Título: El efecto dementor
Autora: Loredi
Categorías: Drama, tragedia
Parejas: Harry/Draco
Canon: Hasta el séptimo libro, pero sin epílogo.
Resumen: Harry y Draco intentan ayudarse y ayudar a Narcisa a superar el efecto que deja a su paso un dementor.
Longitud: ~18,000 palabras totales (2,000+ palabras por capítulo)
Agradecimientos: Una parte de la trama está basada ya muy vaga y remotamente en un reto que Analí publicó en slasheaven hace años. El resto es mío. Agradezco sinceramente a las slashers mexicanas, especialmente a Nande, a quien le mentí con todos los dientes y al final sí escribí esto jajaja.

Advierto que esta no es una historia feliz.

El efecto dementor

El término dementor proviene de la raíz demencia,
un estado mental anormal que se caracteriza
por la pérdida progresiva de las capacidades psíquicas
y, en última instancia, relega al individuo a un estado
de abulia y aplanamiento afectivo,
tal como si hubiese "perdido su alma".

Parte primera: El principio

Vendrá un tiempo en el que creerás
que todo está terminado.
Ese será el principio.

El recuerdo más escalofriante de su vida era aquél momento en que la filosa risa de Voldemort vino a su mente mientras Draco se aferraba a él y cerraba los ojos para no ser testigo de los últimos segundos de vida de su padre. La risa imaginaria desapareció para dar paso al grito real y desgarrador de Narcisa. El dementor había besado.

Lucius fue encontrado culpable de sedición y homicidio al concluir la guerra. Narcisa y Draco habían sido exculpados de muchos cargos debido a la ayuda que habían prestado a última hora, pero también a ciertos agujeros legales y otras trampas que su abogado había encontrado. Sin embargo, él no había tenido tanta suerte. Las pruebas en su contra eran flagrantes y ni todo el esfuerzo desesperado de Narcisa y de su hijo podría haberlas borrado. En el ministerio querían deshacerse de él de la peor manera, así que los dos años de litigios sólo retrasaron el irremediable final.

Al principio Harry había decidido ignorar el destino que le esperaba a Lucius y a otros mortífagos. No era su asunto. Después de todo, él ya había actuado con honestidad. Sus declaraciones sobre la inocencia de Draco y de Narcisa durante la última batalla eran fidedignas. Le constaba que habían tenido oportunidades para actuar de maneras oscuras y maliciosas y no las habían tomado. De Lucius no podría decir nada bueno aunque lo intentara, porque no quería mentir para salvar a un mortífago que había tenido que ver en tantas muertes. Lucius había elegido su camino y ahora tenía que atenerse a las consecuencias.

El único problema con su decisión fue un destrozado Draco Malfoy que un día apareció frente a él. Había ido a pedir su ayuda, tragándose el poco orgullo que le quedaba. "Necesito que me ayudes. Por favor". Fue así como, a causa de su instinto de ayudar al necesitado de justicia, Harry se vio envuelto en dos arduos años de disputas legales en las que no tenía nada que ver en primera instancia. No esperaba ni deseaba realmente una solución para Lucius, pero algo en su interior le impedía abandonar a Draco a su suerte. Quizá era eso mismo que le había impedido dejarlo en la Sala de Requerimientos para quemarse. Junto con Draco se dedicó a buscar todas las formas posibles, exploró todos los caminos legales e incluso algunos no tan honestos que se abrían para El niño que vivió, aunque esto último no sin mucha reticencia. No pudo salvar a Lucius. Pero tuvo el tiempo para enamorarse perdidamente de Draco Malfoy.

Fue un proceso lento, casi imperceptible. Al principio lo único que sentía por él era lástima, por la situación de su familia y la suya propia. Luego sintió cierta admiración por su tenacidad a pesar de las dificultades. Después fue conociendo su historia y su ambiente y sus gestos. Comenzó a sentirse incómodo ante la extrema comodidad que sentía con él. Y así, el amor surgió de la convivencia ocasional que cada vez se volvió más constante. Surgió de ciertos detalles cotidianos y peleas mundanas; del café amargo que Draco preparaba y de los momentos de silencio mutuo; de las experiencias compartidas y de las explicaciones de un pensamiento nuevo, desconocido. Fue quizá uno de los momentos más tensos de su vida y aceptarlo no le fue nada fácil. Pasaron meses de fricción contra la larga historia que llevaba con Draco enfrentándose a lo que apenas había conocido de él. Tuvo que luchar contra sus creencias más de una vez y contra la resistencia de Draco siempre pues él intentaba negarse al amor y a cualquier otra experiencia mientras su padre estuviera en peligro.

