Esta bien... me pasé. Después de 11 años (¡ONCE! Ni yo me lo creo.) regresé para continuar esta historia. Espero sigan aquí y no me hayan olvidado, espero esto valga la pena y pueda volver a traerles un lindo rato. Mi única excusa es que soy una adicta al trabajo y la pandemia, pese a todo lo malo que ha traído consigo, me ha dado el tiempo que necesitaba para retomar mis hobbies y darme más tiempo para mí.

Espero que con esto, al menos, se encienda una chispita de alegría en sus corazones, así como yo estoy super feliz de poder volver a compartir esto con ustedes.

Espero disfruten mucho de este capitulo.

Disclaimer: Historia 100% original, no fake. Toda la historia me pertenece menos los personajes de Pokemon.


Confesiones de una Romántica Desesperada
By Maureen

"¿Dónde quedaron esos días felices? Parece tan difícil encontrarlos…
Traté de llegar a ti, pero has cerrado tu mente.
¿Qué fue lo que paso con nuestro amor?
Quisiera comprender…
Solía ser tan lindo, solía ser tan bueno…"

2:00 PM

La casa se encontraba casi vacía desde hacía ya cuatro horas. El grupo se había ido de excursión al campo para un picnic, a excepción claro, de Misty.

Violet había insistido en que los acompañe, pero ella no se encontraba con ánimos de ir luego de su papel en el desayuno y su estruendosa discusión con Ash.

– Trata de no quedarte encerrada y relájate un poco, ¿Quieres? – le había dicho con un tono mandón que rozaba lo burlón. La pelirroja puso los ojos en blanco. – Evita comerte todas las frituras en un solo día, o no entrarás en el vestido de dama de honor.

– ¡Ya vete! – exclamó la hermana menor con fastidio a la vez que le arrojaba una de las almohadas.

Violet recibió el golpe con un ligero grito seguido de una risotada.

– Es broma, haz lo que quieras. – siguió riendo. – Volvemos a media tarde. ¡No olvides almorzar! – finalizó subiendo la voz a la vez que se alejaba, dejando la puerta de la habitación entreabierta.

– Vale, hasta luego. – había respondido Misty, con algo de fastidio.

No quería admitirlo, pero a pesar de que sus hermanas siempre la andaban molestando y haciéndole bromas, era entrañable encontrarse de nuevo en casa.

Suspiró y sonrió ligeramente.

Se había pasado las últimas dos horas recostada en su cama, con los audífonos puestos al tope de volumen, escuchando Savage Garden y releyendo una y otra vez las revistas que había comprado el día anterior. Se había cambiado a un traje de baño deportivo color aguamarina y una blusa blanca traslucida. Finalizando sus deberes de 'Wedding Planner' se iría a dar un chapuzón al gimnasio.

Violet le había pedido reunirse más tarde para revisar los avances de la planificación, dado que la boda era en dos semanas. Afortunadamente, Ciudad Celeste no era una metrópolis, en París hubiera sido imposible planificar una boda en tan solo quince días, pero en este caso era más sencillo…

– Flores… listo. Margaritas blancas y en tonos rosa… básico. – hablaba para sí misma a la vez que apuntaba en su libreta. – El catering y menajelo verá Violet… hmm… Pastel, encargado. – suspiró. – Todd hará las fotos… – musitaba entre dientes. – Vestido… problema de Lily. – tarareó una parte de la canción que sonaba en ese momento.

'I want you.'

Dio vuelta a la página de la libreta, donde Ash había apuntado de manera descuidada todos los datos que ella le había encargado. Se le escapó una risa al imaginárselo preguntar de tienda en tienda. Era tan alborotado…

Recuerdos de la pelea de aquella mañana volvieron a ella como una corriente helada que la hizo estremecer.

Cerró las revistas y se recostó sobre su espalda. Se arrancó los audífonos de un tirón, se puso las manos sobre las sienes y emitió un quejido.

– Ya basta… – se dijo a sí misma. – Deja de pensar… – reprochó.

Y era que desde muy temprano no había podido dejar de pensar en Ash y todo lo que había sucedido esos últimos días. Su atracción era magnética, las conversaciones surgían con naturalidad… tal como antes, hace cinco años… pero ahora iban acompañadas de una fuerte tensión…

Sacudió aquellos pensamientos de su cabeza.

'Bajaré a comer algo.' pensó.

De un brinco se puso de pie. Se colocó las sandalias sin mucha delicadeza y se recogió el cabello en una coleta alta. Bajó las escaleras rápidamente bailando y tarareando partes de la última canción en voz alta.

Era divertido estar sola en casa de vez en cuando.

A paso de brincos se introdujo a la cocina. Lo cierto era que sus habilidades culinarias eran muy básicas, así que tomó lo que le pareció más práctico.

'Pasta será.'

Rápidamente colocó agua en una cacerola y la puso a hervir. Por suerte sus hermanas siempre guardaban todo en el mismo lugar. Suspiró. Recorrió el ambiente con la mirada, era tal y como lo recordaba.

'Algunas cosas no cambian.'

BRRRRRRR… BRRRRRRR… –

Volteó a su derecha a revisar que ocasionaba ese zumbido. Su teléfono celular. El número que figuraba en la pantalla era desconocido.

– ¿Diga? – contestó con tono cantarín.

¡Bonsoir! – escuchó canturrear al otro lado de la línea. – ¿Cómo le va a la sensación del momento?

Reconoció la voz de inmediato.

– Me debes una muy buena explicación de por qué hiciste eso, Avery. – bufó. – ¿Por qué no lo consultaste conmigo?

– No pude evitarlo, soy francesa. – se excusó con simpatía. – Cuando veo una historia de amor debo inmortalizarla. – concluyó con una risita.

– Avery, tú sabes que todo es teatro…

– Si, yo sé que no es oficialmente tu novio. – coincidió. – Pero ¿Qué importan las etiquetas? Esas son nimiedades, lo importante es que ustedes se gustan.

– Eso no… – se le formó un nudo en la garganta. – No es cierto. – afirmó en un susurro.

– ¿Por qué susurras como si fuera un secreto? – preguntó su amiga en tono juguetón. – No puedes afirmarlo en voz alta porque sabes que si lo haces ya no podrás negarlo.

– ¡No es cierto! – volvió a declarar con voz baja.

– Amiga querida, ambas sabemos que tú, y sobre todo tú, jamás te hubieras permitido llegar tan lejos con un chico si no te gustase. – aseguró la morena. – Ahora, cuéntame, ¿Qué tal la noche con él?

– ¡No pasó nada! – exclamó Misty, esta vez en voz alta.

– ¿Cómo? Ahora entiendo tu frustración... –

– ¡Arg! – se quejó la pelirroja. – Avery, como no desmientas ese artículo te mato.

– Pues, no lo sé Misty, ya sabes cómo es la editorial… puedo incluir un fe de erratas pequeñito al final de la próxima publicación pero eso será aún en un mes. – soltó una risita.

– Me debes una muy grande... – murmuró entre dientes.

– Volviendo a la razón por la que te llamaba, – continuó su amiga sin prestarle atención al último comentario. – al desarrollar el artículo indagué un poco sobre ese noviecito tuyo…– Avery hizo una pausa. – Es bastante interesante, ¿Sabes? –

– ¿Qué quieres decir?

– Pues, de hecho, es mucho más interesante de lo que esperaba… – comentó. – Ya sabes que en Paris no es muy común tener noticias de este tipo, por ello no estaba al tanto y me imagino tú tampoco. – agregó. – Pero en el universo del entrenamiento Pokemon, Ash Ketchum es todo un ídolo.

– Bueno, algo sabía…

– ¿De verdad? – preguntó su amiga con cierta duda en su tono de voz. – ¿Sabías que compitió al lado de Lance Wataru en un torneo de élite hace tres años? – acotó con asombro. – Además de eso, es campeón de cinco ligas, y tiene menciones honoríficas en otras seis. De hecho, también leí que ha estado involucrado en investigaciones muy prestigiosas sobre teorías de la evolución pokemon y todo ese rollo... – continuó con interés. – También me enteré que ha estado visitando múltiples congresos alrededor del globo este último año…

– Si, me comentó que había viajado mucho últimamente…

– Misty. – la llamó su amiga con seriedad. – No tienes idea. – rió. – ¿Cómo es posible que no sepas nada de esto? – preguntó. – ¿Qué me dices? ¿Ya estás más convencida sobre que elegiste un buen partido?

La aludida dejó escapar un suspiro.

– No necesitaba saber todo eso para confirmarlo. – balbuceó sus pensamientos en voz alta sin darse cuenta.

