Capítulo 1: El despertar

La habitación estaba en silencio, sólo interrumpido por los movimientos de una vieja mujer que hacía sus quehaceres y por los juegos de una pequeña niña. De repente el chico de cabellos negros como el azabache que estaba acostado en una esquina de la habitación se despertó abruptamente, semi incorporándose e inspirando profundamente como si hubiera estado aguantando la respiración. Aún recordaba el intenso calor y el dolor que acababa de sentir antes de caer en la inconsciencia.

Se sentó y entonces se dio cuenta de que estaba sujetando algo con la mano izquierda, un bastón dorado, algo pesado y ricamente decorado en los bordes. De hecho parecía que las figuras que se veían en los bordes simbolizaban a un mono. Cambió el bastón de mano y entonces un papel cayó al suelo, que parecía haber estado entre la mano izquierda del chico y el bastón. Lo cogió y lo leyó:

"Llegará uno que invocará a este bastón sin darse cuenta. El bastón acudirá a la llamada de aquel que tiene que devolverlo a su legítimo dueño y siempre que se separe de él, acabará volviendo; pues destino de hombre y arma serán uno hasta la devolución."

Se levantó completamente y entonces se fijó en sus ropas. No eran suyas, pero se parecían a algún traje que tenía, o eso creía. Intentó recordar, pero fue incapaz; por mucho que intentaba concentrarse algo parecía cubrir su memoria. Lo único que recordaba ahora mismo era que había bebido una poción y sentido un enorme calor y cierto grado de dolor.

Pero no le preocupaba eso ahora mismo. Miró a su alrededor para descubrir dónde estaba e intentar encontrar algo familiar a lo que amarrarse. La habitación (más bien la casa por lo que pudo ver, no había más habitaciones) estaba algo sucia y no había ningún electrodoméstico. De hecho parecía ser todo muy al estilo medieval. Y algo le decía que eso no era normal, por mucho que no se acordase.

Vio a la niña jugando y a la vieja mujer delante de una olla en el fuego. La mujer giró la cabeza y al verlo despierto cogió rápidamente un pequeño vaso (o taza) de madera, la llenó del líquido de la olla y se le acercó hablándole en un idioma incomprensible para él.

El chico reculó un poco, pero finalmente cuando consiguió calmarse aceptó lo que parecía ser un caldo.

Cuando lo acabó, le devolvió el recipiente y salió afuera. Estaba en un pequeño pueblo rodeado por montañas y naturaleza. Todo era de color verde por allí. Las casas eran de piedra y los techos estaban hechos de paja. La gente, toda de aspecto oriental, iba de un lado a otro transportando cosas. Otros araban la tierra y llevaban sombreros de paja seguramente para protegerse del sol y no sufrir una insolación. También había animales sueltos por allí, gallinas, gallos, bueyes… Algunos niños jugaban y a lo lejos se podía distinguir a gente trabajando en lo que parecían campos de arroz.

Al chico todo aquel ambiente le resultaba extraño, pero no lograba recordar el porqué. Ignorando las preguntas de su cabeza se acercó a uno de los hombres con la intención de averiguar algo.

- Perdone –dijo el chico-, no sé dónde estoy. No sé cómo he llegado hasta aquí…

El hombre empezó a hablarle en el mismo idioma en el que había hablado la señora, y al mismo tiempo hacía algún gesto con las manos. Por lo que pudo entender el chico gracias a los gestos, lo habían encontrado tirado a un lado del camino a la entrada del pueblo y con el bastón en la mano. Y aunque lo habían intentado, no habían podido sacárselo. Lo había agarrado con mucha fuerza estando inconsciente.

También le dijo otra cosa que el chico no entendió, y cuando iba a preguntar escucharon un relincho de caballo a lo lejos. Tanto él como el hombre miraron hacia el camino y observaron cómo se acercaban hombres armados a caballo a lo lejos.

El hombre le miró asustado y le dijo algo más, señalando hacia las casas. El chico no entendió nada pero al ver al hombre correr en esa dirección lo siguió. Le vio decirles cosas a los demás y también se habían puesto en movimiento. Algunos cogieron a los niños y se los llevaron detrás del pueblo.

De repente los hombres a caballo llegaron y el chico se escondió detrás de uno de los montones de paja que había acumulados casi a la entrada del pueblo. Esos hombres tenían la pinta de ser soldados, pues iban todos vestidos con similares armaduras y dos de ellos llevaban algo que parecían un portaestandarte.

