ATENCIÓN: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, no a mí por desgracia, la trama es toda mia así que nadie NADIE se atreva a robarla o les enviare a los Volturis y… se los dejo a su imaginación ... Gracias!


La Lluvia

Lunes

Sentí retumbar el rayo que había caído cerca de donde estaba la cabaña. Mi preocupación fue interrumpida por el susto, cómo me gustaría que él estuviera a mi lado en estos momentos, pero la realidad era otra. Edward había salido en la madrugada a trabajar y todavía no regresaba siendo que ya era bien entrada la noche. Había tenido una extraña punzada de mal presentimiento todo el día y ahora que él no aparecía, el miedo se había acrecentado aún más. Me había costado acostarme en la cama, que no se diga de dormir. Cada 5 minutos me levantaba a asomarme si acaso lo veía caminando entre la lluvia. Faltaban ya pocas horas para que empezara una nueva jornada y él no aparecía.

Las palabras que me había dicho antes de partir resonaban constantemente en mi mente.

—Volveré pronto. Tan pronto que no tendrás tiempo ni de extrañarme. Estaré aquí a más tardar mediodía.

Y el mediodía llegó y el no se presentó.

Martes

La lluvia arreciaba afuera y era ya casi mediodía.

Edward debía haber regresado ya la tarde anterior pero no había rastros de él. Su "solo corto algo de leña y regreso" había resultado ser mentira. Porque él no llegaba. La agitación en mis entrañas no la quitaba nadie hasta que él llegara.

Mi mente solo trabajaba con la idea de "llegara pronto, no te desesperes Isabella" pero la angustia que se escondía detrás de esta no era poca. Una pequeña parte de mi mente me torturaba con los "Y si…". Como: "y si se subió a un árbol y cayó" o "y si se fue con una chica mejor que yo". Pero, aunque esa última era particularmente estúpida, mi mente no dejaba de repetirla, por mi lado egoísta que pensaba en mí prosperidad más que en la de él, Edward me había probado que él me amaba, por eso yo debía tener fé en él.

Hacía tiempo ya, nos habíamos conocido en un instituto para señoritas aquí en Inglaterra, él era el encargado de atender el calor del colegio ya fuera desde leña o cuidando las chimeneas, mientras que yo era una doncella común y corriente.

Al principio no nos hablábamos, ni sabíamos nuestros nombres. Él era demasiado impresionante y serio con sus ojos verdes y su pelo cobrizo. Edward era guapo, cosa que hacía recelar a la directora e institutrices y –hay que agregar- vacilar a todas las mujeres.

Una tarde entré a una sala y lo encontré sentado en el piso observando el fuego de la chimenea con nostalgia. Su cara mostraba una vulnerabilidad que conmovía el corazón así que me acerqué lentamente y me senté a su lado.

—Le escucho—le dije suavemente

— ¿Cómo?—preguntó saliendo de una especie de trance y volteando a verme con esos tristes ojos.

—Necesita hablar con alguien. Que mejor para eso que un extraño, y aquí estoy yo. Así que… le escucho.

No sabía cómo me había atrevido a hablarle así pero pareció que a él no le importó ya que sus labios dibujaron una pequeña media sonrisa.

Pasaban los minutos y él no decía nada. Ya estaba a punto de irme cuando dijo con un susurro entrando en el trance anterior.

—Hay veces en donde recuerdo quien soy y no me gusta. Perdí a mis padres hace 5 años por una fiebre mal atendida y desde entonces estoy solo.

"Recuerdo la voz de mi madre cuando me decía que yo iba a ser alguien. Y la voz de mi padre diciendo que trabajara mucho, estudiara (algo casi imposible para mí) y me volviera un hombre ilustre, con cerebro.

Un hombre que no ha vivido. Un hombre ni virtuoso ni culpable. Un hombre que va a morir

"Hoy me miré en el espejo y no vi nada de eso. Sentí la decepción más fuerte que jamás haya sentido en mis 15 años de vida, llegué a pensar en quitarme la vida (para qué conservar una vida inútil) pero soy demasiado cobarde y temeroso para atreverme, tengo miedo a la muerte. Patético ¿no? No sé ni siquiera leer, ni escribir, no tengo amigos, nadie se preocupa por mí porque yo no me acerco a nadie. Ninguna persona me recordaría si muriera. No recordarían al chico de pelo castaño y ojos verdes.

—Yo sí— hice una pausa y seguí— yo sí me recordaría de usted. Porque es honrado, tranquilo y amable. En vez de ignorarme como cualquier otro lo haría, me habló. No puedo hablar mucho con hombres, no sé cómo realizar una conversación con ellos, excepto con usted. Inspira mi confianza. Cuando nací mi madre murió en el parto. Ella era muy joven y delgada y no soporto el nacimiento. Mi padre, después de recibir la noticia de la muerte de mi madre se emborracho dejándome al cuidado de la abuela Marie. Cuando regresaba a casa en caballo estaba muy oscuro y se desvió, él cayó a un barranco, rompiéndose el cuello de camino.

"Todavía no se cómo fueron los detalles, ni los quiero saber. Nunca conviví con un hombre en mi vida así que no sé cómo hablarles. A mis 8 años la abuela murió y para sustentarme me metí a trabajar aquí. No es como si hubiera muchos hombres por aquí, en un colegio para señoritas, así que no les puedo tratar. Pero con usted es diferente. — adimití con un sonrojo.

Después de una pausa él habló.

— ¿Cómo se llama?

—Isabella Swan, ¿usted…?

—Edward Masen ¿Cuántos años tiene, Isabella?

—También 15

—Pues es un gusto, señorita Swan

—Un gusto, señor Masen

Y soltamos la carcajada en ese momento. Después de ese episodio nos volvimos buenos amigos.