– ¿Qué dijiste?

'¡Idiota!'

Sacudió su cabeza violentamente.

– Nada. – decretó. – No importa. – finalizó aclarándose la garganta. – Avery, por favor ya no escribas nada que nos involucre ni a mí ni a Ash.

– Qué aburrida. – declaró con un suspiro cansado. – Está bien, prometo no escribir nada más sobre ustedes dos como pareja.

– Gracias.

– ¡Oh! Es cierto… – agregó con rapidez. – Se me olvidaba… en dos semanas, se llevará a cabo –

– 'TSSSSS' –

– ¡Ah! – exclamó la pelirroja. No se había percatado que el agua hirviendo ya estaba rebalsando la cacerola.

El agua caliente había salpicado y le había quemado el brazo, con lo cual dejo caer el teléfono que golpeó fuertemente el suelo.

– ¡Maldición! – gritó con fastidio.

Tomó rápidamente un paño y retiró la olla del fuego. Apagó la estufa y limpió el desastre que se había causado. Suspiró.

'Siempre un AS en la cocina.'

Durante ese transcurso de tiempo, se había olvidado de su amiga. Tomó el teléfono del piso, el cual por suerte se encontraba en una sola pieza.

– ¿Avery? – preguntó. – ¿Me escuchas? – insistió nuevamente un par de veces. Intentó marcar al número del cual había recibido la llamada, pero no obtuvo respuesta alguna. – Rayos… – inhaló y exhaló profundamente.

Muchas cosas habían pasado de manera muy veloz, debía tomarse unos minutos para procesarlo.

'¿Qué era lo último que dijo Avery?', se encogió de hombros.

Escurrió la pasta que había preparado. Se había pasado de cocción.

'Ya qué.', pensó para sí. De todas maneras, no tenía mucho apetito. Sirvió un poco en un plato y lo colocó en el horno para después. Hecho esto, se encaminó en dirección al área de piscina para un chapuzón. Necesitaba despejar su mente de todo lo que había sucedido.

'¿Sabías que compitió al lado de Lance Wataru en un torneo de élite hace tres años?', había dicho Avery.

No lo sabía.

'También leí que ha estado involucrado en investigaciones muy prestigiosas sobre teorías de la evolución pokemon…'

'¿Ash, un investigador?', pensó.

'Ha estado visitando múltiples congresos alrededor del globo este último año…'

Un recuerdo saltó a su mente, el momento en que había conocido a Alex, el chofer de la familia Ketchum, al parecer. Había dicho algo al respecto…

'Te han extrañado mucho este último año.'

¿Por qué de repente se sentía tan intrigada por la vida de Ash Ketchum?

Sacudió la cabeza rápidamente y suspiró. Había estado suspirando mucho últimamente, y eso la irritaba. ¿Por qué siempre que se involucraba con esa persona se sentía tan ansiosa?

Finalmente llegó al filo de la piscina. Había extrañado tanto ese lugar…

Rápidamente se quitó la blusa blanca y la hizo a un lado. Sin pensarlo demasiado se lanzó de un clavado al agua.

La sensación era deliciosa. Durante esos años en París estaba tan inmersa en sus nuevas responsabilidades y metas que se había alejado del agua. Sintió que parte de su espíritu regresaba a ella.

Empezó a bracear suavemente, concentrándose únicamente en sus movimientos y coordinación, disfrutando de la libertad que sentía.

'Si quieres que siga con esta farsa vas a tener que pagármelo.' Las palabras de Ash retumbaron en su mente.

Recordó su expresión furiosa y dolida.

'Asegúrate de conseguirla para cuando ambos nos separemos.'

Sin darse cuenta, había empezado a dar brazadas cada vez más y más bruscas. Necesitaba dejar de pensar, pero era imposible…

¿Qué era ese objeto y qué importancia tenía?

'Lo disfrutaría si fuera en serio. Odio saber que todo esto es una broma para ti.'

Ya era muy difícil separar lo verdadero de lo fingido en su situación.

¿Eran novios? Falso.

¿La historia de reconciliación? Falsa.

¿Los besos que le había correspondido? Reales…

¿La atracción? Real…

'Pero aún lo odio.' pensó para sí, sin sentirse convencida.

De repente una serie recuerdos bombardeó su mente. Recordó vívidamente aquel día en el río, donde ella había expresado abiertamente sus sentimientos hacia Ash, y él había parecido no entenderlo, o rechazarlos… para luego aquella noche en el bar hacer todo lo contrario…

Se remontó nuevamente a aquella mañana en la que fue a verlo, antes de su boda… lo que había escuchado decir a Rudy, y todo lo que había llorado… la decisión de Paris, y los cinco años en los que clausuró su corazón… la llamada de Daisy, el encuentro fortuito en el avión…

Y fue a partir de ese momento que todo empezó a desmoronarse.

'Tendría que odiarlo.' Se repitió. 'Odiarlo por mentirme, por no haberme ahorrado todo ese sufrimiento y humillación apenas pudo, por su juego estúpido… y por no buscarme a tiempo…'

Alzó la cabeza del agua para respirar ferozmente. Sus movimientos habían dejado de ser coordinados para dar paso a braceadas desesperadas.

'Odiarlo por apostar en seducir a otras chicas… y por echarme a los brazos de Rudy… '

La sensación de que empezaban a caer ácidas lágrimas de sus ojos al recordar todo, era fácilmente confundido con el agua y cloro de la piscina. Había llegado al extremo. Tomó una larga bocanada de aire antes de zambullirse y dar una voltereta para nadar de espaldas de vuelta al inicio.

'Tendría que odiarlo… Entonces… ¿Por qué…?'

Braceaba y pataleaba cada vez con más fuerza, dejando libre toda la energía que contenía.

'Quiero perdonarlo.'

PUM –

Un golpe sordo invadió su cabeza y por un segundo su vista se nubló. Sintió un ligero temblor antes de desvanecerse.


Hacía mucho tiempo que no recordaba a detalle, aquella noche en el bar…

– Te amo. – dijo Ash, puntual y claramente. – No vuelvas con él… – imploró. – No tengas miedo de él, escápate conmigo, iremos a donde tú quieras… –decía con desesperación. – Solo… quédate conmigo… – decía al mismo tiempo que tomaba sus manos con desesperación y las acercaba a su rostro, cabizbajo. – Por favor…

'Ay, por Dios…'

¿Por qué estaba sucediendo aquello? ¿Por qué ahora? El corazón le latía tan fuerte que empezaba a marearse, no podía pensar con claridad. Solo resonaban las palabras 'te amo', una y otra vez.

Era surreal y al mismo tiempo sublime. Era como si estuviera viviendo una fantasía prohibida con Ash, su primer amor de toda la vida…

– No te entiendo. – dijo la pelirroja débilmente. – Te alejaste de mí… y me dijiste que debía estar con Rudy… y ahora…

'Fue eso lo que me dijo, en otras palabras. ¿Cierto?'

Retiró las manos de su agarre y las llevó a su frente. Su cabeza daba vueltas y la mente la bombardeaba de preguntas. Sintió un punzón en el pecho y dificultad para respirar.

¿Cómo era posible que él la amara? Era imposible. Se lo hubiera dicho… ¿O no? Lo miró de frente y ahí estaba, inmóvil, esperando respuesta. Sus ojos brillaban y estaban fijos en ella, y en ellos pudo ver la realidad… la seriedad de sus palabras y la desesperación en ellas.

– Por qué… – dijo finalmente, sin aliento. – Por qué has elegido precisamente este momento para decírmelo. – preguntó con tristeza. – ¿Por qué justo ahora? Una semana antes de que me case… con otro...

Silencio. Ash separó los labios para decir algo, pero pareció retractarse. No mucho después bajó la mirada.

– Soy un idiota. – respondió él, aún sin soltarla. – Perdóname.

– Lo eres. – concordó Misty fingiendo frialdad, conteniendo el temblor de su voz. – Ya es muy tarde... – dijo y arrebató las manos de su agarre.

En un instante Ash la tomó por las muñecas con fuerza. Misty se sobresaltó.

– Me lastimas. – dijo entre dientes, sin mirarlo a los ojos.

– No es tarde, porque no vas a casarte con él. – respondió él haciendo caso omiso a su comentario anterior. La seguridad de su afirmación fue tal que le causó escalofríos. Misty sacudió la cabeza y soltó una risa cansada.

– ¡La boda es en siete días, ya no puedo cancelarla! – exclamó ella. – Y qué si lo hiciera, ¿Qué les diré a todos? A mis hermanas, a mis amigos… y Rudy, él es tu amigo… no se merece algo así…

– No me interesa Rudy. – la interrumpió abruptamente. – No me interesa nadie, solo me interesas tú. – le dijo. – ¿Qué te importa lo que piense todo el mundo? ¿Qué es lo que quieres tú?

