Lamento muchisimo la demora! En verdad que me quedé sin inspiracion, anduve algo ocupada en mis vacaciones con mi escuela de manejo... Y me distraje con un anime el cual no quisiera mencionar... Porque en verdad estoy mal con eso... (?)

Bueno espero haya valido la pena la espera...


Capitulo 1

Había muchas cosas de las cuales Frogg odiaba. Entre ellas se encontraba el transporte público. No existía otra cosa que odiara más que el tremendo martirio de tener que pagar para viajar en un transporte… Concurrido de gente. Si es que se les podía llamar así. Porque cada vez que el científico subía al camión, siempre le tocaba la mala suerte de que los pasajeros se comportaban como bestias salvajes. Esto, para la perspectiva de Frogg, no merecía ser llamado gente. El viaje de camino a la universidad fue algo desastroso. Como no tenía auto alguno más que allá en su antigua casa de Europa, Frogg tuvo que viajar apretado en el autobús. Más aún que era la hora en la cual el transporte se llenaba hasta niveles inimaginables de gente quien pagaba para ser llevados a sus respectivos destinos. El científico recordó porque odiaba este sistema. Además de ser un medio de transporte lento, Frogg odiaba el autobús en particular porque tenía complexión delgada. Parecía que siempre pasaba desapercibido entre las personas, quienes terminaban aplastándolo, empujándolo si no es que pisándolo cada vez que el conductor paraba, aceleraba o cuando la gente hacia la parada.

Vivir en Canadá quizá no haya sido tan buena idea después de todo.

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Una vez de haber llegado a la universidad, preguntó a uno que otro estudiante sobre el edificio de posgrado. Resultó que se encontraba algo apartada de la facultad y cuya ubicación era el cerro adyacente a la misma, pasando la facultad de medicina. Frogg comenzó a caminar con algo de prisa ya que el autobús y la hora pico le habían quitado tiempo valioso.

Maldita sea su condición física.

Mientras más corría, Frogg sentía que su cuerpo se agotaba más rápido de lo que creía. Cansado, el científico se sentía desesperanzado. El camino en el sistema de transporte colectivo le había dejado los ánimos en los suelos. Recordaba la razón por la cual se había ido de Europa. Para ser honesto. Frogg nunca había salido de Alemania… Más bien, nunca lo habían dejado salir de su casa siquiera. Su formación educativa se dio lugar en las mismas instalaciones que lo vieron crecer. Nunca había tenido amigos, colegas científicos y gente destacada si, mas nunca amigos de su edad con los cuales jugar. Su esposa, Ana era nada más que hija de uno de los colegas de sus padres. Una chica genio quien también había recibido educación privada como Frogg. Apenas si la conocía, lo necesario como para llevar una relación tranquila con ella. Ana era muy amable y dulce con él, sin embargo, el científico no sabía cómo tratarla más allá de una relación de amigos si es que eso se le podía llamar amistad…

Frogg nunca imaginó tener una boda con su mujer. La falta de amigos le había condicionado a estar concentrado en su laboratorio, sus amigos más confiables fueron ecuaciones matemáticas cuales nunca le fallaban a la hora de hacer cálculos importantes y tomar notas. Frogg podía decir que su mujer no era Ana, si no su preciado laboratorio donde pasaba todo el día sumergido en el olor de diversas sustancias químicas.

Pero a pesar de que toda su vida siempre estuvo dentro del seno de un laboratorio, Frogg siempre se preguntaba que sería tener varios amigos. De pequeño le gustaba ver la ventana de su cuarto que daba a la calle y no podía evitar mirar a los niños que jugaban despreocupados. En un principio, el joven Frogg disfrutaba mofarse de aquellos infantes ya que no tenían un cerebro igual o superior al suyo. Mas un día observó que esos juegos inútiles generaban lazos afectivos entre ellos, lazos de amistad reflejados en abrazos y el sacrificio de la salud misma por defender a lo que los demás llamaban amigos. El pequeño científico se percató al ver que dos escolares golpeaban a uno más indefenso únicamente por defender a su amigo, y que este último se lanzaba hacia ellos para defender a la victima de aquellos muchachos abusivos. Por más que Frogg investigaba e investigaba, no podía comprender por qué las personas se sacrificaban por proteger a sus amigos…

Pasó días y días pensando en esos dos muchachos una vez que los abusivos se habían retirado y de cuando se abrazaron en el suelo, heridos y golpeados. ¿En verdad se sentía bien? ¿Y si dolía? Los niños que observó ese día lloraron al estrecharse en los brazos del otro. No parecía importarles los hematomas ni la sangre que brotó de sus heridas.

Las ecuaciones algebraicas, trigonométricas, inclusive las aritméticas no podían darle respuesta alguna. Libros y artículos científicos no hacían referencia al proceso de la amistad…

Fue la primera vez que Frogg ansió sentir el contacto físico de un abrazo.

-oOo-

Reginald se había despertado temprano. No era nada nuevo para el pelirrojo puesto que siempre era una costumbre mucho antes de que su madre falleciera, sin embargo, la razón especial por la que siempre se levantaba al canto del gallo se debía a un ritual el cual le parecía correcto realizar por razones de solidaridad hacia la naturaleza, además de motivos personales.

Las primeras actividades para el pelirrojo, después del desayuno, era alimentar a las aves que vivían en el jardín del techo de su departamento. Recordaba mencionado ritual desde que tenía memoria: su madre, Anya, le encantaban las aves y por ello tenía un criadero de aves en el cual el pequeño Reginald la acompañaba con entusiasmo. Amaba ver el sol saliente sobre las verdes colinas, las frescas mañanas de la primavera que cuando cerraba los ojos podía escuchar el cántico de las aves silvestres combinado con el sembradío de girasoles que llenaban el paisaje en pinceladas de amarillos, verdes y cafés, como si de una obra impresionista se tratase. Y la figura de su madre… Reginald la recordaba perfectamente. Poseía cabellos largos del color del trigo, su dulce y radiante sonrisa era acentuada por los rayos de sol detrás de la delicada figura de una mujer esbelta. Parecía la representación perfecta de una Madona, una virgen cuyas delicadas manos eran usadas para tratar a las criaturas más frágiles que él conocía, entre ellas, a su propio hijo. Para el pelirrojo era uno de sus preciados recuerdos.

El joven no pudo evitar sonreír ante el hermoso recuerdo de su madre. Siempre le generaba paz y una infinita alegría el saber que este ritual, de venir al techo a alimentar a las aves, le mantenía aún vinculado con el recuerdo de su predecesora. Levanto la mirada al cielo y extendió ambos brazos cuan ave al levantar vuelo. Parecía como si intentara comunicarse con ella, en un mensaje silencioso de "Aún estás con vida". Su sonrisa se amplió cuando observó las nubes. Manchadas con tintes amarillos debido al sol, simulaban la mantequilla más suave, cálida y resplandeciente que había visto jamás en su vida.

El pelirrojo sintió que este día, por alguna razón, sería especial.

Cerró los ojos, disfrutando un poco más del pacífico entorno en el que se encontraba para después bajar la mirada, volver de su pequeño trance y dirigirse a su primer día de trabajo.

Reginald daría lo mejor de sí en su nuevo trabajo porque su madre siempre estaba ahí, acompañándolo y cuidando de él.


Hasta aquí dejo el capitulo... Espero les haya gustado :)

Intentaré apurarme con el capitulo 2 :B