Los personajes NO me pertenecen estos fueron creados por la maravillosa imaginación de Stephenie Meyer sólo me adjudico la historia que salió de MI cabeza loca.
(Sólo los niños y uno que otro personaje secundario son míos)

.

Capítulo 30

Accidente

.

Bella POV

El suave ulular del viento impactaba con las rocas altas que bordeaban la propiedad haciendo que la percepción de la intensidad del viento resultara mayor de lo que era. Las palmeras se mecían creando una coreografía que resultaba hipnotizante ante los ojos de un simple mortal y los árboles, frondosos y llenos de vida te invitaban a tomar sus exóticos frutos, lo podría describir como el paraíso, inclusive llegué a considerar que durante las horas de pereza tendidos en una hamaca una serpiente nos invitaría a comer la fruta prohibida.

La luna de miel estaba a punto de llegar a su fin, y en todas las ocasiones que imaginé el lugar al cual me llevaría Edward jamás creí que algo así existiera. La casa gritaba sofisticación y buen gusto en cada rincón que formaba parte de ella, los amplios ventanales, presentes en todas las habitaciones eran intimidantes y bellos a la vez. Intimidantes por la sensación de exposición y bellos por la hermosa naturaleza que bordeaba el Mar de Cortés.

Durante la estadía habíamos visitado los sitios turísticos más solicitados, desde una experiencia bajo el agua, disfrutando de un arrecife de coral, los mercados con sus artesanías locales, las playas con ardiente y clara arena, hasta el intimidante Arco con su maravillosa fauna, lamentando no visitar el lugar en invierno, cuando las ballenas grises hacían su recorrido anual. Todos los días era una experiencia singular y de lo único que me arrepentía era que los niños no nos acompañaran y disfrutaran en nuestra compañía.

Nuevamente tomé la pequeña nota que Edward había dejado sobre su almohada para no despertarme, ultimadamente mis sueños eran más pesados lo que provocaba que despertara pasadas las nueve de la mañana, aunque sabía muy bien que las horas dedicadas a la exploración del lugar y las agotadoras noches eran las causantes de ese pequeño cambio en el reloj interno de mi cuerpo. Exhalé lentamente la bocanada de aire que tomé y mi cerebro empezó a imaginar qué sitio nos tocaría conocer el día de hoy, en los anteriores días Edward compartía ese detalle conmigo, desafortunadamente la planificación para este era desconocida para mí, "Asegúrate de ponerte algo cómodo y llevar bloqueador solar", mis dedos se deslizaron por la perfecta caligrafía y no pude evitar girar los ojos por su absurda recomendación.

Seguí su sabiondo consejo tomando unos pequeños shorts oscuros y una blusa de tirantes, el cálido y húmedo clima era tan diferente al de Seattle que durante los primeros minutos después de descender del Jet y en la travesía que había hecho el Todoterreno hasta la casa creí que me derretiría como una paleta de hielo.

Tras asegurarme que una buena dotación de bloqueador solar formaba parte de mi bolso dejé la habitación que hasta ahora compartía nuestra intimidad.

Un olor a picante y maíz proveniente de la planta baja fueron para mí como el camino de migas que Hansel y Gretel habían dejado sobre el bosque para regresar a casa. No era una ferviente conocedora de la comida mexicana, mi menú personal se reducía a nachos y tacos, pero al probar la comida que Carlota, la ama de llaves de la casa cocinaba para su familia me había propuesto para ayudarla y aprender de sus habilidades culinarias.

La menuda mujer de piel trigueña me daba la espalda mientras tarareaba una canción desconocida para mí.

— Buenos días, Señora — no me sorprendí cuando aún estando de espaldas me saludo, con una sonrisa en los labios recordé la explicación que me había dado cuando pregunté como había sabido de mi llegada.

Conozco muy bien lo que sucede en las cuatro paredes de mi cocina y sé cuando alguien entra en ella porque el sonido que hacen mis silbidos cuando interfieren con un nuevo visitante suena diferente para mí — era una mujer excepcional y a pesar de que yo poseía un conocimiento básico de su idioma (1), ella nos hablaba siempre en inglés.

Carlota y Pedro, su esposo, habían sido hijos de una ama de llaves del abuelo de Edward, la familia Masen había formado estrechos lazos con la familia de su personal y cuando Anthony compró la propiedad rápidamente pensó en ellos para hacerse cargo en su ausencia. Durante el día podías ver a Carlota por la cocina y las habitaciones que ocupábamos, poniendo orden en cada lugar pero después del atardecer nos daba la privacidad que toda pareja recién casada necesitaba, como ella decía.

Preste atención a la charla que mantenía con la mujer sobre el paradero de nuestros maridos tratando de percibir un atisbo del lugar al cual iríamos, pero si Carlota sabía algo, era más hermética que una olla de presión. Después de deleitar mis sentidos con el desayuno la ayudé a preparar un pequeño refrigerio para la tarde fuera de casa, en eso estábamos cuando su hijo menor irrumpió la calma que habíamos formado, informándonos que su padre y Edward ya venían en camino.

Salimos justo al tiempo en que una de las camionetas entraba por el sendero que llevaba a la entrada principal. La puerta del lado del copiloto se abrió y enfoqué mi mirada en esos cabellos cobrizos que parecían más indomables con el viento alborotándolos. A lo lejos escuché como Edward daba órdenes a los trabajadores en un tosco español, su profunda voz arrastrando las palabras producían un cosquilleo en mi columna, sabía que Edward dominaba un poco de algunos idiomas por lo que mi cabeza ya formaba un plan en el cual su voz trataba de adquirir los sensuales acentos.

— ¿Dónde está esa cabecita tuya? — mis fantasías me habían hecho perder contacto con la realidad y podía ver el brillo en sus ojos al intuir el rumbo de mis pensamientos. Hace dos días él había captado la razón por la cual lo hacia repetirme las palabras una y otra vez, ¿podía algo no ser sensual en él? — ¿Tuviste una buena noche, cariño?

— La noche fue estupenda — al llegar junto a mí sus manos en mis caderas me acercaron a su cuerpo, notando como se endurecía bajo las prendas. Pero a pesar de la satisfacción al sentir la reacción de su cuerpo, no pude dejar de reprocharle una pequeña cuestión —: El despertar no fue muy agradable.

No planeaba decirlo con el plan "Debes decirme todos tus movimientos" por lo que quise reacomodar mis palabras, él lo impidió.

— Estuve realmente tentado a despertarte y pasar todo el día en tus brazos, pero te veías tan cansada que me despegué de ti tan rápido como me fue posible, además, tenía que ir al pueblo a recoger algunas cosas con Pedro.

Los ruidos al otro extremo de donde estábamos atrajeron mi atención y sólo hasta ese momento me percaté que los hombres estaban acercando la camioneta a la orilla del mar, en la parte trasera llevaba un remolque con una lancha que no había distinguido tras su arribo. Edward siguió el rumbo de mi mirada y su mano subiendo por mi brazo me hizo regresar a su rostro.

— ¿Lista para partir?

Asentí eufóricamente arrancándole una masculina risa que junto al estremecimiento de su cuerpo quemaron cada una de mis terminaciones nerviosas. Me ayudó a subir a nuestro medio de transporte mientras sostenía la cesta que Carlota le entregó con nuestras provisiones, y extrañamente a otras situaciones en las que teníamos que viajar en este medio de transporte, hoy sólo íbamos él y yo.

