Hola a todos. Lamento mucho la demora. Mil perdones por no volver a actualizar en tanto tiempo, pero ya lo he dicho miles de veces, ya ni parece real, pero es cierto. La rutina muchas veces no deja que pueda siquiera escribir una línea. Sí, tuve otras historias, pero también me ha pasado lo mismo con ellas. En fin.

Muchas gracias a todos aquellos que estén leyendo ésta loca historia. Trataré de actualizar lo más pronto que me sea permitido y una vez más, muchas gracias por leer. Gracias por todo su apoyo y gracias por continuar conmigo. Gracias por recordar que Gatchaman Inmortal existe y querer saber qué sigue. Gracias a todos.

PD: las escenas lemon traté de que fueran explícitas en descripciones y palabras, advierto que aparecen muy pronto.

Sin más qué decir; qué comience el show.

Capítulo 6.

La noche de la llegada del equipo al edificio Helsing.

Luego de mostrar los videos de los otros pacientes a Jun, Ryu y Jinpei, después que estos se retiraran a tratar de ayudar con su compañero y a poner en orden sus propias ideas; el viejo ingeniero Kamo recibió una llamada de la ISO, una de tantas que venía recibiendo a lo largo de todo el viaje y que contestaba diciendo solo eso, que estaban aún en camino. Ahora, eso no le ayudaría.

Espero que tenga una mejor explicación sobre la ubicación del equipo que solo "Estamos en camino a Helsing" maestro Kamo. — declaró una voz seria detrás de la bocina.

No señor Kirkland, ya hemos llegado a Rumania, y ya nos entrevistamos con los médicos de Helsing, ellos han aceptado el caso del joven Washio. — obvio que esto no lo creyó el doctor de la ISO.

Maestro Kamo ¿Qué se supone que estos médicos van a lograr con su tratamiento que la ISO con todos sus especialistas no lograron?

Es difícil de explicar por teléfono, pero le aseguro que hay una esperanza.

Maestro Kamo, es debido a su trabajo con el difunto doctor Nambu y cercanía con los muchachos que le estamos dando el apoyo, y hasta ahora no estamos enviando a un equipo de recuperación para traerlos de vuelta. — como si eso fuera posible; pensaba el ingeniero. — Pero si no obtenemos algo más que solo su palabra de que los están ayudando; tenga por seguro que…

Lo entiendo, lo entiendo. — lo interrumpió el viejo del mostacho. — Y los mantendré informados lo más pronto posible, adiós. — Kamo no esperó más amenazas por parte del miembro de la directiva y colgó.

¡Cielos!— exclamó para sí mismo. — Ya es difícil lo que estamos pasando para todavía tener que lidiar con esta gente. — y esta no fue la única llamada que le hicieron en todo el transcurso del proceso.

Segundo día de tratamiento.

Estamos teniendo resultados. — explicaba Kamo por teléfono a Kirkland; uno de los nuevos encargados en la directiva de la ISO. — El tratamiento ha sido aplicado y el joven está estable, seguiré informando.

Maestro Kamo, esto no…— le colgaron.

Quinto día del tratamiento.

¡Esto es sorprendente!— informaba animado el viejo mecánico. — Ya no requiere del apoyo de máquinas, el soporte vital ya no es necesario. Su cuerpo está respondiendo, ya es sólo cuestión de tiempo para que despierte. — el representante de la organización no se escuchaba tan entusiasmado.

¿Cómo pretende que crea en sus palabras si no tenemos absolutamente nada que las corroboré? Necesitamos datos, información ¡Imágenes!

No puedo transmitir datos ni fotos, ustedes saben que las comunicaciones no son aún seguras; bueno, de hecho, nunca lo fueron; así que no es posible…

Entonces deberemos ir para allá.

Yo, la verdad, no creo que sea recomendable…

No es opcional, debemos comprobar por nosotros mismos que todo es como dice, muchos aquí temen que estén lucrando con el cuerpo.

Eso es inaceptable. — declaró firmemente el ingeniero. — Y tampoco será posible que vengan a ver, no hasta que hable con todos.

Pues deberá resolverlo pronto.

Cuando todo esté listo, yo mismo les llamaré. — la llamada terminó dejando al anciano muy pensativo y nervioso. No es que estuviera ocultando algo malo, es solo que no sabía qué haría la ISO si lo que predicen los médicos sucede y el chico se sale de control; qué pasaría si creen no poder con él ¿Qué tal si ellos también quieren eliminarlo? No, no podrán recibirlos hasta que no estén seguros de poder con Ken; eso era seguro. Solo esperaba que no se presentaran antes del fatal día.

Tiempo actual; dentro de Tzninacalli.

El reencuentro entre el cóndor y el águila continuó por mucho más tiempo del que pensaban darle dentro del baño. Después de esa primera vez frente al espejo; vinieron muchas más caricias y besos; Joe llevó a Ken a sentarse sobre la caja del agua del escusado, para abrirle las piernas, sentarse sobre la tapa del inodoro y darle la más grande y extraordinaria mamada de su vida. Esta no era la primera vez que Ken y Joe lo hacían así; éste era un juego íntimo muy de ellos. El chico de ojos azules apenas sentado sobre la tapa blanca de cerámica, con dos de los dedos de su novio debajo, jugueteando en el interior de su recién abierta entrada.

Joe devoraba con ansiedad el miembro de Ken, lo chupaba con deseo y mucho apetito, como si no pudiera hacerlo nunca más y debiera aprovechar esta oportunidad; quizás una costumbre adquirida hace ya tiempo atrás, de cuándo tenían un buen día. El joven líder no podía abrir los ojos ni articular palabra alguna a causa del intenso placer que estaba quemando su cuerpo y enloqueciendo su mente; varios espasmos creados por el salvaje depredador enterrado entre sus piernas, recorrieron su cuerpo obligándole a gemir como único medio de comunicación entre ellos. Ken se aferraba a la abundante melena de su amante con ambas manos, mientras movía sus caderas para follar la boca del franco tirador italiano; hasta que una fuerte contracción hizo que el chico se arqueara y gritara con fuerza, otra más le vino y una tercera, había sido conquistado con tres gloriosos orgasmos secos; orgasmos sin semen, así se les conoce comúnmente; su semilla ya había sido derramada anteriormente y tardaría un poco en producir más. Como ya muchos lo saben, los hombres también pueden tener múltiples orgasmos y Joe sabía que su chico era uno de ellos; por eso le gustaba lucirse con sus grandes habilidades amatorias; en verdad que disfrutaba llevarlo al límite. Ken se veía tan hermoso cuando llegaba al clímax, que Joe no desaprovechaba la oportunidad para verlo una y otra vez.

La bañera fue el siguiente punto de visita en este desquiciante tour amoroso. Obviamente debían ya lavarse para ir a cenar; pero no había prisa, no les urgía deshacerse de las huellas de su reencuentro tan rápido y pobre de aquel que intentara interrumpirlos. Ambos debían ducharse, pero para este punto las piernas de Ken no le podían sostener, apenas se estaba recuperando de tan maravillosas culminaciones por lo que el siciliano hizo algo que gustaba mucho a ambos; el italiano lo llevó en brazos a la bañera y se sentó con él en la tina; pero no lo dejó sentado en la fría loza frente a él; no, el bello japonés fue colocado sobre el regazo del atractivo cóndor, ambos mirándose frente a frente, sin necesidad de penetraciones, algo simple pero hermoso. Ken sentado sobre los muslos de su chico, con las piernas abiertas y las rodillas en contacto con el piso; ambos chicos besándose con ternura, ambas pelvis frotándose con un lento y dulce ritmo; todo bajo una tibia, suave y agradable lluvia artificial.

Obviamente la pareja estaba tardando en llegar al encuentro con el resto del grupo; se suponía que Joe ayudaría a Ken a llegar a la habitación que se le había designado fuera de Tzninacalli; una recámara con una cama individual, escritorio, vista a la montaña y cámaras de vigilancia instaladas en varios puntos estratégicos; los doctores no querían dejarlo sin vigilancia aún. Luego cenarían juntos en el enorme comedor del edificio; pero nada; ninguno de los dos llegaba. Cansada de imaginar miles de posibles escenarios, Jun Ohtsuki, con delantal puesto y una espátula en sus manos; ordenó.

Ryu, Jinpei, vayan a buscar a ese par; la cena se enfriará. — ambos chicos se miraron en silencio para luego sonreír divertidos.

Quizás ya saben que cocinaste y por eso no vienen. — una toalla de cocina fue directo a la cara del niño, como respuesta por su osadía.

¡Ji, ji, ji!— se burlaba el búho de la suerte de su compañero, cuando.

¡Obedezcan!

¡Oh vaya!

¡Qué genio!

Es la primera cena de Ken fuera de su habitación de hospital. — comentó Kamo a los dos chicos. — Jun ha cocinado para tan especial ocasión, es por eso que está tan emocionada y los quiere ver ya.

Dudo que sea por eso que los quiere ver ya. — el comentario del regordete piloto no pasó inadvertido por varios de los presentes, solo que el cisne no dio oportunidad a nadie de indagar más.

¡Vayan!

¡Ok! Ya vamos. — exclamó el pequeño seguido por su compañero.

Vaya carácter. — al fin cruzaron la enorme puerta rumbo a Tzninacalli, con absoluta calma por parte del piloto, pues quería darle tiempo a sus amigos para estar presentables.

Mientras tanto, en el cuarto de baño, los dos bellos amantes continuaban aseándose y jugando sin percatarse de todo el tiempo que ya se habían tomado. Aquella deliciosa fragancia que tanto añoraba volver a percibir el cóndor, volvió a impregnar sus fosas nasales cuando Ken aún sentado sobre sus piernas, abrió su botella de shampoo favorita y vertió un poco sobre la palma de su mano para de inmediato comenzar a lavarse el cabello.

