Epilogo

Nicole se bajó del taxi y miró la enorme universidad que tenía en frente. Los ladrillos pálidos resaltaban el verde de los arbustos y árboles. En cierto modo le recordaba a todas las películas de los ochenta que había tenido que ver un par de veces con sus padres en el sofá de su casa.

Suspiró y apretó con fuerza la maleta.

La habitación que tenía asignada era la 60 C del departamento de artes de la universidad, o eso era lo que decía el papel arrugando entre sus dedos. Mientras se encaminaba hacía el edificio en el que debería de encontrar a su nuevo compañero de cuarto se preguntó porque no había tenido las agallas de decirle a Wallace que se iba.

Habían durado bastante tiempo besándose y diciéndose abiertamente que se querían muchísimo en el gimnasio del colegio. E incluso habían caminado tomados de la mano en frente de los rostros atónitos del cuerpo estudiantil, y futuras mujeres chismosas de América, cuando sonó el timbre, pero hasta allí.

Jinx no podía decir que se muriera de ganas por decirle que la habían aceptado en una universidad del otro lado del país, ni mucho menos. Se lo había dicho a sus padres porque sabía que a pesar de su inmadura pataleta ellos se iban a poner agridulcemente felices por su éxito. Pero Wally…No, ella sabía que Wally hubiera reaccionado de manera muy diferente. Y entre otras cosas no era eso tan importante como el hecho de la que ella hubiese tenido ante sus ojos azules de perro triste.

-Le hubiese dicho que me quedaba con él, o algo- se dijo así misma, llevando a cuestas la maleta. Y se sintió estúpida.

Qué clase de cursilería hubiera sido esa, se preguntaba; pero de todos modos sabía que hubiera sido exactamente como en el gimnasio, cuando entre el calor del cuarto y los rechinidos de la madera del colegio ella trató de mandarlo al diablo pero en vez de eso le habían temblado las rodillas. Hubiese sido así de débil, porque había pasado su límite hace rato. Y era más fácil irse un miércoles por la tarde, de la manera más mundana y circunstancial posible, que hablar de todo eso con él.

Ella no quería ser otra mártir moderna, ni vivir su tarde, media noche, mañana y nada por el estilo como en las películas de moda. Al diablo con todo eso, se decía mientras seguía tirando de la maleta.

Lo que le habían dicho Rachel y Toni le había parecido mucho más alentador por lo insignificante del caso. Algo sobre un escándalo que se armó el día del baile de promoción en el que el novio universitario de Karen, la amante de Víctor, se apareció como demonio.

Nicole sonrió porque lo que ella le había contestado a las dos era que si eso aplacaba el rumor sobre Raven y el chico bestia. Esa pregunta sacada a colisión era mucho más divertida que hacerles hablar sobre sexo a los pastores de la iglesia donde iba su mamá. Y se producían los mismos colores.

-Es que por eso dicen que nunca digas de esta agua no beberé- le había dicho Toni con su acento tan particular a la muchacha que intentaba encontrar sus chacras a gruñidos. Un verdadero espectáculo.

Quien hubiera dicho que esos dos terminarían discutiendo, saliendo, y tras de ello estudiando en la misma universidad. Porque bueno…

Suspiró. Lo cierto es que de sus amigas la única que había parado a dar tan lejos era ella. Toni y Raven habían tenido la suerte de terminar en la misma universidad a la que iban casi todos los graduados de la escuela de Titanes, La universidad de Justicia en Washington DC, con la mayoría de famosos graduados en negocios, periodismo y leyes. Según sabía lo más probable era que Star y Grayson también hubieran terminado allí.

El vacio de esa sensación de soledad se le pegó en la boca del estomago y por un momento le entraron unas infantiles ganas de llorar, pero no lo hizo. No se había percatado de lo sola que se iba a sentir y de pronto la cantidad de personas que se pasaban por los pasillos le dieron la idea de estar rodeada por las serpientes del zoológico. Era estúpido, pero cierto. Tubo que obligarse a seguir caminando, esta vez con un paso más apresurado, para llegar al fin a la puerta que tenía 60 C enchapado en hierro y recubierto de una pintura cobriza.

Abrió la puerta por mero reflejo, aunque la razón le dijo un segundo después que no debería en un primer lugar encontrarse abierta. Pero al diablo, lo estaba y la necesidad de deshacerse de la maleta era demasiado grande; como si en sí fuese la maleta la que llamara la atención de los depredadores de los pasillos.

Una vez adentro se percató de que algunas de las cosas de su nuevo compañero de cuarto ya estaban desempacadas y tiradas. Pero no se cuestionó nada sobre él, ni si quiera señaló mentalmente con desagrado el pequeño desorden que había sobre lo que asumía era la cama que él había elegido.

Finalmente se dejó caer en la litera la pesada maleta y respiró normalmente.

Estás siendo una tonta, se dijo mirando su equipaje. Sus manos empezaron a abrirlo y a desempacar de manera mecánica mientras por dentro sentía como si sus pies flotaran cerca de un acantilado. Ya tenía lo que finalmente quería, estaba estudiando en la Universidad del Este, la carrera que deseaba, con una beca, lejos de sus padres y lejos de Wally.