El que parecía el general de ese contingente dijo algo en voz alta y los soldados empezaron a entrar en las casas. El chico vio con horror como cogían a las mujeres jóvenes y las encerraban en una especie de jaula que llevaban con ellos. Los hombres intentaban resistirse, pero acababan muertos por acción de las espadas de los soldados. El chico vio concretamente como un hombre corría detrás de los soldados que habían cogido a una mujer, pero otros dos lo agarraban y le clavaban una espada por la espalda.

El resto simplemente intentaba huir, pero no podían. Los demás soldados los perseguían y mataban. El chico no era capaz de reaccionar al ser testigo de tal matanza; sólo esperaba que los niños estuvieran a salvo.

El general entonces miró en dirección a donde estaba el chico y lo vio, y empezó a gritar algo a sus hombres. El chico, temiendo por su vida, empezó a correr por el camino fuera del pueblo. Pero tres jinetes iban tras él y pronto lo alcanzaron y rodearon. Mientras giraban en torno a él empezaron a decirle algo, pero el chico no entendía.

De repente por el otro lado del camino se acercó un burro, en el que iba montado al revés y dormido un hombre de ropas azules, pelo negro muy largo (le llegaba por debajo del cuello) y con una calabaza (que debía usar a modo de cantimplora) en la mano, e increíblemente la tenía derecha para no derramar el líquido que contenía.

Al llegar a donde estaban el chico y los soldados aún a caballo el burro se paró y el hombre se cayó al suelo, despertando si es que estaba dormido. Se semi incorporó y vio al chico rodeado por los soldados mientras tomaba un sorbo de lo que hubiese en su calabaza.

Tanto el chico como los soldados lo ignoraron. No era importante. Los soldados parecían señalar el bastón que llevaba el chico, y él preguntaba.

- ¿Esto? ¿Quieren esto?

El hombre se levantó del todo y bebiendo otro trago se acercó tambaleándose. Parecía estar borracho. Se acercó a los soldados diciendo algo y con una sonrisa tonta en la cara. Un soldado intentó darle una patada desde el caballo, pero el hombre le agarró la pierna y se echó para atrás, tirándolo del caballo.

Los otros dos soldados se bajaron de sus caballos y sacando sus espadas fueron a por el borracho. Pero él, mucho más ágilmente de lo que parecía ser, los esquivó y golpeó, y en todo momento parecía que no se controlara a sí mismo; es decir, parecía estar muy borracho y sus movimientos, aunque rápidos y certeros, parecían ser producto de la borrachera.

Y mientras tumbaba a uno de ellos y se caía encima de él, bebía otro sorbo de su calabaza. El último soldado que quedaba en pie intentó rebanarle el pescuezo ahora que estaba en el suelo, pero el hombre se levantó de un único movimiento en la dirección contraria a la que provenía la espada. Esquivó un par de veces más la espada del soldado, y mientras se caía hacia atrás (por propia voluntad) le dio una patada en la cara al soldado dejándolo inconsciente por el momento.

El hombre se levantó aún tambaleándose como si estuviera borracho (aunque al chico le parecía que había luchado demasiado bien para estarlo) y con esa sonrisa tonta en la cara. Miró al muchacho, y al ver el bastón se puso serio. Las figuras en forma de mono le llamaron la atención.

Se acercó al chico diciendo algo en ese idioma y señalando al bastón.

- Lo siento, no le entiendo.

El hombre, ya delante de él, volvió a hablarle.

- Oiga, le he dicho que no le entiendo –repitió el chico, pero diciéndolo algo más lentamente como si estuviera hablando con un tonto.

El hombre dejó de mirar al bastón y miró al chico a los ojos.

- ¡Eso es porque no escuchas! –le respondió.

El chico quedó en silencio, pero vio detrás del hombre a uno de los soldados que se había despertado y se acercaba a ellos.

- ¡A su espalda!

El hombre se giró de un saltó y volvió a tumbar al soldado. Entonces rápidamente se acercó a su burro, cogió todas sus cosas y las puso en uno de los caballos de los soldados.

- ¡Ven! ¡Sígueme!

El hombre ayudó a montar al chico detrás de él y partieron al galope por el camino antes de que los demás soldados se dieran cuenta.

