Capitulo 23 Primeras impresiones

Y aquí estaba, finalmente la clase en la que el Profesor Slughorn había solicitado su presencia, estaba por comenzar y como no tenía idea de si debía o no entrar al salón aguardó en el pasillo donde Ika la llevó, cerca del despacho del profesor. Pasados un par de minutos, pudo oír voces acercándose, lo cual le provocó ponerse totalmente alerta. Reafirmó sus encantamientos glamour, mejoro su postura y desvió su mirada a los cuadros más cercanos, fingiendo observarles con total atención. Pronto sintió varias miradas sobre de ella pero hizo caso omiso a ellas. Gracias a Merlín el viejo pocionista no tardó en aparecer. —Lamento el retraso, jóvenes. De ahora en adelante, la señorita Plunkett les abrirá la puerta del salón para que aguarden adentro. Además, recogerá sus deberes.

Teniendo las instrucciones claras, fue la primera en entrar al salón después del profesor y se quedó en la puerta, donde extendió su mano y solicitó. —Sus deberes. —con lo cual los pequeños alumnos, al entrar le entregaron sus pergaminos, unos más largos que otros, claro estaba, pero finalmente todos habían cumplido. Al haber recibido el ultimo. Cerró la puerta del salón y se dirigió a donde estaba el profesor, quien le hizo una ligera seña con la mano, indicándole que tomara asiento en su escritorio. Un tanto confusa obedeció sin preguntar nada más, al contrario una vez tras el escritorio, comenzó a leer poco a poco algunos de los ensayos que le habían entregado, deseosa de distraer su mente. A primera vista, pudo notar que la mayoría de los trabajos carecían de tesis y se basaban meramente en reafirmar la teoría del exponente original, difícilmente se arriesgaban a formular una opinión o a contraponer una teoría con otra. A decir verdad no eran su fuerte las diversas técnicas de la creación de pociones pero de las cosas que se sabía casi de memoria eran los textos de pociones de la curricula básica y prácticamente era lo que estaba leyendo. Aburrida levantó su vista, y observó abiertamente a todos los asistentes a la clase, era obvia la razón detrás de aquellos trabajos, eran alumnos de primer año, les faltaba mucho que aprender. Si todas las clases de pociones serían así, difícilmente aprendería algo nuevo, esperaba que no de otra manera iba a ser un año muy largo.

Pero lo bueno de este grupo es que eran sencillos de controlar, no le imponían ninguna emoción, al contrario, sentía ternura al ver sus rostros inocentes. Ojala no estuvieran en medio de una guerra.

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Así transcurrieron dos clases más, una clase de tercero y otra de quinto, en realidad parecían tener una mejor idea de lo que hacían y era obvio el porqué, Snape había sido su profesor los años anteriores y estaba claro él no fomentaba la mediocridad.

Era la hora de la comida y el profesor Slughorn la invitó al Gran comedor, propuesta que rechazó amablemente poniendo como pretexto el que quería terminar de leer los trabajos de los alumnos, lo que pareció agradarle al profesor pues este se fue murmurando algo parecido a la palabra dedicación. Al cabo de una hora, escucho varios murmullos afuera del salón, estaba segura que eran los alumnos del siguiente periodo así que sin pensarlo, como las veces anteriores, caminó hasta la puerta y la abrió. —Entréguenme sus deberes y tomen sus respectivos lugares, por favor. —Dicho esto, esperó recibir los pergaminos y varios murmullos de saludo como con los grupos anteriores, pero al no ser así enfocó su atención a lo que ocurría.

—Te lo advierto Malfoy, sé muy bien que tramas algo. —amenazó un joven de ojos verdes a su compañero rubio

—Si me interesara hacerte daño, Potter ya lo hubiera hecho y ninguno de tus amiguitos podrían haberlo impedido. — Contestó desafiante

El hijo de Lucius Malfoy… claro todo estaba demasiado tranquilo para ser verdad Respiró profundamente armándose de valor y con el mejor tono de seriedad que le conocía a Snape, alzó la voz y comentó. — Ya es hora de clase y no quisiera que el profesor Slughorn los encontrara afuera del salón. —dijo llamando la atención de los alumnos, que callaron al oírla hablar. — Adentro y por última vez, entréguen sus deberes y tomen asiento.

Al escuchar esto, todos entraron a prisa algunos mirándola con curiosidad otros con indiferencia, y unos pocos con algo que se asemejaba a respeto, pero "Ivanna" sabía que era muy joven para que estos jovencitos sintieran respeto por ella, de hecho estaba segura que todos ellos estaban midiendo el terreno, esperando a que bajara la guardia, para volver a causar problemas. Ya lo sabía, pero lo reafirmaba, venir a Hogwarts había sido una terrible idea.

