N/A: Lamento la demora, parecen que saldrán más capítulos de los que yo esperaba. Quería terminar con dos más, pero este lo voy a tener que partir a la mitad porque llevaba diez hojas y no terminaba todo lo que debía pasar.

Capítulo VII

Jinx jugueteó con el celular en las manos al menos dos veces, esperando a que él desistiera; que dejara de llamarla porque eso no le ayudaba a aclarar su confusión, producto de pelea que habían tenido apenas unas tres horas atrás, además de la entrevista de la reportera del New York Times.

Tomó un respiro profundo, Simón estaba buscando su auto y Karen estaba en el baño del tercer piso del edificio. Ella estaba parada en plena acera con el sol molestándole los ojos. No tenía muy seguro lo que iba a hacer, pero ciertamente que el celular marcando la séptima llamada perdida de Wallace le daba una buena idea sobre en que se iba a gastar su tiempo su jefe… no, peor, su novio.

Al fin, justo antes de que la nariz del auto de More se asomara acusadoramente por la salida del parqueadero, contestó. Aunque con fastidio tuvo que admitir para sus adentros que no había sido sino la tonta foto del identificador de llamadas en donde Wallace sonreía con una enorme mancha de pizza sobre la nariz (tomada así a posta) lo que le había hecho flaquear.

Del otro lado de la línea no se escuchó que alguien hablara de inmediato, más bien sonaba como si estuvieran respirando contra el auricular entrecortadamente, tal como pasaba en las películas de terror que a ella le gustaban tanto. Estaba segura de que el pelirrojo no esperaba que ella le contestara, o si lo había esperado en algún momento seguro había cambiado de parecer tras las primeras cuatro llamadas perdidas.

Sabía que iba a terminar hablando ella primero.

-¿Bueno?- contestó como si no pasara nada. Era una reacción genéticamente femenina, de tortura, por supuesto, porque venía acompañado de una serie de desconciertos que llevaba a la victima interlocutora a repetir detalle a detalle porque se está disculpando y a saborear la vergüenza nuevamente.

-¿Jane?- sonó él confuso, tal como ella lo había pensando, lo había cogió fuera de base- Jane, tienes que escucharme…tenemos que hablar.

No sonaba tan desesperado como ansioso, pensó la muchacha vigilando atentamente las escaleras y la carretera. Se sentía como haciendo algo malo a escondidas, aunque en realidad era una idea más que estúpida, su vida personal solo le incumbía a ella. Debía de ser meramente la mala costumbre que viene con sentirse observada todo el tiempo.

-Mira, lo siento ¿sí?- le dijo él del otro lado del auricular. Jane no se esperara que fuese al grano de inmediato, supuso que parlotearía un buen rato, y él la sorprendía de nuevo- Fui un tonto, un patán… Merezco que estés enojada conmigo, pero mira…

Seguía hablando, ciertamente, le estaba pidiendo disculpas de una manera bastante exagerada; pensó ella, seguramente serían los efectos secundarios de ser un gran actor. Debería de no dejarse ablandar por ello, debería de llamar todo eso simple actuación. Porque bien podría serlo. Pero de todos modos se encontró a sí misma deteniéndolo y disculpándose también.

-Fui una dramática- escuchó decir a la tonta en la que se convertía cuando eran sólo ellos dos en un universo personalizado, sin paparazis, ni cada puto par de ojos en Hollywood puestos sobre sus palabras o movimiento.

- No, para nada, aquí el que se ha ganado los gramis por idiota soy yo- bromeó él, tratando de refutar que ella había hecho un drama. Ambos se rieron. Eran esos momentos en los que ella se acordaba de cómo había empezado a gustarle, había sido culpa de esos malos chistes, un trozo de pizza o un helado y la televisión de su casa.

Era por esas veces cuando tras un largo día de trabajo le dio a los dos flojera quedarse solos en la mitad de sus habitaciones vacías y se sentaron juntos, sin Víctor que se iba a casa de Raven a ver si le aceptaba una patética cita (Ya había llegado el punto del patetismo según ellos), a ver las comedias de WB.

Culpa de las largas charlas en Messenger en los fines de semana que no tenían que verse.

