Capítulo 2: El entrenamiento

En lo alto de una montaña, en el interior de un lujoso palacio se encontraba el señor de la Guerra de jade. En su presencia había dos mujeres, una chica que rondaría los 20 como mucho, y la otra tendría unos diez años más. Ambas estaban ricamente vestidas pero tenían una mirada asustada.

El señor de la Guerra se acercó a la mayor y le acarició la mejilla sin cambiar ni un ápice esa cara tan seria y fría que tenía.

De repente tres soldados entraron en la habitación y uno de ellos habló.

- Mi señor –dijo uno en su idioma con evidente temor de la reacción de sus palabras.

- ¿Cómo te atreves? ¿No ves que estoy ocupado? –replicó el señor de la Guerra en el mismo idioma (era el de ellos, así que…) sin apartar la mirada de la mujer, en un tono que parecía muy suave y calmado.

- El cayado divino de la leyenda. Lo vieron en el Reino Medio –eso sí que hizo girar al señor de la guerra y mirar a sus soldados.

- Imposible.

- Los campesinos están empezando a hablar de profecías.

- Los mortales siempre hablan de profecías –respondió la mar de tranquilo y acercándose al soldado-. Es su opio. ¿Qué otras noticias ofensivas me tienes?

- Eso es todo, mi señor.

El señor de la guerra cogió una daga del cinturón del soldado y antes de que pudiese reaccionar se lo clavó en el pecho.

- Llama a la bruja, la hija de los lobos –le dijo a uno de los otros soldados, quien asintió y con ayuda del tercero cogió el cuerpo del ahora muerto y se lo llevó de allí-. ¿En qué íbamos?

Harry se despertó abruptamente del sueño que estaba teniendo. Miró a su alrededor pero estaba solo. Respiró un par de veces para calmarse antes de levantarse. Cogió el bastón y llamó a los otros, pero no obtuvo respuesta.

Su mente volvió al sueño que acababa de tener. Se encontraba en medio de una lucha algo insólita, donde los combatientes utilizaban palos y de ellos salían lucecitas extrañas. De repente alguien que estaba cerca de él era alcanzado por una de esas luces y caía hacia atrás atravesando un velo roto que colgaba de un singular arco y desapareciendo. Él, al ver aquello, sintió un terrible dolor; aunque no sabía la razón. Y cuando empezó a buscar al responsable se había despertado bruscamente.

Se dio la vuelta para seguir buscando a los otros dos, pero en su lugar observó a un jinete desconocido completamente vestido de blanco, cubierto con una capucha que le llegaba hasta la frente y con una especie de bufanda que la tapaba casi toda la cara, dejando al descubierto sus ojos.

Harry se quedó mirándolo, al igual que el jinete lo miraba a él; y no pasó mucho tiempo antes de que éste se empezara a acercar. Harry se asustó y dejándose llevar por el pánico echó a correr, lo que provocó que el jinete comenzase la persecución.

Por desgracia para el pelinegro él no era más rápido que un caballo y enseguida el jinete le dio alcance. Entonces le arrebató el bastón y lo hizo tropezar.

Harry se levantó pero el jinete continuó cabalgando al mismo ritmo, por lo que no tardó mucho en alejarse.

De la nada aparecieron Lu y Gorrión, que se acercaron a Harry corriendo mientras verían al jinete a lo lejos.

- ¿Estás bien? –preguntó Gorrión preocupada.

- ¡Harry! ¿Qué ha pasado? –preguntó Lu.

- El cayado –exclamó Harry-. Se lo ha llevado…

Y les explicó rápidamente lo que había pasado.

- El señor de Jade ha enviado a un caza recompensas –dijo Gorrión.

- Estamos perdidos… –murmuró Lu.

Se callaron de repente al escuchar el sonido de una bandada de pájaros que había sido ahuyentada de algún lugar cerca de allí.

Cogieron los caballos y se acercaron con precaución al lugar. Se sorprendieron al encontrar un templo que se notaba que estaba abandonado.

- Ese es su caballo –dijo Harry señalando al animal que estaba fuera-. Estará ahí dentro.