'¿Qué es lo que quiero?' hizo una pausa y fijó la mirada en el suelo.

¿Por qué buscaba casarse? Rudy la había tratado muy bien, como ninguna otra persona antes. Eso lo volvía en un hombre importante para ella, le debía…

¿Qué le debía? ¿Por qué sentía que era la única persona que la querría?

'¿En qué momento me volví tan patética?'

No interesaba. Iba a casarse y ser feliz… Rudy podía ofrecerle una buena vida, cumpliría sus expectativas… ¿No se trataba de eso?

– No me arrebates mi final feliz. – dijo ella con pena. – Es lo que siempre quise.

– ¿La felicidad para ti es casarte a costa de todo? – inquirió con cierta sorpresa. – Sé sincera por una vez en tu vida. ¿De qué quieres escapar?

– No es tan sencillo. – respondió con un gruñido, haciendo fuerza para liberarse de su apretón, sin éxito.

– Sí lo es. – difirió Ash. – Misty, yo te amo. Te amo en serio, más que a nada… – le dijo y la arrastró hacia él para rodearla con sus brazos fuertemente. – Y yo sé que tú me amas…

– Cómo estás tan seguro. – preguntó en un susurro.

– Por la manera involuntaria en cómo reacciona tu cuerpo, cada vez que estás conmigo.

Suspiró. Las piernas le temblaban y sintió una enorme necesidad de corresponder su abrazo.

'Realmente lo amo…'

– Ash… yo… – su voz flaqueaba y sus ojos brillaban con intensidad.

Impotencia, eso sentía. ¿Qué podía decir? Lo cierto es que ya no estaba segura de nada, de absolutamente nada. Y nada parecía estar bien…

Todo se desmoronaba.

– No me fuerces a responder… te lo pido… – imploró con la voz quebrada. – Por favor…

– ¿Por qué? – cuestionó nuevamente, al borde de la desesperación.

– Ya es tarde para eso… – dijo ella con tristeza. – Lo siento, Ash. No puedo… – repetía bajando la mirada y sacudiendo la cabeza. – Lo siento. – dijo finalmente antes de zafarse violentamente de su amarre y salir corriendo en dirección la puerta de aquel bar, dejando a Ash solo…

Una vez fuera sintió una fría ventisca. Probablemente se sentía tan acalorada en el interior del local que el cambio drástico de temperatura la había afectado. Miró hacia atrás solo una vez, y siguió su camino hacia delante. Ash no la estaba siguiendo.

Anduvo con la mirada fija en el suelo, marcando con la vista la senda que debía recorrer y, mientras lo hacía, miles de pensamientos invadían su mente una vez más. ¡No sabía que hacer! ¿Y por qué Ash le había dicho todo así sin más? Y por qué en ese momento…

– ¿Por qué…? – suspiró con pesar.

Detuvo su paso al ver un obstáculo frente de ella. Alzó la mirada y se encontró con la fuente de agua del centro comercial de Ciudad Celeste. No estaba iluminada como las otras veces, el agua tampoco corría… probablemente porque era bastante tarde. Echó un vistazo a su reloj de muñeca, este marcaba las doce de la madrugada. Suspiró con pesar y se sentó al borde de la fuente.

Su mente se mantuvo en blanco y la mirada clavada en sus zapatos. No lograba comprender… las lágrimas hervían en sus ojos y al derramarse dejaban un cálido rastro en sus mejillas. Su vista, nublada por las lágrimas no le permitía ver bien. Pensó vagamente en su aspecto y en lo terrible que habría de verse.

La ligera llovizna pronto se convirtió en una pesada lluvia, pero a ella no le importó. No se sentía con ánimos de resguardarse de la lluvia. Las gotas mojaban sus hombros y fueron extendiéndose por toda su ropa. Sabía que seguramente se enfermaría, pero no le interesó.

No se suponía que fuese así… Ella iba a casarse, debería estar contenta. Alzó la vista una vez más para ver al horizonte, y una sombra oscura se acercaba a gran velocidad. Se sintió algo aterrada, ya que se encontraba sola y en un lugar oscuro a esas horas de la noche. Sin embargo, conforme se acercaba la figura pudo notar de quien se trataba… No podía ser, seguramente su mente le estaba jugando trucos.

Ahí estaba él. Su mejor amigo.

– ¿No pudiste elegir un mejor lugar para escapar? – la reprendió.

– No se me ocurrió nada más… – respondió con torpeza.

Hubo un silencio breve y sus miradas se clavaron. Luego de unos segundos Ash se acercó lentamente. Se quitó el abrigo que tenía y cubrió a su amiga con él, protegiéndola parcialmente de la lluvia y el frío.

– No voy a retractarme de nada. A partir de hoy siempre te diré la verdad. – se arrodilló para nivelar la altura de sus miradas. – Te mentí una vez y eso nos llevó hasta aquí, no quiero que eso vuelva a suceder. – tocó suavemente su mentón.

– ¿De qué estás hablando?

– Esa vez en el río… – dijo. – Debí decírtelo entonces… que te amaba. – hizo una breve pausa. – Que te amo Mist… – sonrió débilmente. – Si te lo hubiera dicho…

– ¿Por qué no lo hiciste? – reprendió sin mirarlo a los ojos.

– Por idiota. – respondió con desesperación. – Por cobarde. Déjame corregirlo. – rogó.

– Ya es tarde. – dijo Misty con voz cortada, y volteó la mirada.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

– Eso no es cierto. – Insistió. – Respóndeme entonces, ¿Por qué te casas con él? ¿Realmente lo amas?

– Así es. – musitó la pelirroja, mirando sobre su hombro.

– Mírame a los ojos y repítelo. – demandó el morocho.

– Ya déjalo…

– No te atreves a decírmelo mirándole a la cara… porque sabes bien… que tú me amas a mí.

– Eres un maldito arrogante. – gruñó entre dientes y alzó una mano con ademán de abofetearlo.

Ash la detuvo son dejar de mirarla fijamente. Misty hizo un puño con la mano y forcejeó para soltarse, pero fue inútil.

– Solo te pido una respuesta convincente. – dijo pasivamente.

– No… – le respondió secamente ella mirándolo de frente. Ash sonrió.

– Bien, no vas a decirlo, pero existen otras formas de saber si mientes.

Sin más anticipo, llevó sus labios contra los de ella. Sostuvo su espalda con un brazo, y la otra mano fija en su muñeca a la vez que la besaba apasionadamente, y era correspondido sin resistencia. Al avanzar el beso su agarre se soltó y su mano se recolocó en su rostro. Duró unos cuantos segundos hasta que ella lo alejó de un empujón y finalmente le pegó una fuerte bofetada.

Ash se mantuvo inmóvil por un momento. Se tomó la mejilla y volvió a mirarla. Se miraron fijamente y en silencio por un instante. Misty se encontraba mirándolo de manera desafiante, su pecho se alzaba rápidamente por su respiración. Ash se volvió a acercar lentamente a su rostro.

Silencio nuevamente. Quietud. Finalmente fue ella quien rompió la tensión y lo tomó del cuello para un segundo beso, igual de apasionado que el primero. Él la recogió en sus brazos para llevarla junto a él, a un lugar lejos de la fría plaza.


Misty abrió los ojos lentamente. Se encontraba acobijada entre sábanas muy suaves y un cubrecama de plumas que la había mantenido caliente aquella fría noche. Adicional a eso, junto a ella descansaba el cuerpo cálido de su amante, el cual la tenía tomada de la cintura. Aún se encontraba profundamente dormido.

La pelirroja se volvió a ver al hombre que yacía a su lado. Ash se encontraba despeinado y con el torso descubierto, su respiración era pacífica y reconfortante. Sintió una inmensa calidez y deseos de mantenerse a su lado.

Suspiró con tristeza sabiendo que ella no lo permitiría.

Su orgullo, su ego, era más fuerte. No podía permitirse cancelar la ceremonia. Tenía que separar el sueño de la realidad.

Ash era su sueño, Rudy su realidad.

Había sido él quien se lo había dicho en primer lugar…

Con sumo cuidado, retiró el brazo que se recostaba en su cintura. Se vistió despacio y en silencio, como queriendo alargar su estancia lo más posible, saboreando cada segundo, recordando con alegría los momentos de aquella noche.

Una vez hubo terminado, se volvió. Él seguía plácidamente dormido.

