Título Original: The Price of Love
Autor Original:
RogueSugah
Traducción:
Snowfallbaby

Disclaimer: Está demás decirlo, pero los personajes le pertenecen a Jk Rowling. La escena, sin embargo, es producto de la increíble imaginación de RogueSugah.

Resumen: Historia alternativa situada en el verano despúes de La Órden del Fénix y en el sexto año en Hogwarts. Todo lo que Hermione quiere es acercarse más a Ron. Este verano su deseo se cumple, pero mientras más cerca estén, mas difícil se tornará para ella compartir su secreto con él. Pero debe hacerlo. Si el amor es realmente más fuerte que el odio, como cree Hermione, puede que los sentimientos del uno por el otro sean suficientes para salvarlos a todos.

Parejas: Ron Weasley y Hermione Granger, obviamente, con pistas sobre un posible Harry Potter y Ginny Weasley unidos en un futuro.

Clasificación: Este definitivamente no es un fic para menores de 13 años.


1

¿Quién dice?

-o0o-


Desde que Hermione Granger puso una silla fuera y se sentó en una de las mesas frente a la heladería Florean Fortescue, se dijo a sí misma por centésima vez, que el aceptar esa cita había sido un error. Tembló al pensar en la carta inesperada que había recibido de Viktor Krum dos días atrás. Él tenía que jugar un partido contra Inglaterra al final de la semana, pero le informó que volaría más temprano sólo para verla. Parecía tan entusiasmado... Hubiera sido descortés de su parte rechazar su invitación. O por lo menos fue así como trató de justificárselo a sí misma. Su primer impulso había sido el de responderle inmediatamente y rechazar la invitación con una..., bueno, no había otra palabra para definirlo, con una mentira. No podía decirle la verdadera razón por la cual no quería ser vista con él en el Callejón Diagon.

«Mira Viktor, ya hemos hablado de esto. Sabes que siento algo por otra persona y por eso sólo podemos ser amigos. Ya te lo he explicado en reiteradas ocasiones. Bueno, sucede que este alguien también tiene dos hermanos escandalosos que convirtieron el escuchar a hurtadillas en una nueva forma de arte. Ellos han abierto una tienda a... ¡oh!, metro y medio de donde quieres que nos encontremos y realmente preferiría que no me vieran. Tú entiendes, ¿verdad?».

«Claro que él no entendería. ¿Por qué simplemente no le dije que estaba de vacaciones con mis padres y que estaría fuera de la ciudad? Hubiera sido todo mucho más sencillo».

Hermione reflexionó un poco mientras esperaba sentada.

«Y tú sabes por qué...», se respondió a sí misma. «Ya le he dicho una y otra vez que mi corazón pertenece a alguien más, pero él no escucha. Tengo que hacerle entender que ésto no puede ser y lo tengo que hacer en persona; se merece eso, al menos».

Hermione estaba tan sumergida en sus propios pensamientos que no notó llegar a dos compañeras de escuela, Parvati y Padma, cuando ambas se sentaron en una mesa cercana a la de ella.

—Hola, Hermione —dijo Parvati, cogiendo una cuchara y tomando un trago de su helado.

—¡Oh! —respondió Hermione, tomada por sorpresa—, hola. Es una agradable sorpresa verlas por aquí. ¿Están comprando las cosas para el colegio?

—No, sólo nos vamos a encontrar con unos amigos, ¿y tú? —preguntó Padma educadamente.

—Lo mismo.

—Ah, ¿te verás con Harry, entonces? —Padma lucía bastante entusiasmada.

—Em... —comenzó Hermione—, no exactamente. Voy a encontrarme con...

—¡Oh, mira! —chilló Padma, apuntando sobre el hombro de su hermana—. ¡Es Victor Krum!

Y así era. Ahí estaba él, caminando hacia ellas con la frente fruncida, luciendo tan malhumorado como siempre. Y no a más de cinco pasos detrás de él, Hermione notó el murmurar de las jovencitas que comenzaban a congregarse.

«Ah, genial...», pensó Hermione, «tendré que hacer esto frente a su club de admiradoras».