- ¿Por qué iba a refugiarse en un templo? –preguntó la joven.

- Eso es precisamente lo que pienso averiguar. Cuidad de los caballos –respondió Lu cogiendo su calabaza y dándole un trago al poco vino que quedaba, pues en los últimos días no había bebido poco que digamos.

Lu entró en el templo y observó la sala principal llena de polvo y arenilla. Había por doquier estatuas y figuras de piedra representando monjes meditando, soldados…

Casi al otro lado de la sala y dando la espalda a la entrada principal se encontraba el jinete en posición de meditación. Ahora no estaba cubierto por la capucha y se podía ver su cabeza rapada y sin pelo. Tenía toda la pinta de ser un monje.

Dando otro trago a su calabaza Lu se acercó fingiendo cansancio y se sentó delante de él.

- Ah… ¡Descansar es agradable! –se quitó un poco el polvo del pantalón antes de volver a hablar-. Un día duro, ¿eh? Dime, ¿de dónde eres? ¿De la provincia de Shan-Dom?

El otro seguía con los ojos cerrados e ignorándole completamente.

- Tienes pinta de ser de esa provincia. ¿Vienes aquí a menudo? –se calló y al ver que el otro seguía sin hacerle ni puñetero caso fue algo más directo al tema principal-. Ese cayado no te pertenece.

Esas palabras si hicieron reaccionar al desconocido, quién abrió los ojos.

- Tienes que dármelo o alguien saldrá herido –continuó diciendo Lu.

El otro siguió mirándolo impasible, aunque en su mirada casi se podía adivinar una sonrisa que decía: Sí, y ese no voy a ser yo.

Lu bebió otro trago de la calabaza y se la tiró repentinamente al desconocido, quién interpuso su puño y la rompió. Lu entonces intentó coger el bastón, pero el otro también lo agarró con los pies. Ambos hicieron fuerza, pero parece que el desconocido hizo más y consiguió tirar a Lu por encima de él.

Fue en ese momento cuando la lucha empezó…

Mientras tanto fuera estaban los otros dos. Ambos se quedaron en silencio, intentando escuchar algo; pero los únicos sonidos que les llegaban provenían del bosque.

Unos instantes más tarde empezaron a escuchar ruidos provenientes del interior del templo. Se miraron brevemente antes de avanzar un poco y acercarse a la puerta entreabierta. Se asomaron y observaron como Lu y el extraño estaban luchando.

Harry estaba fascinado por lo que veía. Aquella lucha parecía casi una danza, aunque no pocos golpes estaban recibiendo los dos. Una parte de él seguía fielmente cada movimiento, memorizándolos sin darse cuenta. Por otro lado la parte consciente del muchacho estaba preocupado por su amigo. Su adversario era muy bueno.

Pero lo que de verdad le llamó la atención fue cuando más tarde el extraño empujó a Lu contra una de las estatuas de piedra y rompiéndola. Una vez que estaba caído el extraño intentó darle una patada en la cara, pero Lu interpuso la cabeza de la estatua rota, que el otro rompió sin dificultad. ¿Cómo era posible? ¿Cuánta fuerza tenía ese como para ser capaz de romper la piedra?

Lu se levantó y siguieron luchando, alejándose de la entrada; por lo que Gorrión y Harry entraron y se quedaron cerca de la puerta para seguir siendo testigos de lo que ocurría.

Harry se quedó mudo al presenciar lo siguiente. Lu, después de mencionarle al otro algo de un tigre, empezó a atacarle con las manos abiertas como si fueran las garras de un animal. Y en uno de los ataques (que el otro volvió a esquivar) le dio al brazo de otra estatua situada allí y lo rompió con facilidad (el brazo). No sólo eso, momentos después de otro ataque con los dedos de la mano, que simulaba la garra de un animal, golpeó ahora al pecho de la misma estatua con tanta fuerza que la lanzó contra la pared donde se hizo añicos. ¿Cómo diablos había hecho eso usando únicamente los dedos?

