Hola

Lamento mucho la tardanza, pero como dije en un comunicado anterior esta semana y la próxima estarán algo ajetreadas y no me dejaran muxo time libre, bueno, basta de bla bla y vamos al cap.


Tras el impacto, trató de recuperarse poniendo su cerebro a funcionar a toda marcha. Nunca antes se ha bía encontrado una cosa así. ¡Pero en fin, no estaba desnudo del todo, menos mal! Su cuerpo musculoso estaba oculto en determinado lugar por unos calzoncillos de seda negros. ¡Pero el resto estaba bien a la vista!

Lo cierto era que su torso y sus piernas eran envi diables. Tenía una espalda potente y los brazos muy fuertes. Las caderas eran estrechas, y... tenía una erec ción.

— ¡Sal de aquí ahora mismo! —gritó él furiosamente.

Bella reaccionó demasiado tarde. Para entonces, sus ojos ya habían visto lo que no debían ver y fue justo en ese instante cuando ella fue consciente de lo que había contemplado.

Ella salió de la habitación todo lo deprisa que le permitieron sus temblorosas piernas. Luego cerró la puerta y se volvió contra la pared del dormitorio. Cerró los ojos por completo y deseó con todo su corazón no haber presenciado lo ocurrido.

Pero no tuvo la oportunidad de recuperarse ni unos minutos. Se abrió la puerta de par en par y Edward la buscó con la mirada. La encontró contra la pared con los ojos cerrados. Él se acercó a ella y apoyándose con tra la pared con las palmas de las manos, la inmovilizó entre sus brazos.

—¿Se puede saber qué hacías entrando en mi habitación de esa manera?

—Lo siento —se excusó Bella sofocadamente, sin tiendo el cálido aliento de Edward sobre su rostro y sin atreverse a abrir los ojos—. No pensé qué...

—No lo pensaste... —repitió Edward—. ¿Sabes lo poco que ha faltado para que estuviéramos en un verdadero apuro?

Por supuesto que lo sabía, tenía una idea muy clara y evocadora de ello...

—Lo siento, lo siento... —murmuró Bella.

Edward suspiró y el aliento le llegó a ella.

—Te has portado como una tonta —susurró él, mientras la furia se diluía poco a poco—. La próxima vez, llama primero y así evitarás que nos sonrojemos.

—Lo mismo digo —sostuvo Bella, recordando la escena de Londres.

Al cabo de un segundo, Edward soltó una carcaja da.

—Supongo que tienes razón —asintió él—. ¿Estás bien? Tienes muy mala cara. Nunca habías visto a un hombre desnudo, ¿verdad?

Se estaba mofando de ella...

—No se te ocurra reírte de mí —le advirtió Bella, hecha una furia.

¡Cielo santo! Edward estaba tan cerca de ella. No se había dado cuenta de lo cerca que estaba hasta que lo miró a los ojos, esos abismos esmeralda tan peligrosos para ella. Menos mal que se había puesto el albornoz encima.

—Y por supuesto que he visto a más hombres desnudos —prosiguió Bella desafiándolo con su mentira—. Es más, montones de hombres. Y además, tú no estabas desnudo.

—Puede que no pero me sentí desnudo —repuso Edward.

Su tono burlón hizo que Bella cerrara los ojos otra vez. Ella se dijo que aquello no estaba ocurriendo en realidad, sino que era una espantosa pesadilla.

Esta vez, Edward se río al ver su rostro sonrojado. Y después se separó de ella, a Dios gracias.

—¿Qué es lo que querías exactamente? —le preguntó a Bella, al cabo de unos segundos. Ella sacudió la cabeza.

—No tiene importancia.

Lo cierto era que ya no recordaba el motivo por el cual había entrado atropelladamente en su habitación.

—Me parece que dijiste algo de tu tía —recordó Edward.

¡El maldito cerdo se acordaba perfectamente!

—¿Dónde está? —Preguntó Bella—. ¿Por qué no se ha puesto en contacto conmigo?

