Estamos llegando al final, éste es el penúltimo capítulo espero que las satisfaga, si desean añadir algo a este cap. están en todo el derecho de comentar y pedirlo, para eso está la opción de edición :P

Capítulo cinco: "Desde lo más profundo de mi ser…"

Sakuno meditaba, sabía perfectamente donde estaba, sin embargo no tenía idea de por qué se encontraba allí. No había nada a su alrededor más que la ilusión de una tonalidad purpurea. Su cuerpo flotaba sin necesidad de desearlo y sus poderes mágicos eran inútiles.

En su corazón sentía los desesperantes llamados de su amo, Ryoma Echizen, y su sentido de mujer le gritaba en cada célula de su joven cuerpo que corriera a su encuentro. Sin embargo, era consciente de que eso era imposible.

-¿Te diviertes, Saku?- le preguntó la voz de Kintarou en la penumbra del lugar.

Sakuno frunció el seño, jamás pensó que su "mejor amigo" fuese a ponerla en esa situación. El cadalso de los impuros, la pena para los condenados, los genios que no cumplían las reglas estaban eternamente malditos y debían pasar allí toda una eternidad hasta que sus huesos se hicieran polvo y se unieran al eterno llanto de Eco.

-¿Por qué estoy aquí, Kintarou? ¡No he roto ninguna regla!- exclamó evidentemente molesta, aunque su rostro lucia monótono y agotado.

-Claro que la rompiste, Saku- le discutió el pelirrojo- hay una vieja regla que dice que sólo puedes cumplir deseos a tu amo.

-Los deseos los pidió mi amo.

-No es verdad- espetó él- todos esos deseos tenían los anhelos de felicidad de otros. Y ya conoces las reglas sobre los deseos ¿o no, Sakuno?

Sakuno frunció el seño, mientras Kintarou le citaba la norma: "Un genio debe cumplir los anhelos del corazón de su amo para que éste alcance la felicidad, y debe evitar a toda costa cumplir los deseos de otros mortales dado que en la ley 129 se decretó que cada genio tendría una persona, y cada persona tendría su genio, romper esta regla básica alteraría el orden que se había anhelado por tantos siglos, además de dañar el trabajo con el que planeaban llegar algún día al paraíso. Quebrantar las reglas básicas te convierte en un mal genio, en un mediocre…en inútil"

Sakuno comprendió su error, aun así, no tenía nada de qué arrepentirse; su vida mortal junto al muchacho de cabellos negros, había sido una fuente de dicha y risas. Jamás admitiría haber roto esa falta, porque a pesar de todo, muy dentro de sí misma, sabía y sentía que había hecho feliz a su amo. De algún modo, le había dado una felicidad diferente de la descrita en el libro de reglas. Lo cual para ella, en toda su esencia de genio, era más que suficiente.

No le importaba pasar el resto de la eternidad en ese limbo de extraños colores, porque los pasaría pensando en sus momentos humanos junto al muchacho llamado Ryoma Echizen…

Kintarou la observaba en silencio, molestó por su indiferencia la dejó sola en el deprimente lugar, y empezó a preparar los registros de la terca muchacha que había desperdiciado su entrenamiento evadiendo la regla básica del manual.

Entre tanto Ryoma se partía la cabeza en dos tratando de pensar en cómo demonios podría recuperar a su amiga y de pronto como si tuviera una epifanía, recordó a la anciana del puesto de quiromancia. Sin importarle que faltara un cuarto para media noche tomó sus zapatos y partió.

Apenas puso un pie en la acera se dio cuenta de que no sabía a dónde se dirigía, después de todo, aquella vez en que encontró el bizarro lugar era de noche y estaba perdido con su mejor amigo. Por un minuto e impulsado por la desesperación, pensó en perderse para hallar el lugar; luego comprendió que pensaba estupideces.