Al haber recibido las tareas y verificar que todos estuvieran detrás de las mesas de trabajo, tomó asiento y comenzó a leer los pergaminos. Apenas iba por la mitad del primer trabajo cuando escuchó como alguien hacía un sonido con la garganta, pero prefirió hacer caso omiso, continuando con la lectura, pero al volver escuchar ese sonido, alzó la vista y vio que una joven castaña tenía la mano levantada. — ¿Qué necesita, señorita…?

—Granger, Miss Plunkett

— ¿Qué necesita, Granger?

—Me preguntaba si usted nos dará instrucciones o continuaremos con el trabajo de la clase pasada. —pregunto cortésmente

Observó a la joven con detenimiento y luego miró la esto de los alumnos, ninguno de ellos estaba interesado en comenzar la clase, de hecho parecía ser solo una más, un requisito que cumplir. Sintió pena por tener que contestarle lo que iba a contestar pero tampoco podía restarle autoridad a Slughorn en su primer día como aprendiz—Granger, aguarde a que el profesor Slughorn llegue. —dicho esto, pudo ver como el rostro de la joven se tensaba con indignación pero prefirió ignorarla y continuar leyendo. Gracias a Merlín, Slughorn no tardó en hacer su aparición.

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A la hora de la cena, había asistido al gran comedor más por necedad de su guardiana que por deseos de estar ahí, ver a tanta gente la abrumaba bastante pues estaba ya acostumbrada a la soledad y aquello significaba un cambio bastante drástico. Tenía la vista fija en su taza de té y estaba repitiendo en voz baja las pociones que habían realizado los alumnos en el día, cuando sintió que alguien le miraba fijamente, levantó la vista hacia las mesas de los alumnos viéndolos inmersos en su cena, así que decidió dirigir la mirada a su derecha donde encontró a Snape hablando con el director ambos estaban claramente estudiándola, molesta por tanta insistencia regresó la mirada a su taza, le colocó un poco de azúcar, bebió su contenido y disculpándose con su mentor, se retiró de ahí rumbo a la habitación que le habían proporcionado para su estancia.

Una vez ahí, se preparó para ir a la cama y sin querer saber más, se recostó y cerró los ojos, deseando que esta abrumadora situación, la muerte de su madre, la guerra, todo, fuera solo una pesadilla.

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El resto de los días fueron mejores que el primero, en realidad no variaron mucho, recibir y revisar tareas de los alumnos, poner atención en lo que estaban haciendo para evitar que ocurriera algún accidente, ayudar a Slughorn a preparar los ingredientes para sus clases, desayunar y comer o cenar en el gran comedor, tener platicas cordiales pero breves con algunos profesores. Recibir molestas insinuaciones de uno que otro alumno de séptimo, tener que lidiar con la constante rivalidad de Gryffindor y Slytherin, recibir sugerencias en cuanto a preparación de ingredientes y ligeras modificaciones en su forma de preparar pociones, etc. ¡Oh y como olvidarlo! Apoyar a Slughorn con la preparación de las cenas de su Club, jamás había imaginado hacer cosas así pero sabía que podía ser mucho peor como cuando se tratase de una fiesta destacable como Navidad así que mejor ni se quejaba.

Es importante mencionar que al intentar mantener un bajo perfil, ignoraba al alumnado y era obvio que eso no era del agrado de la mayoría pues pensaban que se sentía superior solo por ser aprendiz, a decir verdad casi ningún alumno le dirigía la palabra más allá de un 'buenos días' o 'buenas tardes' y eso estaba bien, funcionaba a la perfección para ella sin embargo no ayudaba a la soledad de la cual soñaba poder escapar tras la muerte de su madre. Además estaba el hecho de que ciertos detalles comenzaban a ponerle los nervios de punta, podría ser que pecaba de paranoica pero en varias ocasiones descubrió a Potter, Malfoy y otros jóvenes observarla constantemente. Tenía plena certeza de que Potter no estaba interesado en ella románticamente, para eso tenía a su amiga la castaña o la chica Weasley y eso la tranquilizaba enormemente. También estaba casi segura que Malfoy solo la observaba de vez en cuando porque recordaba el encuentro que había tenido con ella en el callejón Diagon y no le perdonaba la actitud que su padre había tenido hacía ella, o esperaba que fuera eso porque últimamente lo veía más pálido de lo normal y no querría descubrir que sufriera alguna manía rara o algo similar. Los otros dos jóvenes, eran un caso aparte. Eran su nueva fuente de estrés, ambos le causaban cierto grado de incomodidad, provocaban que se sintiera demasiado alerta como cuando acababa de sufrir aquella agresión, aún sin memoria de lo ocurrido, podía reconocer los signos característicos de peligro y en esos momentos procuraba no estar sola. No quería mencionarle nada al director porque lo que menos deseaba era parecer una damisela en apuros, pero a decir verdad sus avances le estaban provocando ciertas reacciones que, desde hacía más de tres años, ya había superado. O eso creía ella.

