Capítulo 21

Diamantes y porque los rubios idiotas los compran.


Por supuesto, se había disculpado con Bella por haber golpeado a su novio y arruinar su noche, repetidamente, aunque la chica solo sonrió y aceptó su disculpa en un parpadeo. Pero de Edward, ni se hable. Él se había ganado ese trancazo a pulso y por lo menos el idiota tenía la gracia de admitirlo.

De hecho, el imbécil solo le sonrió descaradamente cuando Mike volteaba a verlo y le había confesado luego, aunque Mike se rehusó a contestarle, que se sentía aliviado porque por una vez, sentía que pagaba algo de lo que le había hecho.

Estúpido Masoquista.

Al menos una gran parte de la atracción que todavía sentía por cabeza de nabo había desaparecido. Lo que no significaba que de vez en cuando algunos de sus pensamientos se extraviaran hacía él, pero se sorprendió a sí mismo cuando Noah, en una de sus tantas visitas a la casa, había llamado a Edward estúpido y todo lo que hizo Mike fue revolverle el cabello divertido y decir "Sí, sí lo es".

Kida se quedó como invitado y cliente de Mike. El término fue aplicado por Emmett que lo veía aún con adoración y burla, Mike había colocado las manos sobre su boca, molesto.

-No lo digas así –reprendió- siento que soy una prostituta.

Le hubiera valido más no decir nada con la cantidad de burlas que recibió por eso.

Y ¿Qué era lo que realmente deseaba Kida?

-Es viejísimo, y sabe como defenderse de mí. La mayoría del tiempo solo escuchó sus pensamientos más superficiales –le contestó Edward cuando Mike por fín se dignó a preguntarle en medio de una cacería- siempre está en alerta permanente y siempre revisa la cantidad de peligros y rutas de escape que hay en un lugar, es un soldado, pero cuando estabas con los perros, Carlisle y yo le hicimos varias preguntas que me dejaron entrever algo, apenas un poco de lo que desea. Creo que quiere lo mismo que desean los vulturi.

-¿Un vampiro viejo? –le preguntó Mike preguntándose cuántos más personajes de piel lechosa había en el mundo intentando volver a recorrer el mundo con libertad. Seguramente más de las que se sentía cómodo imaginando.

-Más que eso. Por lo que he visto, hay un vampiro tan viejo que no solo tiene la piel cerosa y los ojos blancos, sino que ha perdido gran parte de su movilidad… -frunció el rostro- o eso creo, realmente no he visto mucho en su mente. No sé quien le haya enseñado a hacerlo, pero no puedo recopilar casi nada importante. Debes tener mucho cuidado con él.

Aunque no había mucho que pudiera hacer con Kida. Después de todo, era su propio agente y ni siquiera los Cullen podían negarle la entrada a su casa, y por lo menos el vampiro oriental se apegaba a las reglas con firmeza. Ni una sola vez había tomado sangre humana desde que hicieron su trato y los pagos por los servicios que Mike le prestaba se hacían puntualmente cada semana. Medio millón por cada noche de sueño.

¿De dónde sacaba ese dinero? No tenía idea, solo sabía que su cuenta era millonaria y Alice tenía que mantenerla fuera del radar del gobierno, algo que también tenía que agradecerle a Kida porque le ayudaba también con eso. La pequeña vampiro le entregaba un folder cada dos meses de transacciones que apenas si entendía a medias y no sabía cómo manejar. Tener esa cantidad de dinero parecía más problema que otra cosa.

-Miky ¿Podemos pasar?

La voz de Noah lo sacó de su reflexión interna y el rubio se estiró en su jacuzzi, haciendo un cálculo, ya tenía ahí casi media hora.

Jasper y Esme, venditos sean, habían instalado en su ausencia un baño en su ático.

Estaba en una de las esquinas de su piso y tenía un tamaño moderadamente grande con paredes de cristal esmerilado para darle algo de privacidad. Consistía, sobre todo, en un jacuzzi que también hacía las veces de regadera pero increíblemente había una separación para hacer un pequeño cuarto de vapor pequeño en el que cabían dos personas y cuya caldera era una caja que hacía las veces de asiento y trabajaba con electricidad. Era una maravilla realmente porque el que no pudieran sentir el frío como antes no significaba que no apreciaran los cambios de temperatura. Aunque debió ser un infierno instalar la tubería en el ático.