Se sentó en una banca de un parque cercano a su casa y suspiró. Gritó el nombre de la chica en su mente, gritó el nombre de la muchacha en la oscuridad, y luego desesperadamente pasó la mano por sus cabellos.

-Deja de hacer tanto ruido muchacho- le dijo una voz de mujer. Sobresaltado se dio la vuelta y se encontró frente a frente con la anciana del puesto donde había recibido la lata de Sakuno.

Con la estupefacción a flor de piel trató de hablarle, sin embargo las palabras se enredaron en su garganta.

-No digas nada, ya sé todo lo que ha sucedido- le dijo la anciana y en un chasquido de sus dedos lo llevó entre una nube de humo rojo a un lugar en el que pocos mortales habían estado: "En reino de los seres mágicos"

Tras desaparecer el humo color carmín Ryoma pudo ver el enorme y extraño lugar en el que se encontraba, nomos, duendes, pitufos, Michael Jackson con afro, pokemons, pegasos, sirenas, genios, hadas, Papá Noel, Jack Calabaza, Harry Potter y hasta los caballeros de zodiaco. Era un lugar en el que lo inimaginable se hacía posible.

Muchas preguntas venían a su cabeza en ese momento, sin embargo todas fueron opacadas por la más importante: "¿Dónde está Sakuno?"

Como si leyera sus pensamientos la anciana dijo: -Busquemos a Saku-

Dicho esto lo encaminó a una gran torre en el centro de la pequeña villa en la que se encontraban, la enorme infraestructura parecía una barita mágica gigante.

La anciana pareció susurrar algunas palabras a la perilla de la puerta e inmediatamente ésta se abrió de par en par. Ryoma la siguió en silencio.

Llegaron a una habitación en donde les atendió una secretaria de cabellos rosados.

-Hola, Wanda- le dijo la señora en cuanto la vio- ¿Está Kintarou en su oficina?

-Sí, madame- contestó la mujer con una rechinante voz- ¿desea que la anuncie?

-Oh no, cariño- contestó la mujer casi de manera maternal, mientras le regalaba una sonrisa- Yo misma me anunciaré. Por favor salúdame a tu hermoso bebe y a tu estúpido esposo.

La mujer llamada Wanda sonrió y asintió con la cabeza desapareciendo con todo y escritorio. Dejando enfrente de los dos huéspedes una puerta.

Ryoma pensó que esto era irónico dado que todos desaparecían y aparecían cuando quisieran, sin embargo no dijo nada.

La mujer abrió la puerta con mucha naturalidad, dejando ver una hermosa oficina con papeles hasta el techo y un único escritorio, en el que se encontraba el pelirrojo de ojos dorados que hace apenas una semana había hecho de la vida de Ryoma un lió.

El de cabellos negros sintió ganas de golpearlo. Pero la mujer lo trajo a la cordura pronunciando unas simples palabras: "Absuelto"

-¿Absuelto?- repitió con tono incrédulo el pelirrojo mientras se concientizaba de la presencia de los dos intrusos de su oficina. Ipso facto la gran cantidad de papeles que tenía en su escritorio con el nombre de Sakuno Ryusaki se hicieron migas de pan. Mientras que en un puf la muchacha aparecía en el aire, para caer torpemente en el suelo.

-¡Sakuno!- exclamó Ryoma incrédulo mientras corría a levantarla. La muchacha igualmente incrédula abrió los ojos por la sorpresa y sin pensárselo dos veces le saltó en sima abrazándolo con todas sus fuerzas.

El chico la recibió en sus brazos con una ternura que jamás creyó suya. Sólo la voz de Kintarou pudo sacarlos de su idilio al saberse juntos nuevamente.

-¿Qué significa esto, madame Sumire?- preguntó Toyama con amargura en su tonó de voz.

La muchacha se sobresaltó y dirigió su atención a la mujer que había ayudado a Ryoma. Con sorpresa tartamudeó: "¿Abuela?"

Ryoma abrió los ojos desmesuradamente al escucharla.

