SutoCrossover HP/PDM

Ni Los Pingüinos de Madagascar ni Harry Potter me pertenecen, si no a los genios que los crearon respectivamente.

Mando saludos a leyva 1330 a haya-chan y a todos los que disfruten de los pingüinos y/o de Harry Potter y lean este fanfic.

En la calle Hiladera, que en ese momento estaba completamente vacía, frente a una casa que no parecía justamente la más lujosa del mundo (pero no era precisamente un chiquero, para tanto no era), de un segundo a otro, aparece un hombre vestido con una túnica negra que en una de sus manos llevaba una jaula no muy grande y por lo que se notaba no muy pesada y que al parecer no estaba vacía, y en otra lo que parecía una vara de madera. El hombre se acerca a la casa, abre la puerta y entra en ella. Ya dentro, deja la jaula en una mesa, mira su interior por un instante y piensa…

-´´No seré fanático de los animales ni nada pero… atacar así a un pingüino tan joven hasta para mi es enfermizo…``

Decidió sacar al pequeño pingüino de la jaula para poder así verlo más detenidamente y pudo notar algo curioso…

-´´Que extraño, estas heridas no parecen hechas por humanos, si hasta tiene mordidas, pero no sabría decir de qué, bueno en estos casos una poción podría servir… pero que estoy diciendo, para lo que me importa, mañana por la mañana llevaré al animal a zoológico de Londres y ya, no tengo por qué ocuparme de este pingüino, no es mi problema…``

Luego de haber pensado en eso, vuelve a meter al pingüino en su jaula, era tarde así que se fue a la cama y temprano en la mañana fue hacia la jaula con el pingüino aún inconsciente dentro, se transportó con él a un lugar cercano al zoológico en el que los muggles no lo pudiesen ver y se dirigió hacia el lugar en el que él creía, se desharía del ave ártica, pero al llegar a su destino, grande fue su sorpresa al ver que el zoológico estaba cerrado y que seguiría así por unos días.

-Tiene que ser una broma- dijo para sí el profesor de pociones de Hogwarts- ahora qué hago con el pingüino?…- decidió ir a su casa para pensar mejor.

Al llegar y dejar la jaula en el mismo lugar en que la había dejado la primera vez empezó a pensar para saber qué hacer con el pequeño enjaulado, en un momento pensó en dejarlo por ahí, pero sería haberlo sacado de las manos de los tipos que lo enjaularon en primer lugar para nada, después pensó en llevarlo a Dumbledore, pero lo descarto enseguida, no conocía a nadie que le pudiese ayudar con el problema, entregarlo a la policía muggle sería tener publicidad que no quería ya sea de parte de los muggles o del ministerio, así que llegó a la conclusión, muy a su pesar, de quedarse con el pingüino hasta que abriesen el zoológico de nuevo. Teniendo ya zanjado el asunto, decidió que si así iba a ser, curaría totalmente las heridas del pingüino y justo cuando pensaba hacerlo…

-´´…Qué…dónde estoy?``- se pregunto el pingüino que estaba recién empezando a despertar lentamente ( por lo adolorido que aún estaba) de su inconsciencia y estaba entreabriendo los ojos- oooouh me duele todo- abre más o menos bien los ojos y ve que no se encontraba precisamente en un lugar abierto- ´´qué es esto?...``- pensó asustado al verse en un lugar totalmente extraño, intentó pararse como pudo agarrándose de los barrotes de la jaula con sus aletitas para sostenerse y pudo comprobar definitivamente que se hallaba en un lugar completamente desconocido, nada que él hubiese visto antes en su corta vida, y no solo eso, también vio en el lugar a una persona cuya apariencia le inspiró algo de miedo( por no decir mucho), no pudo evitar ponerse bastante nervioso y algo histérico, lo único que quería en ese momento era volver al zoológico con los demás pingüinos, quería salir de ese lugar, sin contar que pensaba que esa persona que le inspiraba miedo, seguramente le haría algo malo.

…se percató de que el pingüino empezó a despertar y que por lo visto, el pequeño animal estaba asustado y no poco, pues se le quedo mirando con una mirada que cualquiera hubiese notado, lo veía con miedo, lo que en por ciertas razones (más de una) no le sorprendía demasiado, de cualquier forma, no se le escapó el hecho de que aún no lo sanaba. Lo malo de eso es que el pingüinito estaba empezando a intranquilizarse y a moverse como tratando de escapar de la celda que lo aprisionaba.

