En el nombre de Merlín

Ajenjo, raíces de valeriana, judías soporíferas y… un emborronado manchón de tinta que no podía descifrar.

-No entiendo mi propia letra-Masculló mientras un suspiro frustrado escapaba de sus labios-, y esto tiene un color horrible, recuérdame que nunca más deje la tarea pendiente para un domingo.

Lily rebuscaba en su libro de pociones el ingrediente que le faltaba, se distraía cada poco tiempo y jugueteaba con su pluma con la vista fija en la nada.

-Asfófelo-Scorpius Malfoy, como salido de la nada, le tendió un oscuro ramillete a la joven Potter-, si lo hechas al caldero ahora, todavía podrás salvar la poción.

La chica la cortó a toda prisa con un pequeño cuchillo y arrojó la planta a su caldero, este, empezó a borbotear al tiempo que la poción se oscurecía.

-Eres genial, Scorpius-Musitó la chica, dedicando una luminosa sonrisa al joven rubio, él la miraba evidentemente distraído-, ¿Cómo sabías que estaba aquí?

-Albus me lo dijo, estaba estudiando para los EXTASIS, los Filtros de Muertos en Vida entran a examen, Slughorn lo dijo el otro día, y se me ocurrió que yo podría repasar-El rubio sonrió con intención, molesto como estaba, sólo Lily podía hacerle sentir mejor-, y aprovechar para echarte una mano.

-Dime Scorpius Malfoy, ¿Cuál es exactamente tu concepto de "echar una mano"?-Ambos rieron y la sonrisa ladeada del chico respondió por él, aunque el caldero de Lily empezó a emitir un peligroso vapor negruzco, ambos habían encontrado algo mucho mejor de lo que preocuparse.

El rubio había tenido razón, Lily lograba reconfortarle, pasó la pluma parda que usaba para anotar por su pálida mejilla y el escalofrío que le recorrió la espalda a Scorpius le acompañó mientras se inclinaba con cuidado para explicar, con un ejemplo, su concepto de "echar una mano".

Fue un suave rozar de labios, pero bastó para hacer estremecer a Lily que retrocedió hasta recostar su cuerpo contra la desordenada mesa que usaba para estudiar, las vainas de judías soporíferas rodaron descontroladamente hasta dispersarse por el suelo mientras Scorpius se acercaba para besar a Lily una vez más.

El rubio profundizó el beso, sus manos sostenían la cintura de Lily con fuerza contra su cuerpo y se separó de ella velozmente cuando el caldero empezó a borbotear con más fuerza.

-Tienes que removerla-Advirtió, sin separarse de ella-, en sentido opuesto a las agujas del reloj.

Ella, agitada por la cercanía del chico, tardó en comprender lo que él decía, pero acabo por darse la vuelta entre sus brazos y remover la mezcla como él le había indicado, la abrazaba por detrás, la distraía con suaves besos en su cuello mientras ella trabajaba y le dedicaba unas extrañas miradas, entre divertidas y reprobatorias.

-¡Scorpius!-Le reprendió, sin pretender en realidad que él se apartase- Estate quieto, ¿No estabas aquí para ayudar?

El joven sonrió contra la piel de Lily, deslizó una mano sobre la mesa hasta encontrar el libro enterrado bajo un montón de ramitas de ajenjo, logró pasar una página sin moverse de su posición.

-Por supuesto, ahora tienes que remover en la otra dirección-La chica suspiró, pero siguió las instrucciones dadas y la mezcla adoptó un tono negruzco que coincidía con la muestra del libro-. Nada mal, pero no la dejes reposar mucho tiempo, si los vapores se depositan en el fondo, la poción ya no tendrá efecto.

Scorpius soltó a Lily para que ella pudiese trabajar cómodamente, parecía hastiado, pero no dijo nada mientras rodeaba el escritorio y se sentaba en un taburete frente a la chica. Observó cuidadosamente como ella se movía con rapidez, sus delicadas manos se esforzaban para abrir un pequeño frasquito transparente y Scorpius, con una sonrisa ladeada, recostó los codos sobre la mesa.

-¡Alohomora!-El taponcito saltó graciosamente y Scorpius, mientras guardaba la varita, sonrió con picardía a la sorprendida Lily- Somos magos, no lo olvides, pelirroja.

