Nota de Autor: Una pequeña aclaración que me faltó hacerles respecto al último capítulo. Estaba tan furiosa que me olvidé por completo. Como verán, Jiraiya está vivo. No, no es un agujero de la trama. Lo hice a propósito, no se preocupen. La batalla con Pein no ha sucedido todavía, y Jiraiya había vuelto de su misión para recolectar información.

Intentaré recompensarlos por el horrible capítulo pasado ― sí, sigue sin gustarme. Oh, y configuré el Word para que me haga las rayas de diálogo largas (―) porque me encantan, pero no podías hacerlas con teclado.

Por otro lado, este es el capítulo veintisiete. Wow. Nunca creí que este fic sería tan largo, pero aquí estoy. A partir de ahora, la historia se desenvolverá en Konoha, la mayor parte al menos ― quiero que estos dos imbéciles se enamoren de una jodida vez.

¡Ah! Y una cosa más. Descubrí que ahora, como se están enamorando y el amor es algo que se desarrolla desde las dos partes (?) probablemente no vuelva usar el punto de vista de Sakura. Por cuestiones prácticas, ¿se entiende?

En fin, les dejo leer.


Mejores Amigos
by Peace Ctrl
Capítulo Veintisiete: Observación


Sasuke estaba apoyado en el marco de la puerta, observando a Sakura hacer el desayuno. Olía a miel y a panqueques, y la cafetera se estaba ocupando del café. Cuando la pelirrosa hizo una pausa para ir a buscar un vaso de agua a la heladera, se quedó mirando el abanico Uchiha que había en su espalda. El volver a estar en esa cocina, con olor a comida caliente… Casi podía imaginar a su madre caminando por los pasillos, llevando y trayendo ropa sucia, arreglando flores para el centro de mesa.

―No he comido panqueques en una eternidad, ―suspiró Sakura, ofreciéndole un vaso de agua hasta que el café estuviese listo. Negó con la cabeza y ella se encogió de hombros―. Sólo espero recordar bien cómo se hacían…

La máquina del café dio su alarma y Sakura le miró expectante. Sasuke rodó los ojos y suspiró, caminando lentamente hacia el café negro. Sacó dos tazas de la alacena de arriba y sirvió el café. Puso las tazas sobre la mesa, las pequeñas cucharas y el azúcar, y se sentó en una de las sillas de madera, apoyando su cabeza en una de sus manos. Miró a su taza de café, y a todo el humo que salía de ella. Estúpido café. Estaba demasiado caliente.

Entonces, Sakura se dio la vuelta, le miró sonriente con la sartén panquequera en su mano derecha. Sasuke notó, con una sonrisa arrogante, que el delantal blanco que tenía puesto también tenía el abanico Uchiha bordado en la falda.

―Creo que saldrán bastante bien, después de todo, ―dijo, desparramando la pasta en la pequeña sartén―.

Volvió al fuego por unos segundos, luego se volteó de nuevo y le sonrió arrogante a Sasuke.

―Harás un desastre, ―advirtió―, ni se te ocurra.

―Woah, eres un aguafiestas, ―se quejó, pero lanzó el panqueque al aire de todas formas. Sasuke cerró los ojos, y luego los abrió lentamente―. No hice nada, ¿ves?

―Sólo quédate quieta, y date prisa con eso, tengo hambre.

Frunció el ceño e hizo un puchero.

―Estúpido Uchiha, ¡encima que estoy cocinando, te quejas!

Cuando estuvieron terminados, Sakura había arreglado un plato con unos cuantos panqueques, chorreando con miel. Se mordió el labio, se veían deliciosos… Pero de verse delicioso a realmente estar deliciosos, había un gran trecho. Sasuke pinchó uno con el tenedor y lo puso en su plato, lo cortó y lo probó rápidamente. Lo masticó lentamente, torturándola. Aún cuando lo tragó, seguía sin decir nada, mirando ausentemente su café.

―¿Y? ¿Qué tal están? ―se rindió ella, cuando vio que él no tenía pensado decir nada―.

―Le faltan sal, ―sonrió arrogante, sin mirarla―.

―…púdrete.

La pelirrosa tomó un sorbo de su café, y miró por la ventana que había encima del fregadero, pensando en qué haría en ese día.