A Noah le fascinaba llegar todos los días por la mañana a compartir el baño con él, mientras que el licántropo que lo acompañaba, porque era obvio que no iban a dejar que Noah fuera solo a una casa llena de vampiros, esperaba afuera.

Todos en la casa le habían tomado rápidamente cariño a Noah, inclusive Rosalie, que aunque al principio fue tan funesta con él como lo era con cualquier extraño, se derritió por el niño cuando en su segunda visita le trajo un ramo de flores atadas con un listón y murmuró una frase bonita en francés para ella mientras besaba su mano con cortesía.

-¿Quién viene contigo? –preguntó hacia la puerta en donde se podían ver dos sombras borrosas a través del cristal. Seth todavía tenía sus arranques sicóticos de vez en cuando y era mejor no compartir con él el baño.

-Quill –fue su respuesta.

-Adelante.

De todas las opciones esa era la mejor. Embry era muy tímido, Sam muy imponente, Jared lo veía como si siempre recordara lo que había hecho con Ángela, Seth cambiaba de humor como una adolescente en su primer periodo lo que afortunadamente le había llevado a Sam a prohibirle que viniera todos los días y Paul, junto con Leah, nunca acompañaban a Noah. Quill lo trataba con naturalidad, tenía una impronta y solía darle su espacio de manera amigable.

La puerta del baño se abrió y dejó salir el vapor acumulado al tiempo que dejaba entrar a dos licántropos uno de los cuales se unió con él en la tina mientras el otro se sentó en un banco de plástico que había al lado de ella.

A Quill le desagradaba el olor. Y a Mike también, pero no tenía el corazón para decírselo al pequeño licántropo que parecía disfrutar de su tiempo juntos. Resultaba difícil para el chico el cambio tan brusco de cultura y el saber que no podía regresar a su país por un tiempo indefinido lo deprimía y buscaba consuelo en su madre, Sam y Mike.

-¿Cómo se encuentra Jacob? –era una pregunta que hacía todas las mañanas cuando llegaba Noah con su escolta y ya no se molestaba en hacerla sutil como en un principio.

Si Mike pensaba que había reaccionado mal ante la noticia de la boda de Edward y Bella, Jacob había superado su marca cuando decidió que no podía soportar la pérdida trágica de su amada en las manos de un chupasangre y se había marchado a dar un paseo para liberar la mente. Un paseo del que ya se había extendido casi tres semanas. Y pensar que le habían llamado a él dramático.

-Nada nuevo, sigue insistiendo en dejar de pensar como un hombre –contestó Quill mientras se ponía cómodo y extendía una mano para acariciar a Bob, porque a Mike juraba que a la tortuga le gustaba el vapor del baño y cada vez que tomaba uno, la colocaba en un pequeño hábitat de plástico al lado del jacuzzi.

-Rachael llegó anoche –anunció Noah con una sonrisa misteriosa- y no vas a adivinar lo que pasó.

Rachael era la hermana de Jacob, y la manada había estado esperando que llegara porque Billy, que estaba paralítico de la cintura para abajo, necesitaba la ayuda que antes le había proporcionado su hijo. Y no era que los hombres lobo se cansaran de ayudar al tipo, pero era mejor que alguien de su familia estuviera ahí para dar soporte emocional, aunque él se quejara de todas formas.

-¿Qué pasó? –accedió a preguntar Mike pero fue el otro hombre lobo quien contesto.

-Paul improntó con ella. Y ahora es todo dulces y caramelo en su vida. Fue muy extraño –arrugó las cejas y miró pensativo a la nada- no pensé que pudiera darse un cambio tan rápido en su personalidad, pero parece que para cada uno de nosotros la importa es ligeramente diferente.

-Casi parece otra persona –agregó el niño mientras comenzaba a ponerse champú con mucho cuidado, trataba su cabello con esmero- no quiero que me pase eso a mí –confesó perdiendo su mirada divertida, como si apenas se diera cuenta de eso.