Al abrir la puerta y entrar al baño lleno de vapor, Ron Weasley se llevó el susto de su vida. Alguien más estaba ahí dentro, alguien que era demasiado pequeño como para ser uno de sus hermanos, y aunque no podía explicar cómo, sabía que tampoco podía ser Ginny. Mientras estaba allí parado contemplando aquel inesperado descubrimiento; el agua dejó de correr y escuchó la cortina de la ducha moverse a un lado. Desafortunadamente, la densidad del vapor era tanta que no le permitió ver el contorno del individuo delante suyo, pero pudo entrever que definitivamente se trataba de una mujer. Dio unos pasos indecisos hacia delante y se desilusionó al ver que ella ya tenía una toalla envuelta alrededor de su cuerpo. Como la chica estaba de espaldas, no pudo notar su presencia. Ron observaba atento como ella se inclinaba dejando su largo y húmedo cabello caer encima de su rostro, y recogía una segunda toalla del piso. Rápidamente, ella se la echó encima y comenzó a frotarla contra su pelo para secárselo. Los ojos de Ron comenzaron a delinear sus piernas silenciosamente, deseoso de que la toalla continuara elevándose un poco más. Dejando la toalla en sus manos, la mujer se enderezó, y en cuanto lo hizo, dejó caer sus mechones húmedos sobre su espalda.

«Va a voltearse», pensó él un segundo antes de que ella comenzara a hacerlo. «Me va a ver».

Aún así, era más importante el hecho de que él estaba por descubrir la identidad de esa misteriosa mujer.

—¿Disfrutando la vista? —preguntó la muchacha cuando se viró y lo descubrió.

Los ojos de Ron se ensancharon sorpresivamente cuando ella levantó su cabeza y lo miró fijamente con una sonrisa maliciosa.

—¿Qu-qué estás ha-haciendo? —tartamudeó, mientras ella daba unos pasos adelante y dejaba caer al suelo la toalla que cubría su cuerpo, dejándola totalmente descubierta.

—Es tu sueño, Ron... —contestó ella, lamiendo sus labios seductoramente y acechándolo—. Haré todo lo que me pidas...

—¡Mierda! —gritó Ron al sentir la mano de la muchacha descender al frente de sus pantalones y abrir los botones—. ¡Hermione!

—¿Hermione?

Se había ido. Un minuto estaba ahí y el otro se había esfumado.

«¿Qué demonios...?», pensó él cuando de pronto fue devuelto a su estado conciente en contra de su voluntad. En algún lugar de su mente pudo sentir cómo lo sacudían, pero no quiso reconocerlo. Ron quería ignorarlo y continuar su sueño. Quizás si la ignoraba, esa sensación desaparecería.

«Hermione en la ducha», pensó. «Hermione en la ducha». Pero ya no tenía sentido...

—¡Ron, despierta! —le gritó una muy inoportuna voz masculina.

—Lárgate... —murmuró dentro de su almohada, dándole la espalda a aquella voz.

—¡Sal de la cama, perezoso imbécil! —gritó Fred, cogiendo las sábanas y poniéndolas fuera de su alcance.

—¡Oye! —chilló Ron, a la vez que llevó la almohada delante suyo en un intento por esconder su excitado estado.

—Soñar con ella no va a ayudarte —espetó Fred, riéndose al mismo instante en que arrojaba un par de pantalones y una remera por encima de la cabeza de Ron.

—¿Qué? Yo no estaba... —intentó defenderse Ron con la cara totalmente sonrojada.

—Hablas entre sueños, hermanito...

—¡Claro que no! —protestó Ron indignado.

—¡Mierda!... Oh, Hermione... ¡Hermione! —replicó Fred con una voz exageradamente sensual y agitada.

—¡Púdrete! —le gritó Ron a su hermano mayor—. No dije nada de eso —prosiguió—. «Al menos no de esa manera».

—Oh, sí que lo hiciste —rió Fred—. Y no es la primera vez.

Ron lo miró boquiabierto, aterrorizado por el pensamiento mismo. Él había tenido ese tipo de sueños durante años. «¡Maldita sea!», pensó para sí mismo cuando los hechos se acomodaron en su cabeza. «¡Si hablo entre sueños, entonces todos en mi dormitorio también lo deben saber!».

—Es casi mediodía. No puedo creer que todavía estés en la cama. Levántate y vístete —ordenó Fred—. Tienes trabajo que hacer.

—¡Pero... estoy de vacaciones! —protestó Ron al pasarse la remera azul oscuro por la cabeza y los pantalones.

En menos de cinco minutos, un muy disgustado Ron bajó por las escaleras y entró en la cocina, seguido de cerca por su hermano mayor.

—Aquí —le dijo Fred, arrojando un par de zapatillas a sus pies—. Ponte éstas.

—Déjame en paz —bramó Ron, tiró el calzado a través de la cocina y tomó un asiento llevándolo a la mesa—. Te dije que no voy a ir ningún lado.

—¿Ir a dónde? —interrumpió Ginny desde una de las sillas opuestas a las de Ron, que echaba humo.

—Al callejón Diagon —replicó Fred—. Hermione está ahí con Krum.

