Mi nombre es Cristina, tengo casi once años, soy española de Barcelona, mi color de pelo es castaño claro y el de mis ojos verde. Mi hermana, Lidia, tiene ocho años y no se parece en nada a mí, es rubia con ojos azules y tiene muchas pecas. Mi hermano, Alex, tampoco se parece a mí a pesar de tener cuatro años, es rubio de ojos verdes y más moreno que mi hermana y yo, que somos muy blancas. A pesar de tener casi once años, nunca he conocido a mis abuelos, no se si están muertos o no. Mis padres nunca me han hablado de ellos.

Hablando de ellos, han decidido que nos vayamos de vacaciones a Londres. Me hace mucha ilusión.

Ya había pasado un mes desde que fuimos a Londres y aun seguíamos ahí. Era uno de julio, y yo notaba a mis padres algo extraños: sabía que algo pasaba porque no pasamos más de un mes de vacaciones. El quince de julio fuimos a una casa extraña. Nada normal ni nada que había visto en esa ciudad. Mis padres estaban tensos. Había algo en esa casa que les preocupaba.

Picamos a la puerta, pasaron diez segundos cuando nos abrió un señor mayor.

- Ignatius, ¿eres tu? Cuanto tiempo, Carmen ven, ha venido nuestro hijo.

- Hola padre, he venido desde Barcelona, es que Isabella y yo, hemos decidido mudarnos a Londres. Queremos que nuestros hijos tengan nuestra educación.

¿Nuestra educación? ¿Qué quería decir mi padre con eso? ¿Desde cuando nos hemos mudado a Londres?

- Pasad, tus padres han venido de visita hoy también Isabella. Seguro que tienen muchas ganas de verte.

Entramos en la casa, parecía normal a pesar del exterior, pero eso solo fue el principio. Llegamos a la cocina. Los cacharros se movían solos. Aquí pasaba algo raro. Esto tenía que ser un sueño, no podía ser real.

- Bueno hijo-dijo la señora llamada Carmen-¿no nos presentarás a estos niños tan guapos?

- Claro madre, esta es Cristina, ella Lidia y él Alex.

- Son preciosos- contesto la otra mujer.

- Bueno niños- mi madre se dirigió a nosotros - os presento a vuestros abuelos.

¿Nuestros abuelos? No podía ser verdad.

- ¿Cómo que son nuestros abuelos? Nunca nos habéis dicho nada.

- Bueno corazón, nunca os dijimos nada porque no queríamos que siguierais sus ideales.

- ¿Qué ideales?- preguntó mi hermana.

- Es muy difícil de explicar, nuestra familia, desde hace generaciones, todos hemos sido magos. - a mi madre le costó mucho explicarlo- Todo eso que veis que se mueve solo, lo hace la magia. Nosotros no queríamos que fuerais magos.

- ¿Y por qué no lo dejabais a nuestra decisión?

- Porque sois muy pequeños. Y si, nos hemos mudado, a partir de ahora viviremos en Londres.

- Cristina, se que te sonará raro pero en septiembre empezarás en la escuela de magia. Se empieza a los once años a si que vosotros no podéis ir- dijo mi madre al ver las caras de mis hermanos.

Y así me enteré que era una bruja. Todo eso era extraño para mí. Me tenían que enseñar todo lo que un buen mago debe saber. El día de mi cumpleaños me llevaron a el Callejón Diagon, extremadamente impresionante. Ese día hicimos de todo, desde comer un montón de grageas de todos los sabores, aunque encontré una con sabor a algas y no quise tomar más, hasta sentarnos en una terraza a tomar un helado mientras veías a seres mágicos, cada cual mas impresionante. Casi todos los días íbamos allí. A mediados de agosto, compramos mis utensilios de magia para la escuela. De mascota me cogieron una lechuza un tanto peculiar, de un color rojizo como el fuego. Mañana seria el gran día, y mis abuelos me empezaron a dar una charla sobre no se que de unas casas:

- Cariño, en Hogwarts, tu escuela, se divide en cuatro casas, Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Tú pertenecerás a una de ella.

- Pero quiero que quede claro, que tú no eliges la que te va a tocar, lo hace el sombrero seleccionador. Es un sombrero muy sabio y muy inteligente. No se le pude engañar. Él, dependiendo de tus cualidades, elige dónde debes estar.

- ¿Y que cualidades son?

- Pues para Slytherin, la ambición, para Hufflepuff, el buen corazón, para Ravenclaw, la inteligencia y para Gryffindor, la valentía.

Me explicaron la historia de Hogwarts en un día y mi cabeza daba bombos. Aunque en realidad no les escuché mucho, creo que me dormí y me llevaron a mi habitación lo siguiente que recuerdo es:

- Princesa, levántate o no cogerás el tren.

Eran las nueve de la mañana, me había dormido. Me vestí rápido y bajé a desayunar. Todo estaba delicioso. Fui rápidamente a mi habitación a coger mi baúl dónde estaba escrito "C.M.", cogí la jaula con Dori dentro, si...se llama Dori, lo que pasa es que mi hermano la empezó a llamar así y se le ha quedado ese nombre y me llevé mi colgante favorito, era un colgante con forma de gota de agua.

Bajé corriendo hasta la sala y, todos juntos, fuimos a la estación de tren, tenia que coger el anden nueve y tres cuartos. ¿Nueve y tres cuartos? ¿Existe? A mi lado tenía a mi abuela Ángela:

- Abuela, esto esta mal, no existe el anden nueve y tres cuartos.

- Claro que existe preciosa, no pensabas que íbamos a coger un tren muggle ¿verdad?

¡Cómo había sido tan tonta! Resulta que ese andén estaba detrás de una columna.

La crucé con miedo de no estamparme contra el muro y...


Vale si, no esta muy bien hecho pero ¿que esperabais? Acabo de empezar. Quiero decir que yo no me llamo así ¿o puede que si? El caso es que no tiene nada que ver con mi vida y que aun no ha empezado la historia, esto es solo el comienzo, tendremos que saber algo sobre la vida de esta chica ¿verdad?

Por cierto, el mundo de Hogwarts no me pertenece, solo que es divertido formar parte de el.