-¿Es tu abuela?- preguntó Echizen patidifuso.

-No, que va- contestó Kintarou en sarcasmo- Es su perro disfrazado.

Ryoma lo fulminó con la mirada. Sakuno le jaló de la mano para que no le prestase atención.

-Sí, Ryoma, es mi abuela, Sumire Ryusaki, es la más grande médium de todo el reino de la magia y además es la directora de la escuela de genios…

-…Y la concejera de la corte de magos- añadió la anciana con una sonrisa picara. Echizen dejó caer la mandíbula, parecía que esa noche estaba plagada de sorpresas.

-Wow, son muchos títulos ¿no?- alcanzó a decir el de cabellos negros al recobrar la movilidad de la quijada.

-Los suficientes como para que con una sola palabra me saque del cadalso de los impuros- le confirmó la muchacha y luego miró a su abuela con la duda plasmada en el rostro.

- No me mires así, hija- le dijo la médium y le pasó la mano por los cabellos- No esperaras que te deje aquí sólo porque este inútil de Kintarou está celoso de Ryoma ¿o sí?

-¿Celoso?- cuestionó la muchacha mirando al chico de cabellos rojos. Este se cruzó de brazos y miró al suelo.

-Yo no estoy celoso de ese insípido mortal- espetó Kintarou- Sakuno rompió una regla básica del manual de los genios y por ello debe de pasar una eternidad en el cadalso.

-Para lo que dura una eternidad- refunfuñó la vieja dama perdiéndose en sus recuerdos.

- Pero abuela, yo no he roto ninguna regla.

-Lo sé, lo sé, pero ahora debemos tener un juicio para comprobarlo- dijo la aludida saliendo de su mar de pensamientos. Ryoma se sintió hablar con las hadas de los cuentos de Disney.

-Esto es absurdo- dijo Echizen.

-¿Acaso algo de lo que has escuchado desde que conociste a Sakuno tiene algo de sentido?- le interrogó la abuela de la chica y al no obtener respuesta dijo "Correcto" y chasqueó los dedos nuevamente.

Se encontraban en una corte armada de naipes. El mortal se aburrió de sorprenderse todo el tiempo y ésta vez simplemente lanzó una rápida ojeada al lugar.

-La juez Amanda preside- dijo un pitufo con gafas desde lo más bajo del lugar y una hermosa mujer rubia sonrió desde el lugar del juez.

-La acusada, Sakuno Ryusaki - prosiguió el pequeño pitufo- es sospechosa de haber roto la ley 129 y la regla básica cero punto uno inciso Q párrafo ½ del manual de genios en donde se estipula que un genio debe solo cumplir los deseos que vengan desde lo más profundo del corazón de su amo, incumpliendo de esta manera con el principio del mundo mágico que dicta que todos los genios deben otorgar felicidad a su amo.

La juez miró a la chica y a su amo. Entonces dijo:

-¿Cómo te declaras muchacha?

-Inocente, su señoría- contestó firmemente la genio.

-Bien- prosiguió la juez- que empiece el fiscal.

Entonces habló Kintarou, quien también había aparecido en la corte.

-Su señoría- comenzó Toyama con un tono diplomático y tranquilo- ésta muchacha no ha hecho feliz a su amo. Ni uno de los deseos que ha cumplido han sido pedidos desde el fondo del corazón del joven mortal aquí presente, por lo tanto ella no ha cumplido su papel de genio, y como bien es sabido eso la hace una genio inútil, para lo cual el mejor castigo es el cadalso de los impuros, para los genios condenados.

Un sonido de escándalo salió de la corte de naipes vacía. Amanda golpeó tres veces su escritorio con el gran chipote chillón del chapulín colorado y pidió silencio. Luego recogió sus cabellos rubios con la mano izquierda y animó al fiscal a proseguir.

-Y para demostrar esto- continuó el pelirrojo- llamare al estrado a Ryoma Echizen, el miserable amo de ésta incompetente genio.

