Las once menos cinco

Hola...

¿Qué tal? Bueno, me presento. Me llamo Amadeo, y soy un joven de 16 años que pretende no dejaros indiferentes con esta apasionante historia.

¿Cómo se me ocurrió?: Bueno, un día me encontraba navegando por el inmenso mundo que es internet, y encontré un fic en el que Harry se hacía "malo" y se unía a Voldemort. Realmente, era original, por eso lo leí. A mí sinceramente, me gustan los fics extraños, aunque he leído miles. Pero si es extraño, con un título extraño y una trama original, siempre le doy una oportunidad. Y aquel fic que leí me inspiró, era cortito y bonito, pero bastante irregular. Muy aburrido por partes y bastante mal estructurado. Busqué más fics de este tipo, pero nunca, JAMÁS, encontré otro igual. Y esa noche, a les 3 de la madrugada, me puse a escribir lo que sería el fic perfecto para mí. Naturalmente, está muy lejos de la perfección, pero es mi fic, y mi visión de las cosas. Y por esto escribo una historia en la que Harry es el "malo", para variar.

Síntesis: Un hombre con un oscuro pasado, pretende rehacer su vida estudiando medicina. Y para sorprender al entrevistador, cuenta su propia historia, como ha llegado hasta ahí. Cuenta como llegó a volverse loco, haciendo hechos que en su vida hubiera imaginado. Cuenta como se enamoró de la luna, y como su obsesión por ella le llevó a la ruina, otra vez.

Disclaimer: Estos personajes y espacios pertenecen a JK Rowling. Solo pretendo divertirme sin ánimo de lucro escribiendo esta historia, y compartir mi pasión: escribir.

P.D.: Lo que es la historia realmente, está ubicada en el séptimo año. Naturalmente, va a haver muchas cosas parecidas al séptimo de Rowling, (como por ejemplo la trama de Dumbledore) pero NO VA A SER TODO IGUAL.

Prólogo.

Las once menos cinco.

Había llegado antes de hora, cómo de costumbre. Un hombre joven, con unos veintidós años de edad, estaba sentado en el banco que daba acceso a la cámara donde estaba el entrevistador.

Después de tanto tiempo vagando por el mundo muggle, estaba a punto de conseguirlo.

Lo más difícil ya lo tenía, la entrevista para entrar en Harvard. Era una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos y del Mundo. También la más antigua, fundada en 1636. Era el lugar perfecto para empezar una nueva vida y huir del pasado.

Desvió su mirada hacia el techo. Era una sala tan grande, tan inmensa… había una estatua en la que ponía "Veritas", palabra en latín que significa verdad. Un lugar señorial, y con aquel espacio imponía respeto.

Las once en punto.

Su antecesor salía con no muy buena cara. Le miró a la cara y le murmuró un "suerte" bastante frío. Le tocaba. Inspiró largamente y entró en la puerta.

El despacho del entrevistador no era muy exquisito. Más bien mediocre, comparado con todo aquel lugar. El joven hombre se sentó y esperó a que su locutor tomara la palabra.

-Veamos… – dijo, mientras escarbaba en unos papeles. Por fin pareció encontrar el informe que buscaba -. Usted es… Sirius. Sirius Richards. ¿Me equivoco?

-En absoluto – respondió el joven hombre llamado Sirius, con toda la naturalidad que le supo imprimir a sus palabras.

-Bueno… voy a ser sincero – su entrevistador observó con más detenimiento el informe que tenía en sus manos -. Tiene pocas posibilidades de entrar en esta universidad. Más bien escasas.

Sirius encajó la información con frialdad. El entrevistador pudo observar que, pese a estar muy limpio y bien vestido, tenía algunos cortes en la cara y desfiguraciones. El tal Sirius parecía haber estado implicado en miles de guerras y batallas. Sirius no se inmutó con su mirada, pero empezaba a sentirse incómodo. Cómo el locutor no decía nada, habló el interlocutor:

-¿Y… podría saber porqué… señor? – se apresuró a añadir.

El entrevistador enarcó una ceja y sonrió de forma cínica.

-Bueno. Vamos por partes. Primero: no has abonado la total cantidad de la plaza. Aunque lo cubra otra persona, sigue faltando dinero. Segundo: hay más de dos mil candidatos y solo cinco plazas. Además, los otros candidatos sí pagan la cantidad correspondiente. Vamos, señor Richards, creo que es imposible.

-¿Ha visto mis notas, y mis recomendaciones? – indagó Sirius, esperanzado.

El entrevistador echó un vistazo.

-Sí… bueno, son buenas. Tiene las recomendaciones de… - miró el papel -. El profesor Filch y la profesora Adams… todo con excelentes. Pero aún así… no creo que debamos seguir con la entrevista, señor Richards.

Sirius se estaba poniendo nervioso. Aquello entraba dentro de sus previsiones, pero aún así… era tan difícil, tan imposible… si tuviera una varita… aunque de poco le serviría. Pensó en algo, algo rápido. Era capaz de todo, por esa entrevista. De todo…

-Sé que no es muy selecto que diga esto, pero mi mente es brillante. No deberían de desaprovecharme. Tengo…

-¿Por qué quiere entrar en la facultad de medicina? – le interrumpió bruscamente el entrevistador.

Sirius se detuvo. Esperaba aquella pregunta, y aun así, no se había preparado nada. El entrevistador era consciente de aquello.

-Por que… la medicina, es mi vida. Es mi sueño.

-¡Qué original! – dijo el locutor, de forma irónica.

-No, en serio – lo intentó Sirius, de nuevo -. Lo necesito. Es algo que quiero hacer por mí mismo, y por el mundo. Quiero contribuir a encontrar remedios del SIDA, cáncer, y todas las enfermedades etiquetadas y no etiquetadas. Quiero hacer una labor social.

-Bueno – el entrevistador se removió en su asiento y le miró de frente, a los ojos. Parecía que intentaba leerle la mente -. Haremos una cosa. Dígame algo que le diferencie de los demás. Algo. Lo que sea. Una experiencia vital. Una historia. Si consigue explicarme por qué debería de darle una de las plazas a usted, se la daré. Si consigue sorprenderme, se la daré.

Sirius le miró. No tenía otra salida. Debía de contárselo. Seguro que esa historia no le dejaba indiferente.

-Había una vez… había una vez un hombre, llamado Harry Potter, que con el paso del tiempo, se enamoró de la luna…