-¿Sigues allí?- le preguntó Wally después de un rato. No se había dado cuenta que había cambiado la risa por una sonrisa estúpida, que gracias al cielo ella no podía ver.

-Sí, aquí estoy- contestó Jane y se movió de nuevo, había un sonido molesto a su alrededor y quería evitarlo para poder escuchar a Wallace.

-¿Estás en la autopista?- preguntó confundido el actor, a lo que Jinx contestó que sí únicamente para no dar más explicaciones. Se recordó así misma también que debería apurarse porque en cuanto Karen bajara no había posibilidad alguna de escaparse a un interrogatorio. Si es que más que fan de Big bag theory parecía fan de Agatha Cristi. Así que sin más le urgió a Wally que le dijera lo que le faltaba por decirle y que podían seguir hablando por internet después.

No, decía él.

Mirando de soslayo el reflejo de los cristales que mostraban las escaleras por donde tenía que venir Karen, no se dio cuenta que se le había pasado preguntarle a él por qué. La verdad no había hecho falta, su novio había tomado el silencio como una afirmativa y seguía hablando.

-Tengo aquí a alguien que se quiere disculpar contigo personalmente, si no te molesta- le escuchó decir y se le ocurrió algo tan pervertido que decidió mejor no mencionar- así que voy a tu casa con esa persona más tarde ¿bueno?

Jane se quedó con la negativa en la garganta puesto que justo cuando le iba a decir que no al pelirrojo vio a Kareen a dos centímetros de bajar de las escaleras y cerró el celular para luego meterlo hasta el fondo de su bolso donde si en dado caso se le daba la mala idea de volver a sonar, sólo lo escucharían el shapstick y la galleta a medio comer que tenía por allí metida.

Karen la miró extrañadísima y Jane sintió como se le empezaban a prender las mejillas de un color rojo carmín bastante radiante.

-Número equivocado- mintió, bastante mal de hecho, la peli rosa que luego añadió con disimulado descaro- En fin, creí que te había tragado el baño o algo.

-No me demoré pero nada- señaló extrañada la morena, mirándola con ojos acusadores.

-Mierda- pensó ella y volteó la vista para buscar el auto de Simón, que por para su mala suerte era el mismo auto que llevaba al menos unos cinco minutos sonando la bocina e impidiendo el paso en la carretera. Por mera suerte no se había aparecido ningún policía a ponerle un tiquete a Simón, o si no en serio sería el colmo, además de que a Jane se le caería la cara de la mera vergüenza. Sí era ahora y no sabía ni que le iba a decir. Era obvio que por la distancia había sido perfectamente capaz de escucharlo sonar múltiples veces la bocina del carro.

Karen le dijo que dejara de hacerse la retardada de pronto y la hizo encaramarse en el automóvil que arrancó enseguida entre insultos nada sutiles de los demás conductores que habían tenido que perderse al menos dos veces el cambió de la luz del semáforo.

Simón conducía con más prisa de lo normal. La carretera parecía perderse mientras ellos se movilizaban hacía la casa de Jane cerca de la playa y ésta estaba segura de que iban a dar las doce menos diez en algún momento, porque los rayos del sol que se colaban por las ventanas de vehículo empezaban a fastidiarle la piel caucásica.

-¿Por qué la prisa?- soltó con valentía de pronto al notar que se habían pasado un pare que muy probablemente Simón no alcanzó a ver por estar manejando a sesenta kilómetros por hora.

-¿Por qué crees?- le cuestionó algo tajante el aludido, quien enseguida tomó un respiro profundo para tratar de calmarse- tengo que trabajar, Jane, no todos somos celebridades ocupadas como tú.

El comentario le había dado en el hígado a la muchacha que ahora era observada por Karen en espera de la normal reacción de ira que tenía cuando algún chistoso confundía todo lo que estaba pasándole con una bendición del cielo en vez de la maldición de Lucifer que en verdad era. Pero nada, Jane no dijo una sola palabra. No podía, sabía que en el preciso momento en el que abriera la boca Simón lanzaría algún comentario envenenado con respecto a los minutos que lo había dejado esperando en medio de la carretera, haciendo tráfico, por estar hablando por teléfono con Wally. Y él no era ningún idiota, él sabía que era con él con quien tenía que estar hablando.

