Capítulo dos:

Bob


Una holeada de calma lo invadió repentinamente y no sabía porque no lo tumbo al piso, pero cuando acordó, alguien tomó sus manos, que estaba lamiendo para retirar restos de sangre que ya no había, y las bajó de su boca antes de que comenzara a morderlas.

-Mikey… -como odiaba que le llamaran así, con la pronunciación de Maiquii, solo su papá y amigos le llamaban así y Emmett no era nada suyo- Mikey, vamos a cazar ¿si? Yo te llevo.

La palabra tardó en registrarse en su cerebro mientras Emmett dirigía una mirada interrogante a Alice que después de un segundo asentía y le hacía otra seña a Jasper. Cazar… para poder beber más sangre porque una bolsa de ella no le servía para nada y la garganta ya le quemaba otra vez. ¿Y si Edward había mentido y en realidad lo que cazaban eran personas? Él no sería capaz de matar a alguien o ¿si? No quería ni pensarlo pero el recuerdo del sabor nublaba sus sentidos y la idea dejaba de serle tan repulsiva.

-No comemos personas, Mike –dijo Edward con una nota fría como si leyera sus pensamientos- cazamos SOLAMENTE animales silvestres -y eso era un alivio… ¿no?- si, eso es bueno, recuerda siempre que no somos asesinos.

Pero entre todo eso la imagen de los cadáveres de sus padres lo asaltó de pronto.

-¡Dale un respiro Edward! –reprendió el mayor de los hermanos, enojado, antes de volver a tomar su mano congelada en medio del aire y jalar un poco- Vamos Mikey, te sentirás mejor luego de unos tragos.

Eso esperaba.

-Y mis Papás? –y su voz sonó algo rota al tiempo que el silencio se implantaba en la habitación durante un segundo antes de que Esme diera un paso hacía él.

-Lo siento cariño –sintió algo parecido a un nudo en la garganta, solo que no era físico, mientras que la hermosa mujer contraía el rostro con tristeza- el funeral fue ayer.

La ola de tristeza y desesperación superó por mucho a la calma extraña que hasta ahora había sentido e ignoró a la mano que lo jalaba en dirección a la puerta para apretar los puños con fuerza y ponerse rígido como una tabla. ¿Por qué no lloraba si se sentía tan triste? O ¿Por qué no se ponía a temblar y se echaba al suelo sin fuerzas? Respiró para ver si eso era lo que le faltaba para comenzar y solo sirvió para que se preguntara más decisivamente ¿Qué rayos está mal conmigo?

-Los vampiros no pueden llorar.

Exhaló el aire porque de todas formas no le servía de nada y volvió a sentir el tirón en la mano, esta vez con más fuerza.

-Vamos hermanito, te sentirás mejor después de cazar.


Mike era… rápido.

En verdad muy rápido incluso para ser un vampiro. Y fue una sorpresa para todo el clan cuando, luego de llevar al neonato fuera para su primera cacería, éste saliera disparado al primer atisbo de aroma que encontró, el cual resultaba ser una pareja de alces.

Alice ya lo había visto desarrollarse en una de sus visiones, así que no fue sorpresa para ella ni para Edward, pero Carlisle, Esme y todos los demás dejaron salir expresiones de asombro antes de seguirlo a toda velocidad, nunca es buena idea dejar libre a un neonato cerca de una zona poblada.

Era obvió que el rubio no necesitaba más instrucciones cuando al encontrarlo vieron como se alimentaba salvajemente de el primer alce mientras sostenía por la cornamenta al segundo que intentaba zafarse aterrado, y aunque la escena no era para nada agradable, todos habían visto cosas peores. Y luego de un par de minutos, cuando el segundo alce también siguió la suerte de su pareja a pesar de todos los esfuerzos, al fin el chico pareció calmarse lo suficiente.

Aunque eso no ayudó a disminuir la desesperación de Edward, que sentía los pensamientos de los demás como nunca antes.

