Hola chicas. Pues antes de empezar quiero decirles dos cositas:

Yo tengo una cuenta en otakuzone donde me llamo Winry-chan, allí publique esta historia con intención de hacer un fic de Shuriken School, que no tiene muchos seguidores, y bueno lo digo más que nada para que nunca me digan que es un plagio, porque eso si me NERBA (costeñol- colombiano para decir que me enoja más que demasiado)

Este capítulo está dedicado a Jennifer West, a sus primas y amigas. Gracias chicas por tomarse el trabajo de leer ms historias. Un escritor no es nada si no hay lectores. Aprecio de verdad que los lean, por eso les actualizo.

Una semana después del incidente, la señorita McAllen no había vuelto a ir a laborar personalmente, aunque seguía ocupándose de todos los asuntos desde su casa y mandándole la agenda a Wally por correo electrónico. Era algo que no podía dejar de hacer, aunque esperaba ser despedida, el organizar la agenda de su amigo el actor, era un atrevimiento que pensaba tomarse hasta que él dejase de permitírselo.

Pero aun cuando su cariño y dedicación eran tan grandes como para hacer eso, ella no tenía el valor de dar la cara. No era que fuese cobarde, es que simplemente no se puede soportar a miles de paparazis ante ti cuando vas caminando por la calle. Su único refugio era su casa, o por lo menos era así como Jane pensaba.

Wally por otra parte estaba desesperado, la semana tan estresante que había tenido que soportar sin Jane lo tenía con los nervios de punta. No sólo le molestaban los periodistas en sus filmaciones si no que también había anuncios por toda la ciudad que ponían por el suelo la imagen de la chica de cabellos rosados.

¡Por un cuerno, si hablaban de él! Pero de ella… de ella no debían decir nada. Estaba hastiado… Y la extrañaba.

Por Dios, que la extrañaba tanto. ¿Y si renunciaba?... No, eso no quería ni pensarlo. Pero ¿por qué? ¿Por qué se había vuelto tan importante?

-Es mi amiga- se decía mientras conducía en su Ferrari rojo por camino junto a la playa- ¡se supone que sea importante!

Perdido en sus pensamientos y algo distraído levanto la vista un momento. En frente suyo estaba una tienda de abarrotes. Solamente un segundo fue necesario para darse cuenta de quien estaba saliendo de la tienda. ¡Vendita fortuna! era ella.

Jinxie!- le llamó sin siquiera pensarlo, pero ella no le prestó atención-¡Jane!- volvió a decir, pero estaba demasiado lejos.

Trató de doblar la esquina para alcanzarle y lo detuvo un policía. Era una calle de una sola vía.

- ¡Demonios!

-¿No vio el letrero, señor?-preguntó el policía acercándose a la ventanilla del carro

- No, oficial, me temo que no- admitió quitándose las gafas oscuras.

- Valla, pero si es Kid Flash, mi hijo es un gran fan de tus películas

-¿Enserio?- cuestionó sin darle mucha importancia

- Sí… ¿me darías tu autógrafo para él? Se llama Nick- preguntó algo avergonzado.

- Claro, oficial- respondió sorprendido, Wally no se esperaba eso. Le entregó su firma y luego como quien no quiere la cosa pregunto- ¿y la multa?

- ¿Multa? ¡Ah, sí!... creo que lo dejare pasar por esta vez, pero tenga más cuidado y de un buen ejemplo recuerde que es una figura pública- dijo el aludid y luego se marchó susurrando los chicos de la comisaria no creerán esto

- Aquí sí que suceden cosas extrañas…- se dijo Wally en un suspiro y luego miró a todos lados. La había perdido de vista

- diablos, demonios... ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

Se sintió frustrado un momento y luego pensó ¿Qué haría uno de sus personajes? En Flor imperial Oliver ni siquiera se hubiera detenido al semáforo…o tal vez habría golpeado al policía… estaría en la cárcel un rato y deduciría todo después…

- Mmm, creo que mejor le pregunto al vendedor de la tienda si la conoce- se dijo a sí mismo con una sonrisa burlona después de imaginarse en tan incómoda situación.