Era una costumbre de los Potter hacerse las cosas lo más difíciles posible, y Lily, que llenaba el frasco con una cucharita, debía ser la campeona de la familia.

-Con cuidado, Luna-Apenas fue un susurró, el joven observaba preocupado cada gota de poción que caía dentro del pequeño frasquito-, si te roza una sola gota…

El rubio terminó la frase con un gesto de obvia peligrosidad, que Lily trató de ignorar mientras derramaba en el frasquito la última cucharada.

-Tiene antídoto, ¿Verdad?-Inquirió la joven, peleando para encajar el tapón en la botellita.

-Por supuesto-Scorpius, en silencio, enterró la cabeza entre los hombros, ligeramente distraído, mientras un pensamiento cruzaba su cabeza-, pero no tengo idea de cómo prepararlo, así que lo mejor es evitar riesgos.

Lily etiquetó el frasco y lo guardó con cuidado en su mochila, al lado de la larguísima redacción sobre la elaboración del Filtro de Muertos en Vida que, a primera hora del lunes, debía entregar a Slughorn.

-Lo he pensado, Lils-Siguieron unos minutos en silencio, Lily, a la usanza muggle y con guantes, limpiaba los restos de poción que habían quedado en su caldero, mientras una sombra oscura invadía los ojos del rubio-, no debería estar enfadado, pero sólo de imaginarlo me pone enfermo.

Ni siquiera comprendía por qué estaba tan molesto, después de dos semanas evitando a la llorosa Rose, Scorpius había dejado de verle el sentido, se sentía traicionado, no por su amiga, a ella podía perdonarla, ni tampoco con Lily, ella siempre lo había sabido, pero contárselo, sólo habría servido para hacerla faltar a su palabra, él estaba molesto con su padre, el único hombre que de verdad había respetado, él le aconsejaba y Scorpius confiaba ciegamente en su palabra, ahora, tarde ya, comprendía que todas sus comprensivas palabras no fueron más que un interesado engaño.

-No hables así, Scorpius-Los ojos de Lily, severos, se clavaron con intensidad en el chico, quería comprenderle, pero le resultaba tan difícil pensar en Rose y no ponerse en su lugar, hubiese hecho lo mismo si se tratase de Scorpius, no podía ser objetiva-, ella es tu amiga y…

-No, no se trata de Rose-El chico estiró los brazos, sus ojos clavados en la preciosa Lily, ella por fuerza debía saber que era correcto-, a ella la puedo entender-Una amarga sonrisa decoró sus labios, mientras reconocía la obviedad-, a fin de cuentas, es de esa clase de hombre, cualquier chica se volvería loca por él, eso es lo que me pone enfermo-Se encogió de hombros, su mirada gris se había perdido por la desierta sala, Lily, en silencio, escuchaba, sus brazos habían rodeado los hombros del muchacho-. Hay cientos de chicas, por qué tuvo que escoger la que me gustaba a mí, él lo sabía y no le importó.

El chico sintió el cuerpo de ella tensarse en torno a sus hombros, recostó la cabeza contra su hombro y ella inclinó el rostro para poder mirarle a los ojos.

-Pero… tú ya no sientes nada por Rose, ¿No?

-Por supuesto que no, Luna-La misma congoja ocupaba las delicadas facciones de Lily cada vez que la duda invadía su mente, al rubio le resultaba enternecedor el modo en que sus ojos verdes buscaban los suyos cargados de inquietud, adoraba repetirle, una y otra vez, que nadie más que ella podría interesarle y besarla, hasta que Rose dejaba de existir para su prima, enardecía a Scorpius como nada podría hacerlo-, pero así lo creía entonces y se lo había jurada a mi padre hasta la saciedad, ¡Menudo hipócrita falto de moral, ni su propia sangre respeta!

Lily se apartó cuando Scorpius se puso en pie, sus pasos firmes retumbaban en el frío suelo, los ojos grises de él, cubiertos por una oscura sombra, un brillo distraído, evitaban las tranquilizadoras esmeradlas que lo volvían loco.

-Dime, Lily, si mi propia familia me miente ¿En quién puedo confiar?-Volvió la vista, apenas la miró de soslayo, avergonzado por tener que admitir lo solo que se sentía, si aparte de su padre no tenía más familia y más allá de Rose y Albus pocos amigos le quedaban.