Ginny se quedó helada. El emparedado que iba a morder había quedado a unos milímetros de su boca abierta, y fue lentamente devuelto al plato. Le tomó más tiempo cerrar sus labios, de todos modos

—Ah —se las arregló para decir, estudiando a Ron cuidadosamente.

—No puedo creerlo —espetó Fred bruscamente—. ¿No vas a hacer nada? ¿Sólo te vas a sentar ahí a... quejarte?

—Yo no me quejo —replicó Ron enfurecido.

—¡Oh, por favor! —rió Ginny silenciosamente, aunque no lo suficiente, ya que su hermano no falló en escucharla. Sus ojos se fijaron en los de ella inmediatamente y procedió a mirarla escrutadoramente.

—Fred tiene razón —acotó Ginny, devolviéndole la mirada y negándose a parpadear—. Ve y habla con ella.

—¡NO!

—¿Por qué no? —continuó.

—Porque es un maldito cobarde —le respondió Fred—. Y pensar que tiene el coraje de llamarse Gryffind...

—¡Oye, ¿qué sucede aquí?! ¡¿Por qué están tardando tanto?! —interrumpió una voz familiar detrás de él. El trío giró para ver la cabeza de George flotando entre las llamas verdes de la chimenea—. Mejor que te apures hermanito, o vas a perder a tu tortolita.

—¡Ella no es mi...! —intentó objetar Ron.

—¿Entonces por qué gimes su nombre entre sueños? —rió Fred.

—¡Váyanse a la mierd...!

—Que hermoso caráter —interrumpió George sarcásticamente—, pero mejor guárdalo para Krum. La última vez que miré, ese búlgaro idiota tenía sus brazos alrededor de ella.

Estas palabras tuvieron un visible efecto en Ron. Lo que había sido sólo una irritación para con sus hermanos se convirtió en cólera instantáneamente. Sus ojos resaltaban a la misma vez que sus puños se cerraron herméticamente a sus lados, tratando de no imaginarse al narigón, retardado y estúpido búlgaro tocando —besando—, a su Hermione.

Ginny reaccionó ante el comentario de su hermano con la boca nuevamente abierta por el asombro.

—Eso es mentira —recriminó confidentemente cuando recobró el habla.

—Bueno, está bien... Él nada más la sujetaba la mano —admitió George—, pero así es como se empieza, ¿sabes?

—Si no actúas pronto la vas a perder —añadió Fred.

—Ella ya eligió —gruñó Ron, testaduro hasta el final, cruzando sus brazos sobre su pecho y mirando de reojo a los demás.

—¿Cómo pudo haber tomado una decisión... —cuestionó Ginny—, especialmente cuando no sabe lo que sientes por ella?

—Ella sabe lo que siento por Krum.

—¡No por Krum, imbécil! ¡Lo que sientes por ella! ¡No puedes esperar que Hermione elija cuando no sabe que tú estás interesado!

—¿Y quién dijo que yo estoy interesado?

Los tres lo miraron incrédulos.

—¡Ay, por el amor de Dios, Ron! ¡TODO EL MUNDO LO SABE! —replicó Ginny en un tono totalmente exasperado debido a la actitud obstinada de su hermano.

—Todo el mundo excepto Hermione, querrás decir —le corrigió George.

—¡Oh, está bien! —suspiró Fred—. Sé un maldito burro testarudo. Si tú no vas a parar esto, yo lo haré.

Se escuchó un fuerte ruido y Fred desapareció de la cocina.

—Estoy de acuerdo —añadió George con una voz maliciosa—. Ninguna futura cuñada mía va a coquetear con otro hombre. Incluso aunque éste sea una estrella internacional de Quidditch. Nosotros le enviaremos tus cariños, Ronnie...

—¡MALDITOS IMBÉCILES, MEJOR QUE NO...! —rugió Ron saltando de su silla. El resto de la oración murió en sus labios cuando la cabeza de George le sonrió perversamente y se desvaneció en el fuego.

—¡MAMÁ! —gritó Ron, corriendo hacia la esquina para coger sus zapatos—. ¿Dónde están los polvos floo?


N/t: ¡Gracias por tantos hermosos reviews de bienvenida! La verdad estoy muy contenta de que les interese que continúe traduciéndola, y puedo asegurarles que yo sí la voy a terminar, como que mi nombre es Melina I Sousa. Con respecto al capítulo: (a los antiguos lectores) ¿refrescaron la memoria?, (y a los nuevos) ¿que les pareció?. Si recuerdan la traducción previa, quizá notaron algunos varios cambios en las palabras y expresiones, ojalá les haya parecido que logré mejorarla, o no..., cada cual tiene su gusto. Pero me encantaría que me lo hagan saber. ¡Capítulo uno, terminado!