Capítulo IV

Kumagoroh en la cueva del lobo. Bienvenido a casa Ryuichi

¿Eiri había aceptado a los amigos de Shuichi? La respuesta era no, pero para el escritor molestar a Tatsuha se había convertido en una prioridad. Normalmente lo hubiera ignorado, sin embargo, en los últimos momentos sucumbió a un comportamiento infantil para "castigarlo" por la intromisión en su vida.

—Entonces… puedo mañana jugar videojuegos con mi amigo— informó incómodo por la verdad a medias— Tú no estarás y… y…. sólo será por un momento— rogó que no preguntara el nombre.

—De acuerdo, pero no quiero desastres, ni sus manos mugrientas sobre mis cosas— en un momento cualquiera Eiri notaría el nerviosismo de Shindo y lo interrogaría por el nombre, ahora no, se concentraba en las miradas y gestos lujuriosos que su hermano hacía a espaldas del cantante con el deseo claro de enervarlo.

Shuichi agradeció la distracción de Yuki; reflexionó acerca de la estupidez de llevar a Sakuma a su casa, pero no se arrepentiría, mucho menos ahora que tenía el permiso y la ausencia de Tatsuha.

Dormir en el sillón… merezco una cama y no el sillón, aunque podría utilizar el futón y dejarme de niñerías… Acomodaba unas almohadas y frazadas en esos sillones que comenzaba a detestar.

—Yuki, ahora no, puede escucharnos

—Y eso te importa…. Claro que no, tú quieres

¿Eso que fue? Se asustó, un ruido extraño proveniente de la habitación de los amantes Seguramente tienen una sesión de sexo y yo aquí, sin siquiera tener ganas de masturbarme…

—Ya tire el reloj ¡Perdón!

—No me gusta que te estés disculpando de todo idiota

Ahora que estoy aquí, fingiré que visito a Shuichi cuando se encuentre cerca de my honey, así tendremos mayor oportunidad de conocernos…

— Si quieres más sólo tienes que pedirlo

— ¡SI QUIERO!

¡El colmo! Ahora tengo que escuchar sus jadeos y gemidos ¿Qué sigue? Tatsuha se revolvió frustrado por la muerte de su libido, ahora no le quedaba más que encerrarse en sus pensamientos. Cerró los ojos por un breve instante…

Hay una figura parada cerca de mi cama, me sonríe, quiero levantarme, no pued. Sus pasos son lentos, seguros; lo observo y él continúa con esa sonrisa que provoca que mis sentidos se perturben. No pienso en nada, sólo en sus labios que se mueven sugerentes.

Llega hasta a mí y por fin logro incorporarme, abro mis brazos y el se acerca. Sin palabras que amortigüen el impacto de verlo ahí, tan cerca de mí, me besa y siento sus labios, son suaves; su lengua en mi boca serpentea curiosa. Hace mucho esperaba este momento ¡Cuánto imagine el sabor de sus besos! Ahora no puedo describirlo, es sólo placentero, inefablemente delicioso.

Se separa y yo siento el rostro caliente y un cosquilleo en la boca. Sin dejarme pensar me empuja y quedo recostado en la cama, se sube en mí y con delicadeza comienza a desabotonar mi camisa, acaricia mis pectorales; sigo sin poder moverme, no es porque no quiera, sino por miedo a cometer una tontería.

Siento su lengua en mi cuello y suelto un gritito de susto por su atrevimiento, ¿siempre fue tan atrevido? Entre sus besos y mis jadeos escucho a mi madre tocar la puerta, pregunta por mi estado y no hago más que tartamudear una respuesta afirmativa.

Mi novio desnudo está sobre mí, se muerde el labio y alza la ceja. Yo no puedo controlarme. Que me escuche toda la colonia, mis padres y mis maestros…

Con las respiraciones acompasadas y un cansancio agradable Ryuichi Sakuma me mira con amor sincero, sus labios se mueven, acerco mi oído a su boca

Te am..