Fue esa actitud de aquellos alumnos lo que le impulsó a poner demasiada atención en la rutina del colegio, sobretodo en la de los últimos grados para evitar encuentros incómodos. Memorizó qué hacían y cuando lo hacían, fue así que noto la fijación que Potter tenía con seguir a Malfoy a todos los lugares posibles, parecía su sombra y eso no era nada normal ni estaba bien, sin mencionar que le intrigaba más de lo que debería y en la primera oportunidad que tuvo confrontó al ojiverde.

—Les digo que ha estado desapareciendo del mapa constantemente, siempre que está en el séptimo piso.

—El que entre a la Sala de Menesteres no quiere decir que salga del castillo, Harry. De hecho no quiere decir nada, nosotros mismos la ocupamos el año pasado para practicar hechizos. ¿Lo recuerdas? —Preguntó Granger intentando hacerle entrar la razón.

— ¿Por qué te resistes a creerme? Él está planeando algo, algo que tiene que ver con Vold… ya sabes quién.

—No me resisto a creerte Harry, pero tampoco es como si pudiéramos ir y preguntarle qué es lo que está planeando.

— ¿Entonces qué hago? ¡No puedo quedarme sentado sin hacer nada! Ya suficiente tengo con lo que está pasando con Dumbledore.

— ¿Qué le está pasando a Dumbledore? —Preguntó el pelirrojo interviniendo en la discusión

—Nada Ron, pero creemos que está enfermo, ya sabes su mano no se ve muy bien últimamente. —respondió la castaña, intentando claramente desviar la atención o disminuir el impacto del desliz de su amigo.

—Sí, tiene un aspecto muy feo, pero es Dumbledore, no debe de ser algo muy grave. —Alegó Weasley quitado de la pena, sin embargo Ivanna pudo observar como el ojiverde y la castaña se dirigían una mirada de preocupación, esos dos sabían algo más. En ese momento fue cuando decidió intervenir.

—Lamento interrumpir su conversación, pero necesito hablar con Potter un momento, ¿me permiten? —a lo que ambos amigos atinaron a marcharse de ahí. —Potter, sé que no me has pedido ningún consejo pero aún así te lo daré. Quizá tengas tus razones para desconfiar de tu compañero Malfoy, pero necesitas ser menos obvio si es que quieres averiguar algo, porque mientras más lo acosas más cuidadoso es para no ser descubierto. La clave está en la sutileza. Finge que no te interesa, ignora su presencia y también sus comentarios, son su manera de llamar tu atención, asegurarse que sabe tus reacciones y sobretodo de que sabe como evadirte. Piénsalo.

— ¿Por qué me dice todo eso? —Preguntó con el ceño fruncido

Antes de responder, sin siquiera pensarlo tocó suavemente el entrecejo del joven buscando relajarlo, acto que sorprendió al ojiverde quien instintivamente se alejo dando un paso hacia atrás, lo que provocó una mueca en el rostro de Ivanna. — Puedes hablarme de tu, fuera del salón de clase, no estoy tan vieja como imaginas y lamento haberte tocado, prometo no volver a acercarme demasiado —dijo, entrelazando sus manos y dejándolas a la altura de su regazo en señal de no pensaba utilizarlas más. Sé lo incomodo que puede ser cuando uno no está acostumbrado — Respondiendo a tu pregunta, te digo esto porque sé lo frustrante es buscar información sin tener éxito, además también creo que Draco Malfoy planea algo pero no puedo hacer nada directamente, lo que sí puedo es darte un consejo deseando de corazón que lo sigas.

—Todo es muy extraño, desde que hayas llegado aquí de la nada hasta el que utilices un nombre que no es tuyo. ¿Cómo puedo confiar en ti? Tu aparición es un misterio además pienso que eso de ser la aprendiz del profesor Slughorn es solo una farsa, nunca haces nada importante en clase, creo que todo es una fachada para encubrir tu presencia en el castillo.