Emmett, que era el más afectado por la situación a excepción del nuevo, se sentía terriblemente en deuda con su nuevo "hermanito" e intentaba ayudarlo en cada paso. Algo que no encajaba del todo, o mejor dicho nada, con su personalidad despreocupada. Rosalie estaba enojada por toda la situación y un tanto recelosa. La sed de sangre de Jasper, que apenas tenía poco de dominar, estaba subiendo a niveles peligrosos por culpa del neófito, a pesar de todos los intentos de sofocarla. Esme intentaba ocultar todos sus pensamientos porque tenía una mezcla de alegría por el nuevo integrante de la familia que era tan joven y que bien podría pasar por el hijo auténtico de Carlisle y ella, y también sentía una pena terrible por pensar eso cuando el chico recién había perdido a su familia, pero no podía dejar hacerse ilusiones. Los pensamientos de Carlisle también iban por el mismo camino, solo que él era más conciente de que el nuevo miembro de la familia podría, y era muy probable porque Alice todavía no podía ver nada seguro, abandonar el clan para ir a tomar la sangre humana.

Por otro lado, Alice no dejaba atrás la culpa, al igual que Emmett por no haber puesto la atención debida para haber prevenido todo el asunto, porque de no haber estado distraída molestando a su hermano de pelo cobrizo, habría, o eso aseguraba ella, haber podido ver ese posible futuro. Para compensarlo, ahora prácticamente estaba un minuto delante de todo. Casi con cualquier posibilidad, y lo más curioso de todo, era que cada vez que intentaba ver más haya de doce horas, el rostro apacible de Mike mientras estaba tumbado en el sillón del cuarto de Emmett volvía a aparecer. Como si estuviera dormido, que incluso era lo que estaba pensando en estos momentos.

Dormir. Un vampiro que puede dormir. Y al ver un poco antes, Alice podía ver como el lindo Mike, como ella le apodaba internamente, anunciaba que tenía sueño y preguntaba si podría ir a dormir, y luego de una pausa incomoda donde ellos le explicaban que los vampiros no podían dormir, él anunciaba que entonces se iría a acostar un rato antes de que Emmett le ofreciera su cuarto para descansar donde Mike se echaba sobre el sillón para quedarse quieto un total de siete horas y treinta minutos.

La visión requería de un estudio más a fondo sin lugar a dudas, pero Alice no iba a hacerlo justo ahora porque en treinta segundos Mike anunciaría que necesitaba ropa. Y Alice no permitiría, bajo ninguna circunstancia, que su nuevo y lindísimo hermanito estuviera menos que perfecto en ese aspecto.

Y mientras Mike comenzaba a revisar las manchas en su playera azul y pantalones de mezclilla nuevos, Alice ya comenzaba a hacer uso de su don al máximo para saber en cuales tiendas encontraría los mejores conjuntos de ropa.

Con todo el ánimo que le estaba poniendo, era un crimen que no estuviera dirigiendo sus esfuerzos para evitar una guerra.


La garganta todavía le quemaba, aunque ya muy poco, pero sentía como crecía con cada segundo que pasaba y era mejor intentar no pensar en eso, así que luego de regresar a la casa de los Cullen, Alice, que le parecía igual o más bonita de lo que era en la escuela, corrió escaleras arriba para regresar con un espejo enorme de cuerpo completo que pesaba seguramente tanto como ella, lo que ya no le sorprendía como debía al ver que no tenía problemas al manipularlo.

-Hazme un favor Mikey y cierra los ojos –había dicho emocionada y él solo pudo hacerle caso aunque tenía la ligera impresión que debía de estar enrojeciendo por la forma en que dijo su nombre- cuenta en retroceso en cinco, cuatro… tres… dos… uno… y ya puedes ver!

Un rostro ajeno le dirigió la mirada del otro lado del espejo con un rictus confundido. Era él, solo que ahora su cabello parecía más brillante aunque tenía el mismo tono cenizo de siempre, su piel era pálida e inmaculada, ni rastro de las marcas de las pequeñas espinillas que tenía la semana pasada, o de la pequeña cicatriz que tenía en la orilla del labio que se hizo cuando tenía diez años en el trampolín de la alberca en California, abrió ligeramente la boca y el resplandor de sus dientes lo sorprendió, por lo que se inclinó hacía delante y con cuidado, utilizó uno de sus dedos como gancho para estirar su mejilla y ver si tenía la muela careada que tenía planeado arreglar en su siguiente visita al dentista en diez días, pero no la encontró ni tampoco su colmillo estaba ligeramente ladeado como antes. Luego se dio cuenta de que se estaba portando como un niño pequeño al hacer muecas frente al espejo y soltó sus labios para poner una cara seria.