No le dijo de hecho ni mu.

Sí tenía que decidir entre que le jodiera la vida Karen con las mil y un preguntas o tragarse su orgullo un par de minutos ante el comentario ofensivo de Simón, prefería romper su dieta y tragarse su ego con limón y sal.

El carro se aparco unos minutos de incomodo silencio después, justo en frente de su casa y sin ningún recelo. Jane ni si quiera se quejó, le dio las gracias a Simón, le volvió a pedir disculpas por haberlo hecho esperar en la carretera, y después cogió camino a la entrada a donde Karen la seguía con una mirada acusadora.

Maldición, pensó abriendo la puerta de la casa lo más rápido que las manos le permitieron hacerlo. Igual terminaría hablando con Beecher al respecto, lo sabía.

Se apresuró de todas maneras a tirar el bolso sobre el sofá, y quitarse los zapatos. Estaba bastante cansada para ser tan temprano, además las piernas le dolían. Se encaminó a la cocina.

-¿Qué fue eso?- escuchó que le preguntó la morena. Ella se limitó a abrir una caja de donas para meterse una a la boca.

-No sé, creó que estaba estresado o algo.

-Sí, pero estaba raro, Jane ¿o me vas a decir que para ti es normal que alguien te trate así de la nada? Él estaba bien cuando subí al baño- insistió extrañada Beecher, mientras tomaba también parte del postre de pan azucarado.

-No… pero tú lo escuchaste, tenía que trabajar y además estaba molesto conmigo porque no me di cuenta que estaba pitándome, oye y ahora que lo pienso, ¿no piensas irte a atender tu tienda?- le dijo dando otro mordisco, consiguiendo que parte de su mejilla se llenara de mermelada de fresa.

Karen juntó las cejas, ella sería muchas cosas, pero pendeja no era una de ellas; miró entonces como Jane se atragantaba con otra dona, esta vez rellena de dulce de leche, era como estar frente a una presa nerviosa que sucumbía ante la presión.

-Bueno, escúpelo de una vez- le dijo ya sin rodeos- te llamó ¿verdad?

Jinx suspiró después de tragarse el gran bocado de dulce que aun tenía en la boca. Quiso rodar los ojos, pero sabía que eso sería más inmaduro que el cómo se sentía en ese momento. Tenía veintidós años, pero estaba actuando como una cría ridícula de colegio, que tras haber chillado por dos horas que iba o había de terminar con su novio, y aun así tres horas después se estaba besuqueando con él de nuevo. Sí, así era exactamente como se sentía. Pero ya qué, no podía seguir pretendiendo que para su mejor amiga no era obvio que él la había llamado y que ella le había contestado. Era como si lo tuviese pintado sobre la cara.

-Sí, me llamó- le contestó al fin.

-Aja, y tú le dijiste que se fuera al mismo infierno con Leonardo DiCaprio y su sequito ¿no?

-Pues… no me dio tiempo- le contestó la muchacha caminando por la cocina en búsqueda de leche. Era una escusa demasiado estúpida.

-¿Te das cuenta de lo inmadura que estás sonando?- le criticó Karen siguiéndola con la mirada.

Por supuesto que se daba cuenta de que ese era el caso.

-Pero tú no sabes ni que le voy a decir cuando venga- le soltó con impaciencia, luego se empinó la botella de leche directo en la boca.

-¡Ah! ¡Con razón!

-¿Con razón qué?

-Con razón me estás echando- la acusó la muchacha señalándola con el dedo anular- tú lo que quieres es que yo me vaya, para que cuando venga tu novio los dos puedan andarse por allí como animalitos, follando y todo eso ¡Magnifico! Mejor me hubiese quedado con los actores de Big Bang Theory… De haber sabido que este dramita les iba a durar tan poco.

Los ojos de Karen demostraban que estaba verdaderamente indignada ahora. Jane no era capaz de verlos.

-No vamos a hacer nada, dijo que traía a alguien que también quiere disculparse- le replicó sin energías ni ganas de discutir y volvió a empinarse otro trago de leche, aunque ya tenía inflado el estomago y no le cabía nada más.