Genial, ahora el pobre de Noah tenía otra cosa por la de qué preocuparse. Intentó cambiar el tema.

-¿Qué dijo Andrée, te dio permiso de venir con nosotros?

Rosalie al fin había decidido cuál era la joyería que quería visitar, solo que era un viaje de tres horas hasta la capital, lo que significaba que tendría que tomarse todo el día para realizar la compra. Noah había pedido que lo llevara y le prometió que si su madre le daba permiso, lo haría.

Por la sonrisa que tenía el niño pintada en el rostro la respuesta era positiva, seguramente había chantajeado a su pobre madre para que aceptara, porque la mujer no podía negarle nada a su hijo, y ayudaba también un poco que Andrée le hubiera tomado un poco de confianza en la fiesta de victoria contra los licántropos.

-Si Miky, me dijo que sí.

Le sonrió al niño y le salpicó con el agua.

-¿Y tu Quill? –le preguntó al otro licántropo- Vienes con nosotros ¿Verdad?

Era más una pregunta de cortesía que por otra cosa, porque era obvio que la manada no dejaría ir a Noah solo, pero Quill lo miró con una sonrisa un poco incierta y negó una vez.

-Sam dice que puede ir solo, si prometes que cuidarás de él.

La respuesta lo tomó por sorpresa durante un segundo.

-Sí, claro que cuidaré de Noah. Ya sabes que sí.

Sintió como si hubiera superado una prueba que no sabía que tomaba, como si lo último que quedaba de la culpa por la muerte de Ángela al fin fuera perdonado, lo que le dejó un sabor agridulce en el paladar.

-Mira, no todos nosotros estamos de acuerdo en esto –le confió Quill- sobre todo Jared y Paul, tienen mucho recelo con toda la situación. Y si llegase a pasarle algo a Noah contigo…

-¡Miky nunca dejaría que me pasara nada! -defendió el niño acaloradamente.

El otro quileute ignoró parcialmente al chico y le mandó a Mike otra mirada significativa.

-Aunque sea un error Miky, que pierdas el control un segundo…

El mensaje era claro, honestamente el estaba de acuerdo, pero le parecía raro que fuera Quill el que le dijera todo eso y no el líder de la manada. Aún así volvió a asentir con mucha seriedad.

-¿Cómo está Sam?

-Se encuentra bien –contestó Quill simplemente pero Noah respondió su verdadera pregunta.

-Está en su cabaña, hay otro nuevo licántropo que va a cambiar de fase.

-Noah –reprendió el otro chico y luego miró a Mike- y Sam dice que por los próximos cuatro días tienes prohibido acercarte a la reserva.

-¡Juste ciel! Va te faire foutre –clamó el niño en francés- ¡Eso es una tontería Quill, una tontería! -el niño se puso rojo y se dio vuelta en la tina hasta darle la espalda a su congénere- por favor vete, Miky me cuidará por el resto del día y puedo regresar a casa yo solo.

Su acento francés había vuelto a aparecer en cada una de sus palabras, lo que demostraba lo molesto que estaba, y de hecho, su cuerpo tembló un par de veces como si fuera a cambiar de fase ahí mismo cosa que no sería conveniente porque podría romper algún vidrio y cortarse.

Quill se quedó quieto, a la expectativa por si pasaba algo pero solo fueron un par de temblores que desaparecieron rápidamente. De todos los licántropos, posiblemente Noah tenía el mejor control, lo que decía mucho porque era el más joven de ellos, por lo menos hasta ahora. Finalmente, el otro quileute se levantó de su silla y le mandó una mirada de "más te vale" a Mike.

-Llama cuando regreses, vendré por ti -dijo suavemente antes de retirarse

Solo hasta que se escuchó el sonido de la escalera del ático al volver a subir, Noah comenzó a enjuagar su cabello, pero se notaba que estaba molesto y tal vez el temblor no había sido de un cambio de fase sino de llanto. Mike no tenía ni idea de que hacer, así que preguntó.

-¿Qué pasa Noah? –mientras se preparaba para consolar al niño si comenzaba a llorar abiertamente.