Mi relación era estrecha con dos alumnas del colegio llamadas Antoniette y Joanne. Ellas eran buenas amigas. Me habían enseñado a leer y nos ayudábamos mutuamente en problemas de las unas a las otras.

Entre las 3 le habíamos enseñado a leer y escribir a Edward en tiempos libres. Y en las noches, cuando ya se había dado el toque de queda, entrabamos, muy silenciosamente, Edward y yo, a la biblioteca del instituto. El se ponía a leer con voz no muy fuerte para que no nos descubrieran y yo lo escuchaba. Sus ojos brillaban al reconocer las palabras y yo no hacía mas que sonreír.

En silencio lo anhelaba. Amaba la forma en que su frente se arrugaba con la dedicación que empeñaba en su lectura. Amaba la forma en la que sonreía cuando me miraba. Amaba la forma en que pronunciaba mi nombre. Lo amaba a él. Pero claro… ¿Qué podría saber yo del amor? Tan amigos, tan cercanos… y a la vez tan lejanos. Deseaba que fuéramos más que amigos aunque era imposible sino estaba dispuesto por su lado… hasta ese día.

En una ocasión estábamos riendo y dando vueltas con nuestras manos agarradas cuando me tropecé y él cayó encima mío diciendo:

—Cásate conmigo Isabella.

Ahí mismo sufrí un sobresalto terrible, y él, al ver que no contestaba se puso pálido, sus manos, antes cálidas, cambiaron a frías y empezaron a sudar. Se movió de encima de mí y yo me senté muy recta en la alfombra. Mi corazón latía muy fuerte y mi mente preguntaba "¿en serio yo con Edward?". Obviamente mee había imaginado eso muchas veces, pero no eran más que imaginaciones de una adolescente enamorada. Pero esa pregunta, desde sus labios, me había traído a considerar un panorama feliz. Me imaginé, en esos segundos de mutismo: yo sirviéndole el desayuno y él besándome para irse a trabajar, pero mis pensamientos se vieron interrumpidos por su voz.

—Yo…hem…no debí de… lo siento…no quería… este…

Lo callé antes de que siguiera balbuceando.

— ¿Es en serio? — pregunté con voz temblorosa

Él vaciló, mucho que vaciló, pero al final dijo con voz firme:

—Sí, es en serio.

Y antes de pensar en lo que estaba diciendo mi boca ya formaba las palabras.

—Sí acepto.

Él se mostró atonito por algunos instantes.

— ¿Es eso cierto?

—Sí, lo es. Edward, quiero ser tu esposa.

Luego nos abrazamos y besamos mutuamente en las mejillas, frente, ojos, nariz y boca. Fue algo realmente tierno y hermoso. A los 10 meses nos casamos en la capilla del pueblo cercano con pocas personas como invitados. Si por mi hubiera sido nos hubiéramos casado el día siguiente a la propuesta pero Edward quería conseguir el dinero para hacer una casita donde criar a nuestra familia. Así que ambos teníamos 16 años cuando dijimos el "Acepto". En la noche de bodas yo estaba muy nerviosa y pode notar que Edward también.

Lemon

Al entrar a la recamara él quitaba cuidadosamente mis prendas, tales como si fueran oro. Así mismo yo quité las suyas.

Al terminar el lento ritual, nos abrazamos y besamos en la orilla de la cama. Después, lenta y suavemente me empujó para que me recostara en medio de la cama, teniendo cuidado de colocar mi cabeza encima de la almohada.

Seguimos besándonos ahí hasta que Edward, vacilantemente, recorrió mi muslo con su mano. Eso pulso un interruptor en mí y, aparentemente, en él también.

Empezamos a explorar nuestros cuerpos acariciándonos, mientras un anhelo crecia en mí.

Al sentir que ya era el momento él dijo:

—Te amo, mi Bella

—T e amo, Edward

Y entró muy suavemente en mí. Pero paró cuando lo tomé de los hombros ya que sentí un dolor fuerte en la parte baja, pero cuando iba pasando deslicé mis brazos alrededor de su espalda y lo insté para que siguiera. El me vio con la preocupación aclarando en su rostro antes de reiniciar nuevamente con movimientos muy lentos.

Mas conforme pasaban los minutos iba aumentando el ritmo de salidas y entradas, sentíamos algo llegar y segundos después tocamos la entrada del cielo juntos.

Fin Lemon

Nos quedamos abrazados hasta que amaneció. Y cuando despertamos no parábamos de acariciarnos y besarnos.

Él había sido muy paciente y muy cariñoso conmigo toda la noche. Yo estaba agradecida y enamorada; quería hacerle saber lo especial que me parecía.

—Edward quiero que sepas que eres muy importante para mí, me alegra que hayamos compartido lo de anoche juntos. Nunca había hecho eso. Gracias por tu paciencia. Te amo. — dije sonrojándome…mucho.

Él, por su parte también ruborizado, y con una pequeña sonrisa en la cara, respondió:

—Yo también te amo, Isabella. Mi Bella y solo quiero decirte que yo tampoco había tenido una experiencia como esa…nunca. Me alegra haberla tenido contigo.

Solo nos habíamos quedado sonriendo y mirándonos a los ojos.

Ya que se habían quitado las nubes salí a pedir ayuda al pueblito que estaba a cinco minutos a pie. Tenía que encontrarlo. Yo tenía algo importante que decirle y se lo diría a mi marido. Repetí con ferocidad en mi mente.


Hola! a la gente bonita que lee mi fic! Pues aqui esta la actualizacion... espero que les guste

Espero actualizar pronto. Gracias por pasar!

Dianight