Nota: Ninguna de estas historias cortas están interrelacionadas. Algunas pueden ser escenas no mencionadas de mis otros fics.

Ryoma había aprendido a sobrevivir con monosílabos durante toda su vida, no había conocido un momento en el que no pudiese expresarse completa y claramente con una sola palabra. Y esté día no sería la excepción.

-Primo ¿quieres desayunar huevos y tocino?- le cuestionó su prima como todas las mañanas.

-No- contestó él, tal y como siempre hacia, y se marchó a clases.

-Señor Echizen, ¿acaso tiene la respuesta de todas mis clases como pada darse el lujo de dormirse en medio de ella?- le preguntó el profesor de ingles molesto, igual que cada vez que le hacía perder la paciencia.

-Yes - respondió él con una sonrisa arrogante en su rostro y volvió a dormir.

Pasadas las clases tenía torneo. Tras ganar su último partido se dirigió por una ponta y mientras la bebía vio a un pelirrojo llamado Kintarou hablando animadamente con la nieta de la entrenadora Ryusaki, sin pensar mucho el porqué, le empezó a hervir la sangre y con paso firme se dirigió hacia ellos, tomó a la descuidada muchacha de una lo miró desconcertado.

-¡Oye!- se quejó sorpresibamente lleno de celos Kintarou. Ryoma se frenó en seco y sonrió con arrogancia al encontrar la palabra adecuada para el momento.

-Mía- le dijo mientras lo fulminaba con la mirada. Las mejillas de la castaña se tiñeron de carmín... Definitivamente él siempre sería un hombre de pocas palabras.

Nota: Mía no es un monosílabo, sin embargo sigue siento una sola palabra.