La novia del millonario

Bella no podía dar a su pequeña hermana en adopción, pero sabía que aunque ella le diera todo su amor, no tenía medios económicos para hacerse cargo de un bebé. Estaba desesperada, tratando de tomar la mejor decisión para Melanie, cuando conoció al atractivo magnate londinense Edward Cullen.

Casarse con él era la solución a todos sus problemas, pensó bella, sin imaginar que muy pronto iba a enamorarse perdidamente de un hombre que sólo se había casado con ella para tener un heredero.

Capítulo 1

DARLA en adopción? —repitió bella consterna da—. ¿Quieres que deje a Melanie en manos de un extraño?

Allí estaba bella en medio de su pequeño y destar talado apartamento. Se dirigía a su tía como si estuvie ra tratando con el diablo.

Lo cierto es que le costaba creer que aquello estu viese pasando de verdad. En las últimas tres semanas la tragedia se había cebado con su vida de forma verdade ramente insistente. Y ahora esto.

—Voy a hacer como si no hubiera oído tus palabras, tía Laura —dijo bella, sosteniendo a un bebé en sus brazos y estrechándolo aún más contra su pecho.

—No, tú vas a hacerme caso —repuso la tía con de cisión—. ¿Crees de verdad que te propondría esta solu ción si pudieras hacerte cargo de la niña?

-¡Por supuesto que puedo hacerme cargo de ella! —exclamó bella airadamente

Laura llevaba un traje de chaqueta gris que le senta ba impecablemente. Tenía el cabello rubio recogido de modo elegante discretamente maquillada. Parecía querer hacer hincapié en sus palabras mirando a su al rededor.

—Por Dios, lo único que te he pedido es que me ayudes a pagar el alquiler —adujo bella.

Se sentía como un gato callejero pidiéndole limosna a una reina.

—Ya veces hay que ser cruel para ser de utilidad —murmuró Laura a la defensiva—. Eso significa que tengo que ser despiadada para que abras bien los ojos.

Como bella se imaginaba, le estaba diciendo de manera elegante que no pensaba soltar ni un duro. En fin, la tía Laura nunca había sido conocida por su gene rosidad.

— ¡Melanie ni siquiera es tu hija! —exclamó la tía.

—Pero es mi hermana —sostuvo bella enfadada—. ¿Cómo pretendes separarla de mí?

Aquello había sido un auténtico sollozo. ¡Había so portado demasiadas preocupaciones y disgustos duran te los últimos seis meses!

—Tu hermanastra —la corrigió Laura—. Ni siquie ra conoces al padre.

La tía miró con verdadero desprecio a la pequeña de tono oliváceo y cabellos oscuros.

—¿Y eso qué más da? —preguntó bella con los ojos castaños llenos de indignación.

De acuerdo, su madre había tenido una aventura con un camarero español, ¿y qué? Al menos había sido capaz de atraer a un hombre, cosa que con su padre no había logrado.

—Por nuestras venas corre la misma sangre —pro siguió bella.

¡Lo malo era que con la tía Laura ocurría lo mismo!

Pero casi nunca se notaba. La madre de bella siempre decía que su hermana no tenía corazón. Era fuerte y dura. Y ,eso lo plasmaba en su trabajo. Estaba consagrada exclusivamente a su carrera profesional como alta ejecutiva de uno de los bancos más impor tantes de Europa.

Antes que pedirle ayuda, bella tenía que haber en contrado otra solución a sus quebraderos de cabeza.

Para la tía Laura aquello no suponía más que una remora para los años venideros. Por eso, ella, que había sacrificado amor e hijos por su carrera, le había dicho a su única sobrina que se deshiciera del bebé.

A bella le dieron náuseas.

— ¡Maldita sea, solo tienes veintiún años! —excla mó Laura, impaciente—. Has dejado la Universidad y ni siquiera tienes trabajo. No tienes con qué vivir y me nos aún con un bebé a tu cargo. Y ahora me vienes con que no tienes para pagar el alquiler.

—Pronto encontraré un trabajo, estoy segura —ase guró bella orgullosa.

—¿Qué tipo de trabajo? —la desafió su tía—. ¿Sir viendo mesas en un restaurante como el padre de la niña? ¿Fregando suelos? Si prefieres ser la criada de otros en vez de acabar la carrera y ser lo que tu madre quería que fueses... ¿Y quién va a cuidar a Melanie mientras estés fregando suelos? Una niñera por horas resulta excesivamente cara. Después de todo, la heren cia de tu madre apenas dio para su entierro.

