándola atentamente.

¡Eres bueno como Aoshi-sama! — sentencio la niña, mientras el acecino miraba a la niña sin percatarse aparentemente de la silenciosa sombra que se acercaba a ellos.

¿Quién es Aoshi-sama? — pregunto el pelirrojo sin dejar de mirarla.

¡El es quien me cuida! — contesto dedicándole un brillante sonrisa, que murió al instante que un rayo de luna toco la hoja del arma desenfundada de la sombra que se acercaba lentamente observándolos.

¿Crees que no se que estas allí? — dijo el acecino, sin dejar de mirar a Misao que se había puesto pálida.

¡Aléjate de ella! — dijo Aoshi Shinomori saliendo de la oscuridad, mirando al acecino atentamente. — ¿Estas bien Misao? — agrego mirando a la niña, sus ojos se detuvieron con estupor en las manos ensangrentadas de la niña y sintió como la ira se apoderaba de el cegándolo. — ¿Qué le has hecho? — bramo fríamente haciendo que Misao se estremeciera de terror de los pies a la cabeza.

¡No te importa! — contesto secamente el acecino, desenvainando su katana.

¡Iie! — grito Misao aterrada echando a correr quedando en medio de los dos combatientes. ¡Basta, paren! — chillo histérica, logrando que ambos se detuvieran a tiempo, y no terminaran matándola. — ¡Iie Aoshi-sama, Sr.!, ¡el no me hizo nada... Es el se corto es el!— chillo abrazándose a una de las piernas de Aoshi, rompiendo a llorar de los nervios.

¿Es verdad? — pregunto el pelirrojo.

¿Qué?— contesto Aoshi alejándose para poner a salvo a Misao.

¿Tu cuidas de ella? — pregunto el acecino sosteniendo la Katana con una mano y el pañuelo de Misao contra su mejilla izquierda aun sangrando.

¡Si!. — contesto a su ves Aoshi

¡No la vuelvas a perder! — dijo el acecino dando un salto al tejado, haciendo que Aoshi se sintiera entupido y frustrado. — ¡Cuídese mucho Misao-dono!.

¡Ja ne! — dijo secándose las lagrimas que no paraban de salir.

¿Estas bien? — pregunto Aoshi Agachándose frente a ella una vez el acecino se hubiera ido.

¿Esta bravo conmigo Aoshi-sama? — fue la descorazonada y llorosa respuesta de la niña.

¡Iie! — contesto, y antes de que el pudiera agregar algo mas ella se abrazo a su cuello llorando a lagrima viva. — ¡Vamos…! ¡a casa!. — susurro cargándola.

Kyoto 1869

¡Misao! — dijo Okina preocupado.

¡No estoy! — Chillo molesta.

¡Vamos! — dijo el hombre mayor dedicándole una mirada suplicante a Aoshi.

¡Es trabajo Misao! — dijo Aoshi finalmente buscando apoyo en sus compañeros. El Shoji se abrió de golpe y la pequeña Kuniochi salio echando chispas.

¡Vas a abandonarme! — sentencio acusadora señalándolo.

¡Te quedas con Okina y el resto de los Onni! — dijo Shikijou tratando de calmar a la pequeña.

¿Es que no me quieres Misao-chan? — soltó Okina dramáticamente.

¡Si!.. Pero, ¡No quiero! — soltó mirándose las manos con tristeza. — ¡pero, eso no importa! ¿Verdad?, ¡no importa lo que yo diga lo que yo quiera, usted es el okashira y va a hacer lo que usted quiera… total usted no me quiere Aoshi-sama! — soltó con los ojos llorosos antes de salir corriendo

¡Misao! — susurro el Okashira para si, sintiéndose cada vez peor.

¡Tranquilo, ella lo entenderá! — trato de calmarlo Okina.

¡Hai! — dijo tratando de convencerse a si mismo; aquella noche, cuando ella ya dormía entro a la habitación de la niña, esta dormía intranquila con los ojos hinchados de llorar, la habían encontrado Hannya y Shikijou en un armario de la cocina llorando a lagrima viva; toco sus mejillas y beso su frente. — ¡ja ne Misao-chan! — dijo con tanta ternura, que dio gracias haberse despedido de ultimo, con una ultima mirada salio cerrando el shoji.

¡buen viaje Aoshi-sama!— se despidieron Omasu y Okon, mientras Shirou y Kurou, nuevos integrantes del Onni les daban provisiones a los hombres de Aoshi.

¡Cuídate hijo! — dijo Okina.

¡Cuídala Okina!... — contesto este echando a andar con sus hombres vistiendo la gabardina blanca uno de sus mas preciados tesoros, Okina y el resto del Onni, miraron al grupo hasta que se perdieron en la noche.

¿Doushite Aoshi-sama?— murmuro la niña en ese momento presa del sueño dejando escapar un doloroso sollozo.

Esta historia esta dedicada a todas aquellas personas que me animaron a seguir escribiendo desde el 07/09/2003. que fue la primera vez subí el primer capitulo de esta historia, ahora editada.

Por aquellos días era Makimashi Misao (F.D.S.S.L.A)

Ahora Elizabeth De Lara. Pero en el fondo la misma, para ellos y ustedes, espero que les guste.