—Podrías simplemente mentir —dijo Draco un día que estaba especialmente decaído—. Podrías simplemente mentir y decirles que él ayudó... que hizo algo. Que se arrepintió —susurró con voz delgada.

Aparentemente, era fácil. Sólo tenía que mentir y Draco estaría feliz y restaurado y dispuesto a todo por él. Harry apretó los puños, esperando que realmente Draco no estuviera aprovechándose de lo que sentía para sus fines.

—No puedo —susurró Harry.

Ya lo había pensado y ya lo habían discutido. Que mintiera ahora no serviría de nada pues sus primeras declaraciones estaban hechas y firmadas. Nada que dijera ahora contaría para el Ministerio, ni siquiera por ser El niño que vivió. Pero esperaba encontrar otra solución, más justa y honorable. No por Lucius, sino por Draco.

—Él podría haber cambiado, ¿sabes? —declaró Draco, innecesariamente.

—Pero no lo hizo.

Draco se hundió en su silla y no volvió a hablar el resto de la tarde.

A pesar de esa insinuación, entre más enamorado se sentía Harry, más redoblaba esfuerzos para librar a Lucius de su condena. Entre más enfrascado estaba Harry en su causa, más iba cayendo Draco en la trampa del amor. Ese enamoramiento fue tan injusto e inesperado como único y... extrañamente correcto.

Harry realmente esperaba todo de la vida a esas alturas, menos besar desesperadamente a Malfoy una noche cualquiera, entre actas y pergaminos. Tampoco esperaba perder la virginidad a su lado, lentamente, torpemente pero sin poder contenerse. Fue un día cualquiera también, nada especial. Parecería todo lo que le pasaba con Malfoy fuera espontáneo.

Para cuando Lucius perdió definitivamente la batalla y fue sometido al beso, y la causa de su lucha conjunta estuvo totalmente perdida, ya estaban demasiado enamorados como para separarse incluso si no tenían más pretextos para estar juntos, incluso ahora que Draco se sentía con tan pocas ganas de hacer algo. Harry decidió calmar sus ímpetus y darle su espacio, como sabía que lo hubiera querido. Lo dejó a solas cuando pudo y lo abrazó en silencio cuando Draco se quebró. Lo dejó pasar tanto tiempo con su deprimida madre como Draco deseó y lo buscó después para intentar sacudirle la tristeza. Le hizo saber que iba en serio y que su relación no se iba a caer aún con los golpes más serios. Cuando Draco se sintió ahogar descubrió que realmente respiraba con Harry, y tomó sus decisiones.

Draco dejó pasar seis decorosos meses tras la pérdida de su padre. Unos días después de que Narcisa decidiera abrir por primera vez las cortinas de su recámara, Draco se armó de valor. Se lo confesó todo. Nunca imaginó que "Estoy saliendo con Harry" serían las peores palabras que podría pronunciar en su vida. Narcisa sufrió un ataque de rabia en el que sacó la amargura que por tantos meses tras la muerte de Lucius había contenido. Culpó a Draco de no salvar a Lucius por distraerse de su labor mientras se revolcaba con Potter. Culpó a Potter de desear la muerte de su marido desde el principio. Finalmente, a golpe de varita y entre gritos descontrolados, expulsó a Draco de la mansión. Atónito, no supo qué hacer. Intentó entrar de nuevo pero fue imposible. Las barreras lo habían bloqueado.

Draco jamás supo cómo, pero terminó en el pequeño apartamento de Harry, temblando bajo sus sábanas y recibiendo una poción para los nervios. Por varias semanas intentó establecer comunicación con su madre, pero no recibió respuesta. Demasiado preocupado, fue a la mansión Malfoy sólo para encontrarse con que un elfo de orejas caídas le suplicaba que se fuera. "Son órdenes de la señora Malfoy", explicó el elfo. "El amo Malfoy ya no es bienvenido en esta casa, señor, señorito, lo siento". Regresó a casa de Harry con los brazos quemados por su osadía: Narcisa no sólo lo había bloqueado; cuando lo había sentido cerca había vuelto las trampas de la mansión en su contra.

—Valió la pena —le aseguró Draco, mientras Harry lo ayudaba a curarse—. Pude ver a los elfos. La van a cuidar bien, le tienen mucha fidelidad. Y si algo le pasa, me encargué de amenazarlos para que me avisaran, esté donde esté —declaró, con cansancio.