—Probablemente, porque le puede costar su empleo —respondió Edward lacónicamente.

Bella frunció el ceño. No obstante, estaba más relajada porque el hombre se había distanciado un poco más.

—Si no le tienes estima —adujo ella—, y es obvio que no se la tienes, ¿por qué trabaja para ti?

Sus labios se comprimieron y sus ojos soñadores se tornaron insondables.

—Bella, te sugiero que aceptes este consejo aunque no vuelvas a escucharme nunca más. Olvida a tu tía, no merece ni tan siquiera uno de tus pensamientos. Ahora, me voy a duchar. Tienes aproximadamente me dia hora para prepararte; vamos a ver a mi abuela.

Y tras decir esto último con un tono de voz alegre y desenfadado, cerró la puerta.

Una audiencia con su abuela... ¿No podía habérselo dicho antes?

-¡Oh, cielos! —exclamó Bella, desolada con la espantosa expectativa.

Expectante y nerviosa ante la dura prueba que iba a pasar, Bella buscó desordenadamente entre las perchas de su nuevo guardarropa y decidió ponerse un vestido de lino gris piedra. Lo llevó al dormitorio y lo puso sobre la cama.

Cuando estaba intentando ponerse unas medias de seda, se dio cuenta de que le iba a ser imposible hacerlo únicamente con una mano. También cayó en la cuenta de que no iba a poder subirse la cremallera del vestido sola.

Jadeante a causa del esfuerzo, Bella estaba en bragas y sujetador a punto de elegir otra cosa que ponerse cuando de pronto alguien golpeó suavemente la puerta que daba al pasillo.

Entreabrió ligeramente y escudriñó de quien podía tratarse. Era la chica que se parecía a Alice. Bella es taba tan aliviada de que no fuera Edward el que la pillara desnuda otra vez, la recibió entusiasmada.

— ¡Gracias a Dios! —exclamó ella, aliviada—. ¿Hablas inglés? Sí... Entonces me vas a ayudar a abrocharme la cremallera del vestido, ¿verdad?

Corriendo hacia la cama tomó el traje, consciente del paso de los segundos. En vez de pasar aquella prueba, lo que le apetecía era tumbarse en la cama cómoda mente. Le empezaba a doler el cuello por haber soste nido el cabestrillo durante todo el día.

Además estaba tremendamente tensa por la presión de los acontecimientos.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó Bella a la doncella, mientras ella le subía la cremallera.

—Me llamo Rosalie —contestó tímidamente la chica.

Con toda seguridad, se estaría preguntando si Bella tenía cerebro, puesto que hacía menos de una hora que le había dicho como se llamaba.

Bella pensó que estaba en lo cierto, porque su mente se había quedado en blanco desde el momento en que Edward la había besado en el jardín.

Bella intentó esforzarse por no pensar en ello.

Para su consternación, cuando Edward fue a recogerla, emitió una risa ridícula y sacudió la cabeza, incapaz de creer lo que estaba viendo. Bella siguió el rastro de su mirada y descubrió qué era lo que le preo cupaba.

Ella cayó en la cuenta de que el vestido era demasiado corto. Trató de ponerse en el lugar de una anciana de noventa y dos años. La iba a ver como a una mujer alta, de largas piernas que sería sin duda una descarada lagarta.

—Ahora mismo me cambio —le anunció a Edward bruscamente.

—No lo harás —repuso él—. Estás muy bien así.

—Estoy segura de que no era lo que pensabas nada más verme.

Nuevamente, Edward se echó a reír.

—No vas a querer saber cuales fueron mis pensamientos.

Y antes de que Bella pudiera decir nada, añadió:

—Es mejor que nos vayamos ya.

Edward le tomó firmemente la mano y cruzaron la habitación en dirección a la galería del rellano. El hombre caminaba primero y el calor de su mano reconfortó a Bella, lo que no dejó de sorprenderla.