Bordeamos gran parte de la costa hasta que la casa se hizo un pequeño punto a nuestra espalda, el ruido del motor nos impidió llevar una conversación duradera, por lo que sólo hacíamos preguntas esporádicas, de vez en cuando Edward atraía mi atención mientras me dejaba embriagar por los rayos del sol impactando en mi rostro y las demás veces, muchas de ellas debo admitir, me sorprendía admirando su cuerpo concentrado en la conducción de la lancha.

Llevábamos cerca de media hora en medio del mar cuando subió su mano y señaló un punto en el horizonte —. Es ahí a donde vamos

Enfoqué mi mirada en la minúscula mancha verde y le regresé la sonrisa. Unos pocos minutos más de avance y ya estábamos en el muelle, Edward pisó las crujientes maderas y me ofreció una mano y cuando mis pies se colocaron en la firme superficie no supe con exactitud que ocurrió pero dos cosas sucedieron con extrema velocidad. Mi visión empezó a girar haciéndome perder el equilibrio y una horrible sensación se formó en mi estómago. Con extrema rapidez me deshice del fiero agarre que Edward utilizó para salvarme del impacto y me arrodillé deshaciéndome de mi desayuno.

— ¡Vete! — chillé al sentir como se colocaba a mi lado y sujetaba mi cabello, la queja que pensaba decirle porque presenciara la humillante situación murió en mis labios al sentir una nueva arcada.

Acepté la botella que me ofreció y bebí una gran cantidad de agua antes de subir mi mirada a su preocupado rostro, podía imaginar los engranajes en su cabeza tratando de diagnosticar lo ocurrido.

— Sólo fue por el movimiento, Edward —traté de tranquilizarlo mostrando una sonrisa. Pero la verdad era que consideraba que mi débil estómago era el que no soportaba las especias y picante implicado en las comidas, desde hace algunos días había sentido múltiples náuseas.

— ¿Estás segura que sólo es eso?, ¿tal vez comiste algo echado a perder?, ¿qué otros síntomas tienes aparte de vómito, podrías tener una infección…?

— Basta — mis dedos cubrieron su boca y el murmullo murió en ellos —. Estoy segura que no he comido nada que me haga daño, todo se debe a mi débil estómago y a los movimientos, no te preocupes.

De buena gana aceptó mis explicaciones y cuando el malestar pasó emprendimos el camino en tierra firme, estando en ella se apreciaba más grande, rodeada de palmeras y arbustos que se quedaban a nuestras espaldas y continuaban hacia el frente, un pequeño ojo de agua se abría paso entre la superficie de la tierra y formaba un sendero acuoso que seguimos hasta que un estanque nos impidió el camino.

— ¿Quieres comer o acompañarme dentro del agua? — a pesar de que había vaciado mi estómago deseché esa opción al verlo despojarse de su camiseta y observar el tono de piel que había cambiado con los rayos de sol —. Creo que tienes algo mal en la cabeza, Isabella, tienes el estómago vacío y quieres llenarte de agua — negó con la cabeza tratando de reprenderme pero sus manos ya se estaban ocupando de mi blusa. Lo ayudé con mis shorts, y cuando mi vestimenta fue aprobada por su mirada, añadió con voz ronca—: así estás mejor.

El pequeño estanque tenía mayor profundidad de la que pensé, el agua fresca ayudó a relajar mi cuerpo y a reponerme del pequeño percance al arribar y de los estragos que los rayos de sol estaban causando en sistema.

Edward poseía una energía inagotable o tal vez todo era parte del encanto natural que había en él, como todo lo demás, en el agua también poseía esos movimientos elegantes e hipnotizadores, los músculos de su espalda alta se tensaban y relajaban con cada brazada, sumergía su cuerpo y al salir a la superficie las gotas de agua resbalaban por su escurridizo cuerpo para después perderse nuevamente con el resto de las moléculas.

Mi estado de relajación se perdió en la profundidad del depósito acuoso para ser remplazado rápidamente por la primitiva necesidad que sentía por él. Al parecer sus pensamientos estaban conectados con los míos o mi cuerpo irradiaba una energía invisible que era conducida por el agua, ya que al dirigirme una mirada aún en la distancia que nos separaba pude distinguir el brillo en sus ojos.

Su cuerpo se perdió en la profundidad y mis ojos trataron de distinguir su desplazamiento, para mi mala fortuna diversos factores actuaban en mi contra, la distancia que nos separaba era mayor a los cinco metros, la claridad del fondo se perdió al zambullirnos y por último, la velocidad que Edward empleaba minutos atrás había disminuido, contrario a los segundos que seguía pasando bajo el agua.

El deseo desapareció y comencé a preocuparme, sabía que Edward era un buen nadador y que no haría una estupidez como tratar de reemplazar su antiguo record sin respirar.

— Edward, esto no me esta gustando, ¡sal ahora mismo! — a pesar de que quería aparentar tranquilidad mi última oración salió más aguda y preocupada. — ¿Edward?

Los segundos seguían pasando y una pesadez se apoderó de mi cuerpo, con desesperación giré mi rostro tratando de percatarme de un súbito movimiento. Las hojas se movían y el viento soplaba, pero no era lo que yo buscaba. Recordé con pánico los consejos que me daba mi padre cuando era una niña sobre las aguas engañosas y las plantas marinas.

Inflé mis pulmones con la máxima cantidad de aire que podía retener y cuando estaba a punto de explorar en la profundidad unas manos que conocía muy bien subieron por mis piernas hasta que un rostro divertido se situó a mi altura.

— Te asuste.

El que se divirtiera con mi preocupación me llenó la sangre con furia. Mis manos cobraron vida propia e impactaron con su fuerte torso.

— ¡Eres un idiota! — su expresión cambió y por su mirada sabía que no entendía mi reacción —. ¿Te divierte la idea de que piense que te pudo haber pasado algo, pero tú, Señor estúpido, sólo querías jugar con mi preocupación? ¿Pues sabes que Edward?, te desconozco, y suéltame ya, quiero regresar a la hacienda.

Contrario a mi petición sus manos reafirmaron su agarre y una de ellas subió a mi espalda y me empujó a su pecho.

La bola de sentimientos que experimente en los últimos minutos hicieron estragos con mi autocontrol, pero la que eclipsó todas fue la de pensar que algo le ocurriera.

— Lamento lo que paso — su voz fue suave y casi un susurro, y por una fracción de segundo imaginé que si algo le pasaba jamás la volvería a escuchar —. Creí que estabas en la misma sintonía que la mía y que te divertía la situación.

La caricia de su mano se volvió reconfortante y mis ojos se nublaron con las lágrimas que quería retener, traté de enfocarme en mi respiración para no llorar. Lamentablemente falle.

— ¿Estás llorando? — los rayos del sol que eran ocultos para mí por la altura de su cuerpo me obligaron a cerrar los ojos cuando alejó mi cabeza. Sus pulgares limpiaron las lágrimas derramadas pero nuevas remplazaban el camino creado —. Deja de llorar, me rompes el corazón.

Abrí los ojos y entre mi vista borrosa, hablé:

— ¡Y tú no vuelvas a pensar que al exponer tu vida puedes lograr divertirme!

— No lo hice con esa intención, ¿me perdonas?

— Eres un tonto arrogante.

— ¿Eso es un sí?

Quería alargar la agonía que veía en sus ojos y tras no obtener la afirmación que él deseaba bajó su rostro para besar mi frente, el camino hacia mi nariz, reemplazo sus pulgares y besó mis húmedas mejillas —. ¿Me perdonas? — Mi voluntad empezaba a quebrantarse al sentir su cálida respiración sobre mi piel, acercándose a mi boca pero sin llegar a ella. Sólo torturándome.

