Les traigo uno de mis últimos proyectos n.n Confesiones de una Romántica Deseperada. Uno de mis pocos fics que conservan la trama original de Pokemon, (aunque un poco modificada, claro está), y con eso me refiero a que mantendré las ciudades de la serie, los personajes, etc.

Espero lo disfruten!

Rated: PG 13 por referencias sexuales.
Pairing: Ash/Misty
Disclaimer: Pokemon no me pertenece, por desgracia... Todos los personajes extras sí.


Confesiones de una Romántica Desesperada
By Maureen

"No es que los primeros amores retornen siempre, es que no se van nunca."

- Te amo… ¿Lo sabes? Nunca dejé de hacerlo… –

Le decía él mirándola fijamente. Sus ojos flameaban de pasión y deseo, esa pasión que había quedado latente todo ese tiempo que habían estado separados…

- Lo sé. – respondió casi sin voz. – Yo también te amo. – susurró.

Él se acercó sonriendo. Apoyó su frente en la de ella y cerró los ojos, sus manos entrelazadas. Ella sintió como sus piernas flaqueaban. Sus emociones la traicionaban una vez más, pero qué maravilloso era. Cerró los ojos igual que él, y al hacerlo sintió como sus labios rozaban su delicada piel en busca de los suyos. Hasta que por fin…

- ¡RRIINGG! -

La pelirroja gruñó aún enrollada en sus sábanas. ¿Quién se atrevía a despertarla de su fantasía? Echó un vistazo al reloj despertador. ¡Eran las cinco de la mañana!

- Maldición. – bufó y levantó el auricular con los ojos entrecerrados. – ¿Bueno? – contestó.

- Por tu tono puedo decir que te acabo de despertar. – respondió una voz femenina. - ¿Qué tal te va, hermanita? –

Misty respiró hondo y cerró los ojos antes de exhalar un largo y pesado suspiro. Se trataba de su hermana Daisy, la mayor de las cuatro.

- Será mejor que me hayas llamado para algo más importante que solo saber cómo estoy. – gruñó.

- ¿Qué acaso no puedo preocuparme por ti? –

- No cuando son las cinco de la mañana acá. ¡Estaba durmiendo! –

- ¿Las cinco? Qué raro… debí haber calculado mal… - dijo pensativa.

Misty puso los ojos en blanco y suspiró.

- Pues, todo está bien… - dijo al fin. – Ya sabes que siempre me gustó Francia, y mi trabajo no está mal tampoco. -

Daisy suspiró al otro lado del auricular.

- Has estado lejos por tantos años… te extrañamos, ¿Sabes? – le decía la rubia. - ¿Qué cinco años no son suficientes para aprender fotografía en París? -

- Daisy, ya te lo dije. Necesitaba un descanso de todo lo que había sucedido… fue difícil, lo sabes. Me establecí aquí… y me ha ido bastante bien. -

Se mordió el labio inferior al saber que no todo en esa oración era cien por ciento verdad. Amaba su nuevo trabajo, era una fotógrafa reconocida de Vogue, y la paga no era mala para nada. Era dueña de un lindo apartamento en París, con una linda vista y guapos vecinos…

Claro que nadie especial…

Y era eso mismo lo que le faltaba. Exitosa o no, extrañaba Ciudad Celeste y a todas las personas que habían tomado un lugar importante en su vida. Sus mejores amigos, su familia. Muy aparte de sus hermanas, quienes se encontraban ocupadas la mayor parte del tiempo, Misty siempre se sintió acompañada por Brock, May, Tracey, Dawn, Gary, Paul, Drew… y…

Apretó los dientes al no querer recordar aquel nombre.

- Si, si, muy triste. – dijo Daisy. – Pero por lo que entiendo ya lo superaste, hermanita. Así que ahora tienes que tomarte un descansito de tu perfecta vida para volver aquí. ¡Te necesito! -

- Bueno, eso es dulce Daisy, pero yo… -

- ¿Qué no entiendes? ¡Me voy a casar! – exclamó Daisy en el auricular.