Harry no supo qué decir.

Sólo esperaba con el alma en vilo que en cualquier momento fueran a avisarle a Draco que Narcisa se había tirado del balcón. Pero eso no pasó, Narcisa en realidad era más fuerte que la situación, por más que no lo pareciera. Harry confiaba en esa fuerza que había demostrado en la batalla final y en la guerra para levantarla ahora.

Aparentemente sí, Narcisa tenía fuerza para ciertas cosas. Harry tuvo que recoger las piezas de Draco nuevamente cuando éste recibió una carta de su madre en la que le decía claramente que no quería volver a verlo otra vez cerca de su casa o de ella. Entonces, Draco decidió que dejaría a Harry y buscaría de nuevo la aprobación de su madre. Después de todo, ella había sido la persona más importante de su vida por veinte años. Era su madre. Era la mujer que lo había criado, arrullado, sanado y hecho firme. Su familia sanguínea estaba ante todo. Esa misma tarde se fue del departamento y dejó a Harry con el corazón en la garganta.

Sin embargo, Narcisa lo recibió con un desprecio tras otro, con un ataque tras otro. Draco jamás había sido tan lastimado emocionalmente, y las heridas físicas de las maldiciones con las que la mansión estaba protegida tampoco ayudaban. Eventualmente se dio cuenta que le dolía estar sin Narcisa y le dolía igualmente estar sin Harry. Su madre de cualquier manera estaba demasiado alterada como para perdonarlo en ese momento o en un futuro cercano. Resignado, decidió de nuevo, con mucho pesar.

—No te culpo, te entiendo —susurró Harry cuando lo recibió de nuevo en su apartamento, con un abrazo—. Si mi madre... —guardó silencio. Ambos entendían. Draco lo miró, como ausente, y se metió en la cama para acurrucarse y dormir.

Fue por ese tiempo que a Harry le ofrecieron un puesto en los mandos medios de los aurores irlandeses. Era la oportunidad de oro para alejarse sanamente de la idolatría que había despertado en Inglaterra y que aún después de dos años no cedía (o no cedía lo suficiente como para dejarlo vivir tranquilamente). Sólo necesitaba decir que sí a la propuesta, pero antes necesitaba que Draco dijera que sí, aunque cuando se lo preguntó no esperaba realmente una respuesta afirmativa. Las circunstancias de Draco lo hacían impredecible. Lo de su madre era demasiado reciente y Harry pensaba que en cualquier momento Draco intentaría ganársela, por cualquier medio posible. Incluso si en el camino le hacía daño a Harry. Y Harry lo entendía y hasta cierto punto lo esperaba, no sin sentir un vacío en el estómago y una punzada en el corazón. Podría pasar.

Draco pensó en la propuesta por varios días. Justo cuando Harry pensaba en darse por vencido, Draco dijo que sí.

—Sé que esto es lo que ellos querrían —susurró Draco—. Sé que si todo estuviera bien ellos querrían que fuera feliz.

Se trasladaron a Dublín una semana después de que Draco cumpliera veintiún años y su madre lo festejara enviándole una rama de taray.

—¿Qué significa eso? —preguntó Harry.

—Crimen —respondió Draco, apesadumbrado.

Dejaron Inglaterra atrás y con ella cualquier posible obstáculo para su relación. Sin los amigos de Harry para incomodarse ni la madre de Draco para culparlos de nada, vivieron un año en relativa paz.

Hacían el amor durante las noches y trabajaban duro durante el día para llevar una vida desahogada y en calma. No se metían con nadie, no buscaban diversiones extravagantes. Amigos, hicieron pocos si es que los hicieron. Enemigos, ninguno realmente grave. Se acondicionaron un departamento pequeño, apenas para satisfacer sus necesidades y se acostumbraron a estar en él la mayor parte de su tiempo libre. Lloraban en silencio de repente y reían por tonterías espontáneamente. Y en Yule, Draco preparó un platillo cuyo nombre Harry jamás recordaría. A cambio Harry preparó huevos en el desayuno al día siguiente; Draco se enfurruñó bastante. Por eso, en su cumpleaños, Harry consiguió al mejor pastelero de Dublín para agasajarlo como se merecía.

Y entonces Narcisa envió una carta a Draco pidiéndole que regresara.

Notas finales:

Gracias por leer. Todo comentario, incluyendo críticas constructivas, es bien recibido.

Esta historia está completa, son 8 capítulos y voy a subir uno o dos diario. Gracias.