N/A: Después de tres años…oh dios mío que vergüenza. Olvídenlo. Aquí está su final. Ya saben Prince of Tenis no me pertenece, esto es simplemente el Re make de un fic que escribí cuando tenía 13 y que finalmente tengo la decencia de terminar.

CAPITULO VI: SING ALONE

Ryoma miró el techo de su cuarto. Estaba sudando, lo suficiente para parecer que se había metido a la ducha con todo y ropa. No podía evitarlo ¿O Sí? En un deliberado ataque de rabia se había puesto a jugar tenis hasta que las piernas ya no habían sido capaces de sostenerlo. Eran las dos de la mañana, habían pasado al menos un par de días desde su pelea con Ryusaki y su charla con Horio.

Se sentó. Tendría que ducharse y hacer la tarea de química antes de que se le olvidara del mismo cansancio. Ni si quiera quería aceptar que valía la pena lo irascible que se encontraba últimamente. Bueno, más de lo normal.

Sin pensarlo demasiado se metió a la ducha, luego hizo su tarea y se dispuso a dormir al menos tres horas antes de ir al colegio. El campeonato de tenis estaba casi que a ocho días de distancia, y el recital de música era un al menos unas cuantas horas.

Estaba seguro de que estaba destinado a hacer el ridículo en público o a faltar a su amado partido de tenis. No sabía cuál de las dos le causaba más molestia.

Una vez se hubo quedado dormido, la cabeza se cobró todas las que estaba haciéndole a su cuerpo con las rabietas y el exceso de entrenamiento. En su consciencia no supo cuando se quedó dormido. Lo siguiente que vio fue un escenario de madera con una luna bastante extraña hecha de papel maché y repintada con pintura de escarcha plateada. Se dio cuenta también de que su profesora de música lo miraba desde la primera fila con unas gafas rojas bastante anticuadas. Fruncía el ceño y con las manos le exigía que comenzara.

La luz le dio de lleno en la cara.

No sabía que iba a cantar. Además podía ver a todo el equipo de tenis haciendo burla del desastre que se avecinaba.

-Me siento como en High school musical- se dijo así mismo como si recordase aquella película que su prima le había hecho ver en el televisor de la sala un día de verano tras ayudarle a evitar a Nanjiro y sus comentarios estúpidos.

-No seas ridículo- se quejó la voz detrás de él.

-¿Entonces no lo es?- alcanzó a decir con sarcasmo señalando la sudadera blanca que tenía puesta y que honestamente había aparecido de la nada.

-Pero por supuesto que no- le había contestado la luna escarchada de colores plateados. Lo cual no encontró ni si quiera un poco extraño- Ahora ponte a cantar o te hago pintar todos los escenarios de las obras escolares en el siguiente verano.

Ryoma abrió la boca y de ella salió el sonido del despertador.

Abrió los ojos pesadamente, estaban hinchados, sin mencionar que veían borrosos entre las lágrimas que salían tras la sensación de un ardor insoportable. Bostezó y tras alistarse con el uniforme, se encaminó al colegio.

"Es el día de la presentación…el día de la presentación" se repetía aun algo inconscientemente sin poder dejar de sentir que iba a vomitar. La hermosa cara de Sakuno Ryusaki se le vino de nuevo a la mente y sin previo aviso. No como si el creyera que era hermosa. Por supuesto que no, él no. Pero eso no importaba, de nuevo estaba revoloteándole la cabeza y no dejaba de sentir una ansiedad en la boca del estómago. Una ansiedad que aumentaba con cada paso que le acercaba al edificio de Seigaku.

Era como si la idea de que le pasara por el lado o de encontrarse con su mirada le taladrara el estómago. Suspiró, le sudaban las manos. Y entre las paredes de su cabeza no quería pretenderse idiota, pero se negaba a aceptar lo que entre otras cosas era obvio.

Una mano firme que se posó sobre su hombro le sacó de su ensimismamiento.