- ¡¿Qué?! ¡¿Tú qué?! –

La sorpresa fue tanta que Misty sin darse cuenta cayó de la cama.

- ¡Ahh! -

- ¿Todo bien? Como que no me estás prestando atención, Misty… - se quejó Daisy. – Esto es algo de vida o muerte. –

- Ya va, no exageres. – dijo Misty al recomponerse. - ¿Casarte? Pero Daisy… -

- Lo sé, Tracey me vino con la propuesta hace tres días. – explicó. – Te hubiera llamado antes pero o estabas muy ocupada para atenderme o simplemente yo estaba demasiado atolondrada así qu-. –

- Para, cálmate. – le pidió a su hermana quien ya empezaba a hablar como locutora de radio. – Relájate y respira hondo. –

Escuchó como Daisy seguía sus instrucciones al otro lado de la línea.

- Mejor, ahora, pausadamente, explícame. – dijo Misty.

- Bien. – suspiró. – Como dije, fue hace tres días. Oh, Misty, lo hubieras visto. Fue tan romántico… No sabes lo feliz que me encuentro… -

- Es bueno saber eso, hermana. – comentó Misty. – Pero, ¿No es demasiado pronto? Quiero decir, me encanta la idea de que ustedes dos estén saliendo pero… –

- ¿Pronto? – preguntó Daisy con voz alterada. – Misty, llevamos juntos como… ¿Siete años? – dio un suspiro largo. – No lo sé… estoy asustada… -

- Oh, vaya… - suspiró Misty.

- Desde que se enteró, Lily ha estado buscando vestidos por todas partes. ¡Ya ni la veo en la casa! Y Violet me pidió que la dejara organizar todo así que está demasiado ocupada como para escucharme… Y no quiero ofuscar a Tracey con mis preocupaciones… no es que tenga dudas pero siento que si lo cargo demasiado se irá. Misty, necesito tu ayuda aquí, por favor… -

Estaba rogándole… sabía que la necesitaba de verdad. Misty suspiró. Tendría que hacer un par de llamadas y cancelar algunas cosas, pero se las arreglaría. Después de todo, era la boda de su hermana y uno de sus mejores amigos. No necesitaba más excusas. Sonrió.

- Tranquila, Daisy. Hoy mismo estoy haciendo los arreglos para irme mañana, o si tengo suerte hoy en la noche. – prometió.

- Ay, hermanita, gracias. – le dijo. – No sabes cuanta falta haces aquí… les diré a todos que vienes. –

- ¡No! No… - se mordió el labio inferior. – Que sea nuestro pequeño secreto. Quiero que darles una sorpresa a… a todos… -

- Muy bien. – acordó la hermana mayor. – Si llegas mañana, llámame. Habrá una cena en nuestra casa donde daremos a conocer la noticia a todos nuestros amigos. Viste elegante. –

- Si, claro, ahí estaré. – le aseguró la pelirroja.

- Está bien. – sonrió. – Te veo pronto hermanita. Cuídate mucho. –

- Y tú, adiós. –

Colgó. Misty tomó aire y soltó un largo y pesado suspiro antes de recostarse entre sus almohadas de nuevo.

- Ay, Dios… - gimió.

No estaba preparada para volver. ¿O tal vez si…? Suspiró otra vez. No había nada que hacer, era la boda de su hermana y ella tenía que cumplir. Además, volvería a su hogar con todos sus seres queridos… y algunos no tan queridos.

- Maldición… -

Alzó su mano derecha y miró con melancolía su dedo anular… estaba vacío, no como hacía cinco años… Por supuesto se había desecho de aquel maldito anillo, se lo había arrojado a su prometido en la cara, esperando que se le clave en un ojo o se atragante hasta morir con él…

Apretó los dientes… Cómo lo detestaba…

Pero eso ya no le importaba ahora. No, para nada. Era una mujer de veintitrés años, realizada y lista para enfrentarse a cualquier obstáculo. Talentosa, hermosa y exitosa… No necesitaba nada más.