-Claro, yo te voy a decir a quien más va a traer…- exclamó con un tono de sarcasmo la morena, pero en ese momento, porque Dios tiene que probar que existe de vez en cuando, el timbre de la puerta sonó, por lo que Jane tuvo un par de segundos para no tener que escuchar el hermoso genio de su mejor amiga en pleno fulgor.

Giró la perilla, anotando mentalmente entre todas las cosas que tenía que pensar que sería bueno ponerle aceite a las rendijas de la puerta. Era algo difícil que recordar con tantas cosas que habían pasado recientemente, pero lo urgente no podía dejar de lado lo importante. Y ciertamente en caso de una emergencia, como una apocalipsis de periodistas del cual debiera escapar con sigilo ninja, seguramente sería importante que la puerta no hiciera el molesto e insoportable ruido que hacía ahora.

Cuando subió la mirada, a Jane casi le dio un paro cardiaco. Había cuatro personas enmascaradas con gafas y sombreros que se adentraron en la casa y cerraron la puerta a sus espaldas antes de que ella pudiese decir una sola palabra. McAllen se echó para atrás por instinto, pero cuando sus nervios al fin le dieron las fuerzas para gritar uno de los enmascarados le puso la mano en la boca.

Las piernas de Jane temblaron del susto, mientras esperaba que le pasara algo peor en algún segundo. Pero al darse cuenta de que no pasaba nada se vio forzada a abrir de nuevo los ojos y vio que dos de los supuestos asaltantes estaban muertos de la risa. En ese momento pudo divisar con más detenimiento la forma de sus cuerpos, además del sonido de sus risas.

Molesta entonces golpe la cabeza de los que se estaban riendo.

-Ay, Ay, en la cara no que soy actor- dijo en son de broma uno de los enmascarados y añadió- Siempre quise decir eso.

Jane supo enseguida que era Wally.

Todos los encapuchados se rieron entonces del chiste. No era por nada, de hecho era muy mal, pero que lo dijera él resultaba irónico e hilarante. Bueno, ciertamente para Jane quien aun podía sentir el corazón en la garganta no lo era, sus mejillas se estaban coloreando de hecho de la misma rabia.

-A mi no me hace ninguna gracia- soltó antes de que alguno hubiese terminado de reírse. De verdad que no se le ocurría una buena razón para que le dieran tremendo susto en ese momento.

Con la cara roja y las manos llenas de adrenalina les pidió a todos que se quitaran el estúpido disfraz de asesinos enserie. Fue únicamente entonces cuando Karen salió de la cocina, señalando que le estaba tomando demasiado tiempo volver.

Jane no pudo evitar pensar con entretenido sarcasmo que si de un asesinato o secuestro real se hubiese tratado, ella ya estaría más allá que de acá gracias a los niveles astronómicos de despiste de su mejor amiga que parecía igual que sorprendida que ella al ver tanta gente en el pequeño saloncito de entrada a la casa.

Suspiró.

No podía decir que le sorprendiera mucho que Víctor hubiese venido, pero sí le llamaba la atención la jovialidad de papa Noel que parecía tener. Se preguntó al mismo tiempo que Karen si no le habían robado el cerebro algún grupo de alienígenas; era posible, pero para eso tenía que tener cerebro y sobraba decir que esa mañana había puesto esa teoría en entredicho.

Luego pasó la vista del extraño y amable rostro del moreno a los dos disfrazados que seguía sin reconocer incluso ahora que no tenían mascaras o algo que les tapase la cara. De esos dos, la que más le llamó la atención fue la muchacha que tenía las facciones de la cara muy parecidas a la perra de Komi Anders, pero al mismo tiempo podía decirse que tenía un aire distinto. Una expresión dócil e indefensa, cómo la de un cachorro abandonado. Su cabello rojo escarlata le fascinó enseguida, pero hizo lo mejor posible para ocultarlo. Estaba esperando que hablara, que se presentara o algo para que ella no tuviese que ser la primera en disparar sin conocer a su oponente. Desgraciadamente las palabras no salieron de la boca de la pelirroja sino del hombre que no se movía ni por casualidad de su lado. Tenía la voz profunda y confiada, como si supiera exactamente lo que debía decir; bastante diferente de su acompañante si cabe resaltar.