-Confía en mí-La dulce voz de Lily rompió la inquietud del muchacho, sus ojos verdes, como faros en las noches de tormenta, querían indicarle el camino y el chico se acercó a ella, su mano acarició con ternura la suave mejilla de la pequeña Potter-, podrás volver a confiar en él, concédete un tiempo y verás que hay sinsentidos destinados a ser… como Potter y Malfoy.

El chico esbozó una sonrisa ladeada antes de atrapar con ansiedad los labios de Lily, no se había equivocado, las discusiones repetidas en los últimos días llevaban a un mismo punto, ella tenía razón.

-Malfoy y Weasley-Lo meditó, mientras su mano, transgresora, recorría la delgada cintura de la chica-, vamos a dejarlo correr, pero te juro que lo mato si se acerca a ti.

Ella rió, tenía una risa cantarina, alegre, tanto, que contagió por fuerza a Scorpius hasta que se vio forzado a olvidar su constante enfado, al menos, durante unos breves minutos, lo justo mientras volvía a besarlo.

-Te quiero, Lily Luna-Sus palabras, un nítido susurro contra el oído de Lily, provocaron una corriente eléctrica que recorrió, como una sacudida, el cuerpo de la chica, ella le miró, sus ojos verdes brillaban de incredulidad, su corazón latía de expectación-, y para mi tiene mucho sentido, si ellos sienten lo mismo… ¡Adelante!

Tal vez no lo comprendía, ni podía disculpar a su padre todavía, pero su malestar se había disipado, sus labios buscaban los de Lily, ella le abrazaba con fuerza, a él, gracias a ella, nada a su alrededor le parecía tan horrible.

-0-

Aquel mocoso engreído que se decía miembro de su noble familia podía considerarse muy afortunado, de poder, Phineas Nigellus, abandonaría el ajado marco de su retrato para patear su aristocrático trasero.

El hombre rubio, el último de sus descendientes, se sacudía el hollín de la túnica con involuntaria elegancia, caminaba como si el despacho fuese suyo, con un porte tal, que el mismo Phineas podía envidarlo, lo miraba con un gesto divertido, notaba, probablemente, la mueca irritada que lucía su rostro pintado al oleo y el ex director de Hogwarts dejaba traslucir el desprecio en sus ojos oscuros.

-¿Dónde crees que vas, mocoso?-Inquirió, y Draco, que se dirigía a la puerta, se detuvo en mitad de la estancia, su mirada, curiosa, recorrió el vacío despacho de Minerva McGonagall- Deberías sentirte avergonzado, dime, ¿A qué has venido?

-Oh, buenos días, abuelo-El rubio acompañó su saludo con una burlona reverencia, el señor Black, movido por un resorte, corrió hasta el lienzo de Armando Dippet para enfrentar mejor a Draco, el predecesor de Dumbledore despertó al ver su espacio invadido y el rubio, parado frente al cuadro, soltó una cómica risotada- Me gustaría hablar con la profesora McGonagall, ¿Supone eso un problema, abuelo?

-¡No soy tu abuelo, chico!-Repuso el otro, Dippet, rendido, se deslizó por el marco para sentarse junto a Dexter Fortescue en el lienzo inferior- Pero deberías de tratarme con más respeto, no puedes engañarme, ¿Es por esa Sangre Sucia que has venido?

-Se llama Rose, abuelo-Recalcó la última palabra con evidente diversión, la pintura en las mejillas de Phineas adoptó un tono más rojizo y sus ojos brillaron con odio-, deberías tratarla con más respeto, su retrato quedará divino en el tapiz de los Black.

Draco rió, sabía la reacción que sus palabras causarían en su difunto antepasado, Phineas Nigellus se estrelló contra el sillón que decoraba el fondo de la pintura cuando intentó abalanzarse sobre Draco, movido por un inconsciente arranque de furia.

-¡Jamás! ¿Te enteras, insensato? Esa irrespetuosa comadreja ocupará mi noble tapiz por encima de mi cadáver-El hombre golpeó con fuerza la mesilla que reposaba junto al silloncito con evidente rabia, sacudió la mano como si el golpe le hubiese dolido, sus achicados ojos maldecían a Draco en silencio, el rubio amplio con indiferencia su sonrisa-. ¿Es que los jóvenes no respetáis nada? Las ancestrales tradiciones de la familia no tienen ningún valor para ti, mi noble linaje se ha convertido en un repugnante saco de traidores.