―Um, Sasuke, ―empezó. El aludido levantó la cabeza de su comida, y Sakura notó satisfecha que en el corto minuto en el que se había distraído, él ya se había comido siete panqueques―, hoy tenía pensado ir al hospital, ¿tú que quieres hacer?

―Nada, ―dijo tranquilamente, tomando otro más―, quizás busque al dobe.

Sakura sonrió.

―Pues háganme saber dónde estarán, así luego puedo acompañarlos, ¿sí? ―Sasuke asintió ausentemente―. Aunque, luego de mi turno en el hospital, si es que Tsunade-sama me da trabajo, me gustaría ver un par de apartamentos, ¿quieren venir?

―Apartamentos, ―dijo, tragando, mirándola fijamente―. ¿Para qué?

―No sé si recuerdas, pero no tengo dónde vivir, ―dijo sarcástica―.

A Sasuke no pareció agradarle el chiste, y frunció el ceño. El silencio le hizo pensar de nuevo lo que había dicho, y bajó la mirada a su café.

―Estás aquí ahora, ―le dijo. Sakura le observó, levantando una ceja―. Puedes quedarte el tiempo que quieras.

Volvió a sonreír.

―Gracias, Sasuke-k ―se cortó a sí misma―, Sasuke.

Sakura sentía tantas cosquillas en el pecho que creyó que iba a tirar la taza de café, pero pudo soportarlas. Suspiró e inspiró el delicioso aroma amargo que su taza despedía. El cielo estaba horrible ― nublado y oscuro, parecía un anochecer constante. Había la típica humedad que aparece luego de una buena lluvia. Buena lluvia. Definitivamente, ella era testigo.

―No has comido nada, ―dijo él.

Dejó de mirar por la ventana y fijó sus ojos en él, luego en los panqueques ―aunque sólo quedaban tres.

―Es cierto… Pero no te preocupes, puedes comerlos tú, ―dijo, bebiendo una vez más de su café―.

Sasuke meneó suavemente la cabeza y le sirvió los tres panqueques restantes. Sakura abrió la boca para protestar, pero él no la dejó hablar.

―Sólo come la estúpida comida, Sakura, ―dijo, cruzándose de brazos―.

Sakura hizo un puchero y metió un bocado de panqueques con miel en su boca. No le habían salido tan mal, de hecho, estaban bastante buenos, aunque se hizo una nota mental para agregarles más sal la próxima vez.

―¿Qué hora es? ―preguntó con la boca llena, y Sasuke rodó los ojos―.

Él miró las manecillas del reloj que había colgado en una pared.

―Nueve y media.

―Mm-hmm, de acuerdo, o estoy acostumbrada a despertarme demasiado temprano, o realmente es muy tarde, ―se quejó Sakura. Hizo una pausa, tomando un bocado más. Sasuke notó como la alegría de sus ojos se desvaneció de a poco―. ¿Crees que haya un funeral?

―…es probable, ―dijo cuidadosamente―.

―Debería averiguar dónde y cuándo, entonces… ―reflexionó, e hizo una pequeña pausa. Miró a Sasuke a los ojos―. ¿Crees que soy una mala hija por no tener ganas de ir?

El aludido se sorprendió por la seriedad de sus palabras, como si de su respuesta dependiese su vida.

―…no, no lo creo, ―respondió finalmente―. Nunca nadie quiere ir a funerales.

―…entiendo, ―dijo ella―. De todas maneras, supongo que debería ir, ¿no crees? ―preguntó jugando con el tenedor, mirando su plato―.

―Deberías hacer lo que tengas ganas de hacer.

Sakura le miró a los ojos, con una sonrisa triste.

―Si yo hiciese lo que tuviese ganas de hacer…

hubiese impedido que nos fuéramos, hubiese salvado a Itachi, hubiese llegado a tiempo para mis padres, hubiese seguido llorando hasta ahora.

―…seguiría durmiendo.


El equipo siete observó al miembro femenino del grupo resquebrajarse frente a la tumba de sus padres, dos días después. Casi podían oír el sonido de su corazón rompiéndose. Sólo veían su espalda ― cubierta con telas negras, en lugar de rojos y alegres colores ― y sabían que estaba luchando porque sus sollozos no se notasen, con los hombros comprimidos.