-Permítame presentarme, señorita McAllen, mi nombre es Dick Grayson y está hermosa señorita es Kori Anders. Pero imagino que eso usted ya lo sabe- comentó con amabilidad entonces el susodicho y a Jane se le prendió una bombilla en la parte trasera de la cabeza.

Grayson… tenía que ser aquel director con el que por milagro de Dios había conseguido un acuerdo telefónico. Ese por el que Wally y Víctor casi que le besaban los pies el día en que todos los problemas empezaron… Pero ¿Anders? Ya, no tenía que ser un genio.

-Eres hermana de Komi Anders, la pobre a la que le estoy robando el novio- se le salió de la boca a Jane sin que ella lo pudiese evitar. Enseguida todos guardaron silencio. Quizás ella no se había dado cuenta, sin embargo las palabras habían salido como cuchillos de su garganta, con un odio tan grande y tan cortante que la hacían parecer mucho más molesta de lo que en realidad se sentía.

El rostro de Grayson se endureció detrás de las gafas oscuras, mientras que para sorpresa de todos la que debía de sentirse más atacada por las palabras sonrió. Una sonrisa humilde, de esas que dan las madres cuando piden disculpa o comprensión a un niño pequeño.

-Sí, esa misma, y no sabes cómo lamento mucho todo lo que ese chisme te ha herido- dijo con un acento que Jane no supo identificar, pero con una dulzura que le dio entre remordimiento y desazón, casi como si le empalagara fuertemente por dentro.

La miró con receló por un momento, lo que no le gustaba a Grayson quien tenía a la pelirroja cogida fuertemente de la mano por lo que se podía dar cuenta de que temblaba, que se sentía despreciada y él tenía suficiente tiempo conociéndola como para saber que no merecía sentirse despreciada. Eso lo molestaba.

Víctor se recostó a la pared del pequeño pasillo antes de que Jane finalmente dejara salir un suspiro de resignación. Karen observaba a Stone, esperando que dijera algo que la hiciera explotar y al mismo tiempo sintiéndose furiosa de que ni si quiera la mirara. Pues bien como toda mujer deseaba seguir discutiendo por lo de la mañana.

Wally por otro lado se veía rejalado, parecía la única persona que tras cada momento de rabia alcanzaba un nuevo nivel de paz espiritual.

-Bueno- soltó al fin Jane- Ni que fuera tu culpa.

Eso era lo mejor que podía decirle, se dijo enseguida en su cabeza. Tenía que tomar una posición diplomática, madura, diferente a la de la mañana, de hecho debía hacerlo para compensarlo.

-Sigamos hablando en la sala, que esto está muy chiquito- prosiguió mientras caminaba hacía donde les había invitado a pasar. Una sala confortable, aunque pequeña, en la que si se sabían acomodar cabrían perfectamente.

Wally se fue directo al sofá esperando que Jane se sentara junto a él, pero ella no estaba lo suficientemente aturdida como para olvidarse de la conversación que ellos dos tenían pendiente. A solas, cuando los otros cuatro inoportunos hubieran dicho todo lo que tenían para decirse y se marcharan de una buena vez. Por ende la peli rosa se sentó en una silla que había puesto provisionalmente en la mitad de la sala y que había tomado del juego comedor que estaba a pocos metros de ellos con algunos papeles o libros que no había tenido la dicha de seguir leyendo.

Karen entonces ocupó el lugar que Wallace tenía destinado para Jane, y Víctor el lugar junto a ella.

Grayson se quedó de pie junto al sofá personal donde se ubicó Kori. Era consciente de que estaba dando el papel de un hombre sobre protector, pero para el caso no le importaba pues ya había hecho la promesa de no separarse de ella hasta que toda esa reunión se hubiese terminado. Y era lo menos que podía hacer después de haberla engatusado para hacer al final de cuentas parte de la película que él le había propuesto.

Jane los miró a todos.

-Voy a creer que no vinieron solo a que la señorita Anders se disculpara- inicio entonces con aire calculador. Estaba harta de su propia inmadurez. Afortunadamente no se equivocaba según mostraba los rostros de Wallace y Komi.

No, obviamente no habían ido solamente a eso.

-Para arreglar las cosas- inició la pelirroja aunque empezaba a titubear. Jane veía que era bastante débil de carácter de nuevo- Mi hermana ha sugerido que hagan una aclaración los tres en la fiesta que será está noche en nuestra casa, es una de las mansiones del acantilado este.