— Sí — mi voz salió en un susurro y me recompensó con lo que me hizo ansiar en los últimos segundos, sus labios, húmedos y calientes tomaron mi labio inferior brindándome con el acto su aliento embriagador. Mi corazón cambió la intensidad de sus latidos, bombeando con una fuerza en la que podía jurar que hasta la célula más alejada había intercambiado el suministro nutritivo que brindaba mi sangre oxigenada en un tiempo record.

Nuestras piernas flotando en el agua se entremezclaron, no podía concentrarme en algo más que no fuera él y para no hundirme pasé mis brazos tras su cuello, adhiriéndome a su pecho. Gimió a la vez que una de sus manos me retuvo por la nuca y la otra bajó por mi espalda hasta que se posó en mi cadera. Me tenía enjaulada en su cuerpo y al moverse entre mis piernas fue mi turno de gemir al sentir su erecto miembro justo donde lo necesitaba.

No fui consciente del avance hasta que el aire caliente chocó contra mi espalda desnuda, despegué mis labios, mas él no separó los suyos de mi piel, succionando la sensible piel de mi cuello. Me obligó a envolver mis piernas en sus caderas cuando el fondo del estanque se acercaba a mis pies y cuando finalmente dejé de sentir los vaivenes del agua, me recostó sobre la tierra. Se acomodó entre mis piernas, presionando su rigidez en mi vientre. Subió su mirada oscurecida por el deseo pero aún en la profundidad e inquebrantable barrera pasional encontré el amor que sentía por mí.

Sujeté su rostro entre mis manos y lo acerqué a mí—. Te amo.

Repitió las mismas palabras con vehemencia, adorando mi piel con sus labios. Después de aturdirme con un demandante beso bajó respirando sobre mi cuerpo y jugando con las delgadas tiras de tela que sujetaban mi bañador tras mi cuello. Su nariz se detuvo sobre mi vientre y después su boca subió por el mismo camino deteniéndose por un tiempo insuficiente para atender mis pezones sobre la ligera prenda.

— Tu piel sabe tan bien — habló en medio de un gruñido a escasos centímetros de mi oído —. Pero soy un jodido codicioso que no sólo se conforma con eso, te necesito tanto. Necesito estar dentro de ti.

En un rápido movimiento intervino nuestras posiciones y mis piernas quedaron a ambos lados de su cadera. Por un instante estuve a punto de olvidarme de todo lo que nos rodeaba pero cuando sus dedos empezaron a jalar las hebras tras mi nuca la parte coherente en mi cabeza notó un importante detalle.

Me separé con rapidez de su pecho, tratando de mantener erguida mi columna y con la distancia que había impuesto en el último segundo observé la perplejidad en su mirada.

— No podemos hacerlo aquí — controlé mi agitada respiración —. A mitad de la isla y con la claridad del día como nuestro enemigo y potencial descubridor.

Una erótica y masculina risa salió de sus labios. — Nadie nos vera — aseguró.

— Esta vez no me convencerás para dar un espectáculo, Edward — el calor y temperatura se incrementaron en mis mejillas al recordar el inicio de la luna de miel.

Desesperadamente traté de no pensar en miles de pies de altura, champán sobre mi cuerpo, recubrimientos en piel color beige y en esa enorme cama dentro de la diminuta habitación.

— Nadie más que yo te va a ver desnuda — sus astutas manos no se quedaron quietas y poco a poco aflojaban un poco más —. Estamos en una isla privada — regresé el enfoque de mi mirada a sus ojos, buscando la verdad en ellos. La encontré justo cuando sentí como la fuerza de gravedad dejaba al descubierto mis pechos a su hambrienta mirada. Sonrió con satisfacción al ver la silenciosa aprobación en mi mirada —. Humm estás en un serio problema, Isabella — ronroneó — y sólo te voy a dar dos opciones para solucionarlo: te quitas estas estorbosas prendas y dejas que esos hermosos sitios adquieran la misma tonalidad que en el resto de tu cuerpo o…— se enderezó y su respiración sobre mi pezón izquierdo me hizo querer alargar una de mis manos y acercarlo con desesperación —. O atraerás la atención de mis labios como si tuvieras un anuncio neón en medio de la noche…justo aquí — gemí al sentir como su lengua se apoderaba de la endurecida protuberancia.

Como pude logré contestar, sí es que él lo necesitaba — Prefiero la segunda opción.

La vibración de su risa cumpliendo su afanosa labor incrementó la dimensión de la bola de excitación que se apoderaba de mi bajo vientre.

— Yo también la prefiero — finalmente liberó la parte superior del bañador y me recostó sobre la húmeda tierra, pronto mis bragas también estuvieron fuera y sus labios no tardaron en encontrar un ritmo que me hiciera llorar de placer —. Siempre la segunda opción.

La intensidad con la que me penetró me hizo olvidar de pensar en que momento se deshizo de su única prenda y de la rapidez con la que reemplazó sus labios, sólo me dejé llevar por los movimientos que marcaba, primero exquisitamente lentos para después dar lugar a una tormentosa necesidad para que toda la tensión acumulada diera lugar a un pleno placer.

— ¡Edward! —grité cuando una ligera inclinación de mi cuerpo me hizo sentir estar más cerca del nebuloso paraíso.

Gruñó y se hundió profundamente en mí, arrastrándonos a la más sublime satisfacción pero aún con mi cabeza a miles de millas de donde me encontraba imploré a nadie en particular que su semilla se implantará en mi vientre y formará un precioso bebé de ojos verdes.

Bella…Bella… ¡Bella! — la voz de mi madre a escasos centímetros de mi rostro me trajo de regreso del vivido recuerdo, enfoqué mi soñolienta mirada en sus azulinos ojos mientras me reincorporaba del incómodo sillón en el cual dormité, tratando de recomponer mi respiración, al menos en esta ocasión el sonrojo en mis mejillas lo podía atribuir al sueño.

— Lo siento, mamá — aclaré mi ronca garganta — no supe en que momento me quedé dormida — inspeccioné con rapidez a mi alrededor tratando de enfocar mi portátil, no la encontré pero afortunadamente no estaba hecha añicos en el suelo.

— No tienes porque disculparte, cariño, en tu estado la necesidad por dormir es comprensible.

— A decir verdad el estar una semana fuera y sin las obligaciones que me corresponden cambiaron mi rutina, afortunadamente los niños terminan el curso escolar en pocas semanas y sólo quedará pendiente el torneo de soccer —. Evité comentarle a Renée de la noticia que Ángela me había dado, debido a su próxima boda ahora tendría alguien menos en la plantilla. Alguien muy importante, pero mi madre tenía sus propias obligaciones.

No pareció conforme con mi contestación pero sonrió con complicidad y se sentó junto a mí —. Me gustaría quedarme y ayudarte con los niños pero ya sabes mi rutina para ayudar en el campamento de verano que organiza el ayuntamiento — parecía afligida.

— Lo sé, mamá, pero no te entristezcas, antes de que acabe el curso tendrás media docena más de niños llenando tu aula.

Su risa llenó la habitación y contestó con una sonrisa —: Lex está más entusiasmado que nunca y ha trasmitido su energía a los demás niños.

Esta afirmación era completamente cierta, durante las horas de regreso a Seattle no pude dejar de pensar en que encontraría al llegar a casa, en como había tomado Lex el tema sobre un bebé después de mi explicación, hablábamos con ellos todos los días por teléfono pero podía asegurar que en esos momentos él estaba extasiado por la oportunidad de contar sus anécdotas que por hablar de sus preocupaciones por la dirección de mi afecto. Afortunadamente desde nuestro arribo el niño no dejó de estar feliz.