Aquellas palabras fueron el colmo.

—Seguro que tengo derecho a recibir asistencia por parte del Estado —gritó de pronto bella.

—Oh, claro —respondió la tía—. Los días en que el Estado lo pagaba todo han pasado a la historia. Y Me lanie también tiene derecho a crecer en un ambiente que le permita todo lo que pueda estar a su alcance. O es que crees que te va a estar muy agradecida de vivir pobremente.

Tras la brutalidad del discurso, bella se tambaleó llena de confusión.

¿Sería mejor para Melanie mantenerse alejada de su hermana? bella intentó ponerse en el lugar de la pequeña.

Puede que su tía tuviera razón: Melanie podría re criminarle algún día el tipo de vida que le había induci do a llevar.

Silenciosamente, se dirigió hacia la cuna y allí de positó a la criatura. bella había adelgazado mucho; los vaqueros y la camisa de algodón que llevaba le estaban grandes. Sin embargo, hacía un par de meses tenía un aspecto de lo más saludable.

Pero hacía un par de meses, Melanie no había naci do aún. Y la madre de bella, estaba todavía viva, expectante ante el nacimiento de su futura hija. Se iba a tratar del comienzo de una nueva etapa que pondría fin a un triste pasado.

Tan solo hacía tres años, bella era la hija única de unos padres que estaban completamente locos por ella.

Luego, su padre se quitó la vida al comprobar que su negocio había quebrado, dejando a su familia con lo puesto. Para pagar sus deudas, su viuda tuvo que ven der la casa, los muebles, incluso hasta parte de, su ropa. En Londres vivían en Holland Park. Y tuvieron que abandonar aquella zona residencial para instalarse en un piso alquilado del East End.

Renné Swan no se había recuperado después de que el que fuera su esposo durante veinte años se suici dara, dejándola en la miseria. Para colmo, había perdi do a la mayoría de sus amistades. bella había tenido que abandonar el colegio privado al que asistía. De he cho, tuvo que terminar el último curso de educación secundaria en un instituto público. Ella también se quedó sin buena parte de sus amigos.

Aquellas circunstancias contribuyeron a que Renné sintiera por momentos una gran amargura y desilusión. Se vio obligada a ponerse a trabajar. Lo cual, teniendo en cuenta que se había pasado la vida entre algodones, no resultó demasiado fácil. Aunque pareciera raro, fue la propia tía Laura quien le consi guió el empleo. Se trataba de un puesto de dependienta y asesora de imagen de unos almacenes de lujo. Su es tilo innato y su exquisito sentido de la estética bien le valieron para ello.

En aquella nueva situación, Renné de mostró ser una señora con clase. Era una mujer alta y esbelta, de cabello castaño que a sus cuarenta y dos años demostró ser una excelente vendedora.

Por eso, cuando su jefa, que se había puesto enfer ma, tuvo que ir de viaje de negocios a Madrid no dudó en enviar a Renne. Una vez en la capital española ten dría que entrevistarse con varios proveedores del sector de la moda.

Lo demás era historia. Cuando ella volvió a casa, bella no podía creerse el cambio que se había opera do en ella. Tenía aspecto de ser feliz y de estar en paz consigo misma. Un par de semanas después ya sabía la razón.

—Estoy embarazada —le había anunciado su ma dre.

Y ocho meses después nació la pequeña Melanie. Era menuda, de piel morena y tenía los cabellos ne gros.

La diferencia entre los suyos y los de su madre y bella que eran tan pálidos, era realmente cómica. Sin embargo, ambas se enamoraron del bebé a primera vista.

Enseguida, se llevaron a Melanie al apartamento de dos habitaciones, cocina empotrada y un único cuarto de baño. Un par de semanas después, Renné volvió al trabajo. Era el mes de agosto y bella estaba de vacaciones en la Universidad; por eso era ella quien se ocupaba del bebé. Ya se encargarían de encontrar a un canguro (así es como se les dice a las cuidadoras de bebes en alguna partes) más adelante. De momento, estaban disfrutando de lo bella que era la vida.

Pero la tragedia se cernió de nuevo sobre sus vidas. Renné sufrió una hemorragia muy grave de la que no se recuperarí se quedó no solo com pletamente conmocionada, sino sin medios econó micos.