Misty sonrió. Una inmensa ternura la invadió. Deseaba quedarse. Eso era la felicidad. Ningún beso con Rudy pudo llevarla hasta donde una simple caricia de Ash la llevaba. Un lugar mágico… salido de un sueño.

Lo quería…

Pero ya representaba un ideal imposible.

– Misty… – lo escuchó susurrar.

Se sobresaltó al creer que lo había despertado, pero tan sólo era una palabra repetida en sueños. Su nombre.

– Misty… – repitió.

Un nudo se formó en su garganta.

Sigilosamente se acercó a él y le dio un suave beso en la frente, antes de salir de aquella habitación, dejando ese plácido sueño detrás.


– Misty… – el recuerdo de aquel susurro invadía su mente, y se repetía una y otra vez.

Recordarlo era casi tan reconfortante como lo sintió aquella vez. Sintió una pesadez en su pecho. De repente el plácido recuerdo se convirtió en malestar.

– ¡Misty! – exclamó una voz masculina.

Abrió rápidamente los ojos. Involuntariamente una gran cantidad de agua se expulsó por su boca, provocando una violenta tos.

Respiró de manera brusca repetidas veces. Se encontraba recostada en el suelo del área de la piscina. Una persona sostenía su cabeza con una mano y la miraba desconcertado. Le tomó un poco de tiempo ordenar sus pensamientos antes de reaccionar a su presencia.

El joven la miraba con gran preocupación. Estaba empapado de pies a cabeza. Su camiseta color gris se ceñía a su torso y pudo divisar parte de sus abdominales. Por un segundo Misty se sintió algo avergonzada por su estado penoso.

No fue hasta que escuchó su respiración normalizarse, que se giró de lado y volvió a recostarse de espaldas al pavimento.

– Ahh, – suspiró el moreno con alivio. – gracias a Dios. –soltó una risa nerviosa. – Sí que me asustaste esta vez. – concluyó y colocó sus manos detrás de su nuca, al lado de ella. – Creí que te perdía…

– A–A–Ash… – dijo ella, sin aliento. Volvió a toser un poco. El aludido se levantó nuevamente para auxiliarla.

– Tranquila, no te esfuerces. – le sugirió. – No hables hasta que hayas expulsado toda el agua.

Misty siguió su sugerencia en silencio. Volvió a toser repetidamente y respirar profundamente hasta que pudo hacerlo de manera natural. Lo miró de soslayo. Ash la observaba con mucha atención. No pudo evitar sonrojarse de la pena.

'Maldición.'

Se irguió con algo de dificultad y se llevó una palma a la cabeza.

– ¡Ouch! – soltó un sonoro quejido involuntario.

Ash se sobresaltó.

– Cuidado. – le dijo serenamente. Tomó su mentón con gentileza y sus ojos examinaron minuciosamente su rostro. No como en ocasiones anteriores, sino con dedicación. – Te diste un fuerte golpe en la cabeza, perdiste el conocimiento... – comentó. – y te estabas ahogando. – finalizó perdiendo el hilo de voz.

– Las hermanas sensacionales no nos ahogamos. – respondió sin mucha gracia, aún en proceso de recuperar el habla normal.

– Pues, al menos que hayan nacido con branquias, cosa que dudo, claro que se pueden ahogar. – decretó al tiempo que se ponía de pie. – De todos modos, no iba a correr el riesgo de probar ese mito contigo. – agregó y le extendió su mano. – Ven, será mejor que entremos y te curemos esa contusión.

– Descuida, estoy bien. – aseguró débilmente y procuró ponerse de pie, pero fracasó en su intento por falta de fuerzas. Dejó escapar varios quejidos involuntarios.

'Dios… que humillación.'

Sintió un punzante dolor en su frente y también malestar en su tobillo. Ash la examinó pro unos segundos y, acto seguido y sin aviso previo, la cargó entre sus brazos y la alzó. Misty ahogó un gemido y se prendió de su cuello de forma casi automática.

– Te dije que no te esforzaras. – dijo él en un tono demandante.

La pelirroja lo miró con desconcierto. Separó los labios para decir algo, pero no logró emitir sonido alguno. Por su mente pasaban mil cosas, seguía algo perdida entre su sueño y la realidad actual. Se encontraba demasiado agotada para debatir con Ash.

– Creí que estaba sola en casa. – comentó Misty, casi para sí misma.

– Es una suerte que no haya sido así, si me lo preguntas. – aseguró Ash. – No tenía ánimos de ir al campo, no pasé buena noche… – se explicó. Ella bufó al oír eso. – ¿Cuál es tu excusa? Espero que tu intención no haya sido evitarme. – rió. Misty puso los ojos en blanco.

– Tampoco tenía ánimos. – dijo ella. – No quería echarle a perder la tarde a los demás con mi falta de entusiasmo. – confesó.

– Si, te entiendo. – coincidió Ash. – Es difícil compartir la alegría de otros cuando se tiene el corazón roto. – agregó casi como un murmullo, aunque ella pudo escucharlo claramente. Sintió un nudo en la garganta. – Entonces, – agregó, con intención de cambiar el fondo de la conversación. – ¿Cómo es que Misty Waterflower tiene un accidente acuático?

La aludida dejó escapar un largo y pesado suspiro. Se sentía realmente decepcionada consigo misma.

– Creo… que me exigí demasiado. – musitó Misty.

– Es posible, aunque esa es una de tus mejores cualidades. – comentó Ash con un aire cómico. – ¿Hacía cuanto tiempo que no nadabas en una piscina deportiva? – consultó con curiosidad, mientras se dirigía al interior de la casa.

– Desde que me fui… – respondió la pelirroja, encogiéndose de hombros.

– Imagino que no fue muy buena idea querer estrenar una piscina nueva, estando años sin practicar y con un tobillo lastimado. – reprendió Ash a la vez que colocó a Misty con suavidad sobre la isla central de la cocina. – He de decir que te accidentas con mucha facilidad.

– Ha sido todo por tu culpa. – murmuró entre dientes.

– ¿En serio? ¿Que acaso te pongo tan nerviosa que afecta tu sistema psicomotriz? – se jactó. Misty entrecerró los ojos. –Para ser una mujer fuerte y empoderada que logró rehacer su vida en Europa, te empeñas mucho en mantener la postura de damisela en aprietos. – se mofó a la vez que despejaba el área para poder recostarla.

La pelirroja hizo un mohín. Se acomodó de mala gana a lo largo de la isla para poder estirar las piernas.

– Pues, para ser un entrenador de prestigio ganador de cinco ligas que investiga para la élite tú eres… – se detuvo al ver como los ojos de Ash se abrieron como platos y la observaban con perplejidad. – ¿Qué? – inquirió Misty. – Es verdad… ¿Cierto?

– ¿Has hablado con Lily? – preguntó con brusquedad.

– ¿Qué? – ahora ella era la confundida. – No… – respondió en voz baja. Se sintió algo intimidada. – Es que… Avery me dijo que había investigado sobre ti para escribir el artículo. – explicó pausadamente.

El morocho frunció el ceño, se notaba algo incómodo. Sacudió la cabeza y continuó con los cuidados hacia su compañera. Pareció refunfuñar algo entre dientes que para Misty fue indescifrable.

– ¿Qué tiene que ver Lily? – preguntó con suspicacia. – ¡Ouch! – se quejó sonoramente y pegó un sobresalto.

Ash había ejercido presión sobre su tobillo lastimado, aunque aparentemente no había sido su intención infringirle dolor.

– Lo has empeorado. – criticó sin disculparse. – ¿Ves lo que sucede por no tomar en cuenta un consejo? Si continúas así no podrás –

– ¿Qué tiene que ver Lily? – reiteró Misty en un tono de voz más elevado. Ash le dirigió una mirada seria. – Te ves nervioso. ¿Sucede algo? – la última pregunta la realizó con un tono misterioso y seductor.

El joven separó los labios para responder, pero no dijo nada. Se mantuvo en silencio unos segundos antes de soltar una ligera risa sarcástica.

– Mira nadie más quien se toma su papel de novia celosa en serio. – dijo finalmente con aire divertido. – Voy a tener que vendarte ese tobillo. Nada de actividad física al menos por tres días. – decretó cambiando el tema por completo. Se dio vuelta para buscar el botiquín de emergencia entre los muebles de cocina–

– ¿Será acaso… que tú y mi hermana están ocultando algo? – preguntó Misty de forma incriminatoria. Realmente sentía mucha curiosidad por la reacción de Ash, no lo había visto así hacía mucho tiempo.

Ash se volvió hacia su dirección, botiquín en mano, y le dedicó una mirada aburrida.