Eso, claro, hasta que vio sus ojos rojos que deberían de ser azules pero no lo eran. ¿Por qué rojos si el resto de la familia de los Cullen los tenían dorados o amielados? Es que ¿Tal vez era diferente de ellos? Eso explicaría el porque parecía ser el único con esa sed horrible.

-Tus ojos son rojos porque acabas de ser convertido –explicó Edward como si leyera su mente- se volverán igual que los de nosotros si te alimentas de animales o permanecerán rojos si decides cazar humanos, y la sed que sientes es igual para ti que para nosotros, solo que tenemos más práctica con eso.

El rubio abrió los ojos sorprendido y tomó un paso lejos de él…

-¿Puedes…?

-Si, puedo leer tu mente.

Y Oh Dios mío. Que vergonzoso, lo primero que cruzó por su mente fue que no debía pensar en nada comprometedor, como la vez que su primo se la chupó en la fiesta de navidad.

-Ha-ha.

-Oh, por Dios –se cubrió la cara con las manos y evito verlo a los ojos al tiempo que evitaba pensar en todas las veces que se hizo una paja pensando en todas las chicas de que había conocido o aquella asquerosa e irrepetible ocasión en que su madre apareció en sus pensamientos en medio de una- ¡Deja de hacerlo! –exclamó asustado- ¡Ahora!

Y mientras evitaba recordar la ocasión en la que revisó a sus compañeros en las duchas luego de la clase de deportes los demás dejaron salir una risa horrible que no ayudó pero para nada en todo el asunto.

-Ya, cálmate hermanito –Emmett dijo al fin entre risas mientras se acercaba a palmearle la espalda- Edward no lo hace intencionalmente, no puede evitarlo. –'pues debería'- además Edward intentará respetar tu privacidad y no nos dirá nada a menos que involucre nuestra seguridad.

Y como no podía estar así todo el día, bajo las manos lentamente y giró para ver al chico.

'Te prometo no hacer nada para lastimarlos si no dices nada de nada' pensó con inseguridad.

-No diré ni una palabra –afirmó con seguridad el otro y luego sonrió suavemente como nunca le había visto hacer- pero cuando Emmett se refiere a "nuestra seguridad" también te incluía a ti.

Y esa era la misma sonrisa que había puesto su papá cuando él llegaba a casa triste de la escuela y le decía "Mikey-pohh, cuéntame que tienes". Maldita sea, ahora Edward "cabeza de nabo" sabría de su terrible y muy vergonzoso apodo.

-No tengo cabeza de nabo.

-No… -'pero si ese tono de cabello fuera un tono más alto lo sería'.

Edward sonrió de manera burlesca.

-Miiiikeeeey…. –'!Dijiste que no dirías nada!' le reprendió en su mente- solo bromeaba.

Por costumbre, lanzó un ligero suspiro.

-Mikey-pohh

-Ah! Lo prometiste!


-Hay reglas –comenzó el doctor Cullen, cuyo nombre era Carlisle y había pedido que le llamara así a partir de la introducción que hizo hacía cinco minutos.

Después de la pequeña escena en el lobby de la casa Alice salió disparada y en menos de dos segundos regresó con un conjunto nuevo de ropa que consistía en unas bermudas rojas y una playera blanca con cuello rojo que combinaba con sus nuevos ojos. Curiosamente también incluía zapatos tenis, tines blancos y ropa interior a juego. Un poco incómodo, fue al baño más cercano y al quitarse la ropa, cayó en cuenta de que la ropa interior que tenía definitivamente no era la que recordaba haberse puesto. ¿Qué esta gente no entendía el concepto de privacidad? Se preguntaba si Edward podía leer sus pensamientos desde la sala.

-Si, -contestó su voz a un tono normal que aún así alcanzaba a escuchar sin el menor problema- si puedo.