Pararon casi al anochecer, cuando estaban en una ciudad. Entraron en la taberna, que era un local de dos pisos (bajo y primero). El primer piso estaba hueco en el centro, desde donde se veía el bajo del local. Ellos subieron allí y se sentaron en una de las mesas libres. Al chico le llamó la atención la altura de la mesa, muy bajita, por debajo de la rodilla, y tenían que sentarse en el suelo encima de unos cojines. Algo le decía que él no estaba acostumbrado a eso. El hombre pidió comida y vino, y cuando se lo sirvieron se dispusieron a hablar.

- No sé dónde estoy, ni cómo he llegado aquí, ni quiénes eran los que querían matarme; pero lo que ha hecho antes ha sido espectacular.

- No, puño borracho. Es el kung-fu secreto del sur. Soy Lu Yan, erudito ambulante. ¿De dónde vienes, monje? –preguntó mientras bebía un sorbo de vino.

- No soy un monje. Me llamo… -el chico intentó recordar y forzar su memoria. Después de unos momentos la niebla que había en su cabeza pareció desaparecer momentáneamente para darle la información que buscaba- Harry, Harry Potter; de Inglaterra. Me cuesta mucho recordar, como si todos mis recuerdos estuvieran tras una espesa niebla. Tengo que esforzarme mucho para recordar las cosas más simples, como mi nombre. Y si lo intento con otras más complejas entonces empieza a dolerme la cabeza. Lo último que recuerdo es haber bebido algo que me produjo un calor inmenso y cierto dolor. Y unas palabras… después desperté en aquel pueblo.

El otro asintió mientras comía algo.

- ¿Esto es un sueño? –preguntó Harry.

- No. El lugar de dónde vienes es el sueño, a través de la puerta sin puerta.

Harry lo miró sin comprender.

- ¿Y eso es… como un agujero de gusano?

- No. Significa que o eres un maestro zen, o traes algo realmente especial –dijo señalando al bastón.

- ¿Esto? Ni siquiera sé cómo lo obtuve, aunque venía con una nota extraña que decía que acudiría a la llamada de aquel que lo invocara sin saberlo y que no se separaría de él hasta que lo devolviera a su legítimo dueño o algo así –Lu lo siguió mirando muy serio-. ¿Qué?

- Según una profecía, "Llegará un buscador para devolver el cayado y acabar con el reinado del señor de Jade."

- ¿Devolver el cayado a quién?

- Al rey Mono. Nacido de una piedra, en una montaña de frutas y flores. Con su arma en la mano, su chi se convirtió en fuego. Su bastón luchaba como por arte de magia. Desafió el orden de la tierra, pero el ejército de Jade no pudo vencerle. El rey mono aplastó a todos los soldados que enviaron a detenerle. Con su cayado mágico, era invencible. Las noticas de su desobediencia llegaron al corazón del reino prohibido y a la montaña de los cinco elementos, tierra de los inmortales.

Lu se bebió el resto de su vaso de vino y se sirvió más de la jarra antes de seguir.

- Una vez cada 500 años, el emperador de Jade ofrece el banquete del melocotón. Es ahí, donde los ministros celestiales se reúnen para celebrar su longevidad y beber el elixir de la inmortalidad. Un solo sorbo de ese brebaje celestial te da la vida eterna, te libera del sufrimiento mortal y del deseo.

Otra pausa para beber otro sorbo de vino.

- El rey Mono se coló en el banquete sin que nadie le invitara. El emperador de Jade quedó encantado con el rey Mono, pero al señor de la guerra de Jade no le hizo la menor gracia. Como jefe del ejército, el señor de la guerra le ordenó al rey Mono que se doblegara ante él; a lo que el rey Mono respondió con burla y provocación. Dos soldados atacaron, pero el rey Mono fácilmente los noqueó. El emperador de Jade dijo que el rey Mono sólo era poco refinado, que le dieran un título y lo dejaran ir. Y satisfecho al ver que todo iba bien tanto en el cielo como en la tierra el alto emperador supremo partió a empezar sus 500 años de meditación, dejando al señor de la guerra de Jade al mando por mandato celestial.

Otro sorbo de vino y otra pausa que servían para que Harry asimilara la historia.