Y como si pareciera que intuía la presencia de su nombre en la conversación, el pequeño hombrecito nos observaba desde la distancia.

— ¿Qué ocurre, renacuajo?

Negó con la cabeza y corrió a nuestro lado con una sonrisa tatuada en su rostro.

— No tan rápido, Alexander — mi madre habló y el niño centró su atención en ella, hice lo mismo que él al no entender el por qué de de la interrupción de mi madre —. Debes tener cuidado con mamá, cariño, no seas tan tosco y acércate como el caballero que hemos criado.

Estaba a punto de decirle que no cambiará su forma de ser por las locuras de mi madre pero Anthony irrumpió en la habitación pidiendo la atención de Renée.

— Abuela, papá y el abuelo Charlie dicen que la camioneta está cargada con todas sus cosas — mi madre giró los ojos y estiró su mano para que Anthony se acercará a ella, Lex a pesar de sus advertencias ya estaba sentado en mi regazo.

— Estoy segura que esas palabras fueron de Charles — sonrió y enfocó su mirada en los niños y en mí, demorándose un poco en cada uno —. Deben prometerme que serán niños buenos y no le darán problemas a mamá, además de tener cuidado con ella.

Dos semanas habían transcurrido desde que mis padres dejaron Seattle y aún no lograba entender las extrañas advertencias que sugirió Renée, lo más probable es que debió encontrar un libro que hablara sobre la sobreprotección a los hijos y quería experimentar la situación. Con esto no digo que mi madre fuera despreocupada cuando Daniel y yo éramos niños, dentro de sus extravagancias no dejaba de pensar en nuestro bienestar.

Mis días eran terriblemente agotadores y a pesar de que la carga de trabajo había disminuido, mi cuerpo estaba muy extraño, había comenzado con intensos vértigos matutinos, especialmente después de levantarme y esto a su vez traía constantes náuseas hasta que lograba hidratar un poco mi cuerpo. Afortunadamente fui lo suficientemente inteligente para no sembrar el pánico en Edward y como punto a mi favor él presenció muy pocos episodios. Por las tardes, justo después de comer y antes de llevar a los niños al entrenamiento la pesadez de mis ojos me hacía quedarme dormida en cualquier superficie horizontal.

Los ruidos provenientes del baño me hicieron ponerme en marcha, si quería seguir estando sin la preocupación de Edward tras mi espalda necesitaba levantarme de la cama y encontrar el equilibrio como era una constante en los últimos días, pero una vez sentada en la cama y en espera de la oscilante sensación esta jamás llegó. Evitando ser infantil y brincar por toda la habitación apuré mis movimientos y me aproximé al cuarto de baño.

— Quien recién te haya conocido en los últimos días diría que te ganaste la lotería — la burlona voz de Edward me hizo llevar una mano a mi rostro y comprobar lo que dijo — ¿a qué se debe esa sonrisa?

Levanté mi vista repasando el perfecto bronceado que había adquirido su cuerpo envuelto sólo en una pequeña toalla y estuve de acuerdo con sus palabras, me había sacado la lotería.

— Es un bello día y sabía que al entrar aquí iba a encontrar una buena vista — rodó los ojos y viéndome por el espejo volvió a tomar la navaja de afeitar.

— Yo creí que habías encontrado al suplente de Ángela.

Mi sonrisa cayó al recordarme una de mis preocupaciones —. Vaya Edward, gracias por tirar mi felicidad desde un avión y sin paracaídas, ¡aguafiestas! — traté de sonar dolida.

— ¡Hey, no soy aguafiestas! — uso el mismo tono que yo, con ironía— sólo me preocupo por ti — limpió su rostro con abundante agua y al girarse se recargó en la superficie de mármol —. Pero hablando en serio deberías colocar un anuncio en el periódico, colocar volantes en la Universidad o encontrar otra forma para llenar la vacante, no puedes ocuparte de la casa, los niños, tu libro y aparte más obligaciones en la librería.

— Sabes que lo referente al libro se trabaja con lentitud. — Durante la visita con mis editores sólo habían sugerido varios cambios en la redacción pero nada relevante —. De los niños y la casa no me puedo alejar — pretendía refutar mis palabras pero levanté mi dedo y negué con él —. Para el puesto de Ángela estoy esperando un recomendado de mi profesor de Literatura Inglesa.

— ¿Y cuanto más se va a tardar ese recomendado? ¿una semana más, un mes? — la misma conversación en la que trataba de darme "consejos" de cómo manejar mi vida profesional estaba a punto de desencadenar una ridícula discusión y antes de que le gritará si yo sugería maniobras quirúrgicas, mis intestinos empezaron con una vergonzosa melodía.

— ¿Podríamos dejar el tema a un lado?, deseo tener una buena digestión.

Asintió sabiendo que no iba a hacer nada de lo que él dijera y pretendí salir de la habitación, mas su mano detuvo mi avance.

— Yo me encargo del desayuno y los niños, disfruta de un buen baño — dio una zancada y pronto estuvo frente a mí, con su cuerpo mandando ondas que impactaban en mi autocontrol por él, así que cuando bajó su rostro y su aliento rozó mi piel cerré los ojos y me aproximé a su encuentro, sus labios sobre los míos eran adrenalina pura, despertando cada terminación nerviosa y dejando un rastro embriagador. Cuando nos fue insoportable seguir sin el suministro de oxígeno alejó sus labios y recargó su frente en la mía —. Se nos hará tarde.

A regañadientes me alejé de él para abrir los grifos —. ¿Podrías cocinar huevos?

— ¿De nuevo? — No observé su rostro pero por el tono de su voz sabía que no era de su agrado —. No comprendo esa nueva tendencia tuya de desayunar lo mismo pero tendrás huevos…eso si aún quedan en el refrigerador.

No le presté atención a su comentario y emprendí con la organización de mi día, el agua caliente sobre mi cuerpo me hizo llegar a una conclusión, sí el Sr. Evans no enviaba a su candidato tomaría en cuenta el consejo de Edward.

Para mi mala fortuna o buena, dependiendo del lado en que se viera, el estudiante de mi antiguo profesor había tenido un accidente dentro del campus y sus movimientos estaban reducidos por la inmovilidad de una de sus piernas. Esa mañana aproveché del poco trabajo en la librería y me enfoqué en la realización de volantes, encontrar el número telefónico de los periódicos locales y hablar con mi madre. Sus llamadas se habían hecho más constantes y en cada una de ellas, así fuera la cuarta vez que hablaba conmigo en un día, repetía la misma pregunta, ¿estás bien? Alucinaba la oración.

Precisamente estaba hablando con ella -por segunda vez en el día-, cuando la voz en grito de Lex pidiendo mi atención la hizo reír y terminar la llamada.

— ¡Mamá! — volvió a gritar pero no me esforcé por contestar, él sabía que odiaba que me gritara cuando sabía el lugar en el cual estaba. Cuando llegó a la cocina con su ceño fruncido me observó con valor —. ¿No me escuchaste?

— Estoy en el lugar en el cual me dejaste al subir a tu habitación — me encogí de hombros y tomé la bolsa en la que guardaban sus zapatos deportivos y bebidas — y si sigues haciendo preguntas llegaremos tarde, Anthony ya nos espera en el coche.

No hizo más preguntas y sabiendo que íbamos tarde salió corriendo rumbo al coche. Los niños estaban un poco decepcionados por que Edward no asistiera a uno de los partidos, cada competencia nos acercaba rumbo al fin de la temporada, el equipo se estaba imponiendo entre los mejores pero no por eso el entrenador debilitaba los entrenamientos.