– ¿Eso crees? – le cuestionó. – Simplemente no esperaba que estés tan enterada de mi historial y mi agenda, teniendo en cuenta lo poco que te importo. – agregó sin mirarla, se encontraba buscando los implementos de primeros auxilios dentro del estuche.

– Y Lily sí debería estar enterada porque…

– Porque ella es actualmente la líder oficial del Gimnasio Celeste. – respondió sin rodeos. – Lo es desde tu partida. – agregó. – Y no es un secreto que estoy buscando fundar mi propio gimnasio… y ella me ha sido de mucha ayuda como parte del comité. – finalizó la oración apoyando sus palmas sobre la mesada y ofreciéndole una sonrisa torcida. – Aunque en algo tienes razón, las hermanas sensacionales tienen una habilidad sorprendente para ocultar sus verdaderas intenciones. Son todo un misterio…

– Seguro… – respondió Misty sin hallarse muy convencida de su dictamen.

Ash no dio respuesta a su comentario, se encontraba concentrado vendando con mucho cuidado el tobillo de la accidentada pelirroja.

– Hablaré con Daisy sobre el filo de su nueva piscina, aparentemente ese modelo de "espejo de agua" es peligroso. – comentó.

– ¡No le digas! – exclamó Misty, de modo suplicante. Ash alzó la mirada nuevamente para verla, se veía angustiada. – No le digas nada a Daisy por favor… sería el colmo causarle más preocupaciones… – suspiró. – Una novia no debería tener altibajos de ese tipo en vísperas de su matrimonio. – concluyó con la mirada baja.

– No se lo diré. – aseguró Ash. El rostro de Misty se iluminó. – Siempre y cuando tomes mis consejos de enfermero empírico. – sonrió. – Tobillo listo. – proclamó y colocó con delicadeza el pie de la pelirroja sobre la mesada.

Misty separó los labios con intención de agradecerle, pero se detuvo al sentir como el joven se aproximó rápidamente hacia su rostro. Su respiración se cortó al sentir su rostro tan cerca del suyo, y sus ojos le traicionaban por segundos al mirar en dirección a sus labios. Inhaló profundamente. Ash le tomó del mentón con suavidad y le alzó el rostro para que se encontraran sus miradas. El corazón le latía violentamente y sentía pánico de que él pudiese percatarse de ello. De repente la mano libre de Ash tocó sutilmente una parte de su frente, y su mirada se posó en aquel punto. La pelirroja se estremeció.

Aún no le había curado la herida de aquel golpe.

– Quédate quieta un momento. – le demandó con voz sedosa. Misty no emitió sonido alguno.

Aquella escena era algo excitante, dejando de lado el hecho de que estaba empapada y magullada.

Ash curó su herida con suavidad y en silencio. Misty solo se limitó a cerrar sus ojos y esperar que finalice con su propósito. Su respiración se había tornado pesada.

– Ya quedó. – lo escuchó decir finalmente, luego de pocos minutos. Su voz queda y suave como antes.

La atendida abrió los ojos y se encontró con los suyos, sus rostros volvían a estar muy cerca. También pudo notar que la mirada de él estaba clavada en sus labios. Misty tragó saliva y separó los labios. Sin embargo, esta vez Ash no hizo ademán de besarla, más bien todo lo contrario, pese a haber creado una atmósfera bastante adecuada para ello.

El joven se alejó y suspiró, dejando a Misty algo confundida.

¿No era esta la parte en la que él la besaba?

– Podemos decirle a Daisy que te golpeaste con el filo de una puerta. – sugirió Ash mientras ordenaba de vuelta el botiquín.

– ¿Qué cosa? – preguntó la joven con torpeza.

Ash le dirigió una mirada cautivadora y se tocó a si mismo la frente con el dedo índice. Misty le copió el gesto de forma descuidada y se sobresaltó al sentir otra punzada. Entendió la indirecta de Ash.

– Oh… – fue todo lo que logró decir.

El pelinegro se acercó nuevamente hacia ella con aire seductor. Su mano se posó nuevamente en su rostro. Misty estaba completamente sonrojada.

– Te ha subido la temperatura. – avisó. – Será mejor que vayas a ponerte ropa seca.

A Misty se le escarapeló el cuerpo. Realmente no creía que Ash fuese tan ingenuo, él sabía perfectamente el efecto que estaba provocando en ella. ¿Estaba fingiendo demencia?

– Crees… que puedas ayudarme. – musitó Misty. Ash alzó una ceja. – A bajar… quise decir. – tragó saliva, nuevamente sentía el corazón en su garganta.

– Claro. – aseguró él. Sin mucho esfuerzo la tomó por la cintura y la alzó levemente.

Misty, por su lado, apoyó ambas manos en los hombros de su compañero. Este la colocó con cuidado sobre el suelo. La pelirroja se concentró unos segundos en apoyarse de manera segura, hasta que pudo plantarse por su cuenta sin problema.

Ya se encontraba de pie y, sin embargo, las manos de él no habían abandonado su cintura, ni las de ella sus hombros. Ahora no eran solo sus rostros los que estaban demasiado cerca, sino sus cuerpos. Misty había perdido por completo el control de su respiración y sus latidos. A esa distancia era casi seguro que él lo podría sentir…

– Y–yo… – titubeó Misty con un poco de nerviosismo. – Quiero agradecerte… por todo. – concluyó casi sin aliento, su mirada fija en sus labios. – Gracias, Ash.

Sin pensar siquiera en lo que estaba haciendo, le plantó un ligero y rápido beso en los labios. Ash pareció congelarse. Misty se mordió el labio inferior y bajo la mirada. Soltó un pesado suspiró y volvió sus ojos a los de Ash, quien seguía mirándola perplejo.

– No tienes que agradecerme. – habló finalmente, su semblante inescrutable. – Estaré para ti siempre que me necesites… siempre que sea necesario.

Misty esbozó una sonrisa tímida. Sin darse cuenta, de puro impulso, volvió a plantarle otro beso, un poco más duradero que el otro. Esta vez pudo sentir como él le correspondía y, sin embargo, el resto de su cuerpo no se movía, como si estuviera luchando contra aquel estímulo. Ash se aclaró la garganta.

– No hay nadie a quien engañar, Mist. – interrumpió él, con el ceño fruncido. Le tomó las muñecas y deshizo el amarre que había forjado alrededor de su cuello.

– Lo sé… – concordó Misty. – Solo intento dejar de engañarme a mí misma. – finalizó con un suspiro pesado. Tomó una de las manos de Ash y la llevo hacia su pecho.

Finalmente pudo percibir como se agitaba su respiración.

– Sobre esta mañana… – agregó la joven. – Lo sien–

Esta vez fue Ash quien la interrumpió con un beso desesperado y hambriento. Misty le correspondió en seguida, dejándose llevar por sus emociones y sensaciones. Las manos de él ya habían iniciado un recorrido inquieto a través de su espalda alta y baja. Misty, por su lado, había devuelto sus brazos a la primera posición, halando de su cuello para intensificar el beso. Luego de algunos segundos, las caricias se intensificaron, y la boca de Ash había iniciado su recorrido hacia el cuello y hombro de su compañera. La pelirroja se rindió ante las caricias del pelinegro.

No pasó mucho antes que, nuevamente, la cargara en brazos y se dirigiera junto con ella hacia su habitación.


BRRRRRRR… BRRRRRRR… –

Nuevamente ese molesto sonido. Misty soltó un largo quejido de cansancio, estaba disfrutando de un plácido sueño. Uno muy vívido. Sin abrir los ojos, tanteó con su mano sobre la mesa de noche, en búsqueda del ruidoso aparato hasta que finalmente dio con él.

– Diga… – dijo con desgano. Su rostro hundido en las mantas.

– ¿Misty? – escuchó decir a una voz masculina al otro lado de la línea. – ¿Eres tú? Suena como si acabaras de despertar… – comentó con desconcierto.

– ¿Brock? – contestó en tono de pregunta. – Sí, creo que me quedé dormida luego de ver tantos preparativos para la boda. – agregó con un largo bostezo mientras se frotaba los ojos con el dorso de la mano. – ¿Qué sucede? – se acomodó de lado sobre la cama.

– Bueno, en realidad era con Ash con quien quería hablar… – reveló el moreno. – ¿Por qué tienes su celular? – preguntó con un tono suspicaz.

– ¿Qué? – Misty entrecerró la mirada e hizo un mohín. – ¿De qué hablas? – alejó el teléfono para observarlo.

Le tomó pocos segundos asimilar que, en efecto, no era el suyo. Este era más grande y de otra marca, el estuche era de una cuerina color negro… con un diseño más varonil. Ahogó un grito involuntario y dejó caer el celular entre las sábanas.