—¡DESPIERTA!— Eiri movía a su hermano

—¿Por qué ni siquiera en sueños?— preguntó frustrado a un ente superior. Tatsuha se aferraba a un cojín, apretaba los ojos con el afán de recuperar la imagen y escuchar las anheladas palabras, pero el zangoloteo lo obligó a caer en cuenta de la responsabilidad de Morfeo y de lo inexistente de la escena anterior.

—No se supone que debes hacer unos trámites— le recordó

—Si, pero mi sueño era divertido. Preferiría regresar a él y no e… escucharte— bostezó— mejor al rato— se dio la vuelta quizá su hermano se hartaría y él volvería a su onírico romance. El lecho caliente provocó el cierre de sus ojos rápidamente.

—¡Levántate!— esa voz taladró todos sus sentidos

—¿Por qué tan pronto? Puedo llegar un poco más tarde— se tallaba los ojos molesto, no le parecía las formas utilizadas — además no te quejes… Tú eres el peor dormilón — lo acusó

Yuki bufó y alzó una ceja, tuvo el deseo de sobar su frente, mas se contuvo inmóvil frente a su hermano; el menor entendió y preparó un comentario especial.

—Entiendo, no es que te interesen mis hábitos matutinos, sino temes por tu noviecito… Así que la solución es marcharme cuanto antes— Chuza. Canasta. Gol. Él acertó, sin embargo, el orgullo de su hermano podía más; desarmado y descubierto no contestó.

—No le haré nada que no quiera… ahora déjame dormir— no pudo cubrirse con sus frazadas; lo tomó del cuello para advertirle.

—No quiero problemas— amenazó

Asustado el moreno sólo asintió. Cuando por fin fue liberado del amarre evitó la mirada asesina y sus pensamientos se enfocaron en la nueva locura de su hermano; recapituló, en estos cuatros años habían tenido más peleas, pero antes no se acercaban lo suficiente ¿avance? ¿Retroceso? Para dónde iba su relación fraternal. En medio de sus tribulaciones no notó la ausencia de Yuki.

Era un tonto. Comportarse de forma tan obvia era uno de sus errores recurrentes; ahora sería la burla de su hermano, ese idiota era capaz de muchas cosas. Eiri movió la cabeza, reflexionó por unos instantes. Su día sería largo. Abrió la puerta de su Mercedes para dirigirse a aquella junta, seguramente, infértil.

Disgustado por la forma en la que su Aniki lo había despertado, Tatsuha se estiraba y revolvía sus cabellos, con los ojos cansados y una pereza envidiable dobló las mantas para llevarlas a su habitación. Pensó en pedirle a Seguchi que transportará su cama o aceptar el futón típico, del que estaba harto.

—¿Por qué no te has ido?— preguntó Shuichi detrás del monje, lo que le provocó un leve salto. El cantante temía que hubiese cambiado de opinión y ahora se quedara a molestarlos.

— ¡Ahhh! —dio un bostezó antojable– Después de bañarme— fue la respuesta distraída

—Y… ¿Qué se supone que vas a hacer?— interrogó para sacar un poco más de información— ¿irás a tu nueva escuela?— insistió, si se encontraba cerca cuando Sakuma llegara, lo más probable es que no se marcharía.

—No tienes porque presionar tanto; me iré dentro de unos instantes y así podrás atender a tus "preciosos" invitados— se talló los ojos ¡demonios! Aún tenía sueño y dormir parecía estar tan distante.

El pelirrosa sintió culpabilidad, no le molestaba la presencia de su cuñado; pero hoy, era un día extraño, no adecuado para su visita o su estancia aquí — No es eso— exteriorizó, supo al instante la carga negativa de sus palabras anteriores de esta manera cambio el tema.— ¿Y Eiri?

—Se marchó ya; pero antes de irse me advirtió que no te tocara ni un pelo— sonrió malicioso

Uno, dos, tres pasos dio atrás Shindo, el monje pervertido se acercaba a él, con un movimiento rápido su brazo aprisiono al cantante contra la pared.