Una vez en el piso de arriba atravesaron un arco que daba acceso a otra ala de la mansión.

El pasillo estaba oscuro y el ambiente era sofocante y excesivamente silencioso. Finalmente, llegaron a una puerta doble.

—¿Dónde está Melanie? —preguntó Bella en voz baja.

—El cuarto de los niños está en la otra parte de la casa —respondió Edward—. Mi abuela no la conocerá hoy.

—Pues yo pensé que era precisamente por ella por lo que estábamos aquí —adujo Bella, confusa.

—Mi abuela tiene noventa y dos años —explicó Edward—. Tiene un código moral muy distinto al nuestro. No querrá ver a la niña hasta que estemos casados.

Bella pensó lo estupendo que sería conocer a una anciana cuyo código moral la definiría como una mujer fácil, e irresponsable.

Enseguida pensó que había hecho mal eligiendo ese vestido tan corto, pero entonces ya estaban frente a la abuela de Edward.

Este, tenía un brazo sobre los hom bros de Bella, mientras la anciana la taladraba con la mirada.

La joven estudió a su vez a la anciana. Era delgada y tenía un aspecto muy frágil. Estaba sentada en una butaca pasada de moda que no desentonaba con el en torno de sus otras pertenencias.

La habitación permanecía en penumbra, dado que un biombo plegable estaba colocado ante la ventana. El aire era agobiantemente caliente. Aún así, la señora estaba envuelta en una manta desde la barbilla hasta los pies. Era evidente que necesitaba calentar el débil paso de la sangre por sus venas.

No obstante, sus ojos pequeños y redondos de color ámbar tenían una expresión bien despierta. Le dijo algo a su nieto en griego y él le contestó con amabilidad.

—Deberías estar avergonzado —le regañó ella, ha blando esta vez en inglés.

—Lo que estoy es resignado —contestó Edward—. Por lo pasado y por lo reciente. Las dos cosas me han amargado la vida.

A Bella le sorprendió que la abuela estallara en una sonora carcajada.

—Hablaré más tarde contigo —le dijo la anciana a su nieto cuando se recuperó de la risa.

Tan perceptiva como su nieto, la abuela logró leerle el pensamiento a Bella.

—Estás asustada, ¿verdad? —dijo la vieja dama—. Sin duda, tienes miedo de lo que pueda pensar de ti apareciendo junto a mi nieto con esa falda tan corta. ¿Acaso no te ha dicho tu madre que la carne de los hombres es débil?

—Mi madre ha muerto —respondió Bella.

—Pues, entonces tu padre —insistió la abuela.

—También está muerto —contestó esta vez Edward—. Y deberías saber, abuela, que molestar a la gente con preguntas inoportunas es algo que no deben hacer ni las ancianas como tú.

La vieja dama ignoró la expresión de asombro de Bella y le rogó a su nieto que se acercara.

—Oh, vamos. Dame un beso.

Edward dio unos pasos y se inclinó sobre su abuela, la besó y ambos intercambiaron unas palabras en griego. Sin saber por qué, Bella se sintió triste.

—Y ahora, tú —le dijo la abuela a la joven. Bella se acercó y la besó en la mejilla llena de arrugas.

—¿Qué te has hecho en la mano? —le preguntó la vieja dama.

Bella se lo explicó. Entonces, la anciana se descubrió el brazo izquierdo y trató de levantarlo, en vano.

— Yo tampoco lo puedo mover —murmuró ella tristemente.

Entonces, Bella llena de comprensión, la besó impulsivamente en la otra mejilla. La vieja dama aceptó su reacción mostrando cierta tristeza.

Sin embargo, su voz era arisca como nunca cuando tomó de nuevo la palabra.

—Ahora, marchaos —les ordenó—. Estoy cansada. Te veré luego, Edward, antes de retirarme.

Bella se acercó a Edward.

—Por supuesto —accedió el hombre.