El rostro de Jane se desencajó por un momento. Sí esa era la gran idea se moría por poner un letrero sarcástico de "genios" sobre sus cabezas. Es que faltaba más, y lo decía, que creyeran que ella era tan idiota como para ir a la boca del lobo para que después se la comieran los buitres.

Karen estaba totalmente de acuerdo con ella, se suponía que habían ido a solucionar eso ya con los reporteros del Times. No había más nada que decir o que hacer al respecto. Y, cabe aclarar, si lo hubiera, no sería de la mano de la víbora que lo había iniciado todo en primer lugar.

Wallace se ofuscó y las interrumpió.

-A ver, cálmense las dos- les dijo el actor con calma- Si ya probaron su idea, es apenas justo que prueben la nuestra ¿no lo creen? Después de todo yo también estoy metido en todo esto y creo que está es una manera de solucionarlo también.

-Además nada de lo que digan puede empeorar algo- añadió Víctor despacio. Karen lo fulminó con la mirada, quizás era sólo el sonido de su voz lo que le daba tanta rabia.

-Exacto, tienes que comprender que nada pierdes con darle una oportunidad al asunto- prosiguió Dick. Pero Jane sentía que no quería que él hablara, que era como dejarlo iniciar una batalla en la que no iba a dejarse vencer, en otras palabras que Grayson hablara era perder sin siquiera discutir, como si tuviera los argumentos cual armas a la mano en el cinturón.

McAllen movió las manos titubeante sobre las barandas de la silla. Luego como quien no quiere la cosa se levantó con la mala excusa de ofrecerles algo de beber. Su novio la siguió entonces a la cocina, con una mirada que demostraba su impaciencia.

Jane estaba acorralada, era como si hubiesen armado el equipo perfecto para derrotarla en su terquedad y en el que su única aliada estaba demasiado encerrada en su pelea mental con Stone como para prestarle algo de atención.

Se quedó observando dentro de la nevera con la mirada vacía por un momento breve.

-¿Entonces?- le habló Wallace con un tono suave aunque Jane sabía que quería ser demandante.

-Entonces… ¿té o café?- preguntó con cierto sarcasmo sacando del refrigerador una jarra de té helado. El pelirrojo frunció el ceño con impaciencia.

-¡Vamos! Sólo intentemos esto ¿enserio crees que se puede poner peor? ¿Por qué no confías en mí?- le soltó aun con un tono que no llegaba a ser más alto que el de un susurro. Pero Jane igual se sobresaltó, le llamó la atención la elección de palabras. No pudo entonces más que mirarlo confundida, y notó en sus ojos que estaba dolido por algo. Para su desgracia era algo que ella pasaba por alto, porque dándole vueltas al asunto a velocidad luz en su cabeza no podía encontrar por qué habría él de sentir ese dolor tan peculiar como para usar también las palabras que acababa de soltar.

-No te entiendo- le dijo ella detenidamente- ¿qué tiene que ver esto con que no confíe en ti? Sabes que simplemente no me gusta la idea de hablar con los paparazis de mi vida.

-Y conmigo tampoco, pareciera, ¿por qué no me habías dicho que querías volver a la universidad?- preguntó con esa mirada dolida el actor. A jane le quedó un nudo en la garganta.

Así que era eso. Claro, no podía decir que no tuviese sentido. Un día estás feliz con tu novia y al día siguiente te enteras de que ella quiere irse a otro estado a continuar sus estudios universitarios. Entre otras cosas ¿le había dicho que universidad era?

Suspiró, por la cara de desesperación que dejaba ver él era obvio que no.

-No es eso, Wally- le replicó con algo de dulzura- yo sí confío en ti, sólo se me pasó decirte, no seas melodramático.

La idea sonaba medio irónica, considerando que estaba hablando con un actor, pero no estaba demás recordarle que lo estaba siendo al darle tanta importancia a algo que había dejado ella salir en un momento de ira. Aunque fuese cierto, era algo que se podía hablar sin llegar a pensarlo de la manera en que había terminado imaginándoselo él.