—De hecho, dije que no te haría nada que no quisieras—acercó su rostro.

—¡NO QUIERO!— Shuichi lo empujó ¿Qué se creía ese niñato?

—Pues yo escuché ayer lo contrario—notó el sonrojo de su presa. Por la cabeza del cantante pasaban las escenas de ayer. No debió gritar de esa manera, estas son las consecuencias por dejarse llevar, le reprocharía a Eiri por ser la causa de la embarazosa situación.

—Sólo es una broma… me voy a bañar— concluyó el juego, sin decir más fue a su cuarto y el pelirrosa se quedó ahí inerte y con un puñado de vergüenza.

Se veía bien. Guapo era una palabra hueca; rebasaba ese concepto, su mirada intimidatoria y su sonrisa tranquila era un contraste diferente a la usual carita angelical y amable.

—¡Te ves muy bien! — resonó la voz de una mujer, el joven continúo con la misma expresión. Acomodó el cuello de la chamarra de mezclilla que portaba, era negra deslavada, la playera blanca, el cabello y los vaqueros ajustados le daban un aire a….

—¡Como James Dean!— gritó nuevamente la chica

—No molestes, cuando compre una motocicleta y fume, compárame con el rebelde sin causa— contestó asqueado de los estereotipos hollywoodenses en los que lo encasillaba Sahashi

—No es mi culpa, tu ropa se parece, bueno creo que era de cuero la chaqueta, ¿o no? — a ella, sin dudar, le recordaba al galán motociclista

—El tío ese se murió muy joven y yo disto muchísimo de su edad— murmuró exagerado, mientras le daba los últimos toques a su cabello, ni tan desalineado, ni tan normal, un perfecto punto medio. Sahashi lo miraba con atención, se sentía orgullosa, a pesar de todo era un muchachito- un buen hombre- algo engreído, pero bondadoso.

—¿Y kumagoroh?— preguntó infantil el remedo de Dean

—¡Ah! Ese conejo mugroso, lo aventé a tu cama, no te servirá para la cita… —respondió indiferente, no imaginó la batalla que podría desatarse.

Lagrimones en el rostro de Sakuma no sólo eran una muestra del berrinche venidero, sino de un sermón sin sentido acerca de la "amistad" con el llamado Kumagoroh, ese rosado animal de peluche herramienta de ternura.

—YA! Es simplemente un mono de felpa y ni siquiera es muy bonito que digamos— le restó importancia.

—Kumagoroh es Kumagoroh. Tú tienes tu bar, K su mágnum, el escritorcillo ese su computadora portátil….. Kumagoroh es mi amigo— corrió en busca del rosado orejón para alistarlo también. Se hallaba tirado a un lado de su cama, lo abrazó a modo de disculpa en nombre de Sahashi. Ryu miró a la mujer y con un tono despectivo pronunció.

—No eres tan bonita para presumir

Era una mentira, sus ojos azules calca de los del cantante mostraban un brillo especial y su cabello era de un castaño parecido al de él, a excepción de que ella tenía rizos; ambos lucían cabelleras manejables. Vestía unas botas militares, una minifalda negra y una camiseta del mismo color. Una belleza de unos treinta años.

—Ya vete, tu adoradísimo Shu-i-chi te espera

—La fila es gigante y ya estoy harto. Esto no avanza y me aburro con facilidad ¿Qué aquí nadie está fastidiado por lo cruel de esto? ¿Por qué no hicimos los trámites por internet? — se exaspero Tatsuha con esa línea de personas con fólder en mano.

—Porque el año anterior hubo tantas quejas por los craker que creyeron que la solución era que los alumnos trajeran su propia papelería— contestó el muchacho frente al monje.