Mi mirada estaba enfocada en las jugadas que los niños realizaban, con Alice y Rose a mi lado. Desde que Addie había pisado el campo de fútbol cambiamos nuestro acostumbrado sitio para observar y nos colocamos en la primera fila con la niña en la carreola y las mellizas clamando su atención.

— Dime Belly-Bells — me sobresalté un poco cuando Emmett se colocó a mi lado y a pesar de que su voz estaba en un susurro, destilaba diversión —. ¿Podremos asistir a la hacienda sin el peligro de que nos detengan por lo que mi hermano y tú hayan causado en la comunidad o en sus pobres, castos e inocentes habitantes?

— Deja de molestar a Bella, Emmett —Rose dijo desde el otro extremo pero su esposo no escuchó su advertencia.

— No lo hago con esa intención, Rosie — una alarma en mi interior no creyó en su palabra —. ¿Recuerdas que te dije que había hablado con mamá y podíamos tomarnos un fin de semana para nosotros, que los viejos se encargarían de los niños? — en este punto no sólo Rose observaba a Emmett, sino también Alice —. Bueno, le pregunté a ese egoísta hermano que Dios me dio y no quiso compartirme su tip, ¿tú sí me lo dirás, Bella?

— Claro — la sonrisa maliciosa que iluminó su rostro me advirtió demasiado tarde que debí tomar precauciones en mi contestación.

— ¿En que lugar y que utilizaron para adueñarse de ese bronceado digno de un actor de Hollywood? Créeme, hemos pasado muchas vacaciones juntos y la piel de nuestra familia es un poco quisquillosa para producir ese precioso pigmento y Edward lo tenía hasta en las…

Una estruendosa tos, producida por mi falta de respiración ante la petición de Emmett resonó en la cancha techada, el color y temperatura había subido a mi rostro, cerré los ojos y rogué porque un hoyo se abriera en la tierra y me succionará. Lamentablemente eso no sucedió y cuando las risas de mis acompañantes disminuyeron abrí los ojos.

— Emmett tiene razón — admitió Alice en medio de una nueva risa y no sé que observó en mi rostro que continuó —: Pero descuida, Bella, en esta ocasión no pretendo averiguar como ocurrió eso.

Agradecí cuando Phil y el entrenador del equipo contrario llamaron a Emmett para que atendiera a un niño lesionado. La conversación con las chicas retomó la dirección que teníamos antes de que Emmett nos interrumpiera y me hiciera pasar semejante vergüenza, por más que haya disfrutado de esa visita a la isla privada no admitiría ante él que la razón de que eso ocurriera fue que en medio de la pasión nos olvidamos de colocarnos adecuadamente el bloqueador solar.

Una aterciopelada voz a mi espalda me hizo desenfocar la atención de la charla que tenía con las chicas y me giré buscando al responsable de ese sonido, cuando mi mirada llegó a la suya me sonrió y asintió a lo que le dijera Jasper que venía a su lado. Los chicos saludaron y pidieron ser puestos a la última nota sobre el avance del partido para después no tardar en involucrarse en nuestra charla.

A pesar de estar inmiscuida completamente en la plática llegó un momento en la que me recargué en el hombro de Edward y mis ojos poco a poco se iban cerrando.

— Aguanta un poco más — susurró en mi oído y me acercó más a él — el partido esta a punto de acabar.

No habían pasado más de diez minutos y ya estábamos en mi coche camino a casa, Alice refunfuñó cuando Edward negó nuestra participación en el restaurant que acostumbrábamos en estos días, por un momento creí que me rogaría para convencer a su hermano pero después de que Jasper susurrara unas palabras en su oído, Alice se relajó.

— Tu coche es tan incómodo — Edward volvió a quejarse cuando paramos en un alto.

Abrí un ojo y lo observé con el ceño fruncido —. Si tanto te molesta hubieras traído el tuyo.

Se rió entre dientes y siguió el camino, deteniéndose primero en un local de comida rápida. Volví a cerrar los ojos antes que nuestra orden fuera entregada y no fue hasta que unas exclamaciones de asombro, provenientes de la parte trasera del coche me trajeron de regreso. Entreabrí los ojos y reconocí la casa del vecino de enfrente pero estaba tan exhausta que volví a cerrar los ojos prometiéndome que lo haría cuando estacionará. Cuando el coche se detuvo los niños pidieron a Edward bajar rápidamente, él maldijo por la escasa cantidad de puertas de mi coche y realizó lo que los niños pidieron lo más rápido posible.

Abrió mi puerta y se inclinó junto a mí —. Despierta, bella durmiente.

No objeté cuando paso sus brazos por mi cuerpo, alzándome como si pesara menos que una pluma, pero contrario a lo que creía y diciéndome que no había dormitado de nuevo, detuvo su andar.

— Abre los ojos, amor — pidió cerca de mi oído e hice lo que pidió.

Entre las incandescentes luces del exterior miré su rostro que cambiaba su vista de mí a algo que estaba al frente, seguí el rumbo de su mirada y tarde algunos minutos observando "el intruso" que había en nuestra cochera.

— ¿Edward, qué hace esa camioneta con el enorme moño rosa interfiriendo con nuestro paso?

Se rió meciendo mi cuerpo con el suyo y después me dejó en el suelo, a estas alturas ya no batallaba para tener ambos ojos abiertos. Seguí sus ágiles movimientos que sacaron un objeto brillante y envuelto en un lazo del mismo color del moño en la camioneta, los niños hasta ese momento callados volvieron a exclamar.

— ¡Wow!, ¡ ¿podemos subirnos? ! — su mirada dejó de verme y bajó para detenerse en ellos.

— No lo sé — rió y regresó su mirada a mí —. ¿Qué dices cariño, los dejas subir a tu camioneta?

— ¿Mía? — mi voz salió en un aullido y enfoqué mi mirada en la reluciente placa incrustada en el cofre que tenía escrita la palabra Jeep, no sabía mucho de autos pero este no era del tipo monstruoso como el de Emmett, pero tampoco pequeño, este era más grande y ancho, más del tipo familiar —. Pero si yo ya tengo coche, ¿para qué quiero dos?

— ¿Podemos, mamá? — Edward extendió mi mano colocando en ella la fría llave. La situación me llevó a varias semanas atrás, cuando en este mismo lugar me entregó las llaves de nuestra casa. Pero en esa ocasión era consciente de que algo escondía, ¿cómo se las ingenió para que esta vez no notara su sorpresa?

Miré los ojos suplicantes de los niños y estudié el objeto en mis manos antes de accionar el botón que abría las puertas, apenas lo hice y ellos ya estaban explorando el interior.

— ¿A qué se debe todo esto?

Cuestioné y su sonrisa creció unos centímetros más mientras me observaba con serenidad —. Necesitabas un coche.

Después de su mirada despreocupada y sus palabras ya no lo pude soportar más y grité —: ¡Ya tengo el Honda!

— Ese coche no es el adecuado para ti.

— ¿Y este sí?, ¿sólo por ser un monstruo y porque te puedes mover con mayor facilidad en ella, sí lo es?, si tanto te gusta quédate con ella, no la pienso utilizar.

— No seas irracional, Bella, ese coche tuyo es una trampa mortal con sólo dos puertas, piensa en tu seguridad y en la de los niños.

Llena de cólera estuve a punto de decirle quien era el irracional cuando los niños llamaron mi atención y me pidieron acercarme, entrecerré los ojos en dirección a Edward, dejando claro con ello que este asunto no estaba solucionado y cambiando mi semblante me aproximé a los niños. Por un momento me permití admirar con ellos el fino interior recubierto en piel, aún de pie y siendo consciente del fuerte cuerpo de Edward que se presionaba en mi espalda.