Apretó su mano en un puño, rabiando por los sucesos pasados.

'¿Lo habrán invitado?' se preguntó en su mente. 'Claro que sí, grandísima estúpida, recuerda que es el novio de Lily… Seguro estará presente con una estúpida sonrisa en su rostro…'

Como odiaba recordarlo…

'El dolor es una pérdida de tiempo.' recordó, 'Es el pasado obstruyéndote el presente…'

Bajó su mano y se levantó de la cama. Suspiró y medio sonrió. Tenía que dejar el pasado atrás y seguir con su vida. Además, no le iba a hacer mal volver a ver a sus hermanas y amigos, ¿O si?

Tomó el auricular del teléfono y marcó el número de la agencia de viajes. Necesitaba reservar un vuelo.


- ¿Cómo es eso de que te vas hoy? – le preguntó una joven compañera del trabajo. – ¿Así sin más? ¿No temes que te despidan? -

- Bueno, Lena, no creo que me necesiten aquí ahora, la verdad. La revista está yendo maravillosamente, y de todas formas pensaba pedir vacaciones adelantadas así que… - suspiró. – No debe haber problema… -

Lena arqueó una ceja. Era alta y delgada, y su cabello lacio y castaño. Su peinado era corto y moderno, la hacía ver como toda una modelo. Misty y ella se volvieron amigas desde su segundo años en París, y desde ahí, habían resultado ser inseparables.

- ¿Puedes decirme de qué se trata? – pidió Lena. – ¿No estarás huyendo de algo? -

- No, sólo… Me cayó una sorpresa inesperada… -

- Por Dios… - Lena puso los ojos como platos. – Estás embarazada… -

- ¿Qué? ¡No! – le dijo Misty con el ceño fruncido. – Nada de eso… -

- ¿Entonces? – insistió la castaña. - ¿Qué es tan importante? –

Misty hizo un mohín, pero la expresión de Lena dejaba muy claro que no se iba a rendir hasta tener una explicación clara. Misty necesitaba su ayuda para conseguir el permiso de parte de su jefa, así que no quiso arruinarlo.

- Mi hermana mayor se va a casar. – explicó. – Con uno de mis mejores amigos. Por lo que, supongo, es mi deber asistir y apoyarlos a los dos. Sobretodo a Daisy, pienso que necesita de mí más que de otra persona. Además… - suspiró con pesar. – yo tengo un poco de experiencia con el tema… - empezaba a hablar monótonamente, como una zombie. - ya sabes… al menos hasta antes de caminar hacia el altar… -

Lena puso una expresión cansada, frunció los labios y le pegó una bofetada a la pelirroja.

- ¡Ay! ¡Oye! – se quejó esta, furiosa. - ¿Qué fue eso? -

- Ay, cómo lo siento, amiga. – se cruzó de brazos. - Pero tenía que hacerte reaccionar, ¿Qué no puedes dejarlo atrás? –

'Tiene razón…'

- Es fácil decirlo. – dijo mientras se frotaba la mejilla derecha. – No rompieron contigo tres días antes de tu boda… –

- Por favor, no te hagas la mártir… - criticó Lena. – A muchas mujeres las han dejado plantadas de peores formas. -

- ¿A si? – la retó Misty. - ¡Me dejó un post-it! ¡En el refrigerador! – exclamó. – 'Perdóname, Mist. Creo que lo nuestro no va a funcionar.' – lo imitó con una voz de retardado. – Y un mes después empezó a salir con una de mis hermanas. Eso nunca se lo voy a perdonar. Maldito cobarde… - dijo entre dientes.