Rápidamente hizo memoria de los últimos acontecimientos de la tarde. Barrió sus alrededores con la mirada. Estaba en su habitación, eso era bueno… En el suelo yacía su traje de baño agua marina, y una camiseta… Atontada, bajó la mirada para verse a sí misma, desnuda y envuelta en sábanas. Con algo más de atención pudo escuchar levemente el sonido de agua cayendo desde su propio baño.

El corazón le dio un vuelco.

'Rayos…' pensó, cerrando con fuerza los ojos.

– ¿Estás ahí? – escuchó una voz ahogada salir del teléfono celular.

Misty lo tomó con torpeza. Debía inventar una buena excusa y rápido.

– Eh y–y–yo… – titubeó. – Que raro, debió dejarlo por aquí. – agregó con una risa nerviosa. – ¿Ash, dices? N–no lo he visto en todo el día, si lo veo le diré que lo llamaste. –

– ¿Lo dejó olvidado en tu habitación? –

– ¡Adiós! – exclamó sin poder disimular su nerviosismo y colgó. – ¡Ah! – gritó a la vez que lanzó el objeto a los pies de su cama.

'Eso estuvo cerca' suspiró.

'Brock no creerá esa tontería.' agregó para sí misma.

Se dejó caer vencida de espaldas sobre el lecho.

– No fue un sueño… – se reafirmó en voz alta. Pudo sentir como se encendían sus mejillas al recordar, ahora con claridad, todo lo que había ocurrido.

Tomó una de las almohadas y hundió su rostro en ella para desahogar un fuerte grito. Estaba tan avergonzada que deseaba que se la tragara la cama.

– Por fin despertaste. – dijo otra voz, interrumpiendo su ataque de pánico.

Misty se sobresaltó. Se irguió rápidamente, se cubrió el torso con la almohada que había tomado y encogió las piernas. Alzó la mirada para encontrarse con su acompañante. Ash la observaba desde el umbral de la puerta con una sonrisa que combinaba picardía y dulzura. Llevaba el cabello húmedo y una toalla alrededor de su cintura. Quedaba más que claro que acababa de salir de la ducha. La pelirroja bajó la mirada, de modo que el joven frente a ella no pudiera notar lo sonrojada que se encontraba. Con algo de disimulo, se acomodó el cabello despeinado.

– ¿Sucede algo? – preguntó al mismo tiempo que se acercaba a la cama, finalmente sentándose a su lado.

Misty lo miró de soslayo, sin levantar el rostro. Ash le tomó el mentón y lo alzó con cuidado para así verla de frente. La pelirroja batió las pestañas unas cuantas veces antes de separar los labios, pero no emitió palabra. El moreno soltó una risa.

– No recuerdo haberte mordido la lengua. – comentó en tono juguetón.

La pelirroja hizo un gesto cansado y puso los ojos en blanco frente a esa broma tan burda. Resopló, pero… aunque trató de contenerlo, una risa pequeña se escapó de sus labios.

– Así está mejor. – celebró Ash y besó su mejilla. Misty cerró los ojos y se estremeció.

El joven la besó en los labios una y otra vez. La intensidad fue escalando hasta que nuevamente se encontraba recostado sobre ella. Misty había suprimido toda resistencia. No fue hasta que necesitaron una pausa para recobrar el aire que pudo contestar.

– Es solo que… no estoy acostumbrada a este tipo de situaciones. – confesó ella con timidez.

– Lo imaginé. – le susurró Ash, con su frente recostada sobre la de ella. – Eres de las que se escapa antes de el otro despierte. – concluyó y volvió a besarla en la mejilla, y nuevamente en los labios, correspondiéndole ella en cada acción. – Esta vez tuve la suerte de levantarme primero. –

Acto seguido, el joven tomó ambas manos de la pelirroja y las besó con devoción. No se comparaba a los besos apasionados de hacía unas horas, pero aun así Misty se sentía acalorada y embelesada.

¿Qué se suponía que sucediera ahora?

– En realidad… me refería a que no acostumbro hacer… esto. – trató de hacer énfasis en la acción. – Jamás… – Ash la miró con curiosidad, sin soltarle las manos. – Quiero decir... uhm… sexo casual… o en general, si debo ser honesta. – confesó muy sonrojada y soltó una risa nerviosa.

Ash se notó un poco confundido, aunque su semblante seguía siendo comprensivo y amable.

Tal vez había sido demasiado sincera…

– Oh… – dijo finalmente. – Pues, es todo un honor… – comentó torpemente. Las expresiones en su rostro eran algo incongruentes, entre asombro, alivio y desconcierto. Aclaró su garganta. – Pero y, ¿Qué hay de Rudy o tus otros novios en Paris? – agregó.

Misty se alzó hasta quedar sentada nuevamente y recostada sobre la pila de almohadas y cojines que yacían en la cabecera. Desentendida, le lanzó una mirada de reproche y algo de indignación al pelinegro.

– En primer lugar, ese tipo de pregunta es muy inapropiada. – recriminó, aunque con aire divertido. – Y, en segundo lugar, nunca tuve novios en Paris, ni en ningún otro lugar del continente, dicho sea de paso. – ahogó una risotada. – ¿De dónde sacaste algo así? –

Ash parecía avergonzado. Se frotó la nuca y evadió verla directamente a los ojos.

– Es solo que… tratándose de ti… quiero decir, una chica como tú… –balbuceó.

– No puede ser. – resopló la pelirroja. – Pues, gracias Ash, por tomarme por fácil. – hizo una mueca con los labios.

– ¡No es lo que quise decir! – trató de explicarse. – Es que siempre fuiste hermosa y divertida… –

Misty alzó las cejas, manteniendo su semblante desaprobatorio.

– Mist, no me malinterpretes. – suplicó Ash.

La joven no pudo aguantar más y estalló en risas. Ash suspiró aliviado.

– Esta bien… era broma. – continuó riendo. – Bueno, a excepción de lo primero, claro … – suspiró. – No me involucré con nadie, sentimental o físicamente hablando. – acotó. – Puede que para alguien como tú pueda sonar un poco desafortunado, pero yo estaba demasiado enfocada en mi trabajo… – hizo una pausa para beber un poco de agua que se encontraba en un vaso sobre la mesa de noche. – Y sobre Rudy… – hizo una pausa un tanto dramática. – Jamás pasó nada entre nosotros. – finalizó abrazando sus rodillas.

Se generó silencio por algunos segundos. El semblante de Ash era serio y se encontraba frunciendo el ceño, la mirada dirigida hacia abajo.

– ¿Qué? ¿Te mordiste la lengua tu solo? – preguntó Misty con aire burlón, mientras agachaba el rostro para encontrar su mirada. El aludido se irguió rápidamente.

– No, quiero decir… – musitó finalmente Ash. Misty le alzó ambas cejas con intriga. – Sé que no debí preguntar… lo siento. –

La pelirroja suspiró.

– Supongo era algo que los todos esperaban al estar comprometidos… – continuó. – Pero por algún motivo siempre me encontraba evitando la situación. – explicó sin dar muchas vueltas. – Aunque, claro… creí que eso ya lo sabías, es por eso que ganaste esa apuesta… – enfatizó la palabra con desgano. – Y… esa cosa que te colgabas en el cuello y que quieres de vuelta. – agregó haciendo un gesto con la mano.

De repente el aire pícaro y divertido se esfumó, para dar lugar a un ambiente más tenso. Ash suspiró con pesar.

– La escama. – corrigió él, con voz seria.

– SÍ. – afirmó Misty. Se relamió los labios. – Que por cierto… tampoco sé de donde sacaste que sabía dónde conseguirla. En realidad, no tengo idea siquiera de qué se trata. – hizo una mueca divertida. – Para serte sincera tengo mucha curiosidad… parece que es bastante valiosa… tanto como para apostar mi virginidad. – moduló la última palabra y alzó las cejas en reproche. – Ups… – dijo y se cubrió los labios con la punta de los dedos, de manera sarcástica, claro está. – Pues… sí, era virgen. –

Ash se llevó ambas manos a la frente y se frotó las sientes. Inhaló profundamente y volvió a encararla.

– Por favor deja que te lo explique… – pidió.

– Eso estoy haciendo. – dijo Misty, batiendo las pestañas. – Antes me pediste una oportunidad… pues, aquí está. –

La mirada de Ash se iluminó. Aparentemente no se esperaba esa respuesta. Asintió en silencio y se aclaró la garganta.

