Todos los derechos reservados los personajes no son nuestros, son de nuestra santa Stephenie Meyer, sin más preámbulos les dejamos leer, y que no tenemos perdón pero trataremos de subir mas seguido ;) Nos leemos abajito!

Mi cabeza martillaba y la luz que ingresaba por la ventana, no ayudaba en mi intento de despertarme... definitivamente, las noches cargadas de llanto no eran mi fuerte. Lentamente abrí mis ojos, comenzando con el derecho y luego el izquierdo, tomándome mi tiempo en adaptarlos a la luz. Vagamente sentí un cuerpo frio a mi lado, mientras mi mente procesaba lo ocurrido el día anterior, recordando mi reflexión y como Edward había presenciado mi momento de flanquees, con ligereza me levante de la cama, y rápidamente me encamine al baño, cerrándole la puerta a Edward en sus narices, plenamente consciente de que si lo veía a los ojos y me perdía en ellos - como sabía que sucedería- no podría seguir con la idea de alejarme de él.

-Bella, debemos hablar- exclamo al otro lado.

-Este... no, no... se me hace tarde, Edward- improvise. El solo hecho de pronunciar su nombre me dolía.

-Bella... por favor- suplico.

-¿De qué quieres hablar?- inquirí, mientras me sentaba en el frio suelo, apoyando mi espalda en la pared derecha.

-Sabes de qué quiero hablar- respondió con voz firme-. Quiero que charlemos acerca de lo que paso ayer.

-No hay nada que hablar- lo contradije, ahogando un sollozo.

-Sí, si lo hay. No quiero que te dejes influenciar por lo que dijo Tanya. Ella solo está furiosa y tú debes tener en claro que nada- soltó un suspiro-, escúchame bien, nada de lo que ella dijo es verdad…

No confiaba en mi voz, y sabía que no podría negarle que lo que ella había dicho no había calado hondo en mí, por lo que, otra vez, abrí la puerta, y rehuyendo a su mirada, corrí hacia mi habitación. Ya a salvo, busque algo que ponerme, dispuesta, a luego, pedirle a Alice que ella me llevara al instituto. Ya lista, salí en su busca, y al encontrarla y preguntarle si lo haría, ella no se negó. Sin embargo, con ella nada era fácil, por lo que antes de aceptar, me hiso prometer que iría de compras con ella. Me limite a solo rodar los ojos, aceptando su condición, y dirigiéndome hacia el garaje de la casa.

El camino hacia el instituto transcurrió en silencio; supuse que Alice notaba mi estado de ánimo, por lo que había optado por no preguntarme nada acerca del tema. Sentía una opresión en mi pecho y los ojos llorosos, cada vez que la idea de tener que dejarlos me embargaba. Eran mi familia, los amaba.

Note que habíamos llegado, por lo que baje corriendo del vehículo, dirigiéndome a mi salón. Decidí ir primero a mi casillero por mis cosas, pero al llegar, encontré una nota que, con una pulcra letra, decía:

"Bella, debemos hablar. No aceptare un no por respuesta".

Termine de leerla, mientras recordaba que todas mis clases, las tenía con él. Pensé en cambiarlas, pero sería imposible cambiar tantas tan repentinamente. Suspire cansadamente, consciente de que estaba en un aprieto. Resignada, me dirigí hacia el salón, concentrándome en esquivar su mirada. Sin embargo, pude sobrellevarlo.

Durante el almuerzo, decidí sentarme con Angela. Sabía que era una buena chica, por lo que opte por pasar aquel tiempo y así, esquivar a Edward. Dolía, pero era lo mejor.

Camine a paso rápido hasta encontrarla, y rápidamente, entablamos una agradable conversación, que me sirvió para conocerla. Al llegar a la cafetería, nos dirigimos a la mesa en la que ella solía sentarse, y me presento a sus amigos, con quienes comimos entre charlas y risas...

Una vez terminado el almuerzo, Angela y yo nos despedimos de los chicos, para luego dirigirnos hacia nuestra siguiente clase: calculo. Genial. Qué alegría, pensé, claramente sarcástica. Odiaba cálculo; no era mala en ello, pero tampoco era mi fuerte, y odiaba ver los mismos temas una y otra vez.