La pelea continuó muy igualada. Cuando uno conseguía dar un golpe el otro a los pocos segundos conseguía darle otro en respuesta. Lu consiguió agarrarlo del brazo y con un golpe en el estómago lo lanzó por los aires hacia una rota columna, pero el otro consiguió caer de pie después de girar en el aire y golpeó justo a tiempo a Lu, que acababa de subirse de un salto a la misma columna detrás de él. La patada hizo perder el equilibrio a Lu, pero mientras se caía le agarró la pierna al otro y lo hizo caer con él.

Se levantaron y siguieron en ello. Unas patadas por aquí, unos saltos por allá… Y momentos más tarde repentinamente ambos miraron a lo alto de una de las columnas, donde para sorpresa de los dos espectadores se encontraba el bastón clavado en la piedra en la esquina.

Ambos contendientes corrieron hacia la columna y como si fuera lo más normal del mundo subieron hasta donde estaba el bastón casi corriendo hacia arriba. Cada uno cogió un extremo del bastón y empezaron a tirar en direcciones distintas, hasta que la piedra en la que estaba cedió y ambos se cayeron al suelo aún sujetando el arma.

Ahora la lucha era por poseer el cayado. Cada uno con una mano atacaba al otro como podía, pero aquí Lu consiguió la ventaja al cambiar la mano con la que lo agarraba por su pierna. Con las dos manos libres ahora consiguió hacer soltar al otro su extremo. Pero por supuesto éste no se rindió. Justo en el momento en el que perdió el agarre del bastón y caía hacia atrás lanzó una patada al pecho de Lu que lo tiró también hacia atrás e hizo que el cayado saltara por los aires. Y por cosa del destino cayó en las manos de Harry.

Ambos se levantaron y se quedaron unos segundos quietos observándose mutuamente.

- ¡Intentas robar el cayado para el señor de la guerra! –gritó Lu.

- ¡No, idiota! –exclamó el otro como respuesta sorprendiendo a Lu. ¿Es que este tipo también sabe hablar?-. Mi misión es encontrar al buscador del cayado.

Lu lo miró medio sorprendido y se giró hacia Harry, acción que provocó que el otro también se girara a verlo. Harry se quedó observando el bastón preguntándose qué era esa sensación tan extraña que sentía proveniente del arma. Era casi como si… como si el bastón tuviese vida propia y estuviese diciendo que quería estar sólo con él.

- Ya lo has encontrado –respondió Lu momentos más tarde.

Ambos se acercaron el uno al otro, y bajo la atenta mirada de Harry y Gorrión, les dieron la espalda y empezaron a hablar en otro idioma; uno desconocido al menos para Harry. Para él era el mismo que hablaba la mayoría de la gente de aquel lugar.

- Él ni siquiera es kinyonés.

- Todos somos iguales por dentro. ¿No, Monje? –dijo Lu en respuesta mientras sacaba de quién sabe dónde otra cantimplora más pequeña que la otra pero hecha de metal.

- Dios nos ayude.

El monje, antes de que Lu bebiera, se lo impidió y se la quitó.

- ¿Te parece un pecado?

- Sí, es un pecado no compartir –respondió el monje antes llevársela a su boca con una enorme sonrisa-. Gambé (Salud).

Lu se la quitó casi indignado por el hecho de que le bebiera de su preciado vino y bebió él también; dejándole con otra enorme sonrisa. Uno se preguntaría qué le echan a ese vino para que los dos quedaran con unas sonrisas semejantes a las que hubieran obtenido si estuvieran en un burdel.

Se dieron la vuelta y el monje se acercó a Harry mientras que Lu seguía bebiendo un poco más de vino (lo que hace a uno preguntarse que cómo diablos hace para que le dure tanta su sagrada bebida si la está bebiendo a cada rato). Harry se sentía algo incómodo al verse inspeccionado de esa manera por el tío ese.

Claro está que lo último que se esperaba era que el extraño ese se pusiera a reír a mandíbula batiente. Como un descosido, vamos. Y ya se sabe que la risa es contagiosa, por lo que poco después Lu también se le había unido con las carcajadas.