Joe le veía fascinado, no podía describir su felicidad; el hermoso hombre frente a él se veía tan majestuoso entre agua y burbujas, que no podía creer que fuera real, que fuera suyo y estuviera ahí con él; ahora. Con la necesidad de tocarle, de volver a sentirlo entre sus manos, Joe estiró sus brazos para poder hundir sus dedos en su cabellera; acariciar su rostro y por qué no, aprovechando que ya estaba ahí; empezó a lavarle el cabello; impregnándose más de esa magnífica fragancia que tanto adoraba. Con un suave movimiento y la yema de los dedos comenzó frotando su cuero cabelludo y cabello, para luego usar las uñas y aplicar más fuerza y más velocidad; convirtiendo lo que primero fue una risita ante el apoyo, en una sonora carcajada por la brusquedad con la que le rascaban la cabeza.

¡Ja, ja, ja, ja! ¡Joe!— el jabón ya había desaparecido, permitiendo a Ken abrir los ojos y quitarse las manos de su novio de encima. — ¡Mō jūbun!(¡Ya, basta!) ¡Eres un salvaje!

Sono il tuo selvaggio, tesoro (Soy tu salvaje, cariño) — Ken sonrió ante estas palabras.

Watashi wa shitte iru (Lo sé) — el chico de ojos azules volvió a llenarse la palma de la mano con su shampoo favorito para lavarse por segunda vez el cabello, una tarea que llegaba a repetir hasta tres veces seguidas; quizás si en gran parte era vanidad, pero también, después de una pesada batalla cuerpo a cuerpo en contra de ejércitos de enajenados y la destrucción de enormes máquinas de muerte; lo lógico era que quisiera quitarse de encima el sudor y el olor a metal quemado.

Ya con el producto en mano, sonrió con picardía y de inmediato se lanzó contra la rebelde cabellera de su novio y empezó a tallarlo con la misma fuerza y brusquedad que este le había aplicado a su "Indefensa" persona; las quejas del italiano y las risas del japonés inundaron el cuarto de baño, llegando a escucharse fuera de este. La verdad; Joe ni siquiera hizo mucho por defenderse del ataque de shampoo; por el contrario, gran parte de las carcajadas de Ken se debían al contraataque de cosquillas por parte del siciliano.

¡Yamete! (¡Detente por favor!)

La caminata por los largos y solitarios pasillos del edificio Helsing, eran en verdad inquietantes. Ryu y Jinpei siempre que llegaban al final de uno de los corredores se asomaban con cuidado en la esquina para ver en todas direcciones; no fueran a toparse de frente con un fantasma o cualquier otra entidad espeluznante y los atrape con la guardia baja.

Cuando al fin llegaron a la entrada de las escaleras que llevan a la parte baja de Tzninacalli, empezaron a descender; poco a poco fueron escuchando con más fuerza las risas y voces de sus dos compañeros; sin decir una palabra ambos amigos se miraban uno al otro y se preguntaban ¿Qué diablos estarán haciendo ese par? Inocentemente Jinpei aceleró el paso para ver lo que ocurría, sin mucho éxito gracias a Ryu que no quería que el pequeño viera algo que no era propio de su edad.

¡Vamos Ryu! ¡Déjame ir!— Joe dejó el cuello de su amante al escuchar lo anterior. — ¡Quiero ver de qué se están riendo!— Ken observó que su novio había detectado algo.

¿Qué sucede?

Ya vienen a buscarnos. — Ken trató de escucharlos también, pero las paredes de Tzninacalli eran demasiado gruesas para lograrlo.

No escucho nada. — declaró con los ojos cerrados y una media sonrisa en su rostro. — Debe ser asombroso tener un oído como el tuyo.

No siempre fue así amore mio (Amor mío). — el siciliano comenzó a ponerse de pie, no sin antes ayudar a Ken a levantarse también. — El primer día deseaba arrancarme los tímpanos. — los primeros días de Joe como ciborg no eran desconocidos para Ken; el segundo al mando se encargó de contarle varias anécdotas de esos tiempos. El chico de ojos azules habría dado y aún daría lo que fuera por haberlos pasado a su lado, para atenderle en todo momento, para servirle de ayuda en lo que se adaptaba; pero no; por alguna razón y gran parte cree que fue por Joe, no pudo estar ahí.

¡Heyy! — ambos miraron rumbo a la puerta del baño. — ¡Aniki!

¡Son Ryu y Jinpei! — exclamó Ken tomando la toalla que le ofrecía Joe, misma que ya había usado y ahora comenzaba a ponerse su pantalón de mezclilla.

Iré a verlos. —antes de retirarse, con la camisa en las manos, miró a su novio y preguntó. — ¿Puedes quedarte solo?

Hai. — respondió con calma al tiempo que secaba su cabello y caminaba rumbo al tocador de piedra. — No te preocupes.

No tardaré. — Ken aceptó con un movimiento de cabeza. Antes de cruzar a la primera parte del cuarto de baño, Joe miró atrás al chico que se veía fijamente al espejo, una conducta recién adquirida al parecer.

Y cómo culparlo, el hombre que ahora se encontraba frente al espejo no era el mismo que había destruido a Sosai Z en el enorme asteroide donde se ocultaba. Ese hombre contaba con una enorme fuerza de voluntad dentro de un cuerpo enfermo, cansado y frágil; usando el uniforme de Gatchaman, este podía mantener la imagen de fuerte guerrero, pero sin el, todos podían evaluar a simple vista que era presa de una terrible enfermedad, cada parte de su cuerpo contaba a quien lo observara, que el chico estaba sufriendo y que sus días estaban contados.

Como su segundo al mando, el cóndor sabía que Ken se estaba analizando, podría jurar que sabía cuáles eran cada uno de sus pensamientos al compararse con su yo anterior. "Si llegaras a saber tanto de mí, podrías huir asustado de lo que eso significa" esto se lo llegó a decir una vez Ken hace mucho, mucho tiempo; cuando apenas empezaban su relación secreta. Quién le diría que ahora gustaba tanto de conocerlo tan bien.

Terminando de colocarse la camisa y los zapatos, Joe salió del baño para encontrarse con sus compañeros, los cuales estaban junto a la cama donde la maleta de Ken se encontraba abierta.

¿Qué hacen aquí?— los intrusos le miraron asustados.

¡Joe!— el segundo al mando caminaba directo a ellos con una camisa blanca de manga larga fuera de un pantalón de mezclilla azul y botas negras.

¡Joe! ¡Qué susto nos diste! ¿Dónde está Aniki?— preguntaba y buscaba el pequeño detrás del siciliano.

Acaba de terminar de bañarse. — dicho esto, empezó a buscar en la maleta algo de ropa que llevarle. — ambos muchachos no pasaron por alto varios puntos evidentes y empezaron a interrogarle.

Ken acaba de bañarse ¿Y por qué estás mojado tú?

¡¿Te bañaste con él?!— Ryu respondió al niño con su pregunta.

Yo creo que sí ¡Porque huele muy bien!— Joe no se dio cuenta a qué hora Jinpei se había acercado a olerlo de arriba a abajo.

¡ ¿Qué diablos…?!

¡¿No huele así el shampoo que le regalé a Aniki en su cumpleaños? Ese que le gusta tan…

¡Guarden silencio!— ambos chicos obedecieron, hasta que el siciliano con un pantalón de mezclilla negro, una camisa de manga larga roja sangre, trusa azul oscuro y unos tenis negros con blanco se metió al baño en busca de su novio. Apenas cerró la puerta, las risitas burlonas a su salud comenzaron a estallar sin vergüenza alguna.

¡JA, JA, JA, JA, JA! ¡UUUUYYYYY! ¡NANTE KAWAIII! (¡Qué lindos!)

Par de tarados. — se quejó dentro del baño. — Ya me las pagaran. — sentenció ya junto a su novio, quien no dejaba de inspeccionarse para atenderle. — Sé que es muy atractiva la imagen en el espejo. — se dirigió a su líder, quien le miró sorprendido de su presencia. — Pero ya es hora de salir de aquí. — Ken le agradeció sus palabras con una sonrisa y volvió su vista al cristal.

Sigo sin entender qué fue lo que han hecho conmigo; he preguntado a los médicos y no me dicen nada.

No creo que sea necesario…

¡Claro que lo es!— Ken exclamó entre molesto y alarmado por la tranquilidad de su novio al respecto. — Me veo… ¡Excelente!— esta descripción no se la esperaba el cóndor, y se lo dejó saber con el levantamiento de una de sus cejas.

¿Excelente? ¿Y te estás quejando?

Mira mí cabello ¡Está como nuevo! como si lo hubiera tratado con algo…no está reseco como antes. — empezaba a enumerar. — ¡Mi piel está limpia! No tengo las cicatrices de los tratamientos ni de las batallas y mi rostro está… ¡No creo que sea yo!— admitía volviendo a verse al espejo y pasando sus dedos por debajo de sus ojos y mejillas. — Ya no tengo ojeras, ni tengo manchas ¡En ningún lado! Y mis labios no están cuarteados, por el contrario ¡Están suaves y su color…! ¡Y todo lo que acabamos de hacer! ¡Ninguno de los otros tratamientos había permitido algo semejante! ¡ ¿Qué es lo que está pasando?!— pedía saber asustado y con los ojos empezado a humedecerse. — ¡¿Cuánto tiempo va a durar esta vez?! Yo…—

El chico de ojos azules ya no pudo seguir expresando sus miedos al ser cubierto por los fuertes brazos de su novio. Ken trató de tranquilizarse, de no estallar en llanto después de tan maravillosa tarde y futura cena; pero fue inútil, las lágrimas ya corrían libres por sus rosadas mejillas. Joe le estrechó con fuerza y dulzura, esperando así que su chico dejara de temblar y se tranquilizara.

Tengo, miedo, Joe. — le confió entre sollozos. — ¿Cuánto, tiempo, voy a, a sentirme así antes de…?

Haremos lo que sea para que sea permanente.

¿Qué es lo que me han hecho? ¿Qué tipo de tratamiento…?