Lena frunció el ceño y abrió la boca como para decir algo, pero las palabras no salieron. Se quedó pensativa un rato. Misty bufó, no le había contado esos detalles a su amiga. En parte le avergonzaban… pero se sintió bien al decírselo a alguien.

- Wow… eso fue… - hizo una mueca de asco. – Basura… -

- Ajah… - asintió Misty.

- Y entonces huiste de ahí y viniste a refugiarte en Francia. – dijo Lena. – A esconderte en tu trabajo, detrás de tu cámara fotográfica… - meneó la cabeza. – Eso no está bien, cielo. –

- ¿Pero qué-? –

La pelirroja sintió una furia crecer en su interior. ¿No estaba bien haberse ido? ¿Qué acaso no entendía la gravedad del asunto? ¿El daño que le había causado aquel hombre?

- ¿Y qué pretendías que hiciera? – preguntó Misty indignada.

- ¡Patearles el trasero a los dos! ¡Eso debiste hacer! Sobretodo mandar a ese idiota al diablo. –

- ¿Te refieres a vengarme? – Lena asintió. - ¿Cómo? –

- Bueno, - sonrió. – si se trata de un hombre que te ha herido, la mejor forma de herirlo es acostarte con su hermano o su padre… -

- ¡Lena! – exclamó Misty tanto sorprendida como horrorizada.

- ¿Qué? ¿Quieres hacerlo sufrir o no? Eso lo destruirá de por vida. –

Misty soltó una risa. Por más bajo que le pareciera ese método, tenía que admitir que Lena tenía un buen punto.

- No creo que sea posible, no tiene hermanos ni padre... –

- Que pena… - chasqueó la lengua. – Mínimo pudiste dejar calva a tu hermana mientras dormía. Es el mínimo precio que ella debería pagar. –

- ¿Te refieres a Lily? – preguntó. – Jamás podría hacerle daño. A pesar de todo, no puedo odiar a mi hermana… es… ¡Mi hermana! – se encogió de hombros.

- Bueno, siento decirte que ella no está siendo una hermana contigo. ¿Salir con el ex-prometido de tu hermana? Eso es poco ético… - Misty puso los ojos en blanco.

- Se nota que no conoces a Lily. –

- Nada justifica esa traición. – dijo Lena seriamente.

'¿Traición? ¿Fue eso acaso?' se preguntó.

- No fue culpa de Lily haber caído en sus redes de araña. Yo misma lo hice… - intentó explicarse.

- Como sea, ahora que estás por regresar, más te vale armar un buen plan para vengarte del idiota. Y de paso, sacarle un poco de envidia a tu hermana. – le dedicó una sonrisa a su amiga. – París te sentó muy bien. –

Misty se sonrojó un poco, sabía a lo que se refería. Se había marchado de Ciudad Celeste siendo una joven de dieciocho años algo desaliñada. Ahora era una mujer muy hermosa. Su cabello rojo caía en ondas hasta su espalda baja, y su cuerpo había desarrollado mejor que nunca. Además, con su agitado estilo de vida, se había mantenido en forma, lucía un hermoso y esbelto cuerpo con lo que sea que llevara puesto, y con los muy valiosos consejos de moda de Lena, sin mencionar la influencia de trabajar en Vogue, había aprendido a vestir magníficamente. No era de extrañarse que muchas veces la confundieran con una modelo en vez de una fotógrafa profesional.

- Sí, supongo que sí. – sonrió.

- Tienes las armas necesarias – le dijo Lena. – para hacer de su vida un infierno. –

- Te escucho. – dijo Misty quien se veía interesada en la idea.

- Este es el trato, – propuso Lena. – hablaré con Tara y te aseguraré el permiso, pero a cambio, quiero que hagas sufrir a esa escoria hasta que se arrastre a tus pies pidiendo que te detengas. –

- ¿Cómo se supone que haga eso en la víspera de la boda de mi hermana? – preguntó ingenuamente.