Sin embargo, mi idea de llegar al salón con Angela y asistir a la clase, se vio interrumpida cuando un muy furioso Edward Cullen se posiciono delante de nosotras, impidiéndonos el paso. Era consciente de que no tenía la suficiente fuerza para correrlo, por lo que me limite a mirarlo y esperar a que prosiguiera. Por desgracia, no lo hiso, por lo que tuve que optar por hacerlo yo misma.

-¿Que quieres?- le espete molesta.

-Tenemos que hablar- se limito a contestar sombríamente.

-creo... que mejor yo me voy- murmuro Angela, alternando su mirada entre la cara de Edward y la mía.

-No- replique rápidamente.

-Angela- comenzó Edward utilizando todo el poder se su dulce voz y sus hipnotizantes ojos en ella-, ¿puedes avisarle al profesor que Bella no se sentía bien y yo me he ofrecido a llevarla a la enfermería?

-cl-claro-

-Gracias- termino girándose hacia mí, para tomarme del brazo y llevarme a la fuerza al aparcamiento. Sin embargo, no se detuvo allí: siguió andando hasta el bosque, internándose en el. Un vez que estuvimos rodeados de arboles, y nadie podía vernos, el se giro hacia mí, y fue ahí, cuando note que su mirada tenía un ápice de locura.

- ¿Que estabas pensando?, aun no puedo creer que me ignores de esta forma.

Él continúo hablando, variando su tono de voz, desde el furioso hasta el melancólico. Sin embargo, opte por ignorarlo, en la medida de lo posible. Mi meta había sido desde el principio no flaquear en mi decisión, y sus suplicas, sus ojos, su aroma... todo lograría que yo cambiara de parecer.

Vagamente escuche sus pasos acercándose a mí, lo que me hiso volver en sí y retroceder hacia atrás, alejándome del poder que ejercía sobre mí su sola presencia.

-Bella, por favor.

Lleve mis manos a mis orejas, cubriéndolas. Si, lo sé, fue un acto infantil, pero tenía que agotar todas las opciones para que no me convenciera.

-No tomes una decisión precipitada- murmuro-. Háblame.

Mientras el seguía pidiéndome que no decidiera tan precipitadamente, yo caía mas ante él, me dolía su tono lastimero, y a quien no, si destilaba tal tristeza que hasta el corazón mas frio, se derretiría ante él, y yo no era la excepción. Mi determinación estaba flaqueando y no podía seguir soportando verlo en ese estado, que era causado solo por mi culpa, por lo que rápidamente comencé a pensar en lo medios que tenia para librarme de esta situación. Opte por correr y así huir de él, de toda la agobiante situación. Sin embargo, puede que lo hubiera logrado si Edward no me hubiera alcanzado y tomado de la cintura para pegarme a su cuerpo quedando ambos muy cerca, puede que no, teniendo en cuanta que la idea de estar separada de él dolía... dolía mucho. Por otro lado, su cercanía no me permitía pensar con total claridad, y el tener su rostro a tan escasos centímetros me deslumbraba, aturdiéndome un poco.

Edward me miraba fijamente, mientras su rostro se inclinaba cada vez más, hasta tal punto que nuestras narices se rozaban. Y pese a que el momento era perfecto para lo que esperaba se convirtiera en un beso, no todo dura para siempre, y aquel hecho quedo comprobado cuando la irritante voz de taña nos saco de nuestra mágica burbuja.