En el exterior, sonó el claxon de un coche. La tía Laura consultó su reloj y frunció el ceño.

—Tengo que marcharme —dijo ella—. Santo cielo, ¿no puedes dejar a esa niña quieta y escucharme un rato?

Como quejándose de su reproche, la niña lanzó un gemido. Bella le acarició instintivamente la mejilla sonrosada y una ola de cariño la inundó por completo.

Aquello no era justo. No podía ser justo que le ocu rrieran tantas tragedias. Quería conservar a Melanie. Quería que su madre estuviese de nuevo con ella. Y su padre también. Ojalá que su vida volviera a ser como cuando era más joven.

—¿Qué opciones tengo? —preguntó bella al borde de las lágrimas.

A su espalda, la tía sonrió pensando que por fin es taba entrando en razón.

—Existen listas de espera llenas de padres que te estarían muy agradecidos si tú...

— ¡No quiero que nadie me agradezca nada! —ex clamó bella, fulminándola con la mirada.

— No —contestó Laura, comprendiendo que era mejor cambiar de estrategia—. Es gente que quiere darle un hogar a la niña. Una familia que la colmará de cariño, seguridad y todo lo que eso implica.

«Pero yo no tendría lugar en esa vida», pensó bella llena de desolación. Trató de imaginarse unos brazos extraños que acunasen, alimentasen y quisiesen a su hermana. Ella sintió que le invadía la desesperación y a continuación se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Se puede hacer de forma muy discreta —conti nuó la tía Laura—. Algunas agencias privadas solo aceptan a lo mejor de la sociedad. Sería el tipo de fami lia que le daría a Melanie todo lo necesario para hacer la feliz el resto de su vida. Vale la pena planteárselo, al menos en beneficio de la niña.

En beneficio de la niña..., la astuta ejecutiva del mayor banco europeo estaba jugando su baza.

—Podrías volver a la Universidad y terminar la ca rrera —prosiguió Laura—. Estaría dispuesta a ayudarte para ello, pero no para esto.

Y la tía dirigió una mirada por el apartamento destartalado.

—No permitiré que destroces dos vidas, cuando las dos os merecéis mucho más... —siguió diciendo la eje cutiva.

—Pensaré en ello —murmuró bella. Pero nada más pronunciar esas palabras notó como se le desgarraba el corazón.

—Está bien —respondió la tía—. Mientras tanto, me pondré en contacto con varias agencias...

El claxon del coche sonó otra vez, interrumpiéndola. Laura miró a su sobrina y se impacientó viendo la desolación que se revelaba ya en su rostro. Abrió el bolso y sacó una billetera de piel.

—Mira, te dejo esto —dijo ella poniendo un fajo de billetes sobre el brazo del sofá—. Te resultará útil hasta que nos volvamos a ver dentro de dos días. Espero que para entonces, hayas tomado una decisión.

—Gracias —repuso bella, mirando el dinero. Sin embargo, las dos sabían que no estaba siendo sincera.

—Claire, trata de pensar con la cabeza y no con el corazón —le sugirió Laura, al despedirse.

Por fin, la tía salió del apartamento, dejando a bella atónita ante la cantidad de dinero que le había dejado.

Eran las monedas de Judas. Un escalofrío recorrió la espalda de la joven. Porque eso era lo que significa ba el dinero: el precio de la traición a nuestros seres queridos.

Con el corazón latiéndole dolorosamente, bella extendió y alcanzó el manojo de billetes. Trató de averiguar a cuánto ascendía la traición en aquellos momentos.

Pero no había terminado de contar los billetes cuando cayó al suelo algo que la hizo abrir la puerta de inmediato.


hola:

Primero que nada: este no es un fic mio, es una adaptacón de un libro que lleva el mismo nombre de mi fic, escrito por michelle reid (que es una escritora casi tan buena como la meyer), que personalmente me encanta y recomiendo ampliamente.

segundo: está demás decir que los personajes no me pertenecen a mi, sino a la autora de la saga crepusculo, sthepenie meyer.

y tercero: se que sobre gustos no hay nada escrito, y personalmente, y si afan de alabarme, me parece que me quedo bien (le hice algunas modificaciones menores al original (aparte de los nombres).) pero no se que opinaran uds, y me encantaria saberlo, así que ¿me dejarian un rewiew plis?siiiiiiiiiiiiii porfis :(.

bue xau cuidense muxo y dejenme saber si les gusto el fic.

xau xau

ale