- Ya se te ocurrirá algo. – sonrió Lena. – Será mejor que termines de empacar tus cosas, amiga. Te vas en cinco horas. –

- ¡Gracias, Lena! – Misty se abalanzó sobre su amiga. – No tienes idea de lo que significa para mí. –

- Cuídate, ¿Sí? – dijo y le devolvió el abrazo. – Estaré en contacto contigo. – le sonrió. - Y diviértete mucho, te lo mereces. –

Se abrazaron por unos minutos y luego se separaron. Misty corrió por el pasillo hasta la salida, no sin antes despedirse con un gesto de la mano de su amiga.

Había mucho por hacer aún…


Ya estaban listas unas cinco maletas, tan sólo le faltaban guardar unas cuantas cosas. Miró a su alrededor y suspiró al ver su habitación prácticamente vacía. Era como si se estuviese mudando de nuevo… y sin embargo esa sensación de abandonar un lugar que fue muy especial para ti no la embriagaba. Por el contrario, sentía un cosquilleo dentro suyo, ansiedad por volver.

Abrió el cajón de su mesa de noche y empezó a guardar sus pertenencias más valiosas una por una. No iba a permitir que se queden a la merced de la ama de llaves durante su ausencia, no se los confiaba. Un objeto llamó su atención, se detuvo a observarlo. Se trataba de una foto, una foto rasgada a la mitad. Ella se veía tan feliz en aquella época…

Apretó los ojos y suspiró. Guardó la foto en un bolsillo de su saco blanco, por más que quisiera, le dolía intentar olvidar mucho más que recordar. Olvidar a aquella persona tan importante para ella…

- ¡RRIINGG! -

Sonó de nuevo el teléfono.

- Arg… - se quejó Misty. – Lo primero que haré cuando vuelva será cambiar ese timbre tan molesto. – se dijo a si misma. – ¿Diga? – contestó al auricular.

- ¡Au revouir, Misty! – dijo una voz femenina el otro lado. – Tan sólo quería decirte adiós por última vez, te irás dos meses completos. Ahora, eso son vacaciones. –

- Gracias, Lena. – sonrió la pelirroja. – En serio voy a extrañarte mucho. –

- Lo sé, solo no te olvides de traerme un obsequio de agradecimiento en tu regreso. –

- No lo haré. – rió Misty.

- ¡Oh! Es cierto, ¿Ya te llegó el paquete? – preguntó Lena.

- ¿Paquete? – dijo extrañada. – ¿De qué paquete hablas? –

'DING DONG'

Otro ruido molesto, se trataba del timbre de su apartamento.

- ¡Ah! Ese debe ser. – dijo Lena. – Atienda la puerta, señorita. – ordenó en broma.

Misty dejó el auricular a un lado y se dirigió hasta la puerta. Al abrir no vio a nadie, pero a los pies de su puerta se encontraba una caja mediana de papel negro brillante con un lazo color rosa encendido y un moño. Llevaba una tarjeta que decía:

"Un regalo de despedida para mi querida amiga,

Úsalo bien… Tú sabes a lo que me refiero ;).

Je t'aime, Lena."

Misty levantó el paquete y sonrió. Corrió de vuelta al teléfono y tomó el auricular.

- ¿Lena? – la llamó, pero no hubo respuesta del otro lado. - ¿Lena? – intentó una vez más.

Nada. Suspiró, su amiga ya había colgado. Ya la llamaría cuando llegue a casa, seguro tendría unas cuantas cosas que contarle. Colocó el paquete sobre su cama ahora vacía, y lo abrió con cuidado.

Sonrió al ver lo que veía en su interior, y no pudo evitar reír al recordar la nota.

"Úsalo bien."

Cerró la caja de nuevo y la metió dentro de su última maleta. Ya todo estaba listo, ¿Lo estaba ella? Se aproximó hasta la puerta de salida, echó un último vistazo a su casa.

- Bueno, - suspiró. – nos vemos… - dijo y sonrió.