Pero el licántropo respiró un par de veces para calmarse, todavía dándole la espalda y finalmente se sumergió en la tina completamente.

Cuando salió aplastó su cabello su cabello hacía atrás y se estiró para tomar el enjuague que era el que él había traído desde Francia.

-Dicen que soy raro –comenzó al fin con un tono contenido- y creen que es posible… que tenga alguna especie de impronta contigo –el rubio casi salta fuera de la tina, pero Noah agregó rápidamente- No de ese tipo, es porque no me desagrada tu olor y me gusta estar contigo. Pero ellos piensan que puede ser porque fuiste una de las primeras personas que vi cuando me transformé.

-¿Cómo un pollito? –le preguntó para animarlo y el niño sonrió.

-Como un pollito –afirmó- lo mismo dice Emily. Pero no es cierto. Es una mentira, Faux. A mí me gustas porque eres una buena persona y me cuidas, no porque fueras lo primero que olí o escuché o vi.

Aunque la teoría tenía sentido, y explicaba porque a Noah no le desagradaba bañarse en sopa de Mike, pero aún así…

-No les prestes atención, que importa si es por uno o lo otro. Somos amigos y eso es lo importante.


Alice estaba muy ocupada organizando la boda de Bella como para perder todo un día comprando diamantes, lo que no impidió que eligiera el atuendo de Mike y Noah como si fueran muñecas de porcelana china, figúrate.

Parecía que el hecho de que no pudiera ver el futuro de los licántropos la había llevado a tomar medidas preventivas con ellos al extremo. Por lo que cuando escuchó que el niño quería ir con ellos a la "cazería de diamantes" como le llamaron a la pequeña empresa de Rosalie, había procurado un traje, el cual presentó ante él cuando se enteró que sí iba a ir con ellos.

Mike se preguntó si la chica tendría también trajes para el resto de los licántropos en el caso de que alguno de ellos los hubiera acompañado. Conociéndola, seguramente. Tal vez hasta tenía un guardarropa lleno de ropa de todas las medidas y diseños posibles. Incluso podría tener un túnel secreto de la cual ella solo conocía la entrada y que llevaba a un bunquer lleno de ropa de diseñador y zapatos de marca.

Tal vez todas esas gaseosas que seguía tomando al fin le habían llegado al cerebro y lo estaban derritiendo con su índice de acides. O tal vez eran solo las ardillas que debería dejar de asesinar porque aunque supieran deliciosas realmente no tenían suficiente sangre como para calmar su hambre ni por un día. Pero solo las comía como postre, una o dos después de un rico alce. Sus hábitos alimenticios se iban poniendo más y más extraños ahora que lo pensaba.

El traje de Mike era blanco con una camisa azul eléctrico, mientras el de Noah era negro con una playera verde, no una camisa, que resaltaba sus ojos dándole un toque neoclasico, lo peor del caso era que cada uno tenía un par de lentes de sol de su respectivo color. Parecían niños ricos con varios complejos psicológicos y un ego sobrealimentado, pero Alice calló sus quejas con una sola frase.

-Si no tienen la ropa adecuada, hasta puede que los echen de la tienda sin darles una segunda mirada. Necesitan incorporarse.

Realmente no fue la frase, sino la mirada que les dirigió Rosalie cuando la pequeña vampiro dijo la palabra echar. Si eso pasaba, el rubio no esperaba sobrevivir para contarlo.

Al final solo eran Esme, Jasper, aunque solamente aceptó ir porque Mike lo necesitaba para aplacar su sed de sangre, Rosalie, Noah y él mismo.

La tienda, estaba en el primer piso de un edificio con grandes muros de cristal. Y antes de entrar, Rosalie le advirtió de manera ominosa.

-No quiero escuchar que de tu boca salga la palabra "cuánto" ni una sola vez, ni quiero escuchar comentario alguno de precios y cosas así. Cualquier cosa que pida, está en los límites de tu cuenta y más.

Dios mío. Lo iba a dejar en números rojos seguramente. Aún así, afirmó para calmarla. Total, que no tenía ni idea de qué hacer con ese dinero.

