NOTA: Los pingüinos de Madagascar y todos sus personajes no me pertenecen. Harry Potter y sus personajes tampoco me pertenecen. Disfrútenlo ;)

Este fic nació como consecuencia del maratón de películas sobre Harry Potter en el canal de TNT, durante navidad… después de ver desde "Harry Potter y la Piedra Filosofal" hasta "Harry Potter y el Prisionero de Azcaban", la mente empieza a debrayar…

La historia va relacionada con lo sucedido en el primer libro (y la película) de Harry Potter y con mi Fic titulado "Pesadilla II: Tejones, Orígenes".

No olviden dejar reviews, acepto comentarios buenos y malos.


Una visita mágica en el zoológico de Londres.

Era una mañana cualquiera, para los habitantes del zoológico de Londres, Inglaterra, todos los animales se desperezaban y se preparaban para recibir a los visitantes de ese día, pero ninguno se imaginó la visita tan singular que llegaría.


En la sección de aves, vivía una lechuza blanca con motas cafés y negras en sus alas, tenía un pico curveado de color gris oscuro y unos ojos penetrantes de color ámbar. Rara vez hablaba con alguien, tal vez la razón principal era porque la tachaban de loca, o tal vez era porque con los años había enmudecido para los demás que le rodeaban…

Eran pocos los habitantes del zoológico que se acercaban a ella para hablar, entre ellos un pingüino tan anciano como ella, que en esta ocasión lo acompañaba otro muy joven, que aún presentaba pelusa gris en todo su cuerpo.

– Hola Keyla*, cómo has estado? – preguntó el pingüino anciano a la lechuza que ocultaba su cabeza bajo su ala en ese momento. – Hola, Kenner*, me gustaría decir que me encuentro en perfecto estado, pero la edad y la humedad del ambiente provocan que mis alas no se puedan mover como yo quisiera jejejeje – dijo en tono de broma, dirigiendo su vista en el anciano que tenía enfrente, el pingüino tenía plumas blancas y negras, como todos los de su especie, pero lo singular eran sus ojos color verdes. Guardó silencio un momento, fijando su vista en un pequeño pingüino que se ocultaba detrás del más grande.

– Veo que has traído a tu nieto... ven criatura, acércate para que te vea mejor – dijo amablemente la lechuza dirigiéndose al pingüino más pequeño. El chico, al sentirse aludido se escondió entre las plumas del adulto, quien rio al ver la reacción del chico – sal pequeño, una dama te está llamando – dijo empujándolo suavemente hacia adelante, el pequeño pingüino con pasos inseguros se acercó a la lechuza, que inclinó su rostro hacía el pequeño, notando sus ojos azules como el cielo, en el que alguna voló – hola pequeño – dijo con una sonrisa la lechuza.

El niño sonrió al ver la amable sonrisa de la lechuza e hizo una pequeña reverencia antes de saludar – hola, mucho gusto en conocerla – después de saludar, camino hacia su abuelo para ocultarse nuevamente tras él. Ambos adultos rieron con la acción del niño.

– Vengo a pedirte un favor – dijo el anciano una vez finalizadas las risas – dime buen amigo, qué puedo hacer por ti – cuestionó la lechuza – quisiera saber si podrías cuidar a mi nieto por hoy – preguntó el anciano, dejando desconcertada a la lechuza. La mirada de su amiga hizo que el pingüino diera una explicación rápida de lo sucedido.

– Por supuesto, el chico puede quedarse conmigo, pero te advierto que iré al reptilario más tarde a visitar nuestro amigo Kenneth*, la Boa Constrictora – el anciano vio a su nieto y movió afirmativamente la cabeza – no hay problema, el chico es muy quieto y obediente, servirá para que conozca a los demás habitantes – la lechuza sonrió y estiró su ala hacia el pequeño.

– Pequeño, te quedarás con Keyla, la vas a acompañar a ver algunos amigos nuestros. Pórtate bien, vendré por ti después – el chico movió afirmativamente la cabeza y tomó la punta del ala de la lechuza con su aleta, para finalmente acercarse a ella.