-Mike –la voz de Carlisle lo trajo de vuelta a la realidad del presente- necesito que me prestes atención.

-Si –dijo asintiendo hacía él- lo siento.

Estaban en la oficina del rubio, un hermoso cuarto de estudio con retratos en las paredes y un cristo tallado en madera colgado de una pared. Luego de un segundo, el jefe del clan de los Cullen le indicó que tomara asiento en una de las sillas frente al escritorio antes de que él mismo se sentara tras el.

-La regla primordial, y de la que derivan todas las demás es guardar el secreto. –explicó con voz suave- Ningún humano debe saber lo que eres a menos que estés planeando en convertirlo o matarlo –hizo una pausa hasta que el rubio más pequeño asintió- otra de las reglas es que no debes mostrar tus debilidades o características aunque no indiques que eres un vampiro, por lo que no debes, bajo ninguna circunstancia dejarte ver por humanos a los rayos del sol so pena de muerte.

-¿El sol nos mata? –preguntó rápidamente mientras veía con recelo por la ventana el cielo nublado.

-No –informó el otro con una sonrisa- pero la próxima vez que haya un día soleado te mostraremos. Será una agradable sorpresa –y luego colocó una mano sobre el escritorio donde dio un golpe para llamar su atención porque Mike se estaba distrayendo con los títulos de los libros que no alcanzaba a comprender- la creación de niños vampiros, aquellos que todavía no han alcanzado la pubertad, esta completamente vedada, porque estos solo entienden de la sangre y solo se alimentan cuando tienen hambre, no pueden aprender a controlarse.

Mike asintió y luego de un incomodó silencio, preguntó.

-Tengo sed otra vez, ¿Puedo ir a cazar?

Y fue como si Carlisle envejeciera un par de años. Suspiro de una manera tan humana, que Mike sintió celos repentinos de él.

-Mike –dijo con calma- eres un neonato, por lo que eres más fuerte que nosotros, por lo menos durante el plazo de un año –levantó la mano para que no lo interrumpiera- La gran mayoría de los vampiros en el mundo, y no se cuantos sean, se alimentan de humanos ya que su sangre es más agradable y nos hace ligeramente más fuertes…

-Pero…

Carlisle volvió a levantar la mano en un gesto de silencio.

-Si tú eliges hacer eso, me temo que no hay nada que pueda hacer para evitarlo, pero te pediría que abandonaras nuestra casa inmediatamente. No con la intención de obligarte a tomar nuestras costumbres, si no simplemente porque esa es nuestra forma de vida y no podemos permitir la desaparición de humanos en nuestro territorio, además tenemos un pacto con los hombres lobo de la región.

-¿Hombres lobo?

-Si, pero primero quiero decirte una cosa más antes de abordar otros temas –hizo una pausa tensa antes de sonreír abiertamente- si decides quedarte con nosotros, te consideraré como a uno de mis hijos y siempre veré por ti así como espero que veas por el resto de nosotros. Y aunque al principio decidas irte, si alguna vez cambias de opinión siempre serás recibido en esta casa con los brazos abiertos.

Que bueno que ya no podía enrojecer, porque entonces ahora estaría brillando. Sonrió.

-Gracias, creo que… si no es mucha molestia, me quedaré. ¿Puedo ir a cazar?

Y luego se reprendió a sí mismo porque Carlisle perdió parte de su sonrisa.

-Eso es parte de problema Mike… necesitas aprender a controlarte, y no vas a "necesitar" sangre, hasta que tus ojos se tornen de un color más oscuro, como en una semana. Por lo que sería conveniente que pusieras a prueba tu límite comenzando desde ahora. Se que es muy difícil, pero intenta contenerte lo más que puedas, luego un poco más, y cuando sientas que no lo puedes aplazar más, llama a algunos de los demás y pide que te acompañen. Es de suma importancia que no salgas solo. Si vas de cacería por tu cuenta y recibes el aroma de algún humano lo más seguro es que no puedas detenerte y terminaras matando a alguien que incluso podría ser alguno de tus amigos.