El guardia del edificio la ayudó a llevar todas sus maletas a la limosina que la esperaba fuera. Ella llevaba consigo la última, ahora con el regalo de Lena era su equipaje más valioso. Lo introdujo dentro del auto y cerró la maletera.

- Que tenga buen viaje, señorita Waterflower. – le deseó el guardia mientras le mantenía la puerta abierta para que ella subiera.

- Muchas gracias, Jerry. – agradecía la pelirroja con una gran sonrisa. – Cuida bien de los otros. –

Subió en la limosina y el guardia le hizo un gesto de despedida con la mano. Misty se recostó en el asiento y cerró sus ojos.

- ¿A donde la llevo, señorita Waterflower? – preguntó el conductor.

- Al aeropuerto por favor, William. –

El auto arrancó y ella volvió a suspirar. Cada vez estaba más cerca…


Aeropuerto Charles de Gaulle, París.

- ¿No necesita nada más, señorita? – preguntó William, quien amablemente se había encargado de que embarquen su equipaje.

Misty se encontraba ahora frente a la entrada del avión, donde se hacía el control de los pasajes. Tenía la mirada perdida, parecía hipnotizada.

- ¿Señorita Waterflower? – la llamó una vez más.

- ¡Oh! – la aludida se sobresaltó. - No gracias, William. – le dijo sonriente. – Yo sigo desde aquí. –

- Que tenga un buen viaje, señorita. – se despidió el chofer.

- Cuídate, William. –

Miró al frente, cientos de personas caminando de aquí para allá. Todos desconocidos… No pisaba aquel lugar desde hacía cinco años, pero ahora lo veía bastante diferente. Tal vez era por que ya no se la pasaba llorando todo el día, a lo mejor sus ojos hinchados le impedían ver lo grande del lugar… Tampoco recordaba ver tanta gente, seguro porque se sentía solitaria y no tenía cabeza para otra cosa que no fuera lamentarse de su propia desdicha. Suspiró.

Esos tiempos aquellos… ¿En serio había estado tan ciega? Desperdició tantos días de su vida…

'Mas te vale que te concentres o perderás el vuelo.' Se dijo a sí misma.

Apretó los puños y se dirigió a la entrada rápidamente. No faltaba mucho para el despegue.

- Buen viaje. – le había deseado la aeromoza de la entrada.

- Gracias. – respondió y suspiró.

Los nervios la carcomían por dentro. Miró su boleto de avión, decía F-13. Habría deseado comprar un boleto de primera clase, pero debido a la noticia de último minuto de su hermana, no pudo hacer los arreglos necesarios.

'En fin… No puede ser tan malo…'

Caminó por el pasillo hasta dar con la letra "F".

- Perfecto, - se sonrió a si misma. – ahora solo tengo que buscar el número de mi asiento. Veamos… 3… 8… 13… -

Ahí estaba, un asiento al lado de la ventanilla del avión, más no estaba vacío… Era un espacio de tres asientos, el número once, el doce y el trece… Pero al parecer…

- Ejem. – la pelirroja se aclaró la garganta. – Disculpe, caballero, pero creo que está sentado en mi asiento. -

Se trataba de un hombre joven, pudo deducir, que estaba mirando a través de la ventanilla. Parecía concentrado. Era de cabello negro corto, llevaba puesto un pantalón negro y una camisa roja desabotonada del cuello. Bastante elegante, con excepción de los lentes de sol que llevaba puesto. ¿Qué clase de persona usaba lentes del sol dentro de un avión? Seguro un presumido o… un ciego…

'Tal vez por eso se equivocó de asiento.'

- Oiga… - intentó llamarlo una vez más.

'¿Qué también es sordo?'

- La escuché. – respondió el joven tranquilamente.

'Al parecer no…'

Su voz se le hizo extrañamente familiar, no supo por qué. Sin mencionar que no era francés, eso lo notó por su acento.