Naruto tenía una mirada solemne en su rostro, porque estaba harto de ver a la gente que quería sufrir, cansado de tener que consolar a sus amigos, y una vez más se veía a sí mismo prometiendo no permitir que nadie sufra; lo cual simplemente significaba que no había cumplido sus promesas anteriores. Apretó los dientes en impotencia, porque simplemente no había nada que pudiese hacer, nada que pudiese decir, y eso lo estaba matando.

El funeral había terminado hacía ya quince minutos, y ninguno de los tres se atrevía a interrumpirla. La gente ya se había ido ― porque nunca nadie quiere ir a funerales, pensó ella ― pero su equipo no se había movido de su lugar.

Kakashi tenía una mirada solemne, Naruto observó, y se preguntó por primera vez cuántas veces su sensei habría pasado por esta sensación de no poder hacer nada, porque por la manera en la que sujetaba su librito naranja, con fuerza y cerrado, podía determinar que sentía lo mismo. El jounin notó que el rubio le miraba, y asintió brevemente. Entonces, Naruto se giró hacia Sasuke, porque creyó que él sería el más adecuado para decirle a Sakura que debían irse, que debía ir a casa, porque este lugar no era hogar para nadie.

El joven Uchiha también miraba a Sakura, pero lucía como si no quisiese hacerlo. Tenía un buen punto, Naruto pensó, porque a él también le dolía ver a su amiga romperse (enmilesmilesmilesdepedacitos) frente a él; pero al mismo tiempo le daba mucha curiosidad saber hasta qué punto la relación entre ellos dos había evolucionado. Porque Naruto nunca había visto a Sasuke mirar a alguien de esa manera.

Entonces Sasuke lo fulminó con la mirada, luego la desvió, apretó los dientes y asintió despcacio, como si no estuviese de acuerdo del todo. Dio un par de pasos hacia delante, hacia Sakura, y puso una mano en su hombro.

La pelirrosa se puso rígida, sensando quién era el que la estaba llamando ― porque ya había perdido el sentido del tiempo y el espacio y todo parecía como un remolino infinito, como una pesadilla que nunca terminaría ― y se relajó un poco al saber que era él, dejando que el sentido de la familiaridad la invadiese. No se dio la vuelta, sin embargo, porque sus ojos estaban hinchados y de nuevo lloraba, y ella había prometido no volver a hacerlo, pero ver la tierra removida frente a ella le rompía el alma.

―Sakura, ―su voz suave dijo, y el corazón de ella se detuvo por un instante. Porque había algo especial en la manera en la que él decía su nombre, algo que la hacía temblar por dentro y se dio cuenta que quería escucharlo toda su vida. Cerró los ojos y dejó que un escalofrío la recorriese, y luego se mordió el labio, quizás si lo ignoraba, sólo quizás, lo diría de vuelta, y podría volver a escuchar su nombre salir de sus labios, y efectivamente, funcionó.

―Sakura, ―repitió, pero esta vez no tan suave, pero su interior estaba temblando igual, y su corazón iba y venía, y tuvo que respirar hondo para no ahogarse―, vámonos, ―dijo amablemente, y sus sentidos volvieron a activarse un poco más y se dio cuenta de que estaba tratando de ser gentil. Se preguntó cuánta lástima estaba dando en ese momento, y respiró una vez más para calmar a su corazón porque no podía detenerlo.

―No quiero, ―intentó hablar, aunque su voz salió ahogada y confusa. Se aclaró la garganta―. No quiero, Sasuke, déjame.

No quería verlo a los ojos, bajo ningún punto de vista, porque tenía miedo de lo que podía a llegar a ver. ¿Qué iba a hacer si veía lástima? No iba poder mirarlo a los ojos nunca más, y la idea simplemente le aterraba.

―Sakura, sé razonable, ―volvió a intentar él. Suspiró. No, no había manera en la que se fuese con ellos, porque estaba terriblemente avergonzada.

―Por favor, déjenme sola, ¡déjenme sola!

Sasuke apretó los dientes. ¿Es que acaso no comprendía? Por una noche lo había tenido con el corazón en la boca porque nadie sabía dónde demonios ella estaba para luego aparecerse a las tres de la mañana como si nada en el medio de una tormenta; y ahora estaba pidiendo que la dejasen sola una vez más. Ja, como si algo así fuese a pasar. Ejerció un poco más de presión en su hombro y la obligó a darse la vuelta. Ella no quería mirarle a los ojos, y lo estaba irritando un poco. La tomó por los dos hombros y le habló en la cara.