—Ahora entiendo— respondió pensativo

—Eres nuevo, quizá nuestros métodos te parezcan algo extraños

—Más que extraños, son cansados y a-bu-rri-doos

—Mi nombre es Chiba Mamoru, y estoy en los cursos de alemán, francés y español

Tatsuha no sabía bien si presentarse, ser amable, tener una conversación o declararlo como un juguete temporal, el chico no estaba mal. Cabello negro, ojos azules, cuerpo atlético, saco verde, mirada sincera y sonrisa indulgente. Un buen espécimen.

—Tienes nombre ¿verdad?— dudó si la mirada del chico era despectiva o sencillamente se había perdido a la hora de responder

—claro, Soy Uesugi Tatsuha

Abrió la puerta, ahí estaba esa figura; contento y radiante el dios de la música traía una mochila en la espalda y a Kumagoroh en sus brazos. Shuichi lo dejó pasar, después de librarse del abrazo inmediato. Al verlo sentado en la sala sus inseguridades acerca de la invitación se eliminaron al instante.

—¿Qué quieres jugar primero?— dijo mientras de su mochila sacaba los juegos más novedosos del mercado

—Lo que usted quiera

Incomodidad. Eso sentía Ryuichi, pero no aquella en la que te quieres marchar lejos, sino en la que te reprochas mentalmente por cada una de tus palabras y acciones.¿Hacía cuánto las palabras tenían un doble sentido? Querer. Poner. Desear. Tocar. Llevaba casi dos horas sintiéndose un bruto.

Lo mejor era dejar de pensar, actuaría sin sentir remordimiento alguno.

—Sabes Shuichi— habló serio de pronto, en medio de una conversación trivial acerca de un manga— eres una persona especial para mí… alguien que realmente vale la pena…

Shindo sintió una emoción rara ¿Acaso lo proclamaría como su único discípulo? ¡En tu cara Suguru Fujisaki! ni siquiera "el carismático Tohma" había hecho eso con su primo, y ahora él, después de soñar durante años con tenerlo cerca, era alguien especial para el vocalista de Nittle Grasper.

El mayor, sin saber bien el motivo, acortó las distancias entre ellos, acercó su rostro al pelirrosa y dijo:

—Pocas personas son importantes para mí, pero tú llegaste a…

¿Había necesidad de acercarse tanto para semejantes palabras? Si el cantante no conociera a su ídolo pensaría que deseaba besarlo, pero eso era imposible, Ryuichi Sakuma no era de esos, sólo lo estimaba, era un buen amigo y maestro.

—Shu, yo te …

—¡Ya estoy en casa!— se escuchó un grito de alegría

—¿El escritor?—pensó Ryu

—¡Tatsuha!— gritó Shu

Sin moverse y con la pose más comprometedora los encontró el fan número uno de Sakuma. Un dolor en el pecho sintió el monje al verlos, tan cerca, tan felices, tan guapos, tan juntos, tan….tan…..

—¿Qué haces?— fueron las palabras ahogadas, no sabía a quien se las dirigía.

—¡Nada!... es un juego— rió estruendosamente el pelirrosa— ¿Quieres jugar?— rezó para que no pensara mal

¿Qué intentabas? ¿Besarlo? ¿Qué pensará Shuichi? ¡Eres un aprovechado! Fui descubierto, YO me descubrí, me siento un tonto. Me siento mal. YA ME VOY… ¡si! Lejos, lo más lejos posible….Soy un estúpido….

—¡Sí! ¿De que se trata?— preguntó entusiasmado el monje, al parecer prefería reprimir que dudar

¡¿Ehhh?! ¿Quién es este chico? Yo lo he visto…. Mmmmm…yo lo he visto….. es… es… ¿Dónde? ¿Dónde?

—Ppues…pues..se trata de… ¡verdad o castigo! Sakuma-san perdió hace un momento y yo iba … a …a pintarle la cara— Tatsuha no tomó en cuenta los tartamudeos o lo lento de la respuesta y ni siquiera notó la inexistencia de algún marcador.