– Lo primero que quiero que sepas Mist, es que nunca, jamás, fue mi intención aprovecharme de ti ni herirte. – intentó explicarse él. – Me temo que para que puedas entenderme por completo debo contarte parte de mi pasado. – agregó.

– Soy toda oídos. –

El joven asintió en silencio.

– Hace años, cuando falleció mi padre, mi madre me llevó a su estudio. Era una cabaña cerca al mar. Se volvió algo así como mi base secreta desde niño, y lo continuó siendo por años. En una de las tantas remodelaciones que le hice, encontré un diario. – hizo una pausa. – Resulta… que mi padre era más que un simple investigador pokemon, también era un coleccionista de "tesoros" … artículos raros, algunos sin mucho valor comercial. – su voz había adoptado un tono narrativo. – Aunque, si hacías la combinación correcta… – musitó casi como para sí mismo. Suspiró. – En otras palabras, practicaba lo que vagamente se conoce como Alquimia Pokemon. –

– ¿Alquimia Pokemon? – preguntó Misty, con curiosidad. – Es algo que jamás había escuchado. –

– Tampoco yo, no hasta que encontré su diario… en este aparecían varios de estos objetos, acompañados de símbolos e indicaciones. A modo de juego empecé a recolectarlos y poco a poco pude hacerme con la mayoría de ellos. Poco después de que te fuiste, me enfoqué mucho en eso, en parte como distracción. – soltó una risa. – Mi padre y yo… nunca fuimos cercanos. Él siempre estaba ocupado, creo que sentí deseos de conocerlo y acercarme más a él a través de su investigación… – finalizó con un pesado suspiro.

Durante la conversación había cambiado de posición, de modo que se encontraba sentado de lado a la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza baja.

– Vaya… – expresó Misty, alzando las cejas. – Un alquimista pokemon. Suena como alguien genial. – agregó con simpatía. Ash le dedicó una sonrisa de lado. – Debo intuir que esa escama era uno de esos objetos raros… – comentó ella, aunque en realidad era más una consulta.

– No lo descubrí hasta luego de destruirla. – admitió con pesar. – Es una pieza fundamental… –

– Entiendo. – dijo la pelirroja. – Eso responde mis preguntas sobre qué es y por qué la quieres de vuelta… – se detuvo nuevamente. – Pero aun no entiendo por qué me apostaste… –

Ash resopló con fastidio.

– No fue como crees... –

– No puedes negarme que sí hicieron una apuesta con respecto a mí. – intervino Misty con un tono más cortante.

– Fui un inmaduro y un idiota. – dijo con brusquedad, ahora mirándola de frente. – Pero debes saber que me arrepentí de haber hecho ese trato con Rudy ni bien había iniciado. Y cuando tuve oportunidad se lo dije, le dije que no iba a seguir con esa apuesta y así fue. No niego que lo correcto hubiese sido negarme desde un principio, pero me sentí acorralado… Rudy estaba empeñado en hacerte suya y no lo pude digerir. Creí que si llegaba a ti primero… – se detuvo. Misty lo observó, parpadeante. Ash hizo un mohín. – No lo sé... –

– Había algo más en juego, ¿No es cierto? – inquirió ella con desconfianza. – ¿Fue esa escama acaso? –

– No… – aseguró Ash, negando a la vez con la cabeza. – La escama era solo un símbolo. Pero tienes razón, había algo más… – suspiró. – Otro objeto, muy valioso para mí… – acotó finalmente.

– ¿Otro "tesoro" …? –

– El punto es… – la interrumpió Ash, sin responder la pregunta. – Que te elegí a ti por sobre todo eso. Se lo dije a Rudy aquella tarde… él pareció entenderlo, me dijo que lo entendía… pero no era cierto. – apretó la mandíbula. – Lo sobrestimé, fui muy arrogante… Y luego te perdí… –

Nuevamente se hizo silencio, el cual se sintió más largo de lo que en realidad duró. Misty inhaló profundamente y luego dejó salir un pesado suspiro. Ya era una acción frecuente durante esa conversación.

– Aunque odie admitirlo, Rudy no tiene toda la culpa. – dijo la pelirroja, rompiendo nuevamente el hielo. Había recostado la barbilla sobre sus rodillas una vez más. – Fuiste tú quien me rechazó primero… – el aludido la miró, desentendido. – Ash, yo estaba enamorada de ti. Te lo dije esa vez en el río… – aseguró.

Ash sacudió la cabeza y emitió algo que parecía una mezcla entre una risa sarcástica y un bufido.

– Misty, aún ahora me cuesta saber qué pasa por tu mente. Eres… todo un enigma. – acotó, muy gesticular. – Tus acciones y tus palabras se contradicen constantemente. Solo… míranos ahora. – hizo hincapié al estado actual de ambos. – En la mañana juraste odiarme para toda la vida y hace un par de horas hicimos el amor. –

El rostro de Misty volvió a tornarse intensamente rojo.

– No puede ser… lo dices así sin más. – dijo cubriéndose la parte inferior del rostro con las manos, avergonzada.

– No te estoy culpando. – dijo él. – Pero no sé leer mentes, y en ese entonces sólo podía escuchar lo mucho que te gustaba Rudy. No fui lo suficiente malicioso como para esperar lo peor de él… parte de mí aún lo quería como amigo. – confesó con algo de angustia. – Si habrías de ser feliz con él, quién era yo para evitarlo. –

Misty pudo percibir un ligero quiebre en el tono de su voz, lo cual le formó a ella un nudo en la garganta.

– Conforme pasaba el tiempo no pude soportarlo más, – continuó el joven. – es por eso que esa noche en el bar te confesé todo lo que sentía. – se volvió para verla de frente. – Y por un momento, pensé que me correspondías… pero luego te fuiste… –

La pelirroja entreabrió los labios para poder explicarse. En lugar de eso soltó otro de sus ya característicos suspiros. Ash se volvió a su posición anterior, sentado de lado hacia ella con los codos apoyados en los muslos y la mirada fija de frente. Misty pudo notar que se encontraba jugando con sus dedos de manera nerviosa y algo brusca. Aún sin poder decir nada, extendió un brazo para posar su palma sobre el hombro de él y lo acarició gentilmente. Él no volteó a verla, pero agradeció el gesto posando una de sus manos sobre la de ella y estrechándola fuertemente.

– Realmente éramos muy jóvenes. – dijo Misty. – Yo andaba enamorada del amor, y Rudy siempre supo aprovechar muy bien esa característica mía. – puso los ojos en blanco. – Cuando lo pienso así, en realidad me siento como una idiota… – suspiró. – Tú, por el contrario, parecías nunca darte cuenta de cómo me sentía… – soltó una risita. – Siempre fuiste muy despistado en esas cuestiones… – sonrió con añoranza.

– Mist, yo… era muy inmaduro para entenderlo entonces, pero siempre estuve enamorado de ti. – confesó Ash. – Desde que teníamos doce años… cuando iniciamos la ruta de las islas naranja. – la miró de lado. – Solo quería que lo sepas. –

– Incluso en ese entonces la idea de casarme ya me hacía mucha ilusión. – recordó. – ¿Sabías que ya había rechazado a Rudy aquella vez, en las islas naranja? Me propuso quedarme con él, pero me negué. – se mordió el labio inferior. – Y luego de tantos años, seguía mostrándose interesado en mí. Supongo que lo idealicé, después de todo se había portado muy bien conmigo, así que pensé, ¿Por qué no? – se encogió de hombros. –

– ¿Por qué nunca me lo dijiste? –

– No le vi sentido. – confesó la pelirroja. – Qué puedo decir… me gustó mucho interpretar el papel de novia, y sentí que era mi deber comportarme a la expectativa de los demás. – hizo una pausa. – Tengo que admitir… aunque me cueste un poco hacerlo, que jamás me sentí con él como me sentí contigo. –

Ash se volvió a verla nuevamente, y le sostuvo la mirada. Misty se sintió acalorada nuevamente, se había desnudado no solo física sino también emocionalmente.

– Y–yo… sentí que, a esas alturas, ya se trataba de un capricho. – continuó con voz temblorosa. – Pensé que estaba siendo madura… – aseguró. – Pero llegó el día que no pude soportarlo más, y fui a verte para decírtelo… – volvió a detenerse. – Y luego escuché su discusión… y me sentí tan traicionada por los dos. – bufó. – Digo, moralmente tampoco tenía mucho que reprochar, pero la manera en que se expresó sobre mí… – sacudió la cabeza. – entonces entendí el tipo de persona que era, y tuve dudas sobre el tipo de persona que eras tú. – admitió ella.

– No soy la persona que Rudy quiso hacerte pensar. – aclaró Ash muy serio. – Pero reconozco que tampoco me siento orgulloso de cómo me porté. Debí protegerte mejor… – lamentó.