— La camioneta es muy bonita pero nuestra cena se esta enfriando. — Los niños asintieron cuando les prometí que el día de mañana pasearíamos en ella, y salieron corriendo, quise hacer lo mismo que ellos pero Edward no me lo permitió, me giré entre la prisión que imponía y levanté mi barbilla —. ¿Cómo le hiciste esta vez para que yo no me diera cuenta de tu sorpresa?, por la cara de los niños en esta ocasión ellos no fueron tus aliados, ¿quién lo fue, Edward? — Dio un paso para atrás y me dio más libertad para moverme mas no dijo nada—. ¿Sabes qué?...no lo quiero saber, y si me permites, nuestros hijos me esperan.

Resopló audiblemente y habló bajo su aliento unas palabras que no llegué a entender — Bella — no me volteé a su llamado y entré a la casa.

Podía ser infantil si él lo veía así, pero no me iba a imponer que iba a conducir sólo porque él no aprobaba mi elección al elegir mi coche, jamás había tenido un problema con él y a mí me resultaba muy práctico. Él creía que era tan frágil como una muñeca de porcelana que necesitaba meter dentro de una caja de cristal para que nadie la dañara con el simple aliento que desprendían sus cuerpos. Y claro, al verme en un coche mayor creía que nada me sucedería, podía comprarme un tanque de guerra pero yo no lo iba a usar.

La cena fue un tenso silencio entre él y yo, sólo aligerado por los comentarios de los niños, el nudo en mi garganta por no gritarle lo que necesitaba sacar de mi cuerpo me impidió probar bocado, por lo visto sabía apreciar su integridad física ya que no hizo ninguna replica por mi poca alimentación.

Los siguientes minutos lejos de él me dieron un poco de tranquilidad, y cuando los niños estuvieron listos en sus camas yo me dirigí a la nuestra, todo el sueño que pocas horas atrás me estaba consumiendo había desaparecido, pero una vez dentro de las tibias sábanas me concentré para que regresara a mí. Escuché el ruido en el pasillo advirtiéndome de su proximidad y recurriendo a todo mi autocontrol fingí estar dormida.

En el silencio sepulcral fui consciente de cada movimiento que hacia, del susurro que hacia su ropa al apartarse de su cuerpo, la puerta del baño, el agua corriendo, como apagaba los interruptores y por último, como se introducía en la cama, acercando su cuerpo a mi espalda.

Apartó el cabello de mi hombro descansando sus labios ahí, traté por todos los medios de controlar las reacciones de mi cuerpo —. ¿Estás despierta?

Lo estoy, y muy molesta contigo, quise gritar.

Exhaló aire lentamente y su mano se posó en el lugar de costumbre y después de un buen rato, cuando su respiración me informó que se había quedado dormido lloré. Lloré de impotencia, por infantil, para no sentirme controlada, la verdad no supe porque lo hice pero no pude evitar que las saladas y calientes lágrimas corrieran por mis mejillas.

No pude dormir bien ese día y cuando finalmente la relajación llegó a mi cuerpo, el despertador de Edward sonó. No esperé que él saliera de bañar y llevé lo que necesitaba al baño del pasillo. Una parte de mí sabía que mi reacción no debía ser tan extrema, él sólo se preocupaba por nuestro bienestar pero también sabía que si cedía en una ocasión, él esperaría que lo hiciera con regularidad y ante todo me gustaba mi libertad.

Por fortuna y pese a todo lo que creí que pasaría, cuando regresé a la habitación su sonrisa arrepentida y sincera me hicieron preguntarme si estaba haciendo lo correcto. No hicimos mención de lo sucedido durante el desayuno y al salir de casa los niños sugirieron transportarnos en la nueva adquisición de la familia, me negué a manejar pero al ver la decepción en los tres rostros que más amaba le pasé la responsabilidad a Edward.

Aceptó gustoso pero con la condición de sólo utilizar un auto y después de dejar a los niños a la escuela y llevarme a la librería comprendí que lo que quería era aclarar lo sucedido.

— No me gusta el silencio que nos rodea — habló mientras me ayudaba a meter la paquetería —. Sé que hice mal por no contar con tu aprobación, sólo que creí que tomarías bien mi regalo…era un regalo adelantado por tu cumpleaños — la risa que salió de sus labios fue lastimosa.

— No tienes porque comprarme regalos caros y debo aceptar que viendo la situación desde otra perspectiva, actué muy infantil — él pretendía hablar pero ya no soportaba la barrera que había interpuesto entre nosotros —. Si realmente quieres que tu desesperante esposa pase una buena mañana, bésame.

Las cosas volvieron a la normalidad y no me presionó por utilizar la camioneta, claro que tampoco permanecía sin ser usada, durante los siguientes dos días había adoptado la costumbre de sólo utilizar un auto y llevarnos a nuestros destinos, también descubrí que la razón por la cual no asistió a ese partido fue porque tenía que liquidar la cantidad en la agencia y su cómplice en todo esto había sido Jasper, que se disculpó por no refrenar a Edward para pedir mi opinión, en algunas ocasiones el apuesto y pensativo rubio me llegaba a sorprender al intuir las cosas que eran ocultas para él.

La librería era un caos total, entre Tyler y yo no lográbamos abarcar todos los sitios que requerían nuestra atención y a pesar de que Andrea no desempeñaba ese tipo de actividades se ofrecía para ayudarme durante las mañanas. Tan ocupada estaba que ni siquiera había tenido el tiempo para publicar el anuncio para llenar la vacante.

Justo estábamos tomando un descanso después de despedir a un agente de ventas cuando la campanilla puso fin al momento.

— Yo me hago cargo de ella, Andy — a pesar de que no habló en sus ojos marrones observé un agradecimiento —. Has sido de gran ayuda y tu turno esta a punto de terminar — la chica tomó nuestras tazas y las llevó tras el mostrador.

Me levanté con un poco de esfuerzo, y tras sacudir mi falda fui rumbo al recibidor. La chica observaba todo con suma atención y cuando mis pasos la alertaron de mi proximidad, habló:

— Buenas tardes, mi nombre es Amy Williams — acepté la mano que tendió suponiendo que sería una nueva agente de alguna editorial — busco a la señora Isabella Cullen.

— Llámame Bella, ¿en qué te puedo ayudar?

— Vengo por la vacante que esta disponible — habló con un poco de nerviosismo — si es que aún esta libre.

Me extraño el motivo de su inesperada visita ya que yo no había hecho pública la necesidad de personal pero con todo lo que paso en las últimas semanas debí decirle a Tyler sobre los planes que tenía y él debió poner en circulación mis volantes. No hice esperar más a la chica y como no podía despegarme de la atención del negocio nos sentamos en el área de la cafetería. Fue una gran sorpresa descubrir como supo de la vacante.

— Mi padre es paramédico en el Masen-Cullen Hospital, ha trabajado por años dentro del área de trauma con uno de los doctores Cullen, recién me desocuparon de mi antiguo trabajo y en una reciente plática con mi padre, él le dijo que su esposa necesitaba personal — dijo tan rápido que aún en la perplejidad de cómo se dieron las cosas me costó responder:

— Supongo que ese doctor es Edward — ella asintió y de nuevo una sensación de ser controlada por él se apoderó de mí —. No sé que fue lo que le ofreció mi marido a tu padre, pero necesito a alguien familiarizado con el manejo del negocio.