Domani, amore mio (Mañana, amor mío) mañana te contaremos todo; en este momento no podría darte toda la información que requieres, además; estás alterado y los demás quieren que tú primera cena fuera de esta cosa sea en familia y no frente a una computadora. — eso era cierto, pero…— Mañana resolveremos todas tus dudas ¿Accetto? (¿De acuerdo?)— aún acurrucado en el pecho de su novio, Ken respiró hondo; ya más tranquilo, aceptó en silencio. Todo lo anterior no fue privado; dos espías bien entrenados y muy morbosos, terminaron escuchando más de lo que esperaban pegados a la puerta. Ambos de acuerdo en hacer que esto sea permanente.

15 minutos después la pareja salía del baño más tranquilos y tomados de la mano. Ken no se había dado cuenta hasta que ya estaba a un paso de la cama; pero parecía no importarle a nadie, especialmente a su novio que continuaba a su lado y no hacía nada por hacer distancia ¿Por qué mantuvieron en secreto de los demás lo suyo? no lo sé. Quizás por temor a lastimar a Jun, quizás porque sus enemigos lo usarían en su contra; si sabían que Gatchaman y el cóndor salían, si algo de eso se dejaba ver en la batalla, un gesto de preocupación especial por ese miembro del grupo por parte del líder; habría sido peligroso para ambos; pensaban.

Pero ahora, quizás ya no era necesario guardar más el secreto, no de los amigos al menos ¿Pero qué hay de Jun? Ella no era tonta, con todo lo que ha estado ocurriendo, quizás ya lo sabía; Ryu y Jinpei lo saben y no están haciendo preguntas obvias. Al contrario, ambos le estaban sonriendo. Meditaba Ken.

¡Aniki!— el pequeño saludó con entusiasmo al tiempo que corría a abrazarlo. — ¡Te ves genial!— Ken soltó la mano de su novio para recibir al niño entre sus brazos.

Gracias Jinpei; me da gusto ya no llevar una bata.

Esa prenda tenía sus ventajas ¿No crees?— la observación de Ryu, le ganó un mochilazo por parte del cóndor.

¿Qué insinúas, eh?— le preguntó de manera amenazante, ya que era bien sabido por todos, que el joven piloto amaba salir con mujeres, pero no le hacía el feo a ningún otro tipo de experiencia sexual; no era bisexual como Joe, pero sí que tenía la mente muy abierta.

¡Nada! Yo sólo lo decía por ustedes dos.

¡Ajá!

¡Qué carácter!— exclamó recibiendo la maleta de su comandante por parte del cóndor. — ¿Listo para salir ya de aquí?

Estoy listo para lo que sea. — el grupo sonrió ante esta respuesta y empezaron a caminar rumbo a la salida.

Qué bueno que lo dices, porque mi hermana preparó la cena. — los chicos miraron divertidos la reacción de Ken ante tan escalofriante noticia.

Aamm... ¿En serio?

¡Ji, ji, ji!

¡Sí!

Aahmm, creo que mejor, me voy directo a la cama.

¡Ja, ja, ja!

¡Aniki!

¡No quiero volver al hospital!— las carcajadas iban aumentando con cada paso que daban, por lo que el joven líder trataba de hacerlos entrar en compostura, en especial, cuando al fin llegaron al piso principal del edificio.

¡Ja, ja, ja, ja!

¡Vamos chicos modérense! No querrán que… — el joven guardó silencio de golpe al mirar a todos lados.

¿Qué sucede Ken?

Todo está, muy tranquilo ¿No creen? ¿Y por qué están los pasillos tan oscuros?— los chicos se miraron entre ellos.

¡Uuuyy!— exclamó Ryu.

Ya está en modo Gatchaman. — Joe recibió una mirada severa de su comandante; una sonrisa por parte del cóndor dejó en claro lo mucho que amaba y había extrañado esa mirada. — ¿Hay algún problema por la falta de luces?

Sabes bien que lo hay. — el grupo entero prestó atención en silencio, como si les fueran a dar indicaciones de una nueva misión. — No hay personal en los pasillos, no hay gente en los cuartos, no escucho actividad por ningún lado ¿Acaso la ISO creó este lugar para atendernos? ¿Sus cuartos también estaban en lo profundo de un incinerador?

¡ ¿Incinerador?! — gritaron los muchachos sorprendidos.

¡¿Cómo sabes que…?!

¿De dónde sacas que es un…? — el águila vio a sus compañeros con cierta sorpresa.

Es más qué obvio, ya que hemos estado dentro de incineradores antes. — ese era un buen punto, además ¿Qué otra cosa podría hacer dentro de su habitación si no era analizarla por completo? — ¿Por qué nos atendieron dentro de uno? Porque supongo que a ustedes… ¿No? ¿No fueron atendidos aquí?— las miradas incriminatorias de nuevo.

No hace falta que inventemos nada. — admitió Joe. — Sabrías de inmediato que te estamos mintiendo.

Entonces, este lugar… ¿Fue creado sólo para mí?

No creado. — apoyó Ryu aun llevando el equipaje de Ken. — Vinimos desde la base para que te atendieran los doctores.

Con un nuevo tratamiento. — les siguió Jinpei.

Pero... — no comprendía. — ¿Por qué tuvimos que venir a verlos? ¿Qué tenían ellos que la ISO no?

¡Mañana!— exclamaron los tres a la vez, dejando mudo a Ken.

Ya mañana trataremos de responder a todas tus preguntas. — le recordó Joe.

Hoy. — le siguió Jinpei. — Tienes que aplicar toda esa concentración tuya para descubrir qué es lo que nos dará de cenar nee-chan.

Oh, cielos. — Ken se llevó los dedos al puente de la nariz, como cuando se tenía que enfrentar a una tarea muy difícil. — No creo ser tan bueno. — las risas volvieron a inundar los pasillos. Al fin llegaron al gran comedor.

¡Ken!— la joven cisne corrió a recibirlo con un fuerte abrazo apenas cruzaron el umbral de la puerta. — ¡Ken! Me alegra tanto verte fuera de ese enorme cuarto ¡¿Por qué tardaron tanto?! ¿Acaso no querían llegar a cenar?— la respuesta era obvia y la misma chica la conocía, pero igual le gustaba seguirles el juego.

¡Claro que sí!— le aseguró Ken luego de liberarse del fuerte abrazo. — ¡Ya quiero saber con qué nos agasajarás!

"Con qué" Esas palabras lo dicen todo.

¡Asakura!— las risas comenzaron a sonar, y aumentaron aún más cuando el cóndor tuvo que hacer uso de toda su habilidad ninja para esquivar los muchos intentos de ataque de parte del cisne. — ¡Quédate quieto!

¡Claro que no!—el escándalo por parte de los invitados era más que llamativo para los médicos de Helsing; quienes atentos no dejaban de analizar a cada uno de los visitantes, en especial al joven paciente.

Ese no puede ser Gatchaman. — sentenciaba el doctor Diderot con su taza de café en mano y sentado junto a sus dos compañeros en una de las mesas más alejada de la fiesta. — Creo que nos han tomado el pelo. — aseguraba vertiendo un poco de licor a su bebida, desde una pequeña botella plana y plateada.

¿Qué te hace pensar eso?— pedía saber con obvio tono de burla su compañero, pues estaba de acuerdo con él.

¡Sólo mírale la cara! ¡Ese no es el rostro de un guerrero ninja! Mucho menos del líder del grupo; y los demás, si no fuera porque encajan en las descripciones; también dudaría de ellos.

En eso estoy contigo. — dejaba en claro tomando la botella y haciendo lo mismo.

Yo… — entró en la charla Defeo. — Creo que el tal Washio podría encajar en la altura y edad de, él. — tal parecía que no se atrevía a indicar que "Gatchaman" y Ken Washio eran la misma persona en la oración. — Sólo que su rostro… — no quería ser grosero o algo parecido, pero. — ¡Parece mujer! ¿No lo creen?

¡Sí!— expresaron los dos médicos divertidos.

Y una nada fea. — afirmó D'alembert

¡No!— los tres rieron por lo bajo para no llamar la atención.

Sólo le faltan bubíes, pero igual me la llevaba porque de lo demás; tiene de sobra.

En especial en la entrepierna; ahí también algo le sobra. — las risas sonaron con fuerza, cosa que no molestó a los visitantes, ya que estaban en su propia algarabía. Bueno, casi todos. Cierto miembro del grupo no paraba de escuchar lo que ocurría en esa mesa.

¡Vamos a cenar!

¡Vamos Aniki!— gritó con fuerza Jinpei a la vez que lo tomaba del brazo y lo jalaba. — ¡Ven, siéntate conmigo!— el líder del grupo no puso objeción alguna y se dejó conducir por su pequeño compañero.

¡Está bien!

¿Qué vamos a cenar?— pidió saber Ryu tomando asiento frente a Ken.

Un rico plato de arroz con curry y camarones.

¡Woooww!

¡Eso suena fantástico!— celebró el búho con la boca llena de saliva.

¿También para mí o seguiré con esa comida insípida de hospital?

Para ti habrá doble ración. — aseguró con un guiño la bella jovencita, alegrando al chico de ojos azules…al menos por poco tiempo.

No te hagas ilusiones Ken. — sugirió el hombre sentado al lado derecho de este.

Joe… — le llamaba en tono de advertencia la chica.

Si cocinó Jun, lo más probable es que sepa desabrido.

¡Joe!— las risas comenzaron a sonar con fuerza.

O esté quemado. — susurró el niño.

¡Tú también Jinpei! — se desató la guerra. — ¡Ustedes dos son unos tontos! Solo por eso no comerán postre.

Si lo hiciste tú, te lo agradezco. — una toalla de cocina golpeó directamente al cóndor en la cabeza, quedándose ahí, cubriéndole como si de un velo se tratara; uno con estampado de mamá gansa. — Jamás te vas a casar si sigues con ese carácter Ohtsuki. — reclamó con las risas de sus compañeros sonando con más fuerza, en especial porque el rudo varón no hizo nada por quitarse el trapo de encima; aportando así más carcajadas a la fiesta. — Te voy a tener que rifar Jun.

¡Rifa esto!— un nuevo trapo de cocina salió volando en dirección a Joe, para de inmediato este tomarlo y arrojarlo de vuelta junto con el primero. La guerra había comenzado.

