No podía creer que me había enamorado de él, de hecho aun no lo creo, Horo Horo es impredecible, un caos, es inteligente pero no se esfuerza por nada, es coqueto, si, mucho, tal vez demasiado, coquetea con todo lo que se mueve, incluyéndome por desgracia, siempre me mira con sus ojos azul celeste y cuando está seguro que nadie nos ve me lanza un beso, que solo puede trastornar mi mundo, yo soy lo opuesto a él, soy Len Tao, soy educado, estudioso, y adicto al trabajo, soy todo control y orden, él es el caos con pies, su ropa desaliñada, su cabello alborotado, su ligero aroma a sudor cubierto por un perfume barato, no es lo que se esperaría me gustara a mí, yo debería interesarme en una chica sencilla, educada, toda una dama, estudiosa y gentil, no en un barbaján como él.

-vamos por un trago

Son las 12:00 del día, de donde demonios cree que va a sacar un trago a estas horas, y más aún porque me invita a mí, que sus ridículos amigos no quisieron ir, no claro que no ellos irían a cualquier lugar donde hubiera alcohol, pero porque me invita a mí, porque extiende su mano, porque me sonríe, y porque me he quedado congelado, así, porque me gusta a morir.

-me hablas a mi

Pregunto con un tono petulante, el sonríe aun más y me toma del brazo, me guiña un ojo y me jala fuera del salón, a penas y puedo seguir su paso, el idiota corre por los corredores, que no sabe que no se debe correr en los pasillos, demonios tengo que dejar de ser tan obsesivo, después de correr unos cuantos metros fuera del Instituto se detiene, me empuja contra la pared suavemente, desgraciadamente no tan suave como cree, me mira fijamente a los ojos, estoy tenso, esto es, todo esto es muy impredecible.

-me gustas sabes

Eso si me saca de onda, una confesión como esa así de golpe, seguramente es una trampa, solo quiere que baje las defensas para después burlarse de mí con sus amigos

-a sí…

Digo tratando de sonar distante, miro a otro lado no puedo seguir viendo sus ojos azul mirándome tan fijamente, aun sostiene mi mano, la sostiene con ternura, con su mano derecha toma mi mentón y hace aquello que jamás espere fuera a suceder, sus labios besan los míos, suavemente, delicadamente, saben a miel, su aroma me inunda, su cuerpo se ciñe al mío, puedo sentir su calor, su mano izquierda ahora baja por mi cintura, su mano derecha toma mi mejilla, su lengua invade mi boca con lujuria, Dios sí que sabe besar, dejo de respirar, mi corazón se agita e inconscientemente respondo el beso, con pasión, con deseo, con cariño, nuestras bocas se funden por un largo instante y al separarnos sus ojos se fijan en los míos, saboreo el beso, ha sido delicioso.

-se que yo también te gusto

Le sonrío, no puedo hacer más y mientras nos volvemos a besar con mayor calma pienso en las palabras de mi maestra de Psicoanálisis, "NO HAY NADA DE RACIONAL EN LAS RELACIONES HUMANAS"