-Espero que estés listo para esta noche- le dijo la voz sería del capitán del equipo de tenis. Momochiro en efecto no se ponía serio si no cuando se aproximaba un partido, hasta entonces poca atención le había prestado al problema, a menos que burlarse de él contase como prestarle atención. Y no contaba.

Ryoma apartó su mano secamente.

-No me jodas ahora, Momochiro- le contestó con antipatía.

-La entrenadora dice que nuestros oponentes estuvieron en la final internacional, nosotros no llegamos allí el año pasado…- le dijo como quien no quiere la cosa, ignorando su mal educado comentario.

Ryoma apretó los dientes para no decirle nada, y se fue como si no hubiese escuchado. Estaba seguro de que muy dentro de sí Momochiro sabía que le encantaría participar. Pero ahora no tenía guía alguna, y no había manera de solucionarlo ni mucho menos que se preparara lo suficientemente bien para esa misma noche.

La vocecilla de Sakuno le venía de pronto "Tú crees que cantar es mucho más fácil que jugar Tenis" recordaba que le había dicho, su expresión cuando le había dicho que sí le había parecido demasiado divertida.

Se dejó caer su silla mientras el timbre de clases sonaba estrepitosa e insoportablemente en los pasillos. Al empezar la clase, no supo en qué momento se quedó dormido sobre el puesto. Ni si quiera había escuchado entrar a Ryusaki. Ni mucho menos la vio cuando entre cada ejercicio de matemáticas le dirigía miradas de resignación.

Las personas como Ryoma en su mayoría suelen creer que sus tormentos mentales son más importantes que los de los demás, sin embargo Ryusaki estaba de mucho más arranques emocionales que los de él. Quizás eran las hormonas, su periodo, o el regaño que le había dado la profesora de música cuando le había dicho que su pupilo ya no quería tomar clases, y que le importaba un comino si salía bien en su presentación o no. O por otro lado muy bien pudo haber sido el recuerdo de cuando la había cargado, o su sonrisa pícara retándola a las cosas más ridículas a las que ella hubiese alguna vez accedido. Fuese lo que fuese, Sakuno estaba hecha un mar de emociones. Y al encontrarse en tal estado no había encontrado mejor opción que desquitarse de una manera poco ortodoxa contra pelotas de tenis en el techo.

No, Ryoma no tenía la menor idea de esto mientras roncaba suavemente sobre el escritorio. No se le ocurría que a Sakuno si quiera le importase. Su arrogancia le colocaba en un punto de sensibilidad superior, o bien era su ego el que sufría en un sitio inferior. No era como si importara.

Solo cuando se hubo acabado la última hora antes del almuerzo fue que el tenista se pudo levantar. Miró a todos lados atolondrado, nadie daba señales de darse cuenta de que pasaba algo fuera de lo normal. No era de sorprenderse. Siguió moviendo los ojos para recorrer el salón con la mirada, nunca le daba buena espina quedarse dormido por tanto tiempo, especialmente porque una vez le había puesto orejas de gato los chicos del equipo de tenis. Aunque claro eso había sido cuando Tezuka era entrenador; de eso ya más de un año. Pero no se le quitada la desconfianza.

Poso la mirada en donde debería estar Sakuno hablando con Osakada. Pero nada más estaban Horio y Tomoka comentando de algo animadamente. Se le hizo bastante raro. Quiso levantarse y preguntar dónde estaba; desafortunadamente las piernas no le hicieron caso. En lugar de eso se dirigió a la azotea, después de todo un lugar silencioso era mejor que cualquier otro tipo de lugar entre la hora de comer y la hora libre que conviniera después.

En los pasillos el olor de diferentes cajas de almuerzo se mesclaba de una manera nauseabunda. O era que no tenía él hambre lo que hacía que la comida le diera tanto revoltijo de tripas. Paso por paso en las escaleras de emergencias se le ocurrían ideas desagradables que le hacían crispar las manos. Sakuno bien podría estar cómodamente ensayando con el pelirrojo quién-sabe-cómo-se-llame que le había dado un chocolate. O bien podría estarse ocupando de otro pupilo. Uno que no fuese tan idiota como él, ni mucho menos así de dramático como resultaba él al cambiar de humor y enojarse por las cosas más estúpidas.