Camino rápidamente a la tienda para no tener que dar la vuelta otra vez y al entrar se dio cuenta de que era un sitio algo particular. Tenía decoración jamaiquina con adornos japoneses en la pared, parecía un luau pero también un cuarto de acupuntura. Valla que era un lugar extraño. Dudo por un segundo si de verdad pudo haber sido Jane McAllen la que había visto salir de aquel establecimiento tan extravagante, pero luego se percato de que nada perdía con preguntar.

La vendedora que atendía tan particular establecimiento era una mujer morena y poco usual, por no decir excéntrica. Pero con una sonrisa reconfortante que denotaba simpatía, era una expresión refrescante. Según un letrero de bienvenida el nombre de aquella mujer era Karen Beecher.

- Disculpe- dijo el pelirrojo acercándose al mostrador.

-Buenas noches caballero ¿en qué puedo ayudarle?- preguntó Karen sin dejar de sonreír.

-Dirá que estoy loco pero… ¿conoce usted a la chica que acaba de comprar aquí?

-Muchas chicas compran aquí, señor. Es una tienda- atinó a decir ella lanzando una alegre carcajada.

-Tiene razón- exclamó Wally avergonzado- Era bonita, de ojos con lentillas rosadas, como de este alto… tenía el cabello en dos colitas color rosa… sonríe muy tiernamente.

- Aja- dijo la morena recordando mientras le miraba pícaramente- ¿Y se llama?

- Jane McAllen.

- ¡Ah! Por allí hubiera empezado…- gritó ese mujer dando entender que no sólo la conocía, si no que la apreciaba bastante-la pequeña Jinxie, viene aquí cada vez que puede y me ayuda con la tienda, a veces nos vamos a visitar museos y a bailar en las discos… Mmm un momento… ¿Qué quiere usted con ella?

-¿Yo?- cuestionó el pelirrojo arrebolándose como amapola- yo soy su jefe, no ha ido a trabajar esta semana y creo que debo saber si está bien.

-Ah, ya veo… Bueno ella vive cerca de aquí, binó, compró sales y velas aromáticas y se fue. Creo que esta algo estresada estos días. ¿No estará sobrecargándola de trabajo usted?- preguntó Karen frunciendo el seño.

-No, no, para nada… Ya le dije que no la he visto en toda la semana.

-Bien… entonces averígüelo y me dice después- ordenó la morena en un tono cómplice mientras volvía a su sonrisa del comienzo- ella vive a un par de calles de aquí, en la avenida de cielo y Mar, su casa es la única con cerca de bambú No hay manera de confundirla.

- Muchísimas gracias- dijo él y se fue de inmediato.

- ¡No olvide que debe decirme si descubre algo!- fue lo único que pudo decir la vendedora ante esa reacción tan rápida.

El de cabellos rojos la verdad no lo escuchó, simplemente corrió a toda velocidad a su auto para seguir la dirección que le había indicado, estaba eufórico.

Cuando llegó al hogar de la señorita McAllen, se dio cuenta de que Karen Beecherno exageraba al decir que era un lugar inconfundible. La cerca de bambú y el empedrado en la entrada le hacía ver como un pequeño mundo dentro de otro que era simple y sin gracia. Se acercó lentamente para mirar bien la casa y parqueó el auto a tres cuadras de distancia, casi podía sentir el aura de los paparazis a punto de atacar, sabía que estaban cerca, así que para no llamar la atención rodeó la manzana y de esta manera entró por atrás.

El jardín trasero de la casa estaba bastante oscuro, excepto por una luz opaca que venía de una alberca al otro lado de las plantas. Wally se acercó más sigilosamente, pasando por entre los altos arbustos que le impedían ver a ciencia cierta lo que había del otro lado.