– Te estás dando demasiado crédito Ash. – dijo Misty. – Fui yo y solo yo quien decidió hacer todo lo que hizo, ni tu ni Rudy me obligaron a nada. – suspiró. – Tienes razón, adoro el drama… – se encogió de hombros y esbozó una leve sonrisa. – Aunque, bueno, también tuve mala suerte y no me jugaron justo. – soltó una risita irónica. – Sabes, cuando regresé a casa esa mañana, encontré la nota de Rudy. ¡Por Dios! Sentí tanta rabia que no pudiera decirme las cosas de frente… – agregó con indignación. – Digo, ¿Qué pasó con las maneras? –

– ¿Ya olvidaste que hablamos de Rudy? –

– Como sea… – bufó la pelirroja. – Me encerré en mi habitación, esta habitación. – acotó con algo de gracia. – Lloré por días y días… Realmente no estaba segura de qué me había dolido más, si su desengaño o el tuyo… – dejó escapar una risa muda. – Estaba muy confundida… y finalmente decidí que irme lejos era la mejor opción, y tú sabes que siempre soñé con Paris… –

Ash tomó ambas manos de la pelirroja y las besó nuevamente con suavidad.

– Fue mi culpa, debí ser mas firme. – dijo él. – Si hubiera sido más seguro de mí mismo, te hubiera evitado muchos problemas… –

– Yo también tengo parte de la culpa de todo lo que pasó. – se mordió el labio inferior y bajó la mirada. – Yo pude haberlo detenido… pero tenía que esperar a último minuto para decidirlo. – encogió los hombros. – Tan típico de mí… –

– Espero algún día puedas perdonarme. –

Misty le acarició el rostro con el dorso de la mano. Ash cerró los ojos, entregándose a su caricia.

– Ya lo hice. – respondió ella con una sonrisa.

El pelinegro se acercó para besarla nuevamente en los labios. Ella le tomó el rostro para ahondar el beso, el cual fue intenso desde un inicio. Sin previo aviso, el joven había acomodado a la pelirroja nuevamente sobre el lecho, y se encontraba nuevamente en una posición comprometedora sobre ella. No fue hasta que Misy pudo sentir una de sus manos deslizándose debajo de las sabanas, sobre su piel desnuda, que lo tomó de los hombros para separarlo de forma un poco tosca. Ash se notaba algo confundido.

– Vas muy rápido. – dijo Misty entre risas.

– Lo siento. – se disculpó Ash, algo avergonzado. – Tienes razón. –

La pelirroja se mordió el labio inferior y le dedicó una sutil sonrisa.

– Solo tengo una condición. – agregó en un tono más serio. – No más mentiras… no más secretos… – su compañero asintió con la cabeza. Misty sonrió ampliamente. – Además, creo que ya te hice sufrir bastante… así que creo estamos a mano. –

– Gracias a Dios. – dijo con dramatismo y se abalanzó a besarla nuevamente, en los labios, en el cuello, en la frente... Misty soltó una risa ahogada por los besos.

– Realmente he sido odiosa, ¿Verdad? – reconoció algo disgustada y avergonzada.

– Si. – confirmó Ash, con una sonrisa. – Pero me trajo recuerdos de la Misty de la cual me enamoré años atrás. – vuelve a besarla en los labios. – De la cual aun sigo enamorado. – acotó. – ¿Y tú, Mist? ¿Qué sientes por mí? –

Misty entreabrió los labios para responder. Vaciló unos segundos antes de emitir respuesta. Quería decirlo… pero aún las palabras se le difuminaban en el intento.

– Yo… –

BRRRRRRR… BRRRRRRR… –

Nuevamente ese ruido tan molesto. La atención de Ash se desvió por un segundo en dirección a la mesa de noche. Misty pudo notar que frunció el ceño al no encontrar el dispositivo que buscaba. Acto seguido barrió la mirada por la habitación en búsqueda de la dirección de aquel sonido. Finalmente pudo percibir la luz titilante debajo de las sábanas al pie de la cama.

– Vaya… cómo llegó hasta ahí. – dijo con una ligera risa.

Tomó el celular en su mano para visibilizar la pantalla. Misty no pudo evitar verla de soslayo. En la pantalla aparecía una letra "L" en mayúscula. Ash vaciló unos instantes antes de colgar sin llegar a responder.

No parecía una acción típica de él.

– Podría ser importante… – dijo Misty, sintiéndose algo cohibida. – Deberías contestarle, a quien quiera que sea... –

– Es Lance. – dijo. – Seguro debe ser algún asunto de la investigación para la élite. –

– ¿Es sobre la investigación de tu padre? – consultó Misty con curiosidad. – ¿La Alquimia Pokemon? –

Ash le dedicó una sonrisa dulce y se acerco para darle un corto beso en los labios.

– Es extraoficial, no lo estés comentando ¿está bien? – le pidió a la vez que le acariciaba el rostro. – Te pediría que le pases el recado también a tu amiga la periodista. – alzó las cejas.

– Seguro, sí. – sacudió la cabeza. – Le diré a Avery que no lo comente. –

Sin decir nada más, Ash se puso de pie y empezó a vestirse. Misty se mantuvo en la misma posición, encogida de piernas, mientras lo observaba en silencio.

– Muero de hambre. – comentó Ash, mientras terminaba de abrocharse los pantalones. – ¿Si almorzaste? –

– ¿Ugh? – fue lo único que pudo decir la pelirroja, a quien parecía haber sacado de trance. Ash la miró con picardía. Ella se aclaró la garganta. – Bueno… –

Antes de que pudiera responder, un fuerte rugido provino de su estómago. Misty cerró los ojos con fuerza, sintiéndose apenada. El pelinegro soltó una risa.

– Porque no te das un baño caliente y te pones algo cómodo. – le sugirió con calidez. – Mientras, yo bajaré a preparar el almuerzo… o mas bien la merienda. – finalizó mientras se terminaba de acomodar la camiseta.

– Bien. – asintió la joven, con sutileza.

Ash se encogió de hombros. Se veía tan tierna y vulnerable. Era difícil no querer aprovechar la situación, teniendo en cuenta que Misty siempre se mostraba tan gélida y altiva. No pudo evitar volver a acercarse y plantarle otro beso. Ella lo tomó del rostro suavemente, sus manos recorrieron camino hacia su cuello y hombros. Ash la tomó nuevamente de la cintura y volvió a postrarse sobre ella en ese mar de caricias.

Misty volvió a empujarlo de los hombros hacia afuera, esta vez con delicadeza.

– ¿Te quedas o te vas? – preguntó con sarcasmo, pero divertida. Ash rio.

– Te espero abajo. – dijo y le dio un último beso en la frente antes de irse.

No fue hasta que cerró la puerta detrás de él que Misty pudo soltarse y relajarse, acurrucada entre las sábanas. Se percató que se encontraba sonriendo y se ruborizó de repente. Se tomó unos minutos para estirarse cómodamente en la cama, recapitulando todo lo que había sucedido, sintiéndose satisfecha y ansiosa a la vez.

Había surgido una oportunidad de un nuevo comienzo.

Sin divagar más, se puso de pie para dirigirse a la ducha. Tal vez un poco de agua fría le vendría bien.


Ash bajó las escaleras de la casa y rápidamente se dirigió hacia la cocina. Cerró la puerta vaivén tras de él y apoyó en el muro adyacente. Echó un vistazo hacia la isla donde, momentos antes, había besado a Misty, lo cual escaló sin demora a la situación actual. Una sonrisa se formó en sus labios al recordar lo sucedido, no podía evitar sentirse feliz al fin.

BRRRRRRR… BRRRRRRR… –

Aquel sonido vibrante volvió a interrumpir sus pensamientos. En la pantalla se mostraba nuevamente la letra "L" en mayúscula.

Su sonrisa se desvaneció de repente. Dejó que sonara un par de veces antes de, finalmente, contestar.

– Ya era hora. – escuchó decir a una voz femenina, en un tono demandante, al otro lado de la línea.

– Hola Lily. – respondió el joven sin mucha gracia. – Tenemos que hablar. –


Creían que se había terminado... PUES NO. (insertar risa macabra) Lo que sí es que voy a intentar con todas mis fuerzas subir el siguiente capítulo a fin de año como máximo. (Regalito de navidad y kábala para que el 2021 sea un mejor año que este)

Envíenme muchas haditas de la inspiración. Me encantaría saber qué opinan y, después de todo este tiempo, saber cuántos somos los fieles pokeshippers!

Un abrazo para todos.

- Maureen