—Pero quiero que vuelvas mañana para hablar del vestido de novia —le dijo la anciana a Bella—. Veremos si podemos añadirte unos diez años más y así evitar un nuevo escándalo en la familia.

Bella se quedó pensando a qué otro escándalo se referiría. Pero Edward le puso la mano en la espalda y la instó a caminar.

—A mí me gusta tal y como es —dijo el hombre antes de salir, con firmeza.

—¿Piensas que acaso no lo sé? —repuso la anciana.

Edward se echó a reír y siguió haciéndolo mientras cerraba la puerta.

—Le hace sentirse fuerte discutir conmigo —le ex plicó él a Bella.

—Sí, ya me lo imagino —sostuvo ella, mientras se alejaban por el pasillo.

—Sé que resulta arisca —añadió Edward—. Pero es, simplemente, que se siente impotente por la edad.

Bella pareció comprenderlo y aquello alivió a Edward.

—La abuela va directamente al grano —continuó explicando el hombre—. Pero no tenía la intención de ofenderte respecto a tus padres.

—Lo sé —dijo Bella—. No tienes que darme más explicaciones. Ella me gusta.

— ¡Estupendo! —exclamó Edward, mientras llega ban al arco que dividía las dos zonas del pasillo.

Ambos por separado se hicieron a un lado para de jar pasar al otro, de forma que se encontraron frente a frente. Bella dejó de respirar, y tuvo la sensación de que había ocurrido lo mismo con Edward. Ante tal tensión, Bella intentó escapar pero Edward le puso la mano en el talle. La estrechó contra él y la besó apasio nadamente.

Era inútil intentar darle otro significado al beso: era puro y simple deseo. Incluso ella que apenas tenía experiencia lo había reconocido y no lo iba a ignorar.

Al contrario, nada más notar los labios del hombre, Bella entreabrió los suyos y se dejó llevar por el saber hacer de Edward. Se vieron envueltos en las llamas ar dientes de la pasión, algo que era totalmente nuevo para ella. Bella se sentía acalorada y sin aliento. La oscuridad del corredor la aturdió de un modo que no hizo más que facilitarle las cosas a Edward.

Este desplazó la mano hacia la parte inferior de la espalda de Bella, acercándola aún más y haciendo que el contacto con la zona que más deseo sentía por ella fuera total. Edward estaba tenso y excitado y acalló el grito de asombro de Bella con su boca. Con la otra mano se dedicó a acariciar rítmicamente el cuerpo de la mujer, estimulando sus sentidos y emborrachándola con ellos.

Permanecieron así durante unos instantes, viendo crecer la intimidad que surgía entre ellos. De pronto, Edward desplazó la mano hacia uno de los muslos de Bella, enfundado en la media de seda. Los dedos sen sibles del hombre palparon la piel desnuda en contacto con el elástico de encaje. Entonces, Bella se unió más aún al cuerpo de Edward con la espalda arqueada.

Jamás había sentido nada parecido. Era algo tan sensual que la inundaba de placer haciendo que le corriera fuego por las venas.

Súbitamente, en el pasillo alguien abrió una puerta. Los dos se separaron avergonzados como si fueran dos adolescentes en apuros.

continuara...


No se que tan largo haya quedado, pero espero que lo suficiente para que perdonen mi atraso.

Pensaba subir la ultima parte en el prox cap, pero decidi subirla ahora con el mismo proposito que lo anterior.

Espero que les haya gustado el cap, y una vez más perdon por el atraso, pero la u se esta volviendo algo pesada.

Muchas grax por todos los reviwe recividos, (67, antes necesitava al menos 20 caps para tener tantos, jijiji)

Según mis archivis (donde tengo el libro), ya vamos más o manos a la mitad del fic, y preparense, que ya viene lo mejor.

Y un avisito, mi nombre de usuaria ya no sera alma1991 sino .angel-91

Bue, grax por su atención, besos helados y abrazos apretados para todas(os), nos leemos pronto.

Xau xau

ale