De pronto se sintió algo cansada y se estiró. Sin darse cuenta había terminado de ordenar toda la ropa en el pequeño armario al lado de la cama, ahora si se daba cuenta del desastre en la otra mitad del cuarto.

Ante sus ahora lucidos ojos parecía que un huracán hubiese pasado por allí.

Caminó a la pequeña cocina del lugar y se dio cuenta de que lo único que había para comer en la nevera eran dos bolsas de pan tajado, lechuga, tomate, cebolla, mostaza y jamón de pavo. Además de varías botellas de coca cola.

-Santo Dios- se escuchó decir así misma de pronto igualito que su mamá.

No le parecía humanamente posible que una persona solamente comiera esa chatarra. Bueno ciertamente eso no era chatarra, pero ella no necesitaba ser Sheldon Cooper para deducir que todo lo que se podía hacer con eso eran apenas sándwiches. Ni si quiera un queso, que diablos. ¿Era alérgico a los lácteos?

Se vio así misma viviendo con uno de esos muchachos gorditos amantes de la vida online, con tres mil alergias y habilidades culinarias asesinas. Porque su segunda deducción un poco más condescendiente era que su nuevo compañero no sabía cocinar.

Cerró la puerta del refrigerador, caminando lentamente hacía la copia a escala de los destrozos en Japón tras el tsunami. Y aunque no se atrevió a tocar nada pudo notar algunas camisetas que se le hacían familiares, pero que el embotamiento mental no le dejaba terminar de reconocer, tras un rato se sentó en la cama aun con la duda en la cabeza.

De pronto notó algo más en la habitación, un ruido… ¿Agua?

No se había percatado de que al parecer había agua cayendo en el cuarto de baño. Ni si quiera se le había pasado por la cabeza que tal vez la puerta estaba abierta porque su compañero estaba dentro del departamento. Bueno, eso siempre le daba la oportunidad de hablar con él y discutir algunas cosas de orden. Ella no quería ser su madre, ni una copia barata de ella, pero ciertamente vivir en un chiquero aspirante a restos de catástrofe natural tampoco le llamaba la atención.

Se puso a pensar en lo que le iba a decir y de nuevo terminó pensando en Wally.

La idea de sus besos le hacía sentir un tirón en todos los nervios de los pies a la cabeza, y la sonrisa le llegaba a la cara cual comercial de pasta dental. Ese momento del día en el que todo lo demás desaparecía surrealistamente a su alrededor, como por dos segundos.

Únicamente la sacó del transe el sonido de la puerta del baño abriéndose y los pasos encharcando el piso. El agua no había dejado de correr, lo que le añadía otro punto a la lista de las cosas que tenían que hablar en cuando se pusiera algo de ropa el sujeto en cuestión.

El cuarto tenía las paredes de un color azul celeste, y los muebles eran negros. Otro par de detalles de los que ella no se había dado cuenta hasta que todos esos colores resaltaron con el cabello rojizo y la piel pálida del muchacho enfrente de ella.

Wallace la miró con los ojos desorbitados por la sorpresa. No es como si él no supiera que ella iba a ser su compañera de cuarto sino por el hecho de que no esperaba que hubiese llegado ya, ni mucho menos que se encontrase parada enfrente de su humanidad desnuda.

Tan mala suerte tenía, había pensado, cuando se dio cuenta de que había olvidado el jabón. Ahora podía jurar que su suerte era diez veces peor de la que pensaba.

Todos los tonos de rojo posibles para un ser humano se encontraban en las mejillas de la muchacha quien no encontraba fuerza mental para desviar la vista, ni para abrir la boca. Una mezcla entre sorpresa, shock y desasosiego estaba atorada en su garganta, mientras que le daba algo parecido a la taquicardia. No precisamente por el placer de tener el cuerpo esculpido por el ejercicio del muchacho enfrente de ella en un cuarto cerrado.

Ninguno de los dos había movido un solo musculo por alrededor de cincuenta eternos segundos, y enserio que los colores del cuarto estudiantil empezaban a brillar de manera creciente.

El celular de Wallace de pronto empezó a sonar con un rock popular lo que indicaba que era Dick el que estaba llamando, muy seguramente a averiguar si ya se había encarado con Jinx.

-Sí, y de qué manera- se le pasó por la cabeza a Wally que al fin recobró la movilidad de las extremidades, lo que le permitió cubrirse con una toalla.

Jinx se sentó en la cama de nuevo, esperando despertarse o algo. La situación era tan absurda y contra todo pronóstico que le pareció un sueño. Que se había quedado dormida, por lo que en algún momento su compañero de cuarto imaginario, el gordito de gafas amante de videojuegos, la despertaría.

-Oye, Jinx- le dijo su primo pasando la mano por enfrente de sus ojos. Su voz ahora sonaba divertida por la situación y eso de algún modo encendía un nervio de rabia en la muchacha.