-Demasiado tiempo en Grimmauld Place con el retrato de tía Wallburga no te ha hecho mucho bien-Draco se recostó contra el escritorio, camino sin apartar la vista de la desaforada mueca de Phineas, el hombre, desconcertado, suavizó su expresión.

-¡Tamaña insolencia!-El ex director de Hogwarts acercó su nariz aguileña al límite de su lienzo, Draco aproximó su rostro, sus ojos grises brillaban, cargados de optimismo.

-¡Basta, Phineas!-Una voz, suave y serena, interrumpió la discusión entre los dos Black, el primero y el último, Draco no volvió la vista, recordaba el inocente deje de Albus Dumbledore como si lo hubiese escuchado todos los días hasta entonces- No culpes al señor Malfoy, él por fin se rinde a la evidencia-El anciano director se azuzaba la barba con su habitual sonrisa misteriosa, Draco se atrevió a volver la vista al fin-. Ya era hora, hijo mío, de que la luz iluminase tu oscura senda.

Draco y su tatarabuelo alzaron una ceja al mismo tiempo, ambos desconcertados del mismo modo, Dippet tuvo que hacerse a un lado para que Phineas pudiese cruzar su retrato hasta el de Dumbledore, Draco, por su parte, recorrió el despacho en la misma dirección.

-¡Bendito Salazar, Albus! Deja de actuar como si esta fuese una de tus perfectas maquinaciones-El hombre de los brillantes ojos azules se encogió de hombros, Draco lo miró con atención, un nudo se formó en el fondo de su garganta y su grisácea mirada se vio atrapada por la figura reposada del hombre-. Yo me ocuparé de mi familia, gracias.

Phineas se cruzó de brazos y alzó la barbilla como un niño en plena rabieta, Draco esbozó una precaria sonrisa, apenas sentida por la presencia de Dumbledore.

-Dime, hijo, ¿Tus intenciones son buenas?-Aquel tono comprensivo todavía lo sacaba de quicio, pero Draco había soñado con ese momento, tenía que rendir cuentas y sólo Dumbledore podía comprenderlo, él todo lo perdonaba, todo podía solucionarlo, una de sus miradas bastaba para obtener el indulto- No me mires de ese modo, sé lo que estás pensando, pero yo no puedo perdonarte a ti.

Draco alzó la barbilla, Phineas chascó la lengua, farfulló algo en voz baja, pero el rubio miraba a Dumbledore, veía la torre de astronomía en mitad de la noche cerrada, la marca tenebrosa en el cielo y la varita temblando en su mano.

-¿Por qué no?-Preguntó, el orgullo se resquebrajaba en su voz, el anciano, se inclinó hacia delante en el sillón que ocupaba, sus ojos brillaban con simpatía, Draco sintió asco de sí mismo, hasta el difunto Dumbledore le negaba el perdón, tal vez, no lo merecía- Usted sabe que lo siento de verdad, todos estos años he intentado compensarlo y…

-Tú no necesitas mi perdón-Dumbledore mostró una mano al chico, lucía un oscuro anillo en su mano derecha, Draco lo miró sin comprender, los huesudos dedos del hombre acariciaban la joya con distraída abstracción-, debes perdonarte a ti mismo, Draco, aliviar tu culpa sólo depende de ti.

-¡Habrase visto!-Phineas, ofendido, abandonó el lienzo de Dumbledore con un irritado gesto de la mano- ¡Me largo a Grimmauld Place!

-Pero…-Draco ni siquiera se había percatado de la repentina desaparición de su antepasado, sus ojos no se habían apartado de las juguetona manos de su antiguo director, él todavía examinaba el anillo, lo pasaba de un dedo al otro, embebido, tal vez, por un recuerdo- No comprendo…

-Haz caso a tu corazón, chico, para eso has venido-La voz de Dumbledore de repente parecía oscurecida, no miró a Draco, sus ojos azules se habían posado en su regazo-. Ella está en el Gran Comedor, date prisa, la comida terminará pronto.

Draco recordó por qué estaba allí, se acordó de Rose, y giró sobre sus talones sin valor siquiera para dudar, él no había entendido nunca a Dumbledore, para él, siempre había sido un misterio encerrado en un enigma, no tenía intención de desentrañarlo, no en ese momento por lo menos. En ese momento, la chica pelirroja era lo único que importaba.