-Espero que tengas cambio para el estacionamiento –bromeó con Jasper, que se veía como un guardaespaldas con su traje y gafas negras mientras caminaba detrás de todos.

El interior de Merbers tenía ambiente controlado y puertas automáticas elegantes que precedían a una mujer con una sonrisa amable y de apariencia impecablemente profesional que olía a comida pero nada que no pudiera manejar.

-Buenos días, mi nombre es Elizabeth ¿puedo ayudarles en algo?

-Rosalie Hale, tengo una cita con Ron.

Con Ron, una cita. Y pensar en la cantidad de chicos que se morían por tener una cita con la hermosa reina del hielo. Aunque por supuesto, ninguno de ellos tenía una tienda de diamantes. La mujer los guió al fondo de la tienda donde los dejó en una especie de isla formada entre escaparates que seguramente estaba creada para dar la sensación de privacidad. Incluso había un sofá de piel que descansaba alejado, en la pared.

Ron, resultó ser un hombre mayor, con canas en las sienes y rostro grueso que se movía con seguridad en sí mismo. Se acercó a la rubia con paso firme.

-Señorita Rosalie –se inclino para besar su mano- es un placer conocerla finalmente, estaba esperando su llegada.

-Ron, también es un placer concerté –aunque su palabras fueran amables, su tono de voz era un tanto frío.

-Y a usted, mi hermosa dama, me temo que tampoco la conozco –continuó el hombre sin perder un paso y tomando la mano de Esme, que sonreía con calidez, depositó un beso en ella- Ron Merbers, a su servicio.

-Esme, el placer es mutuo.

-Y ¿Ustedes son? –preguntó el hombre en su dirección.

-Jasper Hale, hermano de Rosalie –el rubio apretó la mano del hombre con firmeza mientras una sensación de autoridad y respeto se instalaba en el pecho de Mike. Era sutil, a menos que supieras de las cualidades de Jasper.

-Mike Cullen –se presentó él también estrechando la mano del hombre- y él es Noah Tatopoulus.

Ron se dio el tiempo para estrechar la mano del chico con el mismo trato que a los otros, pero apenas fue prudente, dijo.

-Ah, el que va a firmar los cheques ¿eh? No se preocupe señor Cullen, mujeres como Rosalie valen eso y mucho más. Será la mejor inversión de su vida.

Uh, señor, y aparte de todo pensaba que Rosy era su con quién.

-Es mi hermana –aclaró haciendo una mueca ligera que no expresaba desagrado sino incertidumbre.

Incluso él podía admitir que Rosalie era una de las mujeres más hermosas que había en el planeta, y si la situación fuera otra, no le molestaría echarse un polvo con ella. Solo que nunca, jamás, never, lo admitiría en voz alta. Ya era malo que cabeza de nabo tuviera acceso a esa información.

-Oh, en ese caso es mi culpa, -el olor ligero a sudor llegó a su nariz y su corazón latió diferente por un momento, a pesar que el hombre no mostrara más de sí- como los apellidos son diferentes…

Y dejó que la frase se extendiera en el aire hasta que Esme la pescó.

-Es hija de mi cuñada, que ya falleció.

-Cuanto lo siento –dijo en un tono que no sonaba ni falso, ni exagerado, Esme sonrió por una persona que ya nunca existió y Ron afirmó una vez con la cabeza antes de lanzar una sonrisa mientras veía a todos a su alrededor- Entonces ¿Quieren comenzar ahora? O si quieren podemos primero revisar la tienda y ver si hay algo más que les guste.

'¿Qué no iban a hacer eso?' se preguntó Mike.

Si ese era el punto, comprarle el diamante de Rosalie y para eso necesitaba ver la mercancía.

-¿Consiguió todas las piezas que le pedí? –preguntó la vampiro- ¿la gargantilla de pilares, el canario rosa…?

-El brazalete, el anillo y el canto del gorrión –afirmó el otro sonriendo y dio un par de aplausos innecesariamente para llamar la atención de un hombre que había estado de pie a una distancia prudente- Mark, por favor trae unas sillas –pidió jovial antes de volver su atención a Rosy- todas y cada una de ellas, aunque casi no lo logro porque el canario rosa tenía programado un vuelo a Dinamarca, pero logré posponerlo.