Las carcajadas sonaban con fuerza a medida que avanzaba el juego. Kamo compartía el momento con los chicos sin interrumpirlos ni mucho menos corregir sus personales maneras de demostrarse cariño. El ingeniero sabía bien que los muchachos se veían y querían como hermanos; la mayoría de las veces, claro. Joe obviamente era brusco con el trato hacía sus compañeros, nada que un hermano mayor no hiciera con sus hermanitos bebés. Sólo él podía gritarles, zapearlos y regañarlos; y pobre del idiota que intentara hacerles algo parecido. Kamo sonrió al verlos a todos juntos jugando de nuevo; algo que pensó que jamás volvería a pasar, por lo que interesado, el hombre preguntó al líder.

Ken… — el joven líder, luego de esquivar un proyectil, le miró con esos zafiros llenos de vida y una gran sonrisa en su rostro. — ¿Cómo te sientes? ¿No estás cansado? Recuerda que acabas de salir de aislamiento, no te debes exigir demasiado. — era cierto, así que, frenando un momento la celebración; los demás prestaron atención al chico.

Estoy bien, maestro Kamo; me siento fantástico.

Y te ves fantástico. — las palabras de Jun hicieron sonrojar al joven Washio, volviéndose la burla del grupo.

¡UUUYYYYY!

¡YA ESTÁ ROJOOOO!

¡Damare! (¡Cállense ya!)

¡JA, JA, JA!

En verdad que te ves extraordinario. — esto último lo dijo Kamo para sí mismo.

Sin prestar demasiada atención a las burlas de los chicos; Kamo no paraba de ver a Ken, no podía creer lo que estaba viviendo. Owashio no Ken no debería estar ahí con ellos ahora mismo. Él lo había visto decaer, prácticamente envejecer a temprana edad, marchitarse y agonizar día tras día a causa del excesivo uso de la energía delta hasta finalmente morir ¡Ese chico estaba muerto! Él lo revisaba a diario en esa habitación llena de aparatos inútiles que apenas si mantenían sus órganos activos, pero no más; no su esencia, su alma, aquella energía o espíritu que nos hace quienes somos; eso las máquinas no lo pueden preservar ¡Es imposible! Pero…aquí está él; sentado frente al grupo; riendo y arrojando toallas de cocina a sus compañeros ¿Cómo puede ser esto posible? ¡¿Cómo?!

Kamo no quitaba la mirada de encima del niño, no mientras charlaba con sus compañeros y menos cuando con orgullo la joven cisne depositó frente a este un plato lleno de un arroz color rojo ladrillo, una salsa de curry café con enormes pedazos de verduras y camarones rojos tomate. Los miembros del ninjatai observaron con sumo interés el extraño menjurje frente a ellos y a su grandioso líder; todos con la obvia pregunta en las puntas de sus lenguas… ¡¿Qué diablos es eso?! ¿No te lo vas a comer, verdad? ¡Te lo prohíbo! Anunció Joe a Ken, quien lo miró de reojo en total desaprobación.

¡¿Qué te parece?!— preguntó la niña con una sonrisa en su rostro.

¿Por qué tiene ese color el curry?— preguntó Ryu con curiosidad.

Me emocioné un poco con el curry en polvo. — admitió con una sonrisa.

¿Y los camarones?— preguntó Kamo con cuidado.

Así salieron cuando los puse con las verduras y la salsa de curry.

¿Y el arroz?— preguntó ahora el menor del grupo a una jovencita con menos paciencia que al principio.

¡Porque se me cayó el frasco de curry dentro de la olla de arroz! ¡¿Algo más?!— quiso saber en claro tono de advertencia, cosa que a Joe más que frenarlo, parecía que lo invitaban a seguir.

¿Lo probaste antes de servirlo?— la chica lo miró disgustada.

¿Por qué habría de hacerlo? Ese honor es para Ken.

¡¿Honor?!— un nuevo trapazo llegó al rostro del cóndor.

¡Pruébalo!— pidió animada. — Vamos, y dime qué te parece. — de inmediato las miradas de todos, incluso la de los médicos, se posaron sobre Ken, quien primero dio una cuidadosa olfateada al menjurje; como bien había dicho Jun, los condimentos estaban al 100%.

¿Te comerás eso?— preguntó Jinpei preocupado.

Como tú médico, no te lo recomiendo. — se escuchó decir a Diderot. Ken iba a contestar, cuando Jun preguntó preocupada.

¿Acaso…lo hice mal?— Joe la miró como si la sola apariencia del platillo no lo dijera todo, pero como era de esperarse Ken tomó su cuchara y se dispuso a tomar una porción de arroz con curry.

¡Claro que no! solo tiene un color más fuerte del normal y…— ya con la comida en el cubierto, todos miraron llenos de morbo lo que venía a continuación. — Y…— se lo metió a la boca.

No puede ser. — susurró Ryu.

¡¿Está loco?!— declaró D'alembert.

Creo que lo vamos a volver a internar. — opinó el ayudante Defeo. Jun en cambio miró a Ken un tanto nerviosa.

Ken. — el chico se pasó el bocado, tenía la cara colorada, los ojos llorosos y una tosecilla apenas lo dejaba hablar. — ¿Ken?

Tiene ¡Cof! la cantidad de ¡Cof, Cof! picante, que me gusta.

¡No inventes! — gritaron la mayoría. Jun se puso muy contenta.

¡Sabía que te gustaría! ¡Te serviré más!

¡Debes estar bromeando!— gritó Jinpei sin ser escuchado.

¡Yo no voy a probar esa porquería!— declaró Joe totalmente decidido, cuando.

¿Qué sucede Asakura?— le apuntó Ken directo a la cara con su cuchara y una expresión soberbia en su rostro. — ¿Acaso mi segundo al mando no puede seguirme el paso?— Joe lo miró boquiabierto y con un poco de color en sus mejillas; no podía creer lo que estaba escuchando ¿Acaso, era un reto? ¡¿Hacía cuánto tiempo que no tenían los dos un duelo?! El rostro del cóndor pasó de sorpresa a total euforia.

¡Jun! ¡Sírveme doble porción de esa porquería ahora!

¡No me hables así, Asakura!

¡Sírveme, ya mujer! ¡Y también al resto del ninjatai!

¡ ¿QUÉÉÉÉÉ?!— Ryu y Jinpei le miraron sin comprender.

¿Y por qué el castigo?

¡¿Acaso no le demostrarán a su líder de lo que están hechos?!

¡Sííí!— gritó el niño al escuchar la razón.

¡Oigan!— les llamó la atención Jun sin nada de éxito.

Creo que ya sabe de qué estoy hecho. — aseguró Ryu.

¡No lo vamos a dejar solo!— declaró solemnemente la golondrina, obteniendo una gran sonrisa de su héroe. — ¡Nee-chan, sírveme! ¡Y a Ryu también!

¡Yo no quiero! ¡Lo hiciste para Ken! No... — las objeciones del búho no le sirvieron de nada, un plato doble fue colocado frente a él; el olor era en verdad potente. —…Te molestes, gracias. — con cuchara en mano, Jinpei gritó.

¡Todos comienceeeennn!

La cena se convirtió en una fuerte competencia llena de gritos de dolor, ataques de tos, lágrimas y risas burlonas, donde solo el águila y el cóndor salieron ganadores con sus platos completamente terminados; les siguió Jinpei dejando un tercio en el plato, Ryu fue el cuarto lugar con medio plato terminado y Jun…ella probó su veneno y ni loca quiso continuar, prefirió comer lo que Defeo preparó para Kamo y los doctores; de haber sabido que el ayudante tenía buen sazón le hubiera coqueteado para que cocinara por ella, convencerlo no habría sido difícil. Pensaba la chica.

El postre que vino después fue un delicioso pastel con fresas, uno comprado para suerte de todos. Y cómo era de esperarse; Ken empezó a quitarle toda la fruta apenas lo colocaron frente a él. Todos se quejaron por su atrevimiento, pero obvio que ninguno fue sincero ni lo frenó, al contrario, estaban felices de verlo devorarla toda.

Esto era un verdadero milagro, todos no paraban de catalogarlo como uno. Los muchachos y el ingeniero miraban embelesados como terminaba su segunda rebanada de pastel, para después con el tenedor buscar en el relleno más fresas. Lejos de molestarse, todos le sonreían cuando levantaba la vista, al notar que lo miraban.

Había una fresa, ahí. — el reclamo nunca llegó, por el contrario.

Deben haber más Aniki.

Quizás si lo partimos por la mitad, aparezcan. — opinó Ryu extrañando a Ken.

¿En serio?— Joe tomó el cuchillo y comenzó a partirlo de lado. Jun le entregó otro plato para que pusieran la mitad sobrante; las fresas fueron expuestas.

¡Vaya!

Vamos pequeño. — le pidió Kamo a Ken. — Son todas tuyas.

Sería mentira decir que esto no extrañaba al líder del grupo; una parte de él suponía sin error que se debía a lo mal que lo habían pasado por su culpa cuando estuvo convaleciente. Un nudo en la garganta se le formó al ver que a pesar de todo, a pesar de las muchas veces que vio en los ojos de sus amigos, su familia, lo mucho que les dolía verlo enfermo; lejos de estar relajados y tratarle de manera normal, ahora lo agasajaban y consentían. Aún continuaban con él; estaba agradecido; y para no romper en llanto, tomó la fruta más grande y la comió.

Min'na arigato (Gracias a todos)

La fiesta continuó después de esto, como en todas las reuniones; ya solo era plática. Conversar para una buena digestión. Los muchachos no paraban de hablarle de todo lo que se había perdido; obvio, la fiesta que los gobiernos les dieron. Animados Ryu y Jinpei le contaban de los miles de aplausos que les dieron a sus representantes o sea los robots cuando llegaron al lugar. Como desfilaron frente a ellos reyes y presidentes, para estrecharles las manos y hablar frente a las cámaras; dar discursos vanagloriando su valor y destrezas. Luego le contaron de las muchas estrellas de la música, el teatro y cine que fueron a estrechar sus manos.