No fue necesario decir más palabras cuando ella sacó cartas de recomendación de la biblioteca más grande de Seattle y otras de menor rango. Yo sabía que era estar en una situación difícil y no podía negarme a darle una oportunidad, el que Edward se adelantará de nuevo a mis pensamientos no iba a hacer que yo desistiera de contratarla, primero porque realmente la necesitaba y segundo porque parecía que cumpliría perfectamente con su trabajo.

El que no presenció mi entusiasmo por tener un problema menos fue Edward cuando pasó a recogerme. Y no hablé hasta que estuvimos rodeados por el aroma a piel envolviéndonos en el interior del Jeep:

— ¿Te suena el nombre Amy Williams? — Desenfocó su mirada al detenerse en un alto y me observó a mí en medio de la confusión — ¿El paramédico Erick Williams? — sus ojos se abrieron lo más ancho que podían y tardó algunos segundos en hablar.

—No es lo que parece, Bella. Hablé apenas ayer con él — se defendió — cuando llegamos a casa y después de comer te quedaste dormida y apenas despertaste corrimos al club para el partido de los niños, siento haberme olvidado de decirte que su hija iría a visitarte.

Al ver la sinceridad en su mirada disminuyó el grado de enfado que corría por mis venas, al menos en esta ocasión no podía culparlo de conspirar para controlar mi vida.

— Y bien — después de un corto silencio decidió preguntar —: ¿Le diste el empleo?

Otra semana más transcurrió y a pesar de que mi carga de trabajo había disminuido con la llegada y eficiencia de Amy, el sueño y la sensación de fatiga aumentaba como una severa infección. Para mi mala fortuna ya no era tan discreta y Edward estaba sobre mí tratando de saber que era lo que ocurría conmigo.

— No me basta con que tú me digas que te encuentras bien — dijo mientras acomodaba algunas bolsas en el Jeep para pasar el día en casa de sus padres —. Mañana antes de

ir a trabajar quiero que vengas conmigo al hospital…

Lo corté antes que siguiera planeando mis actividades — No puedes dirigir mi vida Edward, yo también tengo trabajo que hacer.

— Ahora tienes a Amy — se encogió de hombros y bajó la puerta —. Y también llamaré a una agencia de personal doméstico — ordenó sin despegar sus ojos de mí, advirtiéndome que no había una negación para eso.

Me tragué todas las palabras que le quería decir, sintiendo como un gran nudo se formaba en mi estómago y las lágrimas empezaban a nublar mi mirada, no quería preocupar a los niños con nuestra discusión y dirigiéndole una última mirada giré sobre mis talones y subí a la camioneta.

No podía entender la actitud de Edward, tal vez él pensara de esa forma pero yo sentía que las labores que los involucraba a ellos y la casa eran mi obligación, durante el tiempo que vivimos en casa de Danny nada de eso interfirió, claro que la casa de mi hermano no era tan amplia como lo es la nuestra, pero si me organizaba bien podía tener todo bajo control.

Esme, las chicas y yo nos hicimos cargo de la cena mientras ellos observaban un partido de fútbol, y a pesar de que quería solucionar las cosas por mi cuenta, pedí su opinión.

— Edward suele ser muy sobre protector contigo, cariño — Esme lo defendió — él es tan parecido a Carlisle en ese aspecto, cuando Edward era apenas un bebé, Carlisle empezó por cortarme algunas de mis tareas, en ese entonces lo agradecí pero cuando aprendí a manejar el nuevo cambio que exigían las demandas de ambos niños quise que esas obligaciones regresaran, te daré el consejo que me dio mi madre cuando le platiqué sobre esto, deja que él haga lo que cree conveniente, dile que sí y con el transcurso de los días cuando ya el tema este olvidado por él, dile que no necesitas esa ayuda extra.

A pesar de que no quería doblegarme ante sus órdenes considere la idea y si Esme tenía razón en pocos días lo haría desistir de contar con una extraña ordenando nuestra casa. Con ese nuevo pensamiento la cena transcurrió con tranquilidad, ya no era el momento tenso que nos invadió después de su advertencia.

Pero todo ese prometedor futuro se fue por el desagüe cuando sin querer escuché la conversación que ellos llevaban.

Si yo estuviera en tu lugar, Edward — Emmett ahogó una risa y prosiguió en medio de otra — le dejaría bien en claro a Rosalie quien es él que lleva los pantalones en casa, Bella no aprecia que tú le compres una camioneta nueva y que quieras quitarle las obligaciones de la casa, cualquier mujer soñaría con tener un marido así, y ella que lo tiene…

Su risa fue interrumpida por la malhumorada voz de Carlisle —. Deja de decir tantas estupideces, Emmett — transcurrió un largo silencio y la voz que quería escuchar nunca desmintió las acusaciones.

Yo ya te di mi opinión — Emmett dio su última palabra, escuché movimiento detrás de la puerta y planeaba marcharme pero escuché la vacilación de Edward por continuar con la conversación.

Una que no pretendo seguir — suspiró pesadamente — sé que Bella es muy testadura pero también sé que tarde o temprano va a ceder.

Sus palabras impactaron en mis oídos produciéndome una gran decepción, ¿así era como él creía que iba a funcionar nuestro matrimonio, él ordenando y yo obedeciendo hasta las más mínima de sus palabras?

Pues estaba en un gran problema, ya no estábamos en el siglo pasado y yo creía en mi libertad de elección. Ignorando las lágrimas que ya se derramaban de mis ojos quise huir de ahí, cerrar los ojos y retroceder el tiempo para no escuchar su absurdo planteamiento. Desgraciadamente la suerte no estaba de mi lado y al tratar de girar la mesa del pasillo se interpuso en mi camino y lo que había sobre su superficie tambaleó y cayó estrepitosamente sobre el piso.

Observé temerosa como una pequeña cría ante un gran depredador, buscando salir de ese lugar. Obligué a mis pies a caminar, las voces habían disminuido a mi espalda mientras me aproximaba a la puerta principal y como una cruel broma distinguí a unos de los causantes de nuestros desacuerdos. Tomé entre mis temblorosas manos las llaves y salí de la casa.

Si Edward quería que condujera la camioneta, lo empezaría a hacer desde este momento.

El alboroto dentro de la casa activó mis sentidos y con premura desactivé la alarma del Jeep y entre en él, y cuando el suave rugir del motor cubrió mis sollozos el lívido rostro de Edward salió por la puerta que segundos atrás yo atravesé.

No quise mirar atrás ni descubrir que lo que tan desesperadamente vociferaba, arranqué violentamente el Jeep y emprendí mi huida. Porque sabía que eso era, estaba huyendo de él, de nuestros tontos problemas. Enjuagué las lágrimas que nublaban mi visión, concentrándome sólo en el objetivo de llegar a casa y refugiarme en mi absurdo dolor.

Una sabia vocecita en mi cabeza me advertía de que Edward no quería imponerse ante mí, que él creía que yo cedería por mi propia cuenta, jamás dijo que me obligaría, pero aún así dolía. En un tiempo récord y agradeciendo que los semáforos estuvieran a mi favor llegué con bien a casa. Sabía que no actuaba como la mujer que se hizo cargo de grandes responsabilidades, y que la versión de Bella de la cual todos admiraban estaba reducida en cenizas en este momento.

Atravesé las habitaciones hasta que llegué a la nuestra, y con desesperación me quité todas las prendas que llevaba, ansiaba estar bajo el chorro de agua caliente, como si eso me ayudará a barrer de mi cuerpo los últimos minutos que había vivido. No reprimí ningún sentimiento, lloré, grité y reí con ironía, nada importaba, nadie me escucharía.

Después de algún tiempo en el que creí haber sacado toda esa frustración, salí de la ducha. El silencio sólo era cortado por los sonidos que hacia tras secar mi cuerpo y cuando estuve completamente seca entré en la habitación.