La imagen de Eric y Tyler apareció por su cabeza seguida del resto de las personas que conocía, incluyendo su Nana, y tragándose las ganas de salir en ese mismo instante a buscar otro animal asintió.

Carlisle lo miró aprobatoriamente unos instantes y luego señaló a un retrato en la pared.

-Ahora te hablaré de acerca de Aro, Cayo y Marco…

Y comenzó a contarle historia tras historia con la esperanza de distraerlo de la sed que le quemaba la garganta como nunca. Por lo menos debía intentarlo.


Fue ya hasta muy entrada la noche luego de que Carlisle le contara los relatos de cómo él se convirtió en vampiro, junto con las historias de cada uno de los miembros de su nueva… familia, y después de aprender del clan en Denali y de cómo la cabeza del clan, Sasha creó un bebé vampiro, Vasili, lo que la llevó a la muerte, que decidió que ya estaba lo suficientemente cansado como para intentar dormir, si la sed que intentaba ignorar le permitía tal cosa.

Para esas alturas, la familia estaba reunida en la sala, pues cada uno quería tener oportunidad de contar su propia historia, y aunque todavía no se conformaba con la idea de que Edward ahora sabía posiblemente más de él que su propia madre, a la que todavía pensaba que debía llorar de alguna forma, ya estaba un poco más calmado con la situación.

Decidió hacer la prueba a bostezar, pero no le salió muy bien.

-Ya es un poco tarde –dijo y todo mundo se le quedó viendo extrañado, excepto Alice y Edward que aún así lo veían ligeramente sorprendidos- ¿Puedo ir a dormir ahora?

Se hizo un incomodo silencio.

-Los vampiros no duermen Mike –cortó Rosalie que apenas se estaba adaptando a su presencia.

¿Por qué no lo hacían, lo consideraban una pérdida de tiempo? Si es así tenía lógica, porque su papá siempre le decía que desperdiciaba el día al dormir de más.

-Ah…

-Pero si quieres puedes ir a acostarte en un cuarto -Alice sonrió despreocupadamente- estoy seguro de que a Emmett no le importará.

-Lamento que no tengamos un cuarto extra, -intervino preocupada Esme- pero comenzaremos la construcción de uno inmediatamente, solo tengo que llamar a la compañía de materiales para hacer un encargo y estará listo en un par de semanas. Nosotros hicimos está casa con nuestras propias manos

'Que surrealista' pensó mientras se imaginaba a Esme con un casco de construcción, cargando tablas de su doble de peso y escupiendo clavos con suficiente fuerza como para que se sostuvieran en su sitio mientras Emmett jugaba a terminar de clavarlos con el dedo meñique.

-Exactamente –aportó Edward- todo menos el casco.

Mike frunció el seño y luego volteó a ver a Emmett.

-¿No te importa?

El gigantón sonrió.

-Para nada hermanito, mi casa es tu casa, luego te traeré unos catálogos y podrás elegir el auto que quieras, será mi regalo de bienvenida y te llevaré a conducirlo a una zona desierta.

Sentía que debía hacer algo, y se decidió a suspirar.

-Fue un accidente Emmett –dijo quedamente antes de subir las escaleras a máxima velocidad y encerrarse en el cuarto del otro porque de repente sentía que se iba a romper.

No quería tener rencor, porque papá siempre decía que el rencor era algo horrible igual que los celos, y aunque siempre estaba celoso, por lo menos podía intentarlo. Y aunque sí, en realidad si culpara a Emmett en cierta medida por todo, a pesar de que le explicaron una y otra vez como fue el accidente, esperaba que Edward no le dijera lo que su mente le gritaba. Cierto, sus pensamientos eran sucios, pero a veces lo importante no es lo que piensas sino lo que haces, y el no quería pelear con la única familia que le quedaba porque Nana no podía cuidarlo y menos ahora que se alimentaba de sangre…

Apretó los puños y escuchó la tela de sus bermudas romperse bajo la presión de sus dedos, se acostó con cuidado en el sillón de piel y cerró los ojos. Deseando soñar con algo que no fuera triste.