Más tarde, después de que se calmaran aquellos dos, salieron fuera del templo, prepararon los caballos y partieron para continuar su viaje; pues ya habían perdido mucho tiempo en aquel lugar.

Ese día Harry sólo le hizo una pregunta al monje:

- ¿Cuánto tiempo ha estado buscando el cayado?

- Desde que tengo memoria –fue toda la respuesta que recibió.

En la misma taberna en la que días atrás Harry y Lu habían parado, se encontraba ahora un grupo de soldados liderados por una mujer, que a pesar de su evidente juventud tenía el pelo blanco como la cal, además de llegarle hasta la cintura. Vestía ropas negras que hacían resaltar su cabello aún más.

- Un viejo y un muchacho. Tomaron el té aquí, ¿sí? –preguntó la mujer con un tono suave y frío y en el idioma del lugar-. Un monje va con ellos. ¿Quién más?

- No sé de quiénes habla –respondió el tabernero algo asustado pero acercándose ante la mirada de los clientes mientras que su mujer retrocedía un poco.

La del pelo blanco entrecerró los ojos y sacando un látigo que tenía en el cinturón lo utilizó para rodear el cuello del tabernero y tirarlo hacia ella.

Uno de los camareros, quizás hijo del tabernero, corrió hacia ella para atacarla; a lo que la mujer respondió lanzándole por los aires usando el látigo de nuevo.

- Los hombres son unos mentirosos.

El tabernero, desde el suelo juntó las manos suplicando piedad. Más ella no le hizo ni caso, simplemente observó a su mujer que se acercaba a ella temblando pero con un objeto entre manos.

- Gorrión –fue todo lo que dijo al darle una peculiar pinza para el pelo, de las que se utilizan para sujetar los moños.

- Gorrión… ¿dónde anidaste? –preguntó la mujer del pelo blanco al aire. Ese era un nombre familiar para ella.

Esa chica de la que estaban hablando se encontraba ahora mismo mirando entretenida a Harry con sus dos 'maestros'. Desde la llegada del monje el entrenamiento de Harry había avanzado enormemente dada la competitividad que existía entre los otros dos, por lo que lo obligaban a esforzarse al máximo.

Pero para sorpresa de ellos el pelinegro parecía aceptar muy bien ese ritmo, como si al exigirle más diera aún más de sí.

La filosofía del Monje era la de 'desafiar velocidad, fuerza y precisión', por lo que su entrenamiento se basaba en ello. Harry se veía obligado a hacer mucho ejercicio que estaba fortaleciendo enormemente su cuerpo. También era el que se dedicaba a enseñarle los movimientos más básicos, pues Lu no tenía tanta paciencia en esa parte.

Lu, por otro lado se concentraba en moldear los músculos y articulaciones de Harry un poco a la fuerza para que se adaptara. Su objetivo era que gracias a ello Harry adquiriera mayor destreza, que era el rasgo que él más valoraba. Fue doloroso para Harry cuando Lu usó varias cuerdas para abrir sus piernas mucho más de lo normal, pero que conforme pasaban los días se iba acostumbrando.

Y mientras se dedicaban a enseñarle uno de los idiomas del lugar. 'La lengua de los maestros' la llamaban, pues sólo aquellos que estudiaban kung fu con alguno de los grandes maestros, eran de origen noble o entraban en el servicio militar podían y debían aprenderlo; pues era la acreditación que demostraba a los demás que tenían mayor nivel social, una de las cosas más valoradas allí.

Había otros idiomas que hablaba el resto de la gente (entre ellos el de Harry), cada uno más común en una zona que otra; y Harry había tenido la suerte (buena o mala) de haber aparecido en una de las aldeas fronterizas entre dos de esas zonas.

El Monje nunca lo decía, pero estaba sorprendido y bastante orgulloso del hecho de que por mucho dolor que Harry sufriera casi nunca se quejaba.