Suspiró. Abrió la puerta para tomar una gran bocanada de aire que pudiese quitarle la amargura de la boca y en menos de un segundo recibió un pelotazo en la nariz. El golpe fue bastante inesperado, seco, sin mencionar que casi hizo que perdiera el equilibrio junto al barandal de las escaleras de emergencia.

Sentía como si hubiese intentado respirar bajo el agua, los nervios entre la frente y las fosas nasales daban la impresión de juntarse hacia el punto donde había pegado la bola amarilla.

-Oh por Dios, Ryoma, perdóname- escuchó que le decía la cantarina voz de Ryusaki. Entonces hizo el pequeño esfuerzo de abrir los ojos. En efecto no era producto de ninguna contusión colateral. Sakuno estaba allí, algo sudada, con la cara roja y los cabellos alborotados. Tenía una raqueta en la mano y había unas cuantas pelotas tiradas sobre el piso de la azotea.

-Estoy bien- respondió su voz aunque fue más un reflejo que una afirmación consciente, porque no estaba bien. Sentía ahora como si le fuese a sangrar la nariz o algo. Claro que no era más que la mera sensación, no ocurría en realidad.

-Ryoma, de verdad, perdóname, yo no quería… ¡Tú entraste como si nada!-balbuceaba como si le hubiese partido algo. Le dio la impresión de hecho de que se ponía aún más colorada.

-No, nada, nada, enserio- le replicó entrando al piso que estaba rodeado además por una malla verde como la de la cancha de tenis, aunque carecía de techo. Se preguntó si no se le habrían ido por sobre la reja algunas de las pelotas. Después de todo si las estaba golpeando tan…Un momento- ¿Qué haces tú aquí golpeando pelotas de tenis?

Sakuno, que ahora se acercaba a ver qué era lo que le había hecho, se puso finalmente del color de un tomate.

-Me gusta desquitarme con las pelotas- le mintió a medias mientras le quitaba la mano que él tenía sobre la nariz, cual si le diera vergüenza el golpe. Sakuno se mordió el labio al ver que se había inflamado de un color rojo todo el tabique.

Ryoma la miraba sorprendido.

-No me la creo- le dijo.

-No tengo porque mentirte, Echizen- le contestó ella buscando su termo de agua con la mirada. Caminó para buscarlo y él pudo ver que tenía una bendita rezagada del ridículo entrenamiento al que la había sometido.

Suspiró. Ella le hizo ponerse un hielo que estaba dentro del termo de agua sobre la nariz y él tuvo que agradecerle aunque se sentía horrible. Los dos se sentaron bajo la sombra del pequeño techo de kiosco que salía de la construcción de las escaleras de emergencia. Y cayó un silencio incómodo.

Solamente se escuchaba el viento moviendo las nubes bruscamente y los murmullos de los estudiantes que estaban corriendo de un lado para otro. Se escuchaban distantes, como fantasmas inofensivos. Era agradable el clima, porque el sol de mediodía no podía asomarse entre las nubes así que no caía directamente contra ellos.

Ambos miraban a una esquina diferente.

"Quisiera pedirte perdón por ser un patán" pensaba Ryoma mientras el hielo se derretía entre sus dedos que perdían sensibilidad por el frio "Lamento lo que te dije….No tenía ninguna razón para actuar así, tú has hecho todo lo posible para intentar ayudarme y yo me comporté como si fueras tú la que necesitara algo de mi….ahora viene el partido del torneo y ni si quiera puedo jugar que era lo que yo de verdad quería…"

-Lo lamento- le dijo ella de pronto y él dio un ligero respingo arqueando las cejas por la sorpresa- Lamento no haberte podido ayudar a pasar tu presentación final de hoy. Sé que como tutora pude haberlo intentado más…

-No, no, Sakuno, tú sabes que soy bastante…difícil- le dijo con una voz que no dejaba ver mucho sus sentimientos, especialmente el de cobardía porque había sido ella la primera en hablar.