-¿El canario rosa? –preguntó Mike dudoso si estaban ahí para comprar diamantes o pájaros.

Rosalie le mandó una mirada de "cállate y no interrumpas, estoy comprando ahora"

-Oh, así es como le llamaron a este diamante, curiosa historia realmente. Pero sería mejor si trajera la joya para contarla –Mark había regresado junto con Elizabeth y otra mujer que no conocía tras él, cada uno cargando una silla de madera labrada con asiento acolchonado y de apariencia cómoda- Si toman asiento, mientras voy por las joyas a la bóveda. –extendió la mano de manera acogedora aún mientras los otros empleados colocaban las sillas en un semicírculo- Becky, entretenlos un momento mientras Mark y Lily van por las sillas que faltan.

"Ron" se dio media vuelta y "Becky" sonrió hacia ellos.

-¿Puedo ofrecerles algo de beber? También tenemos algunas botanas.

'¡Pero qué Diablos!' ¿eso era un bar o una joyería?

-No van a ser necesarias más sillas. –anunció Jasper- Noah y yo nos vamos a sentar en el sillón mientras ustedes arreglan sus asuntos –le dio unas palmaditas al hombro de Mike con una sonrisa- Suerte –murmuró con burla antes de irse al sillón.

Traidores, lo habían abandonado.


Dos horas y media más tarde, Mike estaba listo para matar a alguien, y no precisamente para chuparle la sangre. Las joyas eran hermosas, sí, pero al rubio no le interesaban las historias detrás de cada una de ellas o lo mucho que reflejaban los rayos de luz con respecto a otros cortes de menor calidad o cual era el grado de pureza del diamante. Realmente no veía la diferencia entre un diamante tipo G y uno L o cualquier otra letra del abecedario.

Pero tenía que asentir su cabecita, sonreír cuando la situación lo requiriera y parecer interesado.

Noah se había comido desde su sillón toda la botana, tomado todo el vino ante la mirada sorprendida de la empleada y ojeado cada una de las revistas que le ofrecieron en menos de media hora y después había pedido permiso para revisar la tienda mientras ellos terminaban.

Cuando Jasper le preguntó con la mirada si estaría bien en la presencia de los humanos sin él, Mike asintió, tenía el suficiente control… o aburrimiento. Después de todo tenía que cuidar de Noah como le había prometido a la manada.

Con una sonrisa el licántropo y el vampiro cruzaron el cordón que los separaba del resto de la tienda, porque al parecer eran clientes tan importantes que habían cerrado esa parte de la tienda solo para ellos. Sabía que se arrepentiría de haberle hecho ese trato a Rosalie, pero no sabía cuánto. Aún así, no podría haberle dado su copo de diamante. Aro había hecho bien su trabajo después de todo.

-Oh, es tan lindo Mike ¿Tú qué piensas? –preguntó Rosy mientras sostenía el canto del gorrión en su dedo. Era un anillo con un diamante ámbar en forma de lágrima y rodeado de chispitas como para hacerle una cuna. Debía costar una fortuna, pero había que admitir que le iba bien.

-Te queda perfecto Rosy –'¡Por favor ya vámonos!'- deberías quedarte con ese.

La rubia sonrió mientras miraba la joya en su dedo.

-Solo lo dices para que podamos irnos más rápido.

-Ah, claro que no Rosy, los otros están bien, pero ese va más contigo.

-Nah, realmente solo lo dices para que podamos irnos. Pero no se… creo que me gusta también el brazalete.

-¿Si te compro los dos nos vamos ya? –le preguntó aún luchando por que la sonrisa no se le resbalara de la cara. Ni siquiera estaba seguro que le alcanzara para comprar ambas joyas, pero si no podía, seguramente la rubia se lo dejaría saber sutilmente.

Ron, cuya fachada impecable se había mantenido así hasta el momento, tragó en seco ruidosamente y luego aclaró su garganta, de una manera muy sutil, claro, pero aún así se notaba su sorpresa.