Al pasar vio que en el borde de la alberca estaba lleno de velas y había un aroma de rosas que impregnaba el lugar. El muchacho dio un vistazo y lo siguiente que descubrió fue a la cabeza señorita McAllen, asomándose en el agua. La chica estaba sin hacer ruido sentada en la esquina de la piscina llena de espuma con los ojos cerrados. Estaba tan bella así… sin preocupaciones, sin problemas, ni tristeza en su rostro. Detallándola mejor se dio cuenta de otra cosa más esa noche, ella estaba desnuda. Trató de apartar la mirada, pero no pudo. Sencillamente era una imagen demasiado perfecta para sus ojos, no deseaba dejar de contemplarla y la verdad no se iba a detener. Sólo un error de cálculo le impidió seguir haciéndolo, el tiempo que ella tardara en darse cuenta de su presencia.

Pocos segundos pasaron para que el más insignificante ruido lo delatara.

- ¡!- gritó Jane al descubrirlo.

-Disculpe señorita… yo…

- Lárguese- gritó mientras todos los colores se subían a su rostro- lárguese ahora mismo.

-Perdóname, Jinxie- atinó a decir el pelirrojo nuevamente, mientras alterada retrocedía de su posición

- ¡AH!- volvía a gritar la chica mientras lanzaba todo lo que tenía a su alcance.

Tanto nerviosismo, además del improvisado ataque, provocaron que Wally perdiera el equilibrio y se callera a la piscina.

Jane tomó la toalla más cercana y envolviéndose en ella salió de inmediato de la pileta. Minutos más tarde aquel hombre estaba empapado y avergonzado. Sentados los dos en la sala de la señorita McAllen no daban para verse a los ojos, Jane ya se había vestido en un pijama rápidamente y él se cubría con una ancha sudadera de hacer deporte que le había facilitado su asistente mientras su ropa se secaba en la secadora del cuarto de lavado.

Tras el pesado silencio, West al fin tuvo valor de hablar.

- No era mi intención verte "así" Jane.

- Cállese- ordenó la aludida arrebolada.

- Pero...

- Como si ya no hubiera pasado suficientes vergüenzas, ¿por qué simplemente no se dio la vuelta?

- No se me ocurrió- respondió él medio enserio.

- ¡Mentira!, creí que era mi amigo- le regañó la peli-rosa con tono acusador.

- Soy tu amigo- replicó el actor.

- ¿Entonces por que entra a mi casa como un ladrón?

- Pues…

-¿Por qué a estas horas de la noche?- demandaba impaciente la chica.

- ¡Quieres dejarme hablar mujer!- se exaspero el muchacho sorprendiendo a la enrojecida señorita- Lo siento… pero no me das chance de defenderme.

- Está bien, comience- permitió Jane con un suspiro de resignación.

-Pues… - dijo y empezó a relatar demasiado rápido todo lo ocurrido hasta el momento en el que cayó al agua.

-Está bien, está bien, ya entendí, fue un accidente… pero que cosas le pasan a usted- intentó decir la muchacha de lentillas rosadas entre cantarinas carcajadas.

-Y que lo digas… igual creo que te veías como una diosa- alagó Wally con sinceridad.

- ¿Quiere que lo siga echando de mi casa?- le dijo ella con una mirada de basilisco.

-No.

-Entonces guárdese esos comentarios- amenazó Jane, pero entonces Wally frunció el seño y se puso a la misma altura que ella, la miro fijo a los ojos y como si las palabras brotaran de su corazón refunfuño:

- No quiero.

-¿Cómo dijo?- cuestionó Jane sonrojada.

- No quiero dejar de decir que pareces una diosa… no quiero que me digas señor sólo para que no crean que tenemos un grado de intimidad alto… no quiero que dejes de estar en mi vida sólo porque el estúpido universo cree que tenemos algo… no quiero.

-Señor… yo…

-Tú me gustas Jane y mucho…- replicó Wally algo molesto. Estaba arto de negárselo, tenía que decírselo hay y ahora.

El rostro de Okuni estaba pálido ahora no sabía qué hacer ¿Qué significaba todo eso?

Continuara…

Hay, hay, hasta yo me muero de curiosidad. Jajaja.

Chicas como ya dije la historia ya la había escrito hace mucho, sólo la he publicado con otros nombres y obviamente la estoy puliendo, claro que antes no le di final por falta de lectores, por eso dije lo que dije la vez pasada. Así que bueno de ustedes dependen. Jajaja.