Ella le dirigió la mirada fija de color chocolate. Estaba buscando una nota de sarcasmo, él lo sabía así que siguió hablando.

-Actué sin ningún sentido, tú sólo estabas siendo amable.

-Sí, bueno, eso es verdad- le dijo ella con una sonrisa, supuso que la arrogancia era pegadiza- pero ya no importa porque igual mira que no vas a poder presentarte, y además con ese moretón que te acabo de hacer.

-Moretón- bufó él ahora que estaban entonándose un poco en la conversación amigable- esto lo que va a ser es un diminuto tono de resaltador.

Sakuno se rió.

-Es bueno que te lo tomes así, supongo que en realidad no pego yo tan duro.

-No, pues no lo haces, esta así por la trayectoria pero como ataqué en algún juego no hubiera llegado por encima de la red- insistió él aunque intentaba ser divertido tenía la impresión de que sonaba ofensivo. No era su culpa dado que estaba acostumbrado a sonar de esa manera todo el tiempo. Pero estaba bien, porque Ryusaki parecía estar tomándoselo de buena gana. Se estaba riendo a carcajadas y buscaba aire para poder parar. Eso era agradable.

-Eres terrible- le dijo cuando ya hubo parado. Los dos se sonrieron.

-Sí, ya sé- le contestó él y miró al cielo, directo al sol que se escondía entre las nubes. Sakuno sintió que su corazón se aceleraba un poquito, pero solamente un poquito.

-Y entonces, ya enserio ¿qué vas a hacer? ¿Te vas a presentar? Mi abuela dijo que ese partido va a ser difícil y que le gustaría tener a todos los titulares- comentó queriendo espantar el revoloteó en su estómago, para distraerse empezó a arreglarse las trenzas. Sin tener en cuenta que ella ya había lanzado un comentario que daba a entender que ella estaba segura de que él no se presentaría.

-No creo, me daría demasiada vergüenza hacer algo así, además tú me escuchaste, ni los pollitos canto bien- señaló él seriamente. Sakuno asintió pero estaba pensando.

-Aunque si podrías memorizarte una canción y si la ensayaras aunque sólo fuera un rato no sonarías tan mal- le dijo honestamente sin mirarlo. Estaba buscando en su cabeza una canción, se le ocurría algo bastante a prisa.

-Me parece que ya no tenemos tiempo para eso, el recital es en ¿qué? ¿Seis horas?- comentó él resignándose a perder. Un sentimiento bastante insólito y nunca antes visto en su mirada gatuna. Sakuno quiso emparejarle el golpe.

-Te estoy diciendo que podemos hacerlo y si no entonces no tienes nada que perder ya. Si lo hacemos bien…

-¿Hacemos?- preguntó sin esperarse esa unión de fuerzas tan poco acordada.

-Sí…la profesora dijo que tenías que presentarte para pasar arrastrando la materia, nunca dijo que no podía presentarme contigo. ¡Ya! Acabo de elegir la canción y todo…

-No podemos alistarnos en las dos horas que hay cuando se acaban las clases y cuando empieza el recital- señalaba de nuevo Echizen, más para ver cómo iba a responderle que para desanimarla. Sus palabras de hecho le hacían sentir más coraje, de hecho ya no importaba si había elegido una canción de Celine Dion, lo cierto es que no iba a dejarla decaer en sus ímpetus.

-Es que no vamos a practicar dos horas antes, vamos a empezar ahora mismo- le respondió con una chispa contagiosa y cuando la vio se admitió por un momento que le gustaba bastante la muchacha.