-Se abalanzó sobre el pomo de la puerta, sus pasos se precipitaron por las largas escaleras de caracol que descendían de la torre, su respiración se tornó agitada por la carrera, pero la voz de Severus Snape, su padrino, todavía llegó nítida a sus oídos.

-¿De verdad es necesario todos esto?

Dumbledore contestó algo, pero Draco había llegado a la gárgola y la respuesta se ahogó con el arrastrar de la piedra.

-0-

-¡Weasley!-Lily Potter gritaba dese un extremo de la mesa, más de una cabeza pelirroja se giró para mirarla, pero sólo Rose, sentada a su lado, levantó la cabeza de un enérgico salto- Escucha cuando te hablo, Weasley-Exigió, su mano saludó a sus primos, Hugo, Luise y Dominique, ellos, distribuidos por la mesa, la miraron con malhumorado resquemor.

-Te estaba escuchando, Lily-Replicó la chica, sus ojos clavados de nuevo en su plato casi vacío-. Tu poción ha sido un éxito y Scorpius besa de maravilla, ¿No decías eso?

Lily se encogió de hombros, el Sol brillaba sobre el techo encantado del Gran Comedor, un par de solitarias nubes cubrían el cielo, la menor de las pelirrojas sonreía, su prima, por el contrario, luchaba por no llorar otra vez.

-Lo siento, Rosie-Dio una suave palmadita, sus ojos verdes escrutaron la mirada distraída de Rose-, no pretendía restregarte mi felicidad. Deberías tomarte un respiro, has pensado en salir con Frank Longbottom, está loquito por ti.

Rose negó con la cabeza, casi ofendida por la idea, el chico en cuestión era el mejor amigo de Hugo, su hermano se juntaba con él porque creía que podría aprobar Herbologia si confraternizaba con el hijo del profesor, ella respetaba a Neville lo suficiente como para evitar la idea.

-Evita repetir eso, no tengo intención de salir con nadie-Rose se llevó una cucharada a la boca, la sopa de cebolla no era su favorita, pero, de todas formas, ella había perdido el apetito mucho tiempo atrás-, no estoy de humor.

-Entonces…

-Tampoco saldría con nadie si estuviese de humor-Rose se adelantó ágilmente a la obvia contestación de su prima, Lily volvió a encogerse de hombros, no sabía que más debía hacer para recuperar a la Rose que había sido siempre.

Trató de hacer una broma estúpida sobre la ridícula capa de la profesora Sinistra, pero los ojos de Rose se habían posado en la puerta del Gran Comedor y el silencio se había hecho de pronto en la sala.

No se paró en la puerta, cientos de alumnos lo miraban y murmuraban en susurros atropellados, Draco sonrió de lado, el factor sorpresa había estado de su lado, pero Rose no era capaz de ver nada más allá de los ojos grises del hombre, lo siguió con la mirada mientras recorría con tranquila presteza el pasillo central del Gran Comedor, sus ojos clavados en McGonagall como el objetivo a conseguir, la anciana bruja, Rose no la vio, miraba al recién llegado con recelosa expectación.

-¿Puedo ayudarle en algo, señor Malfoy?-Inquirió, cuando él pasaba frente a la pelirroja muchacha.

La miró un instante, sus ojos grises, afables como nunca los había visto, la observaban con un brillo extraño, una disculpa mezclada con un afecto del que Rose no podía dudar, Draco siguió su camino tras una sonrisa de esas que eran sólo suyas.

Rose no se atrevió a llamarlo, en shock, se limitó a perseguir su aristocrático caminar con la mirada, su boca ligeramente entreabierta y sus ojos cubiertos por lágrimas difíciles de identificar, nerviosa, se contuvo de salir corriendo, apenas sin recordar que no podía mirarlo a la cara.

Draco subió el peldaño que elevaba la mesa de los profesores y avanzó hasta quedar frente a McGonagall, las gafas cuadradas de ella se habían deslizado hasta la punta de su nariz, lo miraba como un ave rapaz miraría a un venado.

-¿Puedo ayudarle?-Repitió, pero nadie escuchó la respuesta que dio Draco Malfoy, él se inclinó sobre la mesa para susurrar algo a la mujer.

Rose se volvió hacia Lily, ambas intercambiaron miradas interrogativas y se encogieron de hombros al mismo tiempo, en la mesa de enfrente, Albus y Scorpius compartían la misma muda conversación.

