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Aún me miraba las manos, sin poder creer que con éstas manos que sostenía Mana con cariño, las mismas manos que calentaba cuando hacia frio y en las que depositaba la mitad de su comida hubieran acabado por quitarle la vida. Antes me estaba preguntando si es que todo había sido un sueño y actuaba como si así fuera, aunque ver mi brazo distinto y el dolor en mi ojo me hacían dudar, al final mis dudas desaparecieron cuando el mismo Kanda me lo confirmo, eso no había sido un sueño y por más que deseara que así fuera y poder despertar sabía que eso no iba a ocurrir, Mana se había convertido en un akuma, había muerto por mi culpa otra vez y nunca, nunca, jamás me lo iba a perdonar. Recorrí el camino que había trazado Mana con sus filudas garras; la enfermera había dicho que seguro me dejaría cicatriz pero eso no me molestaba para nada, era algo que me había dejado Mana después de todo y con esa cicatriz cada vez que me mirara al espejo podría recordarlo y pensar en él sería algo bueno, aún cuando también recordara que había sido yo quien acabara con su vida.

Desde el otro día me había prometido no llorar y había mantenido la promesa que me había hecho a mí mismo, también recordaba la promesa que le había hecho a Mana de seguir caminando y ahora había encontrado el camino que debía recorrer; y la verdad, no podía ser otra cosa que un exorcista, así tendría que matar a los akumas, porque si no mataba a los akumas, entonces ¿por qué motivo habría matado a Mana?, si dejaba de matar akumas y acabar con su triste existencia el que hubiera matado a Mana no tendría ningún sentido y necesitaba darle uno si no me volvería loco de verdad. Y si bien era cierto que me mostraba muy seguro y actuaba mostrándome fuerte ante lo que había vivido hasta ahora, la verdad era que no dejaba de doler, pero no podía vivir dedicándome a llorar y lamentándome ¿verdad? Antes de conocer a Mana había podido sobrevivir por mi cuenta, aunque también era cierto que entonces solo conocía el lado cruel de las personas, era mucho más pequeño y era incluso más amargado que Kanda; pero entonces había llegado Mana con su traje de payaso recogiéndome de la calle y enseñándome a sonreír.

"Dándome una vida"

¡Moyashi-chan!

¡L-Lavi!

Había estado hace un rato mirando por la ventana sumido en los recuerdos de aquellos años cuando Lavi se me lanzo de pronto -y sin previo aviso- encima, restregando su mejilla contra la mía de forma teatral mientras que yo trataba de quitármelo por invadir de esa manera mi espacio personal, aún sabiendo que era un esfuerzo que realizaba en vano, pues Lavi no me iba a soltar sino hasta que se aburriera o de que me estuviera asfixiando con su muestra de cariño. Al final me soltó y di una gran bocanada de aire suspirando luego de alivio mientras tomaba distancia del pelirrojo como precaución ante un posible nuevo ataque y es que si había aprendido algo en el tiempo que llevaba allí es que nunca se sabía lo que podría hacer Lavi o en qué momento, era totalmente impredecible.

¡Te alejas de mi!, ¡que cruel eres moyashi-chan!

Apenas alcancé a dar unos pasos lejos de él cuando se fijo en mi, incluso utilizando un solo ojo no se le escapaba nada, Lavi era en verdad una persona temible, más aun con lo rápido y silencioso que era cuando se trataba de dar un ataque de abrazos asesinos. Alcé las manos justo a tiempo para detener lo que hubiera terminado como su segundo abrazo asfixiante, mientras me apresuraba a darle mis motivos para distanciarme de él. Lavi me agradaba, pero no me gustaba para nada cuando se acercaba demasiado y parecía que para Lavi eso del espacio personal era algo completamente incomprensible. – ¡Estabas invadiendo mi espacio personal, Lavi! –Seguía excusándome cuando nos distrajo el sonido de la puerta y junto a ello, esa voz que reconocería en cualquier lugar, sonando en forma burlesca mientras Lavi y yo nos girábamos a verle sorprendido.

No sabía que los moyashi tuvieran espacio personal– Y allí estaba Kanda con una sonrisa de superioridad que daba miedo, seguido de Lenalee que acababa de cerrar la puerta con delicadeza y lucia una dulce sonrisa completamente distinta a la de su acompañante. Sentí mis mejillas arder al sentir su fría mirada sobre la mía y me apresure a girar el rostro hacia otro lado, sabía que eso lo había dicho a propósito porque ya hace unos días me había dicho que me la pasaba siguiéndolo como si fuera una especie de cachorro perdido y aunque no tuviera la menor idea de cómo se comportaba un perrito cuando se perdía su dueño, sabía que era un insulto.

Kanda…

¡Yu-chan!

Hola Allen-kun, Lavi

Lenalee…–murmuramos Lavi y yo al mismo tiempo para luego mirarnos el uno al otro sorprendidos por la forma en que sonaban nuestras voces al mezclarse; oí la dulce risa de Lenalee mientras acababa de acercarse a nosotros reposando su mirada en mi por unos segundos para luego dejarla fija en Lavi. Mire de uno a otro con curiosidad sin entender lo que pasaba, fijándome como se veían como si no existiera nadie más que ellos dos en la habitación; mire luego a Kanda que también les veía y esbozaba algo que podría asemejarse a una sonrisa en el rostro, me acerque a él hasta quedar a tan solo milímetros de su cara sorprendido y sin poder creer lo que veía.