―Escúchame bien. Vas a venirte con nosotros porque no hay manera en la que te dejemos sola en un cementerio porque eres capaz de cortarte las venas con un árbol, ¿comprendes? ―le pareció un poco agresivo una vez que lo dijo, pero continuó―. Mírame a los ojos, Sakura.

Ella ahogó una risa que dejó a todos atónitos. Le miró con ojos llorosos pero una sonrisa en su rostro.

―¿Cortarme las venas con un árbol? ―volvió a reír―, Oh por dios, Sasuke, ese ha sido bueno, ―y se echó a reír de nuevo.

Naruto ensanchó los ojos y también río, y Sasuke podía prácticamente sentir la sonrisa arrogante bajo la máscara de Kakashi, si eso era posible siquiera. ¡Él ni siquiera había intentado hacer una broma! Y ahí estaba ella, riéndose de él. Frunció el ceño y la tomó por la cintura, guiándola hacia la salida. Pronto Naruto y Kakashi estaban a su lado.


Cuatro meses después, Ino se encontraba tomando café ―un capuccino, mejor dicho― en el principal bar de Konoha, junto a Sakura. La rubia sentía que hacía siglos que no se veía con su amiga pelirrosa así que la obligó a salir antes de su turno en el hospital. Por lo que había oído, seguía viviendo con Sasuke, y la curiosidad la carcomía por dentro porque Sakura era más que discreta en cuanto al joven Uchiha.

―Dime Sakura, ¿ya has hablado con Tsunade?

La aludida se mordió el labio y asintió, jugueteando con la pulsera rastreadora que aún tenía en su muñeca.

―Sí, esto… ―dudó un poco, luego sonrió y continuó―. El 'par de meses' que Tsunade-sama nos había dado para asentarnos ya ha pasado, y tenemos nuestra primera misión como shinobis de Konoha la semana próxima… ¡Ya casi había olvidado lo que se sentía!

Ino sonrió ampliamente. Por fin iba a poder pedir una misión con Sakura. Sólo mujeres. Iba a ser tan divertido, patear traseros entre amigas. También podría invitar a Hinata, si los Hyuuga no tenían problema.

La verdad, la rubia estaba bastante satisfecha con la relación nueva que había desarrollado con Sakura. Era obvio que la pelirrosa no era la misma ―lo extraño hubiese sido que sí lo fuese, de hecho; pero en cierto sentido también seguía siendo la misma niña tierna que tenía miedo que los demás viesen su enorme frente. Sentía alivio de que no hubiese cambiado tanto, de que pudiesen ser amigas de nuevo.

―Ya veo, ―dijo alegremente―, ¿el equipo siete reunido de nuevo, huh? Van a patear traseros, estoy segura.

Sakura rió.

―¿Tu crees? Sólo espero que Kakashi-sensei también pueda venir con nosotros, pero aún así. He extrañado las estupideces de Naruto.

Y aquí estaba la oportunidad que Ino estaba esperando, para darle un giro a la conversación. Sonrió de manera malvada para su interior y habló.

―Te creo, te creo, he estado en un par de misiones con él, ―la rubia rió―. De cualquier manera, no será tan diferente, ¿o sí? Es decir, tú ya has hecho misiones con Sasuke y estás acostumbrada a estar con él, ¿verdad?

Sakura levantó una ceja, y luego ahogó una risa.

―Oh, cerda, cerda. Si quieres que te hable de Sasuke, sólo dímelo, ―se echó a reír. Ino no se pudo resistir y rieron juntas.

Rieron un rato más y luego se hizo el silencio. La rubia no quería insistir, así que esperó unos… Quince segundos, antes de explotar.

―¿¡Y bien!? ¡Habla, frentezota!

Sakura rió un poco más y asintió, suspirando.

―Es que no te rindes, cerda. ¿Qué quieres que te diga? Sí, hemos hecho misiones juntos cuando Orochimaru nos lo pedía; y supongo que hacemos un buen equipo, no lo sé. Hablando de Roma, le he dicho que me pase a buscar por aquí para ir a hacer las compras. ¿Quieres venir?