Hasta ese momento la calma que tenía se esfumó y se puso a la defensiva, nadie debería de saber lo de su nombre, nadie aparte del director y Snape, eso no estaba bien. —No sé como sabes eso pero creo que eres lo suficientemente inteligente para comprender que si mi identidad está protegida por otro nombre es porque así necesita ser. El director sabe mis motivos y es lo único que importa. Además aunque quisiera, que no es así, no puedo explicarte nada porque para confiar en ti necesito la seguridad de que te enteres de lo que sea, nadie más lo sabrá. Y sé perfectamente que eso es algo que no puedes asegurarme. — Repentinamente un foco de alerta se encendió en su cabeza. No puedo permitir que ande libre con esa información disponible para cualquiera.

—Sé guardar secretos. —se defendió el joven, intentando persuadirla de que le dijera la verdad sobre si.

—Puedo ver cada emoción pasar por tu rostro antes de que hables. Créeme se necesita más que silencio para guardar un secreto. —aseveró la joven.

— ¿Es cierto? ¿Es sencillo saber lo que estoy pensando?—cuestionó interesado, olvidando momentáneamente su escepticismo

—Para el resto de las personas, quizá no, pero basta con poner suficiente atención a tu lenguaje corporal y se vuelve menos complejo averiguarlo. Debes controlar tus impulsos, la oclumancia ayuda a lograr eso, deberías estudiarla. —sugirió

— Lo intenté una vez y no resultó nada bien. ¿Tú sabes? —preguntó visiblemente interesado, modificando su tono defensivo por uno tranquilo.

— Lo necesario. —mintió Ivanna buscando disolver el interés que Potter pudiera tener, sin embargo al ver el rostro del joven notó que estaba tan desesperado por aprender oclumancia que aún sin confiar plenamente en ella, le pediría ayuda para aprender a cerrar su mente.

—Necesito aprender, ¿podrías enseñarme? Así podrías confiar en mí y yo en ti.

—Tu petición parece más un chantaje que otra cosa, Potter, pero eso no importa debo negarme simplemente porque no es correcto. Imagina, tu y yo solos en el lugar que sea da pie a muchas interpretaciones, además seguro tus amigos notarían que desapareces y ya están lo suficientemente preocupados por ti ahora, no quiero darles más motivos.

Un ligero color rosado apareció en las mejillas del joven cuando escuchó la racionalización del asunto pero prefirió no comentar nada e insistir en su intento por conseguir quien le enseñase oclumancia. —Puedo decirles que estoy en remediales de pociones

—La cual es la peor mentira que he escuchado desde que llegue aquí, porque hasta ahora has hecho pociones perfectas en clase. Créeme, ni tu amigo Weasley te creería algo así, ni imaginar lo que Granger te diría si le cuentas tremenda mentira.

—Puedo volver a cometer errores

— Sería muy extraño después de tener tanto éxito. —Señaló intentando que entrara en razón

—Antes preparaba pociones que nunca eran aceptables para Snape, puedo hacer lo mismo.

—Lo cual decepcionaría mucho a Slughorn, pero haz lo que quieras yo no puedo influir en tus decisiones. —dijo pausando, debatiéndose entre confrontar al ojiverde sobre el libro de pociones que utilizaba o no, decidiendo poner como pretexto el posible riesgo de variar la técnica en lugar de mencionar directamente el libro para evitar que se pusiera a la defensiva. —Lo que si te digo, es que vas a tener que regresar a las instrucciones originales sin ninguna de las modificaciones que hay en el libro que usas. No pongas esa cara, si he notado que el libro que usas tiene correcciones pero no he dicho nada. De hecho, me sorprende que Slughorn mismo no se haya dado cuenta, pero tampoco es como si pusiera mucha atención a la clase ¿cierto?

—Seguiré el libro sin ninguna de las correcciones pero no estoy seguro de qué hacer para arruinar mis pociones. —comentó

—Nada que tenga que ver con la temperatura eso está claro, con que coloques uno o dos ingredientes en menor cantidad, la calidad de la poción se verá afectada y eso es todo lo que necesitas. Olvida ese descabellado plan de arruinar tus pociones, buscas un pretexto para desaparecerte un par de horas a la semana, no reprobar el año. —recalcó, antes de rodar los ojos en gesto de hastío. — Me marcho porque no quiero que vaya a vernos alguien y piense cosas que no son. —Dicho esto, dio media vuelta, cancelo el hechizo muffiato que había colocado al iniciar su plática con el joven y se dirigió a su habitación dudando todo el camino si había hecho bien en confrontar al ojiverde o había metido la pata. En realidad no le importaba recibir algún regaño del director porque con lo pésimo que era Potter para ocultar lo que pensaba, le preocupaba de sobremanera que supiera lo de su verdadera identidad, así que era de vital importancia para ella enseñarle oclumancia. Le agradara la idea o no. Estuviera bien o no. Era primordial. Nadie debía conocer su nombre o de enterarse el Señor Oscuro la buscaría para asegurar su ascenso al poder. Sabía a la perfección que Snape podía guardar el secreto, al igual que el director, así que el único cabo suelto era Potter y esa era una situación que tenía que remediar. Lo que no entendía era porque no le habían enseñado ya a Potter Oclumancia, eso no tenía sentido alguno. ¿Qué es lo que no había resultado bien?

