Ohaio!

Chicas.. ya casi me voy a mi casita...(la jornada laboral termino por hoy) pero no me queria ir sin entregarles el capitulo 12 de CRIMINAL...

Muchas gracias a todas y todos los que han dejado su review, a las personas que han leido la historia y me han apoyado y agregado como su favorita... a todos y cada uno de ustedes ¡MIL GRACIAS! ¡UN BESOTE!

Este capitulo va dedicado a todos ustedes, en especial a mi pequeña hermana Liv Stabler!

Dejen su mordidita!

Matta ne!


Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto.

Tercera ley de Newton.

Capitulo 12: Consecuencias.

Podía sentirlo dentro de mí…

…cálido, húmedo…palpitando….

… deslizándose en mi interior, extendiéndome a su voluntad… llevando mi cuerpo a perderse en una espiral de placer desconocido…

El dolor inicial había desaparecido, cediendo el paso a un cúmulo de sensaciones que me eran ajenas y me llegaban una tras otra, incrementando la adrenalina y la euforia, nublándome la razón.

Su aliento cálido me golpeó en el rostro. Jadeo fuertemente, mientras incrementaba el ritmo y la fuerza de su balanceo y en sus ojos brillaba la adoración y el anhelo.

Cerré los ojos y me permití perderme en aquella extraña nuble de placer, sintiéndome cada vez más cerca de la cima….

-Bella… - susurro amorosa y urgentemente, al tiempo que con una última embestida alcanzaba su propio placer.

Me aferré a su cuerpo con fuerza, mientras me dejaba arrastrar por el calor que se desprendía cada poro de su piel bronceada. Mis músculos se abrazaron a su virilidad y el resto de mí ser se tenso anticipadamente.

En algún lugar muy apartado de mi corazón, comprendí que la pasión y el amor no iban de la mano. Aquella triste realidad me hizo consciente de lo que estaba sucediendo y comencé a sentirme vacía…

… como si fuera a caer en un precipicio sin fondo…

…y mi corazón me traicionó de la manera más cruel posible.


-Bella… tienes que dejarme ver esa mano…

El tono impaciente en la voz de Edward me obligo a levantar los ojos.

A pesar de la penumbra, podía apreciar el gesto entre apenado y preocupado en su rostro. Tenía clavada la mirada en la improvisada compresa fría que había aprendido a hacer en la academia, a base de un calcetín y nieve. Una nueva punzada de dolor me recorrió desde el hombro hasta la punta de los dedos.

Gemí horrorizada, imaginándome los nudillos hinchados, entre verdosos y morados. Apreté fuertemente los labios y cerré los ojos antes de completar la lista de improperios que había aprendido en la Academia.

¿Acaso podía yo ser más estúpida?

¿Por qué demonios lo había golpeado?

Te hizo hecho enfurecer y no pudiste controlarte- replico la voz en mi cabeza.

Le gruñí a la voz.

-Bella… - suplico Edward nuevamente con voz aterciopelada - Por favor…

Abrí los ojos y lo mire.

Gran error….

¡Dios! Era tan bello. Su rostro apenas iluminado por las flamas del fuego que amenazaba con extinguirse de un momento a otro, parecía el de un angel atormentado.

Mi acción no lo había lastimado físicamente, pero parecía morir con cada minuto que transcurría.

El viento afuera de la caverna, rugió como una bestia salvaje y me estremecí internamente al pensar lo que pudo haberme sucedido, si Edward no me hubiera encontrado.

-De acuerdo…- dije casi en un susurro y en un segundo lo tuve frente a mi.

Con sus delicadas y largas manos de pianista sujeto la adolorida mano y retiro la compresa. Cerré nuevamente los ojos y suplique en silencio que no fuera tan grave.

Edward examinó mi mano con tanta delicadeza y cuidado que no me causó daño alguno. Tenía las manos tan frías como el hielo, y mi piel agradecía ese tacto gélido.

- Parece que no hay fractura…

Su voz había dicho aquello con tanta convicción que me obligo a mirarlo. Tenía un gesto tan profesional e imperturbable que fue imposible no recordar a Carlisle.

-Vas a necesitar una férula… - continuo - los ligamentos están bastante hinchados...debes de haber pegado con mucha fuerza.

Sus ojos dorados se posaron en los míos y mi presión arterial se disparo por los cielos. Por segunda ocasión esa misma noche, quise desaparecer de la faz de la tierra.

- Con toda mi alma….