El día transcurrió normal, la lechuza se hizo cargo del pequeño pingüino y le contó historias maravillosas sobre humanos que con un movimiento de una varita podían hacer cosas imposibles, para los demás que llamaba "muggles", como encender velas, transformar objetos por otros, reparar cosas, hacerlas frotar, etc. Y cómo ella, acompaño a uno, que llamaba "mago", en grandes aventuras como su "mascota", antes de la muerte de éste y de llegar al zoológico de Londres.

– Entonces te transformó en una copa! – dijo sorprendido el chico – y ¿no te dolió? – Preguntó curioso – por supuesto que no pequeño, él era muy cuidadoso conmigo y me quería mucho, decía que era su mejor amiga.

– Wow… ¿tú crees que yo pueda hacer magia? – Preguntó el pequeño pingüino ilusionado, moviendo una ramita que había encontrado tirada en el suelo – jajajaja, no lo creo, sólo los humanos y algunas criaturas pueden hacer magia… nunca he visto a un animal hacerla – dijo, provocando una mirada de desilusión en el chico – pero, algunos de ellos eligen animales curiosos como mascotas, como fue en mi caso.

El chico le dirigió una mirada y sonrió – cuéntame más, por favor – pidió a la lechuza que sonrió, antes de continuar hablando. Llegó la hora de cerrar el zoológico, la lechuza y el pequeño pingüino, caminaron por los pasillos en dirección a los reptiles, entraron al edificio y se dirigieron a la sección de serpientes. El pequeño pingüino se encontraba nervioso, nunca había ido con los reptiles y mucho menos había conocido a las serpientes… en cuanto llegaron a su destino, el niño se sorprendió al ver el tamaño de la serpiente llamada Kenneth que levantó la cabeza para observar a sus visitantes.

– Hola Keyla, cuánto tiempo sin verte – saludo la serpiente con una voz siseante – veo que traes compañía… acaso se trata del nieto de Kenner – preguntó, acercándose al pingüino que gimió antes de correr a esconderse debajo de Keyla. Después de las presentaciones, ambos adultos charlaban, mientras el niño recorría el habitad de Kenneth, curioseando los alrededores, hasta que llego la hora de partir. Se despidió haciendo una pequeña reverencia y acompaño a Keyla, hasta su habitad, donde su abuelo los estaba esperando.

– Espero que no haya sido una molestia – dijo el anciano, mientras acariciaba la cabeza del pequeño – todo lo contario Kenner, no dudes en traerlo de vuelta cuando sea necesario, siempre es buena la compañía de los jóvenes jejejejeje – ambos rieron, mientras el pequeño bostezaba con cansancio. Se despidieron, retirándose a su habitad.

Habían pasado un par de meses desde su primera visita a Keyla, desde ese día disfrutaba que ella lo cuidara, no sólo por sus historias, sino también por la amabilidad que mostraba. Sin embargo, las visitas cesaron en consecuencia de un tronco que cayó sobre de él, causándole algunos rasguños y una herida poco profunda en su aleta derecha*.


Diversas familias inglesas y extranjeras visitaban el zoológico de Londres, pero ese sábado una familia bastante peculiar llegó de visita. Pasaron por los diversos habitad que componía el zoológico, comentando que era el cumpleaños de uno de ellos. De los tres niños que acompañaba a la pareja, dos se mostraban aburridos y sin interés en ellos, pero uno de ellos que llevaba puestas unas prendas de vestir viejas y muy holgadas para su cuerpo y unos lentes remendados con cinta adhesiva, mostraba mucho interés. Cada vez que no lo veían los adultos, se acercaba a observar a los animales hablándoles como si ellos fueran a responderles.

Después del pequeño recorrido entre los mamíferos, se dirigieron al habitad de los pingüinos con la finalidad de presenciar el espectáculo que presentaban en cinco minutos, excepto el chico de ojos verde esmeralda, que lo dejaron en la entrada.