Los días iban pasando mientras viajaban lentamente por el entrenamiento. Harry ya empezaba a defenderse bastante bien y le estaban empezando a enseñar algunos movimientos básicos de ciertos estilos de lucha. No querían que se centrara en uno ya que dominarlo llevaría demasiado tiempo. Preferían que aprendiera a improvisar con lo que supiera pero aplicando siempre lo que intentaban enseñarle.

Una vez que Harry empezó a entender lo básico de ese extraño idioma que hablaban los otros dos empezaban a recitarle pequeños monólogos sobre las enseñanzas que estaban intentando transmitirle para que él los fuera discurriendo.

Según avanzaba en los diversos ejercicios, él empezaba a entender poco a poco:

- "Kung fu. Trabaja duramente durante mucho tiempo para adquirir destreza. Un pintor puede dominar el kung fu; o el carnicero que corta carne a diario con tanta destreza que su cuchillo no toca el hueso."

Las conversaciones con el Monje eran algo más escasas y crípticas, pero también llegó el momento en que las empezó a entender, cuando empezó a entender para qué tenía que meditar con los ojos cerrados y en silencio; intentando escuchar cuando todo estaba callado.

- "Aprende la forma, pero busca aquello que no la tenga. Oye aquello que no hace ruido. Apréndelo todo, y luego olvídalo todo. Aprende el camino y luego encuentra el tuyo propio."

A medida que pasaba el tiempo su entrenamiento consistía cada vez hacer menos ejercicio y meditar más. Practicaba los mismos movimientos con los ojos cerrados una y otra vez debajo de una cascada (que era el lugar donde se habían detenido un tiempo por ser un buen escondite y una buena zona para entrenar), y mientras meditaba con calma.

Su mente aún seguía contener esa niebla que separaba su vida pasada con lo acontecido desde que llegó a este lugar. Y una parte de él parecía alegrarse por ello. Alegrarse de tener una especie de vacaciones (por muchas aventuras que tuviera incluidas). Hacía mucho que había dejado de intentar recordar. Ahora sólo vivía el presente y aprendía todo lo que podía de sus compañeros de viaje.

De hecho hasta Gorrión parecía querer enseñarle algo. Ella también practicaba movimientos de lucha, aunque su especialidad parecía ser el lanzamiento; pues practicaba mucho el lanzar su puntiaguda pinza del pelo. Pero lo que de verdad le enseñaba era a tocar su instrumento, para que descubriera la calma que la música podía proporcionar.

Llegó el momento en el que el pelinegro dejó de traducir todo lo que le decían. Llegó el momento en el que su mente registraba las palabras inmediatamente sin necesidad de pensar en lo que significaban. Incluso estaba empezando a pensar en ambos idiomas.

Así finalmente llegó a entender el resto de lo que Lu intentaba decirle:

- "El músico puede dominar el kunfú, o el poeta que pinta cuadros con palabras y hace que lloren emperadores. Eso también es kunfú. Pero no lo nombres amigo mío, porque es como el agua. Nada es más suave que el agua. Aún así puede destruir la roca. Pero no pelea, fluye alrededor de su rival. Sin forma, sin nombre."

Fue así como llegó el momento en el que entendió verdaderamente lo que ambos querían decirle; no sólo la traducción, sino también su verdadero significado:

- "El verdadero maestro mora en el interior. Sólo tú puedes liberarlo."

Fue así como aprendiendo el idioma Harry encontró entendimiento.

Fue así como dejándose llevar por el agua Harry encontró fuerza.

Fue así como en la lentitud de sus movimientos Harry encontró velocidad.

Fue así como en el silencio más absoluto Harry encontró precisión.

Fue así como escuchando la naturaleza Harry encontró destreza.

Fue así como tocando el laúd Harry aprendió expresión. La paz que ello otorga. Expresar todo sin decir absolutamente nada.

Fue así como en ese viaje y en ese entrenamiento Harry encontró aquello que ni siquiera sabía que estaba buscando. A sí mismo.

- Han pasado por aquí –dijo uno de los soldados.

La mujer del pelo blanco se bajó de su caballo y observó un terreno que se había secado grabando en él algunas huellas.