La razón, la verdadera razón por la cual lo había golpeado era algo de lo que me sentía muy avergonzada….

Algo que él no debería saber nunca.


BPOV

24 horas antes.

Mis ojos recorrieron la amplitud del campo de futbol americano cubierto por plumosos y blancos copos de nieve, deteniéndose finalmente en las cintas amarillas que los oficiales locales habían olvidado recoger cuando cerraron el caso.

Mi mente rebobinaba el recuerdo del cuerpo inerte, pálido y frio de Teresa abandonado en medio de la nada y luego, el rostro cansado de su padre, Miguel Solís.

Era incorrecto, pero aquello me impulsado a tomar la decisión.

Ya había enterado a Wilson sobre los resultados enviados por el departamento de análisis químicos en Washington, así como de los mensajes de acoso que sufría la víctima. Mi maestro me había escuchado en silencio y tras meditar unos minutos, su reacción había sido la esperada.

-Izzie… investiga en los archivos públicos si ha habido casos de abuso en los que el Rophynol se haya visto relacionado y prepara un informe con lo que hayas obtenido. – Un profundo sus piro al otro lado de la línea había antecedido a su resolución -Si vamos a apelar la decisión de la Corte ante el Tribunal Supremo, tenemos que estar preparados.

-¿Crees que haya más de un caso? – fruncí el ceño al reparar en aquello.

-¿No te habías preguntado por qué los abogados de la universidad actuaron tan rápido para dejarnos fuera del caso? Es una sociedad elitista, Izzie. Tienen mucho que ocultar.

Podía imaginarme a lo que se refería. En Nueva Orleans habíamos visto muchas situaciones en las cuales la ley actuaba de acuerdo a las clases sociales.

El poderoso no era juzgado como el delincuente promedio.

Con dolor, vino a mi mente el rostro de Kendra Smith. Aquello no se podía volver a repetirse.

-¿Qué más necesitas? – dije automáticamente.

- Consigue la lista de los invitados a la fiesta – ordeno en tono firme y calculador- y verifica quién de ellos tiene historial por uso de sustancias o conducta violenta… no importa si se trata de un simple rumor.

-Si el rio suena, es porque agua lleva, ¿no es cierto?

-La elite cuenta con personas especializadas para atender sus adicciones, asi como de un sequito de seguidores que permiten que se limpien los pies en ellos y que por una buena cantidad guardaran sus secretos… pero siempre hay alguien que hablara de mas…

-Entiendo. ¿Quieres que localice a Boris y Víctor?

-Sera mejor si mantenemos esto entre nosotros, Izzie… Vere con nuestra fiscal que fundamento legal invocaremos para reabrir la investigación. Trata de obtener esa información y por favor, se prudente. Estás sola allá y desde el primer día te ganaste la antipatía de algunos estudiantes. Los ignotos podrían estar entre los que no te quieren.

-A la orden, jefe…- dije saludándolo, con una pesar de que no me podía ver.

-Ah! Otra cosa…- suspiro antes de colgar - No olvides tu chaleco.


Sin importar a que dependencia pública perteneciera, el archivo era igual en todos lados.

Una habitación húmeda, fría y obscura, donde se guardaban los secretos más perturbadores en los casos atendidos por las fiscalías, llevados a cada tribunal a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

La lámpara parpadeo un par de veces antes de encenderse completamente.

Según había consultado en el catalogo de expedientes, solo había un caso similar en los últimos 3 años.

Una estudiante del Instituto San Anselmo, en Darmouth.

Danna Ortiz. Otra chica de herencia latina, cuyo organismo había presentado actividad sexual violenta, así como una dosis considerable de Rophynol.

A diferencia de Teresa, Danna había muerto a causa de hipotermia. Se habían encontrado igualmente dos tipos de semen en su organismo, los cuales no habían dado positivo en la base de datos de ofensores sexuales.

La misma historia de la victima de Darmounth.

¿Sería acaso que Wilson tenía razón?

Pero entonces…. ¿Qué participación tenía el vampiro en todo esto?

"¿Y si el vampiro fue un coincidencia tal y como lo aventuro Carlisle?

-Coincidencia…. – replique en un susurro a la voz en mi cabeza- En mi opinión las coincidencias no existen….

"¿Cómo le llamas a toparte con los Cullens en tu camino nuevamente, a mitad de una investigación?

Deje caer el lápiz sobre la hoja de papel y fruncí el ceño.

-¿En serio quieres que te responda? – musite enfurruñada.

-Señorita...