-Eddie, ¿qué crees que haces con la mosquita muerta?-Inquirió acercándose mientras me miraba despectivamente. Edward enfoco la vista en Tanya bruscamente, mirándola con furia. En eso estaban, cuando logre salir de mi aturdimiento, y la noción de lo que podría haber pasado si la bruja no hubiera aparecido hiso estragos en mi. Las piernas comenzaron a temblarme, pero rápidamente lo controle. Sin embargo, que Edward aun me tuviera agarrada por la cintura no ayudaba, por lo que discretamente, mientras ellos seguían con su guerra de miradas, me solté de su agarre. El despego por un segundo la mirada de Tanya y me miro dolido e intento acercarse, pero retrocedí hacia atrás, trastabillando con una roca. Entonces Tanya se giro hacia mí y me miro furibunda, por lo que opte por ignorarla causando que me gruñera e intentara acercarse. Sin embargo, no contaba con que Edward se interpusiera en su camino y me abrazara protectoramente, envolviéndome en sus fuertes y cómodos brazos donde desearía estar siempre. Apoye mi cabeza en su pecho, mientras escuchaba como él y Tanya se gruñían.

Coloque mi mano en el pecho de Edward y levante la vista, y él, al percatarse de ello, entrelazo su mano con la mía y beso mi frente para luego soltar un ·todo estará bien· que casi logro tranquilizarme. Casi. Cuando escuche el gutural gruñido de tañida mientras ella volvía a intentar acercarse. Entonces, Edward me coloco detrás de él, cubriéndome con su cuerpo. Y entonces reaccione ante la situación, notando que la pelea entre ellos era inminente, y sabía bien, que no soportaría ver a Edward en una situación como esa y menos si terminaba herido.

-Edward, por favor. Ya basta- le susurre lo suficiente audible para que solo él pudiera escucharlo.

El solo reforzó su agarre en mi cintura y clavo su vista en Tanya, mirándola fijamente, analizando cada uno de sus movimientos. Él tenía la ventaja de leer las mentes, pero igualmente Tanya podría resultar ser una excelente luchadora.

-Hazlo por mí- volví a susurrarle. Fue ahí cuando me miro, para rápidamente volver a enfocar su atención en la mujer en frente nuestro.

-está bien-Simplemente dijo-. Tanya, no hagamos esto. No es necesario.

-¿Quién te dijo que tenía planeado hacerte daño a ti?- pregunto ella indignada-. Solo quiero deshacerme de ella- murmuro tranquilamente, asustándome con su tono suave.

Edward soltó un gruñido mas audible que los anteriores, y se disponía a avanzar hacia ella, cuando yo entrelace mis finos y bastante frágiles -a comparación de los de el- brazos alrededor de su cintura y apoye su mi cabeza en su espalda cerrando los ojos con fuerza. Ante mi actitud, el se relajo, pero mantuvo su posición defensiva. En algún momento, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, y me percate de ello cuando sentí mis mejillas mojadas y la camisa de Edward húmeda. Cuando él se percato se giro y me abraso reconfortándome; yo apreté mi agarre en su cintura. Él depósito un beso en mi sien, deteniéndose unos segundos allí, prolongando el momento.

La paz parecía volver a inundar mi cuerpo con su cercanía, pero como yo ya sabía, los momentos tan mágicos no duran para siempre, y pronto sentí como era Edward apartado de mí bruscamente, y eran sustituidos por los de Tanya, que me tomo bruscamente y comenzó a correr conmigo por el bosque. sin embargo, el sonido de los pies de Edward golpeando contra el suelo, me hacía saber que se encontraba cerca, y solo unos segundos después fui alejada del cuerpo de Tanya, para ser otra vez colocada detrás de Edward, mientras ambos volvían a gruñirse.

-No vuelvas a intentar tocarla, siquiera- espeto en tono amenazante.

-¿Y si lo hago qué? ¿Vas a matarme?- se burlo.

-No me tientes Tanya- le dijo antes de colocarme en su espalda y largarse a correr hacia la casa. Por suerte, Tanya opto por no seguirlo, y era lo único que le agradecía. No podría soportar ver otra vez a Edward en una situación como ella, y mí alocado corazón aun estaba tratando de recuperar su ritmo normal luego de la primera.

Llegamos a la casa unos minutos después, y ya en el porche me dejo sobre mis propios pies, mientras abría la puerta y la mantuvo así hasta que yo pase.