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Unos días después, durante la cena pudo sentir con mayor insistencia la mirada de Snape observándola. Odiaba que la viera tan seguido, ¿tenía monos en la cara o qué? De hecho por eso mismo había preferido no aparecerse en el comedor más que una vez al día, máximo dos, porque aunque según él era totalmente discreto no obstante podía sentir su presencia y los fútiles intentos del espía por entrar en su mente. Uno pensaría que después de la primera vez se daría por vencido pero al parecer, lo había tomado como un reto.

Tras haber bebido su acostumbrada taza de té, deseó buenas noches al profesor Slughorn y salió del comedor, emprendiendo camino a su dormitorio. Error. No debió de haber salido del comedor, no tan pronto, cuando los pasillos estaban tan solos. Cuando estaba a cerca de llegar a las mazmorras, escuchó.

— ¿A dónde con tanta prisa Plunkett?

—Eso no es de tu incumbencia. — comentó acelerando el paso.

—Lamento contradecirte, quiero saber a dónde vas para acompañarte, es peligroso que andes sola por el castillo de noche. —contradijo alcanzándola con rapidez

—En el tiempo que llevo aquí, nada ha ocurrido, así que déjame pasar dudo que quieras meterte en problemas. — insistió intentando que el chico se alejara.

— ¿contigo? Quiero meterme en problemas y que me castigues, no me importa. —insinuó dando un paso hacia ella.

— Llevas bastantes días insinuando que te intereso, pero te aseguro que a mí no me interesas en absoluto. Así que por favor, déjame en paz.

—La podemos pasar muy bien. —insistió acercándose, invadiendo el espacio personal de Ivanna.

—Estoy aquí para estudiar, no para otra cosa, así que repito. Déjame en paz. Sal con chicas de tu edad, a ellas seguro les interesa desfogar sus hormonas como a ti. —dijo mientras intentaba alejarse pero el joven era más fuerte que ella y la detuvo fácilmente.

—Mira, no tienes porque negarte finalmente solo eres la mascota de Slughorn. Investigue y no hay nada destacable en tu vida ni fortuna ni pretendientes solo tu apellido, así que deja de hacerte la difícil, la podemos pasar muy bien y si te portas complaciente, puede convenirte. —comentó Crabbe en todo persuasivo mientras acorralaba a la joven contra la pared

Esto no está pasando, por favor. No puede estar pasando. pensó mientras podía sentir como su ritmo cardiaco se aceleraba notablemente al igual que su respiración, la que con dificultad estaba tratando de controlar. —Te repito que no me interesa nada que ver contigo.

—Por favor, he visto como me observas y estas al pendiente de mis horarios. Dime que eso no es interés. —exigió visiblemente molesto, golpeando la pared a un lado de la cabeza de la joven

Era precaución para evitar que situaciones como esta sucedieran pero veo que no sirvió de nada. —No sé de qué estás hablando, es mi obligación poner atención a los horarios de los alumnos en general.

— ¡No mientas!—demandó el chico a la par que apretaba la garganta de Ivanna

La agresividad del joven le provocaba miedo claro que sí, pero era algo que podía soportar. Lo que no controlaba era el terror que las nada sutiles insinuaciones del joven le provocaban pues bien sabía lo que podía ocurrir. Respirar con una mano presionando tu garganta era difícil y comenzaba a marearse por la falta de suficiente oxigeno. — ¡Es la verdad! No tengo porque mentir.

—Mientes como todas las mujeres, pero yo sé cuál es la verdad. — dijo sin soltar el agarre que tenía, mientras con la otra mano intentaba abrir la túnica que llevaba puesta la joven mujer

Inmediatamente olvidó el agarre que impedía que respirase con normalidad y se concentro en alejar de si la mano que perseveraba por abrir sus ropas. — ¡Basta! ¡Suéltame!

NA: 20/05/2015 N/A