- Pero en vez de obedecer la orden del emperador de Jade, el señor de la guerra retó al rey Mono a un duelo. En lo más alto de la montaña de los cinco elementos, en el palacio del señor de la guerra; se libró la batalla de los inmortales para demostrar de una vez por todas quién poseía las habilidades más supremas. El señor de la guerra luchó primeramente con su arma, y después utilizó su chi-magia para lanzarle todas las armas de la sala. Pero el rey Mono se defendía a la perfección usando su bastón. Finalmente, el señor de la guerra le provocó y dijo de luchar puño contra puño. El rey Mono era demasiado confiado y creyó las palabras del señor de la guerra, dejando a un lado su arma mágica. Pero tan pronto lo hizo el señor de la guerra utilizó su chi-magia para convertirlo en piedra. Al darse cuenta de que le había engañado, el rey Mono envió el cayado al reino medio, y él empezó a convertirse en piedra. Como era inmortal, el señor de la guerra no pudo matar al rey Mono; sólo le dejó allí, atrapado en una coraza de piedra, esperando a que el buscador de la profecía le devuelva su imponente arma y le libere al fin.

Lu hizo otra pausa para comer algo más.

- O al menos eso fue lo que yo oí, hace mucho tiempo –tomó otro sorbo de vino-.

- ¿Cuánto tiempo lleva así?

- 500 años. Década más, década menos. Dicen que cuando el rey Mono sea liberado, regresará el emperador de Jade.

Mientras decía esto, Harry se fijaba en una hermosa chica que estaba en una columna y tapada bajo una capucha tocando una lira. Y aunque estaba lejos de ellos, parecía estar mirando en su dirección.

- ¿Cómo vuelvo a casa? –preguntó Harry olvidándose de la chica. Por alguna razón la imagen de otra chica había llegado a su mente, aunque no recordaba ahora quién era.

- Deberás llevar el cayado a la montaña de los cinco elementos. Tienes que liberar al rey Mono –añadió lo último en un susurro.

- Yo no puedo liberarle. ¡Tengo que volver a casa! Sé que tengo que hacer algo importante allí…

- ¡Eh, posadero! ¡Más vino!

- ¿No cree que ya ha bebido suficiente?

- El vino es mi inspiración –dijo mientras una hermosa camarera les servía otra jarra de vino y se llevaba la vacía-. En algunas partes, me conocen como el poeta. Gambé.

Y empezó a beber un poco más. Entonces llegó el posadero con una bandeja en la que había un papel que debía ser la cuenta, tendiéndosela a Lu.

- Y en otras se me conoce como el mendigo –dijo girando la bandeja y al posadero hacia Harry, y ahora el posadero lo miraba a él.

Harry miró en sus bolsillos para ver si tenía algo, y encontró un par de monedas de oro que puso encima de la cuenta.

El posadero miró extrañado las monedas. Nunca había visto algo así, pero eso dejó de preocuparle al ver que eran de oro. Todo contento se levantó y fue a enseñárselas a su mujer, quién abrió los ojos y le dijo algo que debía significar: "Mándales a las chicas y que se aseguren de dejarlos contentos."

Mientras Lu, que parecía que había decidido dejar de beber, cogió su calabaza y la llenó con el resto del vino de la jarra.

De repente unos soldados entraron y subieron al piso de arriba que es dónde estaban Harry y Lu. Al verlos se dirigieron hacia ellos.

- ¿Qué hacemos ahora? –preguntó Harry.

- ¿Te defiendes con el kung-fu?

- ¿Uh? –Harry no tenía ni idea. Como que no era capaz de despejar su niebla mental para contestar a esa pregunta. Ahora mismo era un completo ignorante en cualquier materia.

- Ah… El que habla no suele saber. El que sabe no suele hablar, seguro que eres todo un maestro –dijo sonriendo.

Ambos se levantaron y Harry agarró el bastón. Lu se dirigió hacia los soldados.

- ¿De dónde ha sacado esa arma? –preguntó el soldado.

- Es una falsificación. Se puede encontrar lo que sea en la ruta de la seda…

- Aparta andrajoso.

El soldado se dirigió hacia Harry.

- Dámelo –ordenó.

Harry no hizo nada aún, sopesaba sus opciones.

- Vamos, dame el arma o morirás –dijo empezando a sacar su espada.

Harry miró algo asustado la espada, luego miró a Lu, quien le asintió, y le tiró el bastón a él. Lu le tiró el vaso que tenía en la mano al soldado para coger el bastón y el soldado cogió el vaso por puro reflejo. Lu entonces le tiró el arma al soldado tirándolo y volvió cogerla a tiempo para golpear con ella a otro soldado que le venía por la izquierda y justo después volvió a golpear al primero que se empezaba a levantar.