¡Tienes que ver el recibimiento que nos dieron todos los gobiernos! ¿Aún no lo has visto verdad, la fiesta de bienvenida? ¡Tienes que verla! Participaron todos los grandes de la música. — Ken prestaba atención con media sonrisa en su rostro, apoyando sus codos sobre la mesa y la cabeza en sus manos.

¿En serio?

¡Sí!

¡Y todas las canciones fueron creados para alabarnos!— comentaba también Ryu con el mismo entusiasmo que Jinpei. — Los bailarines, los cantantes; todos se dirigían a nosotros cuando hablaban como ángeles o héroes; agradecían la oportunidad que les habíamos dado de ver un nuevo día ¡Era alucinante! — a pesar de una ligera sombra de cansancio que comenzaba a cubrir el cuerpo de Ken, este sonreía entusiasmado a sus compañeros.

¿Nos cantaban a nosotros?

¡Sí! bueno, más a ti que a nosotros, creo que hicieron más canciones para Gatchaman.

¿En serio?

Eres el más popular.

Qué vergüenza.

¡Igual las que hablaban de todos eran geniales!— continuaba Jinpei sin coraje. — Y todas esas niñas iban y me abrazaban.

¿Niñas?

Las Nipón Babies, Las Kawai Girls, las…no recuerdo su nombre, todas y cada una me abrazó y dio un beso.

A nuestros dobles. — le recordó Joe arruinando el sueño. — Besaron y abrazaron a nuestros dobles, no a nosotros.

Ninguno estuvo ahí en realidad. — le apoyó Jun.

Pero…— tomó la palabra Ken y la atención de todos. — Igual la intensión siguió siendo la misma. — como siempre, tenía razón; consiguiendo con sus palabras que sonrieran. — Todos, ellos… Aahhmm (Bostezó) nos, cantaron. — terminó tallándose los ojos. — Debió ser…fantás, tico. — la fiesta había terminado.

Es hora de que vayas a descansar. — ordenó Kamo directamente al chico. — Ya mañana continuarán charlando.

¡No! No es necesario, estoy bien. — aseguraba más despierto. — Sólo, me gustaría un poco de aire fresco.

¡Imposible!— exclamó de inmediato uno de los doctores. — Tienes estrictamente prohibido salir del edificio. — Ken le miró con todas las alarmas encendidas; la mirada que le dedicó indicaba a todos que no le gustó la manera de dirigirse a él.

¿Prohibido por qué?

Ken.

Aniki.

¿Por qué tengo prohibido salir? ¿Acaso soy un prisionero? ¿Lo somos todos?

No muchacho, eso no es lo que quisieron decir ¿Verdad?

¿Entonces?— esta pregunta fue dirigida con severidad a los galenos y ayudante, los cuales no pudieron evitar que un fuerte escalofrío recorriera sus cuerpos.

No estás, dado de alta. — acertó a decir Diderot, sin que esto se creyera en un 100% y con la mirada fija del águila sobre su persona; una mirada pesada, creada para intimidar y tomar el control; una costumbre ya muy arraigada en su persona. — No está permitido que los pacientes se alejen del hospital.

Creo que no lo dijimos adecuadamente. — trató de calmar la situación D'alembert. Igual Ken no dejó de analizar a ambos galenos y ayudante.

Será mejor que nos vayamos a descansar ya. — retomó la palabra Kamo, poniéndose de pie a modo de referí entre ambos grupos. — Acabas de salir de la cuarentena y aún hay mucho que hacer mañana. — esto pareció calmar los ánimos, hasta que.

Vamos Aniki, te llevaremos a tú cuarto. — se puso de pie también.

¿Podré ahí abrir la ventana? ¿O también está prohibido?

Está prohibido. — respondió con honestidad el doctor. — No podrá abrir la ventana ni salir al exterior en mucho tiempo. — Ken iba a reclamar, cuando el galeno agregó. — Su habitación no tiene ventanas corredizas y aún será vigilado, por lo que le agradecería que no dañe más las cámaras. — aquí sí ardió Troya. De inmediato se puso de pie para enfrentar a sus médicos; el ambiente se puso pesado.

¡¿Qué?! ¡¿Acaso no se supone que ya estoy mejor?! ¡¿Qué caso tenía que me sacaran de ese pozo si aún me iban a vigilar?! ¡¿Por qué se están guardando toda la…?!

Tranquilízate. — le pidió Joe de pie a su lado y colocando su mano izquierda sobre el hombro derecho de su novio. El solo contacto con este logró que el chico dejara de buscar pelea con los especialistas de Helsing. — Ya mañana te diremos todo lo que quieras saber, por ahora déjales actuar como médicos y que hagan su trabajo. — este era un buen punto, por lo que el chico se relajó; aligeró el peso en su mirada y con un frio, pero respetuoso saludo japonés dio las buenas noches.

Nos retiramos. — apenas inclinó su cuerpo en dirección a los anfitriones. — Oyasuminasai (Buenas noches) — y así, con el equipo científico ninja detrás de él, tomaron la mochila de quién no cabía duda era el líder y comenzaron a retirarse. No sin antes Joe lanzara una pregunta a los médicos y ayudante.

¿Aún lo quieren, aunque no tenga bubíes?

¡¿Qué cosa?!— preguntó alarmado Kamo al chico que no esperó una respuesta por parte de los doctores y se fue riendo, tanto de su propia pregunta como de las caras que los tres pervertidos pusieron y del viejo técnico, el cual no comprendía qué estaba pasando y miraba a uno y luego a los otros tres en busca de respuestas. Obvio estas nunca llegaron.

Ken…

¡Ken…!

¡Aniki!— al fin el chico dejó de caminar sólo y prestó atención al grupo que lo seguía.

¡Espéranos! Te vas a perder.

Lo siento chicos, yo…

Entendemos. — le interrumpió Ryu con su equipaje entre sus brazos. —Si a mí me hubieran encerrado por días y esculcado por todos lados a diario, también me enfadaría tener que entrar a otro cuarto con cámaras y más vigilancia. — Ken le sonrió con agradecimiento.

Arigatō Ryu… — el hombre grande sonrió complacido. — ¡Aahh! Bien. — exclamó después de un largo suspiro lleno de resignación y de estirar todo su cuerpo. — Vamos ya a grabar un nuevo capítulo de Big Brother. — miró a ambos lados de un largo pasillo confundido. — ¿Para dónde hay que ir?

Por aquí. — empezó a guiarlo Joe, tomando la maleta de las manos de Ryu y después a Ken por la cintura. — Yo te llevaré a tu habitación. — el grupo lo miró desconcertado.

¿En serio?— preguntó Ken con duda, pero un guiño de su novio le aclaró todo. — ¡Ah!

Vámonos.

¡Joe Aniki! Por ahí no es…

¡Buonanotte, ragazzi! (¡Buenas noches, chicos!)— los muchachos rieron divertidos.

¡Buenas noches!

¡Hasta mañana!

Los médicos se volverán locos cuando no lo encuentren con las cámaras. — opinó Jinpei con gran certeza, mientras Jun daba unos pasos en dirección al cuarto de Joe, no los suficientes para ir con ellos, pero si los necesarios para darles la espalda a sus compañeros.

Seguro que Kamo nos estará tocando a la puerta entrada la madrugada para preguntarnos dónde está.

No soy tan ingenuo, chicos. — la voz del mecánico les tomó por sorpresa obligándolos a girarse para verlo. — Yo solito habría llegado a la conclusión de que estaría con Joe.

¡¿Tan obvio es?!— le preguntó Ryu con una enorme sonrisa en su redondo rostro y un toque de sorpresa. Jinpei y Kamo sonrieron afirmativamente. — Fue tan obvio lo de esos dos para todos y yo hace poco tratando de averiguar si tenían una relación. ¡Qué tonto me vi!— las risitas de sus amigos festejaron su reconocimiento. — Me pregunto ¿Por qué no lo dijeron antes?

Pasaron demasiadas cosas en estos últimos años; el regreso de Joe de entre los muertos y la enfermedad de Ken, esto último creo que no les permitió seguir ocultos.

Es cierto. — reconoció la golondrina con un dejo de tristeza en su voz. — No fue una manera agradable de delatarse.

Es verdad; y aun así no me di cuenta de nada. — continuó Ryu de manera estruendosa para alejar la pena, lográndolo a medias.

No fuiste el único, Ryu. — los muchachos miraron a la joven cisne, quien les daba la espalda de nuevo, pero igual se podía percibir un lamento en su confesión. — Tú no fuiste un tonto por no darte cuenta antes.

Hermana.

Hay quienes aun sabiéndolo continuaba creyendo que no había nada entre los dos. — un par de lágrimas dejaban en claro que la chica hablaba de sí misma.

Jun.

Mi querida niña…

Nee-chan — ninguno de los presentes se atrevió a decir más, ni los chicos y mucho menos el hombre sabía cómo confortar el corazón roto de la eterna enamorada del águila Ken; no después de que admitiera haberlo perdido.

Niña. — volvió a tomar la palabra Kamo, pero.

¡Ya es hora de ir a dormir!— exclamó la chica girándose a verlos con falsa alegría en su rostro y voz. — Ya es hora de encerrarnos en las habitaciones para fingir que estamos dormidos y que los doctores no nos molesten buscando a Ken.

Hermana. — susurró Jinpei con ternura.

Y Jinpei.

¿Sí?— se paró firme al escuchar su nombre.

Ni creas que te dejaré seguir viendo todas esas tonterías sobre vampiros ¿Entendiste?

¡¿Qué?!— relajó la guardia.

Si quieres seguir viendo esas tontas películas y caricaturas, te quedarás en tú recámara ¿Estás de acuerdo?

¡Pero nee-chan! ¡No son películas ni caricaturas tontas! Todos son documentales que debemos estudiar para estar bien informados sobre la futura condición de Aniki.

¡Claro que no!— gritó la chica. — Nada de eso es cierto y nada de eso va a pasar a Ken. Y si quieres seguir con esas tonterías te vas a dormir con Ryu.

¿Eh?