-Quédate tranquilo, que esto no dolerá, quieto- dijo esto apuntándolo con su varita.

El pequeño escuchó lo que le dijo el humano, pero no se fiaba de él, así que intentó retroceder, pero dado su poco espacio no consiguió mucho, así que, se apegó lo más posible al lado de la jaula que era el opuesto al que lo estaba mirando esa persona y se cubrió el rostro con sus adoloridas aletitas y esperó que le llegará algún golpe o algo así, en resumen, algo que le causara dolor, pero grande fue su sorpresa que en vez de eso, sintió algo completamente diferente, algo así como unas sensaciones de alivio, es más, hasta sentía menos dolor del que sentía hace tan solo unos segundos y al mirarse los lugares en los que se suponía que tenía las heridas no pudo contener una cara de sorpresa enorme al ver que ninguna de ellas estaba, ni una sola.

-Creo que ya son todas- dijo el humano dejando de apuntarlo con la varita y viendo como el pingüino pasa de mirarse sorprendido a mirarlo a él sorprendido.

Él pequeño no podía salir de su asombro, pues, por la apariencia de esta persona, él estaba seguro de que esa persona le iba a hacer algún tipo de daño, pero en vez de eso lo sanó. Esto lo llevó a pensar que quizás se había equivocado en juzgar a este tan pronto.

-´´Hmm, mejor agrando esa jaula, no vaya a ser que siendo tan pequeña, el pingüino empiece a molestar tratando de salir o algo así``- pensado esto, el hombre hizo un movimiento de varita, agrandando la jaula con el animal adentro, haciéndola más ancha y ligeramente más alta, luego de lo cual se guardo su varita en el bolsillo.

Nuevamente el pingüino se había quedado con el pico abierto con esta persona, ahora, no tenía idea de cómo, pero por alguna razón estaba seguro de que había sido él, había agrandado la celda en la que lo tenían capturado (que para él ahora estaba bastante mejor); en ese momento no dejaba de preguntarse si lo volvería a sorprender y con qué, o si quizás todos lo humanos podía hacer esas cosas y que quías le pregunte después a su abuela o a su tío o… Fue que pensando al estar pensando en eso le llego un enorme sentimiento de nostalgia, ¿volvería a ver a su familia? O más dudoso todavía ¿volvería alguna vez al zoológico?, al pensar en todo eso sintió una gran tristeza y no pudo evitar empezar a llorar.

Casi justo después de haber agrandado la jaula Severus vio que el pingüino tenía, si es que se podía decir, un semblante triste, se podía decir que hasta estaba llorando, aunque en el fondo no le sorprendía tanto ese hecho, considerando lo lejos que estaba de los suyos y de el lugar que él consideraba su hogar, los niños pequeños de cualquier especie (suponía él) suelen sufrir nostalgia en ocasiones así; de todos modos el detalle estaba en que no tenía idea de cómo hacer que dejara de llorar, se puso a pensar un segundo y se le ocurrió que quizás funcionaría darle comida, aunque estaba el detalle de que no tenía pescado como para darle ( tan ignorante no era como para no saber que los pingüinos comen pescado), decidió ir a conseguir algo y volver.

-´´No puedo creer que tenga que estar cuidando a un pingüino``- pensó el mago justo antes de irse de su casa.

El pequeño pingüino decidió intentar dejar de estar triste buscando alguna distracción, por lo que se puso a explorar con la mirada el lugar en el que se encontraba, considerando el tamaño de las cosas seguramente eran de persona, seguro que eran del que lo llevo hasta ahí, no se podía decir que sea un lugar muy alegre, a decir verdad, nada alegre, aún cuando no sabía que eran la mayoría de esas cosas, hasta para él era obvio que el lugar no irradiaba alegría precisamente, en el fondo el pequeño pingüino se preguntaba ¿por qué? Si cuando él veía a los humanos observándolo siempre los veía alegres y vestidos de vivos colores, pero esta persona era diferente y el casi polluelo que aún estaba en la jaula no podía encontrar una razón, pero pensó que quizás lo descubriría en otro momento (o que quizás, al menos, era posible); pensando en esto, de repente, al oír un ruido ( el de una puerta que se serraba) cayó en la cuenta de un detalle, el humano ya no estaba.