La rubia extendió su sonrisa.

-No podría hacerte eso Mike, -dijo mientras veía una vez más el anillo en su mano- ¿Pero qué te parece si se lo compras a Esme? Estoy segura que no le importaría.

'Si, si, seguro, como si no lo hubieras planeado ya todo' el rubio volteó a ver a Esme que sonrió mientras sacudía su cabeza en una negación para nada creíble.

-Me parece perfecto –y luego recordó a la loca de su otra hermana- ¿Crees que deba comprarle algo a Alice?

-Y a Bella también, recuerda que será su boda pronto. Aunque tal vez tengas que comprarle otro regalo para ese día porque todavía falta un poco de tiempo.

'¡Mentira! La boda ya está a la vuelta de la esquina'

-Tú lo que quieres es todo el juego ¿Verdad?

-Dios, para nada. Yo solo te estoy recordando que tienes más de una mujer en casa, y que en menos de nada tendrás a una nueva hermana. Además, si mal no recuerdo, prometiste que le regalarías un diamante a Emily, y a esta otra chica… Kim. Es solo lógico que tengas que responsabilizarte de tus actos.

Mike miró a Rosalie por un segundo antes de girar los ojos y caminar hasta el cordón que separaba ese pedazo de la tienda del resto. Mark, que había estado parado ahí desde el principio, desenganchó la cuerda rápidamente para abrirle paso.

-¡Noah! –llamó al chico que estaba platicando con Becky y Jasper a unos cuantos metros.

El niño se levantó y se acercó a él rápidamente.

-¿Si Miky?

Le hizo una señal para que lo siguiera y regresó al mostrador donde descansaba la colección de joyas.

-¿Cuál crees que le quede mejor a Alice? –si algo malo tenía ser una vidente, era que te arruinaba las sorpresas.

El chico miró las joyas una por una y finalmente señaló la gargantilla que estaba diseñado como una cadena de flores muy gruesa.

-Ésta.

-Okey –bajó la tapa de la caja que la contenía y se la tendió a él- quédate aquí y no te separes de ella más de un metro –volteó a ver al dueño- Me llevo todas ¿Podría hacer de esta experiencia una rápida?

Por casi diez segundos, el hombre pareció congelado en su sitio. Se notaba que era muy difícil sorprenderlo y Mike se felicitó a sí mismo por lograrlo.

-Tendré listos los papeles en un momento –contestó finalmente y se levantó deprisa de su lugar- Mark, dile a Lily que les traiga algo de beber –miró a los vampiros con una sonrisa- ¿Champaña? Es de buena suerte hacer un brindis al culminar un buen negocio.

Mike casi le dijo que se fuera al carajo. Champaña. Lo que el quería era beber su sangre. Y estaba casi seguro que si se la pedía el otro se la daría en una copa sin chistar siquiera.

-Nos encantaría –contestó Esme por él- Pero primero sería firmar los papeles, si no, sería de mala suerte.

-Oh, si, los papeles. Vuelvo en un momento –se giró y entró rápidamente a su oficina.

-¿No te olvidas de algo? –preguntó Rosalie y Mike giró para ver a su hermana- ¿Emily y Kim?

Posiblemente no era buena idea, regalarle joyas a las improntas de los licántropos. Volteó a ver a Noah.

-¿Cuántas mujeres hay en la manada? –le preguntó bajito para que Mark no escuchara desde su lugar- Improntas, madres que estén enteradas del secreto y todo eso.

El niño levantó la mano y comenzó a contar con los dedos.

-Siete… ocho, –dijo finalmente- contando a Rachael y mi mamá.

El rubio volteó a ver a su hermana.

-¿Elegirías algo sencillo para ellas por mí?

Rosalie torció la boca, dividida entre su amor por las cosas obscenamente caras y su apatía por el resto de los seres humanos.

-Seguro –aceptó al final y se levantó de su asiento- ¿Sabes? Pensé que durarías más.

Esme también se levantó y le dirigió una sonrisa.

-Le ayudaré a elegir para que terminemos más rápido cariño –le dio un abrazo y un beso en la mejilla, algo parecido a lo que hacía su madre cuando todavía estaba viva- Eres un buen chico.