¡Está bien! ¡Me iré a dormir con mi amigo Ryu!

¡¿Qué cosa?!— pedía saber el corpulento muchacho.

¡Vámonos Ryu! Hay mucho material que debes ver para estar preparado. — advirtió tomando a su amigo y empezando a caminar rumbo al cuarto del hombre grande.

¿Preparado para qué? ¿Qué clase de material? A mí no me gustan las películas de miedo.

¡¿En serio?!— preguntó el niño mirándolo de manera incrédula. — No pensé que fueras un miedoso.

No lo soy, es sólo que me aburren; son muy predecibles. — antes de llegar a la habitación, el pequeño miró atrás y preguntó.

¿Crees que estará bien?— Ryu también miró rumbo a donde Kamo acompañaba a Jun.

Necesita estar sola, una buena noche de sueño la ayudará.

Eso espero. — pedía el pequeño. Mientras Kamo, acompañaba a la niña; dispuesto a ser un mudo oyente para cualquier cosa que la joven quisiera tratar. Y eso ocurrió cuando se vieron a solas y un pequeño sollozo rompió el silencio entre los dos.

¿Pequeña?

Lo he, perdido...maestro, Kamo.

¿Mi niña?

¡Lo he perdido para siempre!— y sin decir nada más, la joven cisne se arrojó a sus brazos a llorar su pena.

¡Oh mi querida niña!— la chica estuvo llorando entre sus brazos por un par de minutos, hasta que pudo decir.

Yo, creí, que podríamos…— compartía entre lamentos. — Creí que seríamos, novios, que seríamos uno, pero…él, nunca…nunca fue mío como yo quería que lo fuera. — poco a poco las piernas de la chica dejaron de sostenerla y lentamente se fue sentando en el piso para seguir con su pesar; el hombre de amplio mostacho lo único que pudo hacer por ella, fue sentarse a su lado y tratar de consolarla.

Lamento mucho que tengas que pasar por esto pequeña. — trataba el mecánico de confortarla. — Sé que en otras circunstancias, ambos habrían hecho una hermosa pareja; pero, él…

Lo sé, él no es como yo; no es su culpa.

No.

Nació así.

Así es.

Yo…asumí, a pesar de ver que no lograba su atención, o siquiera que saliéramos solos. — llena de rabia y frustración, exclamó. — ¡Ah, maestro Kamo! ¡Fui tan tonta! ¡¿Cómo pude creer que podría haber algo entre nosotros?! ¡Si cada vez que me acercaba me trataba como a una hermana! ¡¿Cómo pude seguir insistiendo?!

Tranquilízate pequeña, no debes culparte por intentar conseguir al chico que te gusta.

Pero cuando el chico que te gusta también gusta de los chicos, es una pérdida de tiempo ¿No cree?— el anciano pareció pensarlo un poco.

Yo en tú lugar habría hecho lo mismo.

¿En serio?

¡Sí! si la chica que me gusta trabaja a mi lado todos los días, no podría evitar acercarme y tratar de convencerla de salir conmigo.

¿A pesar de que sea gay?

Yo no habría perdido la esperanza de ser su novio, hasta que la realidad me diera directo en la cara. — la niña dijo sí con un movimiento de cabeza lleno de resignación.

La realidad trató de advertirme varias veces que el golpe vendría y no quise hacerle caso.

Nadie lo hace mi niña; la vida de una manera u otra trata de advertirnos del camino que hay que seguir, pero como humanos, es nuestro deber equivocarnos, porque de lo contrario; no aprenderíamos la lección.

¿Y qué lección debía aprender yo?

No lo sé pequeña; eso es personal; y cuando ya estés más tranquila se te revelará. Lo único que yo sé, es que tú amor por Ken fue sincero, puro y hermoso, igual que tú, y algún día; llegará ese hombre que te hará feliz. Tal y como te lo mereces. — la niña comenzó a llorar de nuevo.

¡Maestro Kamo! Arigato… — un fuerte abrazo volvió a surgir entre los dos. — Muchas, gracias.

No tienes qué agradecer mi niña, ahora debemos irnos a la cama, pero antes… ayúdame a levantarme ¿Quieres? Mis rodillas ya no son lo que eran antes. — una risita salió de la chica, que ni tarda ni perezosa se puso de pie y ayudó jalando al hombre del brazo izquierdo hasta que lo puso de pie. — ¡Gracias!

Fue un placer.

Bien, ahora a dormir.

Sí. — ambos comenzaron el camino rumbo al cuarto de Jun. — Maestro Kamo ¿Usted tiene hijos?

Sí mi niña, ustedes cinco. Me los heredó Nambu Hakase. — la chica sonrió ante su respuesta.

Eso fue lindo.

Y lo mejor es que me llegaron ya grandes, no tienes idea de todo lo que me ahorré en pañales. — la chica de inmediato estalló en carcajadas. Eso era bueno.

Sin tener idea de lo que estaba pasando al otro lado del pasillo, al menos por parte de Ken. Ambos chicos habían llegado a la habitación del cóndor Joe para, en parte; descansar. Al entrar al cuarto; lo primero que vio Ken fue que estaba modestamente equipado. De inmediato frente a la puerta había un escritorio de madera con silla artesanal colocado de lado, con la vista de quien se siente justo a la pared. Al lado derecho al entrar por la puerta estaba un mueble del mismo material, con tres cajones para ropa y sobre este, una pantalla plana en la pared.

Al lado derecho del escritorio empezaba el ventanal cubierto con una enorme cortina blanca, la tela era gruesa, pero igual dejaba entrar la luz. Al final del vidrio estaba una cama individual con un librero sobre lo que sería la cabecera; y claro, una mesita de noche. Al final de la cama estaba la puerta que iba a un baño sencillo, con todo menos tina. Todo estaba bien ordenado y limpio, obviamente listo para darle la bienvenida.

¡Vaya! es muy agradable y… — expresaba Ken entrando al cuarto y mirando a su alrededor. — Pequeño.

Yo diría, acogedor. — opinaba Joe dejando la mochila del equipaje sobre la silla. Sin hacer más preguntas ni decir nada; el chico de ojos azules caminó rumbo al ventanal para ver si podía abrirse, para su sorpresa, había una puerta a una pequeña terraza nada ostentosa, lo suficientemente amplia para tener a dos personas en fila. El niño sonrió.

¿Esto se abre?— preguntó a la vez que conseguía él mismo la respuesta; el vidrio se recorrió dándole acceso libre a ese aire fresco que tanto quería. Joe estaba distraído, cuando.

¿Qué?— la temperatura bajó de golpe. — ¡Ken!— se giró esperando verlo ahí con él, pero obvio que eso no pasaría.

¡Está muy frío aquí afuera Joe!— lo sabía.

¡Ken!— Joe tomó su chamarra del interior de un cajón y salió en busca de su novio. encontrándolo de pie en la terraza, sujeto del barandal y llenándose los pulmones del tan deseado oxígeno; estaba feliz. — ¡Ken! — le llamó al tiempo que se paraba detrás de él.

¡Hace mucho frío Joe!— le miró sonriendo, la respuesta del cóndor fue colocarle la chamarra y cubrirle. — ¡Está helando!— dijo tiritando y aferrándose a la prenda.

Entonces vamos adentro. — pero antes.

¿Sentiste eso?— ambos miraron para arriba, pequeñas gotas de agua empezaron a caer sobre sus rostros. — Empieza a llover ¡Joe! ¡Está por llover! ¡¿No es asombroso?! ¡Vamos a mojarnos ¿Sí?!— pedía eufórico.

¡Claro que no!— tomándolo de los hombros lo jaló hacía él y ya dentro del cuarto cerró la puerta; no quedaron empapados, pero sí terminaron salpicados de los hombros, los brazos, el cabello y la cara.

¡Fue tan refrescante! Hacía tanto tiempo que no podía darme este lujo. — Joe lo entendía; a causa de su enfermedad, a Ken se le prohibieron muchas cosas; como exponerse a cambios bruscos de temperatura, alimentos chatarra, el sexo, entre miles más; todo menos las misiones; reclamaba siempre furioso el siciliano, éstas constantemente fueron su prioridad. Los médicos fueron estrictos con su paciente, pero la familia, ellos eran asfixiantes; y por familia saben a quiénes me refiero…

¿Te divertiste?— una gran sonrisa fue su respuesta; seguida de un apasionado beso en la boca. Joe no se resistió a la invitación y de inmediato lo tomó de la cintura y lo acercó a su propio cuerpo.

Ambos amantes continuaron de pie en medio del cuarto, abrazados, besándose de manera dulce y continua; sin necesidad de caricias atrevidas. Cuando sus labios se separaron, Ken recostó su cabeza sobre el pecho de Joe, embelesado por el constante palpitar de su corazón; escucharlo era lo que más disfrutaba en el mundo. El siciliano por su parte, tenía su afilada mirada sobre el cuerpo de su adorado. Joe no paraba de agradecer esta segunda oportunidad de tenerlo entre sus brazos, libre de todas esas malditas máquinas, fuera de ese espantoso cuarto de cristal y lejos de sus carceleros embestidos con trajes blancos a prueba de contaminantes. Personajes de pesadilla para el corredor de autos.

Este momento que estaban viviendo era algo que no querían romper ninguno de los dos; era tan agradable y relajante que bien se podría llegar a conciliar el sueño en los brazos del otro, Ken ya empezaba a relajarse; por lo que Joe propuso.

Vamos a la cama, mañana hay muchas cosas qué hacer. — el chico recostado en su pecho dijo sí con un suave movimiento de cabeza. — Anda entonces o te quedarás dormido de pie. — Ken sonrió divertido ante la idea.

¿Qué tendría de malo? Sé que no me dejarías caer. — el italiano sonrió ante tanta confianza, pues era cierto; depositando un beso en la cabeza de su novio, ordenó.

Veritὰ (Verdad) pero igual te vas a la cama. — el chico sonrió insinuante y se separó para encaminarse al baño; pero antes de llegar, exclamó.

¡Pido la orilla de la cama!