Claro, ella muriéndose de la tristeza, sintiéndose más mártir que Harry Potter, que no puede encontrar a alguien que lo quiera sin que se lo quiten a punta de abadas quedabras. Mientras él se reía de lo lindo.

Pues no.

Se levantó del puesto molesta.

-que oye ni qué demonios, ¿se puede saber que planeas? ¿Matarme del susto? – lanzó con rabia mientras gritaba golpeando con la palma de la mano su pecho desnudo. Wallace enarcó las cejas, confundido.

-Creí que te alegrarías de verme- dijo él algo divertido. La muchacha se puso de nuevo de todos los colores.

-Para empezar ¿cómo sabías que iba a estar aquí para verte?- le preguntó la muchacha cruzándose de brazos. Aun intentaba volver en sí misma un poco. La cabeza le daba demasiadas vueltas ahora.

Wallace dejó de reírse y se sentó sobre un pedacito de su cama en el que no había nada encima de las sabanas, luego empezó a juguetear con sus dedos. Él sabía que lo que le iba a decir no le iba a gustar de a mucho a Nicole. No podía culparla a la gente cuerda no le gustaría en lo más mínimo lo que él tenía por decirle; ella vio venir el desagrado con el que iba a hablar el chico así que se sentó en el suelo de piernas cruzadas en frente de los pies del mismo.

El sonido del agua aún estaba amenizando como canción de fondo en medio del inconveniente, y ellos no podían quitarse los ojos de encima.

-Le dije a Alfred que se hiciera pasar por un encuestador para saber en qué universidad te habían dado la beca- soltó al fin, sintiendo lo estúpida y acosadora que sonaba esa oración.

Aunque él esperaba una respuesta inmediata, posiblemente un insulto, lo cierto es que las palabras de la muchacha se hicieron esperar insoportablemente.

Los ojos rodeados por los lentes de contacto rosados eran indescifrables para él, aunque eso no era sorpresa alguna. Bien habían ocultado los sentimientos de ella por bastante tiempo, no tenía que pretender que los podía descifrar ahora.

El goteo del agua era ahora insoportable para él.

¿Es que acaso no pensaba moverse ella o qué?

-Ha…- le contestó una risa disimulada y a decir verdad bastante inesperada de Jinx.

De pronto la risita se volvió una carcajada estruendosa que opacaba incluso el agua cayendo en el baño.

-¿Qué te hace tanta gracia?- logró que saliera al fin de su garganta el muchacho, algo atontado por su reacción. Definitivamente no había nada más desconcertante que una reacción no esperada. Aunque bien hubiese pensado que se trataba de una pequeña revancha de parte de ella, pues hasta ahora él no le veía la gracia a lo que le acababa de decirle.

-No puedo creer que mis papás hayan sido tan tontos de creérselo, enserio, es que ¿no conocemos a Alfred desde hace más de tres años? Ni para decir que es actor de doblaje japonés o qué- soltó la muchacha casi llorando de las mismas carcajadas. No podía evitarlo.

Entre todas las cosas que se le pudieron ocurrir, le vino a funcionar la más ridícula estrategia de todas. Ahora empezaba a cuestionar que tan tontos podían ser sus papás o que tan talentoso era ese mayordomo de la familia Grayson.

Poco a poco, y tras pasar varias conjeturas ridículas sobre por qué le había ido tan bien con su tontería al pelirrojo, la risa empezó a disminuir, dejándole solo el dolor de mejillas y la falta de aire que viene después del ataque tan hilarante.

-¿Entonces no estás molesta?- cuestionó él estúpidamente al verla detenerse.

-¿Me veo molesta? Que pregunta más idiota- le soltó ella con todo tono característico de su agradable personalidad. Wally sonrió y se estiró.

-Pues me alegro- le dijo y notó que ella aun se lo estaba mirando.

-¿De verdad te gusto tanto?- le preguntó con una sonrisa maliciosa- Para haberte venido hasta acá así de que manera demente y todo.

Wallace de pasó la mano por detrás del cuello, y puso cara de idiota enamorado.

-Bueno, sí, pero no. Mira, a mi me salieron bastantes becas y entre las que eran becas completas estaba la de aquí y la de DC. No te voy a mentir, las dos eran lo mismo y son muy buenas universidades. Pero bueno, la diferencia es que en esta estás tú. Así que diría que un poco de todo- respondió de esa manera tan linda, con la sonrisa de los West-Allen.

La sonrisa familiar.

Jinx podía disfrutar de esa torcida sonrisa traviesa sin preocupaciones ni remordimientos, ya no se sentía mortificada por el futuro, ni el pasado, ni deudas familiares. Ahora con el sonido del agua amenizando el momento, y en otro estado, no importaba si eran primos o no.

Nota de la autora: A todas las lectoras, muchísimas gracias. Espero de verdad haberlas entretenido con esta historia. Disculpen los errores que hayan visto, o cualquier cosa que no les haya gustado.

Como ya saben Teen titans no le pertenece, le pertenece a DC comic. A mí sólo me pertenece la historia.