Con el pie envió volando la pequeña mesa en la que habían estado bebiendo hacia el soldado de la izquierda que lo dejó inconsciente y mientras cogía su calabaza (ahora llena de vino) volvió a golpear al primer soldado, dejándolo esta vez inconsciente.

- ¡Corre! –le dijo Lu a Harry señalándole hacia las escaleras.

Harry le hizo caso y se precipitó hacia allí, pero se detuvo al ver a unos cuantos soldados a punto de subir. Pero Lu, que iba tras él chocó con él y Harry casi cae por ellas si Lu no lo hubiese agarrado a tiempo.

El primer soldado que subía intentó atravesar a Harry, pero Lu tiró de él con fuerza a tiempo y lo mandó hacia atrás, cayendo encima de otra mesa y rompiéndola. Lu dio una patada al primer soldado que subía, lo que provocó que se cayera encima de los que venían por detrás.

Harry intentó levantarse para ir en dirección contraria por las otras escaleras, pero un grito proveniente de esa dirección le hizo agacharse nuevo. Un soldado saltó por encima de él hacia Lu, pero él saltó también en esa dirección y lo tiró de otra patada. Empezó a defenderse de los demás que acababan de llegar bloqueando sus ataques con el bastón. Harry se puso detrás de él, apoyado en la valla que daba al centro del cuarto y desde donde se veía a más soldados abajo yendo hacia las escaleras.

En un momento dado, Lu para defenderse tuvo que echarse para atrás y Harry se cayó por encima de la valla, pero se agarró a tiempo antes de caerse desde el primer piso. En ese momento Lu consiguió noquear a los cuatro soldados con los que se enfrentaba y antes de que vinieran más buscó a Harry.

- ¡Lu, ayúdame! –exclamó Harry.

Lu, al verlo, intentó agarrarlo, pero venían más soldados así que saltó por encima de la valla hasta el primer piso intacto (a pesar de ser una altura un poco considerable). Harry no pudo aguantar más y le resbalaron las manos, pero Lu se dio cuenta e intentó cogerlo; acabando en el suelo con Harry encima de él.

Más soldados venían, aunque ahora tenían que bajar las escaleras porque ya todos habían subido.

- ¡Arriba! –exclamó Lu empujando y lanzando con fuerza a Harry por los aires hacia los soldados y tirando a dos de ellos; quedando Harry un poco adolorido.

Lu se levantó rápido para defenderse de otros dos que venían en dirección contraria.

Harry se levantó como pudo con el cuerpo algo adolorido. Lu se le acercó, lo levantó del todo y dijo dándole el bastón.

- ¡Defiéndete!

- ¿Qué?

Lu no contestó, si no que agarró a Harry y lo agachó lo suficiente como para que la espada que le venía por detrás no le rebanara el pescuezo. Después lo golpeó en la cara antes de darse la vuelta y empezar a luchar contra el grupo que venía por allí.

Harry no sabía qué hacer. Unos cuantos soldados vinieron en su dirección y el intentó golpearlos con el bastón un poco a lo bestia. Pero cuando uno de ellos estuvo a punto de darle algo hizo "clic" en su cabeza. Se vio de repente a sí mismo en su mente bloqueando un ataque de alguien de determinada manera y después haciendo un determinado contraataque. Instintivamente hizo lo mismo, no teniendo tiempo para pensar ahora en lo que acababa de pasar.

Lu noqueó a todos los que estaban de su lado y se dio la vuelta para ayudar a Harry, pero durante unos segundos se lo quedó viendo. El chico peleaba y usaba el bastón a lo bestia, evidenciando claramente que no sabía cómo usarlo; pero en determinados momentos hacía instintivamente movimientos muy buenos que demostraba que en algún momento aprendió algo aunque ahora no lo recordase.

Pero en seguida se espabiló y agarró el bastón por detrás de Harry. Él le miró pero Lu sólo le señaló a otro soldado.

- ¡Ahí! -y empezó a mover el bastón que Harry aún seguía sosteniendo para bloquear los ataques como si fuera una espada.

Un soldado intentó atacar a Lu por la espalda, sin embargo Lu echó el bastón para atrás y le dio. Ahora Harry y Lu estaban sosteniendo cada uno un extremo del bastón. Lu le dio una patada a otro que le venía por su lado y levantó a Harry con el bastón por los aires para que cayera encima de otro mientras que él cambiaba de lado y luchaba contra los que habían intentado atacar a Harry.