Despertó tal como se había acostado y lo único que le aseguro que si había dormido, fue la sensación de descanso y ligera felicidad de una noche de sueño, eso y el echo de que había mucha más luz que antes en el cuarto, aunque todavía no había sol ni parecía que lo fuera ha haber.

Se levantó fácilmente y sin necesidad de desperezarse y luego de pensarlo un poco se talló un ojo solo por el placer de hacerlo. Luego se dirigió al la segunda puerta del cuarto que daba a un baño y se vio con cuidado al espejo. Se veía mucho más guapo que antes, sus ojeras se habían desvanecido hasta casi desaparecer y la ligera sonrisa que acompañaba su rostro ayudaba bastante. Tal vez podría convencer a los Cullen que dormir no era una perdida de tiempo del todo, o tal vez podría convencerlos de dormir aunque fuera una vez al mes. Así tal vez sus ojeras desaparecerían, pero luego estaba el problema de su apariencia, si de por si llamaban la atención al ser tan perfectos, sin su apariencia ojerosa seguramente matarían de un feliz paro cardíaco a alguien. Sonrió de manera sexy a su reflejo y se revolvió el cabello un poco más.

-No es que pensemos que es una perdida de tiempo –la voz lo hizo girar a tiempo para ver a su nuevo compañero de cabello cobrizo entrar por la puerta a paso normal, pero sin hacer ruido alguno- es que simplemente no podemos.

Levantó una ceja interrogante.

-Seguramente es una habilidad especial que tienes, como Jasper, Alice o la mía.

'Genial', pensó con amargura 'Cabeza de nabo puede leer mentes y aprender secretos oscuros mientras yo desperdicio ocho horas diarias en quedarme dormido por ahí solo para no tener ojeras'

Abrió la boca para replicar pero una vez más Edward lo interrumpió.

-No sabes lo que dices Mikey-pohh –su tono de voz si reflejaba la amargura que sentía- yo Mataría por una noche de sueño. Dios, no conozco ningún vampiro que no pensara lo mismo –'Matar?'- bueno, tal vez no a cualquiera, pero fácilmente me despacharía a un criminal o una docena por ello.

Que molesto.

Se acercó a él y frunció el seño, ignorando que el chico fuera más alto que el, porque de todas formas él apenas era un par de centímetros más grande que Alice.

-No digas eso, uno no es nadie para terminar con la vida de otras personas –o por lo menos eso dijo su papá cuando estaban discutiendo la pena de muerte en la televisión.

Edward lo vio pensativo unos segundos antes de sonreírle y revolverle el cabello juguetonamente.

-Tienes razón Mikey-pohh, uno no es nadie para hacer esas cosas.

Mike entrecerró los ojos… 'Tonto cabeza de nabo' le dijo con el pensamiento.

Y pensar que alguna vez creyó que era lindo.

-¿Y no lo soy?

-¡Vete al diablo Edward!

Luego de estamparle la puerta en las narices y asearse un poco aunque parecía no necesitarlo, se dirigió abajo donde el resto del clan menos Carlisle ya estaban haciendo… sus cosas, que era ver televisión, leer revistas y arreglar la casa. Apenas iba a preguntarle a Esme si necesitaba algo porque ya comenzaba a sentir otra vez la sed de sangre, cuando Alice lo abordó.

-Mike, que bueno que te veo –comenzó a decir ignorando completamente el echo de que ahora vivían en la misma casa- como toda la noche estuviste tal placidamente dormido y no queríamos despertarte, Rosalie y yo decidimos dar una vuelta rápida a la tienda departamental –'que está como a un par de horas de aquí'- y comenzar a comprarte todo tú nuevo guardarropa.

Y cuando terminó de hablar ya había dado la vuelta a la sala donde una pila monumental de bolsas y cajas lo esperaba ¿Era posible comprar tanto en tan poco tiempo?

-Eh… gracias Alice… pero ya tengo ropa suficiente –comenzó a decir y luego ignoró las señales de advertencia que le hacía Emmett desesperadamente desde el sillón donde estaba sentado, no quería ser una molestia- sé que no puedo ir a la ciudad por riesgo a comerme a mis vecinos, pero seguramente alguno de ustedes podría ir a mi casa por la ropa del closet, tengo como unos ocho pantalones y una veintena de playeras y algunas camisas que seguramente bastaran para algunos meses. Ah, y también si no es mucha molestia podrían traer mis zapatos.