- Alguien más va con ellos… ¿Habéis encontrado más información sobre los hombres?

- Al parecer el chico apareció en una aldea que fue atacada por las tropas del señor de la guerra. Fue encontrado inconsciente a las afueras sujetando un extraño cayado y un escrito; pero ninguno de los aldeanos sabía leer, por lo que no podemos averiguar qué ponía.

- El viajero perdido… –susurró ella para sí-. Continúa.

- Intentó escapar, pero nuestros jinetes lo vieron a tiempo. Por desgracia fue rescatado por un viajero que según los soldados aparentaba estar borracho. Aunque a pesar de ello era un experto luchador.

- Puño borracho… Estilo usado por aquellos que se dedican mucho a la bebida. Probablemente fue rechazado en alguna de las academias del este…

Se quedó pensando mientras seguía observando las huellas, antes de girarse a sus hombres.

- Envía una patrulla en sentido contrario a estas huellas. Averigua dónde pudo unírseles un nuevo integrante y cualquier información sobre él. El resto, sigamos.

- Tengo una pregunta –dijo Harry poco después de haber abandonado el lugar de la cascada en el que se habían quedado tanto tiempo por el entrenamiento-. Cuando luchasteis en el templo, ¿cómo es que pudisteis romper las estatuas de piedra con los dedos y con los pies?

Lu y el Monje se miraron, como si estuvieran decidiendo silenciosamente quién iba a responder. Finalmente Lu habló:

- Los maestros zen consideran que existe una energía que nutre toda vida en el universo. Una energía que fluye constantemente. Se considera como la energía vital, también llamada chi, ji, qi o ki. Está dentro de nosotros y fluye constantemente.

- Con el entrenamiento adecuado puedes concentrar una mayor cantidad de tu chi en una parte concreta del cuerpo –siguió explicando el Monje-. En nuestra pelea inconclusa usábamos más chi del que tenían las estatuas de piedra, por eso podíamos romperlas con facilidad.

- Una de las razones por las que se medita tanto es para conectar con nuestro chi, para entenderlo y ayudarlo a fluir más libremente. Una vez hecho esto uno está preparado para empezar a ejercitarlo y aumentarlo. Una mayor cantidad ayuda a evitar las enfermedades e incluso a retardar el envejecimiento.

- Y esa es la principal diferencia entre un mortal y un inmortal. Cuando a un mortal se le es concedida la oportunidad de convertirse en inmortal se le da un elixir que multiplica el chi enormemente. Es tanta la energía vital que tiene que retarda el envejecimiento indefinidamente. Cualquier herida es curada en tiempo record, incluyendo las mortales. El chi mantiene vivo al cuerpo mientras la herida se cura.

- ¿Cualquiera puede aprender a controlar su chi? –preguntó Harry.

- Por poder, cualquiera puede. Pero pocos llegan a ese nivel. Son necesarios años de adiestramiento antes de alcanzar los estados físico y mental adecuados.

Harry asintió, sin decir nada más; cosa que aturdió a los otros dos porque esperaban la clásica pregunta de un alumno impaciente. Claro está que una y otra vez Harry había demostrado estar lejos de serlo.

- ¿No vas a preguntar si estás preparado para aprender? –preguntó Lu cansado de esperar.

- No. Sé que no lo estoy.

- ¿Cómo lo sabes? –cuestionó el Monje.

Harry se encogió de hombros.

- Simplemente lo sé.

Ahora que Harry había completado la parte inicial y más dura de su entrenamiento (en la que tenía que pasar casi todo el día ejercitándose), el grupo empezó a viajar más rápidamente.

Un día a lo lejos vieron una aldea a la que se acercaron con la esperanza de reabastecerse de aquello que no podían conseguir en la naturaleza (como vino). De hecho Lu había decidido que era un buen momento para que el pelinegro probara dicha bebida (había salido el detalle en una ocasión y Lu se había tropezado y caído al escuchar tamaño sacrilegio, provocando una ligera mueca que recordaba a una sonrisa por parte del Monje).