-Ryoma Echizen- anunció, para sorpresa de los estudiantes presentes, el maestro de ceremonias que dirigía el evento de música.

Le tocaba cantar después de aquella niña de cabellos negros que había interpretado tan perfectamente el aleluya en italiano. Y ya podía sentir las risas amontonándose en el pequeño teatrillo de presentaciones escolares. Ni si quiera tenía ropa para presentarse, estaba usando aún el uniforme del colegio que para empeorar estaba bastante sudado.

Sakuno, que no estaba en mejores condiciones que él, dio el primero paso al escenario. Se pasó la mano suavemente por el contorno de la cara y aunque no era el momento preciso le pareció que se veía igual de linda que en las miles de manifestaciones que le habían atormentado en los últimos dos días.

Estaba diciendo algo sobre la canción. Sí, estaba pidiendo disculpas y hablando del arduo trabajo que implicaba para una persona que no gusta de la música el presentarse en frente de tanta gente. Vaya…en otras palabras bien podría decirse que estaba pidiendo misericordia. Qué lindo detalle; pensó sin poder evitar el sarcasmo.

Caminó entonces un segundo después de que ella terminó de hablar y tragó saliva. El escenario era como un agujero negro porque dada la luz que caía directamente sobre ellos el público parecía una masa a mórfica con miles de ojos observando. Igual que en las películas de terror. El monstruo de personas también tenía un eco de risitas o susurros expectantes.

Sakuno le pidió que le mirara con un gesto de la mano. Lo había hecho toda la tarde. Era difícil concentrarse si la miraba, pero no había otra cosa que hacer para encontrar el coraje de cantar.

La miró fijamente a los ojos. La imagen era divertida, dos muchachos bastante cerca el uno del otro como para que alguno se inclinase y diera un beso. Pero no era un beso lo que iban a darse. Sakuno sonrió. El mundo perdió todo su peso. Y Empezaron a cantar.

Ryusaki usaba su hermosa y perfectamente capacitada voz para armonizar con la melodía. Solo el inicio de su entonación hizo callar a todos los que susurraban. Ryoma la acompañaba con la letra de la canción. Él sonaba como si estuviese acompañando más la canción de la radio a todo pulmón y sin preocuparse si era escuchado.

When I am down, and all my soul, so weary; when troubles come and my heart burdened be. Then, i am still and wait here in the silence,
until you come and sit awhile with me*

No sonaba tan mal.

Tomó aire y continuó. El corazón le galopaba a toda velocidad cuando terminaba cada palabra. Como si corriera, como si golpeara la pelota y le ganara al más grande oponente de todos los colegios de la región. Subía, Bajaba el tono. No era necesario que sonara perfecto, no era necesario que se convirtiera en el nuevo Josh Groban.

Solo era necesario mirarle a los ojos a ella, dejar al miedo volar lejos y admitirse, ahora que su dura tarea terminaba, que se había enamorado de ella.

FIN.

You raise me up-Josh Groban.

Bueno mis queridas lectoras, sé que no es el final que esperaban y se preguntarán el por qué. Yo les diré por qué. Sucede que cuando escribí esta historia la primera vez hace ya 8 largos años (no es una exageración, el primer borrador que fue publicado en otra página web que ya no existe cuando yo tenía 13 años) tenía planeado que sólo se enfrascara en esto y que culminara con el Otra historia tipo secuela llamada A la botella no cuenta. Como ya no tengo 13 años y ha sido bastante difícil re escribir esta historia, puliéndola un poco con mis pocas y oxidadas habilidades; en lugar de una secuela tendrá un epilogo relacionado directamente con el torneo de tenis.

Como no está directamente relacionado con el plot en sí que es "Una dura tarea" me vi obligada a poner FIN. Pero no se asusten.

Yo soy Winry-chan, escribiendo fics desde los 13 años. Y espero que todos los que gustan de mis historias…superen sus duras tareas. Amen sin miedo, superen a quien no les corresponda y se rían de sus miedos.

Nos leemos.