Ryoma frunció el seño y con valentía subió al estrado.

-Diga su nombre completo- le pidió el pitufo de gafas.

-Ryoma Echizen- contestó el aludido mirando a la masita azul que le hablaba.

-Ahora su edad, fecha de cumpleaños, altura, tipo de sangre y hobby favorito.

-¿Y eso para qué?

-Sólo dígalo- ordenó el pequeño.

- dieciséis años, veinticuatro de diciembre, un metro setenta y cinco, O, y jugar tenis- contestó lentamente revisando que el orden en el que lo hubiera dicho fuese el correcto.

-Jura decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.

-Lo juro.

-No te creo- le contestó vacilante el pitufo. Ryoma frunció el seño y lo miró con odio.

-LO JURO- repitió con firmeza y el pequeño de piel azul salió corriendo diciendo: "Le creo, Le creo"

Kintarou rió entre dientes y se acercó elegantemente al estrado.

-Señor Echizen, ¿acaso ha deseado algo desde el fondo de su corazón?- le preguntó con una sonrisa arrogante. Ryoma rodó los ojos.

-No- contestó francamente el testigo.

-¿Acaso alguno de los doscientos veinte deseos que ha pedido desde que conoció a la muchacha Sakuno Ryusaki han sido para darle felicidad?

-Someramente- señaló el chico y una electricidad ardiente pasó por todos sus músculos taladrando cada hueso y nervio. Sakuno se tapó la boca con las manos.

-¿Sí o no?- corrigió la juez.

-No- aceptó el chico resignado sintiendo como el dolor desaparecía.

-No más pregunta su señoría- dijo Kintarou y se dirigió a su lugar. Ryoma miró a la Juez y luego a Sakuno.

-Pero eso no quiere decir que no me haya hecho feliz- replicó Echizen consiguiendo la atención de Amanda.

-¿Y cómo lo hizo si no cumplió ningún deseo que viniese desde el fondo de tu corazón mortal?

-Pues…- las palabras se enredaron en su lengua sin embargo dadas las circunstancias sabía que debía ser honesto.

Porque me hace feliz estar con ella- admitió casi en un susurro y lo volvió a decir alzando cada vez más su voz- porque es agradable sentir que estoy con ella. Porque… ¡porque ella me encanta!

Kintarou lo miró con despreció mientras las mejillas de Sakuno se ruborizaban. Entonces como Ryoma miró a la chica con tono decidido y dijo:

-Y es por eso que con toda mi alma yo deseo… su libertad.

Una vez la juez la hubo escuchado golpeó nuevamente el chipote chillón y la vista del peli negro se convirtió en oscuridad…

Una sensación de incertidumbre cubrió el corazón del muchacho mientras despertaba en su cama a las seis treinta de la mañana. Sudado y nervioso sólo pudo decir: ¿Sakuno?

Más allá del juicio él, como mortal, con todo su corazón, con toda la fuerza de su ser, había deseado la libertad de la chica, Lo cual no sólo la había librado del cadalso sino también de sus poderes como genio y del mundo mágico.

Pero claro, esto era algo que el chico Echizen no sabía, pues en ese momento únicamente le interesaba el vacío de lo que por un momento vio y tuvo, atrapado en los ojos de la chica mientras confesaba sus sentimientos en el estrado, y que ahora ya no estaba…

Continuara…

En el próximo capítulo: La historia culmina, unos ojos color chocolate, un tren en el que jamás pensé encontrarte, "Porque tú y yo hacemos magia"

PS. PARA TODAS LAS FANATICAS DEL RYOSAKU QUE HAN SEGUIDO MI HISTORIA DESDE PRINCIPIO A FIN LAS INVITO A VER ESTE VIDEO QUE HICE CON MUCHO CARIÑO PARA USTEDES :) ¡PORQUE TODAS LAS FANATICAS GRITAMOS: "VIVA EL RYOSAKU"!

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