¡No!— respondió Joe dándole la espalda y empezando a escarbar en la mochila del chico en busca de lo necesario para esa noche.

¡¿Por qué no?!— Ken se giró para enfrentarse a Joe. — ¿Por qué…?— no pudo continuar, pues le empujaron su cepillo de dientes en el pecho.

Porque es mía y lo sabes. — el chico de cabellos castaños chocolate tomó su cepillo y rodó los ojos en señal de resignación. — Bien, pero no me reclames después si te vuelvo a patear al quitarme las colchas de encima. — el segundo al mando se alegró anhelante.

No lo haré. — antes de ir al baño, Ken recordó.

Mi pijama. — ya iba en su busca, cuando le aclararon.

No te hará falta. — un tinte rojizo en las mejillas del chico dejaban en claro que sabía lo que se venía esta noche. Así que de inmediato se fue a terminar de arreglarse.

Cuando Ken salió del baño Joe ya estaba acostado en la cama, sus prendas puestas sobre la silla del escritorio le dijeron que ya no llevaba absolutamente nada encima; por lo que él no podía quedarse atrás, pero antes de quitarse la bata de baño color rojo vino que había encontrado dentro del pequeño cuarto, tenía que preguntar.

¿Estás seguro que aquí no hay cámaras?

Totalmente; revisé antes de instalarme. — esto dio más confianza al chico. Por lo que dejó caer la bata que llevaba puesta y subió a la cama desde el final de esta. Joe lo devoraba con la mirada; una bella criatura completamente desnuda avanzando hasta él; acuclillado a la altura de las almohadas y aceptando la invitación que el cóndor le hacía al abrir las colchas.

Apenas estuvo acostado a su lado, al tiempo que Joe lo cubría con las frazadas, lo hacía también con su cuerpo. Ken le dio la bienvenida acariciando su rostro y abriendo sus piernas para que éste se recostara entre ellas.

Koibito (Cariño)

Affetto (Cariño)

Una vez más ambos reclamaron los labios del otro en una dulce necesidad de entregarse. Nuevamente surgieron las caricias demandantes y ambas pelvis frotándose entre sí; las lenguas de los amantes bailaban para después tomar los labios y rozar la piel del ser amado con los dientes. La mano derecha de Joe se dirigió con gran agilidad a la oculta entrada del águila, no para enterrar alguno de sus dedos, no aún; lo que en realidad buscaba era estimularlo con la yema del índice, enloquecerlo con suaves y constantes caricias. Y lo estaba logrando.

Ken comenzaba a retorcerse con cada roce a su sonrojado esfínter, y cada vez que lo hacía, frotaba más y más sus genitales con los de Joe; era ganar y ganar para el cóndor. Los gemidos del águila eran más fuertes y suplicantes, el siciliano sabía que su chico ya lo necesitaba dentro; así que se estiró lo suficiente para sacar una botella de lubricante de la mesita junto a su cama, producto que utilizaba sólo cuando quería ser romántico, la verdad; prefería hacerlo a pelo, limpiamente, quizás sólo con saliva ¿Y Ken? Él podía llegar a ser tan loco como Joe; usar lubricante le traía bellos recuerdos de su primera vez con él.

Mientras los jóvenes amantes se entregaban nuevamente; Ryu y Jinpei veían una película moderna sobre vampiros. La historia de un grupo de amigos que sale de vacaciones por fin de curso a la vieja Europa, llegando a una tierra tan vieja y con leyendas aterradoramente muy vivas. El gran hombre no paraba de hacer gestos con cada criatura que aparecía en pantalla; en especial con los vampiros. Criaturas de piel gris y con bocas que llegaban a abrirse el doble del largo natural para atacar con sus enormes colmillos. El búho tenía que preguntar.

¡¿En serio crees que eso le pase a Ken?!

¿Hablas de convertirse en vampiro? ¡Sí! eso creo que fue lo que les pasó a esas personas ¿Tú no?

¡No! en primera no creo que se vaya a volver vampiro y en segunda; espero en verdad que no se le abra la boca de ese tamaño, se vería… ¡Iuck! Escalofriante.

Aunque a Joe-Aniki le gustaría ¿No crees?— el robusto piloto le miró impresionado.

¡¿Pero qué cosas andas diciendo?! ¡¿Qué sabes tú de eso?!

¡Vamos Ryu! En internet se puede ver de todo. — eso empeoró la situación.

¡¿Y por qué diablos andas buscando en internet?!

¡Por favor! No soy un bebé, al menos ahora sé qué le está haciendo Joe a mi hermano. — un escalofrío recorrió el escuálido cuerpo del chiquillo. — En verdad espero que ken esté ahí porque le gusta.

Ya ves, por andar buscando donde no debes; y es obvio que está ahí porque le gusta.

¡Lo sé! Es solo que se veía muy brusco. — ignorando al niño, Ryu siguió prestando atención a la película, cuando. — ¡Hey Ryu!

¡Mmhh!

Cuando le digamos a Ken lo del tratamiento ¿Cómo crees que lo tomará?

Nada bien, te lo aseguro. — ya eran dos.

De hecho, tres, los que estaban de acuerdo. Ya entrada la madrugada, Ken sintió que el cuerpo debajo de él se retiraba tratando de no despertarlo; al sentir el calor del lugar vacío, de inmediato lo reclamó, luego entre abrió los ojos para tratar de saber el por qué no estaba Joe con él, encontrándolo de pie en el umbral de la puerta; vistiendo solo sus pantalones y al parecer, hablando con alguien. Apenas si podía mantener los ojos abiertos.

Se, se supone que, cooperarían. — esas voces, eran los doctores y parecían intimidados.

No necesitan vigilarlo la primera noche fuera del pozo. — ese era Joe, sonaba amenazador. sacarlo de la cama a mitad de la noche y después de hacer el amor con su novio; se entendía por qué los visitantes tenían miedo.

No queremos más de estas…cosas, ya saben. Quedamos en…

Sabemos perfectamente en qué quedamos, no necesitamos que vengan a recordárnoslo. — no dijo más y cerró la puerta en la cara de los galenos. Estos se quedaron viendo entre ellos un momento, para luego decir.

Espero que no hayamos hecho mal al aceptar este caso. — inició Diderot… — En la cocina, cuando nos reclamó…admito que fue intimidante; y si así es ahora…

¿Cómo será cuando el ADN lo cambie? ¿Eso quieres decir?— su compañero dijo sí en absoluto silencio. — En ese caso, solo queda tener lleno el tanque de Tzninacalli, por si ese hombre no puede detenerlo. — su compañero estuvo de acuerdo con esto último, Defeo, quien los había acompañado y en silencio había presenciado todo; no estaba del todo seguro de querer quemar vivos a parte del equipo de Gatchaman, y menos si uno de ellos era el mismo Gatchaman ¿Ya estaba convencido de la identidad de Ken? eso estaba aún 50% en proceso de resolverse. Joe por su parte escuchaba de pie junto a la cama la conversación de los de afuera.

Sabía que los doctores usarían esa carta como último y efectivo recurso, lo habían hecho antes y era de esperarse que lo hicieran de nuevo sin importar que una organización tan importante como la ISO estuviera trabajando con ellos. Por suerte, estos ignoraban que esta opción ya no era viable. No podía negar que lo que traía el nuevo día le ponía nervioso, pues hasta ahora todo estaba saliendo extremadamente bien; no querían que fuera diferente, tenían que seguir así ¡Por favor! Pedía al cielo ¡Tenían que seguir así!

Joe observaba a su novio recostado en el que era su lugar; siempre hacía eso y al parecer no pudo seguir prestando atención. Se veía tan hermoso, tan sano, no quería que esto se perdiera, no quería que su tranquilidad fuera destruida por las horribles imágenes que mañana le mostrarían. El cóndor no sabía lo que le deparaba la revelación de información a Ken, lo que sí tenía muy seguro, era que entre todos le devolverían esa paz que ahora estaba disfrutando.

Con sumo cuidado, luego de despojarse de sus pantalones y volver a quedar desnudo; Joe levantó las colchas del lado de la pared y saltando las piernas de Ken, entró a la cama, se cubrió con las frazadas hasta el cuello y tomando de la cintura al chico japonés, lo jaló hacía él; Joe pegó su pecho y pelvis contra la espalda y glúteos de su amado; recostando su rostro al final en el cuello y hombro de su novio; acoplados de manera perfecta.

Le abrazó. Su extraordinario oído le permitía escuchar su ritmo cardiaco a través del hombro, su constante y suave respirar le tranquilizaba demasiado. Una sonrisa surgió en su adusto rostro, al sentir que su sposo (Novio) movía sus brazos y tomaba sus manos, cómo de sus labios surgió apenas su nombre; "Joe" todo saldría bien mañana, eso lo juraba besando su cuello.

Eran más de las 10 de la mañana y Ken no parecía querer levantarse. Eran tan extrañas las mañanas en las que podían seguir durmiendo por más horas, que francamente Joe no tenía corazón para despertarlo; por lo que le dejó continuar hasta que se despertara por su cuenta o cómo desgraciadamente sucedió; hasta que llamaron a la puerta.

¡Anikiiiii!— tenía que ser Jinpei. — ¡Anikiiiiii!— Ken empezó a despertar.

Mmhh…qué…

Dannazione! (¡Maldita sea!) — injurió el siciliano lo más bajo que pudo.

¡Anikiiii!— Ken empezó a sentarse en la cama, sin salir de ella. Descubriendo extrañado que había conservado el lugar cuando reclamó la orilla, solo que no había guardado la postura inicial; ya no le daba la espalda al cóndor, se había girado para utilizar su pecho como almohada una vez más. Fue raro que su novio no lo corriera de vuelta a su lugar en la cama como muchas noches antes.

¿Por… qué tocan?

Ya quieren que salgamos a desayunar. — respondió, para luego gritar al niño. — ¡Ya vamos! ¡No molestes y vete!

¡No, porque seguro se vuelven a acostar!