Levante abruptamente el rostro. Esto era justo lo que me faltaba; que el encargado de la oficina de Archivos públicos me atrapara discutiendo con el aire.

Le dedique una sonrisa radiante.

-Digame.

Si había perfeccionado algo en mis años en la Academia, había sido el talento de persuadir a la gente, tal y como los Cullens lo hacían. El pobre chico, quien no tendría más de 20 años me contemplo deslumbrado y parpadeo aun mas confundido que un venado ante las luces de un auto.

-La tormenta… - carraspeo nervioso - Cerraré en 20 minutos.

-Gracias.

El hombre se retiro con gesto cauteloso. Cuando cerró la puerta detrás de sí mismo, me maldije por dentro.

-Genial… ahora creerán que estoy loca.

"No es precisamente una mentira…."

-Cállate o te ignoraré…

"Sabes que es cierto. Soy una de las consecuencias de tu adicción a la adrenalina".

Maldije a la voz por lo bajo, tenía toda la razón.

El que alucinara con voces en mi cabeza, era solo una de las secuelas de mis locuras de adolescente. La otra secuela tenía nombre.

Rememore el rostro de Jake por tercera vez en el día. No podía seguir dándole largas. El estaba esperándome en casa y si dejaba pasar más tiempo, tarde o temprano lo lamentaría.

-Tenemos que encontrar a los culpables para que pueda ir a casa…

"¡A la orden, señor!"


Sacudí los gruesos copos de nieve que habían coronado mi cabeza, antes de entrar al vehículo que había alquilado esa misma mañana. Prendí la calefacción y soltando mi cabello, acerque uno a uno los mechones tratando de secar la humedad que empezaba a calarme los huesos.

A un lado, en el asiento del copiloto, llevaba el expediente que por fin había logrado armar del caso, con ayuda de Liam Rodriguez. El orador de gruesas gafas me había llamado esa mañana, informándome que tenia en sus manos la lista de los invitados a la fiesta a la que había acudido Teresa la noche antes de morir.

A pesar de que se habían suspendido las clases, Liam se había quedado en la Universidad. Al ser un alumno becario, no tenia donde más alojarse, mientras pasaba la tormenta. Él, junto con otros 25 estudiantes se habían resignado a pasar la noche en Darmounth.

Tras entregármelo, el muchacho había reflejado una terrible amargura en su rostro.

-Encuentre al culpable. – murmuro antes de dar media vuelta y desaparecer en los silenciosos pasillos de la biblioteca escolar.

"La tormenta comienza a acercarse…."

Habitualmente, la voz era irreverente, contradictoria, burlona, retadora, ironica….

Jamás ansiosa.

-Ya lo sé…- conteste vislumbrando el cielo atiborrado de nubes blancas como el algodón. Puse la llave en el interruptor del Sedan, esperando a que el motor se calentara.

Desde ahí, podía ver claramente el campo de futbol donde había comenzado todo.

"Sera mejor si te das prisa"

- Dame un minuto para….

Un escalofrió me recorrió la espina dorsal y todos los sonidos a mi alrededor desaparecieron. Mis manos se crisparon sobre y mis ojos enfocaron a la persona 20 metros delante de mí, quien había aparecido de quien sabe dónde.

Era un chico alto, tal vez un metro noventa, tenia denso y ondulado cabello rubio, hombros anchos y era musculoso…

Un estudiante universitario, tal vez jugador de Futbol americano.

El chico camino lentamente hacia la escena del crimen. Guardo sus manos dentro de sus bolsillo, mientras sus ojos se clavaban en la línea delimitada por la cinta amarilla.

"El culpable siempre regresa al lugar del crimen" – dijo la voz un tanto sosegada.

Abrí la puerta y salí del auto.

Mis ojos repararon entonces en la piel palida de su rostro, casi blanca…. Tan blanca como la de Edward.

"Regresa al auto ahora mismo"

Ignore a la voz y a paso lento, atravesé el estacionamiento escolar, acercándome lo mas posible a él, mientras mi corazón bombeaba alocado dentro de mi pecho.

A poco mas de 3 metros de distancia, pude ver como los amplios hombros del muchacho se tensaban. En un movimiento rápido, giró hacia mí y me contemplo con rareza… como si mi cercanía le sorprendiera.

"Huye. Sálvate. Corre."

Pero mis pies se convirtieron en pedazos de concreto, que me impedian correr lejos...

Yo solo podía observar sus ojos…y eran rojos como la sangre….