La chica pequeñita lo observó mientras hablaba como si estuviera diciendo una lista de pecados y al final sonrió, había algo de malevolente en ello, tras ella Rosalie parecía apenada y divertida al mismo tiempo. A su espalda, cabeza de nabo chistó.

-Ya fui –comenzó a decir Alice- me temo que tu ropa estaba en muy mal estado y tuve que quemarla –'¡¿Qué?!' y el único que escuchó su grito interno se rió de él- pero salvé tus discos, un dije, una de tus playeras con valor sentimental que nunca volverás a usar en mi presencia, tus pijamas azules con dibujitos de silvestre y tus boxers de hello Kitty porque no tuve el corazón para quemarlos y una cachucha original con la impresión de Cosmo de "Los padrinos mágicos" porque es también mi personaje favorito.

Mike aceptó la bolsa de papel de tamaño regular que el tendía la chica antes de gritar.

-¡¿Quemaste mis cosas?!

-Si –admitió simplemente la pelinegra- ah, casi lo olvido… salvamos a Bob.

Y volvió a tomar la bolsa que ya había agarrado antes de buscar en ella durante un segundo y extraer una pequeña tortuga japonesa de la buena fortuna que saco la cabecita y miró a los lados con apatía antes de intentar retraerse en su caparazón.

-¡BOB! –exclamó el rubio sin pensarlo antes de tomar con sumo cuidado a su mascota olvidada- no puedo creer que me olvidé de ti amigo. Pensé que Nana o algún vecino ya habrían entrado a mi alcoba y te habría llevado.

-Si, si –interrumpió Alice con una sonrisa placida- veo que dormir te sienta bien, lo que yo daría por una noche de sueño. Bueno, no pienses siquiera en comerte a Bob, lo bueno es que es un reptil de sangre fría y por lo tanto muy poco apetitoso, pero si puedes evitar estar con él en tus peores momentos no tendrás problemas, de todas maneras no sacarías mucho –el rubio abrió la boca para decir que él no se comería nunca a su amigo pero no fue necesario- si, también se que no lo harías, pero mejor prevenir que lamentar. Puedes encontrar una pecera grande en el ático, por cierto Esme –dijo volteando a ver a la matriarca del clan que había salido para ver más de cerca todo el asunto- Mikey-pohh –el chico hizo una mueca- dice que si no es ninguna molestia preferiría tomar el ático como su nueva habitación.

-Eso dije? –preguntó el rubio.

-Si, te parece encantador y te fascina el marco de la ventana donde pasaras horas viendo las estrellas, cuando se despeje el cielo claro.

-Si es lo que quieres Mikey –dijo Esme con una sonrisa- pero si cambias de opinión podemos hacerte un cuarto en cualquier momento que tú decidas.

-No cambiará de opinión –aseguró la chica- le fascina completamente. –y luego volteó a verlo una vez más antes de darle media vuelta y comenzar a empujarlo- Ahora ve, la escalerilla está al final del pasillo de la izquierda y la pecera grande está en la esquina al lado de los juegos de mesa viejos. Te doy veinte minutos para que coloques a Bob en su pecera con todas las facilidades, la llave de agua esta en la pared del fondo, no tendrás problemas en encontrarla y en cuanto termines te quiero aquí abajo para comenzar a vestirte, te veras estupendo con tu nueva ropa.


Gracias por leer


Con respécto al fic:

Pues si, aquí esta otro capítulo, pensaba no publicarlo hasta después pero me dije. ¡Que diablos! Y aunque solo recibí un comentario, eso es más que suficiente para mí. Gracias. Publicaría otros capítulos pero tengo que revisar las faltas de ortografía que seguramente encontraran de todas formas.

Otro asunto, olvidé el Disclaimer en el primer capítulo pero ya está arreglado.

Bye bye.

Ah, Cierto.

¿Alguno de ustedes tiene conocimiento alguno de francés? Uno de mis OC es francés y quiero ayuda con un par de líneas.