Nada me pertenece, salvo la traducción.


Jacob la mira mientras prepara sándwiches en la mesada, cortando las cortezas de los bordes del pan y metiendo la lechuga adentro. Tiene una expresión en la cara que es demasiado feliz para estar haciendo el almuerzo, para una tarea tan mundana, simple. Se mueve sigilosamente detrás de ella y pone sus grandes manos sobre su cintura, dándole un apretón. Ella pega un salto y él deja escapar una risita ronca.

-Eres imposible -refunfuña ella, haciendo rodar los ojos. Pero se vuelve de todos modos, dejándolo estrechar su pequeño cuerpo contra el suyo tan grande, sus figuras encajando perfectamente. Ella se pone en puntas de pie y él baja su largo cuello, dejando los ojos abiertos hasta el último segundo, mirando la pacífica expresión de su cara mientras lo besa. -Por eso te casaste conmigo -murmura él en sus labios, suspirando y provocando vibraciones en su espalda al abrazarla más fuerte.

Acaban el beso y ella voltea otra vez, gruñendo un "claro, claro" sarcásticamente mientras comienza con otro sándwich. Él aprieta su estómago contra la espalda de ella y envuelve fuertemente sus brazos marrones a su alrededor, bajando la cabeza hasta que sus mejillas se presionan juntas. Ella suspira, cerrando los ojos y dejando que una diminuta sonrisa se sitúe en sus labios. Cuando abre los ojos, los dos miran a través de la ventana de la cocina hacia el patio, cómo las pequeñas figuras de cabello negro corren sobre la hierba húmeda.

Él deja escapar un canturreo y la besa en la mejilla.

-¿Puedes imaginar lo que te estarías perdiendo de no haberme elegido? –pregunta, y ella asiente aunque no necesita una respuesta.

-Sí -dice quedamente, apretando su boca rosada contra el hombro de él-. Amor.

Él sonríe.


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