Me dirigí directamente al sofá, y recién cuando me hube calmado Edward se alejo de mi solo el tiempo que le tomo ir por un refresco a velocidad vampírica. El me lo tendió, yo lo tome y en ese momento me percate de lo sedienta que estaba por lo que me lo tome de una sola vez, mientras él me miraba preocupado, y aunque la idea de acercarme a él, abrazarlo y susurrarle que todo estaría bien, no podía. Debía seguir con mi plan original, y para poder llevarlo a cabo, debía y necesitaba alejarme de él. Sin embargo, bien sabía yo que él no dejaría de insistir fácilmente, por lo decidí volver a comportarme con él como antes, y al menor descuido de su parte y del resto de la familia me iría, y así, no les causaría mas problemas. Era lo mejor para ellos, y aunque me doliera, su bienestar me importaba más que el mío.

-Bella...- comenzó Edward.

-Está bien, Ed. ya estoy bien... estamos bien- le sonreí con toda la sinceridad de la que fui capaz. No quería mentirle, pero era algo inevitable si quería que todo resultara como esperaba.

El se acerco al sillón, para luego sentarse a mi lado y envolverme en sus brazos fuertemente, pero sin llegar a lastimarme. Nos mantuvimos unos minutos así, pero bien pudieron haber pasado horas. La sensación de tranquilidad que él era capaz de brindarme con una mirada o un abrazo era todo lo que necesitaba para relajarme.

Nos separamos y el enfoco su atención en mi, mirándome fijamente, lo que provoco que un suave sonrojo apareciera en mis mejillas.

-¿Todo está bien, entonces?

-Todo está bien- le respondí esquivando su mirada. No conforme, llevo su mano a mi mentón y levanto mi rostro, colocándolo bastante cerca del suyo, empobreciendo mi autocontrol, el cual ya de por si era escaso cuando estaba a una distancia prudente.

-¿Segura?-volvió a inquirir. Decidida a no flaquear, y con toda la determinación de la que fui capaz, enfocándome en lo que era mejor para él y su familia, espete, mirándolo fijamente:

-Segura.

Supongo que me creyó o decidió rendirse, porque me sonrió y se levanto del sillón. Me tendió su mano y al tomarla y encontrarme parada a su lado, el me pregunto qué me gustaría hacer para pasar el tiempo. Optamos por ver una película, y elegimos una comedia, ante la reticencia de ambos a ver un drama o alguna romántica.

Estábamos viéndola, cuando el resto de los hermanos Cullen apareció en escena, para rápidamente dirigirse a hacer sus actividades. Emmett y Jasper optaron por jugar un partido de ajedrez, con sus propias reglas y singularidades, que no logre entender, pese a que ambos hicieron que Edward parara la película para explicarme. Diez minutos después, aun no entendía nada, por lo que frustrados y con un puchero adorable cada adornando su cara, se dirigieron hacia la mesa donde reposaba el tablero del juego. Por otra parte, Rosalie y Alice subieron a la alcoba de la primera y comenzaron a selección que ropa de la familia ya había pasado de moda, y cual, aun, era presentable. Carlisle y Esme por otra parte, habían ido al cine, ya que querían vivir las experiencias de una pareja.

Una semana había pasado desde aquel primer día de instituto que parecía tan lejano. Cada uno de los Cullen se esmero porque me sintiera cómoda, y cuando Edward no podía estar a mi lado, alguno de ellos ocupaba su lugar, logrando que me sintiera protegida y querida.

Y aunque adoraba su compañía, algunas veces optaba por pasar tiempo con Angela, quien resulto ser muy amable y sincera, que pronto se convirtió en mi amiga. Sin embargo, notaba como los hermanos Cullen estaban cerca, solo por si acaso.

Todo parecía marchar bien, y la notica de que Tanya había vuelvo a al pueblo donde Vivian los Denali, que se encontraba en Alaska represento un alivio para mi corazón.

Mi relación con Angela mejoraba cada día y ya la consideraba como una muy cercana amiga -aunque en realidad no tuviera muchas-. Y con respecto a Edward, no sabía si el sospechaba algo sobre mi plan, pero nunca habíamos vuelto a tocar ese tema.

Perdonen la tardanza, pero con los exámenes no tuvimos mucho tiempo de escribir. Esperamos que les guste y dejen un par de rr (:

Att: July, Betty y Ann.