- Bien, entonces, ¿Podría cederme mi asiento, por favor? Creo que cometió un error… - dijo de nuevo, amablemente.

El joven se volvió a encararla. Su sonrisa era encantadora, no tardó en notar que se trataba de un joven realmente apuesto. Se la quedó mirando en silencio por unos segundos, y poco a poco su sonrisa se esfumó. A cambio, su expresión se había tornado completamente seria, confundida…

Misty juntó los labios inmediatamente, al notar que se había quedado boquiabierta. Ese sujeto se le hacía muy, pero muy parecido a…

- ¿Sucede algo, señorita? – le preguntó, ahora sonreía de nuevo.

- Yo… uh… - aclaró su garganta una vez más. – Se lo dije, está en mi asiento. Por favor, muévase. –

- ¿En serio? – arqueó una ceja. Su voz era irresistible. – A lo mejor usted fue quien cometió el error. –

- No, temo que estoy completamente segura de que ese es mi lugar. – ya empezaba a enfadarse. – Se lo estoy pidiendo por las buenas, no me haga llamar al encargado. –

El joven sonrió. Misty contuvo la respiración. ¿Qué le sucedía? No e trataba más que de un apuesto extraño… muy apuesto…

- Si lo que desea es una excusa para acompañarme, señorita, no necesita hacer tanto teatro. Puede sentarse a mi lado. – le propuso con voz seductora.

- ¿Cómo se atreve? – exclamó Misty. – Yo tan sólo quiero sentarme en el asiento por el cual pagué. –

- Entonces puede ir, este es el mío. –

- ¡Esto es intolerable! –

Apuesto o no, le dieron unas ganas de darle una buena patada en la cara. Por suerte, una aeromoza se acercó a la escena donde estaba.

- ¿Sucede algo malo, señorita? – preguntó la chica.

- De hecho sí, este hombre está sentado en mi lugar. – se quejó Misty.

- Ya le dije, se equivoca. – intervino el joven. – Se trata de mi lugar. –

- ¿Me permiten su boletos, por favor? – pidió la aeromoza.

- Claro, así verá que estoy en lo correcto. – dijo Misty a la vez que le alcanzaba el suyo.

El hombre hizo lo mismo. La joven aeromoza revisó ambos boletos con el ceño fruncido. Al parecer algo iba mal…

- Vaya… Ha sido un error muy extraño… - dijo como para sí misma.

- ¿Qué quiere decir? – preguntó Misty.

- Los dos boletos tienen el mismo número de asiento. – explicó.

- ¿Qué? – ambos preguntaron en unísono.

- No se cómo pudo pasar. – se disculpó la joven. – Temo que tendrá que buscarse otro asiento. –

- ¿Está hablando en serio? – se lamentó Misty.

- Todos los demás asientos están ocupados… - dijo la joven. – Señorita Waterflower, le recomiendo que se siente al lado del señor Ketchum, son los dos que quedan. –

Los ojos de Misty se abrieron como platos al escuchar ese nombre. Se quedó pasmada en su lugar, como en estado de shock. Abrió la boca como para decir algo pero nada salió de sus labios. La aeromoza pidió disculpas una vez más y se fue, dejándola sola con aquel individuo. Dio un giro lento hasta encararse con el joven que la miraba igual de sorprendido. Tomó aire y apretó los ojos…

- Ay, no puede ser. – susurró.

El joven se sacó los lentes, revelando sus grandes ojos color café. Una sonrisa se formó en su rostro. La típica pícara sonrisa que la volvía loca tiempo atrás.

- Hola, Misty. – le dijo. – Han pasado muchos años. -

'Sí puede ser…'

- Maldición. – dijo entre dientes.


Continuará...

¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Reviews? Díganme qué les pareció n.n.
Nota de la autora: No saquen conclusiones apresuradas n.n si quieren saber qué paso en realidad entre esta linda parejita, continúen leyendo.
Pronto la conti!

- Maureen