¡Claro que no!— le gritó Ken con voz somnolienta. — ¡Ya vamos a…!— no pudo continuar, pues al seguir apoyándose en el abdomen de su novio, pudo notar cerca de sus manos, que éste ya estaba listo para jugar con él. — ¡Joe!— empezaba a reclamarle, pero.

¡¿Qué?! Si tú también tienes una. — sin creer lo que decía, Ken revisó su vientre bajo para luego cubrirse con las mantas; además de un suave rubor en su rostro, también surgía una sonrisa en sus labios.

¿Quieres aprovecharla?

¡NO!— les gritó Jinpei desde afuera del cuarto con el oído pegado a la puerta. — ¡Ya tengo hambre! ¡Vamos a desayunar!— no había de otra. Joe iba a matar al niño.

Luego de 15 minutos salió la pareja del cuarto, para encontrarse con el chico esperándolos. Ken lo recibió con una sonrisa al verlo y obvio que Jinpei de inmediato corrió a refugiarse entre sus brazos, pues detrás de Ken salió Joe con sinceras ganas de estrangularlo.

Al entrar al comedor, el recibimiento estuvo lleno de sonrisas y bienvenidas por parte de sus compañeros; los doctores no los acompañaban porque estaban ocupados en la oficina sobre Tzninacalli. A pesar de las pláticas amenas y risas de sus amigos, Ken podía notar que estaban nerviosos, incluso Jun parecía haber llorado ¿Acaso ocurrió algo malo? ¿O el hecho de revelarle la información deseada los ponía tan mal?

El desayuno estuvo mil veces mejor que la cena, Jinpei había preparado el favorito de su hermano; Ken sonrió agradecido ante una deliciosa torre de cinco hotcakes, miel maple, mantequilla y fruta en su plato, además de un enorme vaso de leche con chocolate; los demás también recibieron hotcakes, pero dentro de un enorme platón donde cada uno debía tomarlos y prepararlos por sí mismos. Las quejas fueron muchas y muy variadas, pues la única jarra de leche de chocolate era para Ken.

Mientras comían, la pequeña golondrina puso frente a su hermano su laptop para enseñarle el especial del que tanto le venía platicando. Ken reconoció con alegría y cariño el viejo aparato que Jinpei tenía en las manos y usaba para todo; una vieja laptop de las llamadas "Dinosaurio" un modelo del siglo 21, grande con lector de discos.

Ese aparato era de Ken, un proyecto que adquirió cuando tenía 8 años de edad; de hecho, se la compró Nambu Hakase, en una especie de mercado de pulgas o venta de garaje por lo que serían unos centavos. En esas fechas conoció a Joe y perdió a su mamá; así que, actualizar ese aparato le fue muy terapéutico. Luego conoció a Jinpei y para ayudarle a sobrellevar todos los cambios de los que era víctima, Ken le presentó este viejo aparato. Fue así que ambos se entretenían actualizándolo y sin que pudiera hacer algo al respecto; el niño se la apropió.

Ambos habían hecho funcionar ese viejo cascaron con tecnología de punta actual, por lo que sólo su apariencia era anticuada; esa máquina en las manos adecuadas, podía poner de cabeza a cualquier institución moderna. Esas manos ya las conocemos.

Los muchos números musicales fueron entretenidos. Los cantantes, como bien dijo Jinpei, al entrar al escenario saludaban al público y al equipo de Gatchaman con el debido respeto a cada uno. Presentaban sus más importantes éxitos, entre tema y tema hablaban de las tragedias que el maldito alienígena les había ocasionado a muchos países, a buenas personas que como en todas las guerras, terminaban en medio del fuego cruzado y que de no haberlos tenido a ellos; ahora mismo estarían esclavizados o muertos.

¡Gracias Gatchaman! ¡Gracias a todos!— exclamaba el cantante por el micrófono, para luego hacer que el público entero lo siguiera gritando a todo pulmón lo mismo.

¡ GRACIAS GATCHAMAN! ¡GRACIAS A TODOS!— Joe renegó de esto último.

¡¿Gracias Gatchaman?! ¿Acaso no vieron que también estuvimos ahí?— inició Joe con el fin de molestar un poco.

No te sientas mal Joe. — le pidió Ryu. — Algunos de esos cantantes nos mencionaron a cada uno, aunque. — meditaba. — Fue más a Ken, digo; a Gatchaman a quién agradecieron, pero igual sé que nos quieren a todos.

Pero siempre dicen "A todos" ¿Por qué no gritan cada uno de nuestros nombres?

Amh… ¿Por qué no tenían tanto tiempo?— se aventuró Jun tomando un poco de la leche con chocolate de la jarra de Ken.

Además. — tomó la palabra Ken. — Yo soy el que termina haciendo el papeleo al final de la batalla y quien recibe las quejas de la ISO por todos los misiles ave que desperdicias, así que; sí, merezco unos hurras extras. — los chicos rieron divertidos.

Supongo que tienes razón. — meditó Joe inclinando su silla y colocando sus brazos detrás de la cabeza a modo de almohada. — Pero esos misiles aves según tú desperdiciados fueron de mucha utilidad.

¿En serio?

Sí, me divertí disparándolos; eso es importante. — los muchachos no pudieron evitar soltar la carcajada en especial por la cara de enojo que puso Ken al escuchar esto.

¡Ja, ja, ja, ja!— el águila iba a reclamarle, cuando.

¡Mira Aniki! ¡Es Takashi Sori!

¡¿Nani?!— Joe casi se va de espaldas con todo y silla al escuchar ese nombre, pero esto a Ken no le importó; él se fue con Jinpei a pegarse frente a la compu.

¡Dannazione mia fortuna! (¡Maldita sea mi suerte!)— exclamó Joe molesto; y peor se puso al ver que su novio de inmediato se lanzó contra la laptop para ver a su cantante favorito. — ¡Non posso credere che quel figlio di puttana sia sopravvissuto! (¡No puedo creer que ese hijo de puta sobrevivió!)

¡Damare! (¡Cállate!)— ahora le gritaban, no sólo Ken, también Jinpei, Ryu y Jun.

¡No puedo creer que esté presente!— exclamaba impresionado Ken al ver al hombre que tanto le gustaba. Su voz, su aspecto maduro, alto, de cabello negro azabache y lacio que llega apenas un poco debajo de la nuca. Actor, cantante y modelo japonés con una voz grave y sensual al cantar; de maneras fuertes, atrevidas y masculinas. De cuerpo delgado y musculoso; hacía suspirar a hombres y mujeres por igual. Ken era uno de ellos, aunque antes no lo dejaba ver tan abiertamente; no como ahora.

El atractivo cantante había sobrevivido como muchos otros, y en el camino ayudó a muchos más a protegerse de los miles de ataques del invasor, comentaba uno de los narradores del evento, al tiempo que proyectaban imágenes de su trabajo. Como él, muchos se ofrecieron como voluntarios o rescatistas, una historia bien sabida por muchos y alabada por los cientos que ayudó; terminó la narración. Y a pesar de todo; esa noche fue a presentar sus respetos a los muchachos que enfrentaron directamente a esos monstruos y dieron oportunidad de vida a miles de generaciones futuras. Ken estaba a punto de llorar de la emoción.

¡No puedo creer que esté ahí!

¡Ni yo!— volvía a hablar el novio celoso.

¡Aaahhh! ¡Me abrazó!— gritó Ken emocionado al ver que Takeshi al final de su presentación fue a verles al balcón que estaba a nivel de escenario y que con gran habilidad había saltado la pequeña barrera y al primero y único que abrazó, fue a Gatchaman; a los demás sólo les dio la mano; bueno, a Jun se la besó.

¡Aaahh, me ha besado! ¡Miren, me ha besado!—

Suertuda. — susurró Ken con un tinte de envidia en su voz. Luego, ambos se miraron un momento; algo entre ellos surgió, una especie de hermandad más fuerte que antes. Todo estaba en paz entre Jun y Ken. ambos sonrieron para después gritar felices de sus buenas fortunas; hasta que les recordaron…

¡A los robots!

¡¿Eh?!— Joe les miró con satisfacción.

El tarado ese abrazó y besó a los robots, no a ustedes. — con esto consiguió que se frenaran un momento; y también que lo reprobaran por su honestidad.

¡Maldito cubo de tuercas!— inició Ken disgustado con su doble.

Estoy de acuerdo. — le siguió Jun. Ambos molestos y en silencio hasta que, al águila se le ocurrió algo.

Creen que el robot…— meditaba. — ¿Conserve aún su esencia?

¡ ¿NANIIII?!— ambos chicos ignoraron al siciliano; incluso Ken consiguió la atención de los otros dos.

Quieres decir…— le siguió el cisne. — Que el guante del androide…

¿No hablas en serio, verdad?— y se puso peor.

¡¿Eso significa que mi robot puede tener algo del perfume de las Nipón babies?!

No lo había pensado. — les apoyaba Ryu, pero.

¡Todos están locos!

'¡Chicos!— los muchachos levantaron la vista para encontrarse con Kamo y los doctores Diderot y D'alambert. — Todo está listo para la presentación.

Todos guardaron silencio. Las miradas eran el medio de comunicación de nuestros amigos. Los corazones de todos corrían desesperado, el de Ken porque al fin comprendería en qué consistió el milagro de su excelente salud. Los demás por temor al cómo reaccionaría su líder y hermano al ver lo que el tratamiento le deparaba para el futuro ¿Cómo lo tomaría Ken? Eso lo sabrían dentro de muy poco.

Lo importante era tratar de estar en paz y tranquilizarle; pensaban cada uno de los miembros del Kagaku Ninjatai; por lo que en silencio se pusieron de pie, para acompañar a Gatchaman hasta las últimas consecuencias.

Fin del capítulo 6.

Notas extra:

Takashi Sori está inspirado en Takashi Sorimachi, actor del live action GTO, Great Teacher Onizuka. Un hombre muy atractivo a mi parecer.

Hasta hace poco volví a poner la película del 2013 Gatchaman y fue ahí que vi el apellido de Jun y Jinpei, por eso lo agregué hasta ahora.

El doctor Kirkland también es de este film.

Gracias a todos por continuar leyendo. Hasta pronto.