Ino asimiló la información lentamente y se imaginó a los tres juntos en el mercado. Casi se echó a reír de lo incómodo ―divertido― que sería, y como Ino Yamanaka no conocía los límites, asintió frenéticamente.

―¡Sí! ¡Por supuesto, Sakura! ¿Qué tienes que comprar?

Sakura se sorprendió por el cambio de actitud pero respondió de todas formas.

―Lo básico. Leche, huevos, cereal… Creo que café, y oh, tomates, por supuesto.

La rubia estaba frente a una impresionante oportunidad para conocer la dinámica de estos dos que definitivamente no podía perderse.

―Está bien, quizás yo también compre algunas cosas… ¿A qué hora crees que vendrá?

―Pues le he dicho que a partir de las cuatro de la tarde estaría libre… ―Sakura miró casualmente su reloj y vio que faltaban unos pocos minutos―. Y teniendo en cuenta de que no tiene absolutamente nada que hacer, probablemente sea bastante puntual…

Fue entonces cuando el puño de Sasuke golpeó suavemente la ventana que estaba junto a la mesa de las dos kunoichis. Sakura lo había sentido venir, y rió entre dientes ante el salto que pegó su amiga. Miró a Sasuke a través del vidrio y lo invitó a pasar. Él entrecerró los ojos, y asintió hacia el lado de la calle, dándole a entender que quería ir al mercado y ya. Ella lo fulminó con la mirada, Sasuke suspiró y entró al bar.

Sakura le sonrió ampliamente mientras se hacía camino a través de las mesas ―ignorando a todas las meseras que se le babeaban en la cara―, y él se sentó junto a ella, molesto.

Ino los miró con suspicacia, buscando por cualquier detalle que los delatara. Pero, de nuevo, tenía toda la tarde para hacerlo.

―Sasuke, Ino-cerda nos va a acompañar al mercado hoy, no te molesta, ¿verdad?

El aludido miró con desconfianza a la rubia amiga de Sakura y meneó la cabeza.

―Como sea. ¿Podemos irnos? ―pidió mientras fulminaba con la mirada a la dueña del bar, que reía junto a una camarera mientras lo miraban desvergonzadamente.

―Ow, Sasuke, ¿no quieres un café? Te juro que ni yo puedo lograr un capuccino tan delicioso como el de aquí, ―le ofreció Sakura―. Y eso es mucho decir, sólo para que sepas.

Sasuke sonrió arrogante.

―Sigue diciéndote eso, Sakura. No, no quiero café. ¿Vámonos?

―Ugh, de acuerdo. Aguafiestas. ¿Vamos, cerda?

La aludida sonrió y se puso de pie, imitando a sus dos acompañantes.


Ino estaba sorprendida a la cantidad de indirectas que había entre esos dos ―tensión sexual, gritaba su conciencia, pero se rehúsaba a utilizar ese término en Sakura. Era impresionante y no estaría sorprendida, para nada, si dentro de unos pocos meses comenzasen a correr rumores sobre estos dos si continuaban comportándose así.

Por ejemplo, la manera en la que Sasuke la miraba cuando ella se agachaba para juntar manzanas, que estaban sólo a la altura de sus rodillas. O cuando se estiraba para alcanzar algo que estaba muy alto ― entonces el Uchiha aparecería por detrás, le sonreiría arrogante y lo alcanzaría por ella. Ella entonces haría un puchero y le reprocharía que era demasiado alto.

El brillo en los ojos de Sakura cuando miraba a Sasuke elegir los tomates. O cuando le explicaba cuáles eran los mejores y por qué, o cómo caminaban cuando estaban el uno al otro, como si perteneciesen allí. O cómo discutían.

Fue lo suficientemente inteligente como para mantener su distancia y que se olvidaran de ella, así las condiciones de observación serían mejores. Obtuvo resultados óptimos, al menos, y estaba más que satisfecha. Al menos Sakura estaba en buenas manos…

Ah, y casi lo olvidaba ― cómo fulminó con la mirada Sasuke al cajero del mercado cuando le tiró un piropo a Sakura. No tuvo precio.

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+[Author's Note]+

Review? Please? :3

Disclaimer applied.

+[Peace Ctrl]+
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