Hey, tanto time, se que algunos deben odiarme. Siento realmente no poder haber subido capítulos antes, pero no me ha ido muy bien en la universidad… me quede con bastantes ramos y no me encontraba con ánimos de escribir nada, ahora estoy un poco mejor, aun estudiando. Espero entiendan.

Disfruten C: Tratare de actualizar lo mas antes posible.

El templo de los monjes suele ser un lugar muy tranquilo. Si los jóvenes aprendices no están entrenando se les puede ver hacer sus tareas con bastante silencio. Si tuvieras que describir el templo en una palabra, definitivamente seria ''silencioso'', quizás…. Demasiado silencioso. Sobre todo desde que cierto ''chico genio del mal'' no aparecía para colmarles la paciencia. Y no es que ya eso era bastante extraño de por sí.

Si no, que nadie aun estaba dispuesto a mencionarlo. Había casi un voto de silencio respecto al tema. Y la verdad es que estaba comenzándoles a picarle de más el detalle albino que parecía habérselo tragado la tierra.

-Me pasas la sal Raimundo? – Pidió cortésmente Kimiko

- Claro, toma.

Se encontraban almorzando los jóvenes guerreros reunidos en la mesa junto al maestro Fung. Había bastante silencio, no se oía más que el tenue masticar de sus bocas. Pero definitivamente se podía sentir la inquietud del pequeño dragón del agua. Se removía ruidosamente sobre su asiento, pasando su mirada por sobre todos a su alrededor, parecía querer comunicar algo importante pero sin saber que palabras ocupar, o quizás quería gritar, si! Eso era, quería gritar y ya no podía soportarlo más.

-YA NO PUEDO SOPORTARLO!- Rompió en un grito la pequeña bola de queso

Todos en la mesa quedaron expectantes, casi con los palillos a medio llegar a las bocas. Justo en ese momento paso una mancha verde volando frente a sus ojos para luego estrellarse contra la pared.

-Uuhhg – Gimió de dolor la mancha verde que resulto ser Dojo, quien trataba de ponerse en todos sus sentidos- Que paso!? Escuche gritar a alguien? Que sucede! Quien nos ataca?!

-Te diré quien NO nos ataca!- comenzó Omi- Jack Spicer no nos ataca! -grito furioso- es que nadie se ha preguntado donde esta? Cuantos meses van? Quizás!...quizás está en peligro….- Termino por decir tristemente el más pequeño de los monjes, para volver a dejar un tortuoso silencio en la mesa.

Todos los monjes se miraban entre sí sin saber realmente que decir.

-Siendo muy sincera – comenzó Kimiko – la verdad es que si me preocupa un poco… es decir, es un tonto y realmente muy molesto, pero…. –se detuvo pareciendo buscar las palabras correctas

-Pero no es que como que deseáramos que algo malo le sucediera, ya sabes… no tan malo- termino Raimundo ganándose una mirada desaprobadora de parte de toda la mesa.

-Por lo general el siempre va a buscar She gong wus a la par con nosotros- dijo algo angustiada Kimiko

-Pero ya van meses de eso – agrego el monje vaquero- Esa última batalla en la que lo vimos, me di cuenta de algo...

-A si? Y que sería eso joven guerrero?- Al final el maestro Fung se añadió a la conversación que inquietaba a sus discípulos.

Todos estaban realmente atentos a lo que estaba a punto de decir Clay, casi conteniendo la respiración hasta que el dragón del aire interrumpió.

-En serio? Yo solo recuerdo que le pateamos el trasero.

-RAIMUNDO! Deja que Clay nos diga lo que vio!- Le reprendió fuertemente Omi, lo cual descolo un poco a todos en la habitación. No pareció importarle demasiado al pequeño por que dejo de mirar a Rai para mirar a Clay dándole a entender que podía continuar.

-Pues…en realidad no sé si es realmente importante, pero… creo que estaba… triste.

-Triste? -dijeron todos al unisonó, menos el maestro Fung, claro.

-Claro que estaba triste, le pateamos el trasero!

-RAIMUNDO! Basta- le corto la asiática.

-Pero era diferente…-siguió Clay- triste, como cuando ya no te queda nada. Es Jack Spicer así que en verdad no le di demasiada importancia, pero han sido meses para pensar en eso. Quizás se dio cuenta de que ya no tiene nada hacer contra nosotros, mucho menos contra Chase o Wuya, quizás el vaquero ya se quito las botas y colgó el sombrero.

Sin saber los monjes que el Texano había dado en el clavo casi de una forma perfecta, esta explicación al parecer no fue suficiente para el más pequeño de los monjes, quien estaba dispuesto a hacer algo al respecto para calmar sus dudas.

-Ya se! - Grito fuertemente y con felicidad el pequeño monje, haciendo que todos en la habitación dieran un salto.

-Ya sabes que, pequeño dragón? – Pregunto el maestro Fung con calma, sospechando hacia donde se dirigía Omi.

-Visitaremos a Jack Spicer!