Dándole, digamos, una reconsiderada a la situación actual, estaba consciente de que de pingüinos no sabía mucho, así que decidió informarse, el detalle estaba en que también estaba consciente de que en su casa no iba a encontrar ni un solo libro que le ayude en ese tema, así no tenía más remedio que buscar uno en otra parte, así que sin previo aviso salió con paso rápido de la casa y con un simple giro, desapareció sin que el pingüinito se diera cuenta.

En el zoológico, en la mañana los pingüinos buscaron por donde se les ocurrió al pequeño perdido, pero nada, no se encontraba en ninguno de los hábitats que revisaron, los pingüinos estaban desconcertados, a muchos parecía que la expresión de tristeza no se les quitaría nunca, ni uno solo de los animales a los que les preguntaron los había visto, ahora solo les faltaba a uno de los hábitat su última esperanza de encontrarlo en el zoológico, era el hábitat de los tejones…

-Que tal pingüinos- saludo el líder de los tejones con sorna, parecía de buen humor- a qué debo la visita.

-Veo que están tan aislados que las noticias no llegan pronto hasta aquí- dijo Nagel a quien los tejones le daban mucha desconfianza- vinimos porque Cabo no aparece.

-Quién?- pregunto el líder del hábitat sin perder su buen humor.

-Cabo, el más joven de los nuestros - respondió el pingüino.

-Ah sí? Es una lástima, no tenía idea.

-Como sea, revisaremos su hábitat para asegurarnos de que no está aquí de casualidad.

-Revisen todo lo que quieran entonces, te aseguro que ninguno de nosotros lo tiene aquí.

El tío de Cabo lo miro con aún más desconfianza y se fue a buscarlo por todo ese lugar mientras el tejón solo sonreía con malicia evitando que los pingüinos lo vieran haciéndolo.

Los pingüinos lo buscaron por todas partes, pero nada, 0, no estaba ahí, nada que hacer…

-Como les dije, aquí no está, se los dije, o no chicos?- pregunto el líder al resto de los tejones, los cuales asienten.

-Vámonos chicos- dijo Nagel que no podía evitar pensar que había gato encerrado en todo el asunto, usualmente los tejones no le hubiesen dejado registrar su hábitat así como así, al ver al resto de los pingüinos pudo notar que quizás pensaban lo mismo que el.

En el hábitat de los pingüinos.

-Lo encontraron?- pregunto un pingüino poco menor que Nagel.

-Lo siento Zeth, no lo encontramos ahí- responde Nagel.

El mencionado da un suspiro de entre resignación y decepción.

- primero pierdo a su madre y ahora a él- aunque intentaba disimular su tristeza, le era muy difícil.

-Vamos hermano, no pierdas la esperanza.

-Lo sé Nagel, lo sé, la situación es difícil, en una hora vendrá el médico de las personas, quiero que cada uno de los pingüinos del hábitat pregunte al resto de los animales si vio al sospechoso, excepto tú y yo Nagel, que iremos con las personas, puede que tengan algún indicio.

-Ha, sabía que no te rendirías Zeth.

El aludido le responde con una sonrisa mientras Nagel va a dar el aviso de la orden recién dada.

-´´No puedo rendirme, no pienso descansar hasta encontrar a mi hijo sano y salvo, será por ti ni querida Sparta, que en paz descanses``.

El pingüino, deslizándose, va hasta su hermano para ejecutar lo ya dicho.

Poco tiempo después, frente a la casa en la que habitaba (al menos moderadamente) el profesor de pociones de Hogwarts, aparece él, con un libro en mano y una bolsa con algo dentro en la otra, él exmortífago entra en la casa y al hacerlo, nota que el pingüino se veía menos triste que antes, se acerco a él y vio como el pequeño animal lo miraba con algo de curiosidad.

Cuando el humano se fue, Cabo se quedó pensando en qué estarían haciendo ahora los demás pingüinos en el zoológico ¿Lo estaría buscando? ¿Qué pasara cuando noten que el ya no está en el zoológico?¿Saldrían de él para encontrarlo? Y si lo hacía ¿podrían? Verdaderamente esperaba que sí; estaba ensimismado en sus pensamientos cuando, nuevamente, escuchó el mismo ruido que antes (el de la puerta) y vio al humano, que aun le daba algo de miedo, acercarse con algo que parecía una bolsa en una mano y lo que parecía un libro en la otra, ¿qué sería lo que había en esa bolsa? Algo le decía al pequeño cabo que tenía que esperar para averiguarlo y que además, no tendría que esperar mucho…

CONTINUARÁ…

Por cierto, me arrepentí y decidí hacerlo más largo, solo para que sepan

Hasta la prox.