Harry quedó en el suelo, aún más adolorido que antes, y aún sujetando el extremo del cayado; pero dos soldados fueron a por él. Lu, que parecía tener ojos en la nuca para defender a Harry además de a sí mismo, tiró del bastón para deslizar al chico por el suelo y al mismo tiempo hacer tropezar a varios soldados que venían en otra dirección (nunca se acababan). Harry soltó el bastón y acabó en una pared algo adolorido. ¿El resto de los soldados? Como que lo ignoraron, la verdadera amenaza era el andrajoso. Lu luchó contra ellos, noqueando a los pocos que quedaban en pie y mandando de un bastonazo a los dos últimos a través de la pared de papel.

Para su desgracia, Lu vio como otro batallón acababa de ver caer a esos fuera del local e iban corriendo hacia él. Se quejó al aire y fue hacia donde estaba Harry.

- ¡Vámonos! –dijo levantándolo y ambos echaron a correr escaleras arriba, dónde salieron por otras escaleras hacia los balcones y el tejado.

Corrieron por los balcones hasta llegar al final del camino, desde donde se veía el suelo a una altura considerable. Lu se subió a la barandilla pensando que había algún tejado debajo, pero al descubrir que no lo había casi se cae intentando echarse para atrás, sin embargo cuando logró controlar el equilibrio buscó alguna otra opción. Como no la encontró saltó hacia un tejado cercano pero más bajo, y después a otro.

- ¡Salta! –le dijo a Harry desde donde estaba.

- ¡No puedo hacerlo! –exclamó Harry.

- ¡No lo pienses, hazlo!

Harry pasó por encima de la barandilla, pero los soldados ya habían llegado a donde estaba Harry. Dos de ellos estaban a punto de darle con sus espadas, pero repentinamente dos afiladas cuchillas atravesaron el aire y se clavaron en los cuellos de los soldados, matándolos al instante. Harry buscó con la mirada a su salvador, y descubrió que no era otra que la chica que había estado tocando la lira dentro del local. Ahora que no estaba oculta bajo una capucha se podía distinguir su hermosa silueta. Sus ojos eran marrones, y tenía el pelo largo, liso y negro; además de estar sujeto con un pasador. Aunque había algunos mechones libres a la acción del viento y que se interponían en su cara.

- ¡Vamos, salta! –volvió a exclamar Lu tendiendo el bastón hacia el muchacho para que se agarrara en la caída.

Harry saltó antes de que llegaran los demás soldados y se agarró al bastón, lo cual redujo la velocidad de caída. Sin embargo Lu no pudo con el repentino peso y se le cayó el bastón, por lo que la caída de Harry continuó hasta el suelo, donde milagrosamente no se rompió ningún hueso. Pero por culpa de su peso Lu perdió el equilibrio y se cayó también, aunque por suerte para él encima de Harry, que evidentemente era mucho más blando que el suelo.

- Gracias –dijo levantándose y ayudando a levantarlo antes de echar a correr los dos.

Los soldados, desde arriba, corrieron para bajar de nuevo, pero ellos por las escaleras. Porque aunque querían matarlos, tampoco estaban dispuestos a intentar aprender a volar…

Lu y Harry se detuvieron ante la chica de la lira, que estaba noqueando a dos soldados que se habían quedado abajo, o que quizás habían despertado de la paliza que les dio Lu.

- ¡Vaya! –exclamó Lu-. Que destreza, hija. ¿Eres de las montañas del norte?

- Ella es Gorrión dorado del sur –respondió un poco cortantemente la chica montando en unos de los tres caballos que había allí ensillados.

Lu se subió a otro de los caballos de un salto, pero a Harry le costó un poco más; necesitó la ayuda de Lu. Una vez los tres listos empezaron a cabalgar por las oscuras calles de la ciudad, pero iluminadas por las luces de las casas y locales en los que había actividad, pues aún era algo temprano.

El problema es que no tardaron mucho en tropezarse con una patrulla que les cortaba el paso, por lo que tuvieron que parar y dar media vuelta. Evidentemente la patrulla los empezó a perseguir, y a ellos se les unió otra que también se interponían en la dirección en la que iban ahora nuestros protagonistas.