Es… es … ¡Piensa Ryuichi!... .¡claro, el hermano de la esposa de Tohma! Su nombre es…

—Bueno, pero quiero este lugar— dijo mientras se sentaba lo más cerca posible de Sakuma

—¡TATSUHA!— gritó alegre. Por fin había recordado el nombre del niño.

Los ojos se le aguaron, ¡lo había reconocido! Le dio un abrazo sincero como si hubiera despertado de un coma de casi trece años. El cantante estaba acostumbrado a recibir muestras de afecto de desconocidos, así que le correspondió. Shuichi miraba la escena conmovido, conocía el amor ciego que profesaba el menor desde siempre a "su honey" como lo llamaba, y ese abrazo era más que un deseo lujurioso por acercarse.

—Ahora Shuichi— miró el monje con malicia— ¿Podrías dejarnos solos? Tenemos mucho de que hablar— con esas palabras el pelirrosa supo que el encanto se había acabado y la parte sincera de Tatsuha se había desvanecido. Camino unos pasos y sin decir palabra alguna lo pateó, pero no logró que soltara al monje.

Él tenía razón, una junta completamente infértil, aburrida y sin sentido; su editora lo había hecho salir para algo que pudo resolverse con una llamada telefónica; en la mesa, el consejo editorial lo felicitaba por una nueva nominación al premio Empitsu. Era su tercer cigarro y ellos continuaban con las mismas palabras.

—Bien..¿Puedo irme?— sonaba como una pregunta, pero los asistentes se percataban de la orden

—Sí, por supuesto, pero tendrá que asistir a la ceremonia…

—No se preocupen. Iré, sonreiré, hablaré del libro y me comportaré como los estándares de cortesía me obligan— frente a las cámaras o las grabadoras era tranquilo y hasta cálido. Nada más lejos de la realidad para aquellos que lo conocían por encima y lo consideraban un témpano. Kanah Mizuki, su editora, sabía del cambio del escritor, así que esos comentarios no surtían efectos en ella.

—Sea puntual— fue lo último que escuchó al salir de la sala de juntas, estaba molesto por las pretensiones de esos imbéciles quienes amaban venderlo como carne. Yuki Eiri no era una mercancía, ni un gancho publicitario, ni un rostro bello, o un galán, ante todo era un escritor.

—He dicho que ese es el castigo y no te quejes— sonrió Shu a Ryu, ambos habían planeado que Tatsuha se metiera hielos en los boxers. Un castigo infantil, pero seguro; el miedo al frío en esas partes sensibles y a la vez calientes lo obligaron a negarse.

—No soy un cobarde. Es de valientes conocer tus limitaciones y meterme eso no me ayudará a ser mejor persona— torpemente se arrinconó.

Shuichi llevaba en las manos un cubo con los temibles hielos; con el escándalo ninguno escuchó ni las llaves ni la puerta. Enfrascados en la pelea, por el cumplimiento de la sanción, no vieron el rostro tranquilo, en apariencia, que observaba sus ridiculeces.

Tatsuha suplicó misericordia a su ídolo, sin embargo, su sonrisa le advirtió que no sería así, en busca de salvarse miró a su hermano que yacía recargado en la pared. Su boca fue más rápida que su cerebro.

—Ayúdame Aniki—Estúpido, estúpido, estúpido

Shindo y Sakuma voltearon al instante, ambos quedaron inmóviles, el pelirrosa balbuceaba el nombre de su novio y el cubo caía de sus manos, derramando por el piso carísimo los cubitos helados.

—¿Por qué no continúan? No se preocupen por mí, soy como una piedra, nadie toma en cuenta mis órdenes.

Shindo quiso explicar, pedir perdón. No pudo. La mirada de Eiri le decía que se callara que estaba decepcionado y no deseaba justificaciones.