"¿El está… sonriendo?"

Antes le había visto sonreír pero solo era para burlarse, o esas sonrisas sádicas que ponía cuando asesinaba akumas o cuando me sonreía para retarme a hacer algo contra él. Mientras lo veía note que volvía a cambiar su expresión a una que jamás le había visto, aunque no sabría como definir y no pude verlo por mucho tiempo porque no tardo en alejarse de mí. Últimamente solía hacerlo, apartarse cuando me acercaba a él, actuaba de forma extraña, o quizás fuera yo quien me acercaba demasiado. Me sonroje al pensarlo, antes no lo había visto de ese modo.

¡Oh!, ¡Allen!, a Yuu-chan no le dices nada por invadir tu espacio personal, ¿eh?

"¡Estúpido Lavi!"

Aww, míralo Lena, que lindo se ve nuestro moyashi-chan todo sonrojado–Oí decir a Lavi antes de que se me lanzara encima como siempre solía hacer. Me puse a forcejear en ese mismo instante por quitármelo de encima, más aún ahora que estaba molesto por las cosas que decía, ¡como si quisiera emparejarme con Kanda de alguna forma! "¿Emparejarme con Kanda?" –Oh, pero que rojo esta, parece un tomate–comentó ahora burlesco, picándome la mejilla con uno de sus dedos.

La-vi…–murmure molesto, bajando la mirada mientras trataba de contener las ganas de golpearle por lo que estaba haciendo, y es que en verdad, Lavi nunca sabia cuando parar con sus bromas.

Conejo idiota…–Alcé el rostro sorprendido con oír nuevamente a Kanda, quien había pensado ya se había ido, por lo general no pasaba mucho tiempo con nosotros, al menos no cuando estábamos todos reunidos; una vez le había oído murmurar entre dientes que si uno de los idiotas ya era molesto, los tres idiotas juntos éramos un verdadero infierno, o algo así, aunque no éramos idiotas y el idiota era él, tonto Bakanda.

Oh, Yuu-chan se puso celoso, ¡Si que es egoísta!

Lavi, mejor déjalo… – Le recomendó Lenalee al fijarse en el aura oscura que emanaba Kanda de su cuerpo, como si fuera un verdadero demonio, era una visión en verdad escalofriante y me hizo sudar frio aun cuando no iba dirigido a mi sino al suicida de Lavi, que al final acabo por soltarme al ver el filo de mugen contra su cuello. Una vez libre me apresure a apartarme un tanto de los dos, al menos hasta quedar a una distancia en la que sabia no me fuera a rebanar también.

Son molestos… los tres–le oí decir mientras recorría lentamente el rostro de cada uno de nosotros y ponía tal cara que parecía que su cabeza iba a estallar de tanta furia haciendo KABUM. Trague saliva, percatándome luego en lo que acababa de decir.

¡¿Qué? ¡Yo no he hecho nada Bakanda! –le reclame avanzando de grandes zancadas hasta quedarme frente a él, notando entonces la gran diferencia de estatura entre los dos, cosa que me molesto y para empeorar aún más las cosas Kanda se cruzo de brazos alzando un poco el rostro mirándome hacia abajo.

Haces ruido… Respondió con ese aire de superioridad que mostraba de vez en cuando. Ya había sido mucho, baje la cabeza sintiendo como toda la furia que sentía en ese momento se me subía a la cabeza y ya me iba a lanzar contra Kanda cuando me agarro en un abrazo de oso Lavi, apartándome de Kanda con risitas nerviosas mientras me sacudía la cabeza, diciéndome cosas a las que no preste atención, le lance una última mirada furiosa a Kanda para luego salir del lugar en dirección a mi cuarto. En el camino, varias personas pasaron por mi lado, una que otra revolviéndome el cabello, cosa que se les había hecho bastante común a todos ellos, pero que a mí no dejaba de hacérseme extraña, el único que me tocaba de ese modo antes ya no estaba y a estas personas se les hacia algo tan natural, pero yo no les decía nada y solamente les sonreía, aunque el que hicieran eso solo me torturaba, mientras seguía caminando la furia que sentía hace un rato se fue transformando en tristeza aunque no deje que se reflejara en mi rostro y esboce una sonrisa.

"Esa persona ya no volverá"

Entre a mi habitación, mirando luego mi mano y mi brazo que ahora tenía esa tonalidad tan oscura y que ahora más que nunca me parecía sucio, maldito. Me arroje contra la cama, dejándome caer con peso muerto mientras seguía mirándolo; el ojo aun me dolía y estaba tan aburrido estando allí, necesitaba salir y ponerle fin a las vidas de los akumas. Cerré los ojos pero no servía de nada, la imagen que quería borrar se seguía repitiendo en mi mente constantemente, como una gran pesadilla, pero ahora que recordaba una y otra vez el rostro de Mana cuando se había convertido en eso, ¿No parecía acaso que sufriera?, esos gemidos de agonía que emitían los akumas con tanta desesperación y que delataban su llegada, ¿no eran acaso de dolor?; la existencia de los akumas era algo tan triste que no debería existir en este mundo y ahora lo único que quería hacer era hacerla desaparecer.