Más una vez que llegaron observaron con pena y dolor que la aldea estaba arrasada y no quedaban almas vivas en aquel lugar. El humo que aún desprendían algunos edificios no hacía más que confirmar que el ataque se había producido recientemente, seguramente la noche anterior.

Cabalgaron en silencio hasta llegar a un enorme árbol en las lindes de la aldea, dónde había clavado un estandarte y había dos campesinos ahorcados y aún colgados.

Gorrión fue la primera en desmontar, seguida del resto. Se acercó aún más a la grotesca imagen.

- Contemplad la tiranía del señor de la guerra –comentó el Monje.

- ¡Hay que detenerle! –exclamó Gorrión con un odio y veneno inusitados en su habitual tono frío y seco-. ¡Debe morir por todos sus crímenes y exponer su cabeza en una pica!

- Pero no debemos sentir odio hacia él, o ganará –respondió el Monje.

Gorrión se dio la vuelta para encáralo y mirarlo con furia.

- Si él habla de compasión por ese demonio –dijo ella soltando esta última palabra con todo el veneno que podía-, debería volver a su templo a rezar. Nuestra misión nunca será de paz.

- Vuelve con tu padre y con tu madre. ¡Sólo eres una niña!

- Están muertos.

Él bajó los ojos sin saber qué decir mientras que los otros dos espectadores se quedaban en silencio sin intervenir.

- Y ella no es una niña. Ya no lo es. Su padre era un gobernador del reino medio que se opuso al señor de la guerra. Entonces, como castigo ejemplar, el señor de la guerra envió sus tropas contra él en plena noche. Una legión tras otra salió de la montaña de los cinco elementos hacia las tierras bajas del reino medio. Los gritos de los inocentes flotaban en el aire de la noche. Cuando todo acabó sólo quedaban ruinas carbonizadas. Eso y una niña, escondida en un pozo por su madre, a la que asesinaron con una flecha del arco del señor de la guerra.

Ahora sus mejillas eran recorridas por lágrimas, pero eso no había afectado su tono de voz.

- Cuando ella llegue al palacio del señor de la guerra; no será para ofrecerle el perdón, monje. Sólo le ofrecerá esto –se sacó la pinza que le sujetaba el pelo y se quedó mirándola-: un dardo de jade, capaz de matar a un inmortal. Ella hace tiempo que lo practica.

Lu y Harry siguieron en silencio, mientras que el Monje se acercó a ella y con un tono más suave y cálido le dijo:

- La venganza inevitablemente se vuelve contra uno mismo.

Ella lo miró entre exasperada y mosqueada y se largó de su vista. Lu se le acercó al Monje.

- Eres… -dijo dándole unas palmaditas en la espalda- el maestro de la sensibilidad.

Las siguientes horas las usaron en explorar los restos de las viviendas en busca de cosas útiles, como comida, bebida o así. Después de todo, los habitantes de esa aldea ya no los iban a necesitar. Tuvieron suerte y aún encontraron bastante qué salvar, y para gran satisfacción de Lu varias botellas de licor (además de su preciado vino).

- ¿No iremos muy cargados? –preguntó Lu al observar todo lo que habían reunido.

- Lo necesitaremos –fue la única respuesta por parte del Monje.

- Son ellos –dijo en el idioma 'noble' uno de los soldados especializados en observar y seguir rastros-. Se dirigen al desierto.

La mujer de pelo blanco miró hacia el extenso desierto que había delante y pudo percibir a lo lejos a varias figuras.

- Están entre el río de arena y yo.

Dio algunas órdenes a un par de soldados que asintieron y se fueron al galope, mientras el resto de la patrulla se quedó allí esperando.

- ¿No es típico del Rey Mono pedirle a un chico que haga el trabajo de un hombre? –murmuró para sí portando una cruel sonrisa.


Segunda parte del viaje.

Casi un año sin actualizar esta historia... cosas de la vida, pensaba actualizar en verano pero siempre había otras cosas que me hacían dejar de escribir.

Espero no tardar tanto en subir el siguiente, pero no prometo nada.

Hasta la próxima.