—Yu…Yuki..Yo

—Yuki –san— interrumpió Sakuma— Shuichi no tuvo la culpa— No sabía el por qué pero tenía que disculparse por cualquiera de sus faltas cometidas; apretaba a Kumagoroh nervioso

—Es mía—dijo Tatsuha de pronto— Yo te desobedecí y traje un invitado; hasta convencí a Shuichi para jugar con nosotros… él iba de salida con su amigo Nakano—río para fingir una burla— por unas botanas, ¿por qué no lo llamas?— miró al pelirrosa quién entendió milagrosamente la indirecta y sacó su móvil para marcar a Hiro.

— Vamos a mi estudio Tatsuha— fueron las heladas palabras. Caminó sin mirar a ninguno de los dos cantantes.

El sonido intimidante de la puerta sacó a Shu de su trance, pues, aunque tenía el móvil en la mano, no marcó el número, con la cabeza baja y con una voz casi inaudible expresó:

—Gracias

— No lo hice por ti— una respuesta seca y sincera— No te lamentes y continúa el juego— sonrió como un preso acercándose al patíbulo—Tienes que convencerlo— le guiñó el ojo y caminó hacia el estudio. Sakuma no lo miró.

Shuichi movió los dedos con agilidad. Hiro del otro lado de la línea escuchaba atentamente las palabras atropelladas de su mejor amigo. Un nuevo problema. Una solución rápida. Colgó y vio a Ayaka, quizá no lo comprendería.

—Por mi se entra al valle del dolor, todo aquel que me cruce deberá perder cualquier esperanza— parafraseó a Dante leyendo un letrero imaginario en la puerta del estudio.

Eiri lo vio entrar, parecía cordero, sus manos en la bolsa del pantalón se movían nerviosas, miraba a todos lados como si evadiera sus ojos.

—Siéntate— ordenó tranquilamente. El menor acató sin chistar, comenzó a excusar.

—Fue mi culpa, así que si quieres que me marche, no hay problema, buscaré un lugar…

—¡Cállate! —volvió a ordenar, esta vez con irritación. Tatsuha guardó silencio, esperaba un buen regaño. Yuki prendió un cigarro, meditó algunos segundos.

—Se que no es tu culpa—su hermano se sorprendió, pero evitó algún gesto o sonido tonto para no molestarlo todavía más— No me desobedeciste— fumó— ¿No tienes nada que decir?— tiró la ceniza en un ridículo cenicero regalo de su novio.

—¿Cómo lo supiste?— midió las palabras

—¿Tu invitado Sakuma? Ni siquiera sabe de tu existencia…

—Eso no es cierto— interrumpió dolido, el escritor prosiguió sin tomar en cuenta las palabras de su hermano.

—¿Botanas? La alacena está llena de esas porquerías. No soy un idiota.

—¿Qué harás?

—Por lo pronto, dormir— apagó el cigarro— ¡Ah!... Dejemos pensar al idiota que creí esta jugarreta — Tatsuha asintió y ambos salieron del estudio, lo que vieron los dejó anonadados. Un Hiroshi Nakano sudado, quizá por correr en ayuda de su amigo y con la respiración agitada llevaba consigo unas bolsas, seguramente, frituras, dulces o cualquier chuchería.

Eiri se enfureció por la sarta de tonterías que era capaz su novio para cubrir su asquerosa mentira, mientras su hermano se hinchaba de orgullo porque su cuñado siguió su consejo.

Yuki caminó a su habitación y Shu lo siguió, Hiro se sentó, obviamente estaba cansado y Tatsuha se acercó a Ryu que continuaba en shock

—¿Todo bien?— preguntó el moreno

—sí, gracias por ayudarnos— contestó distante

—Yo haría cualquier cosa por usted — sonrió y le dio una palmadita en la espalda que sorprendió a Sakuma, sin decir más caminó hacia la cocina para comer algo, el circo todavía no terminaba.

Por primera vez en todos estos años Ryuchi miró a Tatsuha

—A pesar del caos, no todo salió mal— pensó maliciosamente mientras apretaba a Kumagoroh.