La directora de la escuela compuso una mueca severa que desalentó a Draco por un momento, parecía pensarlo, Slughorn, con la boca entreabierta, sorprendido por la petición del rubio, asintió con la cabeza a modo de aprobación, cuando Hagrid hizo lo mismo, McGonagall asintió también, aunque su rostro no se suavizó apenas, Draco sonrió cortésmente cuando volvió a recorrer el camino inverso y se detuvo frente a las cuatro mesas.

-Acérquese aquí un minuto, señorita Weasley-McGonagall se puso en pie y su voz se alzó por encima del silencio del salón.

-Creo que se refiere a ti-A Rose no le hizo falta la aclaración de Lily, pero todavía tardó en reunir el valor necesario para ponerse en pie y caminar entre las miradas curiosas de sus compañeros, Hugo le lanzó una mirada molesta y Scorpius se mordía el labio inferior con una mirada interrogativa dirigida a Lily.

Pasó junto a Draco, no lo miró, sus pasos se aceleraron hasta llegar frente a McGonagall, sentía los orbes grises del rubio clavados en ella, recordaba sin pretenderlo la extraña mirada que minutos antes habían intercambiado, su arrebatadora sonrisa dedicada a ella, lo veía, sin verlo, con las manos en sus bolsillos, de pie frente a la multitud. No se volvió, McGonagall hizo un gesto de la mano y ella agachó la cabeza para escucharla con mayor facilidad.

-¿Desea algo, profesora?-Trató de sonar casual, pero su volátil mente se había preguntado ya si la mujer no lo sabría, después de todo, empezaba a parecer algo obvio.

-El señor Malfoy pretende hablar con usted-Informó la mujer mientras se colocaba las gafas sobre el puente de la nariz-, de seguro él ya sabe que está rompiendo algunas normas de la escuela si se presente sin avisar, pero haga el favor de recordárselo. No sé exactamente lo que usted y el señor Malfoy se traen entre manos, señorita Weasley, pero que ninguno olvide que esto es una escuela,

-Sí, señora, lo lamento-Rose miraba el mantel, Hagrid hizo un gesto con la mano, una llamamiento a la calma que McGonagall ignoró sin pena alguna, carraspeó antes de volverse hacia su alumna.

-Está bien, vaya con él ahora, Rose-La animó con un gesto de la mano, Rose casi se volvió a mirarlo como si fuese a encontrar la muerte misma, lo encontró de espaldas, con las manos en los bolsillos, su vista se había posado en la mirada gacha de su hijo.

-Soy un idiota-Admitió, cuando Rose paró a su lado y siguió con los ojos su mirada.

-Aquí no, Draco, por favor-De atreverse, lo hubiese arrastrado fuera del Gran Comedor ella misma, pero su determinación ahora era débil y Draco no parecía querer moverse.

-Mucho peor que un idiota-Hablaban en susurros, él la miraba, apretaba los puños a los costados de su cuerpo, trataba de contenerse, ansioso por abrazarla y suplicar perdón como un niño estúpido-, te dejé marchar aquel día y ni siquiera pude darte una explicación.

Rose miró a su alrededor un instante, la situación la incomodaba, miradas de soslayo, discretas, escrutaban a la pareja con curiosidad, algunos murmuraban posibilidades, la gran mayoría estaba convencido de que Scorpius tenía algo que ver.

-¿Por qué no lo hiciste?-A Rose se le escapó el rencor en sus palabras, lo vio en la mueca de Draco, dolido como si le hubiese atizado en la frente- Si tenías una explicación, entonces, ¿Por qué no me la diste?

Lo meditó un segundo, su claro discurso trataba de encontrar las palabras adecuadas, mientras se pasaba nerviosamente una mano por el pelo, Draco trataba de poner orden en su, de nuevo, aterrorizada cabeza.

-¿Cómo pudiste, Rose Weasley, llegar a creer qué no te amaba?-Draco frunció el ceño, su determinada voz sonó ofendida y no se percató cuando elevó el volumen por encima de lo debido- Dime, ¿No lo he demostrado? Ni siquiera podía concebirlo, cuando te apareciste frente a mí, simplemente, no supe que hacer.

-¿Cómo pretendías que no dudara de ti?-Dos lágrimas fugitivas rodaron por su rostro y Draco serenó su expresión, nunca podría soportar verla llorar, mucho menos por su culpa- Podías tener a mi madre, tu expresión lo decía por ti, era tan obvia tu mirada, preferías estar con ella, yo no soy nada a su lado.