El chico, al verse librado de su familia, espero a que iniciara el espectáculo y corrió a ver los pingüinos que no participaban en él… el que no pudiera ver el espectáculo no significaba que no conociera pingüinos de verdad. Al acercarse pudo notar a un pequeño pingüino con pelusa gris, sentado en la orilla del concreto, mientras veía el agua, con la aleta derecha vendada. – Hola pequeño, mi nombre es Harry – saludo el chico, tratando de llamar la atención del pequeño pingüino, él sabía que los animales no podían entenderle, pero no se espero que este sí. El pingüino volteó a verlo con curiosidad, provocando la emoción del niño

– Me entiendes? – el pequeño pingüino movió la cabeza afirmativamente, después de verificar que nadie lo viera, pues tenía prohibido dirigirse a los humanos, pero este chico no se veía tan malo, además estaba lastimado y no podía participar en el espectáculo, tampoco podía salir del habitad a visitar a Keyla, por la herida, así que pensó que era buena idea saludar a ese chico que tenía un "algo" diferente al resto de los humanos.

El chico sonrió al ver la respuesta del pequeño pingüino – ¿por qué tus plumas son de color gris? – dijo antes de fijarse en los ojos del pequeño, eran azules como el cielo, él jamás imagino que los pingüinos tuviesen ojos azules – tienes un color muy bonito de ojos, tan singulares como los míos – dijo mientras movía el mechón de pelo de su frente para mostrarle sus ojos verdes, pero él vio algo más, una cicatriz en forma de rayo en su frente… al verla, recordó la historia del "niño que vivió" contada por Keyla. El anciano se acercó al pequeño y acarició su cabeza con el pico, para ver al chico y saludarlo con un movimiento de la cabeza.

Harry no cabía de la felicidad, podía hablar con dos pingüinos, pero el espectáculo ya había terminado, tenía que apresurarse a la entrada antes de que sus tíos salieran y notaran su ausencia, se despidió con un rápido adiós y corrió hacia la entrada. El anciano y el pequeño observaron cómo se alejaba Harry, una vez que desapareció de su vista, acarició la cabeza del pequeño – ese niño es un mago, un humano con las habilidades que te contó Keyla, se emocionara al saber quién nos visito – dijo con una sonrisa, antes de cargar al niño y llevárselo a su habitación.

Por la tarde, se escucho un gran escándalo provocado por el escape de Kenneth, la Boa Constrictora. Misteriosamente, había logrado escapar de su cubículo al desaparecer el vidrio que lo protegía, "atacando" a un par de niños; lo animales reían por el escándalo que habían armado los humanos al ver a la serpiente fuera, aunque les molestaba la difamación del ataque, pues Kenneth siempre había sido muy tranquilo y no era capaz de causarle daño a nadie.

Keyla se encontraba feliz, al saber que el zoológico había tenido la visita de un mago joven, pero no cualquier mago, sino del "niño que vivió", de Harry Potter. El anciano y la lechuza, reían al escuchar a los demás animales tratar de explicarse, así como los humanos, la misteriosa desaparición del cristal que permitió la huida de Kenneth, ellos y el pequeño sabían cómo sucedió pero decidieron no decirle nada a nadie, de todos modos, jamás les creerían.

– Ves pequeño, tuviste la fortuna de conocer a un mago… y no cualquier mago, sino a Harry Potter – el pequeño sonreía con las palabras de la lechuza, sabía quién era Harry Potter por las historias que le contó, pero no estaba seguro de lo que había hecho… sin embargo, tenía la seguridad que volvería a ver a ese chico… dónde o cuándo, no lo sabía, pero tenía la seguridad que el destino los volvería a encontrar… algún día.


* Capítulo 2 "Pesadilla II. Tejones en Londres" de mi Fic Pesadilla II. Tejones: Orígenes.

** Keyla: la bella (griego)

Kenner: valiente guardián

Kenneth: Apuesto, bello, atractivo (gaelico)

No es la gran cosa, tampoco cuenta una gran aventura, sólo es un pequeño encuentro entre Cabo de pequeño y Harry Potter, carente de emoción, pero era necesario sacar esta idea de mi mente jejejejeje. Por cierto, la lechuza sirvió a un mago que murió, quedando libre ella y posteriormente capturada por muggles.

Gracias por sus reviews y comentarios…