Se le hizo un nudo imaginario en la garganta.

-Lo dices solo porque te compré diamantes –la mujer rió

-Miky –llamó Noah a su lado, moviéndose en su lugar y mirando a cualquier dirección menos a él- ¿Puedo tener uno yo también?

¿Y debería comprarles joyas a los hombres también? No, ni hablar. Solamente a Noah porque se lo había pedido con esa carita esperanzada y no había manera de que le negara nada a él. Suspiró.

-Seguro Noah, vamos para que Esme te ayude a elegir algo que tú quieras.

-Ya sé que quiero –confesó el otro con una sonrisa.

Pequeño estafador. Comenzaba a creer que era demasiado dulce como para ser cierto.

-¿Y qué quieres?

Por toda respuesta, Noah tomó su mano y lo llevó hasta un mostrador donde el chico había estado hablando con Becky antes de que lo llamara. La empleada todavía estaba ahí, y les sonrió cuando llegaron frente a ella.

-Miky dice que puedo tenerlo –le soltó el chiquillo con una sonrisa de oreja a oreja.

-Wow ¿En serio? –aunque su actitud se había adaptado para compaginar con el licántropo, por un segundo la mujer pareció realmente sorprendida, pero rápidamente lo disimuló con una sonrisa más amplia- Eso es increíble –Elizabeth se inclinó un poco para tomar un cojín de satín que descansaba cobijado en las luces del aparador y lo colocó frente a ambos.

Mike observó preocupado la pieza que consistía en un diamante cuadrangular verde, diamante, porque todo lo que había ahí eran diamantes, y porque Rosalie le había explicado que los diamantes podían venir en cualquier color, inclusive negro. Lo que le preocupaba era el tipo de joya que hacía el diamante.

-Noah… como tu madre sepa que te compré un arete me mata.

El diseño era muy hermoso, y el tamaño e iridiscencia de la piedra nada despreciable, consistía en el diamante cuadrangular, que debía tener un poco menos de medio centímetro por medio centímetro, recubierto por todo su perímetro por lo que debía ser platino u oro blanco que estaba finamente tallado con pequeñísimas eses y posteriormente formaba la barreta que debía atravesar un agujeró que Noah debía hacer en su oído si quería usarlo.

-Podemos engarzar la piedra a un anillo o un dije, si lo prefiere –ofreció la empleada.

-Pero a mí me gusta así como esta –el niño volteó a verle como si cambiar la piedra a otra forma fuera un crimen- Hablaré con maman antes de ponérmelo ¿si?

Andrée lo iba a matar, vampiro y todo ¿Por qué rayos una joyería así tendría un arete de ese tipo? No había visto nada parecido en toda la tienda y hubiera jurado que a ese le faltaba su hermano gemelo.

-¿Deseas ponerle un nombre? –le preguntó Elizabeth al chico. Parecía que era parte de una conversación que ya había tenido antes, porque Noah la miró indeciso unos segundos.

-Dijiste que solo los mejores diamantes reciben nombre.

-Y también dije que no había reglas –la mujer intentó reafirmar al niño y se inclinó sobre el mostrador mientras apartaba un mechón de pelo y dejaba al descubierto su cuello, solo que no era su cuello lo que quería mostrar sino sus propios aretes que tenían unos diamantes pequeños- a estos yo les llamo Musas, porque me inspiran a seguir vendiendo día con día.

Su aroma dulce como la miel acarició el paladar de Mike. Afortunadamente la mujer se volvió a incorporar en su lugar y Jasper, que los había estado siguiendo como un cachorrito, le mandó una ola de calma bien dirigida.

-Además éste es un buen diamante, seis punto dos quilates y uno de los mejores en la tienda –continuó Becky, dulce Becky con su olor a sangre mientras señalaba el arete- sería una lástima que no le pusieras un nombre.

Noah tomó la joya en su mano y miró fijamente en la piedra. Sus ojos verdes eran casi un reflejo de la gema, solo que sus ojos eran más perturbadoramente hermosos.

-Vert du loup –dijo finalmente- verde de lobo.


Grasias por leer