Ni siquiera pudo apartar la vista, todos miraban con incredulidad su llanto y Draco, con la boca entreabierta por el espanto, la tomó con brusquedad de los hombros, parecía casi furioso, al mínimo roce, su corazón se desbocó sin control.

-¿Quién diablos te ha dicho eso?-El último alumno, el que estaba junto a la enorme puerta del salón, él también lo escuchó perfectamente, y la mueca de sorpresa fue idéntica en todos los presentes-, Escúchame bien, debí decirlo aquel día, pero, tal vez no es tarde todavía-Los ojos de Draco, Rose nunca los había visto tan seguros, centelleaban con intensidad, la chica se había rendido a ellos, escuchaba con atención cada argumento que él quisiera darle-. Nunca, jamás, ¿Me oyes? Nunca vuelvas a insinuar algo así, tu madre no significó nada para mí, fue hace demasiado tiempo, Rose, yo apenas era un crío, inmaduro como tú nunca lo has sido, para ninguno de los dos tuvo importancia… Y tú, Rose, de entre todas las mujeres, tú eres la única que me ha importado, te quiero, Weasley, al lado de tu madre, al lado de cualquiera, tú lo eres todo.

-Draco…-No importaba si el Gran Comedor por entero los miraba, ella se enterró en su pecho como si no fuese a verlo nunca más, se aferró a su cuello, se dejó abrazar, absorta por el aroma a menta y el latir acelerado de otro corazón que no era el de ella. Draco suspiró, había hecho caso a Dumbledore, había seguido a su corazón, le había dejado tomar el control, apenas consciente de lo que escapaba de sus labios, los ojos marrones de Rose, teñidos de sorpresa le habían hecho caer irremisiblemente.

No soltó a Rose, no lo haría nunca, apenas le importaban las voces curiosas que había despertado la escena, su mano revolvió el interior de su bolsillo cuando recordó que lo había traído consigo y que ella debía tenerlo.

-Es tuyo-Recordó, su mano mostró el colgante y los ojos de ella, todavía bañados en lágrimas, reflejaron el brillo de la joya que se abría en el centro de la rosa-, no le corresponde a ninguna otra mujer-Sus manos temblorosas lograron cerrar la cadena en torno al delicado cuello de ella, Las lágrimas se esfumaron con una caricia del rubio, su mano acarició la sonrosada mejilla de Rose, las piernas de ella temblaban por la expectación y su mirada, apenas de soslayo, escruto las enmudecidas caras que se habían olvidado de comer y los miraban como si jamás lo fuesen a creer-, y te juro, en el nombre de Merlín, que pienso demostrártelo hasta que ya no puedas dudar de mi palabra.

Casi fue un reto en sus palabras, los dos se miraron un instante, un instante en que Rose se preguntó si se atrevería, pero si dudó, fue sólo porque no sabía de lo que él podía ser capaz, su boca se entreabrió por la sorpresa, la exclamación nació en las gargantas del alumnado, todos lo hicieron por ella, Rose, se sostenía entre los brazos de Draco, se perdía en su calor, en su anhelado aroma, se estremecía con sus labios, tan al compas de los de ella, sus alientos se mezclaban, respiraban el uno por el otro y se besaban como si no hubiese mañana.

La algarabía regresó al Gran Comedor, los alumnos, anonadados, lanzaban incrédulas exclamaciones, Albus pedía explicaciones, sin comprender por qué era el último en encerarse de algo así. Draco y Rose no separaron, ni siquiera cuando McGonagall, conmocionada, logró llamar al orden, su atronadora voz, hizo temblar las paredes del castillo.

Uffff, vaya, vaya, se lió, jajajaja

Holaaaa, volví, lo siento, tuve una complicación estudiantil de última hora, aunque, espero, y no es chantaje, que esto compense, ha habido de todo, Lily y Scorpius, Rose y Draco, por cierto, le he encontrado un nombre, ¿Qué tal Drose? XD

Bueno, si me perdonais, nos vemos en los comentarios… Muchos besos

Aivlis Malfoy

PD: La próxima semana actualizará el jueves, es decir, este jueves que va a venir ahora, porque el viernes me voy a Madrid a una comunión, así que no tendréis que esperar ni una semana.