¿Qué hicieron ellos? Escapar por cualquier parte. Entraron a caballo y al galope en lo que parecía un burdel de clase alta (es decir, reservado para aquellos de nobles con bastante dinero); y lo atravesaron interrumpiendo no pocos espectáculos privados. Eso sí, las chicas se asomaron al pasillo principal que por el que iban los caballos y sus jinetes; algunas eran unas verdaderas preciosidades que vestían suaves telas de seda que se ajustaban perfectamente a sus bellos cuerpos sin mostrar demasiado, sólo lo suficiente para dar un aire más seductor…

Pero eso es desviarse del tema principal. Las chicas (que por cierto, todas eran morenas. Por lo visto no les gustaba la variedad) se ocultaron al ver pasar a los soldados.

Lu, que iba en cabeza portando una gran sonrisa (por qué será…) se le borró al ver que se estaban acercando a una pared (aunque estuviera hecha de papel. ¿Qué sentido tiene que estas construcciones orientales tengan paredes y puertas de papel? ¿Les protege mejor de la lluvia que la piedra? ¿Silencia mejor los ruidos de fuera y/o de dentro? Quién sabe, a lo mejor se les acabó el presupuesto…). Lanzó un pequeño grito y se tapó la cara. Atravesó la pared seguido por los otros dos y entraron a la oscuridad del bosque, pues tuvieron la suerte de que el local estaba justo en las afueras…

Galoparon bastante hasta estar seguros de haber dejado atrás a los soldados, y después otro par de horas para asegurarse de tener ventaja adoptaron un ritmo más lento pero menos cansado para los caballos. Estuvieron en marcha toda la noche, y pronto amaneció.

Con las primeras luces todos ya estaban más relajados. Después de esa noche de ventaja a los soldados no les iba a ser fácil localizarlos en ese bosque.

- Nos has salvado la vida –dijo Harry a la chica-. No sé qué habríamos hecho si no hubieses aparecido.

- Ella no cree que el inmortal borracho necesitase que le salvaran la vida.

Harry miró rápidamente a Lu, que cabalgaba delante de ellos sonriendo por las palabras de la chica.

- ¿Es inmortal? –preguntó Harry.

- ¿De qué huyes, muchacha? –preguntó Lu a la chica, ignorando la pregunta de Harry.

- Caza recompensas que intentan impedir que ella llegue a la montaña de los cinco elementos.

Ante esas palabras Lu se puso serio y detuvo al caballo, por lo que la comitiva también se detuvo. Se dio media vuelta, bajó del caballo y les dijo:

- Sugiero que cabalguéis hacia el oeste, y que sólo paréis para abrevar a los caballos.

- ¿Usted no viene? –preguntó Harry.

- Viajando a la montaña de los cinco elementos cruzaréis praderas y desiertos, zonas de grandes peligros; pero lo peor es que no hay vino.

- El vino es su elixir. Cada inmortal tiene el suyo –dijo la chica.

- Lo lamento mucho, pero sin vino perecería, tienes que entenderlo –dijo Lu con una sonrisa.

- No, usted debe entender esto –dijo Harry bajando del caballo y acercándose a Lu-. Sé que estoy aquí por alguna razón, pero esto es una locura.

- ¿Quieres volver a casa? –preguntó Lu acercándose más a Harry.

- Sí.

Entonces Lu le hizo la zancadilla a Harry y lo tiró al suelo.

- Escúchame bien, si mueres aquí te encontrarán muerto en el mundo que dejaste atrás. ¿Lo entiendes?

Esas palabras hicieron que algo en la cabeza de Harry volviera a hacer "clic" y resonaron unas palabras que había escuchado justo antes de llegar a aquel lugar:

"Recuerda lo siguiente: Pase lo que pase y enfrentes a lo que te enfrentes ¡SOBREVIVE!"

Harry salió de sus recuerdos y asintió.

Lu agitó su calabaza.

- Ayer apenas pude llenar la calabaza y no durará mucho tiempo. Tengo que irme, adiós.

Lu se fue hacia su caballo y empezó a caminar en dirección contraria a la que iban. Harry se levantó, algo le decía que no quería que Lu se fuera. Quizás era porque fue la primera persona de aquel lugar con la que pudo hablar y le ayudó.

- Lu, espere.

- Deja que se vaya –dijo la chica-. Eres tú el que tiene que devolver el cayado, y no él. ¿Qué tal tu kung-fu?

- No sabe nada sobre kung-fu –dijo Lu mientras se iba-. Parece que antes sabía algo pero está atrapado en su memoria.