Tan concentrada estaba mientras buscaba una nueva muda de ropa que cuando una voz aterciopelada me llamó, grité.

— No pensaba asustarte — se disculpó y entre la poca luz que provenía la lámpara distinguí su cuerpo sobre la cama.

— ¿Cómo entraste?

Una pequeña sonrisa se instaló en su rostro y señaló hacia la ventana que daba hacia la calle —. La ventana — suspiró y pronto dejó la comodidad que la cama le ofrecía y se puso en pie —. ¿Pensabas matarte, dándome la satisfacción de hacerlo con la camioneta que te regalé? — aprecié como su mandíbula se endurecía.

— Yo…— avanzó más, llenando la habitación con su ancho cuerpo.

— ¿Tú qué, Bella? —con un paso más y estuvo frente a mí, sus manos tomaron mis hombros con fuerzas y me obligó a verlo a los ojos.

Su enojo ensombrecía sus bellas facciones pero no dejé que me intimidará —. Escuché la conversación que tenías con los chicos.

— ¿Qué escuchaste?

Sus dedos aplicaban más intensidad en su agarre —. Me estás lastimando, Edward — se sorprendió y disminuyó su agarre, mas no me soltó. Su mirada apremió mi contestación —. El consejo de Emmett sobre quién lleva los pantalones en esta casa.

— ¡Maldición, Bella! ¡No creerás que iba a tomar en cuenta las idioteces de Emmett!

— No escuché tu negativa.

Sus manos dejaron mis hombros y bajaron a mi cintura, atrayéndome a su cuerpo.

— Jamás haría algo que tú no quisieras, o dime, ¿te he obligado a hacer algo antes? Sé que actuó por impulsos pero nunca te he dejado sin elección, se hace lo que tú quieres como y cuando quieres, no vengas con esas tonterías que ni tú crees.

Sus palabras me dolieron porque sabía que él tenía la razón. Después de algunas lágrimas que borró sin despegar sus ojos de los míos habló:

— Mira, sé que lo que hice estuvo mal, y hace algunos meses me prometí tomarte en cuenta para otras elecciones, pero nadie más que tú eres culpable de tener a un esposo estupidamente enamorado de ti — sonrió aligerando el ambiente — , que quiere quitarte todo el peso de tus hombros, no te quiere ver enferma. ¡Demonios!, no te quiero ver conduciendo sin control y en medio de una confusión. Bella, no te pido que olvides lo sucedido porque eso no puede pasar pero te prometo que yo no trato de imponerte las reglas de tu vida, quisiera hacerlo pero no quiero desatar un infierno, te amo demasiado para dejar que algo así ocurra. Por favor, ¿me podrías perdonar?

La esperanza en sus ojos desató otra nueva oleada de lágrimas saladas deslizándose por mis mejillas.

— Si de algo sirve…— se inclinó y susurró a centímetros de mis labios, con su nariz rozando la mía —. Pensaba dejar grabado mi argolla en la mandíbula de Emmett por sugerir tan estúpido comentario, amor, él ni siquiera pensaría hacer eso con Rose, era sólo una broma de su parte, no pensaba como un macho.

Por fin sus labios dejaron un dulce y casto beso en mis labios y me relajé con su toque.

— Soy tan estúpida — susurré sobre su pecho, escuchando los rápidos latidos de su corazón.

— Eres la mujer más obstinada que haya conocido, pero jamás usaría la palabra estúpida para describirte.

— Deja de quitarme la culpa, sé lo que hice y quien debería pedir perdón soy yo — él negó con rapidez y levantó mi rostro. Abrió su boca pero no alcanzo a decir una sola palabra porque un golpe en la puerta atrajo nuestra atención.

— Edward…— la voz preocupada de Esme se escuchó — los niños ya se quedaron dormidos, hijo, tengo que regresar a casa…— vaciló un momento y rechazó la oferta de Edward por llevarla de nuevo a casa, por mi parte yo estaba avergonzada por mi conducta, esperando el momento para disculparme, pero las palabras no salían —…Y Bella, piensa en lo que te dije. — Sonreí por primera vez después de toda la tensión.

— No quiero ni imaginar que te dijo mi madre, pero me alegra que te hiciera sonreír. — Estudió mi rostro con detenimiento y su mano subió a mis mejillas —. Te ves tan cansada, vayamos a la cama y pensándolo bien puedes ir cuando tú desees al hospital, sólo que no demores mucho, me preocupa tu salud.

— De acuerdo — acepté y coloqué mi mano sobre la suya.

Apenas y descansé mi cabeza sobre la caliente almohada que ofrecía su pecho y el cansancio me venció. Había sido un día largo y lleno de emociones, tal vez él tenía razón y algo mal andaba conmigo.

La noche fue extremadamente rápida y más cuando una llamada pidiendo la presencia de Edward en el hospital me quitó el sueño. Ya no pude dormir, una extraña sensación se instaló en mi estómago, algo que no podía entender.

— Mamá — la voz de Anthony pidiendo mi atención me distrajo de seguir cortando mi desayuno — ahora que ya utilizaste el Jeep y que papá no se lo llevó ¿nos llevarás en él a la escuela?

— No por ahora, cariño.

— ¡Pero ma! — protestó Lex. — A mí me gusta el Jeep.

Evité mirar sus rostros chantajistas y tomé el último bocado —. A mí me gusta llegar temprano, apuren esa mandíbula.

Después de escuchar las protestas de otros dos chicos desprestigiando la utilidad que me brindaba mi vehículo subí todo lo necesario a él y emprendimos el camino a la escuela.

A pesar de mis intentos de apresurar nuestra marcha, el tráfico típico de un enloquecedor lunes me hacia buscar un espacio en el carril vecino para adentrarme en él.

El incesante parloteo en la parte trasera del auto y la voz del locutor de radio me distrajo de mis precauciones y mientras trataba de internarme en otro carril un estruendoso sonido de metal colisionando y una fuerte sacudida me hicieron percatarme de mi grave error. Un dolor se instaló en mi cuello al proyectarme hacia delante, impactando suavemente contra la bolsa de aire, protegiéndome con el cinturón de seguridad pero regresando el impacto al asiento, la presión se instaló en mi cabeza, los sonidos de otros autos llenaron el espacio y sin importarme mi propio dolor giré mi cabeza, viendo dos pares de ojos tremendamente asustados pero conscientes.

— Mamá — Lex se puso más pálido al observar algo en mí — tienes una cortada — señaló y hasta ese momento fui consciente del punzante dolor en mi frente, llevé mi mano a ella para después ver una gran mancha de sangre que revolvió mi estómago.

El golpeteó de un cristal atrajo mi atención, un hombre pequeño y con el rostro pálido, vociferó —: ¿Se encuentran bien?

Asentí con dolor y antes de que todo se volviera negro pedí:

— Pida que nos lleven al Masen-Cullen Hospital…y por favor, asegúrese de que los niños estén bien.


¡Hola Chicas!

Espero no haberlas aburrido, y nuevamente diré que lamento la demora =(

¡Muchísimas gracias por todo el apoyo a pesar de mi lentitud!

Loquibell ¡Muchas gracias por cada uno de tus comentarios y el cariño que muestras en ellos!

Las leo en el siguiente, cuídense…¡Y Feliz Día de la Mujer!

Casi lo olvido...¿qué creen que le ocurre a Bella?


(1) La frase que dice Carlota es en el idioma de Edward y Bella -inglés- pero los ayudantes entre ellos hablan español. Espero eso se haya entendido :S