Jane empezó a organizar el té y unas galletas que se lo ocurrió añadir al menú de los invitados mientras hablaba con el pelirrojo. Trataba de que no se notara afuera que ellos dos estaban deliberando algo, quería que se viera como si simplemente estuvieran encargándose de los bocadillos, aun cuando en el fondo sabía que ninguno de los presentes se creía eso. No con todo el lio armado.

Wally no le habló enseguida sino cuando la hubo ayudado con las galletas y los platos individuales.

-¿Vas a aceptar nuestra idea?- le preguntó ahora que ambos habían cogido una de las dos bandejas auxiliares. Jane le dio una mirada vacilante, mordiéndose el labio inferior por mera manía.

-Bueno- aceptó finalmente aunque algo dentro de sí misma le decía que estaba cometiendo un error. Acalló esta duda con el sonido de la bandeja siendo colocada sobre la mesita que marcaba el centro de la salita. Los demás, que estaban cada uno susurrando algo con quien tenían al lado, los miraron expectantes. Desde donde estaban podían decir que habían entendido el "bueno" de Jinx, pero no sabían a qué estaba accediendo, ni mucho menos lo que se habían dicho exactamente en la cocina.

-Bueno ¿qué?- preguntó entonces directamente Karen, que ya estaba de suficiente mal genio. Jane apretó los dedos de las manos, cómo si ella no tuviese ya suficiente de eso.

-Sí. Vamos a darle una oportunidad al plan de Wally para solucionar esto- le respondió con algo de firmeza para que entendiera que no iba a discutirse más el asunto.

Inmediatamente Grayson le dirigió una mirada a la pelirroja que sonreía de oreja a oreja y se ponía en pie de la misma felicidad, eso lo hizo relajarse en seguida y sentirse agradecido con Jane por esa actitud que tomaba. Él podía ver sin mucho esfuerzo, ni conocerla a fondo, que no estaba del todo segura. De hecho, tenía que admitir que si fuese él no podría hacer una cosa parecida así nada más, por lo que de cierto modo estaba agradecido de que lo aceptara así; porque simplemente eso era lo único que quitaría la culpa de los hombros de la modelo.

-Es maravilloso- dijo entusiasmada entonces la pelirroja, tal y como Dick esperaba que dijera.

-Pero ¿qué te vas a poner?- objetó disimuladamente Karen como si eso fuera algo que le importara en ese momento. Jane abrió la boca para responderle algo, aunque no sabía que iba a decirle; pero Anders la interrumpió.

-Oh, por favor, permítanme encargarme de eso, yo sé donde podemos conseguir todo para hacer de la señorita McAllen toda una mujer de la realeza.

-Princesa, Kori, Princesa- le corrigió Víctor con confianza. Karen le hizo una mueca dentro de su cabeza, aun cuando por fuera su cara era igual de expresiva que la pared de la sala.

-Eso mismo- dijo la aludida sin poder quitar la sonrisa de la boca. Jane miró a todo el mundo, y se encogió de hombros. A este punto la resignación al desastre había llegado a mera apatía, pero parecía que eso no le importaba a nadie que no fuese Beecher pues el resto parecía bastante animado. Wallace incluso daba esa imagen de euforia eterna que le gustaba tanto a ella, y eso era agradable, al menos más agradable que la cara de decepción absoluta que tenía hace un par de minutos en la cocina.

-Bueno, pues entonces vamos apurándonos que ya es tarde para hacerme la cara de nuevo- dijo Jane tomando el bolso que estaba en la mesa.

Sí lo que Kori le iba a hacer se parecía a lo que ella estaba acostumbrada a ver que le hacían a las coestrellas de Wallace en el set de maquillaje, estaba segura que iban a terminar gastándose hasta el último segundo que tuvieran antes de que la fiesta se pusiera en el mejor punto.

Además si iba a enfrentarse públicamente a Komy Anders, bien podían desarmarla y ármala de nuevo, porque sin importar lo que tuviese planeado esa arpía ella no iba a dejar que la humillara de nuevo. No sí tenía a miss universo de hada madrina al menos.

Así que apretando los puños, con todo el valor que le quedaba para ponerle punto final a esto, se dijo así misma que debía dejar de pensar que todo se iba a ir a la mierda por esa idea.

Continuara.