- Lu, espere. Enséñeme. Ayúdeme a recordar. Enséñeme a luchar.

Esas palabras detuvieron a Lu, quien suspiró resignado.

Durante los siguientes días Harry tuvo que estar despejando maleza con un trozo de caña de bambú.

- ¡Giros suaves, golpea fuerte, al mismo tiempo! –exclamó Lu, quién iba por detrás con Gorrión en los caballos esperando a que Harry despejara la suficiente maleza (que mira que estaba alta, debía de medir entre metro y medio y dos metros) como para avanzar.

- Llevo varios días abriendo camino entre la maleza, y usted siempre diciéndome lo mismo. ¿No puede al menos hacerme una demostración de cómo es bien hecho?

- ¿De verdad quieres una demostración?

- Sí –dijo Harry.

Lu se bajó del caballo, se acercó a Harry, le cogió la caña de bambú y le dio un golpe circular con ella.

- ¡Auh! –se quejó Harry.

- Así se hace –dijo Lu volviendo a su caballo.

- ¿Por qué me ha golpeado?

- Para que dejes de quejarte. Esto no es algo que te tengan que enseñar. Es algo que tienes que aprender por ti mismo. Por mucho que te diga cómo hacerlo vas a olvidarlo enseguida. Eres tú quién tiene que buscar la forma correcta de hacerlo. Es tu cuerpo quien debe aprender el movimiento, no tu mente. Ahora sigamos.

Harry suspiró y volvió a darse media vuelta, para seguir despejando la maleza.

Pasaron los días y por fin uno se acabó la maleza y entraron en un bosque de cañas de bambú. Decidieron descansar allí y continuar al día siguiente. Lu estaba delante del fuego que habían encendido calentando agua en una especie de tetera.

- Hoy recordé que en una ocasión me tuve que enfrentar a varios hombres que intentaban robarme algo –dijo Harry acercándose al fuego. Lu le tendió una taza de madera-. Gracias. Después de concentrarme mucho también pude recordar cómo los había derrotado esquivando sus ataques –Lu cogió la tetera y empezó llenarle la taza de agua caliente con una sonrisa-. Gracias. También recuerdo que en una ocasión alguien me había atacado con una patada voladora. ¿Me enseñará también eso? –Lu seguía echándole agua a pesar de que la taza ya estaba llena y el agua empezó a desbordar-. Ya vale, gracias –Lu seguía-. ¡Ya está llena!

- Exacto –dijo Lu parando-. ¿Cómo puedes llenar tu taza si ya está llena? ¿Cómo quieres aprender si ya tienes tantos conocimientos que tratas de recordar? Nada de recordar cómo esquivar o cómo hacer patadas voladoras. Vacía tu taza.

Harry se quedó callado y bebió parte del líquido caliente pensando en las palabras de Lu.

- Olvídate de recordar lo que sabes. Ahora mismo no sabes nada, y cuando tratas de sacar a la luz lo que una vez supiste simplemente pierdes el tiempo en algo inútil. No es tu mente la que tiene que recordar, si no que es tu cuerpo. Afánate en aprender lo nuevo, esfuérzate por comprenderlo. Cuanto más busques algo menos posibilidades hay de encontrarlo. Piensa en lo que te he dicho.

Harry bebió un poco más y dejó la taza allí. Caminó en otra dirección reflexionando e intentando comprender lo que le había dicho Lu. Más con cada paso se escuchaba cada vez más alto una melodía procedente de un laud.

El chico llegó a donde estaba la chica tocando su negro laud y se sentó a su lado. La chica dejó de tocar y le miró.

- Dicen que la música es un puente entre la tierra y el cielo –dijo ella.

- Es precioso –dijo Harry simplemente.

La chica le pasó el instrumento.

- Pertenecía a su madre –explicó ella con un tono algo más triste, pero aún mirando al chico a los ojos.

Un trueno entonces los interrumpió, y ambos miraron hacia el cielo preguntándose cuánto duraría la calma que tenían antes de la tempestad.


Aquí llega la primera parte del famoso viaje que hizo Harry al beber la poción "Vista de Espanto".

Basado en la película "El reino prohibido", así que si quereis ver las escenas de acción, mirad la película, mis descripciones no son más que pésimos susitutos.

Sé que dije que iba a ser un one-shoot, pero no quería que fuera demasiado largo el capítulo así que lo divido en partes. Habrá dos o tres capítulos más.

Espero que os haya gustado.