Nada me pertenece, excepto ideas.


Peeves. Ese molesto insecto que no paraba de zumbar sobre las cabezas de los niños y arrojar bombas pestilentes sobre los profesores. ¡Comenzaba a resultar inquietante y Albus no sabía qué responderle al pobre conserje Filch!

Había intentado todo para casarlo, pero había sido imposible. Con una sonrisa suave, Albus le pedía paciencia y un poco más de esfuerzo.

¡Esfuerzo!

— ¡Maldito y endemoniado Poltergeist!

Zumbaba de un lado al otro y con una risa carcajeada lo miraba desde los aires. Nadie podría con su genio. Nadie estaba a su altura. Nadie sería como Peeves el poltergeist.

Pero cierto día, Hermione leía una revista. Una revista que sus padres habían comprado en vacaciones. Ella estaba cómodamente sentada, mientras leía. Estando en la biblioteca, Severus Snape cruzó el umbral y la miró.

Leyendo revistas en vez de libros. ¡Por supuesto que no! Confiscaría esa revista en ese preciso momento.

— Le informo sra. Granger, que la biblioteca y Hogwarts... no son para las revistas. No leerá aquí, ni Quisquilloso ni profeta, siquiera Corazón de bruja.

Hermione suspiró bajando la revista. Severus sonreía triunfante y la miraba en silencio.

— Pero señor... esto no es una revista de esas. Es simplemente un...

— Démela.

Eso hizo ella, en cuanto Severus insistía. Con una mirada severa, le había descontado diez puntos y la había enviado a su sala común. De vuelta a su despacho, lanzó la revista al escritorio y se dispuso a organizar los informes de pociones, del peor al medianamente bueno.

Pasó toda la tarde en ello y a la hora de la cena, simplemente abandonó el despacho. En esas horas, Filch el conserje limpiaba las aulas.

No pudo evitar mirar la revista y su artículo. O en realidad, mirarla completa.

Por supuesto, mientras cenaban... nadie esperaba que algo ocurriera. Estando en la dichosa cena, se observaron rayos verdes y rojos en el salón Los profesores e incluso Albus, se sintieron nerviosos. ¿Estaban bajo ataques?

Peeves salía corriendo y aullando, lleno de miedo. Los rayos iban detrás de él y fue entonces, cuando el estudiantado observó a cuatro hombres con curiosos trajes y armas láser, que se dirigían hacia el asustado poltergeist.

Y a la sopa de Snape, que terminó sobre su rostro. Un rayo había alcanzado el plato y se había hecho añicos.

— ¿Qué es lo que está pasando?— gritó Neville y todos se levantaron de sus asientos, llenos de miedo. Filch sonreía triunfante.

— ¡Somos el escuadrón caza fantasmas! ¡Acabaremos con todas sus pestes en un santiamén!

Bueno, Nick casi decapitado pasó a ser: Nick casi sobrevive y el barón sanguinario, no blandía su espada mientras los cazadores los estuvieran vigilando.

En cuanto Hermione recibió su revista de manos de Snape, no había notado que había un cupón para llamar a los famosos:

Caza fantasmas.

Ser fantasma en Howgarts, nunca fue más doloroso. No, como en ese momento en particular. Y Snape... bueno... él ya no deja revistas ni anuncios en su despacho.